FILOSOFÍA SOCIAL: ¿EXISTE UN ESTADO DE NATURALEZA QUE JUSTIFIQUE LA IGUALDAD Y LIBERTAD EN EL HOMBRE? (Ensayo)
Escrito por Lic Ramón D. Peralta
Luego de prepararle el desayuno a mi esposa, habré de torturar nuevamente éste pobre teclado, y su fatigado monitor. Aunque le cueste asociarlo de manera "ortodoxa", de este lado hay una persona, quizás hasta tan humana como usted. Realmente inicio éste texto sin rumbo cierto, cosa que no se sale de la bitácora integral de mi vida. Hay un exótico amorío entre certidumbre y naturaleza humana; so dejamos el último halo de vida tras su búsqueda, para no saber que hacer con ella cuando la encontramos. Los mejores hombres son los que están por morir, aunque ellos íntimamente, en ese instante, solo se apiaden de su escatológica resignación, cosa que impide disfrutar de la certidumbre como tal. Linda paradoja, la de la vida del hombre ilustrado, quien de antemano sabe que esa pesquisa por las respuestas de la vida, carece de sentido, de substancia, de asidero, de utilidad. No digo que la vida no tenga sentido, sino que ese sentido es padójico, tanto como sus acciones.
Todo ha girado en torno a un solo punto ¿qué es el hombre?, razón por lo cual, resulta admisible que existan instituciones de la psiquis humana cimentadas en la superstición y creencia superior. Todo debería cerrar con una vida mas allá de la materia, donde eso que alguien bautizó espíritu, justifique esta carrera alocada y frenética por la sabiduría. Tal vez hoy, con tanta física y matemática cuántica, no se sienta tan "conspirativo", el suponer que la muerte solo se trate de una vuelta al estado de naturaleza de éste extravagante espécimen, al cual llamamos Homo Sapiens, ergo hombre o "ser humano". Tan especiales nos sentimos, que la metafísica mas excelsa aun hace girar el universo de las especulaciones científicas, filosófica e intuitivas alrededor de nosotros mismos.
Esa perspectiva centrípeta, es inmanente al sentimiento, alma, pensamiento e intuición del hombre, tanto lo es, que hasta la acción mas filantrópica desde lo enunciativo, yace plenamente contaminada de egocentrismo e individualismo. No somos mas que autonautas asediadores de paradojas y mitos.
Pero tampoco es dócil de entender ese individualismo, puesto que si bien concebimos lo todo en torno a nosotros mismos, estamos imposibilitados de gozar de ese individualismo como suelen hacerlo otros animales, menos "animales" que el hombre. Por mucho, muchos filósofos se han empeñado en refrendar una prosaica espitemología, que tememerariamente pretendió expurgar la condición humana, de natural. Pero la naturaleza humana es una entidad tan fuerte, que sigue regresando para imponerse luego de los uróboros giros "iluministas" que rezaron por su negación. Es decir, somos individualistas en un grado extremo, como tan extrema es nuestra necesidad de vivir en manada o masificarnos. Cosa que sirvió para alentar ramas del conocimiento, como la psicología, psiquiatría y psicosociología, entre otras.
El temor de convalidar una naturaleza en el ser humano, siempre se vio condicionado por el miedo a tener que tolerar a un Dios, por detrás de ella. Nunca entendí bien por qué, porque Dios y naturaleza no son una misma "divinidad". La discusión sobre la existencia o no de Dios, solo es consecuencia de que por encima de lo que creemos y queremos ser, tenemos algo que nos supera, nuestra naturaleza. Otra muestra cabal de su existencia, es nuestra capacidad innata de mentir inconsciente y conscientemente. Somos el único animal conocido, que se maravilla por esa capacidad inmanente de mentirse a sí mismo, capacidad que lo lleva a poner en jaque su propia supuesta racionalidad.
A estas alturas, y por ser sábado, podemos licenciarnos agregar una acepción mas a las tantas definiciones de filosofía existentes: La filosofía no ha sido otra cosa que la inane e inasible búsqueda de la racionalidad consciente del ser humano, como asimismo la búsqueda de la esencialidad que obra en el inconsciente primitivo del hombre, mas los fundamentos posibles que tiene esa ruptura o quiebre entre ambas dimensiones del espíritu y alma, y de la naturaleza que justifique nuestra existencia y experiencia en éste espacio/tiempo y lugar determinado. Pero hay mas, mucho mas, sencillamente porque si hay semejante cúmulo de paradojas, es porque nos siguen faltando cosas para corregir los mismos yerros filosóficos de siempre.
Las respuestas existen, pero en movimiento perpetuo. Cuando aun no terminamos de rozar la primera, ya visualizamos la cola de la segunda incógnita, incluso de la tercera y cuarta. En esa necia olimpíada de la certidumbre, no están contemplado los repechajes. Obviamente, intuimos que lo mejor es ignorar todo cuanto podamos ignorar, mientras otra de las superfuerzas que nos gobiernan nos arrastran hacia adelante, me refiero a la curiosidad. Así es como el hombre, termina siendo presa de superfuerzas naturales que lo condicionan y estigmatizan.
La curiosidad y el sexo, nos movilizan, el miedo y la intuición nos detienen, para en otras situaciones invertir por completo los roles. Por otro lado, tenemos profundos y racionales análisis desde lo individual, pero puesto en el contexto social, se convierte en un algo completamente distinto e incoherente. En esos lúgubres territorios, combaten cultura, moralidad, ética e idealismo, contra líbido, inmanencia, esencialidad y originalidad, agentes furiosos y completamente antagónicos. En apariencia, la mentira esta también en nuestra naturaleza, como otra de las superfuerzas. Y Tan poderosa es la mentira, que la sociedad ha tardado toda su existencia en pos de desterrarla, negarla o transformarla.
El ser humano vive y se rige por sus propias mentiras, dejando la ironía no asumida, como otra de las fuerzas regentes. Esto explica en alguna medida, por que la sinceridad sea un bien tan preciado desde lo intuitivo para la humanidad, aun a sabiendas que es una conceptualización caprichosa, capciosa y por qué no, antinatural. El ser humano, dado su condicionamiento al materialismo histórico y cultural, se ha prohibido a si mismo la sinceridad a perpetuidad. Solo los enajenados, los locos y los suicidas pueden acercarse a algo semejante a la sinceridad. Ojo, que nadie se ofenda, no dudo de que "usted sea sincero/a", tome esto como solo un ensayo filosófico mas. Su modo de vida tal como hasta ahora, debe seguir así, so sería muy pérfido de mi parte, intentar influir en otro ser humano con cosas tan tormentosas.
Pero las paradojas no terminan aquí, empiezan aquí. Las sociedades con sus hombres adentro, aun siguen luchando por una libertad, que desde lo esencial y natural no puede digerir. No podemos vivir completamente solos, rotundamente libres, en silencio, en paz, moriríamos en vida. Como tampoco podemos dejar de luchar por una igualdad social, que por naturaleza no podemos tolerar. En otras palabras, la libertad como utopía vale solo como tal y como guía, de algo que habremos de destruir ni bien nos acerquemos. Lo mismo pasa con la igualdad. Los pseudos socialistas de ayer, hoy, siempre, lucharán sin cuartel hasta alcanzar algo que se le aproxime, para luego destruir esa distópica realidad arañada.
Pero como somos los mejores mentirosos del cosmos, esas realidades son decretadas imprescindibles para las filosofías de conjunto que las élites bajan a las masas, quienes necesariamente necesitan de dogmas religiosos/políticos para que no se aburran. Una sociedad atestada de imaginarios librepensadores racionales, es un escándolo para el mismo ser humano y su naturaleza. En se sentido, el hombre no puede evitar amar la guerra tanto como la paz. La naturaleza es sabia, pues concibió una plaga ignominiosa como el ser humano, con la capacidad de regularse y autodestruirse.
Es curioso, porque en el capitalismo del primer mundo del hoy, vemos como los "exitosos" se esclavizan detrás y por debajo de sus posesiones, cimentado sentimientos y creencias por sobre la acumulación de mentiras y nuevas invenciones colectivas, sin percibir su grado se sometimiento. Pero el pobre también está imposibilitado de disfrutar de su libertad, por una sociedad que no admite jugadores por fuera de la dialéctica del materialismo. Si el pobre no tuviera contacto con el dogma de los "exitosos" jamás, sería la expresión mas próxima al paroxismo/libertad.
No, no me olvido de las clases medias, quizás la expresión mas sinuosa de esclavitud voluntaria. En estos segmentos, los mas "exitosos" son los que consiguen "prestigiosos" puestos o cargos en las grandes corporaciones, para entregar lo mejor de sí en esa "digna" carrera hacia el triunfo. Los empleados estatales, por su lado y algo mas abajo, se enorgullesen de su rol deconstructor para con ese patrón disfrazado de fetiche romanticista. Las corporaciones privadas actuales, tienen para el liberalismo sixlo XXI, la misma punción que los otrora señores feudales. Los empleados estatales, aun ganando menos se consuelan con la protección del absolutismo del líder supremo con sus simbolismos. Y los militantes partidistas, la mas camuflada expresión de servidumbre pos neomarxismo, son dignos de lástima.
Acabo de leer el nuevo libro del filósofo Mario Bunge ¿Tiene porvenir el socialismo?. Y llegué a la conclusión que; futuro tiene, lo que no tiene es pasado y presente. La lucha de clases nunca existió como tal, tampoco ha existido un no capitalismo, porque mientras el hombre viva y muera por lo material, nunca se tratará de otra cosa que la lucha por el capital, tanto desde lo individual como grupal. No me refiero al capitalismo como término dogmático, sino a un capitalismo de tipo metafísico y supraestructural. Aquel que se impone sobre un tenue espíritu del hombre, ya hastiado, agotado, sin fuerzas para luchar. Trátese de un socialismo con propiedad privada en forma de distribucionismo, de capitalismo de estado (socialismo clásico)y de una mixturación de ambos, los resultados serán siempre los mismos en el tiempo.
Bunge, sostiene que el socialismo para tener éxito debe intentar avanzar mas allá de lo económico para socializar cada aspecto de la vida política o pública del hombre, donde el sindicalismo y el cooperativismo sean las estrellas fulgurantes de ese nuevo estado de bienestar y solidaridad, lo cual no significa aportar nada nuevo, tampoco solución alguna. Soy consciente que a estas alturas, pregonar por mas espiritualismo, se vea como muy racional en la superficie, pero no menos ingenuo y pseudo-moralista en el fondo.
Es curioso porque yo me siento muy libre encerrado en un departamento alejado del mundo. Hace días que no salgo a la vereda, y si puedo, seguiré así in eternum. La sociedad no me necesita, ni yo a ellos. Claro que sería lindo si esto fuera real, pero yo decidí que sea verdad porque necesito que sea verdad. La sensación de libertad, aunque efímera e impostora a conciencia, no deja de causarme los mismos efectos emocionales que si fuera real. No me siento ni rico ni pobre, ni alto ni bajo, ni blanco ni negro, ni liberal ni comunitarista,....solo me siento protegido estando solo. Cuando estoy así, siento que todos somos iguales, y solo porque en el fondo me permití serle indiferente a la diferencia.
Los pobres solo magnifican la angustia de la pobreza, cuando alguien que no es pobre le enseña el horror de su condición. Cuando estos detractores y profanadores de mi individualismo se tornan hegemónicos, mi pobreza deja de serme indiferente. Nada mas aberrante para un pobre que aquel que es inventado en afasia apologética por un mundo que se vende indignado, pero que se compra como impiadoso. En ese sentido el populismo es el mejor exégeta de la miseria humana. Un líder, un pueblo, un enemigo, un elegido, un destino, una verdad, un todo,.....totalitarismo.
Veremos seguir a los inescrupulosos filósofos del neo-iluminismo, siempre amparados por el mecenazgo de los mega-grupos del poder plutócrata; esbozar recetas sociológicas perimidas, obsoletas pero cíclicas. El péndulo entre libertad o igualdad, describe la misma historia de la humanidad. Podemos afirmar sin pudor, que el capitalismo y el socialismo tienen porvenir, lo que deberíamos preguntarnos: ¿Tiene porvenir el hombre en ellos?. Para anestesiar tanto escepticismo filosófico, deberemos escarbar en esa misma naturaleza que tenemos y negamos, pues allí y solo allí estarán las respuestas.
La igualdad y la libertad son utopías que se construyen con imaginación, pero que solo se vuelven perceptibles con indiferencia. Si el rico le fuera indiferente a su riqueza y el pobre a su pobreza, ambos serían iguales en la indiferencia, ¿ser pobre es acaso un pecado?, ¿y entonces por qué me hacen sufrir?. Al fin y al cabo, la vida es solo una invención ergo un acto de fe. Lo cual me lleva a sentenciar, que nadie mas ambicioso que un comunitarista socialista y nadie mas estúpido que un mediocre capitalista. Pero si me preguntan, os diré tolero mas el hedonismo absurdo y sinsentido del que se cree libre en el liberalismo, que el autoritario que se cree igualitario en el socialismo, pues este último hace daño donde es imperdonable, el espíritu del hombre. Nadie mas obsesionado con el culto al materialismo, que aquel que está dispuesto a luchar y matar, por una igualdad utópica que no conoce ni quiere conocer. Los idealistas son muy peligrosos, como dijera Jesús: "....no saben lo que hacen". Nada redime al hombre que mata a otro hombre, y nada salva al hombre que le impone a otro hombre su verdad. No hay ideal posible que justifique esta enajenación. Y pensar que se dicen humanistas.
El pensamiento del hombre, se cree que viene por pares, como si el dualismo fuera una regla supracosmogónica. Individualismo versus colectivismo, libertad versus igualdad, amigos versus enemigos, el bien versus el mal, exitoso versus fracasado, etc.....como si eso realmente tuviera el mínimo asidero. La vida y la razón son mucho mas que eso, y si bien sabios antes que nosotros nos han dejado un hermoso legado de sabiduría, seguimos empecinados en prevalecer como solo materia según la materia.
Si insistimos en supervenir la igualdad del hombre según las cosas, les aconsejo que como en los cuentos de ficción, dejen a una computadora al mando de la humanidad y que distribuya con rigor mecánico y objetivo. Pero antes, pongan un nanochips en el cerebro de cada ser humano, así también logramos que una vez que hayamos distribuido todas las cosas equitativamente, cada uno las pueda preservar e incrementar de manera coordinada y armoniosa, así conseguimos hacer real el fetiche de la igualdad de la materia según la materia: ¿Pero es eso igualdad para el hombre?.
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Escrito por Lic Ramón D. Peralta
Luego de prepararle el desayuno a mi esposa, habré de torturar nuevamente éste pobre teclado, y su fatigado monitor. Aunque le cueste asociarlo de manera "ortodoxa", de este lado hay una persona, quizás hasta tan humana como usted. Realmente inicio éste texto sin rumbo cierto, cosa que no se sale de la bitácora integral de mi vida. Hay un exótico amorío entre certidumbre y naturaleza humana; so dejamos el último halo de vida tras su búsqueda, para no saber que hacer con ella cuando la encontramos. Los mejores hombres son los que están por morir, aunque ellos íntimamente, en ese instante, solo se apiaden de su escatológica resignación, cosa que impide disfrutar de la certidumbre como tal. Linda paradoja, la de la vida del hombre ilustrado, quien de antemano sabe que esa pesquisa por las respuestas de la vida, carece de sentido, de substancia, de asidero, de utilidad. No digo que la vida no tenga sentido, sino que ese sentido es padójico, tanto como sus acciones.
Todo ha girado en torno a un solo punto ¿qué es el hombre?, razón por lo cual, resulta admisible que existan instituciones de la psiquis humana cimentadas en la superstición y creencia superior. Todo debería cerrar con una vida mas allá de la materia, donde eso que alguien bautizó espíritu, justifique esta carrera alocada y frenética por la sabiduría. Tal vez hoy, con tanta física y matemática cuántica, no se sienta tan "conspirativo", el suponer que la muerte solo se trate de una vuelta al estado de naturaleza de éste extravagante espécimen, al cual llamamos Homo Sapiens, ergo hombre o "ser humano". Tan especiales nos sentimos, que la metafísica mas excelsa aun hace girar el universo de las especulaciones científicas, filosófica e intuitivas alrededor de nosotros mismos.
Esa perspectiva centrípeta, es inmanente al sentimiento, alma, pensamiento e intuición del hombre, tanto lo es, que hasta la acción mas filantrópica desde lo enunciativo, yace plenamente contaminada de egocentrismo e individualismo. No somos mas que autonautas asediadores de paradojas y mitos.
Pero tampoco es dócil de entender ese individualismo, puesto que si bien concebimos lo todo en torno a nosotros mismos, estamos imposibilitados de gozar de ese individualismo como suelen hacerlo otros animales, menos "animales" que el hombre. Por mucho, muchos filósofos se han empeñado en refrendar una prosaica espitemología, que tememerariamente pretendió expurgar la condición humana, de natural. Pero la naturaleza humana es una entidad tan fuerte, que sigue regresando para imponerse luego de los uróboros giros "iluministas" que rezaron por su negación. Es decir, somos individualistas en un grado extremo, como tan extrema es nuestra necesidad de vivir en manada o masificarnos. Cosa que sirvió para alentar ramas del conocimiento, como la psicología, psiquiatría y psicosociología, entre otras.
El temor de convalidar una naturaleza en el ser humano, siempre se vio condicionado por el miedo a tener que tolerar a un Dios, por detrás de ella. Nunca entendí bien por qué, porque Dios y naturaleza no son una misma "divinidad". La discusión sobre la existencia o no de Dios, solo es consecuencia de que por encima de lo que creemos y queremos ser, tenemos algo que nos supera, nuestra naturaleza. Otra muestra cabal de su existencia, es nuestra capacidad innata de mentir inconsciente y conscientemente. Somos el único animal conocido, que se maravilla por esa capacidad inmanente de mentirse a sí mismo, capacidad que lo lleva a poner en jaque su propia supuesta racionalidad.
A estas alturas, y por ser sábado, podemos licenciarnos agregar una acepción mas a las tantas definiciones de filosofía existentes: La filosofía no ha sido otra cosa que la inane e inasible búsqueda de la racionalidad consciente del ser humano, como asimismo la búsqueda de la esencialidad que obra en el inconsciente primitivo del hombre, mas los fundamentos posibles que tiene esa ruptura o quiebre entre ambas dimensiones del espíritu y alma, y de la naturaleza que justifique nuestra existencia y experiencia en éste espacio/tiempo y lugar determinado. Pero hay mas, mucho mas, sencillamente porque si hay semejante cúmulo de paradojas, es porque nos siguen faltando cosas para corregir los mismos yerros filosóficos de siempre.
Las respuestas existen, pero en movimiento perpetuo. Cuando aun no terminamos de rozar la primera, ya visualizamos la cola de la segunda incógnita, incluso de la tercera y cuarta. En esa necia olimpíada de la certidumbre, no están contemplado los repechajes. Obviamente, intuimos que lo mejor es ignorar todo cuanto podamos ignorar, mientras otra de las superfuerzas que nos gobiernan nos arrastran hacia adelante, me refiero a la curiosidad. Así es como el hombre, termina siendo presa de superfuerzas naturales que lo condicionan y estigmatizan.
La curiosidad y el sexo, nos movilizan, el miedo y la intuición nos detienen, para en otras situaciones invertir por completo los roles. Por otro lado, tenemos profundos y racionales análisis desde lo individual, pero puesto en el contexto social, se convierte en un algo completamente distinto e incoherente. En esos lúgubres territorios, combaten cultura, moralidad, ética e idealismo, contra líbido, inmanencia, esencialidad y originalidad, agentes furiosos y completamente antagónicos. En apariencia, la mentira esta también en nuestra naturaleza, como otra de las superfuerzas. Y Tan poderosa es la mentira, que la sociedad ha tardado toda su existencia en pos de desterrarla, negarla o transformarla.
El ser humano vive y se rige por sus propias mentiras, dejando la ironía no asumida, como otra de las fuerzas regentes. Esto explica en alguna medida, por que la sinceridad sea un bien tan preciado desde lo intuitivo para la humanidad, aun a sabiendas que es una conceptualización caprichosa, capciosa y por qué no, antinatural. El ser humano, dado su condicionamiento al materialismo histórico y cultural, se ha prohibido a si mismo la sinceridad a perpetuidad. Solo los enajenados, los locos y los suicidas pueden acercarse a algo semejante a la sinceridad. Ojo, que nadie se ofenda, no dudo de que "usted sea sincero/a", tome esto como solo un ensayo filosófico mas. Su modo de vida tal como hasta ahora, debe seguir así, so sería muy pérfido de mi parte, intentar influir en otro ser humano con cosas tan tormentosas.
Pero las paradojas no terminan aquí, empiezan aquí. Las sociedades con sus hombres adentro, aun siguen luchando por una libertad, que desde lo esencial y natural no puede digerir. No podemos vivir completamente solos, rotundamente libres, en silencio, en paz, moriríamos en vida. Como tampoco podemos dejar de luchar por una igualdad social, que por naturaleza no podemos tolerar. En otras palabras, la libertad como utopía vale solo como tal y como guía, de algo que habremos de destruir ni bien nos acerquemos. Lo mismo pasa con la igualdad. Los pseudos socialistas de ayer, hoy, siempre, lucharán sin cuartel hasta alcanzar algo que se le aproxime, para luego destruir esa distópica realidad arañada.
Pero como somos los mejores mentirosos del cosmos, esas realidades son decretadas imprescindibles para las filosofías de conjunto que las élites bajan a las masas, quienes necesariamente necesitan de dogmas religiosos/políticos para que no se aburran. Una sociedad atestada de imaginarios librepensadores racionales, es un escándolo para el mismo ser humano y su naturaleza. En se sentido, el hombre no puede evitar amar la guerra tanto como la paz. La naturaleza es sabia, pues concibió una plaga ignominiosa como el ser humano, con la capacidad de regularse y autodestruirse.
Es curioso, porque en el capitalismo del primer mundo del hoy, vemos como los "exitosos" se esclavizan detrás y por debajo de sus posesiones, cimentado sentimientos y creencias por sobre la acumulación de mentiras y nuevas invenciones colectivas, sin percibir su grado se sometimiento. Pero el pobre también está imposibilitado de disfrutar de su libertad, por una sociedad que no admite jugadores por fuera de la dialéctica del materialismo. Si el pobre no tuviera contacto con el dogma de los "exitosos" jamás, sería la expresión mas próxima al paroxismo/libertad.
No, no me olvido de las clases medias, quizás la expresión mas sinuosa de esclavitud voluntaria. En estos segmentos, los mas "exitosos" son los que consiguen "prestigiosos" puestos o cargos en las grandes corporaciones, para entregar lo mejor de sí en esa "digna" carrera hacia el triunfo. Los empleados estatales, por su lado y algo mas abajo, se enorgullesen de su rol deconstructor para con ese patrón disfrazado de fetiche romanticista. Las corporaciones privadas actuales, tienen para el liberalismo sixlo XXI, la misma punción que los otrora señores feudales. Los empleados estatales, aun ganando menos se consuelan con la protección del absolutismo del líder supremo con sus simbolismos. Y los militantes partidistas, la mas camuflada expresión de servidumbre pos neomarxismo, son dignos de lástima.
Acabo de leer el nuevo libro del filósofo Mario Bunge ¿Tiene porvenir el socialismo?. Y llegué a la conclusión que; futuro tiene, lo que no tiene es pasado y presente. La lucha de clases nunca existió como tal, tampoco ha existido un no capitalismo, porque mientras el hombre viva y muera por lo material, nunca se tratará de otra cosa que la lucha por el capital, tanto desde lo individual como grupal. No me refiero al capitalismo como término dogmático, sino a un capitalismo de tipo metafísico y supraestructural. Aquel que se impone sobre un tenue espíritu del hombre, ya hastiado, agotado, sin fuerzas para luchar. Trátese de un socialismo con propiedad privada en forma de distribucionismo, de capitalismo de estado (socialismo clásico)y de una mixturación de ambos, los resultados serán siempre los mismos en el tiempo.
Bunge, sostiene que el socialismo para tener éxito debe intentar avanzar mas allá de lo económico para socializar cada aspecto de la vida política o pública del hombre, donde el sindicalismo y el cooperativismo sean las estrellas fulgurantes de ese nuevo estado de bienestar y solidaridad, lo cual no significa aportar nada nuevo, tampoco solución alguna. Soy consciente que a estas alturas, pregonar por mas espiritualismo, se vea como muy racional en la superficie, pero no menos ingenuo y pseudo-moralista en el fondo.
Es curioso porque yo me siento muy libre encerrado en un departamento alejado del mundo. Hace días que no salgo a la vereda, y si puedo, seguiré así in eternum. La sociedad no me necesita, ni yo a ellos. Claro que sería lindo si esto fuera real, pero yo decidí que sea verdad porque necesito que sea verdad. La sensación de libertad, aunque efímera e impostora a conciencia, no deja de causarme los mismos efectos emocionales que si fuera real. No me siento ni rico ni pobre, ni alto ni bajo, ni blanco ni negro, ni liberal ni comunitarista,....solo me siento protegido estando solo. Cuando estoy así, siento que todos somos iguales, y solo porque en el fondo me permití serle indiferente a la diferencia.
Los pobres solo magnifican la angustia de la pobreza, cuando alguien que no es pobre le enseña el horror de su condición. Cuando estos detractores y profanadores de mi individualismo se tornan hegemónicos, mi pobreza deja de serme indiferente. Nada mas aberrante para un pobre que aquel que es inventado en afasia apologética por un mundo que se vende indignado, pero que se compra como impiadoso. En ese sentido el populismo es el mejor exégeta de la miseria humana. Un líder, un pueblo, un enemigo, un elegido, un destino, una verdad, un todo,.....totalitarismo.
Veremos seguir a los inescrupulosos filósofos del neo-iluminismo, siempre amparados por el mecenazgo de los mega-grupos del poder plutócrata; esbozar recetas sociológicas perimidas, obsoletas pero cíclicas. El péndulo entre libertad o igualdad, describe la misma historia de la humanidad. Podemos afirmar sin pudor, que el capitalismo y el socialismo tienen porvenir, lo que deberíamos preguntarnos: ¿Tiene porvenir el hombre en ellos?. Para anestesiar tanto escepticismo filosófico, deberemos escarbar en esa misma naturaleza que tenemos y negamos, pues allí y solo allí estarán las respuestas.
La igualdad y la libertad son utopías que se construyen con imaginación, pero que solo se vuelven perceptibles con indiferencia. Si el rico le fuera indiferente a su riqueza y el pobre a su pobreza, ambos serían iguales en la indiferencia, ¿ser pobre es acaso un pecado?, ¿y entonces por qué me hacen sufrir?. Al fin y al cabo, la vida es solo una invención ergo un acto de fe. Lo cual me lleva a sentenciar, que nadie mas ambicioso que un comunitarista socialista y nadie mas estúpido que un mediocre capitalista. Pero si me preguntan, os diré tolero mas el hedonismo absurdo y sinsentido del que se cree libre en el liberalismo, que el autoritario que se cree igualitario en el socialismo, pues este último hace daño donde es imperdonable, el espíritu del hombre. Nadie mas obsesionado con el culto al materialismo, que aquel que está dispuesto a luchar y matar, por una igualdad utópica que no conoce ni quiere conocer. Los idealistas son muy peligrosos, como dijera Jesús: "....no saben lo que hacen". Nada redime al hombre que mata a otro hombre, y nada salva al hombre que le impone a otro hombre su verdad. No hay ideal posible que justifique esta enajenación. Y pensar que se dicen humanistas.
El pensamiento del hombre, se cree que viene por pares, como si el dualismo fuera una regla supracosmogónica. Individualismo versus colectivismo, libertad versus igualdad, amigos versus enemigos, el bien versus el mal, exitoso versus fracasado, etc.....como si eso realmente tuviera el mínimo asidero. La vida y la razón son mucho mas que eso, y si bien sabios antes que nosotros nos han dejado un hermoso legado de sabiduría, seguimos empecinados en prevalecer como solo materia según la materia.
Si insistimos en supervenir la igualdad del hombre según las cosas, les aconsejo que como en los cuentos de ficción, dejen a una computadora al mando de la humanidad y que distribuya con rigor mecánico y objetivo. Pero antes, pongan un nanochips en el cerebro de cada ser humano, así también logramos que una vez que hayamos distribuido todas las cosas equitativamente, cada uno las pueda preservar e incrementar de manera coordinada y armoniosa, así conseguimos hacer real el fetiche de la igualdad de la materia según la materia: ¿Pero es eso igualdad para el hombre?.
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