Alberdi nació en agosto de 1810, hijo del matrimonio entre su padre Don Salvador Alberdi y su madre Josefa Rosa Aráoz, quien muere en el parto. La familia estaba emparenta con una de las principales familias tucumanas. Su padre se instalo en Tucumán en 1790, producida la Revolución de mayo, este se sumo a la causa de los patriotas. En 1822 murió Don Salvador, y en 1823, en medio de las luchas de poder, es ejecutado su tío Bernabé Aráoz por el nuevo gobernador Javier López, también emparentado con su familia.
Con la ayuda del gobernador de Tucumán, el joven Alberdi ingresa al Colegio de Ciencias Morales de Buenos Aires en 1824, para cursar los estudios preparatorios para la Universidad, apenas a tres meses de ingresar decide abandonar por problemas de adaptación y le ruega a su hermano mayor Felipe, su tutor legal, que lo libre del Colegio, este accede, y le consigue trabajo en una tienda frente a el Colegio, sin embargo, seguía frecuentando sus ex compañeros y, a través de ese contacto, se aficiona por la lectura y se arrepiente de haber abandonado los estudios.
En 1827, gracias a las gestiones de Alejandro Heredia, Juan Bautista es reincorporado en el Colegio de Ciencias Morales, en el cual establece una fuerte amistad con Miguel Cané, donde en plena clase se dedican a leer las novelas de Juan Jacobo Rousseau, incluso aprende a tocar el piano. Hasta entonces, Alberdi se había alojado en la casa de los abuelos de su amigo Cané.
En 1830, Juan Manuel de Rosas cierra el Colegio de Ciencias Morales, aduciendo razones econímicas, sin embargo Alberdi no logra obtener su titulo de abogado y en 1834 decide viajar a Córdoba y Tucumán con la idea de terminar la carrera.
Permaneció dos meses en Córdoba, tras rendir el examen de tercer año obtuvo el grado de bachiller en leyes, luego viaja a Tucumán ahora gobernado por Alejandro Heredia, quien lo autoriza a Alberdi por decreto ejercer como abogado en la provincia, además lo incluye a la legislatura provincial, sin embargo estaba muy acostumbrado a la vida porteña y su ambiente intelectual, por eso en 1834 decide volver a Buenos Aires, gobernada por Rosas.
En 1835, Alberdi publica sus primeros escritos en la revista “La Moda”, donde empieza a criticar el gobierno de Rosas. En 1837 publicó su primera obra doctrinaria, el “Fragmento preliminar al estudio del derecho, dedicado al caudillo tucumano Alejandro Heredia, en él se expresan los problemas para organizar el país.
En 1837, el librero Marcos Sastre funda el Salón Literario, a la que pertenecen Alberdi, Echeverría, José Marmol y María Gutiérrez, entre otros. Alberdi encuentra la posibilidad de asociarse y de desarrollar su talento de escritor. Sin embargo la tolerancia oficial duró poco, y fueron censurados en 1838. Incluso “La Moda”, que había sido autorizada, dejo de imprimirse en abril de 1838, por orden de Rosas. Sin embargo, construyeron en secreto la Asociación de la Joven Argentina, donde sancionaron su propio “Dogma” o declaración de principios, que por palabras de Echeverría resumía la idea proponiendo “unitarizar a los federales y federalizar a los unitarios”.
Su amigo Cané, exiliado en Uruguay le ofreció trabajar en “El Nacional”, periódico fundado por él y Alberdi, viendo el peligro que existían los estudios liberales bajo el poder absoluto de Rosas, abandona Buenos Aires en Noviembre de 1838. En la Banda Oriental, se hospeda en la casa de Cané y se incorpora a la redacción del diario, donde colabora con distintas publicaciones, combatiendo el régimen Rosista. En Montevideo, Alberdi publica el “Dogma” de la nueva generación, el cual fue desaprobado por los emigrados unitarios.
A partir de Marzo de 1839, Alberdi le escribe insistentemente a Lavalle, a quien no conoce personalmente, incitíndolo a encabezar la campaía militar contra Rosas. La insistencia de Alberdi, a la que pronto se suma la de la Comisión Argentina, que abandona su negativa a aliarse con los franceses, termina por convencer al general Lavalle. En Buenos Aires algunos jefes de ejército se habían comprometido a pronunciarse contra Rosas, pero Lavalle tomo la decisión de empezar su campaía por Entre Ríos, esta decisión fue fatal para los que conspiraban dentro de la ciudad y muchos conspiradores fueron arrestados o acecinados por participar en un complot antiterrorista. Tras cruzar Santa Fe, Lavale llega al territorio bonaerense a mediados de 1840, este espera en vano que sus habitantes se levanten contra rosas. Finalmente, desmoralizado, se aleja hacia el norte y, tras sufrir derrota tras derrota frente a los federales, Lavalle morirá en Jujuy en 1841.
Desecho el “ejército libertador”, las fuerzas de Rosas marcharon hacia Montevideo, aliados con el general Manuel Oribe, el ejército federal invadió la Banda Oriental en 1843, lo que obligo a Alberdi abandonar Uruguay, con dirección a Europa.
Luego de recorrer la Europa y contemplar el progreso, siente la necesidad de volver a la América, y parte hacia Chile. Al llegaren Abril de 1844, Alberdi colabora en la redacción del diario “El Mercurio”, luego de vivir durante diez años en distintas ciudades Chilenas, en Santiago acepta la redacción de la “Gaceta de los tribunales” donde escribe durante diez meses, finalmente, abre su propio estudio de abogado en 1846 y en 1849 adquiere una casa quinta en un suburbio de Valparaíso.
Luego de la caída de Rosas en febrero de 1852 en la batalla de Caseros, se produce la apertura de los ríos internos y sus puertos al intercambio directo con el mundo, anunciada por Urquiza, concluía lo que Alberdi consideraba el sistema colonial, económicamente restaurado por Rosas. El fin del régimen Rosista traía aparejada la necesidad de constituir la Nación sobre nuevas bases.
En Mayo de 1852, envía los primeros ejemplares de “Bases y puntos de partida para la organización política de la Confederación Argentina”. Las “Bases” agotaron su primera edición y decidió imprimir una segunda, aumentada con un proyecto de Constitución para sacar a Sud-América de la condición en que se halla. En su texto exponía las ideas que conducirían al progreso del país, en vías de una república posible. Mientras tanto Alberdi no quería entrar en debates políticos, no quería que las pasiones pequeñas de la política restasen autoridad a sus ideas y trabasen su aceptación por los demás.
El libro de Alberdi tuvo una repercusión política inmediata, con las ideas expuestas en “Bases” quería ayudar a los diputados y a la prensa constituyentes a fijar bases de criterio para marchar en la cuestión constitucional. A pesar del éxito de su libro, Alberdi rechaza un cargo de diputado del Congreso por Tucumán, así también, rechaza el ofrecimiento de Urquiza, como encargado de negocios en Chile. Se da a un exilio voluntario.
Hacia fines de 1852, Alberdi recibe un libro de Sarmiento publicado en Chile. Se trata de “Campaña en el Ejército Grande” aliado de Sudamérica. La obra, que pretende ser el relato de los hechos que culminaron en la batalla de Caseros, tiene como finalidad atacar a Urquiza, a quien describe como la continuación de Rosas. A razón de los ataques a Urquiza, Alberdi escribe las “Cartas quillotanas”, donde cuestiona el papel del periodismo de combate en la nueva situación. Para Alberdi, la dureza de la campaña de prensa contra Urquiza mostraba un mal que estaba arraigado en las costumbres políticas argentinas.
En respuesta a las “Cartas quillotanas”, Sarmiento comenzó la publicación de sus “Ciento y una…”, en las que se descargó en agravios contra Alberdi. Las relaciones entre ambos, que se habían enfriado desde el regreso de Sarmiento a Chile, se convirtieron en abierta ruptura, con ataques de ambas portes.
El 9 de Julio de 1854, Alberdi recibe un sobre lacrado, la carta dice que lo designan para una misión diplomática en Europa, el principal objetivo era obtener el reconocimiento de la Confederación Argentina por España. Antes de partir, debía arreglar sus negocios en Chile, este cerró su estudio jurídico, compró acciones de una companía minera y delegó la administración de sus bienes a su amigo José Borbón. Asimismo, aprovechó ese tiempo para escribir dos trabajos doctrinales: “Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina” e “Integridad nacional de la República”.
A mediados de abril de 1855 partió de Valparaíso, llegando a Nueva York a fines de mayo, en los Estados Unidos, Alberdi inicia su tarea entrevistándose con el presidente Franklin Pierce. Además, aprovecha para conocer la realidad de la más antigua república americana.
En julio de 1855, el Alberdi como ministro plenipotecario de la Confederación Argentina arribó al puerto inglés de Liverpool, cruza Inglaterra en ferrocarril, y en cinco horas llega a Londres, donde solicita una audiencia con lord Clarendon, el ministro de Relaciones Exteriores de la reina Victoria, entonces la soberana más poderosa del planeta. Solicita al gobierno británico que se abstenga de intervenir en los asuntos internos de la Nación. Para reforzar sus negociaciones, se entrevista también con representantes de la banca y del comercio, y con James Buchanan, embajador estadounidense en Londres y futuro presidente norteamericano. De Londres, Alverdi viaja a Francia. En París es recibido oficialmente por el conde Walewski, ministro de Relaciones Exteriores del emperador Napoleón III.
En Europa, gestiona y lleva adelante proyectos para introducir a la Confederación vapores, ferrocarriles e inmigración, factores que había recomendado en las “Bases” como indispensables para el progreso.
En 1859, Alberdi consiguió celebrar en Madrid un tratado con el gobierno de la reina de España, Isabel II, que reconoció nuestra independencia y puso término a todo reclamo de la antigua metrópoli. En su afán de facilitar la inmigración, Alberdi aceptó en el tratado con España el llamado “derecho de sangre”, según el cual la nacionalidad de los padres determina la de los hijos dondequiera que nazcan. El gobierno porteño rechazó el artículo y fue acusado de atentar contra la nacionalidad argentina. En 1862, recibe la notificación que lo declara cesante como diplomático argentino, a causa del contrato duramente atacado por Buenos Aires. Meses después, una resolución administrativa le niega el pago de los haberes adeudados.
En 1865 Brasil, Uruguay y la Argentina se alían contra el Paraguay, comenzando una guerra que durará cinco años, y a la que Alberdi se opondrá tajantemente. Desde París, denuncia al gobierno de Mitre y al imperio brasileño como los agresores, y apoya al Paraguay, estos comentarios le valdrán la imputación de traidor. La prensa de Buenos Aires recurre al ataque personal. Lo acusan de estar pagado por el gobierno paraguayo y de conspirar para el derrocamiento de Mitre.
En su oposición a la guerra del Paraguay, Alberdi descarga duros ataques contra Mitre y Sarmiento y protesta enérgicamente contra el militarismo que consumía las riquezas de la Nación. Cada trabajo dado a la prensa por Alberdi era un nuevo motivo para ataques y persecuciones. Era una audacia exponerse a publicar, en tiempos de guerra, opiniones contrarias a la Triple Alianza y denunciar que estaba al servicio del imperio del Brasil.
En 1879, Alberdi embarca rumbo a la Argentina, tras estar cuarenta y un años fuera del país. Fue elegido diputado por Tucumán y espera desde el Congreso estudiar la situación del país, sin inmiscuirse en disputas de partidos. Pero Juan Bautista, ya anciano, no desea intervenir en las nuevas facciones políticas que desconoce y se dedica a verse con viejos amigos o con los hijos de sus amigos muertos.
Alberdi a los 70 años, renuncia a su banca en el Congreso y pretende retirarse ocupando un cargo diplomático. El General Roca, nuevo presidente de la Nación, se compromete a presentar al congreso su nombramiento y le ofrece la legación en París, que los senadores la rechazan. Poco después de su partida, Roca lo designa ministro plenipotenciario ante el gobierno de Chile, el cual Alberdi no acepta por problemas de salud. En Marzo de 1884, el presidente remite al Congreso un proyecto de pensión vitalicia en beneficio de Alberdi. El Congreso la concede inmediatamente y sin oposición. Pero la resolución llegará demasiado tarde. Alberdi fallecerá en Nueilly-Sur-Seine, cerca de París ese mismo año. Inmediatamente, el gobierno del General Roca dispuso la edición de sus obras completas, como homenaje.

Es un resumen echo por mi, del libro "La Nación, Grandes Protagonistas de la Historia Argentina, colección dirigida por Félix Luna."
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