Desde el imprescindible secador de piso de una sola pieza del que por año se fabrican en el país unos 80 millones de unidades, hasta un minisubmarino con gran capacidad de fuego, pasando por el sifón cuadrado, el portafolio que se convierte en banqueta y el semáforo inteligente con el cual obtuvo un premio otorgado por la Ciudad de Buenos Aires, las creaciones de José Fandi revelan a un inventor prolífico como lo demuestran sus 83 creaciones patentadas y una carpeta con más de 150 iniciativas en ciernes que hacen honor a una mentalidad inquieta, ansiosa y de riguroso sentido práctico.
En su casa de Lomas del Mirador, rodeado de bocetos y prototipos, Fandi, de 85 años, encuentra un ámbito creativo en el cual desarrollar una inventiva que lo acompaña desde joven y que empezó a poner en marcha cuando comprendió que estaba en sus manos resolver problemas comunes con respuestas originales, algo lógico si se quiere para quien es un inventor nato, tal su caso.
ASOCIACIÓN ARGENTINA DE INVENTORES - AAI
De hecho, y como contó a HISTORIAS DE VIDA, es presidente de la Asociación Argentina de Inventores, distinción para la cual comenzó a hacer méritos a los 20 años, cuando tras recibir una fuerte descarga eléctrica comprendió que los tapones de luz de tapa de losa eran un peligro, por lo que concibió una llave interruptora porta fusibles. "En aquel momento pagué 53 pesos por la patente, cuando hoy las tasas para hacer esos registros están en el orden de los 500 pesos", señaló. Sin embargo, aquel invento no tuvo mucho éxito por más que recorrió distintas empresas electrónicas. "Es que nunca tuve mucha habilidad para vender", se justifica con resignación.
A pedido de mamá
Poco después ideó una lanzadera para telares que tampoco caminó por falta de capitales para su producción, aunque lo más importante estaba por venir. "Mi madre me pidió por enésima vez que le arreglara el secador de piso, que era de madera con una lengua de goma ajustada con cuatro o cinco clavos, pero que siempre se salían. Se me ocurrió -precisó- que todos esos problemas podían evitarse si se fabricaba un secador con una pieza única, de goma, que además pudiera calzarse en un palo". Y así lo hizo.
El invento fue patentado y hoy Fandi calcula que "solamente en el país se fabrican al año entre 60 y 80 millones de unidades al año". Sin embargo, los que hicieron fortuna, aclaró, "son los que me copiaron el modelo y tuvieron posibilidad de financiar la producción, con lo que me sacaron enorme ventaja".
De allí en más, Fandi incursionó por distintos tipos de inventos algunos de los cuales no salieron del diseño y otros se transformaron en prototipos que esperan verse desarrollados industrialmente, como el remolcador de línea de pesca, que funciona con motor de batería, y que permite que el pescador parado en la orilla pueda llevar la línea hasta mil metros aguas adentro para obtener mejores capturas. "Claro que funciona, hasta se lo presté a alguien que era amigo mío y se lo llevó a para usarlo en la costa. Nunca más me lo devolvió", afirmó, con lo se entiende el porqué utiliza el pasado para referir a quien ahora, tras esa acción, quedó relegado al umbral de conocido.
Como despedida, Fandi sostuvo que "el inventor es como el artista por excelencia. Nace así y ya no para, porque está en un proceso constante", subrayó. "¿Cuál será el próximo invento? No lo sé, ojalá sea la eterna juventud", enfatizó, quizás como una figura que encierra su deseo de ver para siempre encendida esa chispa original que lo acompaña de joven y que en su caso, es la vida misma.
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