InicioApuntes Y Monografias¿Nacionalismo dogmático o estupidez?
NACIONALISMO SOCIALISTA LATINOAMERICANO SIGLO XXI VERSUS PATRIOTISMO (Ensayo) Intentar diferenciar nacionalismo de patriotismo es tan temerario como intentar dividir las aguas al mejor estílo bíblico entre identidad y pertenencia. Pero sin duda existen algunos sutiles pero absorbibles matices de donde tomarse. El problema subyace en los quienes y las ideologías. Hegel y Marx hicieron hincapié en la emancipación absolutista de los proletarios trabajadores, quienes no serían a partir de este postulado, dependientes de un patrón burgués y capitalista, sino que también excluía de esta dependencia a los estados. Para esta concepción masónica, anárquica y globalizadora, se usó al laicisísmo como fuente de toda razón y justicia, con el ulterior fin de liberar a los trabajadores de las atávicas ataduras que mantenían con las religiones. Un mundo sin dogmas religiosos es un mundo mejorº, sostenían los padres del comunismo socialista. Era la utopía llevada a su máxima expresión, el hombre igual a otro hombre, despreciando de plano todo poder superior terrenal o divino. El nihilismo a diferencia del materialismo dialéctico, concebía una idea mas libertaria y moderada, aunque también dejaba de lado las religiones para llegar a su evolucionado pos-existencialismo que de plano niega la existencia de dios. No obstante el nihilismo nietszcheriano inspiró a los neoliberales mas que a los comunistas, convirtiendo tanto al capitalismo como al socialismo en cultores de un emergente gnosticismo, ateísmo, escépticismo y deísmo. A contrapelo de lo que Engels sostenía, fue el mundo capitalista quien mas afianzó la filosofía no creyente o antidogmática, haciendo que la paradoja comunista cobre vida, ergo hoy las sociedades comunistas de antaño están experimentando un éxodo revisionista que los conduce de vuelta a sus raíces religiosas y creyentes. Los fundamentos estaban y están, la Iglesia Romana por sobre todo, siempre condicionó severamente la autonomía de los estados con su religión, erigiéndose como un poder supra político y económico. El mundo occidental comenzó gradualmente a separar política de religión, concibiendo en consecuencia la edad de la república (democrática o no). Paralelamente en el mundo Oriental, especialmente en algunos países del medio oriente, se consolidó pero modernizó el estado religioso, quienes no hacen diferencias significativas entre el poder secular del Islamismo con el poder étnocentrista de la política. El nacionalismo en estas naciones adquiere un alto grado de abstracción: emocional, metafísica y psicosociológica, dada la amalgama producida entre credo, filosofía, psicografía y tradición. El caso de Rusia y China (como en otras naciones del viejo continente) son especiales, ya que en esos países, el nacionalismo tiene una arraigambre muy sólida y ortodoxa, pues hablamos de culturas añejas y troncos étnicos y antropológicos muy definidos. En países occidentales imperialistas como EE.UU el nacionalismo confunde justificadamente el orgullo de la identidad patriótica con su respectivo sentimiento de pertenencia. Su pueblo siente admiración por lo que ellos asumen como el primer y mejor país del mundo (en términos económicos, militares y políticos). Vale decir que para el pueblo yanqui su patria es pasible no solo de pertenencia, sino también de adoración e idealización (no involucra a personas) . Que no es igual al nacionalismo latinoamericano en donde el nacionalismo es estrictamente emotivo y caprichoso, ya que la pertenencia muchas veces está eclipsado por las malas economías, corrupción y peores gobiernos. Somos conscientes de que nuestra amada no es perfecta. La pertenencia en este caso se edifica sobre sentimientos encontrados en donde se conjuga amor hacia la madre patria, mezclado con la vergüenza racional que emana por la falta de identidad, que obviamente es proveniente del sentido común proyectado por las irrefutables realidades. No siempre identidad y pertenencia van de la mano. Algunos inmigrantes sienten mas pertenencia que los propios autóctonos, porque estos no se sienten identificados con la realidad de su país en un determinado tiempo y condición. Las constantes diásporas, emigraciones e inmigraciones (regresos) son prueba de ello. Uno es capaz de dar la vida por su país, pero no por quienes lo gobiernan, porque de hecho no existe una correspondencia sociopolítica eficiente. Este último tiempo, latinoamérica ha visto el nacimiento de un fenómeno político extraordinario, el "socialismo latinoamericano siglo XXI", que conjuga una dudosa dialéctica socialista con un amorfo nacionalismo, mas propio del fascismo que de la filosofía genealógica de la internacional socialista. Contrariando las teorías marxistas, esta corriente conlleva mas ambigüedades que certezas, aunque si sabemos que el intervencionismo, el totalitarismo, el despotismo, el laicisísmo y el nacionalismo histriónico están imbuidos en su plataforma. Vale decir que este neo socialismo se parece mas al nacional socialismo alemán de los 40 que al socialismo europeo y se distancia curiosamente del comunismo leninista y/o marxista. Fue Argentina la primera en introducir este cóctel distópico, cuando Perón construye su movimiento populista, distributivo, verticalista pero nacionalista a la vez, llamado peronismo; cosa que impide que el socialismo genuino se desarrolle. A su vez, hay marcadas diferencias entre el nacionalismo dogmático que se practica en Venezuela, Argentina, Ecuador y Bolivia con el nacionalismo patriótico de México, Brasil, Colombia, Paraguay, Uruguay y Chile. El nacionalismo dogmático del socialismo latinoamericano siglo XXI, tiene como característica principal, servir de pilar para el sostenimiento de un modelo inmortalizador del poder. Por consiguiente es un nacionalismo que defiende mas los intereses políticos del líder que los intereses y tradición de la nación toda. Este nacionalismo mal entendido tiende a romper con los señeros contratos sociales que adoptaron a la república como su sistema de gobierno, atentando contra la misma esencia de la democracia. La demagogia es madre de este nacionalismo, pero como mala madre, suele dejar a sus hijos abandonados ante la conveniencia de otros instrumentos, pues la corrupción es el puente neurálgico que hace sinápsis entre los negocios personales del lider con las cuestiones de estado y nación. En este nacionalismo dogmático, los adoctrinados jerarquizan y ponen a su líder por encima de la patria y nación, o bien las confunden como una sola entelequia. Como en todo dogma, los dogmáticos hacen exóticas combinaciones esotéricas y metafísicas entre lider y religión, ergo este pasa a ser fruto de idealización, idolatría y adoración, enterrando en consecuencia, cualquier posibilidad de continuidad de los inmanentes relevos propio de los procesos democráticos. Los latiguillos y frases envasadas en contra de la oposición son la lís de su blasón, y las afirmaciones de que solo su lider puede gobernar, son el estigma de tal patología. El nacionalismo patriótico en cambio, posee orgulloso, identidad y pertenencia pero de modo filial, riguroso, crítico e impiadoso, y es aquel que lleva a los pueblos a poner la patria y la democracia por sobre todas las cosas y los quienes. En los sistemas republicanos, los planes, modelos y políticas económicas se consideran propiedad del pueblo, por ende adquieren la fisonomía de planes estratégicos (abarcan varias décadas y gobiernos), y los gobiernos son vistos como administradores de turno, pasible de juzgamiento y condena, así como de reconocimiento (en el caso de una buena gestión). El nacionalismo patriótico también es inteligente, intenso y emotivo, pero moderado y reflexivo, pues toma tiempo saber que consecuencias tienen las decisiones importantes para la patria en el tiempo. Es por ello que la república se vale del congreso o parlamento. El nacionalismo bien entendido es aquel que nos obliga a despojarnos de todo partidismo, sectarismo y egoísmo, en pos de pensar en conjunto que es lo mejor para el presente y futuro del país. Ningún nacionalismo patriótico, considera siquiera (en una república madura) la reelección indefinida de sus lideres como posibilidad, a sabiendas que tal situación es antinatural e invasiva. El nacionalismo de este neo-socialismo latinoamericano siglo XXI, es exagerado, actuado, cínico, coercitivo, tendencioso, direccionado, sesgado, mesiánico, fundamentalista, mendaz, doctrinario, demencial y muy peligroso. El chaovinismo dismulado, la discriminación interna, la intolerancia y el desprecio por el razonamiento, la sensatez y el sentido común hacen que este nacionalismo este invalidado y viciado. Primero esta la vida y la Patria, luego los hombres y la política. Para ser un nacionalista patriótico, no es suficiente hacer vacuas proclamas públicas y sensibileras; hay que estar dispuesto a trabajar por ese sentimiento, actuar , hacer, plasmarlo mediante hechos. Votar a un corrupto a sabiendas, nos coloca en las antípodas del auténtico patriotismo. Tengamos cuidado, porque existe una linea muy delgada que separa el nacionalismo de la estupidez. Escrito por: Lic. Ramón Diego Peralta
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