“¿Es cierto que no existieron los brontosaurios y los pterodáctilos?” En la cuarta parte final del siglo XIX, cuando se desató una especie de fiebre por encontrar fósiles de dinosaurios, empezaron a aparecer restos de un dinosaurio que era similar en su forma a un reptil marino llamado mosasauro, sobre todo por su cuerpo rechoncho y corto en comparación con un cuello largo. Se le denominó “Apatosaurio”, que en griego significa “lagarto engañoso”, en referencia a que era algo así como un intento de la naturaleza de engañar a los científicos. Especialmente en 1879 aparecieron los restos de un individuo joven de esta especie, que luego intervendrá en esta historia. El caso es que dos años después, en 1881, se desenterraron los restos de lo que parecía ser un tipo nuevo de reptil, de la familia de los Apatosaurios, pero mucho más grande. Como era el dinosaurio más grande encontrado hasta el momento, imaginando que al caminar sus pisadas debían retumbar, se le denominó Brontosaurio (que significa lagarto del trueno) era el esqueleto más compo encontrado (los huesos recuperados superaban en cantidad considerable a los de cualquier otro dinosaurio de su tipo encontrado) se le añadió el sufijo “Excelsus”, que significa “excedido en número”. Pero en 1903, al hacer un estudio comparativo entre los huesos del Brontosaurio y del Apatosaurio joven encontrado dos años antes, se descubrió que indudablemente se trataba de la misma especie, porque aunque habían diferencias, eran muchas más las semejanzas, sólo que el Apatosaurio era un individuo juvenil de la misma. Como el denominativo “apatosaurus” había sido asignado primero a la especie, se le dio prioridad, y el término “brontosaurios” fue pasado a la categoría de sinónimo menor, es decir, otra forma de llamar a la especie pero de modo extraoficial. Posteriormente se consideró que el esqueleto original del Brontosaurio correspondía a una subespecie de los Apatosaurios (de allí las pocas diferencias) que fue denominada Apatosaurus Excelsus. El golpe de muerte para el término Brontosaurio se dio en 1974, cuando el mismo fue eliminado definitivamente del catálogo paleontológico. PTERODÁCTILOS Lo primero que hay que aclarar, claro está, es que estos reptiles alados no eran dinosaurios, sino un tipo totalmente distinto. Además, había varias especies, desde el tamaño de un cuervo, hasta aquellos cuyo cuerpo era mayor al de un ser humano alto de hoy, y alas hasta de 12 metros de envergadura (el vertebrado más grande que haya surcado los cielos fue uno de estos reptiles, llamado Quetzalcoatlus, fácilmente alcanzaba el tamaño de una avioneta actual). Lo segundo que debe quedar claro es que de este grupo de reptiles no surgieron las aves, aunque fueron los primeros vertebrados en conquistar los cielos. Las aves surgieron mucho después, a partir de una familia de dinosaurios que desarrollaron plumas como medio de protección. La imagen tradicional que se tiene de los pterodáctilos es el de inmensos reptiles alados, con un pico largo y una gran cresta larga detrás de la cabeza. Esta imagen es equivocada. Los auténticos pterodáctilos eran relativamente pequeños, y sin crestas. La familia entera de reptiles voladores tiene el nombre genérico de Pterosaurios (que significa, literalmente, “lagarto volador”). Y el Pterosaurio con cresta era toda una familia denominada Pteranodon. Hasta hace poco, se tenía la idea de que eran animales primitivos aún en su habilidad principal, o sea volar. Se pensaba que lo único que podían hacer era planear tramos un tanto largo, pero lanzándose desde acantilados o puntos altos. Pero hoy se tiene un concepto totalmente distinto, y se piensa que efectivamente eran dominadores del aire, pudiendo volar con tanta eficiencia como cualquier ave voladora actual. Gracias !
Dinosaurios que no fueron!
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