PLENO EMPLEO Y ESTABILIDAD
Las graves dificultades por las que en esta época atraviesan los Estados Unidos y tras ellos Europa, ponen de relieve la obra del inglés John Maynard Keynes (18831946), quien defiende con vehemencia el equilibrio clásico. Para Keynes, el equilibrio no lo garantizan unos mecanismos neutrales, sino que se establece a consecuencia de ciertas funciones de carácter psicológico. Así, Keynes expone una nueva teoría del equilibrio en consonancia con ios grandes principios del momento. Sostiene que no es el ahorro el que dirige la inversión, sino al revés. Una empresa puede desarrollar sus inversiones sin ahorrar a través del crédito o la inflación. En sentido contrario, la inversión, al permitir la distribución de nuevos ingresos, aumenta el ahorro (parte no consumida del ingreso).Al atribuir a la inversión este papel primordial, Keynes concede a los inversores la responsabilidad principal en materia de empleo. Contrariamente a Jo que afirma la mayor parte de los economistas de su época, no es la resistencia de la mano de obra a la baja de los salarios la causa del paro forzoso, sino las decisiones de los hombres de empresa, cuyas previsiones se fijan a un nivel que equivale al subempleo.
Según Keynes, la única solución para resolver esta situación consiste en favorecer las inversiones productivas, y, en este sentido, en fijar tipos de interés poco elevados. Keynes condena todas las medidas de deflación, cuyo resultado más grave es el paro forzoso, y propone invertir las prioridades corrientemente admitidas en la práctica económica.
El mantenimiento de la estabilidad de la moneda constituye el principal objetivo. En segundo lugar está la producción y, en último término, las cuestiones sociales (empleo, condiciones de trabajo, etc.). Keynes considera que la defensa a ultranza del pleno empleo debe ser prioritaria. Si esta condición se cumple, los demás problemas se resuelven por sí mismos. Las ideas de Keynes imspiraron de manera notable el New Dea! de Franklin Roosevelt; posteriormente, después de la guerra, la política económica de las administraciones demócratas {Truman, Kennedy, Johnson). También numerosos dirigentes del Partido laborista británico y varios gobiernos europeos se inspiraron, en principio, en el liberalismo. La obra principal de Keynes, Teoría general del empleo, el interés y la moneda", publicada en Londres en 1936, expone los fundamentos teóricos, particularmente el concepto de propensión la ahorrar y a consumir), y explica el papel que atribuye a los comportamientos psicológicos de los individuos en la vida económica. Algunas personas ven en Keynes a un autor que completa y refuerza las tests económicas de Marx. Ésta es ta opinión de una de sus discipulas Joan ’ Robinson, profesora en la universidad de Cambridge, quien señala que existe una coincidencia de opiniones entre ambos teóricos en torno a ios problemas de! empleo y el interés. Para los economistas comunistas, Keynes es el portavoz del capitalismo de Estado o, para emplear su mismo lenguaje, del "capitalismo monopolista de Estado", que se caracteriza por una intervención creciente del Estado a favor del sector privado.
El pleno empleo es aquella situación en la que la demanda de trabajo es igual a la oferta, al nivel dado de los salarios reales. Suele considerarse de pleno empleo una situación en la que sólo existe desempleo friccional.
En una situación de competencia perfecta el pleno empleo se alcanza espontáneamente: si existiese desocupación los salarios tenderían a bajar, porque habría trabajadores dispuestos a incorporarse al mercado por salarios menores y, en tal circunstancia, las empresas tenderían a usar más intensivamente el factor trabajo, aumentando así la demanda del mismo y generando una situación de pleno empleo. Pero en la práctica, debido a las presiones generadas por los sindicatos, los salarios nominales presentan una tendencia a permanecer estables o a aumentar, nunca a disminuir. Este problema es agravado por la política de casi todos los gobiernos de fijar salarios mínimos. El resultado es que existe entonces una cierta tasa de desempleo que la economía pareciera incapaz de eliminar.
La búsqueda de pleno empleo ha sido un objetivo central de las políticas macroeconómicas keynesianas, que consideran que el Estado debe intervenir activamente para procurarlo ante las supuestas fallas del mercado, especialmente ante la falta de inversión. Pero ello se ha logrado a costa de aumentar la inflación, ya que ésta provee un medio de hacer descender los salarios reales sin que los nominales desciendan. En tales circunstancias las políticas keynesianas han tenido un relativo éxito en eliminar el desempleo, pero a costa de crear procesos inflacionarios de carácter permanente.
Supongamos una economía que esté operando en régimen de pleno empleo, utilizando al máximo la totalidad de sus recursos disponibles: la población apta para el ejercicio de actividades productivas está plenamente empleada, los equipos están siendo utilizados de acuerdo con su máxima capacidad, las unidades de producción están siendo accionadas tampoco presenta desperdicio en relación a la potencialidad global de la economía. Sin duda, no será fácil encontrar, por lo menos en la realizad económica en que hoy vivimos, un sistemas que esté operando según las condiciones supuestas. No obstante, si algo así ocurriera, ¿Cuáles serían las verdaderas repercusiones de una nueva inversión?
Simplemente, en una situación como ésta el proceso multiplicativo desencadenaría únicamente una elevación del nivel general de los precios, sin aumento real alguno de la producción y del ingreso nacional. El efecto multiplicador provocaría una ruptura entre la producción real y el ingreso monetario, presentándose un “bache” inflacionario entre el punto equivalente al pleno empleo de los factores y el correspondiente a la demanda global potencial. En otras palabras, el aumento de la capacidad adquisitiva de la sociedad, medida en términos de los ingresos monetarios generados por la nueva inversión, no tendría el correspondiente crecimiento de la oferta global real para atender el probable incremento de de la demanda agregada: sobrevendría un verdadero “bache”, provocando un alza generalizada de los precios, sin multiplicación efectiva de la producción agregada. El mismo fenómeno ocurriría (en menor intensidad) si el sistema no estuviera produciendo en régimen de máxima eficiencia, pero presentaría cuellos de botella en el suministro de los nuevos factores. Como advierte BARRE “si la oferta de los factores fuera inelástica o si existieran en ciertos sectores cuellos de botella que paralizaran el aumento de la producción, habría un aumento del ingreso monetario global sin el correspondiente incremento del producto global; en este caso, el multiplicador sólo multiplica los precios.
Esto quiere decir que la inversión de la inyección de recursos monetarios, potencializada por el efecto multiplicador de la inversión, no puede desempeñar por sí sola, en economía alguna, la tarea fundamental del crecimiento, pues ésta depende esencialmente del aumento real de la capacidad de producción de la sociedad. Para que el crecimiento se realice, el incremento del ahorro y de la inversión debe combinarse con el aumento y el mejoramiento de los recursos humanos del sistema, con el suministro adecuado de los factores físicos y con el aumento cuantitativo y cualitativo de la disponibilidad de los demás factores básicos de producción. A través de la combinación de esos elementos se efectúan los efectos multiplicadores reales de las inversiones, promoviéndose al efectivo desarrollo de la economía.