La hipocresía es una criatura de muchos estómagos, una forma de actuar similar a un cáncer invasivo que penetra al ser humano en su zona más vulnerable, la confianza. Por lo general la hipocresía extiende sus brazos y nos arropa discretamente con sus encantos haciendo muy difícil percibirla, y con frecuencia solo la sentimos cuando ya nos han hecho daño.
Para los hipócritas ser hipócrita es una forma elegante de negar la realidad, viven pensando como el lobo de caperucita, emulando alguien que no son para poder herir nuestra sensibilidad y hacernos daño. Es asombroso cómo mienten convencidos de que son sinceros, ocultan lo que piensan y dicen otra cosa para quedar bien, pero en el fondo de sus pervertidas y envidiosas mentes tienen bien claros sus propósitos, y solo dan la estocada cuando ya están seguros de su victoria.
La hipocresía la vivimos en el día a día, está en casi todo lugar, desde nuestras propias casas hasta muy adentro de las puertas de alguna iglesia. La hipocresía viaja en el viento, en cada gota de sudor y aliento que tenemos las personas, aunque no todo el mundo es hipócrita. La hipocresía no conoce fronteras, su poder y alcance son inmensurables, y para el hipócrita no tiene sentido dirigir su actuar a desconocidos, sino que siempre tiene bien preciso su ataque.
El hipócrita conoce, sabe y aprovecha muy bien su CARPE DIEM, haciendo de sus victimas un cajón de ingenuidad que cuando se abre hasta una bestia salvaje sale muerta. La persona hipócrita es débil moralmente, no entiende el principio de tolerancia y respeto por su semejante, le acompleja lo más mínimo, le acompaña un ego frustrado, no tiene criterio propio, es un pene de plástico que se mantiene erecto solo en la mano de su dueño, es, un cobarde por naturaleza.
En el mundo abundan las personas hipócritas, hay que tomar los correctivos necesarios para no caer en ese abismo, es decir, para no convertirnos en hipócritas y para no ser el blanco de una de estas criaturas. Tenemos que decir siempre lo que pensamos, poner la sinceridad en nuestro discurso, aunque a los demás suene ridículo, cursi o atrevido, de lo contrario pasamos a formar inconsciente o conscientemente del círculo vicioso y corrosivo de la hipocresía.
Y para cuidarnos de la gente hipócrita, tenemos que evaluar a quienes nos rodean, evitar abrir amistad con personas mentirosas y saber a quién le permitimos entrar en nuestro espacio, de lo contrario, el lumbago emocional es lo único que nos acompañará a donde vayamos. Muchos de nosotros somos hipócritas, conviene auditarnos la conciencia de vez en cuando, es lo mejor que podemos hacer, por nuestro propio bien, no hay otra razón más.
Ronnald Rojas
Para los hipócritas ser hipócrita es una forma elegante de negar la realidad, viven pensando como el lobo de caperucita, emulando alguien que no son para poder herir nuestra sensibilidad y hacernos daño. Es asombroso cómo mienten convencidos de que son sinceros, ocultan lo que piensan y dicen otra cosa para quedar bien, pero en el fondo de sus pervertidas y envidiosas mentes tienen bien claros sus propósitos, y solo dan la estocada cuando ya están seguros de su victoria.
La hipocresía la vivimos en el día a día, está en casi todo lugar, desde nuestras propias casas hasta muy adentro de las puertas de alguna iglesia. La hipocresía viaja en el viento, en cada gota de sudor y aliento que tenemos las personas, aunque no todo el mundo es hipócrita. La hipocresía no conoce fronteras, su poder y alcance son inmensurables, y para el hipócrita no tiene sentido dirigir su actuar a desconocidos, sino que siempre tiene bien preciso su ataque.
El hipócrita conoce, sabe y aprovecha muy bien su CARPE DIEM, haciendo de sus victimas un cajón de ingenuidad que cuando se abre hasta una bestia salvaje sale muerta. La persona hipócrita es débil moralmente, no entiende el principio de tolerancia y respeto por su semejante, le acompleja lo más mínimo, le acompaña un ego frustrado, no tiene criterio propio, es un pene de plástico que se mantiene erecto solo en la mano de su dueño, es, un cobarde por naturaleza.
En el mundo abundan las personas hipócritas, hay que tomar los correctivos necesarios para no caer en ese abismo, es decir, para no convertirnos en hipócritas y para no ser el blanco de una de estas criaturas. Tenemos que decir siempre lo que pensamos, poner la sinceridad en nuestro discurso, aunque a los demás suene ridículo, cursi o atrevido, de lo contrario pasamos a formar inconsciente o conscientemente del círculo vicioso y corrosivo de la hipocresía.
Y para cuidarnos de la gente hipócrita, tenemos que evaluar a quienes nos rodean, evitar abrir amistad con personas mentirosas y saber a quién le permitimos entrar en nuestro espacio, de lo contrario, el lumbago emocional es lo único que nos acompañará a donde vayamos. Muchos de nosotros somos hipócritas, conviene auditarnos la conciencia de vez en cuando, es lo mejor que podemos hacer, por nuestro propio bien, no hay otra razón más.
Ronnald Rojas