Se suele considerar a la culpa como una, a veces útil, herramienta de educación. Probablemente esto se deba a su ventaja frente a herramientas más físicas o de sometimiento. Sin embargo la culpa no tiene por qué ser glorificada ya que así como el sometimiento físico, tiene consecuencias graves. Para remarcar algo simple, podríamos decir burdamente que una sociedad educada a través de la culpa, sólo conoce los límites de su comportamiento a través de ella. Se siente la culpa, no se actúa, no se la siente, se actúa. La educación a través de la culpa forma individuos incompletos, la carga emocional siempre será más pesada, y por lo tanto siempre será más importante respetar lo que de lo contrario depararía culpa, y no lo que uno decide con su juicio que está bien respetar. La transmisión de las costumbres: Un importantísimo componente de la transmisión de la educación, o de las costumbres, es un tipo de transmisión simplista que deja el razonamiento del propio individuo de lado, la adopción culmina en capturar lo externo. Por ejemplo, una civilización instaura poco a poco un ceremonial simplemente para glorificar algo suyo, que para ellos es sincero, la ceremonia es realizada al azar, los elementos de ella no son importantes, lo importante es la glorificación misma, la festividad. Ahora, esto cuando luego es transmitido a otra generación, veremos que muy frecuentemente sucede, que sólo son adoptadas las “maneras” ceremoniales, es decir, todo lo externo, como si eso constituyera la esencia del asunto mismo, y no es así. Un ejemplo de esto son los ceremoniales de las misas de las religiones. ¿Por qué debemos, si creemos en Dios, alabarlo de esa forma rutinariamente establecida y no otra personal? “Cree en Dios o te arrepentirás” Hoy en día, esta frase ha perdido poder, pero en su tiempo ha provocado enorme sufrimiento a los individuos, y lo más importante, los ha lisiado. Los hombres debían cargar por el mundo todo el peso de su espontáneo pecado. Así se creó un hombre escindido, un hombre bueno y uno malo, lo “pecaminoso” debía ser reprimido para funcionar en sociedad. Pero como bien sabemos a través de la psicología, todo lo que es reprimido, pierde su carácter natural y muchas veces indiferente, y se vuelve más intenso. Adquiere fuerza a través del contexto. Es decir, si comer una manzana no estaba prohibido, el único placer que se podía obtener es el de la alimentación, y todo lo demás resulta indiferente. En cambio, si comer manzanas está prohibido, al placer de la alimentación se sumará el “placer” o excitación de estar participando en una lucha entre “el bien y el mal”, la excitación que acarrea la rebeldía, o la excitación que acarrea cumplir obedientemente la ley luego de una extraordinaria pugna entre grandes sentimientos encontrados, respecto a obedecer o no. Manipulación: La manipulación a través de la culpa es muy frecuente en las familias. Es muy común oír frases como “Nosotros los padres nos matamos trabajando para que vos…” “Mirá ese chico no tiene un centavo y vos quejándote por…” Todas estas frases no hacen más que lisiarnos. Porque, si lo que pretenden de nosotros por ejemplo, es que aprobemos una carrera, no es ese el mejor método, si aceptamos lo que dicen, entonces estaríamos estudiando para no ser injustos con nuestros padres, y no porque nuestra carrera o lo que hacemos realmente nos gusta, estaríamos estudiando para satisfacer los deseos de los demás, y no nuestras aspiraciones propias. Así, al descuidar la importancia emocional de nuestras propias aspiraciones, estas empiezan a perder valor. Y mientras más se repita este amedrentamiento a través de la culpa, más desconfiados estaremos de nuestra capacidad de elegir y ser motivados por nosotros mismos, y más nos vamos a dejar llevar por lo que nuestros padres pretenden de nosotros debido a que la culpa es muy grande, y es difícil cargarla. También perderemos la motivación real, propia de la acción, y así alimentaremos un círculo vicioso en el cual cargaremos todavía más culpa, al no tener motivación, y por lo tanto, quizás tampoco buenos resultados. Además, otra cosa que nos veremos impulsados a hacer es a justificar nuestras acciones, ya no podremos hacer algo simplemente porque “nos gusta” sino que antes debemos explicarlo con muy buenos razonamientos. Consecuencias sociológicas: Todo esto genera una comunidad enferma. Ya que al tener la culpa importancia, el individuo sólo puede vivir aceptándola como real, y por ende perdiendo su propia conexión emocional con su vida o reprimiéndola a través de la desensibilización (Lo que hacen los criminales). Cuando se pone la culpa en juego se degenera el marco de acción. Ya no podemos actuar libremente, sino que sólo podemos reaccionar a ella. Una sociedad así es por lo tanto proclive a ser sometida a autoridades del tipo dictatorial. ¿Por qué? Porque todo este trabajo hace que los individuos desconfíen de sus propias capacidades para elegir su camino. Y un individuo que desconfía de sus propias capacidades desconfía de la de las demás. Así la sociedad sería para este individuo una “masa de vagos” que si no encuentra un dictador que venga a ejercer mano dura y hacer cumplir el buen camino a la fuerza, nunca hará nada bueno.
La culpa y las consecuencias de su utilización
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