EL GOLEM
El protagonista del post de hoy es el Golem, la criatura animada hecha de barro de la que se habla en la tradición hebrea.
La leyenda cuenta que hacia 1590 el rabino Low Ben Nezalel hizo un gólem para proteger a los judíos de Praga contra los ataques de los cristianos. El rabino emprendió su tarea con gran reverencia, utilizando para ello agua pura y arcilla de un pozo recién abierto. Mientras le daba forma, fue bendiciendo cada porción de la anatomía del gólem. Después, cuando acabó la figura, le infundió vida insertándole bajo la lengua una tira de papel con la palabra sagrada: “Shem".
La criatura resultó ser muy eficaz. Desempeñaba sin miedo la tarea para la que fue creado, y, además, ayudaba al rabino en las tareas del hogar. Cuando llegaba el viernes por la noche, su creador retiraba la tira de papel para que el gólem pudiera descansar hasta la noche del sábado. Pero en una de las ocasiones, el rabino olvidó hacerlo y la criatura enloqueció.
El gólem sembró el terror en las calles del ghetto hasta que lograron atraparle, le quitaron la tira de papel y lo dejaron dormido, en un lugar secreto. Dice la tradición que todavía continúa esperando a ser reanimado…
La leyenda del gólem es la historia de alguien que se atreve a dar vida sin dar sentimientos; un creador que insufla fuerza pero no consigue enseñar empatía.
La empatía es la capacidad que poseemos los seres humanos para ponernos en el lugar de los otros, para meternos en su piel y saber lo que sienten. Algunos psicólogos creen que esa capacidad es innata en el ser humano, es decir, que todas las personas nacemos con la posibilidad de desarrollarla.
Una teoría en la que se cree, dice que el ser humano va adquiriendo su empatía en diferentes etapas. Los bebés viven una empatía global, compartiendo emociones con los cuidadores y los otros niños, porque todavía no conocen su cuerpo y no distinguen claramente entre ellos mismos y los otros.
A partir del año, los niños son más egocéntricos: empiezan a distinguirse a sí mismos como entidades separadas. Por eso desarrollan un tipo de empatía distinta: son capaces de entender los sentimientos de los demás, pero ya desde su propio mundo. Hacen cosas como, por ejemplo, ofrecer a su madre su juguete preferido para que deje de estar triste. Viven en la etapa de la empatía egocéntrica.
Después, a partir de los dos o tres años, los niños pueden entender a los demás como personas que tienen estados internos diferentes a los suyos.
Más adelante, incluso, podrán llegar a tener empatía no sólo por las personas individuales, sino también por grupos que sufren. Esa sería la última etapa del desarrollo de la empatía…
He conocido a muchos gólem. He visto personas carentes de empatía que han ascendido como la espuma en la escala social. Y he visto como, a partir de determinada edad (los cuarenta son característicos), esas personas se han quedado solas y han empezado a fallar en la consecución de sus objetivos.
Creo que tiene que ver con el desarrollo que los demás hacemos de nuestra empatía. En las últimas etapas, en las de madurez, empezamos a entender el dolor ajeno no sólo con el corazón, sino también con la cabeza.
Ahí, por fin, dejamos de ser criaturas de barro para convertirnos en seres humanos orgullosos de serlo. Y dejamos de valorar a aquellos que carecen de una de nuestras mejores cualidades.
Gracias por leer este post
