Support Scarlett
De ser bella actriz a ser la cara de la maldad eterna, que para los habituales es la maldad judía
Artículos | 05/02/2014 - 00:00h
Lo último de la irracional israelofobia que sacude las entrañas del discurso propalestino lo está pagando en sus carnes la actriz Scarlett Johansson. A pesar de ser una mujer comprometida, miembro de Oxfam desde hace años y defensora del diálogo entre judíos y árabes, ha cometido un grave error: creer que podía hacer lo que consideraba oportuno. Aceptó ser la cara de un spot para la Super Bowl de la empresa israelí Sodastream, que ofrece un aparato para fabricar refresco gaseoso,gracias a unas cápsulas del estilo de las que han hecho furor con el café. Y se desató la ira. Pasó de ser una actriz bella a ser la cara amable de la maldad eterna, que para los habituales siempre fue la maldad judía. Y, por supuesto, los que piden el boicot a los productos israelíes -incluso a las universidades- la pusieron en la diana de sus ataques, exigieron que se retirara y repitieron la retórica demagógica al uso. Scarlett pasó de ser de los buenos, a ser de los malos, verbigracia de no aceptar el boicot a Israel. Cabe decir que la actriz ha aguantado las invectivas y el anuncio se ha emitido. Pero la semilla de una presión a las personas famosas, convertido automáticamente en un chantaje público, está sembrada. Y todo ello con la excusa de un mensaje solidario que ni es solidario, ni es pacífico, ni ayuda a resolver el conflicto.
Primero, y seamos serios, porque este tipo de boicots reducen un conflicto muy complejo a una simple ecuación maniquea donde los buenos son todos buenos y hablan árabe, y los malos son todos malos y hablan hebreo. Es decir, intenta fijar en el subconsciente colectivo la idea de que no hay un conflicto de difícil solución donde ambas partes sufren, sino unos simples ocupadores de tierras y unas pobres víctimas. Por supuesto, el boicot no dice nada del apoyo militar de países de la zona para destruir a Israel, ni del terrorismo, ni de las escuelas del odio, ni del islamismo integrista. Nada. No existe Irán, ni Hizbulah, ni Siria, ni Hamas, ni las entradas masivas de armas, ni la negativa de las organizaciones palestinas a aceptar la existencia de Israel, nada. Sólo el mal en forma de estrella de David. De hecho, el viejo estigma de siempre, con un discurso renovado. Además, la misma petición de boicot planetario no se da para ninguna de las atroces dictaduras que hay en el mundo, impasibles sus artífices al sufrimiento de millones de personas reprimidas, encarceladas, asesinadas. Sólo Israel merece la furia humana. Y para acabar, ni uno de esos se pregunta si el medicamento que toma, cuando está enfermo, es de procedencia israelí, probablemente porque es más fácil atacar a Scarlett que dejar de sanar una enfermedad. Lo cual demuestra que, además de agresivo, insolidario y nada pacífico, el boicot es enormemente hipócrita.
Repito lo dicho: puro chantaje a favor de la consigna, el simplismo y la propaganda.
De ser bella actriz a ser la cara de la maldad eterna, que para los habituales es la maldad judía
Artículos | 05/02/2014 - 00:00h
Lo último de la irracional israelofobia que sacude las entrañas del discurso propalestino lo está pagando en sus carnes la actriz Scarlett Johansson. A pesar de ser una mujer comprometida, miembro de Oxfam desde hace años y defensora del diálogo entre judíos y árabes, ha cometido un grave error: creer que podía hacer lo que consideraba oportuno. Aceptó ser la cara de un spot para la Super Bowl de la empresa israelí Sodastream, que ofrece un aparato para fabricar refresco gaseoso,gracias a unas cápsulas del estilo de las que han hecho furor con el café. Y se desató la ira. Pasó de ser una actriz bella a ser la cara amable de la maldad eterna, que para los habituales siempre fue la maldad judía. Y, por supuesto, los que piden el boicot a los productos israelíes -incluso a las universidades- la pusieron en la diana de sus ataques, exigieron que se retirara y repitieron la retórica demagógica al uso. Scarlett pasó de ser de los buenos, a ser de los malos, verbigracia de no aceptar el boicot a Israel. Cabe decir que la actriz ha aguantado las invectivas y el anuncio se ha emitido. Pero la semilla de una presión a las personas famosas, convertido automáticamente en un chantaje público, está sembrada. Y todo ello con la excusa de un mensaje solidario que ni es solidario, ni es pacífico, ni ayuda a resolver el conflicto.
Primero, y seamos serios, porque este tipo de boicots reducen un conflicto muy complejo a una simple ecuación maniquea donde los buenos son todos buenos y hablan árabe, y los malos son todos malos y hablan hebreo. Es decir, intenta fijar en el subconsciente colectivo la idea de que no hay un conflicto de difícil solución donde ambas partes sufren, sino unos simples ocupadores de tierras y unas pobres víctimas. Por supuesto, el boicot no dice nada del apoyo militar de países de la zona para destruir a Israel, ni del terrorismo, ni de las escuelas del odio, ni del islamismo integrista. Nada. No existe Irán, ni Hizbulah, ni Siria, ni Hamas, ni las entradas masivas de armas, ni la negativa de las organizaciones palestinas a aceptar la existencia de Israel, nada. Sólo el mal en forma de estrella de David. De hecho, el viejo estigma de siempre, con un discurso renovado. Además, la misma petición de boicot planetario no se da para ninguna de las atroces dictaduras que hay en el mundo, impasibles sus artífices al sufrimiento de millones de personas reprimidas, encarceladas, asesinadas. Sólo Israel merece la furia humana. Y para acabar, ni uno de esos se pregunta si el medicamento que toma, cuando está enfermo, es de procedencia israelí, probablemente porque es más fácil atacar a Scarlett que dejar de sanar una enfermedad. Lo cual demuestra que, además de agresivo, insolidario y nada pacífico, el boicot es enormemente hipócrita.
Repito lo dicho: puro chantaje a favor de la consigna, el simplismo y la propaganda.