Mientras la sombra iba moviéndose al compás del sol, también nosotros hacíamos lo propio: rotando, huyendo de la despiadada resolana y del sol. Eran aquellas inolvidables y espectaculares tardes de verano, en que estábamos allí guarecidos bajo la sombra generosa del viejo árbol de paraíso. Lo que ya se había transformado en un verdadero ritual casero: es decir, sucesivas reuniones vespertinas de “tribu”, en las que lo más esperado eran las historias lejanas que mi madre solía contarnos. Así fue, historias y anécdotas de aquel Pirané Joven, de ese pequeño mundo ensimismado aún en la típica vida de pueblo. Relatos y abundantes tereré de cocú (*), por supuesto. Y viendo posteriormente de qué forma el sol irá apagándose hasta el ocaso. Por último, y como corolario, la entrada en escena de los infaltables y voraces mosquitos que nos forzaban a dispersarnos y a meternos presurosamente dentro de la casa.
Solíamos reincidir, no pocas veces, sobre los vericuetos de la historia de Alfredo, aquel caminante enigmático y perseverante. Mi madre sostenía que lo recordaba nítidamente en la época de la escuela primaria, allá en la Gloriosa Escuela N°36, como un alumno sobresaliente y destacado. E incluso, según Ella, hasta la época después de la adolescencia solía llevar una vida “normal”, digamos. Además era vox populi el hecho de que había entablado un encendido romance con una mujer importante del pueblo. Luego de todo eso ingresábamos siempre a un período oscuro de la vida personal del hombre, lleno de conjeturas y presunciones, pero esencialmente impregnado de un cierto halo de misterio, cuyos contornos de realismo consecuentemente resultaban ser muy imprecisos. Como aquella propagada versión de que había estudiado magia negra, pero en el trámite algo salió mal logrado, por lo que los demonios occidentales solicitaron auxilio a los demonios del PUGANAGAY para, finalmente, enajenar su alma…
De esta forma y con todos estos componentes, y otros, claro, fue instaurándose un entrañable y, a su vez, llamativo personaje, cuya ausencia hoy se hace evidente (especialmente para los visitantes ocasionales, que conocimos a fondo aquel Pirané de otros tiempos). Insisto, así se van edificando los personajes de pueblo con algo de verdad y otro poco de realismo mágico. Siempre queda un costado por explicar o por conocer, y entonces comienza a rodar la imaginación; en definitiva de eso se trata… En otros términos, personas que pasan a formar parte del patrimonio del imaginario colectivo, y como tales siempre son recordadas; o bien, merecen al menos ser recordadas pero con el más riguroso de los respetos…De aquel viejo paraíso ya nada queda, el tiempo lo hizo sucumbir hasta sus raíces; ni siquiera quedan rastros de mi tribu familiera; solo persisten en pie esos recuerdos que de cuando en cuando devienen en uno que otro relato…
Pantalones ceñidos, mucho pero mucho más arriba de la cintura (es su marca registrada); la camisa usualmente por dentro. Los brazos que se entrecruzan detrás de su inconfundible contorno. Peinado, normalmente salvaje, moldeado tal vez por uno que otro viento norte. De barba raleada, a veces, esparcida desordenadamente por su rostro pequeño. De a ratos, pasos acelerados, como huyendo despavorido de la Historia. De frágil figura, ligeramente encorvada hacia los hombros y mirada secreta, extraviada acaso, en la inmensidad de los tiempos pasados. Conversaciones largas y a solas, aún caminando o bien haciendo un alto en algún lugar determinado, como si obedeciera a un misterioso mandato. Conversaciones, en suma, indescifrables. Incansable peregrino de las calles del ayer. Testigo inmutable de diversas muestras de simpatías y a veces de asombro; ¡este Pirané le queda chico, che!, indudablemente…
Aún sigues caminando en mis recuerdos de niño, querido transeúnte inquieto; ni siquiera en ellos puedes pasar inadvertido……y seguí caminando, por favor! No dejes de hacerlo, que (como dijimos) Pirané, tu pueblo, mi pueblo, nuestro pueblo, siempre te va a quedar CHIQUITIN
Autor: Gustavo Javier Lezcano. (El misionero)
<°))))>< Pirané, Formosa, Argentina.
(*) Allophylus edulis, cocu, es una especie del género Allophylus, la cual pertenece a la familia Sapindaceae.
http://www.chaua.org.br/drupalfiles/imagecache/aef_image_original_format/fotoespecie/SAP_A.edulis1.jpg
Solíamos reincidir, no pocas veces, sobre los vericuetos de la historia de Alfredo, aquel caminante enigmático y perseverante. Mi madre sostenía que lo recordaba nítidamente en la época de la escuela primaria, allá en la Gloriosa Escuela N°36, como un alumno sobresaliente y destacado. E incluso, según Ella, hasta la época después de la adolescencia solía llevar una vida “normal”, digamos. Además era vox populi el hecho de que había entablado un encendido romance con una mujer importante del pueblo. Luego de todo eso ingresábamos siempre a un período oscuro de la vida personal del hombre, lleno de conjeturas y presunciones, pero esencialmente impregnado de un cierto halo de misterio, cuyos contornos de realismo consecuentemente resultaban ser muy imprecisos. Como aquella propagada versión de que había estudiado magia negra, pero en el trámite algo salió mal logrado, por lo que los demonios occidentales solicitaron auxilio a los demonios del PUGANAGAY para, finalmente, enajenar su alma…
De esta forma y con todos estos componentes, y otros, claro, fue instaurándose un entrañable y, a su vez, llamativo personaje, cuya ausencia hoy se hace evidente (especialmente para los visitantes ocasionales, que conocimos a fondo aquel Pirané de otros tiempos). Insisto, así se van edificando los personajes de pueblo con algo de verdad y otro poco de realismo mágico. Siempre queda un costado por explicar o por conocer, y entonces comienza a rodar la imaginación; en definitiva de eso se trata… En otros términos, personas que pasan a formar parte del patrimonio del imaginario colectivo, y como tales siempre son recordadas; o bien, merecen al menos ser recordadas pero con el más riguroso de los respetos…De aquel viejo paraíso ya nada queda, el tiempo lo hizo sucumbir hasta sus raíces; ni siquiera quedan rastros de mi tribu familiera; solo persisten en pie esos recuerdos que de cuando en cuando devienen en uno que otro relato…
Pantalones ceñidos, mucho pero mucho más arriba de la cintura (es su marca registrada); la camisa usualmente por dentro. Los brazos que se entrecruzan detrás de su inconfundible contorno. Peinado, normalmente salvaje, moldeado tal vez por uno que otro viento norte. De barba raleada, a veces, esparcida desordenadamente por su rostro pequeño. De a ratos, pasos acelerados, como huyendo despavorido de la Historia. De frágil figura, ligeramente encorvada hacia los hombros y mirada secreta, extraviada acaso, en la inmensidad de los tiempos pasados. Conversaciones largas y a solas, aún caminando o bien haciendo un alto en algún lugar determinado, como si obedeciera a un misterioso mandato. Conversaciones, en suma, indescifrables. Incansable peregrino de las calles del ayer. Testigo inmutable de diversas muestras de simpatías y a veces de asombro; ¡este Pirané le queda chico, che!, indudablemente…
Aún sigues caminando en mis recuerdos de niño, querido transeúnte inquieto; ni siquiera en ellos puedes pasar inadvertido……y seguí caminando, por favor! No dejes de hacerlo, que (como dijimos) Pirané, tu pueblo, mi pueblo, nuestro pueblo, siempre te va a quedar CHIQUITIN
Autor: Gustavo Javier Lezcano. (El misionero)
<°))))>< Pirané, Formosa, Argentina.
(*) Allophylus edulis, cocu, es una especie del género Allophylus, la cual pertenece a la familia Sapindaceae.
http://www.chaua.org.br/drupalfiles/imagecache/aef_image_original_format/fotoespecie/SAP_A.edulis1.jpg