Sucedió hace unos años, cuando Norma, comenzó a reunirse, donde yo estaba con mis amigas. Tenía un toque de distinción, pero no era eso lo que se imponía, sino su sociabilidad y sencillez. Unos de esos días, me dijeron: - ¡Tenés que conocer su jardín! – A vos también te gustan las plantas? (le pregunté).
Me respondió que sí y nos pusimos a conversar, al final, me invitó a tomar el té en su casa. Y cuando me dio su dirección, creí comprender la razón de su agradable manera de ser: Vivía más alejada que yo del centro de Ramos, donde los vecinos, todavía mantienen una relación de confiada familiaridad. Y hasta imaginé su casa: no tan moderna y de líneas simples, como las que abundan en esa zona, con sus heterogéneos y amplios jardines.
Al día siguiente, antes de ir a visitarla, fui al vivero. Me gustó una planta de trébol de 4 hojas, con sus lindas florcitas. Para mí era una novedad. El peor defecto que le encontré fue su preció .Si Norma se enteraba, podría pensar que busqué lo más barato para regalarle. …dudé un poco, pero la compré igual. Y luego, pase por mi casa y le saqué un ramillete a mi malvón preferido. Si ella compartía mi gusto, le llevaría un gajo.
Ahora, debía apurarme, si quería ser puntual. Cuando llegué a la cuadra donde vivía, estaba tan concentrada en llegar a su número, que cuando lo encontré, toque el timbre y luego me fijé en la casa, y me encontré con lo inesperado: Era moderna grande, hermosa y su jardín, la obra de un paisajista. Inmediatamente, decidí retroceder para deshacerme de lo que traía. Pero, era demasiado tarde. Ella ya venía a mi encuentro! Por lo menos, lo hacia del lado de mi mano derecha. Ya que era inevitable que viera la planta y su decorativo envoltorio. Ni bien abrió la puerta exclamó:
- ¡Me trajiste un regalito!
-Sólo es un trébol (Me disculpé, mientras ocultaba, mi mano izquierda).
-Vení, vamos a buscarle un lugar. (Y me llevó por el costado de la casa, al parque de atrás).
-Va a quedar lindo, si lo colgamos de aquí ¿verdad? (Oí que me preguntaba).
-Si…(Le respondí) Mientras, que seguía buscando un rincón donde dejar lo que traía escondido en mi mano izquierda.
Ella dejó la maceta cerca de donde la quería colgar y se dirigió hacia una puerta, la abrió y cuando se dio vuelta para mirarme, por primera vez, me vio de frente y fue cuando exclamó:
- Esas flores son para mí?
Yo me quedé sin saber qué decirle. Ella se acercó extendiendo una mano.
- ¿Me las das para ponerlas en agua? Y se las llevó. Yo la seguí y me senté, con la resignación de quien acepta su condena. Y me dedique a observar lo que hacía, buscando algo en ella que expresara: ¡Mira, en la pavada que me haces perder el tiempo!
Sin embargo, la vi elegir el florero adecuado, ponerle agua y luego acomodó el ramillete, con atención y delicadeza. Y lo puso en la mesa en que estaba sentada. Y mirándome a los ojos me dijo:
-¡Gracias, por pensar en mí!
Y fue como si hubiera acariciado mi corazón, dejándolo conmovido y feliz.
Y sí, tenía razón, había pensado en ella y lo sigo haciendo, cada vez que recibo un regalo, en especial… si es pequeño…
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PD: La ilustracion es mia pero la historia no la escribí yo … sino una gran amiga mía que escribe muy bien!