Oscuridad...no veo otra cosa, solo oscuridad.
De vez en cuando algún gemido, un quejido apagado, gutural, un llanto....
No hay de donde asirme, no hay paredes...
Vacío.
De vez en cuando algún gemido, un quejido apagado, gutural, un llanto....
No hay de donde asirme, no hay paredes...
Vacío.
[size=12]Comienzo a caminar a tientas bajo este negro manto que ahora cubre mis ojos, el piso es totalmente liso, sin imperfecciones, sin textura, como si caminara sobre una especie de sombra.
El ambiente se siente fresco y húmedo, no tengo frío, pero la humedad corroe mis huesos.
Solo ese quejido venido de quien sabe donde me da la pauta de que allí en efecto hay algo.
De pronto me tropiezo, casi caigo pero logre mantener el equilibrio.
Me agacho buscando con las manos el obstáculo que se hallaba ahora detrás de mí...
Ahhh!!!....una especie de espeso flujo impregna mis dedos...alguna especie de baba oscura, que se adhiere y comienza a secarse, y al hacerlo comprime mis falanges hasta dejar mis manos como una inútil bola de carne y huesos.
NO PUEDO ABRIRLAS!!!!...NO..NO PUEDO!!!!
Se movió. Esa masa mocosa se movió, la siento reptar frente a mí.
Siento como roza mis extremidades inferiores con una especie de cola...
No puedo moverme. Soy un ente, el miedo me mantiene tieso...mi sangre se ha vuelto hielo...
La oigo y no la veo, maldita desesperación, nunca sentí tanto miedo.
Me incorporo lentamente, y al mismo tiempo vuelve a quejarse la oscuridad con esa especie de gemido...
Mis manos quedaron inservibles, por suerte aun puedo caminar, a pesar de que mis piernas no paran de temblar.
Me deslizo suavemente por el camino, sigo recto, o eso creo, ya que no puedo ver.
De repente siento un suspiro...un jadeo detrás mío, y una especie de aliento sin olor, húmedo y tibio, no me puedo dar vuelta, no ahora que se que esa cosa me persigue.
Comienzo a correr tan rápido como me lo permiten mis temblequeantes piernas.
Tengo la sensación de no avanzar, como si estuviera corriendo en el aire...
El jadeo sigue transpirándome la nuca, me desespero, corro más rápido..mas!!!..me caigo, MALDICION!!!!...ME CAI!!!
Mis rodillas rebotan en el suelo, tronando al unísono, mis manos no me sirvieron de apoyo, si mi cabeza.
Una punción aguda y uniforme me comprime el cerebro...no puedo pensar...no me puedo tomar la cabeza...
Mis manos parecen un nudo de carne y huesos, una especie de muñón que de la desesperación, me lastima la cabeza, al no poder tomarla. Siento la sangre cayendo tibiamente por mi rostro, no puedo más que llorar y gritar...
Volvió a reptar, se acerca rápido, viene directo hacia mí...NOOOOOO!!!!!!
- DESPIERTA.
- Terminamos por hoy.
La sesión concluyo mas rápido de lo que creí. Será que el doctor sabe que no tengo cura???
- Vamos Rubén, Póngase el chaleco, no quiero tener que pincharlo de nuevo...esta bien??- agregó el asistente.
- NOOO!!!...NOOO!!!...NO DE NUEVO!!!!
- Será mejor que coopere amigo...
- NOO!!!...HIJO DE PUTAAA!!!!!!
- No quiero usar la fuerza, no me obligue!!!!
- ME VA A MATAR!!!..NO LO ENTIENDEN...ESTA TRAS DE MI...ME VA
A MATAR!!!
No me comprenden, nunca nadie lo hizo...no puede ser tan difícil de entender...la oscuridad te mata..es maligna...quiere cubrirlo todo...
No tiene caso que siga.
Se que cuando vuelva a dormir, me tomara otra vez entre sus garras, para alimentarse de mi miedo...porque de eso se nutre, de miedo.
Acto primero
Sala de médicos:(hace ocho años)
- como se habrá lastimado así con la camisa puesta, es imposible.
- No tengo respuesta para eso.
- Habría que llamar a su madre, no es bueno para él seguir aquí en este estado. Usted que opina Dr. Brown???
El Dr. Brown, es una eminencia en su área. Es el jefe del departamento de psiquiatría del hospital Borda.
Comencé con él a los ocho años, cuando empezaron las pesadillas.
Por esa época, década de los ochenta, cada noche durante mas o menos cinco años, me fue imposible conciliar el sueño, siempre la misma pesadilla, el mismo sueño oscuro colmaba mis noches de gritos y desesperación.
Me hallaba a veces sangrando, con tajos hechos como por gilletes a lo largo de mi espalda y raspones en piernas y manos, los cuales perduraban aun fuera de mi sueño.
Esas criaturas como perros, hechas de hueso negro y pelo grueso como de lija, que me seguían y se entretenían lastimándome y oyéndome gritar, mientras duraba mí sueño.
A veces me despertaba mojado, y mi madre lo atribuía a las peleas que tenía ella con papá.
mantuve tratamiento con el Dr. Brown hasta entrados ya los trece años, cuando, con el traspaso al colegio secundario según él, mi psiquis dejó de darle prioridad a esos sueños, lo que me permitió concentrarme en el estudio y culminar los mismos con un nada despreciable ocho cincuenta de promedio.
Mantuve una adolescencia normal, hice amigos, hasta conseguí novia!!!
Hoy en día trabajo en una rama de sistemas de un reconocido banco argentino, soy técnico en hardware y me desempeño reparando las computadoras de los usuarios.
Hace más o menos una semana, comenzaron a suceder hechos verdaderamente extraños en mi casa y casualidad o no todos ellos ocurridos pasadas las veinticuatro horas.
La primera noche, el lunes, tuve la sensación de que me estaban observando, sentía unos ojos en la nuca que me perforaban constantemente.
La segunda, lo mismo, pero de vez en cuando la sensación era acompañada por una punción extremadamente aguda en el centro de la parte izquierda de mi sien.
No lo resolví con aspirinas…
Al tercer día la misma punción se volvió constante lo cual me impidió dormir durante toda la noche.
El cuarto día amanecí en el suelo del baño, no recordaba haberme quedado dormido, ni sabia por cuanto tiempo lo había hecho. Me levante con un fuerte dolor de cabeza.
Ni bien termine de incorporarme y teniendo ahora mi imagen frente al espejo, pude observar como de mi cabeza nacía una especie de chichón.
Al tocarlo sentía un dolor inmenso, y la sensación de algo parecido a un quiste, debajo de la piel.
Sin pensarlo más, llamé al trabajo y avise que no iba a ir porque no me sentía bien. Me fui al hospital.
Salí de mi casa, vivo en congreso, más específicamente: Alsina y Entre Ríos.
Crucé la plazoleta en dirección a Rivadavia, hasta llegar a la parada del siete.
A los pocos minutos arribo el colectivo, coloque el cambio exacto y me senté en el segundo asiento de la fila de uno.
Pasaron quince minutos, y luego de que el mismo cruzara la Av. Belgrano yendo por Urquiza, me baje.
Camine media cuadra hasta que tuve frente a mí la entrada del hospital Ramos Mejía.
Me conduje a través del salón principal hasta la ventanilla de informes, y saque turno para el clínico, el Dr. Martínez.
Por suerte, había solamente una persona antes de mi. Pasados veinte minutos, mi turno.
- Buenas…
- cuénteme - me dijo el medico.
- Bueno, hace unos días, mas específicamente el martes, vengo sintiendo una especie de pinchazo en la parte izquierda de la cabeza, lo cual a parte de ponerme de un terrible mal humor, no me permite dormir.
Lo extraño es que comienza cada noche pasadas las doce, y concluye durante el transcurso de la misma.
- Mmm…permítame.
Suavemente inclino mi cabeza hacia la derecha y bajando sus lentes hasta dejarlos colgando el la punta de su nariz, frunciendo el ceño y suspirando inquirió:
- ¿no ha sufrido usted ninguna caída o golpe en estos últimos días?
- No - respondí.
- Mmm…parece ser que se le ha formado un hematoma en la sien. ¿Le duele aquí?
- AYYY!!!...- dije mientras el se dedicaba a presionar el bulto como si se tratara de un grano.
- Mmm…¿que siente, si lo presiono así?- presiono la punta hacia adentro.
- Pincha...siento como si tuviera una aguja o algo así…
- Vaya a la sala de rayos y hágase una placa, aquí tiene la orden…luego vuelva y veremos que hallamos.
A la hora regresé.
- Sírvase doctor.
- Veamos…
- Aja!!!- se acomodó los lentes en la nariz..
- Tal como lo suponía. Usted tiene algo ahí dentro, voy a tener que examinarlo más de cerca.
- No me asuste doctor…no será cáncer no???
- ¿Como puedo saberlo?, no se preocupe por eso aún. ¿Está seguro de que no se cayó o algo por el estilo?
- Segurísimo doctor.
- Recuéstese en la camilla por favor.- así lo hice.
- Quítese la remera.
- Necesito que se sujete el pelo, por favor. – saque una gomita del bolsillo del pantalón y lo ate.
Tapó la camilla con un biombo verde y desde atrás culminó:
- Bueno…ahora voy a anestesiar la zona.
Voy a hacerle una pequeña incisión allí y tratare de extraer lo que haya dentro. Relájese tardare unos minutos nomás…
- OK.
Me humedeció con un algodón con una especie de líquido antiséptico bordo, y me inyecto la anestesia entre el oído izquierdo y el maxilar.
En el instante en que hundió el bisturí en mi sien, su rostro cambio…sus manos comenzaron a temblar y lentamente se fue alejando de mi con una cara de espanto que me puso aun mas nervioso…
- Que es esto….
- ¿Qué pasa doctor?
- No…no lo entiendo…ese liquido negro…no para de salir…
Podía sentirlo deslizarse por mi cabeza, cuello y espalda, la sabana que cubría la camilla comenzó a teñirse de negro…
- ¿¿Que pasa doctor??...¡¿que es esto?!
Este liquido…lo recuerdo…en mis sueños, de niño…pero que…
De repente comencé a sentir una punción extremadamente aguda, caí al piso, no podía más que sostener y presionar mi cabeza.
- Me duele!!!…doctor, haga algo!!!
- Enfermera!!! – gritó.
- ¿Si doctor?
- Llame a emergencias, ¡¡ya!!
- Muy bien doctor.
No podía hacer nada, el dolor me colmaba integro, esa especie de quiste no paraba de supurarme, y el liquido que emanaba comenzaba a secarse, dándome la sensación de que estaba sumergido en un tanque de brea tibia.
Llegó la ayuda.
- Muévase por favor!!! – le dijo una voz al doctor.
- Necesito espacio.
- Aplíquele el Valium!!! – fue la orden para el asistente.
- Tranquilo viejo!! ¿Cómo te llamas?
No podía responder del dolor. Me limité a gritar y retorcerme, sin apartar mis manos de la cabeza.
Comenzó a hacer efecto el calmante.
Bajó el dolor. Me pude sentar.
Coloqué mis brazos al costado de mi cuerpo. Me ayudaron a incorporarme, pero la anestesia hizo buen efecto y no podía mantenerme en pie.
- Cálmese amigo.
- ¿Que le ocurrió?
- ¡¡¡este líquido, esta por todos lados!!!...¡¡¡mi cabeza!!!
- ¿Qué liquido?, tranquilícese…
Así lo hice, cerré los ojos por unos minutos, mientras oía susurrar a los médicos entre ellos.
Cuando los abrí, atine a mirarme las manos, aquella especie de brea que me había cubierto por completo, ya no existía.
Sin dejar de mirarme, me senté.
Alcance a tomarme del borde de la camilla antes de lograr incorporarme.
Camine hasta el espejo que había en la pared de atrás para mirarme. Nada.
Ni un solo rastro de aquel liquido. El quiste seguía ahí, al parecer el doctor no había llegado a tocarlo.
- ¿Como se siente Cornejo?
- No..no lo entiendo…¿y el liquido?
- ¿Cuál liquido?
- La brea…el líquido negro que…
- No hay ningún líquido. Creo que su imaginación le ha jugado una mala pasada. Voy a tener que derivarlo. – acoto el clínico.
- ¿Ha recibido tratamiento psicológico alguna vez?
- Si…pero que tiene que ver…- me interrumpió.
- Por lo del bulto no se preocupe, es solo un hematoma…la placa me engaño, puede ser que usted se halla movido un poco durante el proceso. Volví a examinarla mientras usted se acomodaba en la camilla.
- Pero doctor, no entiendo, usted me abrió, yo lo sentí, vi su rostro de horror mientras se alejaba, sentí ese liquido resbalar por mi cabeza hasta comenzar a cubrir la camilla…mi ropa…el suelo…
- Ya le dije, me temo que lo ha soñado, ¿ha sido victima de alguna emoción fuerte últimamente?
- No, lo mismo de siempre, el mismo trabajo…lo único que..con lo de las pesadillas…
- ¿Cómo es eso?
- ¿Recuerda que le comentaba sobre las punciones nocturnas?, bueno, la noche también viene acompañada de pesadillas. Siento que me están mirando, veo sombras que pasan fugaces delante de mí y se ocultan en la penumbra.
- Necesito los datos de la persona que lo atendía, su antiguo psicólogo, creo que le vendría bien una visita.
- Era psiquiatra. – acoté.
- Ya veo…¿Estuvo usted medicado durante el tratamiento? – inquirió, mientras anotaba en una especie de cuadernillo.
- Si, no recuerdo el nombre de la droga, pero si.
- Bien. ¿cómo se siente ahora, cree poder irse solo?, sino le digo que lo alcancen en la ambulancia...
- Está bien, gracias doctor.
Le dejé los datos del Dr. Brown, y me fui a casa.
Al llegar observé que la luz del contestador titilaba, eso significaba que alguien me había dejado un mensaje.
Presione el botón y espere...nada.
Bueno, suele suceder, no hay porqué alarmarse, hay gente que se siente incómoda charlando con una máquina ¿no?
De repente alcancé a oír un sonido de fondo...como una especie de sollozo o quejido, que se desvanecía detrás del sonido de interferencia de la línea.
Me aparte con un salto de la máquina, ese sonido...lo recuerdo bien...de niño yo...
Suena el teléfono, abrí los ojos (no recordaba haberlos cerrado), miré el identificador de llamadas, era el Dr. Brown, atendí.
- ¿Camilo? – pregunto la tranquila y melancólica voz del profesional.
- Si, doctor, tanto tiempo.
- Verdad, contáme que ocurrió, me llamó el Dr. Martínez del Ramos Mejía para comentarme el episodio que se dio por la mañana. ¿qué pasó?
- Volvieron doctor, volvieron...las pesadillas.
- Ya veo, todos estos años pensé que habíamos logrado superar eso, pero al parecer la supresión que le dio tu cerebro fue provisoria.
Veníte mañana a la tarde. ¿Podes a las ocho?
- No hay problema, nos vemos mañana, gracias doc.
- Chau nene.
Ese era el típico saludo del doctor “chau nene”, así saludaba a todo el mundo. Era un tipo bastante piola, se llevaba muy bien con los adolescentes, era un tipo muy abierto a todo lo nuevo, compartía los gustos de cada paciente, a los que convidaba a traer la música que escuchaban, los libros que leían... Esto generaba una confianza y un ida y vuelta excelente entre él y la persona tratada. Así fue conmigo, y por eso hoy estoy de acuerdo en que sea él quien me trate.
Son las once y diez. ¿Cuándo me quede dormido?. Apagué la televisión.
Decidí tomar una ducha. Eso era todo lo que necesitaba, salí renovado después del baño...como nuevo. Me preparé la cena, unas milanesas con una ensalada de papas, cebolla y huevo duro. Todo un banquete.
Pasadas las doce puse el despertador del celular (nunca falla) y me acosté.
Acto segundo
Supongo que fue el Valium lo que me permitió una maravillosa noche de descanso.
Amanecí renovado, con menos contracturas que de costumbre, milagro también logrado por aquella maravillosa droga. Desayuné rápido un té con leche, y unas galletas de maíz muy sabrosas, que compre en la dietética de Solís.
Me fui a trabajar.
Llegué a las siete y media, no suelo ser puntual...me recibió Claudia como todas las mañanas, desde que se fuera Sole, cuando ella tomó su lugar.
El día se desarrollo normal, hasta me olvide del episodio del día anterior.
Salí a las cuatro y media, para compensar la llegada tarde. Pasé por lo de mi vieja, tomamos unos mates, no le comente nada de lo ocurrido ayer, no quise preocuparla.
Charlamos un rato, me dijo que me extrañaban en casa, claro pensé soy el único hijo, ahora los dos se deben sentir muy solos, a pesar de que los voy a visitar dos veces por semana.
Me dijo que papá está trabajando bien, el es medico cito genetista, y tiene su propio consultorio a la vuelta, por Entre Ríos, ella se dedicaba a la casa y cortaba un poco con la lectura.
Recién había terminado de leer el Código Da Vinci, y me lo recomendó, pero a mi no me llama mucho la atención ese tipo de lectura...
Quedé muy marcado por esos años de pesadillas y tratamiento, durante los cuales mis gustos cambiaron un poco. Pase de Superman y X-Men a los relatos de Lovecraft, del pop y la música romántica al power metal, todos cambios ocasionados por aquellos tenebrosos episodios.
Al caer en esto pensé: que loco, tanto leer a Lovecraft, y fascinarme con los mundos y las criaturas que él creaba, y de pronto me siento parte de una de sus historias. Era increíble hasta que punto me había mimetizado con su prosa....
- Bueno mamá, me voy, tengo un par de máquinas en casa que tengo que ver...
- ¿Qué vas a cenar hoy?
- No se, me fijo que tengo...y me hago algo.
- Es viernes, hay empanadas, veníte y de paso charlas un poco con tu padre, que no lo ves hace una semana.
- Veo mamá, después te llamo. Beso. – me lo dio y me fui de allí.
-
Ya se habían hecho las siete menos cuarto, me fui a casa, me cambie y salí a tomar el colectivo.
El Dr. Brown, atendía como cuando lo conocí, en su consultorio de Flores, Yerbal y Granaderos.
Llegue diez minutos antes, cosa rara en mi...así que di unas vueltas por la galería de la otra cuadra, donde había un local de cd´s de Nems, la empresa que producía los discos de las bandas que yo escucho como ser Edguy, Stratovarius, Angra, etc.
Estaba recién salido del horno el nuevo disco de Angra: “Temple of shadows”, a solamente treinta y cinco pesos. Si, mis gustos musicales no son muy baratos, por suerte mi amigo Diego me vende las copias a tres pesos, así que me fui con una sonrisa de allí en dirección al consultorio.
Llegue puntualmente a las ocho, en el preciso momento en que el doctor despedía a su paciente anterior.
Me palmeo cálidamente la espalda, sus ojos reflejaban cierta nostalgia.
El lugar seguía igualito a cuando me trataba. Un pequeño hallcito, con dos sillones de un cuerpo forrados en cuerina negra, una puerta que conducía al único baño, una diminuta biblioteca, el viejo paragüero de bronce, un cenicero de pie, y el revistero de madera con los ejemplares de Gente y Caras, proporcionados por la Sra. Brown.
Este se comunicaba con el consultorio por una puerta de madera que se hallaba entre los dos sillones, en el medio exacto del hall.
Dentro del salón, había un comodísimo diván color petróleo, un sillón de cuero reclinable al costado del mismo, un escritorio, sobre la pared izquierda, en la derecha una gran biblioteca, donde descansaban los mas reconocidos ejemplares de la ciencia psíquica, y más allá una puerta, en el fondo del cuarto que comunicaba con una pequeña y básica cocina, comprendida por un anafe de dos mecheros, un televisor color catorce pulgadas, donde solía ver “La ola verde” en la época en que me trataba y una pequeña heladera debajo de la misma.
Con un gesto me convidó al diván, me recosté, el hizo lo mismo en el sillón de al lado, presionó la perilla de su antiguo reloj de ajedrez y comenzamos la sesión.
- Bueno.... contáme.
- Bien, desde el lunes que comencé con una extraña puntada aquí (señale mi sien izquierda) y a partir de ahí el resto de la semana se fue repitiendo el episodio, siendo acompañado a partir del martes, todos los días pasadas las doce de la noche de visiones y sensaciones que me remontan a las vividas en la época en que usted me trataba.
- Comentáme alguno de esos episodios.
- Son algo así como oscuras siluetas fugaces que se escabullen cuando las miro fijo y se van ocultando tras las sombras de la casa, llámese sombras, a las emanadas por cualquier objeto que las produzca, la sombra de la heladera, proyectada por la tenue luz que se cuela por la ventana de la cocina, la que produce el perchero cargado de ropa sobre la pared del comedor, con los restos de luz que le llegan de mi velador....
- Y...esas figuras, ¿como las describiría?
- Son como una especie de perros en cuatro patas, pero sin cuerpo, como si estuvieran hechos de hueso negro, o sea un esqueleto de perro hecho de ónix con mechones de grueso y rasposo pelo negro dispersado aleatoriamente a lo largo de su cuerpo. No lo cubría en su totalidad.
- Aja...- su mano derecha acariciaba su rostro de los lados hacia el centro, convergiendo sus dedos índice y pulgar en la punta de su barbilla.
Comprendo...- completó. Concordamos en que son exactamente las mismas visiones que tenías a los pasados los ocho años ¿no es así?
- Si, las mismas. Solo que esta vez...es un poco mas complejo...
- ¿Como es eso?
- Si, ayer me levante con una especie de hematoma en la sien, aquí ¿lo ve?
- Si, pero si recordás, las veces anteriores amanecías herido también.
- Así es, en efecto doctor, pero esta vez las pesadillas se suceden estando yo despierto, puedo dormir normalmente, mientras me encuentre dentro del haz de luz del velador. Esas bestias, al parecer, le temen a la luz, me acechan desde lejos, me miran fijo con esos ojos como de kriptonita que simulan leds de color verde.
- O sea que ya no tenés pesadillas, ¿sino que ahora son visiones?
- Exacto, pero la cuestión es que no se van de mi casa hasta entrado el día.
Parecen estar al acecho, esperando que se me apague la luz, para lanzarse sobre mi y destrozarme o que se yo...tengo miedo doctor, mucho miedo...
- Hay una sola forma que se me ocurre para tratarte, como en el caso de las fobias, lo que mejor resultado da es enfrentarte con tus miedos.
La idea seria encerrarte, bajo mi supervisión y la de un medico, en un cuarto totalmente aislado, y dejarte a oscuras por unos minutos para evaluar tus reacciones y ver qué es en realidad lo que te pasa.
- Pero...doctor usted no entiende...esas cosas quieren dañarme...
- Te prometo que no va a pasarte nada hijo, yo estaré ahí mismo observándote, y ante la mas mínima señal tuya, enciendo la luz. ¿Te parece?
- No lo se...no es que tenga fobia a la oscuridad, la cuestión es que esas criaturas viven allí, creo que se alimentan de mis miedos, pues cuando era chico, durante el tiempo que duraba el sueño, mientras más me asustaba, las bestias se ponían cada vez más violentas, como si les excitara el terror que emanaba de mis poros...
- ¿Confías en mí?
- Si.
- Bueno, entonces dejálo todo en mis manos. Te llamo por la mañana, es mejor tratarlo lo antes posible antes que comiencen de nuevo los episodios violentos que tenías de chico.
- Hablamos, gracias doctor.
- Chau nene.
Acto tercero
Arribé a casa pasadas las diez, me hice un té de manzanilla, y puse la TV.
No tenía apetito, me había dejado muy preocupado el método con que el Dr. Brown me iba a tratar, el no tenía idea de lo que eran capaces aquellas bestias oscuras, incluso me parece que no me toma muy en serio....
A las once terminé de ver la tele, y tras prender todas las luces de la casa me coloqué una media negra en los ojos a modo de antifaz, y me acosté a dormir.
Me despertó una puntada terrible en la cabeza, me levanté para ir al baño. Con cada paso la punción se hacía más y más aguda, llegué al baño casi de rodillas.
Me paré frente al espejo para tomarme unas aspirinas y al ver mi reflejo en el vidrio, noté esa especie de quiste estaba muy hinchado, demasiado, y parecía latir, como si tuviera vida propia, como si se estuviese gestando algo en su interior...
Me dolía hasta la médula.
- MALDICIÖN!!!...COMO DUELE!!!
No me aguante más, tome una gillette, y entrecerrando los ojos, me hice una pequeña incisión. Esperaba ver brotar el líquido negro que tanto vine viendo esta semana, pero no, no salía nada, así que tome coraje y comencé muy despacio a presionar de los costados como queriendo reventar un barrito.
No se imaginan el dolor que sentí, es inexplicable, presioné y presioné con las uñas incluso mientras mis ojos no paraban de lagrimear, mis manos comenzaron a teñirse de color rojo hasta que comenzó a asomar algo.
Era como una especie de plástico negro o algo parecido tardé mas o menos cinco minutos hasta que pude extirparlo por completo y verlo caer en el lavatorio, encapsulado en un coagulo de sangre.
Terminada la labor, y todo sudado, procedí a limpiarme la herida con alcohol, y la cubrí provisoriamente con una gasa. Me lave la cara y exhalé al fin, pues los últimos sesenta segundos, antes de desprenderse esa cosa sentí un dolor indescriptiblemente agudo, lo cual sumado a la concentración que necesité para sacarlo, me hicieron dejar de respirar por casi todo el minuto...
Mágicamente el dolor cesó, a pesar de que me tocaba una y otra vez, no había rastros del dolor, como si nunca hubiese tenido nada.
Como si el dolor hubiera sido también parte de un sueño...
Abrí la canilla de agua caliente y enjuagué lo que acababa de salir de mi cabeza.
Lo observé bajo una lupa, y tuve la sensación de que aquel fragmento de algo se asemejaba a una uña.
Si, eso es lo que era una uña de algo...acaso...¿sería de alguna de esas bestias?
Puse eso en un frasquito y me acosté a dormir.
No sé porqué, pero sentí un alivio terrible, como si me hubiera sacado un peso enorme de encima.
Me despertó el sol a las diez y media, me levante con el mejor humor de la última semana, desayuné y me disponía a tomar un baño cuando sonó el teléfono.
Era el Dr. Brown que me dijo que nos viéramos a las nueve en el hall central del hospital Borda.
Despilfarré el resto del día en ir a ver a papá, charlamos un rato, almorcé ahí, jugamos un Scrabble y a las ocho me fui de allí masticando un buñuelito de manzana de esos que prepara mamá....mmm....
Llegué al lugar a las nueve y cuarto, por el maldito colectivo que tardó una eternidad, claro como el conductor tiene que terminar su ronda a cierto horario, y había muchas paradas vacías, con lo cual las pasó de largo, cada vez andaba más lento, no sea cosa que llegue temprano no???
Me recibieron el Dr. Brown y un acompañante.
El Dr. Brown, me presentó cortésmente:
- Camilo Cornejo, el Dr. Jiménez.
- Mucho gusto – le dije.
- Es mío- replicó.
- Por aquí por favor – guió el Dr. Brown.
Cruzamos el enorme recibidor, en la soledad del lugar.
De lejos podían oírse los quejidos de los internos, gritos llantos, gente corriendo y saltando...una televisión a todo volumen, un piano....
- Doblando por la escalera hacia el primer piso – agregó
Subimos por una desvencijada escalera de hierro oxidado, hasta lo que parecía ser un complejo de cuartos de aislamiento.
Todos y cada uno de los mismos totalmente acolchados y enrejados por fuera. Los vidrios, seguramente resistentes a todo, eran como los de las películas de detectives, donde vos no ves más que un espejo pero desde afuera te ven como a través de un vidrio traslúcido.
Con una seña el Dr. Brown nos indicó que ingresáramos a una de las salas. La segunda del lado derecho. Era diferente, porque a parte de poder observar el cuarto desde allí, había una fila de sillas con sus respectivas mesas, con cuadernos, lapiceras y copas.
- ¿Cuántos van a ser? – pregunté.
- Solo nosotros, pero esta sala es la principal. Aquí es donde evaluamos a los reclusos. En estos asientos se reúnen médicos de diferentes especialidades, y se da una conclusión sobre el paciente que se ve en ese momento.
- Aja – acoté.
- Bien, ¿ves este monitor aquí arriba?
(Dijo señalando el lado superior derecho de la ventana)
- Si, ¿que hay con el?
- Es un monitor que conecta con una cámara infrarroja, la cual nos permite ver en la oscuridad que esta pasando en el cuarto, de modo que no va a pasar nada que nosotros no estemos viendo en ese momento.
- Me quedo mas tranquilo entonces, esta todo cotejado, me parece bien. Hagámoslo.
Ah!!!, me olvidaba. Recuerda usted doctor el quiste este, dije señalándolo.
- Si, ¿que hay con él?
- Anoche comenzó a molestarme otra vez esa punción aguda que me vino torturando toda la semana.
Me levanté, fui hasta el baño, me abrí la cabeza y extraje esto.(saqué el frasco del bolsillo de la campera)
es como una especie de uña, no quiero que me tome por loco, pero creo que una de esas criaturas la dejo allí en alguno de ataques que sufrí.
- Bueno, bueno, ya lo examinaremos más adelante.
Vamos a lo que nos incumbe ahora.
Inmediatamente me cambié de ropa, me vestí con una casaca celeste, cerrada con velcro, sin botones, me saqué el reloj, la cadena del cuello, el anillo de compromiso, el aro y los lentes y me dieron unas cómodas alpargatas de fliselina que hacían juego. Al instante se hizo presente otra persona, un asistente que venía a traer una máquina para medir el ritmo cardíaco.
- Ponéte esta pulsera, con ella vamos a monitorear el estado de tu corazón el tiempo que dures en el cuarto.
Me la puse en la muñeca derecha, donde suelo llevar la gomita de pelo cuando no la tengo en el bolsillo del Jean. La pulsera estaba revestida totalmente en caucho, también con cierre de velcro.
Había llegado el momento de la verdad. En pocos segundos estaría solo, parado frente a la temible oscuridad, entregado como cordero al lobo. Parado allí a modo de anzuelo. Así me sentía.
Por otro lado estaba seguro ya que el Dr. Brown no me creía nada. Mientras pensaba esto me mostraba el pulgar arriba en señal de “todo bien” al mismo tiempo que yo ingresaba en la habitación.
El asistente cerró la puerta, y pasó el cerrojo, en realidad no veía la necesidad de ello, pero por más gesto que hice frente al espejo del cuarto, no hubo ninguna respuesta.
De repente se apagaron las luces, me mantuve callado y tranquilo. No me moví de mi lugar. Me quedé a la expectativa de algo....silencio.
Durante cinco minutos más o menos solo hubo silencio.
De repente sentí un suspiro detrás de mí, giré rápidamente y puse mis manos frente a mí a modo de barrera. Otra vez el suspiro estaba detrás de mí.
Comencé a ponerme nervioso, de pronto un chillido agudo y desgarrador colmó la tranquilidad de la sala. Luego otro y otro...en eso en cada una de las esquinas comenzaron a aparecer de a poco varios pares de ojos de luz verde, comencé a gritar....LA LUZ!!!...LA LUZ!!!
Del otro lado:
- ¿Como es posible que alguien en perfecto estado psicológico, como este muchacho pueda tener semejante alteración sin causa aparente? – dijo el Dr. Jiménez.
- Esas alucinaciones, las mismas que se le escurrían cuando chico.
Observe la cámara, ahí esta, totalmente solo, no es capaz de asumir su paranoia...
Que lástima, un chico tan capaz...
- Necesita tratamiento urgente, yo propongo que...
De repente se cortó la conexión con la cámara infrarroja, una lluvia sin señal cubría ahora la pantalla.
- ¿Que pasó?- preguntó Jiménez.
- No lo se, ENFERMERO!!!- gritó el Dr. Brown.
- Señor.
- ¡LAS LUCES, ENCIENDA LAS LUCES DE LA HABITACIÓN!
- Al instante doctor.
Al subir el switch el cuarto de al lado se colmó con una lluvia de chispas doradas lo cual permitió ver a los profesionales como algún tipo de criatura los observaba fijamente tras el cristal.
Ambos se miraron atónitos. Se produjo una baja de tensión.
Los internos comenzaron a agitarse, gritos, chillidos, golpes...
El lugar realmente se había vuelto un manicomio.
Enseguida acudió un guardia de seguridad trayendo consigo una linterna.
- ¿Se encuentran todos bien? – preguntó.
- Las luces, las luces urgente, ENFERMERO ABRA LA PUERTA DEL CUARTO!!!
No fue necesario, tras pronunciar estas palabras, el vidrio que se hallaba frente al equipo de profesionales estalló en mil pedazos. Como un acto reflejo el guardia dirigió su linterna hacia allí, para observar como de adentro del cuarto continuo se escapaban unas siniestras figuras, como fugaces sombras que comenzaron a chillar y a saltar por todo el cuarto.
Se encendieron las luces.
El cuarto estaba destruido, el vidrio que comunicaba con el cuarto contiguo estaba completamente destruido. Las paredes del cuarto donde se encontraban los médicos presentaban los paneles de las mismas desgarrados en su totalidad, como si hubiesen sido atacados por cuchillos.
Donde hacía diez minutos había sido encerrado Camilo Cornejo, podía verse solamente la masacre que se había desatado contra el acolchado de las paredes y el piso, y tras la puerta de acero, sin haber llegado a colocar la mano en el cerrojo de la puerta, yacía el asistente, totalmente mutilado y cubierto por una especie de sustancia negra, como brea, que había comenzado a secarse y lo dejaba en un estado de petrificación maldita.
Todos quedaron atónitos en presencia de tan horrible escena.
Acto cuarto
Pasaron ya diez años desde aquel suceso, desde ese entonces me encuentro aquí...
- ¡Brown!, es hora – interrumpe mi escritura una voz.
Era la voz del celador que me despertaba todos los días a las cinco, para mi sesión psiquiátrica.
- ¿Cómo le va Rubén? – preguntó el doctor.
Asentí con un gesto.
- Siéntese, vamos a comenzar.
Me recosté sobre el diván, aún recordaba, cuando yo me sentaba en el lugar que ahora ocupaba el Dr. Andrade.
- vaya cerrando los ojos....su mente se va perdiendo en su interior. Ahora está usted parado en el medio de una habitación vacía. Se encuentra solo, no hay ninguna luz a su alrededor.
Cuénteme, ¿qué ve, Brown?
Tarde unos minutos en poder hablar. Mis manos me temblaban.
Mis cuerdas vocales no respondían, comencé a hablar bajito, tenía miedo de despertarlos....
“- Oscuridad...no veo otra cosa, solo oscuridad.
De vez en cuando algún gemido, un quejido apagado, gutural, un llanto...
No hay nada donde asirme, no hay paredes...
Vacío...”
De vez en cuando algún gemido, un quejido apagado, gutural, un llanto...
No hay nada donde asirme, no hay paredes...
Vacío...”
Fin