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En 2008 se encontraron varias momias del Neolítico durante una excavación realizada en San Fernando, Cádiz. Las más llamativas fueron dos que aparecieron abrazadas y que los arqueólogos bautizaron como “los enamorados”.
Esto me recuerda a un caso que se dio en las cercanías de Ereván hace ya algunas décadas. En esa ocasión las excavaciones arqueológicas no se detuvieron al encontrar también dos esqueletos, cuya posición en un abrazo eterno, sugería una conmovedora historia de amor que iba a sobrevivir cientos de años sepultada en medio del desierto. Comenzaron a circular historias sobre el origen de los amantes y aquí la imaginación no escatimó esfuerzos.
La versión más aceptada hablaba de que los restos quizá podrían pertenecer a un príncipe árabe del siglo X que murió bajo el influjo de un hechizo en brazos de una judía cautiva de su harén y de la que estaba perdidamente enamorado. Un amor correspondido también por ella y que sellaron para siempre a la luz de la luna mientras huían del palacio y de las intrigas del sultán, para vivir su amor lejos del mundo. La historia, que respiraba los aires de una de esas noches milenarias de leyenda, no resistió sin embargo el curso de la excavación arqueológica.
Al desenterrar por completo los huesos apareció una daga blandida por una de las manos que se hundía en el costado de su víctima. Y ésta, a su vez, aún conservaba en la mano izquierda la bola de hierro con la que probablemente habría fracturado la base del cráneo de su oponente. Para colmo, la prueba del carbono 14 determinó sin remisión que los cuerpos pertenecían a dos guerreros caucásicos de etnias rivales que lucharon a principios del siglo XIX en una guerra incruenta.
En ocasiones la realidad es demasiado cruda para aceptarla tal y como es. Cuentan que una vez descubierto el misterio volvieron a enterrar los cuerpos parcialmente, ocultando las armas y dejando sólo al descubierto la sugerente postura (apenas entreverada bajo la arena) del abrazo milenario sellado a la luz de la luna. Desde entonces nadie ha vuelto a hablar de los guerreros caucásicos, y los cientos de visitantes diarios que se acercan a la excavación prefieren pensar emocionados que el amor es capaz de sobrevivir a la muerte.
Un método de supervivencia legítimo.
Publicado: 25 oct 2011 | 14:15 MSK
Arqueólogos italianos encontraron dos esqueletos tomados de la mano en una tumba conjunta. El hallazgo fue descubierto por los trabajadores cuando renovaban un palacio en Módena, al norte del país.
Provista de un anillo de bronce, la mujer parece estar mirando a su pareja. Los investigadores afirman que ambos cuerpos fueron enterrados originalmente con los rostros orientados frente a frente, pero que con el tiempo la cabeza del hombre se ladeó, según la posición de sus vértebras.
"Es una escena muy conmovedora y muy rara", reconoce uno de los arqueólogos.
Se estima que los enamorados fue enterrados al mismo tiempo, entre los siglos V y VI después de Cristo y que podrían pertenecer a la nobleza de los últimos días del Imperio Romano.
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