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C/se vería la Tierra primitiva a varios años luz d/distanc

Ciencia Educacion10/10/2011
¿Cómo se veía la Tierra primitiva a varios años luz de distancia? Si queremos descubrir planetas habitables alrededor de otras estrellas, lo primero que tenemos que hacer es tener claro cómo se vería nuestro planeta observado a unos cuantos años luz de distancia. En otro artículo comentábamos qué señales debemos buscar en la luz proveniente de otros planetas para asegurarnos de que existe vida en su superficie. Actualmente no disponemos de la tecnología necesaria para "ver" directamente las posibles exotierras que podamos descubrir en el futuro, pero sí que estamos en disposición de analizar sus atmósferas con misiones e instrumentos no demasiado ambiciosos. Así habría visto la cancelada misión TPF-C un planeta como la Tierra a 10 pársec de distancia (la estrella está representada por la cruz del centro) (NASA). No obstante, dentro de poco tiempo contaremos con la posibilidad de ver estos mundos de forma directa. Y aunque aparecerán en las imágenes como simples puntos azules pálidos, a partir de las variaciones de brillo (albedo) podremos extraer información sobre su periodo de rotación, cubierta nubosa y extensión de los posibles océanos, entre otras características. Es decir, a partir de un simple punto de luz no sólo seremos capaces de saber si la atmósfera contiene gases relacionados con la presencia de vida, sino que podremos crear mapas rudimentarios de mundos situados a decenas de años luz. La Tierra vista por la Voyager 2 como un punto azul pálido. A partir de este punto de luz podríamos analizar su composición atmosférica y realizar mapas rudimentarios (NASA). El mapa de la Tierra sin nubes comprimido en un sólo pixel cuyo albedo varía en función del periodo de rotación gracias a las observaciones de Deep Impact. Así se vería el mapa de un mundo con océanos a varios años luz mediante una misión similar al TPF (NASA). Variación del albedo terrestre para varios tipos de planetas terrestres tal y como habría sido vista por el TPF-C (NASA). Pero incluso si tenemos suerte y encontramos un mundo similar a la Tierra, las probabilidades de que se parezca a la Tierra actual son muy remotas. No en vano, nuestro planeta ha cambiado considerablemente a lo largo de su historia. Urge la necesidad de crear modelos que simulen la apariencia de la Tierra tal y como era hace millones de años. Y eso es lo que han hecho recientemente Esther Sanromá y Enric Pallé, dos investigadores del IAC (Instituto de Astrofísica de Canarias). Sanromá y Pallé han estudiado el aspecto que presentaba nuestro planeta en los periodos Cámbrico (hace 500 millones de años), Misisipiense (Carbonífero inferior, hace 340 millones de años), Triásico inferior (230 millones de años) y Cretácico inferior (90 millones de años). Distribución de los continentes terrestres hace 90 millones de años (esquina superior izquierda), 230 millones de años (superior derecha), 340 millones de años (inferior izquierda) y 500 millones de años (inferior derecha) (Esther Sanromá y Enric Pallé / Ron Blakey). La Tierra hace 340 millones de años (Ron Blakey). Para reproducir la posición cambiante de los continentes y los variables niveles del mar a lo largo de los eones, los dos investigadores han usado los mapas paleogeográficos creados por Ron Blakey para Colorado Plateau Geosystems. Para el modelado de nubes, se emplearon los datos del ISCCP (International Satellite Cloud Climatology Project). La Tierra de hace 500 millones de años se cree que era esencialmente desértica debido a la ausencia de vegetación (las primeras plantas terrestres aparecieron hace 450 millones de años), aunque no se descarta la presencia de líquenes, hongos y algas en algunas zonas. Los autores del estudio han supuesto que la composición atmosférica y temperatura media del planeta no han cambiado sustancialmente en los últimos 500 millones de años, una condición introducida para poder utilizar los datos del ISCCP sobre la distribución nubosa global en el periodo 1984-2006. Con el fin de realizar un modelado de la cubierta nubosa para cada periodo geológico, los investigadores han promediado los datos del ISCCP sobre distintos tipos de terrenos (desiertos, bosques tropicales, etc.) y han aplicado las funciones de nubosidad así obtenidas a la distribución de los continentes en cada era. Porcentaje de nubosidad y albedo para cada tipo de terreno (Esther Sanromá y Enric Pallé). Variación de la nubosidad terrestre en función de la latitud para varios tipos de terrenos (Esther Sanromá y Enric Pallé). Una vez obtenida la cubierta nubosa media para cada periodo, se debe reconstruir la apariencia de nuestro planeta para un observador situado en otra estrella, o lo que es lo mismo, comprimir toda esta información en una curva de luz correspondiente a un punto luminoso. El albedo de la Tierra no sólo variará en función los continentes que son visibles en ese momento y la cubierta nubosa, sino también según la presencia de hielo y nieve o el ángulo con el Sol. La curva de luz así obtenida para la Tierra actual es bastante fiel a los datos empíricos, así que podemos suponer que la extrapolación a épocas pasadas no debe ir muy desencaminada. Y según estos modelos, las Tierras de hace 90, 230 y 340 millones de años presentarían todas una curva de luz muy similar debido a la parecida distribución de los continentes. Por contra, la Tierra de hace 500 millones de años poseería una mayor variabilidad en su curva de luz, lo que se explica por la presencia de desiertos gigantes. Cubierta de nubes media calculada para la Tierra actual (izquierda). El rojo representa una mayor fracción de nubosidad. A la izquierda, las curvas de luz de cada modelo (Esther Sanromá y Enric Pallé). Reconstrucción de la cobertura nubosa para la Tierra en el pasado y sus correspondientes curvas de luz. La Tierra desértica de hace 500 millones de años destaca claramente (Esther Sanromá y Enric Pallé). Este último resultado es especialmente interesante porque durante la mayor parte de la historia los continentes han estado desprovistos de formas de vida complejas, así que las probabilidades de encontrar una exotierra con continentes desérticos son relativamente altas. Como vemos, el estudio de las exotierras permitirá arrojar luz sobre el pasado de nuestro propio planeta y el origen de la vida, un aliciente más para desarrollar misiones similares a las malogradas Darwin o TPF.
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