UN ISIDORO QUE SE LLAMABA JULIÁN
Pasa a La Razón, en diciembre de 1928 la tira llamada Don Julián de Montepío. Cuenta las andanzas de un “vivillo porteño, playboy de Chantecler con aires de millonario industrial y comercial". Durante años las aventuras de Don Julián, su novia Lolita y su vallet Cocoa están en la última página hasta que llega Patoruzú. El 27 de setiembre de 1930 explica La Razón; “He aquí que de la noche a la mañana Julián se encuentra apadrinando a un indio del sur por una curiosa herencia de un tío, el finado Rudesindo. Julián pasa con el tiempo (en 1935) a ser Isidoro Cañones. En ese año tiene cambios. Patoruzú es ahora el último vástago de los Tehuelches, hijo de un rico cacique de la Patagonia, quien al morir deja al huérfano en manos del tío Rudecindo.
Éste, al sentirse morir, manda al indio ingenuo y lleno de oro a Buenos Aires, bajo la tutela de Julián. La imagen es la misma de Crítica, bajando del tren carguero pero el avestruz es macho, y se llama Lorenzo. Julián, al ver la fortuna de su ahijado, busca apoderarse de ella haciéndole creer a Patoruzú que las pepitas están embrujadas. El indio se está convenciendo cuando un peón del tío Rudesindo (que le explica el verdadero valor de las monedas) lo salva del padrino.
LOS PRE ISIDOROS
DON GIL CONTENTO / ISIDORO BATACAZO / JULIAN DE MONTEPIO / PEPE TORPEDO / MANOLO QUARANTA
Con el paso de los días, sospechosamente Lorenzo termina asado en un restorán. Poco a poco el indio va apoderándose de la historieta, por el interés de la gente. La vida de un personaje de historieta creado por Dante Quinterno que quebró la barrera del tiempo, sin perder el pelo ni las mañas.Isidoro Cañones puede considerarse que era el auténtico "Play-Boy mayor de Buenos Aires", tal como se lo solía denominar. Aficionado a la vida fácil, a las carreras de caballos, a los autos deportivos y a su inseparable "Scotch", que lo acompañaba diariamente, Isidoro era un fiel representante del típico "chanta porteño". por Quinterno). Generalmente con polera negra, saco cruzado, mocasines relucientes, pelo a la gomina, y un vaso de whisky para entonarse, Isidoro iba de fiesta en fiesta buscando diversión y viviendo la vida a su manera.
Isidoro Cañones saldría a festejar cualquier asunto que sería de su agrado. Siempre se las ingeniaba para pasar las horas a cuerpo de rey, con chicas espectaculares, pilchas de novela, lugares fenomenales, una "barra" de amigotes dispuestos a hacer lo que se le ocurriera (parecían sin iniciativa cuando no tenían a su líder) y emprendimientos de los que (sin perjuicio de los tragos amargos de cada episodio) siempre salía ileso y bien parado. Dicen que no importa la edad cuando el espíritu es joven, y parece que es verdad, porque el Isidoro de hoy casi que es el mismo de siempre, aunque encarnó al hombre de la noche en los años '40 y '50.
La trama de las historietas eran simples: Isidoro, que vivía con su tío, el Coronel Urbano Cañones en una hermosa mansión, llevaba una vida de Play-Boy muy alejada de las heroicas andanzas de Patoruzú (se puede decir que Isidoro fue la contracara de esa otra famosa historieta creada. Isidoro intentaba vivir sin trabajar y darse todos los gustos que quisiera a través de la riqueza de su tío, que no lograba hacerlo cambiar de vida y sentar cabeza. Célebres términos del Coronel refiriéndose a su sobrino eran botarate, mequetrefe, pelafustán, tunante, badulaque y gandul. Isidoro a su vez, se refería a su tío como "el carcamán" y "el oxidado". Isidoro era el galán atrevido y el trasnochador que le huía al trabajo. Entre otros personajes estaban el sastre Popoff, y el mayordomo Manuel, quien llamaba a Isidoro "niño"; era un gallego bueno como el pan, que le cubría las macanas, llegando a prestarle muchas veces todos sus ahorros. También estaban el mejor amigo de Don Urbano, el Capitán Metralla, y el Tío Ignacio, primo de Urbano, quien era la oveja negra de la familia, y un espejo para Isidoro, pues era un veterano fiestero y divertido, que se emborrachaba y timbeaba.
Junto a Isidoro convivían dos personajes que aparecían desde las aventuras con Patoruzú (cuando era solamente "el padrino" y no "Isidoro Cañones": su ángel y su demonio, que eran representaciones de su conciencia y su picardía. Eran personajes recurrentes que alternaban su control sobre el ambicioso playboy, generando situaciones inesperadas. Estos dos seres sólo los compartían Isidoro y los lectores (el resto no los veían).
Del mismo modo en que el Patoruzú encarnaba todas las virtudes humanas casi hasta el aburrimiento, Isidoro se reservó para si una gran cuota de verosimilitud y realismo. Isidoro recreaba el prototipo del hombre de la noche de la década del '40. Desde el momento en que comienza sus propias aventuras (en la revista de Patoruzú) presenta historias totalmente ajenas a las del héroe sureño. La forma de vivir de Isidoro representaba a todo un sector del país que, sin ser de la elite económica, vivía y conocía el Bs. As. nocturno y disfrutaba de las fiestas de la alta sociedad. Para quienes no accedían a las boites y al jet-set, Isidoro era una forma de vivir y conocer el Buenos Aires nocturno. Todavía era necesario vestir esmoquin y moñito para entrar en las fiestas de la alta sociedad.
El dibujante Tomás Sanz recuerda su relación con el personaje: "Cuando lo conocí era muy pibe y yo podía imaginarme cómo era ese mundo a través de dos cosas: el tango e Isidoro". Mar del Plata, con sus exclusivas boites forradas de leopardo, era la Meca; el lugar obligado para cualquier cajetilla que gustase cambiar de paisaje de vez en vez, y para Isidoro era el horizonte perfecto para un fin de semana salvaje. Sin embargo, aún no había vivido sus más apasionantes aventuras. Isidoro comenzó a zafarse en 1968, en su propia revista, cuando Faruk se incorporó al equipo de guionistas donde ya trabajaba Mariano Juliá (Los dibujos eran de Tulio Lovato). Juntos pensaron cómo convencer a Quinterno de que Isidoro necesitaba ampliar sus horizontes, abrir las fronteras y lanzarse a conquistar el mundo entero. Además, el play-boy debía conseguir una compañera que lo secundara en sus estafas y negociados, aunque Faruk recuerda especialmente lo difícil que fue persuadir al dibujante.
No pasó mucho tiempo antes de que el camino de Isidoro se cruzara con el de la hermosa Cachorra en pleno viaje a Mar del Plata, ciudad en la que nuestro Play Boy ha pasado noches inolvidables, asomado alguna que otra vez por la playa con gafas oscuras. Cachorra era tan "bandida" como Isidoro, pero ante los ojos del Coronel Cañones se mostraba como una chica de familia, estudiosa, responsable, recatada y trabajadora. Curiosamente, el abuelo de Cachorra, el general Bazooka, nunca fue mostrado, pues siempre cuando Isidoro lo iba a conocer, el militar estaba en el exterior. Años más, años menos, Isidoro jamás prescindió de su polera y de su saco cruzado de anchas solapas a rayas, a cuadros, o de sus correctos breeches cuando había que pasar una temporada en la estancia del Coronel.
El pelo engominado, sin embargo, permaneció incorruptible. Los viajes a Mónaco, París, Londres, Nueva York, Roma, Montecarlo, comenzaron a ser moneda corriente en la vida de Isidoro, que además ya había dejado en el pasado el esmoquin y vestía sacos sport, solapas anchas y, a veces, hasta se animaba a los jeans. Es importante señalar que durante la década del ´70 se intentó llevar a la pantalla grande a Isidoro, personificado por Santiago Bal, proyecto que finalmente no se cristalizó.
Sabias que con la publicacion del numero 6, "El Che Isidoro", La politica - en tono de broma - entra a la Editorial. Y la respuesta es una bomba de un grupo de izquierda.
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Pasa a La Razón, en diciembre de 1928 la tira llamada Don Julián de Montepío. Cuenta las andanzas de un “vivillo porteño, playboy de Chantecler con aires de millonario industrial y comercial". Durante años las aventuras de Don Julián, su novia Lolita y su vallet Cocoa están en la última página hasta que llega Patoruzú. El 27 de setiembre de 1930 explica La Razón; “He aquí que de la noche a la mañana Julián se encuentra apadrinando a un indio del sur por una curiosa herencia de un tío, el finado Rudesindo. Julián pasa con el tiempo (en 1935) a ser Isidoro Cañones. En ese año tiene cambios. Patoruzú es ahora el último vástago de los Tehuelches, hijo de un rico cacique de la Patagonia, quien al morir deja al huérfano en manos del tío Rudecindo.
Éste, al sentirse morir, manda al indio ingenuo y lleno de oro a Buenos Aires, bajo la tutela de Julián. La imagen es la misma de Crítica, bajando del tren carguero pero el avestruz es macho, y se llama Lorenzo. Julián, al ver la fortuna de su ahijado, busca apoderarse de ella haciéndole creer a Patoruzú que las pepitas están embrujadas. El indio se está convenciendo cuando un peón del tío Rudesindo (que le explica el verdadero valor de las monedas) lo salva del padrino.
LOS PRE ISIDOROS
DON GIL CONTENTO / ISIDORO BATACAZO / JULIAN DE MONTEPIO / PEPE TORPEDO / MANOLO QUARANTA
Con el paso de los días, sospechosamente Lorenzo termina asado en un restorán. Poco a poco el indio va apoderándose de la historieta, por el interés de la gente. La vida de un personaje de historieta creado por Dante Quinterno que quebró la barrera del tiempo, sin perder el pelo ni las mañas.Isidoro Cañones puede considerarse que era el auténtico "Play-Boy mayor de Buenos Aires", tal como se lo solía denominar. Aficionado a la vida fácil, a las carreras de caballos, a los autos deportivos y a su inseparable "Scotch", que lo acompañaba diariamente, Isidoro era un fiel representante del típico "chanta porteño". por Quinterno). Generalmente con polera negra, saco cruzado, mocasines relucientes, pelo a la gomina, y un vaso de whisky para entonarse, Isidoro iba de fiesta en fiesta buscando diversión y viviendo la vida a su manera.
Isidoro Cañones saldría a festejar cualquier asunto que sería de su agrado. Siempre se las ingeniaba para pasar las horas a cuerpo de rey, con chicas espectaculares, pilchas de novela, lugares fenomenales, una "barra" de amigotes dispuestos a hacer lo que se le ocurriera (parecían sin iniciativa cuando no tenían a su líder) y emprendimientos de los que (sin perjuicio de los tragos amargos de cada episodio) siempre salía ileso y bien parado. Dicen que no importa la edad cuando el espíritu es joven, y parece que es verdad, porque el Isidoro de hoy casi que es el mismo de siempre, aunque encarnó al hombre de la noche en los años '40 y '50.
La trama de las historietas eran simples: Isidoro, que vivía con su tío, el Coronel Urbano Cañones en una hermosa mansión, llevaba una vida de Play-Boy muy alejada de las heroicas andanzas de Patoruzú (se puede decir que Isidoro fue la contracara de esa otra famosa historieta creada. Isidoro intentaba vivir sin trabajar y darse todos los gustos que quisiera a través de la riqueza de su tío, que no lograba hacerlo cambiar de vida y sentar cabeza. Célebres términos del Coronel refiriéndose a su sobrino eran botarate, mequetrefe, pelafustán, tunante, badulaque y gandul. Isidoro a su vez, se refería a su tío como "el carcamán" y "el oxidado". Isidoro era el galán atrevido y el trasnochador que le huía al trabajo. Entre otros personajes estaban el sastre Popoff, y el mayordomo Manuel, quien llamaba a Isidoro "niño"; era un gallego bueno como el pan, que le cubría las macanas, llegando a prestarle muchas veces todos sus ahorros. También estaban el mejor amigo de Don Urbano, el Capitán Metralla, y el Tío Ignacio, primo de Urbano, quien era la oveja negra de la familia, y un espejo para Isidoro, pues era un veterano fiestero y divertido, que se emborrachaba y timbeaba.
Junto a Isidoro convivían dos personajes que aparecían desde las aventuras con Patoruzú (cuando era solamente "el padrino" y no "Isidoro Cañones": su ángel y su demonio, que eran representaciones de su conciencia y su picardía. Eran personajes recurrentes que alternaban su control sobre el ambicioso playboy, generando situaciones inesperadas. Estos dos seres sólo los compartían Isidoro y los lectores (el resto no los veían).
Del mismo modo en que el Patoruzú encarnaba todas las virtudes humanas casi hasta el aburrimiento, Isidoro se reservó para si una gran cuota de verosimilitud y realismo. Isidoro recreaba el prototipo del hombre de la noche de la década del '40. Desde el momento en que comienza sus propias aventuras (en la revista de Patoruzú) presenta historias totalmente ajenas a las del héroe sureño. La forma de vivir de Isidoro representaba a todo un sector del país que, sin ser de la elite económica, vivía y conocía el Bs. As. nocturno y disfrutaba de las fiestas de la alta sociedad. Para quienes no accedían a las boites y al jet-set, Isidoro era una forma de vivir y conocer el Buenos Aires nocturno. Todavía era necesario vestir esmoquin y moñito para entrar en las fiestas de la alta sociedad.
El dibujante Tomás Sanz recuerda su relación con el personaje: "Cuando lo conocí era muy pibe y yo podía imaginarme cómo era ese mundo a través de dos cosas: el tango e Isidoro". Mar del Plata, con sus exclusivas boites forradas de leopardo, era la Meca; el lugar obligado para cualquier cajetilla que gustase cambiar de paisaje de vez en vez, y para Isidoro era el horizonte perfecto para un fin de semana salvaje. Sin embargo, aún no había vivido sus más apasionantes aventuras. Isidoro comenzó a zafarse en 1968, en su propia revista, cuando Faruk se incorporó al equipo de guionistas donde ya trabajaba Mariano Juliá (Los dibujos eran de Tulio Lovato). Juntos pensaron cómo convencer a Quinterno de que Isidoro necesitaba ampliar sus horizontes, abrir las fronteras y lanzarse a conquistar el mundo entero. Además, el play-boy debía conseguir una compañera que lo secundara en sus estafas y negociados, aunque Faruk recuerda especialmente lo difícil que fue persuadir al dibujante.
No pasó mucho tiempo antes de que el camino de Isidoro se cruzara con el de la hermosa Cachorra en pleno viaje a Mar del Plata, ciudad en la que nuestro Play Boy ha pasado noches inolvidables, asomado alguna que otra vez por la playa con gafas oscuras. Cachorra era tan "bandida" como Isidoro, pero ante los ojos del Coronel Cañones se mostraba como una chica de familia, estudiosa, responsable, recatada y trabajadora. Curiosamente, el abuelo de Cachorra, el general Bazooka, nunca fue mostrado, pues siempre cuando Isidoro lo iba a conocer, el militar estaba en el exterior. Años más, años menos, Isidoro jamás prescindió de su polera y de su saco cruzado de anchas solapas a rayas, a cuadros, o de sus correctos breeches cuando había que pasar una temporada en la estancia del Coronel.
El pelo engominado, sin embargo, permaneció incorruptible. Los viajes a Mónaco, París, Londres, Nueva York, Roma, Montecarlo, comenzaron a ser moneda corriente en la vida de Isidoro, que además ya había dejado en el pasado el esmoquin y vestía sacos sport, solapas anchas y, a veces, hasta se animaba a los jeans. Es importante señalar que durante la década del ´70 se intentó llevar a la pantalla grande a Isidoro, personificado por Santiago Bal, proyecto que finalmente no se cristalizó.
Sabias que con la publicacion del numero 6, "El Che Isidoro", La politica - en tono de broma - entra a la Editorial. Y la respuesta es una bomba de un grupo de izquierda.
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