Plantas invasivas.
La vegetación invasiva es un problema para los ecosistemas porque son de alta competitividad, consumiendo nutrientes y agua de las plantas originarias del ecosistema en cuestión. Son también un combustible para incendios forestales. Y es que el cambio climático hará más difícil a las plantas nativas el sobrevivir, creando nuevos nichos para invasoras que pueden transformar el paisaje dramáticamente.
Serpiente ratonera de Texas.
La serpiente ratonera de Texas podría salir a cazar durante la noche si la temperatura ascendiera. Con esto lograría conseguir comidas más grandes y evitar ser devorada por sus depredadores. Durante el día la caza de huevos alborota a los pájaros adultos, quienes atraen a águilas y demás depredadores. En la noche, en cambio, el pájaro está más vulnerable y no detecta su aproximación.
Escarabajo del pino de montaña.
Con inviernos más calientes, el oeste de Estados Unidos y Canadá ha multiplicado la población del escarabajo del pino de montaña. El frío de invierno solía matar a muchos de ellos. Pero hoy, de los 60 huevos que pone cada uno, casi todos sobreviven. En promedio, cada año se suman 3,600 escarabajos más.
Ballena asesina (Orca).
Océanos más calientes permitirán que la Orca pase más tiempo cazando en zonas ricas de presa, que normalmente estarían cubiertas de hielo. Y podrán pasa más meses alimentándose de focas y otros animales, ya que no tendrán que viajar tan al sur en el invierno.
Medusa.
La medusa será el nuevo rey del océano. Aguas más calientes y ácidas harán que muchas especies mueran por no poder formar sus esqueletos de calcio destinados para protección. La medusa, al no necesitar de un esqueleto, navegará los océanos libremente.