La poesía desdeñada por la ciencia y por la prosa.
En el prospecto del nuevo periódico Ateneo, publicado bajo la inspección de los presidentes de las secciones de ciencias morales y políticas, de ciencias físicas y naturales y ciencias históricas, se dice «que se insertará toda producción referente á cualquier rama de la ciencia, sin desairar la poesía.»
Francamente, empezar á publicar un periódico científico literario, lanzando este desprecio contra la más divina de las bellas letras, me parece de un gusto muy discutible, y propio solamente de prosadores empedernidos que solo por la bibliografía han podido llegar á saber que ha existido Horacio.
En el prospecto de El Ateneo, donde se promete admitir la poesía de limosna, están en prosa por derecho propio todas esas ciencias que hemos mencionado, y que son ciencias en el nombre, porque así las ha bautizado en alguna Real orden cualquier ministro que creyó que podría decretar la victoria como Felipe II cuando escribía: Marqués, tomada Breda. »
Llamar ciencia á cualquier tanteo científico, prueba que la prosa es un gran medio para hablar sin saber lo que se dice.
¿ Quién les ha dicho á los señores que se dignan no desdeñar la poesía, que hay más ciencias que la metafísica? ¿Dónde están los principios absolutos que hace tina ciencia de la política ni de la historia? Debe ser una cosa muy científica ver á los historiadores examinar si el Cid ha sido un personaje real ó es solamente un mito.
Parece que estoy viendo á cualquier presidente de la más pretenciosa de las secciones con el cesto de los papeles de las ciencias morales á un lado y los recortes de las políticas al otro, preguntando 4 los oyentes: ¿ cuál es la mejor ó la peor de las ciencias morales conocidas, y cuál es la peor ó la mejor de las infinitas ciencias
políticas que existen? » Y los que, como yo, son aficionados á las llamadas ciencias naturales, ¿ cómo no sienten la nostalgia de lo absoluto, al ver que se les pasa él sabiendo que el mejor descubridor de los conocimientos físicos es el Dios casualidad?
Y mi antipatía á todos los empirismos no se limita solo á la ciencia, si no que se extiende á todo el campo de las bellas artes.
Mi celebérrimo compañero, el señor Nuñez de Arce, opina que yo tengo miras muy estrechas sobre el arte, y que él tiene el espíritu más amplio que el mío, porque el suyo está abierto á todos los horizontes de la vida. No quiero desmentir á mi aplaudidísimo amigo, pero yo de buena gana tapiaría todos esos horizontes, en los cuales solo se mueven corpúsculos microscópicos para poder mirar, aun que no fuese más que por una rendija, el horizonte de lo infinito.
Antes, solo en nombre de la prosa se trataba de desprestigiar á la poesía; pero hoy, por medio de incisos compasivos, se han coligado, para excomulgar la forma poética, la prosa y unas llamadas ciencias que no tienen más títulos para serlo que las mentiras de la Gaceta Oficial, que pretende elevar á categoría ideológica á
cuatro conocimientos sobre cuatro lugares comunes sin importancia ninguna.
¡Sin desdeñar la poesía! ¿Es que el gran comité consultivo de El Ateneo se propone ser eco de la famosa discusión de que la forma poética está llamada a desaparecer? Este tema, arrojado á la discusión por un hombre de talento y amigo, sin duda, de las investigaciones temerarias, ha sido después repetido, y hasta
aplicado bajo el velo del anónimo contra mi insignificante persona, por las cornejas de la prosa que nos han puesto inconscientemente á la defensiva á los amantes del reinado de las musas, como antiguamente despertaban con sus graznidos á los defensores de Roma los gansos del Capitolio.
¿Se pretende que la prosa poética, es decir, la prosa dominguera, que cuanto más se peina más ridícula parece, venga á sustituir á la poesía en verso que ha sido, es y será siempre el traje natural de las majestades del cielo y de la tierra?
Eso de querer expresar todos el idealismo en prosa, me recuerda á un cuento que oí siendo niño, y en el cual había una princesa que guardaba sus diamantes en una cazuela.
¿De qué se trata? ¿De saber si lo que el vulgo llama la vil prosa se puede des envilecer? Pues no se conseguirá.
La prosa es humilde, y tiene la infirmeza de la vejez desde el momento en que nace. Si los poetas no esculturasen las oraciones con el ritmo, eternizando la significación de las palabras, los idiomas se desharían de la noche á la mañana como la sal en el agua.
En la gramática les enseñan á los niños embobados las muchas maneras, y casi ninguna buena, conque una oración se puede construir en prosa.
Ejemplo con variantes de frase:
1ª La aflicción es el sustento del corazón perverso.
2ª Es el sustento del corazón perverso la aflicción.
3ª El sustento del corazón perverso es la aflicción.
4ª Del corazón perverso es la aflicción el sustento.
Variantes con vigor de afectos:
5ª ¿El sustento del corazón perverso es la aflicción?
6ª ¡Qué es la aflicción el sustento del corazón perverso!
Y por último, un aprendiz de poeta construyó el siguiente pareado:
Del perverso corazón
El sustento es la aflicción.
¿Qué construcción es la mejor?
Es decir, ¿cuál es la peor? Convengamos en que la menos mala es la aleluya.
Al ver esta libertad de construcción, que degenera en licencia, no me extraña que, según dice Séneca, la naturaleza poética de Virgilio no acertase á escribir en prosa.
El ritmo es un estuche para conservar las ideas mucho más permanente que en la cazuela, aunque fuese de barro de Al corcón, en que la princesa del cuento guardaba sus diamantes.
La pretensión de querer sustituir la forma poética con la prosa científica, consiste en el error de suponer que los conocimientos empíricos son una ciencia, y la prosa un arte. La prosa no es arte, como no son ni el gorjeo ni el balido. ¿Qué mérito artístico puede haber en coger un sustantivo al acaso, echar sobre él un epíteto
vulgar, dando algún movimiento á esta oración inicial con un verbo cualquiera? ¿Qué diferencia hay entre esta articulación informe, y la jerigonza gutural de algún animal casero? ¿Se puede llamar arte al aprender á usar trescientas palabras, vocabulario cl más extenso de muchos seres racionales, cuando aprenden treinta, por lo
menos, los tordos, las urracas y los loros? Es verdad que hay prosas buenas y con estilo propio, como son las de Melo Solís y Cervantes; pero el estilo no consiste en la prosa, sino en las ideas; no lo forma el continente, sino el contenido. El verso es arte hasta cuando es malo; pero la prosa no lo es, aunque la honre, adornándola con sus antítesis, sus equívocos y sus sonsonetes, el gran genio de Quevedo.
Yo jamás he desdeñado la prosa, como otros la poesía, y nunca he creído que había necesidad de hablar de ella con relativo menosprecio, hasta que he visto que se pretendía declararla en vida heredera universal del verso.
Y por cierto que él haber hecho una indicación sobre este particular, me ha valido de parte de mi amigo el Sr. Clarín la siguiente carrera de baquetas:
Al llegar aquí recuerdo, y abro un paréntesis, que en no sé que álbum 6 revista he leído un pensamiento del gran Campoamor, una humorada, si no me es infiel la memoria, en que mi ilustre amigo y casi paisano, insulta á la prosa terriblemente; pero hay que advertir que Campoamor; excelente prosista en prosa y en verso, es muy amigo de la paradoja, que para los atletas del pensamiento es una gimnasia; él que hoy jugando levanta una paradoja á pulso, mañana rompe las cadenas de una preocupación de esas que andan disfrazadas de principios inconcusos.
«Pues bien; á Campoamor no hay que hacerle caso cuando habla mal de la prosa, como no se le hizo cuando insultó á Aristóteles y puso como chupa de dómine á los hechos, así como suena; es decir, todo lo que sucedió, sucede y puede suceder».
Me confieso criminal, y yo soy efectivamente el que cansado de ver que en nombre de la nivelación literaria del porvenir, se trataba de suprimir la dignidad del verso haciendo á Homero andar en cuatro pies, escribió la siguiente humorada:
Lengua de Dios, la poesía es cosa
Que oye siempre cual música enojosa
Mucho hombre superior en lo mediano,
Y en cambio escucha con placer la prosa,
Que es la jerga animal del ser humano.
Sí, mi querido Clarín; puesto que hay quien asegura que la prosa debe ser la única expresión del pensamiento, permítasenos á nosotros decir que eso solo podrá suceder cuando, por el abuso de la prosa, á fuerza de machacar en el Órgano auditivo, no les vayan quedando á las personas más que las orejas.
¿Que también hay poesía en la prosa? Seguramente. Si en la prosa no estuviese contenida alguna cantidad de poesía las gentes al hablar no hablarían, harían otra cosa. La poesía puede estar en la prosa como están las pepitas de oro entre las arenas del Tajo. Solo á aquéllas el arte las cierne, las funde y las convierte en alhajas,
en las cuales se engarzan las piedras preciosas. Entre la prosa y el verso hay la diferencia que existe entre los polvos dorados de una salvadera y las coronas Reales.
La significación de las palabras y los giros de la prosa varían tanto como los vulgos que chapurrean las lenguas. ¿Qué prosa hay que tenga la fijeza del verso? El hipérbaton, 6 sea la forma prosaica del Quijote, morirá,
si es que no ha muerto ya.
Pero vivirá siempre la forma rítmica
con que Cervantes pinta la arrogancia
de un valentón:
Caló el chapeo, requirió la espada,
Miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.
Nadie ha escrito con más elocuencia que Buffón sobre Historia Natural, y todas sus obras juntas tienen menos mérito, y no vivirán tanto como la fábula de los Animales con peste.
Hace tiempo que aquí y en el extranjero, muchos positivistas de todas las clases sociales se han puesto de acuerdo para declarar que la poesía ha pasado, y que los únicos que deben quedar son sus prosas inarmónicas y sus ideas.
A mí, esta indiferencia sobre la facultad humana que más nos acerca al Dios creador que sacó el mundo de la nada, me importa poco personalmente, porque yo solo me precio de ser agricultor, y nunca he presumido de poeta. Pero aunque yo soy, y parezco un burgués, como me dice un critico anónimo con tan poca finura cómo
ingenio, me precio de ser admirador de la poesía, y tengo una verdadera satisfacción en defenderla de las burlas sangrientas con que la denigran a muchas eminencias político científicas que ~e calientan los sesos, ya cultivando ciencias en las cuales no se encuentra nada de científico, al inventar reglas arbitrarias para plantear
problemas económicos que todos ellos se pueden sintetizar en saber recoger del suelo con oportunidad el alfiler de Laffite; ya queriendo elevar á principios ciertos asuntos de despensa, tales como el de averiguar si los servicios públicos, por centralización ó descentralización, será más conveniente hacerlos con la mano derecha
ó con la mano izquierda. Estos empíricos, no encontrando ingenio más que en las conferencias de los marmitones de la cocina del Estado, no solo desprecian la poesía, sino que, siempre que pueden, despojan de toda consideración á los poetas, como si fuesen unos seres caídos de la luna.
¡Aberraciones de la imperfecta naturaleza! Hay grandes estadistas que aun no han llegado á conocer que todos los oficios humanos se componen de una cuarta parte que imagina el hombre moral, esto es, el alma; y de tres cuartas partes que ejecuta el hombre físico, es decir, el cuerpo. Por regla general, el juicio público contemporáneo, con tal que se desempeñen bien las tres cuartas partes del hombre material, absuelve completamente del cumplimiento de la cuarta parte que debía imaginar el hombre moral.
Solo andando el tiempo es cuando á la cuarta parte del hombre se le entierra en sagrado, y á las otras tres cuartas partes se las arroja á los muladares.
¿Que he hablado mal de Aristóteles?
Es cierto, y me ratifico en ello. Su doctrina de que lo ideal se deduce de lo real, es una escuela que, si fuese bien entendida y practicada, echaría más gentes á presidio que hombres ha matado Brousais con su teoría de las irritaciones.
¿Que he puesto como chupa de dómine á los hechos? También es cierto. Los hechos no son más que los flecos de la tela de las ideas, y cualquier operario japonés hace con ellos dibujos más originales y extraños que los que fabrican con los hechos los filósofos de la historia.
Con todo lo que sucedió y puede suceder no se puede hacer ni una regla universal. Solo pueden creer lo contrario los perdigones de las universidades que, saliendo anémicos de ellas por no haber sido amamantados con el biberón de la filosofía, creen por debilidad cerebral en la existencia de no sé cuántos millones de
ciencias físico naturales, económicas, administrativas, históricas, morales y políticas. ¡Cuánta falsa sabiduría!
¿Cómo podría yo hacer comprender á estos inventadores de ciencias que el pensamiento no puede reconocer más ciencia que aquella que se propone estudiar las leyes del pensamiento mismo?
A un célebre ingeniero que había construido muchos puentes y calzadas, le sorprendió, pocos días antes de morir, la noticia que le di que al edificar sus obras no hacía más que daguerreótipo sobre el terreno la imagen de su propia inteligencia; que la realización de las ideas es un procedimiento tan sencillo como el juego de las
siluetas de los niños, que poniéndose uno contra la luz, haciendo sombra, otro va dibujando los contornos de la figura que se proyecta en la pared; que las matemáticas hacen que la materia responda á las leyes del pero que son una ciencia metafísica que nada tiene que ver con la realidad.
Desengáñese el señor Clarín; aunque él no me haga caso, porque desprecia los hechos, tendrá que rendirse á la evidencia de este axioma de la filosofía:
« Los particulares no hacen ciencia».
Y le ruego, por Dios, que respete en mí, como en el poeta Koerner, el gran miedo que tengo de morir en prosa.
Dejemos á los grandes poetas el carácter de seres inmortales, y no nos dejemos arrastrar, como Platón, por el enojo que nos causa la impotencia de no poder igualarlos. Yo creo que algunos prosadores se juzgan unos Platones, porque ellos, también por envidia, como el gran filósofo, quieren desterrar i los poetas de la
república.
¿Será otra paradoja mía, si acabo por decir que Tácito comparado con Dante es un hablista de bodegón?
¡Dios mío! ¿Será posible que, como ya ha empezado á suceder, venga un tiempo en que se llame escritores á toda clase de emborronadores de papel?
¿Podrá acontecer que se desamortice el Olimpo, como si fuese una hacienda de frailes exclaustrados, y se venda en pública subasta, para que un industrial cualquiera lo compre y lo convierta en un lugar de mala fama, estableciendo en él ventorrillos donde se venda de lo tinto, se hable en blasfemo y se galantee á las mujeres
con madrigales en prosa?.
Pero no; antes que lleguen esos caballeros andante de las letras, que quieren dejar atrás el caballo Pegaso, montados en el burro de Sancho, Dios, bondadoso, hará que dejemos de ver la luz, para no encontrarnos vestidos de palurdos; para librarnos del asco que nos produciría esa simplificación de reducir toda nuestra
alimentación intelectual á la prosa, 6 sea al potaje negro de Esparta; y, en fin, para librarnos de esa promiscuidad en la cual nos revolcaríamos todos en el cieno común de lo que llama la humorada la jerga universal.
Pero ahora caigo en que, valiéndome del fácil medio oral de los sacamuelas, me he extendido demasiado, y pido perdón por mi prolijidad, y acaso por mi falta de reverenda á los señores que, tratando con tanto desdén á la poesía, cultivan con una fe digna de mejor suerte lo que ellos llaman las ciencias históricas, morales y
políticas, que jamás han existido ni pueden existir más que como puntos secundarios de discusión, emanados de los principios de la filosofía. En último resultado, aunque los desdeñados nos excediésemos algo en la defensa de la señora de nuestros pensamientos, siempre les queda á los desdeñosos él derecho de hacer 'con
nosotros lo que les aconseja el ilustre crítico señor Clarín: No hacernos caso
RAMÓN DE CAMPOAMOR. 1886
________________________________________________________________________________________
Poeta español. Trasladado a Madrid en plena juventud, dejó, apenas comenzados, los estudios de matemáticas y medicina. De 1840 es su primer volumen de poesías, Ternezas y flores, con algún regusto romántico. Simultaneando su actividad literaria con la política, bajo el reinado de Isabel II tuvo algunos cargos en la administración, entre ellos los de gobernador de Valencia y consejero de Estado, siempre dentro de una línea de moderado conservadurismo. Después de su segunda entrega poética, Ayes del alma (1842), publicó las Fábulas morales y políticas (1845),en las que se manifiestan sus preocupaciones filosóficas y moralizantes que él pretende llevar a la poesía; pero es en las Doloras (1846) donde más se afirma su decisión de lograr, a través de una poesía ligera y epigramática, un efecto ético en el lector. Los Pequeños poemas (1872-74) y las Humoradas (1886) vienen a completar este esquema poético que él mismo definiera: ¿Qué es humorada? Un rasgo intencionado. ¿Y dolora? Una humorada convertida en drama. ¿Y pequeño poema? Una dolora amplificada. La poesía de Campoamor había tenido para los críticos de comienzos del s. xx una desmerecida opinión al no insertarse en los cánones del romanticismo ni haber supuesto una ruptura revolucionaria con el mismo. Los modernos estudiosos de su obra descubren, sin embargo, el valor que tiene el haber conformado su expresión poética al gusto popular, el haber hallado fórmulas, bien que triviales muchas veces, de acercamiento a ciertas realidades cotidianas, y el haber despojado a la poesía de la solemnidad retórica que en su tiempo cultivaron otros versificadores. (1817 Navia-1901Madrid).