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Ignacio Alcuri - Fregados

ArteFecha desconocida
Les dejo un relato de Ignacio Alcuri, escritor uruguayo.
De su último libro "Problema mío"
Se los recomiendo, es un libro de relatos cortos muy
divertidos.
Acá tienen "Fregados" para probar. Saludos!

Las sirenas comenzaron a sonar a un volumen muy fuerte y Márgaret se levantó de la cama como cliqueada y arrastrada por un cursor invisible. Todavía sin recobrar la conciencia por completo, se vistió con lo que tenía a mano y salió al fondo de la precaria construcción en que vivía. La luz del sol terminó de despertarla y el viento gélido que se colaba por cada agujero de sus enaguas la hizo arrepentirse de no haber agarrado un abrigo.
Pero su instinto maternal tomó el control y Márgaret dejó de pensar en ella. Se concentró en los doce mocosos que corrían por el terreno baldío imitando el aullar de las sirenas. Juntó garganta y logró imponer su voz por sobre el bullicio. Con perfecta cadencia pronunció la docena de nombres y la decena de apellidos. En menos de un minuto los había arreado dentro de la vivienda.
Repartió unas bolsas de arpillera y les ordenó a los niñetes llenarlas con todo lo que pudieran cargar. En un santiamén la cuadrilla de metahurgadores había vaciado la casucha. La madre los guió hasta el camino y se despidió de ellos cuando le juraron correr al sitio de mayor altura que encontraran. El reumatismo hacía imposible que ella pudiera acompañarlos, así que regresó a la chabola. Levantó el colchón y tomó una bolsa de nylon con cierre hermético repleta de fotos. Fotos de la boda de su hermana, de las navidades en su pueblo natal y de la luna de miel en la plaza de deportes nº5. Con rapidez, para no emocionarse, aseguró el paquete en el cinturón de su vaquero y echó un ultimo vistazo a aquella habitación partida al medio por una cortina, que ella llamaba hogar.
Mientras pensaba cuanto extrañaría cada uno de los tres recovecos del lugar, notó con horror que las sirenas habían terminado.
Tragó saliva. Salió rengueando. Tomó una vieja cadena y con ella se aseguró a un poste del alumbrado público. Se dio un par de vueltas a la altura del pecho y la cerró con el candado que sus padres le habían regalado en su decimocuarto cumpleaños.
-A ver si te la ponés en la ****** y dejás de tener hijos! – había dicho furioso su padre. Escuchó varios gritos. Algunas manos señalaban el horizonte. Pudo ver cuatro helicopteros negros que se acercaban al asentamiento del que Márgaret y su prole eran apenas una ínfima parte.
Desde algunos ranchos los vecinos mas nuevos contemplaban incrédulos. Otros se dejaban vencer por el pánico. Vió muchas caras conocidas pasar corriendo a su lado, con el unico objetivo de alejarse del inminente desastre.
Pero los Choppers fueron más rápidos que la mayoría. En pocos segundos se ubicaron sobre los cantegriles y abrieron sus escotillas inferiores, vertiendo el contenido de sus tanques sobre la zona. Márgaret contuvo la respiración, cerró los ojos, se metió un pañuelo en la boca y sólo pensó en sus hijos
Miles de litros de lejía se precipitaron con furia sobre el suelo, para luego extenderse en todas las direcciones. Márgaret oyó el estruendo del descomunal tsunami de hipoclorito que en una fracción de segundo la había cubierto por completo. Ella no podía verlo, pero restos de su vivienda destrozada eran llevados por la corriente, junto con las personas que habían tardado en ponerse a cubierto. Estuvo sumergida unos 15 segundos, luego de los cuales el nivel de lejía comenzó a bajar.
Entonces escupió el pañuelo que había guardado en su boca y con él se secó los ojos hasta poder abrirlos sin riesgo. Mientras se desencadenaba miró a su alrededor, el espectáculo era aterrador. Entre los cadáveres de adultos y niños, los sobrevivientes se retorcían de dolor. Algunos corrían sin rumbo sujetándose los ojos ciegos, varios tenían el reflejo de vomitar, pero no pasaba de eso, ya que aquellos aparatos digestivos estaban mas que vacíos. Fue lo ultimo que vió, el olor era tan fuerte que la hizo desmayar.
Sus hijos la despertaron un par de horas después. Tenían prisa por hacerlo, ya que el operativo no había concluído. Al reincorporarse vio cómo un escuadrón de sujetos con ropa de asalto bien negra se llevaba los muertos que ahora vestían ropa bien blanca.
Cuando se fueron en sus impresionantes camionetas, Márgaret hizo cuentas mentalmente. Había pasado menos tiempo que el de costumbre entre “limpiezas”, así que pensó reconstruír el rancho mas cerca de las elevaciones de terreno que habían protegido a sus hijos. Los tipos de las camionetas tambien saaban cuentas, chequeaban las cifras de sobrevivientes, pensando que ya era hora de dejar de advertir con la sirena.
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