NIETZSCHE
Por José L. Torrents
Nietzsche no es un filósofo al uso, que haya elaborado un sistema filosófico concreto, ya sea una ética, una metafísica basada en la moral como Emmanuel Kant, una dialéctica del espíritu o materialista como Hegel o Marx. Ante todo ha sido un psicólogo en el sentido más grande de la palabra, su psicología es innata e intuitiva. Se da en él como el olfato a los felinos. Ha sido un escudriñador de las costumbres, de la moral, de las religiones, y también un profeta o un vidente al insinuar, no tuvo tiempo de hacer otra cosa -murió a los 54 años- la Ley del "Eterno Retorno de lo Idéntico".
Se ha hablado, se ha escrito mucho, sobre si Nietzsche influyó en el movimiento nacionalsocialista; las opiniones son para todos los gustos y es curioso que al emparentar al filósofo con el estadista, existan las mayores contradicciones, y eso en todos los campos: políticos o pensantes, desde los nacionalsocialistas hasta los enemigos de éstos. Que estas contradicciones existan en sus enemigos es cosa natural, pues la contradicción está en su misma esencia, incluso que los reparos sobre Nietzsche, cuando no la abominación, se den entre las derechas tradicionales: nacionalistas, patrioteras y religiosas, es perfectamente lógico. Lo increíble, diría que lamentable, es el hecho de que también algunos nacional-revolucionarios de hoy lo sigan considerando como a un filósofo peligroso por contradictorio.
Para los millones de nacionalsocialistas o de fascistas que había en Europa hasta 1945, el aceptar o no como "suyo" a Nietzsche, no tenía la menor importancia, bastaba con que la comprensión del filósofo estuviera en un reducido número, en las élites.
Pero hoy, en la "pleamar del nihilismo", o los nacional-revolucionarios comprenden de una vez por todas la dimensión del mensaje de Nietzsche, o caen en una tartufería sentimentaloide, con lo cual y por mas voluntad que pongan en su tarea, entorpecen más que ayudan a la formación de la nueva élite que debe o debería formarse. "Dios ha muerto" y con él: la religión, la moral, la patria. Se necesita un "Hombre Nuevo". Fue el nacionalsocialismo quien más lejos llevó la formación de éste, pero era inevitable que fuera un híbrido, entre la "voluntad de poder" y el romanticismo de Wagner: el romanticismo, la gran nostalgia, los mejores restos de una civilización desafiando a su inevitable fin, "El Ocaso de los Dioses".
Tal afirmación, seguramente será tachada de exagerada. No me molestaré demasiado en demostraciones, no es esto lo que pretendo aquí, simplemente diré como Nietzsche: "Es un nuevo paso hacia la independencia el atreverse a expresar apreciaciones que han de causar vergüenza a quienes las propagan. En este caso hasta los amigos y conocidos se manifiestan inquietos. Es este todavía un fuego por el cual debe pasar la naturaleza bien dotada; enseguida se pertenece aún más a ella misma" ("Humano, demasiado humano" afr. 619).
Volviendo al tema central, -del cual me he apartado para dar unas sugerencias y sobre todo, dejar constancia de que el nacionalsocialismo no fue radicalmente nietzscheiano, pero sí fue el Movimiento que más cerca estuvo de él- daré los siguientes datos como prólogo, aún y siendo estos, del aspecto más exterior. En 1934 el Partido nacionalsocialista promueve lo que parecía la edición definitiva de las obras editadas por el "Archivo Nietzsche". El 1 5 de octubre del mismo año, en Weimar y en presencia de Hitler se conmemora solemnemente el 90 aniversario del nacimiento del filósofo. En 1937 se levanta un nuevo edificio especial para el "Archivo Nietzsche". Hitler regala a Mussolini las obras completas de Nietzsche encuadernadas en piel (cabe constar que los dos pensadores que más influyeron en el Duce, fueron Nietzsche y Sorel). En el libro "Conversaciones sobre la guerra y la paz" existe la siguiente manifestación de Hitler: "En el "hall" de la Biblioteca de Linz se pueden ver los bustos de Kant, Schopenhauer y Nietzsche. Los ingleses, los franceses y los americanos no son capaces de alinear filósofos de esta talla... Nietzsche ha superado maravillosamente el pesimismo de Schopenhauer". Mayores honores por parte de Hitler hacia un prohombre alemán, sólo lo vemos en la persona de Wagner.
En otro orden, más particular si se quiere, Otto Skorzenny, considerado hasta el fin de la guerra, como el hombre "más peligroso de Europa" por su sensacional hazaña, entre otras, de la liberación del Duce, titula su primer libro de memorias con la famosa frase de Nietzsche "Vive Peligrosamente" y cuando relata sus experiencias y conversaciones con Hitler en plena guerra, queda vivamente impresionado por el temple y la firmeza del Führer ante tantas dificultades y adversidades y le recuerda la imagen conque Nietzsche describe al "Superhombre" en la simple pregunta: "¿Acaso busca su felicidad? No, busca su Obra".
Uno de los intelectuales españoles actuales más serios, Rafael Gabra, llama a la filosofía de Nietzsche y de su discípulo Martín Heideger, "existencialismo vitalista" y la resume admirablemente cuando dice: "Existe para cada hombre, sin embargo, una posible salvación: aceptar la propia situación, dar un enérgico SI a los hechos y autoafirmarse por la acción y por la lucha".
Y continúa: "Puede reconocerse una influencia de esta filosofía en la actitud de la juventud alemana en las filas del nacionalsocialismo durante la última guerra mundial. Actitud desengañada, escéptica, respecto a valores universales, pero que, por un enérgico voluntarismo, afirma y deifica su propia existencia colectiva -la Raza y el Estado germánico-, y se entrega desesperadamente a una lucha de la que esperaba ver surgir su propio ser y el sentido de su vida" (Historia sencilla de la Filosofía, Ed. Rialp).
Asimismo, Martín Heideger, teorizador de la metafísica existencialista, se confiesa discípulo de Nietzsche y durante el período nacionalsocialista, da numerosas conferencias ente los más destacados miembros del Partido y de la vida cultural- -que no se excluían-, sobre la interpretación de la filosofía nietzscheiana. Su libro, "Sendas perdidas" es un glosario de estas conferencias, particularmente es el capítulo sobre la frase de Nietzsche, "Dios ha muerto".
A ambos filósofos se les ha considerado, por parte de ciertos intelectuales, como anarquistas. De Nietzsche hablaremos más adelante, de Heideger y para dar una oportuna aclaración, en 1943 se expresó de la siguiente forma al manifestar públicamente su ciega adhesión a Hitler con estas palabras: "Ni los dogmas ni las verdades racionales deben erigirse en normas de nuestra conducta. Hoy y siempre, el Führer es el único capacitado para decidir lo que es bueno y lo que es malo. El Führer es nuestra única ley". (Historia Ilustrada del III Reich).
Hecha esta introducción preliminar paso ha hacer un resumen de la vida y de la obra del filósofo, con las exposiciones necesarias para clarificar sus pretendidas contradicciones, su influencia o semejanza con Hitler y el movimiento nacionalsocialista, así como advertencias o sugerencias a los nacional-revolucionarios de hoy y de mañana.
Federico Guillermo Nietzsche nació en Roecken, población de Tunngia el 11 de octubre de 1844. Su padre era pastor protestante, de aquí puede deducirse que conociera ya en su infancia y de cerca la moral cristiana. En julio de 1849, o sea, cuando el mozo tenía 5 años, muere su padre y la familia; su madre y su hermana Elisabeth se trasladan a Naumburg.
Ya desde la infancia Nietzsche destaca por su inteligencia y seriedad por encima de sus compañeros. Una anécdota puede ser suficientemente ilustrativa; su madre y su hermana le esperaban a la salida del colegio durante una fuerte lluvia, todos los niños salían corriendo en busca de refugio, de pronto apreció él, caminando tranquilamente empapándose de agua, su madre le gritaba para que se apresurase, pero él no se inmutó y cuando llegó junto a ellas les dijo que la norma que le habían enseñado era de no salir corriendo y saltando, sino caminando con compostura.
A los 15 años ingresa en la escuela de Pforta y cursa en ella estudios secundarios, cabe señalar que el ingreso en este prestigioso colegio lo obtiene mediante una beca. La superioridad intelectual de Nietzsche que de pequeño se vislumbra, se hace ahora patente, sus compañeros se lo reconocen, a pesar del "pathos de la distancia" que mantenía con ellos y que será una constante en toda su vida, ya al final de su vida lúcida, en ECCE HOMO dirá "¡Sobre todo, no me confundais con otros!". Es una época en que el estudio le absorve, y causa admiración ver la multitud, variedad y profundidad de las lecturas de Nietzsche, que a los 18 años tenía ya una filosofía propia, influenciada por Emerson y Fichte -mas tarde la definitiva influencia la recibiría de Schopenhauer-. Pero en las materias que más destaca es en el latín, el griego y en el cristianismo romántico. En la cultura griega y en el cristianismo fija su atención en el problema moral que no dejará de analizar y ser su PROBLEMA a resolver durante toda su vida. Asimismo aumenta su afición por la música, tanto como intérprete como compositor, tocaba el piano con brillantez siendo a la vez un gran improvisador, Wagner llegó a decir de él más tarde "Que era demasiado buen músico para ser profesor".
A pesar de sus esfuerzos por ser sociable no parece haber tenido en el empeño mucho éxito. Su mejor amigo, que lo sería durante toda su vida era Paul Deusen, que más tarde se convirtió en el gran orientalista debido a su obra sobre la Vedanta, que sigue siendo clásica (lo cual quiere decir, desconocida actualmente). En 1.864, terminados sus estudios secundarios en Pforta, ingresa en la Universidad de Bonn para seguir los estudios de filología clásica y teología, pero pronto abandona esta última materia para dedicarse por entero a la filología, en que, en la fisiología encuentra unos puntos de apoyo esenciales, que junto con su intuición sobre el PROBLEMA MORAL darán a su filosofía la clasificación, si es que puede clasificarse en un sólo molde, de filosofía VITALISTA (En España, Ortega y Gasset será el máximo exponente de ella con su racio-vitalismo).
Su fé en este período había naufragado. Es el año 1865 y decide trasladarse a Leipzig para proseguir y perfeccionar sus estudios de filología clásica al lado de la máxima figura alemana en este campo, el profesor Ritschl. Son años de una total entrega a esos estudios; funda una Asociación filológica en la que da conferencias, esto le será de gran ayuda en un futuro inmediato.
Pero antes del ingreso en la Universidad de Leipzig, sucede un acontecimiento que posible y desgraciadamente le marcará para toda su vida. En febrero de 1865 hace un viaje a Colonia, le pide a un amigo la dirección de un hotel y este le entrega la de un burdel. Nietzsche en una carta a Paul Deusen le dice: "Me encontré repentinamente rodeado de media docena de criaturas vestidas de gasa y de lentejuelas, que me miraban ávidamente..." En 1867 hace su servicio militar en caballería, sufriendo una caída, a la cual se atribuye su parálisis posterior. Sobre sus ideas políticas de aquella época y según la opinión de Strouxes es la de que "Nietzsche no está, propiamente hablando, orientado hacia la política. Tiene, a grandes rasgos, simpatía por la creciente grandeza de Alemania, pero ninguna por su forma prusiana; un gusto muy vivo por un libre desarrollo cívico e intelectual".
Que así opinaba no puede negarse, es una constante en él. Y aquí precisamente surge ya, la primera aparente contradicción sobre su pensamiento. Debido a esas opiniones y a frases dirigidas contra los alemanes como por ejemplo "Matad el espíritu, siempre os quedará el Reich", pronunciadas con evidente desprecio, ha servido para que el progresismo intelectual -siempre tan ávido de detalles inconexos- intentara, como antes hemos explicado, sino apropiárselo del todo, por lo menos demostrar que los movimientos nacional-revolucionarios lo invocaban sin razón y aconsejando que cambiáramos de "santo patrón". Y, como ya he dicho, muchos nacional-revolucionarios con poca agilidad mental, huyendo de todo lo que no sea concreto y tangible, lo miran con evidente desconfianza, de soslayo. Ni unos ni otros han llegado más allá en sus conclusiones, que el efecto exterior producido por la letra impresa.
Debería haberse comprendido, debería tenerse la sutileza suficiente para ver que un hombre como Nietzsche, que admira del código de Manú (código de las castas hindúes), que en todo momento muestra su admiración por la Grecia pre-socrática y por la Roma clásica, que hace perfectas diferenciaciones entre lo aristocrático y lo plebeyo y que al mismo tiempo se inclina "por un libre desarrollo cívico e intelectual", está muy lejos del democratismo -al que tacha de decadente-, o del socialismo al que llega a decir de él en la VOLUNTAD DE PODER: "El socialismo, tiranía extrema, ejercida por necios y mediocres, disunula mal la voluntad de negar la vida". Bien, ¿entonces, que es lo que dice Nietzsche en realidad? ¿que entiende por un libre desarrollo cívico e intelectual? ¿porque, su mal de ojo hacia el Reich?.
Lo primero que ve en ello un espíritu ágil, o por lo menos que olfatea algo DEMASIADO MORAL en todo lo concreto es, que no se refiere al gran número, eso debería saltar a la vista, pero será mejor que Nietzsche con su poder de síntesis nos lo refiera. Para ello citaremos el aforismo quinto del capítulo "Lo que los alemanes están perdiendo" de su obra CREPUSCULO DE LOS DIOSES: "Lo que las "escuelas superiores" de Alemania (y de todo el mundo civilizado añadimos nosotros) logran de hecho es un adiestramiento brutal para hacer aprovechable para el Servicio del Estado, con la menor pérdida posible de tiempo, un gran número de jóvenes. "Educación superior" y gran número -son cosas que de antemano se contradicen. Toda educación superior pertenece tan sólo a la excepción. Ninguna de las cosas grandes, ninguna de las cosas bellas pueden ser jamás bien común: (lo bello es cosa de pocos hombres). ¿Que es lo que condiciona la decadencia de la cultura alemana? El hecho de que la "educación superior" no sea ya un privilegio, es el democratismo de la "cultura general", la cual se ha vuelto común...". ¿Ha quedado aclarado el concepto?
No obstante, muchos nacional-revolucionarios nos objetarán que precisamente lo que ellos quieren es suprimir al marxismo, a fín de que ea posible que el pueblo ¡siempre el pueblo! se eleve mediante la generalización de la cultura y adquiera conciencia de su patria, de su raza, de que quede integrado dignamente en un destino, nos dirán además, que Hitler lo logró en los 6 años de paz nacionalsocialista, etc.
Sólo cabe preguntar a tales idealistas ¿el pueblo -el gran número- se lo ha agradecido? ¡NO! El pueblo se ha comportado tal como Hitler lo describiera en un pasaje de MI LUCHA: "La capacidad de recepción y comprensión de las masas es muy limitada, mientras que u falta de memoria es extraordinaria".
Se objetará de nuevo que Hitler hizo un gran Reich -el mal de ojo de Nietzsche-. La refutación de tal objeción es bien fácil; frente a los super-estados soviéticos y democráticos, hubiese sido ingénuo oponer principados federados. Por lo demás, debería recordarse la aversión de Hitler a la burocracia, al poder absorvente del estado sobre la iniciativa del individuo, a la excesiva legislación del derecho civil y penal que anula el espíritu mismo de justicia en beneficio de la burocracia de bufetes, etc. Como todo ello es perfectamente demostrable, debemos considerar seriamente que Hitler era consciente de las desventajas que suponía un gran estado, pero que el condicionamiento mundial le impuso esto como le impuso otras actitudes bien alejadas de sus principios. No obstante, que en plena guerra asistiera y protegiera a festivales de música, exposiciones de arte, proyectara ciudades modelo, se preocupara de la Ecología, y sobre todo y eso en todo tiempo, concediera más importancia a la fuerza de voluntad y a la iniciativa individual que a la organización en sí, demuestra hasta que punto quería paliar la acción del Estado. En "Mi Lucha" dice:
"El filósofo debe llevar sus conclusiones a lo máximo, a su esencia, el político debe dar los pasos y rodeos necesarios para que ello sea posible". Los puntos de contacto de ambos genios creemos que han sido puestos de relieve, con la natural diferenciación de cometidos.
Esperando haber dado cauces para un aproximación al entendimiento de las pretendidas contradicciones del genio, prosigamos en su vida.
Continúa sus estudios en Leipzig. Un día encuentra en una librería "El mundo como voluntad y representación" de Schopenhauer. El mismo nos dice: "Yo no sé qué demonio me sopló volver a casa con aquel libro. Apenas estuve en mi habitación abrí el tesoro que había adquirido y comencé a dejar obrar sobre mí a este sombrío y enérgico genio". Se dice que durante quince días estuvo absorto en la lectura de este libro releyéndolo diez veces.
Aunque la Originalidad y profundidad de Nietzsche son incomparablemente superiores a las del viejo rival de Hegel, no cabe duda de que este libro abrió la brecha por la que penetró más tarde el viento demoledor del Zarathustra.
En 1868 conoce, por mediación de la joven esposa de Wagner, Cósima al maduro y ya famoso compositor, que cree ver en el joven filósofo un teorizador de sus monumentales dramas musicales, como así será, en parte, en "El nacimiento de la tragedia". Este mismo año, el profesor Ritchls, que le tenía en gran estima, logró que la Universidad de Basilea, en Suiza, le ofreciera la cátedra de Filología Clásica. El aceptó, y cuando contaba tan sólo 24 años, la Facultad de Leipzig le concedía, sin previo examen y sin tesis, el título de Doctor, gracias a los relevantes méritos de los estudios realizados y de las conferencias dadas sobre filología.
El discurso que como lección de principio de curso pronunció ante el auditorio de la Universidad de Basilea, que esperaba con expectación la palabra del sabio de 24 años, fue sobre la personalidad de Homero y satisfizo a los más exigentes. Fue como una valiente profesión de fe, llena de grandes esperanzas en las que se percibía como una amenaza futura de profundas innovaciones.
Cabe señalar que Basilea está cerca de Lucerna, donde vivía el matrimonio Wagner y al que hacía muchas visitas, quedando profundamente influenciado por él... o por los medios de persuasión de su joven esposa (es difícil y también supérfluo investigar sobre estas relaciones), que el, más tarde, convertiría en Ariadna.
Apenas llevaba un año como catedrático en Basilea, estalló la guerra franco-prusiana. Los estatutos de Suiza prohibían empuñar las armas, y se alistó como voluntario en un cuerpo de ambulancias que acompañaba a los heridos que se dirigían desde el frente de Lorena, hacia el interior de Alemania. En Erlangen, sufrió el contagio de una epidemia de disentería y volvió enfermo a Naumburg. La convalecencia la fue a pasar a Basilea y de nuevo se pone en contacto con el matrimonio Wagner. Pero todo parece haber cambiado para él. La horrible verdad de los campos de batalla le presenta nuevas perspectivas para la visión histórica. Wagner le empieza a parecer un viejo ídolo rodeado de imbéciles al cual él sobrepasa ya por su experiencia de sangre. En la guerra ha visto el realismo del drama tal cual, sin idealizaciones, sin romanticismos de cámara...
Alentado por Wagner, al que todavía sigue considerando como a un genio, empieza a escribir el libro que finalmente llevará el título de "El Nacimiento de la Tragedia en el Espíritu de la Música". Este libro vio la luz en 1871. Aparece claro un primer propósito: la glorificación de Wagner, al considerar que este compositor tiene sus antecededentes en la tragedia griega y que su vocación es la de encontrar mediante otra mitología la tradición de Esquilo y renovar la tragedia que Platón y la moral socrática habían hundido. Una atenta lectura viene a demostrarnos que a pesar del entusiasmo que Wagner demostró por la obra (la teorización de sus dramas musicales), el contenido sobrepasa en mucho tal primera intención.
Por primera vez nos es presentada el alma griega pre-socrática, no unilateralmente como hasta entonces; de armonía, medida, equilibrio, o sea apolínea, sino también lo que oscuro, caótico, instintivo había en el drama y en la música griega, representada por el dios Dionisios.
El espíritu dionisíaco es decir SI a lo más duro, al dolor, a la muerte misma, más allá del terror y la compasión. Es éste un espíritu irracional, emotivo y sobre todo un acto de AFIRMACION A LA VIDA más allá del bien y del mal.
Con Sócrates, primer racionalista y primer "cristiano" junto con Platón, primer socialista utópico, primer idealista, darán paso al bien y al mal, a la moral como regla máxima, en una palabra, los resentimientos de los decadentes contra la vida. Todo esto lo intuye y lo plasma Nietzsche eh ésta, su primera obra, con la cual da al traste con las teorías al uso sobre los griegos. Sus excepcionales dotes de psicólogo descubren los orígenes de la decadencia que se había bautizado con el nombre de idealista. Oigamos a Nietzsche: "El conocimiento, el decir sí a la realidad, es una necesidad para el fuerte, así como son una necesidad para el débil, bajo la inspiración de su debilidad, la cobardía, y la huída frente a la realidad, el ideal"...
Tiene que advertirse que el deseo que existe entre algunos nacional-revolucionarios de renovar tiempos pasados que de manera patológica han quedado grabados en ellos como única solución, es una manera como otra de huir al ideal. Podemos catapultamos desde atrás pero no volver hacia ello, el HOMBRE NUEVO no surgirá de entre estos últimos, más bien serán las remoras en el largo camino, el animal de rebaño ha quedado superado. "Ha llegado la hora del gran desprecio". Esta es nuestra consigna, así lo dijo Nietzsche.
Continuando con "El nacimiento de la tragedia", el estupor que causó la obra fue en dos tiempos; primero un silencio total, roto solamente por Wagner y Erwin Rohde, después, los viejos filólogos, enemigos de Ritchl -muy preocupados como decía Voltaire "en restituir mal una palabra de un texto que antes se entendía muy bien"-, aprovechan para atacarle en la persona de su joven ex-alumno, al que llegan a considerar como corruptor de la juventud universitaria. Y, efectivamente, en esta obra precisamente, la moral toda y el idealismo platónico reciben un fuerte mazazo y de frente.
Acaba de nacer algo que destruye lo establecido, por SUPERACION, por algo más aristocrático. Y sólo es el principio. El esbozo de un gran arquitecto del pensamiento; el Zarathustra y el Anti-Cristo aún están lejos.
Debemos recalcar, nunca lo haremos bastante, que la destrucción de lo establecido la realiza Nietzsche por SUPERACION y decimos esto porque cualquier comparación que se haga de este genial filósofo y psicólogo con los de tendencias materialistas y positivistas es una enorme falta de visión, y más que eso, una falta de limpieza. La habitabilidad de las cloacas es para estos últimos, no para el autor de Zarathustra.
Lo cierto es que los alumnos, influenciados por pedagogos moralistas, dejaron de asistir a sus clases y tuvo que dejar la Universidad.
La segunda obra de Nietzsche, fueron las cuatro "Consideraciones Intempestivas", y son, uu ataque frontal, no sólo al idealismo y a la moral sino también a la cultura en general que predomina en Europa y en Alemania sobre todo.
Antes de hacer un somero examen de las "Intempestivas", nos fijaremos en un detalle; en toda la obra nietzscheiana se nota ininterrumpidamente un ataque hacia lo alemán o más bien un justo reproche a ciertos alemanes. Acusa a éstos de haber embrollado a Europa en todos los asuntos, ya sean filosóficos, teológicos o éticos; desde la reforma hasta los primeros tiempos del socialismo. Un defecto de Nietzsche es el de no conceder atenuantes, él mismo lo dirá: "Un sí, un no, una línea recta, una meta", esa fórmula tan directa no ha sido jamás comprendida en su medida y se lo ha tomado al pie de la letra -una forma cualquiera de no comprenderlo en absoluto-. Podemos advertir que desde el Renacimiento, o mejor desde la reforma luterana, si exceptuamos a Descartes, todas las grandes corrientes del pensamiento han partido de Alemania, para bien y para mal. Considera culpables a los alemanes de haber producido un Lutero, un Kant, un Hegel, un socialismo incipiente, etc. y con ello haber ahogado el espíritu europeo, las esperanzas que de por sí podían esperarse del Renacimiento como vuelta a la antigüedad clásica. En este punto le pasa desapercibido un detalle: cuando una nación toma el mando en una o varias ramas determinadas de la historia o del pensamiento, es señal de que las demás han perdido por variados motivos su fuerza vital. Esto es ni más ni menos lo que pasó en las ciudades y principados italianos, bastante más preocupados por un renacimiento completamente exterior, sin una originalidad espiritual, primordial, todo lo cual fue suficiente para que fueran otras razas más al norte, menos contaminadas, las que en un esfuerzo por replantearse una nueva concepción del mundo, unos apoyos en un mundo tambaleante, intentaran con más o menos éxito la instauración de una nueva moral, tal fue el sistema de Kant, o intentaran una nueva explicación de la historia como hizo Hegel. Lo cierto es que el norte de Italia era ya incapaz de llevar la nave cultural de Europa y que los señores de la guerra germánicos tuvieron que convertirse al punto en filósofos y teólogos, con la rigidez que de ello puede esperarse.
Esto y el hecho de que él viviera en los tiempos del romanticismo, de la unidad alemana -con el sentimentalismo que ésto lleva implícito-, de los eruditos y filisteos cultivados con los que le tocó convivir, puede dar una idea de su repudio a la cultura alemana del momento. Pero ¿se ha visto que sienta predilección por otra cultura contemporánea? No, admira a algunos franceses y con reparos a los ingleses les llama moralistas satisfechos, a los italianos y españoles contemporáneos ni los nombra, en cuanto a los rusos, ve en ellos, junto con los judíos, una fuerza enorme, un peligro que puede "ayudar" a la formación del estado nacional europeo -aunque no adivina exactamente en qué sentido se producirá esta fuerza-.
Hecho este nuevo inciso, vayamos a la "Primera Intempestiva", que va dirigida contra David Straus, un acertado blanco, arremete contra uno de los patriarcas del racionalismo positivista y determina que, como Hegel, hacen descansar la necesidad del mecanismo universal en la misma razón. En "Ecce Horno" dice él: "proponía una superación de la religión de raiz más o menos feurbachiana, en la que desaparecía el dogma de Cristo para ser sustituído por un evangelio de cervecería".
La "Segunda Intempestiva", va dirigida "sobre la utilidad de los estudios históricos". "La cultura actual produce sabios, filisteos, pero no es capaz de crear hombres que hagan ellos mismos la Historia". En esta obra, presenta Nietzsche lo corrosivo del movimiento científico y el abuso del método histórico. De la Historia hay que retener lo necesario y luego tener el valor de superarlo. A los que pretenden que la Historia les proporcione únicamente abundancia de datos les llama "filisteos cultivados".
La "Tercera Intempestiva" o "Schopenhauer como Educador" es un elogio a Schopenhauer, el mejor educador, según los principios de Nietzsche. Pero, en realidad, años más tarde, cuando escribe el "Ecce Horno", dirá: "En Schopenhauer educador, viene descrita la historia de mi desarrollo interior".
La "Cuarta Intempestiva: Wagner en Bayreuth" expone la gloria que él soñara para Bayreuth y que la realidad había frustrado. El aspiraba a un wagnerianismo más puro que no necesitara de la gloria de la masa, y que de allí surgiera el germen de una minoría escogida en pos de una nueva era. Esta obra, en realidad, es un Wagner que lleva superpuesto a Nietzsche.
Cuando Wagner recibió esta obra, no vio más que los elogios que le tributaba el filósofo, no se dio cuenta de que, en el fondo, Nietzsche, posiblemente sin ser consciente de todo, le despreciaba y rompía su dependencia con él. Por eso, Wagner le escribe calurosamente, rogándole que venga pronto a los ensayos de los Festivales de Bayreuth. Nietzsche duda en asistir, pues sabe que ello significará su ruptura definitiva con el genio musical. Por fin, asiste y la decepción no se hace esperar. Nietzsche ve un Bayreuth adornado de colgaduras, de banderas, de jolgorio, más para honrar al Emperador Guillermo I, que para el drama musical en sí. Escucha multitudes vociferantes y alegres como en una feria y ve que gran cantidad de público celebra su wagnerianismo mediante buenas dosis de cerveza. Allí encuentra vertidos la élite de la nobleza, de la banca y del snobismo. ¡Cuán diferente se lo había imaginado Nietzsche, lleno de multitudes silenciosas y respetuosas en busca de un Nuevo Retorno!
Aquí es precisamente donde Nietzche rompe con todos los convencionalismos, escribe "Humano, Demasiado Humano", que se cruza con la obra que Wagner le envía a pesar de todo: "Parsifal".
En él, Nietzsche, en forma aforística y con precisión de cirujano, pone al descubierto todo lo demasiado moral, demasiado pequeño que existe: en el estado, en la religión, en la moral, en las mujeres, en los idealistas...
En 1881, publica "Aurora. Pensamientos sobre los prejuicios morales. Igual que en su anterior libro, éste es también una crítica, pero aparecen ya los remedios, la llamada a las fuerzas ascendentes para que, mostrándoles el camino, se liberen de la alienación que los débiles ejercen mediante la moral o la teología, o que bajo nuevas formas pretenden seguir ejerciendo: liberalismo, materialismo, socialismo...
Aquí, el filósofo prepara los tiempos futuros. La consigna que insinúa y que dará ampliamente en "Más allá del bien y del mal. (Prelucios de una filosofía del futuro)" es: La necesidad de formar nuevos jefes rectores de la humanidad imbuídos de nuevas ideas, y para formar estos espíritus, esta élite, nada mejor que las privaciones y la soledad. Recuérdese el capítulo de la vida de Adolf Hitler en Viena, huérfano, sin recursos, soportando penurias de todo tipo, soledad ante todo, pero no abandonándose ante la desolación, sino preparándose para afrontar un nuevo futuro, mediante la observación, la lectura, el discernimiento. Después de los cuatro años de guerra, voluntario en el frente, condecorado con la Cruz de Hierro de primera clase, las heridas, su impresión de la retaguardia. Parece concordar punto por punto con lo que Nietzsche pensaba antes de lanzarse al "Eterno Retorno".
Eran los tiempos en que el socialismo se presentaba como una redención y, según opinión de Nietzsche, no sería posible pararlo y había que resignarse a verlo crecer. Pero a esta amenaza que quiere destruir todo lo digno que queda todavía en pocos, es preciso oponer nuevos hombres. Invoca una nueva aristocracia intelectual y guerrera, pero con una nueva pasión. Recuérdese al punto las escuelas "Adolf Hitler" de formación de mando y sobre todo a las S.S., élites donde las halla: honorabilidad demostrada, valor igualmente demostrado, excelente salud. mínimo seis años de bachillerato, etc.
En "La Gaya Ciencia", Nietzsche afirmará más esta ideología, diciendo que no basta la inteligencia -con ser importante-, es preciso la pasión. la voluntad de poder. para llegar al camino de la verdad.
Es importante señalar que ya en "Aurora" Nietzsche da a la Raza una equilibrada importancia y que como todo su pensamiento filosófico o político no se circunscribe en ser alemán sino europeo. En el aforismo 272 dice así: "LA PURIFICACION DE LAS RAZAS.- No hay probablemente razas puras, sino tan sólo depuradas, y aún estas son extraordinariamente raras. Las más extendidas son las razas cruzadas, en las cuales, junto a defectos de armonía en las formas corporales, se observan necesariamente faltas de armonía en las costumbres y en las apreciaciones. ( Livingstone oyó decir una vez: "Dios creó a los blancos y a los negros, y el diablo a los mulatos" )."
"Las razas cruzadas producen a la par que civilizaciones cruzadas, morales cruzadas también; son generalmente las más crueles, más inquietantes y peores. La pureza es el último resultado de innumerables asimilaciones, absorciones y eliminaciones, y el progreso encaminado hacia la pureza se manifiesta en que la fuerza existente en una raza se restringe cada vez más a ciertas funciones escogidas, mientras que antes se tendía frecuentemente a realizar demasiadas cosas contradictorias. Esta restricción presentará siempre apariencias de empobrecimiento; pero hay que juzgarla con prudencia y equidad. Cuando el proceso de la depuración se ha ultimado, todas las fuerzas que antes se perdían en la lucha entre cualidades sin armonía se encuentran a disposición del conjunto del organismo; por eso las razas depuradas se hacen siempre más fuertes y más bellas. Los griegos (pre-socráticos) nos ofrecen el ejemplo de una raza y de una civilización depurada, y es de esperar que se logrará algún día la creación de una raza y de una civilización europea pura".
La "cría" y la depuración de la raza fue la religión auténtica de Hitler y debería serlo de Europa entera y de todos los países blancos; esta es un labor para el futuro, ésto es un ideal, lo demás charlatanería pedante y sólo eso. Con cuánta razón decía el judío Karl Marx que la única manera de dominar Europa era mediante el "knut" (látigo mogol) y con la mezcla de sangre calmuca.
Es curioso y grotesco observar hoy día y en España, que los más grandes vocingleros de autonomías, defensa de la cultura autónoma como un bien inapreciable, etc. no tienen el más mínimo sentido higiénico a la hora de aceptar a negros, moros, etc. Al mismo tiempo que sienten una gran admiración por el pueblo judío, que ha permanecido lo más cerrado posible en sus costumbres y emparejamientos, a la vez que atacan despiadadamente a la Alemania Nacionalsocialista por haber intentado hacer algo parecido... Precisamente en "Aurora" dice Nietzsche: "Allí donde radican nuestras debilidades van a extraviarse nuestras exaltaciones. El principio: "Amad a vuestros enemigos" tenía que ser inventado por los judíos, los mejores ABORRECEDORES que ha habido en el mundo..." Pero no nos ocupemos más de ellos y que se resuelvan su jeroglífico mental.