El paralelismo con las estrategias eclesiásticas es mucho más evidente si tenemos en cuenta que, a ojos de mucha gente, religiosa o antirreligiosa, nacionalista, antisemita, etc., Trotski era el ejemplo perfecto de >>apóstata<<, y que el rechazo a su persona perduro sobre la adoración por la figura de Stalin. Incluso después de la caída de la Unión Soviética, pervivía aún un odio enquistado hacia Trotski, tanto entre estalinistas, como entre nacionalistas o antisemitas. En este punto, conviene preguntarse: ¿debemos percibirlo como una suerte de odio concentrado hacia el socialismo? ¿hacia el internacionalismo? ¿hacia el ateísmo? Una lectura atenta de los argumentos de los hagiógrafos de Stalin no deja lugar a la duda a la hora de poner sobre la mesa los ingredientes que hacían de Trotski un personaje tan odiado por muchos sectores del abanico ideológico ruso, a quien apenas se estudia con un mínimo de objetividad.
La religión ortodoxa no era el único elemento del pasado que llamaba la atención de Stalin. Las comparaciones entre su postura y la de un zar no surgieron de inmediato. Todo lo contrario: la decisión de construir el >>socialismo en un solo país<< (es decir, >>lo podemos lograr nosotros solos<< ) indica que la ideología se manipulaba según sus necesidades, y que respondía al >>gran poder chovinista<< del que le acusaban sus opositores. Antes incluso de convertirse en un arma de intoxicación ideológica y política, el eslogan sedujo a un público formado en su mayoría por los vencedores en una guerra civil. El control de la Iglesia por parte del zar estaba profundamente ligado a los símbolos de la institución, que los zares hacia suyos para cubrirse con un halo de legitimidad supraterrenal. El caso de Stalin y de su culto, sin embargo, no era un fenómeno religioso, sino una mera construcción política que tomaba prestados de determinados símbolos de la fe ortodoxa y se servia de ellos, sin tener en consideración hasta qué punto Stalin compartía los elementos de dicha fe y sus fundamentos psicológicos. Hasta donde alcanza mi conocimiento, no hay información que pueda ayudarnos a dar respuesta a esta pregunta, pero tenemos razones de sobras para suponer que era ateo.
Es fundamental comprender que la política sistemática de Stalin tenía como fin transformar el Partido en un instrumento, incluso en una herramienta tout court, que le habría de permitir controlar el Estado, una decisión que nace, una vez más, de su <<filosofía de los cuadros>>.
La religión ortodoxa no era el único elemento del pasado que llamaba la atención de Stalin. Las comparaciones entre su postura y la de un zar no surgieron de inmediato. Todo lo contrario: la decisión de construir el >>socialismo en un solo país<< (es decir, >>lo podemos lograr nosotros solos<< ) indica que la ideología se manipulaba según sus necesidades, y que respondía al >>gran poder chovinista<< del que le acusaban sus opositores. Antes incluso de convertirse en un arma de intoxicación ideológica y política, el eslogan sedujo a un público formado en su mayoría por los vencedores en una guerra civil. El control de la Iglesia por parte del zar estaba profundamente ligado a los símbolos de la institución, que los zares hacia suyos para cubrirse con un halo de legitimidad supraterrenal. El caso de Stalin y de su culto, sin embargo, no era un fenómeno religioso, sino una mera construcción política que tomaba prestados de determinados símbolos de la fe ortodoxa y se servia de ellos, sin tener en consideración hasta qué punto Stalin compartía los elementos de dicha fe y sus fundamentos psicológicos. Hasta donde alcanza mi conocimiento, no hay información que pueda ayudarnos a dar respuesta a esta pregunta, pero tenemos razones de sobras para suponer que era ateo.
Es fundamental comprender que la política sistemática de Stalin tenía como fin transformar el Partido en un instrumento, incluso en una herramienta tout court, que le habría de permitir controlar el Estado, una decisión que nace, una vez más, de su <<filosofía de los cuadros>>.