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PROLOGO

MUEREN MILES DE PERSONAS EN EL TERRIBLE INCENDIO DE UN PUEBLO DE
LAS MONTAÑAS. SE SOSPECHA DE UN BROTE INFECCIOSO
NUEVA YORK, NY — La aislada comunidad montañosa de Raccoon City,
Pensilvania, ha sido declarada oficialmente zona catastrófica por el estado y por
los funcionarios del gobierno federal mientras los esforzados bomberos siguen
luchando contra las llamas, cada vez menores, y la cifra de muertos sigue
creciendo. Ahora mismo se calcula que más de siete mil personas murieron por
las explosiones y los incendios que azotaron Raccoon City desde las primeras
horas del domingo 4 de octubre. Este hecho es considerado como el peor
desastre en Estados Unidos en términos de pérdidas de vidas humanas desde el
comienzo de la era industrial. Los destrozados familiares y amigos de los
ciudadanos de Raccoon City, llegados al mismo tiempo que las organizaciones
nacionales de ayuda y la prensa internacional, se agolpan alrededor del bloqueo
que rodea a las ruinas todavía en llamas de la ciudad, a la espera de alguna
noticia procedente de la cercana población de Latham.
El director de la Agencia Nacional de Control de Desastres (ANCD),
Terrence Chavez, que actúa como coordinador de los esfuerzos combinados de
las distintas unidades de bomberos y de emergencia, efectuó una declaración
oficial a la prensa la noche pasada en la que dijo que, salvo complicaciones
imprevisibles, se espera que los incendios quedarán extinguidos por completo a
mitad de semana, pero que pueden pasar bastantes meses antes de que se
pueda averiguar con certeza cuál ha sido el origen del fuego, tanto si fue
intencionado como si no. Según Chavez, «la magnitud de los daños, tan sólo en
términos de superficie afectada, va a motivar que encontrar las respuestas sea
una tarea ardua, pero esas respuestas están ahí. Llegaremos hasta el fondo de la
cuestión sin importar lo que haga falta».
A fecha de hoy, a las seis de la mañana, la cifra de supervivientes es de
setenta y ocho, y sus nombres y el estado en que se encuentran se ha mantenido
en secreto. Han sido trasladados a una instalación federal desconocida para
permanecer en observación y/o recibir tratamiento. Los primeros informes de
los equipos de emergencia indican al parecer la existencia de una enfermedad
desconocida que puede haber sido la causante del increíble número de víctimas,
ya que los ciudadanos infectados no pudieron escapar debido a la gravedad de
la dolencia. Además, existen rumores que indican que la enfermedad puede
haber provocado una psicosis de tipo violento en algunos de los pacientes
infectados. Los funcionarios de las agencias de control de enfermedades, tanto

públicas como privadas, han pedido que se extiendan los límites de la
cuarentena, y aunque no se ha hecho ninguna declaración oficial en ese sentido,
se han «filtrado» numerosas descripciones de las anormalidades físicas y
biológicas de las víctimas. Según una de las fuentes, un trabajador de un equipo
de asesoramiento federal dijo que «algunas de esas personas no habían muerto
simplemente quemadas o asfixiadas por la inhalación de gases. Vi a gente que
había muerto por disparos o por apuñalamiento, además de por otras formas de
violencia. Vi a individuos que era evidente que habían estado enfermos,
muertos o moribundos antes de que les alcanzasen las llamas. El incendio ha
sido terrible, devastador, pero no es el único desastre que se ha producido aquí,
me apuesto lo que sea».
Raccoon City fue noticia a principios de este año debido a una serie de
extraños asesinatos que conmocionaron a la población. Se trataba de crímenes
sin móvil aparente, de una tremenda violencia, y bastantes de ellos incluían
actos de canibalismo. Ya se están produciendo por parte de la prensa local
cercana a Raccoon City, intentos de relacionar los once asesinatos sin resolver
del pasado verano con los rumores de actos violentos en masa que se
produjeron antes de que estallara el enorme incendio.
El señor Chavez se negó a confirmar o desmentir esos rumores, y se limitó
a declarar que las investigaciones relativas a esa tragedia serán exhaustivas






SIGUE AUMENTANDO LA CIFRA DE MUERTOS EN RACCOON CITY TRAS LOS
ESFUERZOS COMBINADOS DE LOS EQUIPOS DE BÚSQUEDA Y RESCATE
NUEVA YORK, NY — El recuento oficial de muertos casi llega a 4.500,
aunque las ennegrecidas ruinas de Raccoon City siguen siendo registradas en
búsqueda de más víctimas de los hechos apocalípticos que tuvieron lugar la
mañana del pasado domingo. Mientras la nación comienza su periodo de luto,
más de seiscientos hombres y mujeres trabajan para desvelar las razones que
provocaron la destrucción de la antaño pacífica comunidad. Las organizaciones
de ayuda local, los científicos, los soldados, los agentes federales y los equipos
de investigación de las distintas compañías se han unido en una muestra de
afán y resolución, aunando sus recursos y aceptando las responsabilidades que
se les han asignado para poder esclarecer la verdad.
Al director de la ANCD, Terrence Chavez, que es el máximo responsable
de la operación conjunta, se le han unido investigadores de máximo nivel de los
centros de control de enfermedades de todo el mundo, agentes de seguridad
nacional de distintas organizaciones federales y un equipo privado de
microbiólogos procedente de Umbrella Corporation, financiado por la misma
compañía farmacéutica, y que está investigando la posibilidad de que exista
una conexión entre su laboratorio químico situado en las afueras de la ciudad y
la extraña infección conocida ya como el «síndrome de Raccoon».
Los estudios iniciales sobre la enfermedad han sido imprecisos y no han
llegado a ninguna conclusión, según palabras del jefe del equipo de Umbrella,
el doctor Ellis Benjamin, pero también dice textualmente que «sin embargo,
estamos convencidos de que los ciudadanos de Raccoon City resultaron

infectados por algo, ya fuese de modo accidental o intencionado. Lo único que
sabemos con certeza en este momento es que no parece transmitirse por vía
aérea, y que el resultado final es una rápida desintegración celular y la muerte.
Todavía desconocemos el hecho de si se trata de una infección bacteriana o
vírica, o cuáles son los síntomas, pero no descansaremos hasta que hayamos
agotado todos nuestros recursos. Sean cuales sean los resultados de la
investigación, nos hemos comprometido a llegar hasta el final. Es lo menos que
podemos hacer, si tenemos en cuenta lo mucho que nuestra compañía le debe a
la gente de Raccoon City». La planta química y las instalaciones administrativas
de Umbrella Corporation proporcionaban casi un millar de puestos de trabajo a
la localidad.
Los ciento cuarenta y dos supervivientes siguen bajo estricta cuarentena
para ser interrogados y sometidos a una estricta observación en un lugar
desconocido. Aunque sus nombres siguen siendo un secreto, el FBI ha
publicado una lista en la que se indican las diferentes condiciones médicas en
las que se encuentran. Diecisiete supervivientes han sufrido tan sólo algunas
heridas leves y se encuentran en situación estable, setenta y nueve todavía se
encuentran en estado crítico tras tener que sufrir operaciones quirúrgicas, y
cuarenta y seis, aunque no han resultado heridos, han sufrido alguna clase de
colapso mental o de crisis nerviosa. No se ha confirmado si están o no
infectados con el síndrome, pero la declaración incluye una referencia a los
relatos de los supervivientes que confirman la existencia de esa infección.
El general Martin Goldman, supervisor a cargo de todas las operaciones
militares en la ciudad devastada, mantiene la esperanza de que todas las
personas que todavía se encuentran desaparecidas serán encontradas en los
próximos siete días. «Ya tenemos a cuatrocientas personas distribuidas en
equipos que están trabajando veinticuatro horas al día todos los días en busca
de supervivientes y realizando comprobaciones de identidad. Y me acaban de
decir que llegarán otras doscientas el lunes por la mañana…»
Fort Worth Bugler, 18 de octubre de 1998
LA TRAGEDIA DE RACCOON CITY PUDO SER UNA CONSPIRACIÓN PERPETRADA
POR EMPLEADOS DE LA CIUDAD
FORT WORTH, TEXAS — Los equipos de limpieza que trabajan en Raccoon
City, Pensilvania, han encontrado nuevas pruebas que indican que el
«síndrome de Raccoon», la enfermedad causante de la mayor parte de las 7.200
muertes, cifra oficial hasta el momento, que han tenido lugar en esa ciudad,
puede haber sido extendido entre la desprevenida población por el jefe de
policía de Raccoon City, Brian Irons, y varios miembros de la escuadra de
tácticas especiales y rescates (los STARS) de la localidad.
El portavoz del FBI, Patrick Weeks, el director de la ANCD, Terrence
Chavez, y el doctor Robert Heiner (convocado por el jefe del equipo de
Umbrella Corporation, el también doctor Ellis Benjamin) revelaron en una
conferencia de prensa que tuvo lugar ayer por la tarde que existen importantes
pruebas circunstanciales de que el desastre de Raccoon City fue consecuencia
de un ataque terrorista que salió tremendamente mal. Los incendios posteriores


que casi han arrasado la pequeña ciudad pueden haber sido un intento por
parte de Irons y de sus cómplices de tapar los catastróficos efectos secundarios
de la propagación de la enfermedad. Según Weeks, se han encontrado
numerosos documentos entre las ruinas del edificio central de la policía de
Raccoon City que implican a Irons como el jefe de toda la trama de una
conspiración cuyo objetivo era asaltar y tomar por la fuerza la planta química
de Umbrella Corporation situada en las afueras de la ciudad. Al parecer, Irons
estaba furioso porque el equipo dirigente de la alcaldía había suspendido las
actividades de los STARS a finales de julio por los tremendos errores que
cometieron al efectuar la investigación de los múltiples asesinatos, los crímenes
caníbales, ya bien documentados, y que costaron la vida a once personas el
verano pasado. Los STARS de Raccoon City fueron retirados después de que se
produjera un accidente de helicóptero en la última semana de julio, en el que
murieron seis miembros del equipo. Los cinco miembros supervivientes fueron
suspendidos de empleo y sueldo después de que las pruebas encontradas
sugirieran la ingestión de drogas y/o alcohol como posible causa del accidente.
Aunque Irons apoyó en público la suspensión de la escuadra de élite, los
documentos hallados indican que Irons planeaba amenazar al alcalde Devlin
Harris y a otros miembros del consejo de la ciudad con soltar varios productos
químicos volátiles y extremadamente peligrosos a menos que cumplieran
ciertas demandas económicas. Weeks continuó diciendo que Irons tenía un
historial de inestabilidad emocional, y que los documentos, la correspondencia
entre Irons y uno de sus cómplices, revelaban un plan diseñado por Irons para
extorsionar y pedir un rescate al equipo de la alcaldía, y después huir del país.
El cómplice sólo aparece como «C.R.», pero también aparecen numerosas
referencias a «J.V», a «B.B.» y a «R.C.». Todas ellas son las iniciales de cuatro de
los cinco miembros de STARS suspendidos.
Terrence Chavez declaró: «Si suponemos que estos documentos son
verdaderos, Irons y los suyos habían planeado atacar la planta de Umbrella a
finales de septiembre, lo que correspondería exactamente con la fecha
establecida por el doctor Heiner como la de mayor propagación del "síndrome
de Raccoon". Ahora mismo estamos trabajando con la hipótesis de que se
produjo el asalto, y que ocurrió un accidente inesperado con unos resultados
catastróficos. Todavía no sabemos si el señor Irons o alguno de los miembros
del equipo de STARS sigue con vida, pero se les busca para interrogarlos.
Hemos establecido una orden de búsqueda y captura a nivel nacional, y todos
nuestros aeropuertos internacionales, las aduanas y las patrullas fronterizas han
sido alertadas. Le pedimos a cualquiera que tenga información sobre este caso
que la haga pública».
El doctor Heiner es un microbiólogo famoso además de miembro asociado
de la División de Materiales Biopeligrosos, y declaró que la composición y la
combinación exacta de productos químicos vertidos en Raccoon City quizá no
se sepa nunca: «Es obvio que Irons y los suyos no tenían ni idea de lo que
estaban manejando. El problema es que Umbrella está continuamente
investigando y desarrollando nuevas variantes de síntesis de enzimas, cultivos
bacterianos y represores virales, por lo que el componente letal fue,


prácticamente sin duda, un añadido accidental. Las posibles combinaciones de
materiales se elevan a millones, por lo que las probabilidades de reproducir con
éxito la mezcla causante del "síndrome de Raccoon" son infinitesimales».
El director nacional de los STARS no ha efectuado ninguna declaración,
pero Lida Willis, la portavoz a nivel regional de la organización, ha dicho que
están «asombrados y entristecidos» por el desastre, y que van a dedicar a todos
sus agentes disponibles a la búsqueda de los miembros desaparecidos del
equipo de STARS, además de cualquier contacto del que pudieran disponer
todavía en su círculo de trabajo.
Lo que resulta irónico es que los documentos fuesen encontrados por uno
de los equipos de búsqueda de Umbrella Corporation…


CAPITULO 1



—¡Vamos, vamos, vamos! —gritó David, y John Andrews apretó a fondo
el pedal del acelerador, haciendo girar la pequeña furgoneta en una esquina
mientras el tableteo de los disparos resonaba a través de la fría noche de Maine.
John había detectado los dos coches, sedanes de color negro y sin ninguna
clase de insignia, tan sólo un momento antes, lo que apenas les había dado
tiempo a armarse. Fuesen quienes fuesen los que estaban pegados a sus
traseros, Umbrella, los STARS de la localidad, o los policías del lugar, no
importaba, todos eran Umbrella…
—¡John, despístalos! —le dijo David, y de algún modo logró que su voz
sonara tranquila y relajada incluso mientras las balas acribillaban la parte
trasera del vehículo. Era su acento.
Siempre suena igual, ¿y dónde demonios está Falworth?
John se sentía disperso, y los pensamientos cruzaban raudos por su mente
en confusa mezcolanza. Era un hacha en las misiones previamente planeadas,
pero los ataques por sorpresa le ponían los nervios de punta…
… directos a Falworth y de cabeza a la pista de despegue… ¡Dios!, diez minutos
más y ya nos habríamos marchado…
Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que John había
entrado en combate, y jamás lo había hecho en mitad de una persecución en
coche. Era muy bueno en eso, pero llevaba una furgoneta…
¡Bang, bang, bang!
Alguien estaba respondiendo a los disparos desde la parte posterior del
vehículo, haciendo fuego a través de una de las ventanillas traseras. Las
detonaciones del arma de nueve milímetros en un espacio tan reducido eran tan
atronadoras como la voz de un dios iracundo y le machacaron los oídos a John,
haciéndole todavía más difícil concentrarse.
Diez puñeteros minutos más.
Estaban a diez minutos de la pista de despegue donde les estaba
esperando un vuelo charter. Era una broma pesada… Después de pasar
semanas ocultos, a la espera, sin correr ninguna clase de riesgo, van y les pillan
justo cuando iban a salir del puñetero país.
John se agarró con fuerza al volante cuando entraron a toda velocidad en
la calle Sexta. La furgoneta era demasiado pesada para superar en maniobras a
los sedanes. Incluso sin el peso de las cinco personas y la cantidad de artillería
que llevaban en el interior, el voluminoso y cuadrado vehículo no era
precisamente un coche de carreras. David la había comprado precisamente por
eso, porque no era nada llamativa, porque se trataba de un automóvil en el que
nadie se fijaría, y ahora lo estaban pagando. Si lograban despistar a sus
perseguidores, sería un milagro. Su única posibilidad era encontrar algo de
tráfico, y hacer un poco de juego de esquiva. Era algo peligroso, pero también lo
era salirse de la carretera y que te acribillaran a balazos.


—¡Cargador! —pidió a gritos León, y John echó un vistazo por el espejo
retrovisor.
Vio que el joven policía estaba en cuclillas junto a una de las ventanillas
traseras, al lado de David. Habían quitado los asientos posteriores para el viaje
hasta el aeropuerto para así disponer de más espacio para las armas, pero eso
también implicaba de no disponer de cinturones de seguridad. Si doblaban una
esquina a demasiada velocidad, los cuerpos saldrían volando…
¡Bang! ¡Bang!
Otros dos disparos de los capullos del primer sedán, probablemente de un
arma del calibre 38. John apretó un poco más el acelerador de la retemblante
furgoneta al mismo tiempo que León respondía a los disparos con su Browning
de nueve milímetros. León Kennedy era el mejor tirador del grupo. David le
había ordenado probablemente que apuntara a las ruedas…
Bueno, el mejor tirador después de mí, ¿y cómo diablos voy a perderlos de vista en
Exeter, Maine, a las once de la noche de un día de diario? No hay casi coches…
Una de las mujeres le lanzó un cargador a León. John no pudo ver cuál de
ellas porque tuvo que girar el volante a la derecha para dirigirse hacia el centro
de la ciudad. La furgoneta, con un chirrido de caucho sobre el asfalto, se
estremeció al doblar la esquina de Falworth, en dirección al este. El aeropuerto
estaba hacia el oeste, pero a John no le pareció que ninguno de los ocupantes de
la furgoneta estuviese demasiado preocupado por llegar a tiempo para tomar el
avión.
Lo primero es lo primero, y tenemos que librarnos de los gorilas que Umbrella ha
contratado. Dudo mucho que haya sitio para todos en el avión…
John vio unos destellos de color rojo y azul reflejados en el espejo
retrovisor: al menos uno de los coches había colocado una luz en el techo del
vehículo. Quizás eran policías de verdad, lo que sería mala suerte. La labor de
control de Umbrella había sido exhaustiva: gracias a ellos, probablemente todos
los policías del país creían que su pequeño equipo era responsable, al menos en
parte, de lo que había ocurrido en Raccoon City. Los STARS también estaban en
sus manos. Algunos de los cargos de mayor rango se habían vendido, pero lo
más probable era que los agentes a pie de calle no tuvieran ni idea de que la
organización se había convertido en una marioneta en manos de la compañía
farmacéutica…
Lo que hace que sea todavía más difícil responder a los disparos.
Nadie del improvisado equipo quería que algún inocente resultara herido.
Ser engañado por Umbrella no era un crimen, y si los ocupantes de los coches
eran policías…
—No llevan antenas, no nos han dado ningún aviso, ¡no son policías! —
gritó León, y John tuvo tiempo de sentir un par de segundos de alivio antes de
ver unas barricadas que se extendían ante ellos y la señal de desvío al siguiente
bloque. Vio el blanco rostro de un hombre con un chaleco naranja, sosteniendo
una indicación de «Aminorar la velocidad», y soltándolo a toda prisa para
ponerse a cubierto…
… hubiese sido divertido sino fuese porque iban a más de ochenta y les
quedaban aproximadamente tres segundos antes de estrellarse.



—¡Agarraos! —gritó John, y Claire apoyó las piernas contra la pared
contraria de la furgoneta, vio como David sostenía a Rebecca, a León
aferrándose a una manilla…
… y la furgoneta chirriando, saltando y corcoveando como un caballo
salvaje, inclinándose hacia un lado…
… y Claire realmente sintió el espacio vacío bajo el lado derecho de la
furgoneta cuando su cuerpo se vio comprimido hacia la izquierda y su nuca
golpeó dolorosamente contra el neumático de repuesto.
--Oh, mierda.
David gritó algo pero Claire no pudo oírle por encima del chirrido de los
frenos, no le entendió hasta que David se echó hacia el lateral derecho y
Rebecca se arrastró junto a él…
… ¡bam!, la furgoneta se enderezó con un terrorífico bote y John pareció
recuperar el control, pero todavía se oía el punzante chillido de unos frenos
provenientes de…
¡CRASH!
La explosión de metal y cristales tras ellos estuvo tan cerca que el corazón
de Claire perdió un latido. Se volvió, mirando por la ventanilla con los demás y
vio que uno de los coches se había estrellado contra la barricada, una barricada
contra la que ellos mismos se habrían estrellado un segundo o dos antes. Ella
sólo captó el breve vistazo de una capota retorcida, ventanillas rotas y una nube
de humo antes de que el segundo sedán le bloquease la vista, rechinando al
pasar la esquina y continuando con la persecución.
—Perdón por eso —les gritó John, sin aparentar arrepentimiento en
absoluto sino un estado de júbilo provocado sin duda por el subidón de
adrenalina.
En las pocas semanas transcurridas desde que León y ella se habían unido
a los ex STARS fugitivos, había descubierto que John hacía bromas con
prácticamente cualquier cosa. Era a la vez su más atractivo y su más irritante
rasgo.
--¿Todos bien? –preguntó David, y Claire asintió. Rebecca hizo lo mismo.
--Me he llevado un porrazo pero estoy bien --dijo León, frotándose el brazo
con una expresión de dolor—. Pero no pienso…
¡BAM!
Lo que fuese que León no pensara fue interrumpido por la poderosa
detonación que sacudió la trasera de la furgoneta.
En un intento de detenerles, el pasajero del sedán les había disparado,
unas pocas pulgadas más alto y los proyectiles habrían entrado por la
ventanilla.
—John, cambio de planes —gritó David mientras la furgoneta viraba
bruscamente, su voz fría y autoritaria elevándose por encima del ruido del
motor—. Estamos a tiro…
Antes de que pudiese acabar la frase, John tiró de pronto a la izquierda.
Rebecca cayó hacia atrás, a punto de aplastar a Claire. La furgoneta ahora
enfilaba una tranquila calle residencial.
--Agarraos a vuestros traseros —gritó John por encima del hombro.


El frío aire nocturno azotó la furgoneta, casas oscuras pasaron velozmente
a su lado cuando John aumentó la velocidad. León y David ya estaban
recargando sus armas, acuclillados detrás de la puerta de metal. Claire
intercambió una mirada con Rebecca, que parecía tan intranquila por la
situación como ella misma. Rebecca Chambers también era una antigua
integrante del grupo de los STARS de Raccoon City, y había entrado en acción
junto al hermano de Claire, Chris, además de participar en una reciente
operación contra Umbrella llevada a cabo por David y John. Pero la joven había
sido entrenada como médico, con estudios profundos sobre bioquímica. La
puntería no era uno de sus puntos fuertes, incluso Claire tiraba mejor, y eso que
ella era la única entre los ocupantes de la furgoneta que no había recibido
entrenamiento de verdad…
A menos que consideres sobrevivir a Raccoon City como algo parecido.
Claire se estremeció involuntariamente mientras John tomaba una curva
cerrada a la derecha y esquivaba un camión aparcado, con el sedán ganándole
terreno por momentos. Raccoon City: los arañazos y los moretones en el cuerpo
de Claire aún no habían desaparecido del todo, y sabía que a León el hombro
todavía le dolía… ¡BOUM!
Otra descarga de escopeta a sus espaldas, pero esa vez el disparo salió
muy desviado. Esta vez…
—Cambio de planes —dijo David de nuevo, con su tranquilizador acento
británico, como si fuera la voz de la razón y de la lógica en mitad del caos. No
era de extrañar que hubiese ascendido hasta ser capitán de los STARS.
—Que todo el mundo se prepare para un choque. John, en cuanto dobles
la siguiente curva, frena en seco. Golpear y huir, ¿vale?
David levantó las rodillas y apoyó los pies con fuerza contra el costado de
la furgoneta.
—Ya que nos quieren tanto, pues que nos pillen.
Claire se deslizó por el suelo, afirmó sus pies contra el respaldo del asiento
del pasajero, con las rodillas dobladas y la cabeza agachada. Rebecca se acercó a
David, y León se aproximó a Claire hasta dejar la cabeza a la altura de la suya.
Intercambiaron una mirada y León sonrió levemente.
—Esto no es nada —le dijo en voz baja.
A pesar del miedo que sentía, Claire le devolvió la sonrisa. Después de
sobrevivir a la locura y al caos de Raccoon City, esquivando a los enloquecidos
humanos y haciendo frente a las criaturas de Umbrella, por no mencionar el
hecho de haber escapado muy por los pelos de la muerte cuando las
instalaciones secretas de Umbrella estallaron y volaron por los aires; comparado
con todo aquello, un simple choque entre coches no era más que una merienda
campestre.
Sí, vale, tú sigue diciéndote eso, le susurró su mente, y después no pensó en
nada más, porque la furgoneta dobló una esquina, John pisó a fondo el pedal
del freno y se quedaron a escasos segundos de ser impactados por una tonelada
y media de metal y cristal a toda velocidad.
David inhaló y exhaló profundamente, relajando todo lo que pudo sus
músculos, con el sonido de fondo del chirrido de los frenos acercándose a toda


velocidad por detrás… y ¡pam!, un estremecimiento brutal, una sensación de
vibración increíble, un segundo que pareció prolongarse a lo largo de una
eternidad silenciosa e interminable…, y el ruido que se produjo
inmediatamente después… la rotura de cristales y el sonido del aplastamiento
de una lata amplificado un millón de veces. David se vio arrojado hacia delante
y hacia atrás, oyó a Rebecca dejar escapar un gemido ahogado… y todo se
acabó. John ya estaba acelerando a fondo para cuando David se puso de rodillas
y alzó su Beretta. Echó un vistazo por la ventanilla y pudo ver que el sedán se
había quedado inmóvil, cruzado en mitad de la calle a oscuras, con el radiador
frontal y los faros totalmente machacados. Las difusas siluetas caídas detrás del
parabrisas agrietado estaban tan inmóviles como el propio coche.
Tampoco es que nosotros hayamos salido mucho mejor librados…
La barata furgoneta de color verde que había comprado específicamente
para el trayecto hasta el aeropuerto ya no tenía parachoques ni luces traseras, ni
tampoco placa de matrícula… ni, por lo que él supiera, modo alguno de poder
abrir las puertas traseras. Ambas partes no eran más que una masa metálica
hundida, deformada y completamente inútil.
No es que fuera una gran pérdida. A David Trapp no le gustaban las
furgonetas, y tampoco es que tuviera pensado llevársela hasta Europa. Lo
importante era que todavía estaban vivos, y que, al menos de momento, habían
logrado esquivar el infinitamente largo brazo de Umbrella.
David se dio la vuelta para observar a los demás mientras el vehículo se
alejaba del coche destrozado. Alargó la mano de un modo reflejo para ayudar a
Rebecca a ponerse en pie. Al igual que John, le había tomado bastante cariño a
la joven, desde la malhadada misión al laboratorio de Umbrella situado en la
costa. El resto del equipo no había logrado sobrevivir…
Dejó a un lado aquellos pensamientos antes de que se aferrasen a su
mente, y le indicó a John que diese la vuelta para ir en dirección a su destino
original, pero que permaneciese alejado de las calles principales. Había sido
mala suerte que les detectasen justo cuando se iban… pero tampoco es que
fuese sorprendente. Umbrella había mantenido vigilada la ciudad de Exeter
desde hacía ya dos meses, justo después de que regresaran de la ensenada de
Calibán. Tan sólo había sido cuestión de tiempo.
—Buen truco, David —le dijo León—. Procuraré recordarlo la próxima vez
que me persigan los sicarios de Umbrella.
David asintió, inquieto. Le gustaban León y Claire, pero no sabía qué
pensar acerca del hecho de que otras dos personas buscaran su liderazgo. Podía
entenderlo de John y de Rebecca, ya que antes habían formado parte de los
STARS, pero León no era más que un policía novato de Raccoon City y Claire
una estudiante universitaria que tan sólo daba la casualidad de que era la
hermana pequeña de Chris Redfield.
Cuando tomó la decisión de apartarse de los STARS tras descubrir que
estaban controlados por Umbrella, no se esperaba que continuaría al mando de
un grupo, no había querido nada de eso…
Pero no era cuestión mía tomar esa decisión, ¿verdad?


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