Un mundo sin luna, ¿y con vida? Desde hace tiempo hemos pensado que aquellos planetas que careciesen de una luna como nuestro mundo no proporcionarían un medio ambiente habitable para las formas de vida complejas. Y es que nuestro clima templado se debe en gran medida a la capacidad estabilizadora que ejerce la fuerza gravitacional de nuestro satélite. Sin embargo, un nuevo trabajo señala todo lo contrario, que los planetas alienígenas sin grandes lunas si serian capaces de proporcionar un clima que permitiría a la vida encontrar un nicho donde surgir y prosperar. “Si la Tierra no tuviese una luna, su oblicuidad y, por tanto, su clima, variaría, de hecho, mucho más de lo que hace en la actualidad”, comento Jack Lissauer del Centro de Investigación Ames de la NASA durante una presentación que tuvo lugar el pasado diciembre en la reunión anual de otoño de la Unión Geofísica Americana. ”Pero de hecho, no seria para nada tan malo como se predijo en base a los modelos anteriores.” Nuestra luna, una importante condicionante para la vida, según se cree. La teoría más aceptada por la comunidad científica sobre la formación de la Luna señala que esta surgió tras la acreción del material lanzado al espacio después de un choque cósmico que tuvo lugar en el sistema solar y que involucro a la antigua prototierra y otro protoplaneta del tamaño de Marte hace unos 4.500 millones de años. La luna tiene un tamaño aproximado del 27% de nuestro planeta y sin embargo tan solo posee el 1% de su masa, si la comparamos con otros satélites naturales del sistema solar, podríamos decir que es el “bicho raro” de nuestro patio cósmico. Ningún otro planeta no enano del sistema solar alberga una luna tan grande en relación a sí mismo. Y tales satélites enormes parecen también algo raro en los sistemas estelares observados hasta ahora. “Si las lunas gigantes fuesen comunes alrededor de los exoplanetas, entonces Kepler habría encontrado al menos uno”, agrego Lissauer. Un planeta sin luna, aparentemente el tipo de mundo más común del universo. La fuerte atracción gravitatoria de la Luna sobre la Tierra se ha mantenido sin variación durante millones de años, limitando así la inclinación del eje del planeta entre 22 grados y 24,6 grados de la vertical. Esto ha reducido al mínimo los cambios climáticos drásticos, tal vez haciendo de la Tierra un lugar más adecuado para que la vida evolucionase y prosperase. De hecho, algunos investigadores piensan que una Tierra sin Luna probablemente sería un lugar sin vida, basando esta conclusión sobre el trabajo de modelado que sugiere que, en el caso de que la Tierra careciese de su compañera celeste, la inclinación del eje del planeta podría variar de 0 grados durante hasta los 85 grados. Con una inclinación de 0 grados, el sol siempre estaría justo encima en el ecuador y los polos no recibirían prácticamente luz. Una oblicuidad de 85 grados podría casi dar la vuelta al planeta de manera que los polos quedarían enfrentados al sol alternativamente, dando como resultado que durante unos seis meses el sol bañaría el hemisferio norte y quedaría sumido en un frio invierno los otros seis meses del año. Esta variación de 0 a 85 grados provocaría un caos climático total, incluso en un planeta que estuviese cubierto en su mayor parte por océanos y tan solo estuviesen presentes unas cuantas islas y algunos pequeños continentes, Lissauer comento que se podría pensar que un mundo así disfrutaría de un clima equilibrado debido a la influencia amortiguadora de una mayor cubierta de agua. La luna mantiene estabilizado el eje de la Tierra. Lissauer y sus colegas idearon su propio modelo, y luego realizaron numerosas simulaciones informáticas para investigar cómo la inclinación axial de una Tierra sin Luna podría variar con el tiempo, desde su nacimiento hasta 4.000 millones de años después. Observaron que los mayores cambios oblicuidad que la Tierra experimenta se producen sin su luna anormalmente grande (que ayuda a estabilizar el planeta contra los diversos tirones gravitacionales de otros cuerpos del sistema solar). Sin embargo, estas variaciones no eran tan dramáticas como las predichas por los trabajos previos. Durante las diferentes simulaciones de periodos de 100 años la inclinación de la Tierra nunca sobrepaso los 40 grados o los 10 grados, por lo que Lissauer señalo que los cambios climáticos experimentados en la Tierra, aunque serian importantes, no alcanzarían los drásticos niveles predichos en trabajos anteriores. Pero también se plantearon otros modelos incluso más curiosos, los cambios de la ubicuidad del planeta seria incluso menos pronunciada si la Tierra tuviese una rotación retrógrada, es decir, si nuestro planeta girase alrededor de su eje en la dirección opuesta a la que describe en su viaje alrededor del sol, en este caso, saldría el sol en el oeste y se pondría por el este. Aparentemente, un mundo sin luna no es tan problemático para la vida. Pero lejos de lo que parece ser un simple juego informático, los resultados de estas simulaciones podrían ayudar a determinar claramente que exoplanetas tienen la capacidad de albergar vida tal como la conocemos. “En realidad no estamos hablando de la Tierra sin la Luna como un modelo realista para nuestro mundo, a menos que alguien quiera destruir la Luna”, dijo.”Estamos usando esto como el primer caso de estudio de un exoplaneta plausible, y vamos a utilizar algunos cálculos futuros, vamos a hacer lo mismo con otros sistemas.” “Los primeros objetivos de estudio en el futuro serán sistemas teóricos cuyas características probablemente se inspirarían en los planetas reales descubiertos por Kepler”, añadió Lissauer. Al final, pareciera que la luna no es imprescindible para la vida, pero sí que la facilitaría mucho.
¿Es posible la vida en un mundo sin luna?
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