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Los peligros de los deportes más arriesgados



Los peligros de los deportes más arriesgados




¿Riesgo controlado?





Salto base



wingsuit



Sí, los 39.068 metros desde los que se tiró Felix Baumgartner hace apenas un año se consideran salto BASE… Pero no, no hace falta subirse a la estratosfera para hacer salto BASE. De entrada, lo de BASE es un acrónimo en inglés de las palabras Building (Edificio), Antenna (Antena), Span (Puente Colgante) y Earth (Tierra), que tiene como resultado acaso el más extremo de los llamados deportes extremos (a los que lo practican no les suele gustar eso de deportes de riesgo). “Cuando saltas de un avión, lo haces a 4.000 metros y abres el paracaídas a unos 1.000. En el salto BASE vas pegado a una pared, o una línea, y el impacto está más cerca. En el avión tiene que haber un paracaídas de reserva, en BASE no hay plan B. La aceleración va de cero a velocidad terminal”, nos explica Darío Barrio, mediático chef del restaurante Dassa Bassa la mayor parte del tiempo y experimentado paracaidista desde hace años. “El hombre tiende a buscar retos, y esto es una vuelta de tuerca al paracaidismo, con el atractivo añadido de un contacto brutal con la naturaleza.

El mero hecho de llegar a los fiordos noruegos, al Himalaya... ya es increíble, y eso lo hace muy atractivo”. Una versión radical del paracaidismo basado en saltar desde un lugar fijo y no una aeronave en movimiento, y que tiene su origen en el siglo XVIII, aunque en los últimos años ha alcanzado cotas inusitadas de popularidad gracias a los logros de unos cuantos fanáticos del riesgo. Por ejemplo, Owen Quinn, un albañil empleado en el World Trade Center que puso este deporte en el mapa en 1975 al saltar desde lo alto de una de las torres vestido con un jersey con un versículo del Evangelio de San Mateo tan apropiado como desmedido: “Y mirándolos, Jesús les dijo: ‘Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible”.



salto base



Escalada sobre hielo



Los peligros de los deportes má



¿Por qué no sobre hielo? Eso debió de preguntarse algún escalador en busca de nuevos retos en un deporte tan antiguo como el mismo hombre. Y así nació quizá la modalidad más espectacular de la escalada. Desde luego la más impredecible: “Es un ambiente de pura montaña, pero con sensaciones especiales: cascadas, corrientes... Además de los riesgos propios de la alta montaña y el aislamiento que trae consigo, la clave es que trabajas sobre una estructura que puede cambiar... Incluso venirse abajo”, explica José Manuel Velázquez, experto de la revista Desnivel.

Ese es precisamente el gran peligro de la escalada en hielo, el riesgo añadido, pero también la recompensa. Aparte de la caída de piedras o cornisas que puede suceder en cualquier tipo de escalada, aquí la misma base sobre la que se maneja el deportista puede precipitarse en cualquier momento. Por eso, a diferencia de la escalada deportiva, cobra especial importancia la experiencia en situaciones límite y contar con un buen equipo –botas, crampones y piolets–, sobre todo cuando las bajas temperaturas convierten un pacífico corredor de nieve en una cascada de hielo bastante más amenazante, hasta llegar al extremo de una pared de hielo de varias decenas de metros completamente vertical, una gigantesca catedral helada: “Lo más especial es escalar por cascadas y corrientes que en ocasiones se forman solo una vez cada 10 años, y además hacerlo con éxito”, destaca Velázquez.




Escalada sobre hielo



Apnea sin límites



Apnea sin límites



Es el reverso acuático del paracaidismo. Ante el empeño de unos de subir más y más alto, los apneístas o profundistas solo quieren bajar más y más. Al océano más profundo. Hasta llegar al mismísimo infierno. Quizá no es el deporte más espectacular para emitir por televisión, pero sí es, posiblemente, el más místico de todos ellos, el más sobrehumano. Para muchos, también el más peligroso de la lista. El submarinista llega a la profundidad con la ayuda de un lastre, pero a partir de entonces está solo para subir… y sobrevivir. La respiración artificial se suspende y entra el pulmón libre, la suspensión total en condiciones más propias de cachalotes que de humanos.

A partir de los 35 metros, la presión hace peligrar los vasos sanguíneos de los pulmones, y el récord absoluto de apnea sin límites pica ya en los 214 metros de Herbert Nitsch en el año 2007. Muchos de los que ostentaron los récords anteriores en la apnea sin límites, la variante más bestial, están muertos. Loic Leferme y la bella Audrey Mestre fueron algunos de los más famosos. Dicen que a partir de los 100 metros, la presión es casi insoportable. Dicen que más allá, la toxicidad del oxígeno supone una muerte segura. Dicen que en esas condiciones, el cerebro puede quedarse más de un minuto sin riego sanguíneo. Imposible de demostrar. Solo ellos lo saben, los mismos que siguen derribando barreras al estilo de los guerreros wayúu de la frontera entre Colombia y Venezuela, capaces de sumergirse hasta 3 minutos para pescar en las partes más profundas del río. No es únicamente un deporte. Es la búsqueda de la última frontera, del “gran azul” de la mítica película de Luc Besson. El silencio absoluto.



Descenso de aguas



Descenso de aguas


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“El movimiento de los rápidos, dominar la corriente, ver cómo la piragua responde, cómo la dominas y no te domina ella a ti... Es una sensación especial”. Ander Elosegi, finalista olímpico de C1 en los Juegos de Pekín y Londres y uno de los mejores palistas españoles de la actualidad, define así el atractivo del llamado rafting, descenso de aguas blancas o aguas bravas, la modalidad más extrema del piragüismo. Una disciplina espectacular para el espectador, pero muy exigente con el deportista.

Algo así como el famoso descenso del Sella, pero a lo bestia. Tanto, que debido a la violencia de las corrientes de los ríos en que se practica, se suele hacer en grupos de cuatro y ocho personas y a bordo de una balsa perfectamente adaptada para las turbulencias, aunque se aconseja que salga más de una embarcación al mismo tiempo: “La mayoría de las lesiones que se producen son tendinitis, sobre todo en los hombros y en los codos, consecuencia de los golpes con la pala en el agua, pero no hay un gran riesgo de chocar con rocas”. Un riesgo asumible para una comunidad cada vez más numerosa de practicantes, que peregrinan puntualmente a los ríos Ésera y Ara, en la provincia de Huesca, o a algunos sectores del caudaloso Miño en su paso por la provincia de Pontevedra, zonas con una tremenda tradición piragüística. “Me encanta que la piragua corra y que no me cueste moverla. Rápido y limpio, pero sin esfuerzo. Eso es lo más bonito”, concluye Elosegi.



wingsuit



Wingsuit


salto base




“El traje de alas transforma velocidad vertical en velocidad horizontal. Duplica el tiempo en el aire. De un salto que puede durar menos de un minuto a volar literalmente durante más de dos”. Para Houdi de la Fuente, instructor de Skydive Spain, esta es la clave del wingsuit –que no wingfly, como se ha publicado erróneamente en muchas ocasiones– o salto con traje de alas, la última variante del paracaidismo que consiste en saltar, originariamente de un avión, para, a continuación, desplegar un traje especial con unas membranas entre los brazos y el tronco a modo de alas, alcanzando velocidades en horizontal de unos 150 kilómetros por hora. Un deporte que hace posible al fin la eterna ambición humana de volar como un pájaro, pero también una disciplina que ha pasado en pocos meses de prácticamente desconocida a desgraciadamente polémica.

La muerte de cinco deportistas en Francia en apenas dos meses (entre ellos Mark Sutton, el especialista que encarnó a James Bond en el espectacular salto en la Ceremonia de Apertura de los Juegos Olímpicos de Londres) y, sobre todo, el desgraciado accidente de Álvaro Bultó en los Alpes suizos han producido una tremenda controversia. Mientras la Federación Francesa de Paracaidismo rechaza reconocer el wingsuit entre sus prácticas, profesionales como Houdi distinguen dónde está el peligro real: “La cosa empezó saltando desde aviones, donde el riesgo es menor, está mucho más despejado. Pero si se hace estilo BASE, los tiempos de caída libre son escasos. Cuando te alejas de la montaña no hay problema. En cambio, si persigues los contornos, las imágenes son espectaculares, pero es muy peligroso, más aún si se hace en gargantas… Los resultados son conocidos”.










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