Twisted Ink Productions Presents:
En la Presencia de Enemigos
By Chebing
Estaba durmiendo, soñando, imaginando un mundo sin guerras, donde la gente pueda vivir tranquila, un mundo que solo existía en mi mente. Estaba durmiendo cuando él llegó, en cuanto abrió la puerta me desperté pensando que había otra batalla en progreso. Lo miré, era un hombre alto, robusto, con mucha presencia, tenía un aspecto que me hacía temerle aun sin conocerle. Me miró y dijo: “Mi amigo, nuestro tiempo ha llegado, es nuestra oportunidad para dominar todo lo que nuestros ojos puedan ver, juntos podemos poner fin a esta guerra para luego convertirnos en los emperadores de la Tierra. No hagas preguntas, pronto llegará el tiempo para ello. Mi nombre es Destrucción”
Al mismo tiempo que terminaba de pronunciar su monólogo, estiraba la mano en señal de alianza. Yo acepté su proposición y rápidamente estábamos en camino al refugio. Teníamos que movernos rápido, Destrucción había preparado un escuadrón de batalla que nos hiciera de escudo humano mientras llegábamos al bunker, pero las fuerzas religiosas sabían de nuestros planes y estaban mandando ángeles con ordenes de matarnos.
Llegamos a destino, era un almacén abandonado con pocos muebles y mucha suciedad. Mi compañero se concentró, conjuro unas palabras en voz baja y luego estábamos descendiendo hasta el centro mismo del planeta, para formar el ejército más grande alguna vez conocido por el hombre.
Ríos de lava, árboles de fuego y criaturas sin alma eran algunas de las imágenes del cuartel secreto de las fuerzas infernales, lideradas por Destrucción, por él y por mí. Lo primero fue organizar un plan de contra ataque, estábamos perdiendo y debíamos movernos rápido. Yo sabía que los planes de Dios eran atacar a la brevedad, después de su victoria en el Coliseo Romano nuestras tropas se habían reducido a la mitad.
Nuestra primera orden fue ir a la superficie, al campo de batalla, a capturar más cuerpos para nuestros guerreros, cuando estuvieran listos, nuestro ejército tendría ventaja numérica. Tardaron cinco días pero nuestros esclavos consiguieron dos cientos mil nuevos cuerpos, frescos, sanos, de hombres fuertes, listos para la guerra.
La creación de un guerrero de los sombras era complicado y bastante asqueroso. Primero debíamos descuartizar el cuerpo recién muerto, segundo debíamos sacar su alma y con ella alimentar a los espíritus que generaban la energía que proveía a todo el infierno, el tercer paso era buscar los mejores espectros para que ocupen sus nuevos cuerpos y por último, teníamos que insertar a estos últimos en su nuevo hogar.
El sistema consistía en tomar la esencia del espectro y verterla en la boca del cadáver, pronto los resultados serían visibles, desde el corazón y hasta los miembros, abarcando cada centímetro de su piel, un color negro se esparcía, pudriendo todo a su paso, irradiando un aroma que asustaría a la Muerte en persona y por sobre todas las cosas consumiendo los órganos, endureciendo la piel, eliminando todo rastro de humanidad. Sabíamos que el proceso había terminado cuando los ojos se tornaban rojos, rojos como el fuego que había a su alredor.
Una vez que nuestro ejercito estuvo listo, nuestros planes se concentraron en el campo de batalla y en la estrategia a utilizar. Si queríamos terminar la guerra de una vez por todas, el lugar a atacar y destruir era el mismísimo Cielo, por ende, la batalla tomaría lugar en las puertas del mismo. Para ello debíamos utilizar el portal escondido en el Jardín del Edén, donde se hallaban dos de las cinco tropas más poderosas de las fuerzas religiosas. Para triunfar en un solo ataque sorpresa, era de vital importancia contar con más fuerzas de las que teníamos, pero no del mismo tipo, sino que necesitábamos otras criaturas diferentes para conseguir mayor ventaja. Afortunadamente, para nosotros, eso no era problema.
Un millón de orcos se presentaron a nuestros servicios, a cambio de dos millones de mujeres, las cuales nuestros esclavos consiguieron sin problema. Orcos, criaturas idiotas pero poderosas, vendieron su neutralidad cegados por su deseo sexual, pero lo que nunca supieron es que, en realidad, estaban vendiendo su alma.
Oferta similar fue la hecha a los árboles, luego de convencerlos de que los religiosos eran responsables de la destrucción de sus tierras, fue fácil ponerlos de nuestro lado, con la simple promesa de no volver a destruir aquello que ellos amaban tanto.
Los dragones fueron los terceros en aliarse con un ejército de ciento cincuenta mil de los más feroces de su especie. Su precio fue barato, querían que los volcanes hicieran erupción cuando la guerra haya terminado, y que sigan activos durante los próximos mil años. Los dragones eran criaturas oscuras, estaban de nuestro lado desde los principios de la historia misma, antes de que el mal y el bien se llamen así, antes de que la diferencia entre estos dos hermanos se note.
Los siguientes reclutas fueron los ejércitos de los mares y de los aires, encabezados por Poseidón y Thor, quienes deseaban el control absoluto de sus dominios, siendo los únicos responsables por ellos. Fue fácil para nosotros concederlo, sólo necesitábamos el Infierno y la Tierra, que luego sería conocido simplemente como el Imperio.
Las últimas fuerzas que se unieron a nuestra justa causa fueron las de los muertos vivos. Su rey, Nemesis, nos aseguró su lealtad en la guerra a cambio de libertad en el imperio del Infierno. Esta “libertad” consistía en poder alimentarse de cualquier cantidad de almas de cualquier persona que ellos encuentren en su camino. En otras palabras, pedían carta libre para asesinar a cuanta criatura se crucen. Estuvimos de acuerdo de inmediato.
Fue así como, después de quince días, Destrucción y yo habíamos formado el ejército más grande y mortal que haya conocido la historia del hombre, del mundo, del universo y del mismo Dios, cuya cabeza, ahora, era nuestro principal objetivo.
Las instrucciones habían sido dadas, los guerreros, soldados, bestias, criaturas tenían su armadura, escudo y arma de elección. También habían sido designados los comandantes, generales, sargentos y se habían realizado las divisiones entre los distintos pabellones. Era una victoria segura.
Antes de partir, Destrucción se acercó y me dijo: “Debes cuidarte en el campo de batalla, recuerda que a mí solo me puede matar Dios y que solo yo lo puedo matar a él, en cambio a ti te puede matar la más cobarde de las flechas”
Estábamos en camino a los jardines del Edén, Destrucción tuvo que concentrarse mucho para poder realizar la tele transportación de nuestro ejército que contaba con más de 3 millones de reclutas. Cuando llegamos a destino, encontramos soldados y ángeles encargados de la resistencia, pero eran muy pocos, no tenían protección ni nada que pudiera hacernos frente. La victoria fue rápida, mientras nuestros peones luchaban, Destrucción y el resto de los Dioses destruían todo a su paso, el Jardín del Edén quedó en ruinas.
Haciendo uso de los planos robados por el Ángel Gabriel hace miles de años, Destrucción encontró rápidamente el camino a las Puertas del Cielo. Antes de cruzar por el portal, repasamos los planes y descansamos un poco, tomándonos un tiempo para calmar nuestros nervios.
El silbato sonó y las tropas se pusieron en formación, era la señal de avanzar a la victoria, y nadie quería quedarse afuera.
Atravesamos el portal, se sintió extraño, era una sensación de calidez mezclaba con esperanza, seguramente era la influencia de Dios. Cuando llegamos a destino estábamos caminando sobre nubes, sin nada firme bajo nuestros pies. Adelante estaban las puertas que veníamos a conquistar.
Pronto vimos a las fuerzas religiosas, eran más de las que habíamos supuesto, sin embargo, seguían sin ser rival para nosotros. Dios encabezaba su ejército. Destrucción se acercó y dijo en voz alta: “No queremos aniquilarlos, solo su rendición y el dominio total y permanente de la Tierra” Nuestros reclutas festejaron al oír las palabras de su líder.
Dios respondió que no iba a permitir que eso suceda y que si así lo queríamos, que lo tendríamos que conseguir por la fuerza, Destrucción se dio vuelta y dio la señal de que ataquemos al mismo tiempo que conjuraba un hechizo contra los ángeles. Nuestro rival respondió y ataco a los dragones y los grifos, que peleaban contra los soldados alados. Los orcos se limitaban a destruir todo lo que encontraran en su camino, destruyendo el cielo y lanzando soldados enemigos a Dios y sus tropas.
Los muertos vivos hacían una gran diferencia, mordían a los soldados humanos que Dios había reclutado en un intento desesperado de aumentar su ejército y los transformaban en soldados nuestros, además que sus almas alimentaban nuestras fuerzas y obtenían mayor poder destructivo.
Los magos celestiales se reunían detrás de la línea de ángeles y conjuraban maldiciones en Poseidón y su ejército, que se veían disminuidos a medida que pasaban los segundos. Destrucción rápidamente le pidió a los orcos que arrojen soldados enemigos a los magos, la pelea era un caos, soldados cayendo, hechizos conjurados, fuego por todas partes, los árboles que se peleaban con los dragones, los orcos que a veces le pegaban a los grifos, nuestros soldados que hacían lo posible para matar a los Ángeles, pero estaban fuera de su alcance.
Las fuerzas religiosas estaban disciplinadas y bien entrenadas, lo cual hacía muy difícil su derrota, por ello, Destrucción fue a pelear solo contra Dios. Ambos desenfundaron sus armas. Mi socio utilizaba la Espada de los Ángeles, mientras que su oponente usaba el Báculo de la Esperanza. La pelea era estratégica, peleaban tanto con conjuros como cuerpo a cuerpo, en una excelente combinación de ataque defensa.
Yo asumí como comandante general de las fuerzas infernales que ahora parecían encontrar el buen camino. Además, las pocas fuerzas religiosas estaban exhaustas. Los orcos se aliaron con nuestros soldados, arrojándolos contra los ángeles, aprovechando su desconcierto y clavando sus espadas en la espalda de estos últimos. Los árboles dejaban inutilizables a sus tropas, haciendo uso de su fuerza descomunal y su excelente resistencia. Los grifos y los dragones eran las estrellas del ataque, utilizando el fuego y su capacidad para volar destruían magos, ángeles, soldados, arqueros, toda la resistencia que los enemigos pudieran poner.
Antes de darnos cuenta, la victoria era nuestra. Destrucción mientras tanto tenía acorralado a Dios, quien quería rendirse, pero que no lo haría jamás. Mientras tanto, nuestros soldados habían destruido todas las fuerzas religiosas y ahora estaban saqueando, incendiando y dejando en ruinas al Cielo y a todos los habitantes del mismo.
Una vez que sus bolsillos estuvieron llenos, cada uno quiso cobrar su favor y yo me encargué de cumplirlo. En un segundo, el mundo se vio envuelto en un mar de lava y magma, proveniente de cada volcán conocido y por conocer. Además, unas extrañas criaturas, mitad vivas, mitad muertas mordían todo lo que encontraban en su camino, causándole a la victima una mutación que las volvía parte de ellas. Pronto, en los cielos dejaron de existir las aves para dar lugar simplemente a una clase nueva de animal conocida como Grifos, que usualmente eran montados por un jinete. Los árboles cobraron vida, destruyendo a todo aquel que se atreva a acercarse a ellos. Luego, una masa de monstruos de dos metros de alto invadieron las ciudades, secuestrando mujeres y matando hombres. La Tierra era un caos, era un Infierno.
En el Cielo, o en lo que quedaba de él, Destrucción había triunfado y tenía a Dios tirado en el suelo, con la espada en su garganta, cortándolo un poco, disfrutando de la sensación. Dijo con un tono sádico: “Tu reinado de terror ha llegado a su fin, ahora es tiempo para nosotros de llevar las tinieblas a la luz, de eliminar todo recuerdo tuyo de los corazones de los humanos. Yo seré el nuevo Dios. Esto recién ha comenzado” y Dios respondió: “Si me matas, sufrirás las consecuencias”.
Mi socio esperó unos segundos, quiso disfrutar su momento de gloria, apretó más fuerte que nunca la espada, y luego la clavó en el pecho de Dios, la satisfacción era total, lo había hecho, había sido aquel que matara a Dios.
Su alegría duró poco, ya que cuando la última chispa de vida abandono el cuerpo de su enemigo, algo extraño sucedió. Algo que Destrucción no entendió a ciencia exacta en ese momento, pero que luego descubrió. La muerte de su adversario, de uno de los mayores ilustres en la historia del ser humano, el llamado creador de la vida, causó que absolutamente todas las criaturas de su creación mueran con él, dejando sin vida y sin alma a todos los seres que habitaban la Tierra, o lo que quedaba de ella.
Destrucción cayó sobre sus rodillas, estaba débil, ya no habían almas de que alimentarse ni hombres a quien robárselas, ya no había nadie que integre su Imperio, ya no había nada que reinar. Concentrado en su profundo mar de pensamientos no notó mi presencia, me acerqué, desenfundé mi espada y dije: “Mi amigo, tu tiempo ha llegado, es mi oportunidad para dominar todo lo que mis ojos puedan ver, juntos hemos puesto fin a esta guerra para convertirnos en los emperadores de la Tierra, pero ahora, debo matarte. No hagas preguntas, no hay tiempo para ello. Mi nombre es Hades” y corté su cabeza que cayó rodando por las nubes del, una vez, conocido como Cielo.
Volví a la Tierra, al fin se había terminado la guerra. Las fuerzas religiosas y las infernales ya no existían, la vida ya no existía, solo quedaban las sombras y las tinieblas, la lava y el fuego, la destrucción y la soledad, las penas y la desolación. Simplemente me acosté y dormí y soñé con un mundo donde no hubieran guerras, donde la gente pueda vivir tranquila. Un mundo que además de existir en mi mente, existía a mi alrededor. Mi objetivo estaba cumplido.
____________________________________
Muchas gracias por leer!
Espero que les haya gustado!
Si les interesa leer más, en este blog se publican articulos de opinion, textos y relatos:
http://pensamientoslaterales.blogspot.com
Y en este blog se publican solamente relatos:
http://twistedink.blogspot.com
Saludos!
En la Presencia de Enemigos
By Chebing
Estaba durmiendo, soñando, imaginando un mundo sin guerras, donde la gente pueda vivir tranquila, un mundo que solo existía en mi mente. Estaba durmiendo cuando él llegó, en cuanto abrió la puerta me desperté pensando que había otra batalla en progreso. Lo miré, era un hombre alto, robusto, con mucha presencia, tenía un aspecto que me hacía temerle aun sin conocerle. Me miró y dijo: “Mi amigo, nuestro tiempo ha llegado, es nuestra oportunidad para dominar todo lo que nuestros ojos puedan ver, juntos podemos poner fin a esta guerra para luego convertirnos en los emperadores de la Tierra. No hagas preguntas, pronto llegará el tiempo para ello. Mi nombre es Destrucción”
Al mismo tiempo que terminaba de pronunciar su monólogo, estiraba la mano en señal de alianza. Yo acepté su proposición y rápidamente estábamos en camino al refugio. Teníamos que movernos rápido, Destrucción había preparado un escuadrón de batalla que nos hiciera de escudo humano mientras llegábamos al bunker, pero las fuerzas religiosas sabían de nuestros planes y estaban mandando ángeles con ordenes de matarnos.
Llegamos a destino, era un almacén abandonado con pocos muebles y mucha suciedad. Mi compañero se concentró, conjuro unas palabras en voz baja y luego estábamos descendiendo hasta el centro mismo del planeta, para formar el ejército más grande alguna vez conocido por el hombre.
Ríos de lava, árboles de fuego y criaturas sin alma eran algunas de las imágenes del cuartel secreto de las fuerzas infernales, lideradas por Destrucción, por él y por mí. Lo primero fue organizar un plan de contra ataque, estábamos perdiendo y debíamos movernos rápido. Yo sabía que los planes de Dios eran atacar a la brevedad, después de su victoria en el Coliseo Romano nuestras tropas se habían reducido a la mitad.
Nuestra primera orden fue ir a la superficie, al campo de batalla, a capturar más cuerpos para nuestros guerreros, cuando estuvieran listos, nuestro ejército tendría ventaja numérica. Tardaron cinco días pero nuestros esclavos consiguieron dos cientos mil nuevos cuerpos, frescos, sanos, de hombres fuertes, listos para la guerra.
La creación de un guerrero de los sombras era complicado y bastante asqueroso. Primero debíamos descuartizar el cuerpo recién muerto, segundo debíamos sacar su alma y con ella alimentar a los espíritus que generaban la energía que proveía a todo el infierno, el tercer paso era buscar los mejores espectros para que ocupen sus nuevos cuerpos y por último, teníamos que insertar a estos últimos en su nuevo hogar.
El sistema consistía en tomar la esencia del espectro y verterla en la boca del cadáver, pronto los resultados serían visibles, desde el corazón y hasta los miembros, abarcando cada centímetro de su piel, un color negro se esparcía, pudriendo todo a su paso, irradiando un aroma que asustaría a la Muerte en persona y por sobre todas las cosas consumiendo los órganos, endureciendo la piel, eliminando todo rastro de humanidad. Sabíamos que el proceso había terminado cuando los ojos se tornaban rojos, rojos como el fuego que había a su alredor.
Una vez que nuestro ejercito estuvo listo, nuestros planes se concentraron en el campo de batalla y en la estrategia a utilizar. Si queríamos terminar la guerra de una vez por todas, el lugar a atacar y destruir era el mismísimo Cielo, por ende, la batalla tomaría lugar en las puertas del mismo. Para ello debíamos utilizar el portal escondido en el Jardín del Edén, donde se hallaban dos de las cinco tropas más poderosas de las fuerzas religiosas. Para triunfar en un solo ataque sorpresa, era de vital importancia contar con más fuerzas de las que teníamos, pero no del mismo tipo, sino que necesitábamos otras criaturas diferentes para conseguir mayor ventaja. Afortunadamente, para nosotros, eso no era problema.
Un millón de orcos se presentaron a nuestros servicios, a cambio de dos millones de mujeres, las cuales nuestros esclavos consiguieron sin problema. Orcos, criaturas idiotas pero poderosas, vendieron su neutralidad cegados por su deseo sexual, pero lo que nunca supieron es que, en realidad, estaban vendiendo su alma.
Oferta similar fue la hecha a los árboles, luego de convencerlos de que los religiosos eran responsables de la destrucción de sus tierras, fue fácil ponerlos de nuestro lado, con la simple promesa de no volver a destruir aquello que ellos amaban tanto.
Los dragones fueron los terceros en aliarse con un ejército de ciento cincuenta mil de los más feroces de su especie. Su precio fue barato, querían que los volcanes hicieran erupción cuando la guerra haya terminado, y que sigan activos durante los próximos mil años. Los dragones eran criaturas oscuras, estaban de nuestro lado desde los principios de la historia misma, antes de que el mal y el bien se llamen así, antes de que la diferencia entre estos dos hermanos se note.
Los siguientes reclutas fueron los ejércitos de los mares y de los aires, encabezados por Poseidón y Thor, quienes deseaban el control absoluto de sus dominios, siendo los únicos responsables por ellos. Fue fácil para nosotros concederlo, sólo necesitábamos el Infierno y la Tierra, que luego sería conocido simplemente como el Imperio.
Las últimas fuerzas que se unieron a nuestra justa causa fueron las de los muertos vivos. Su rey, Nemesis, nos aseguró su lealtad en la guerra a cambio de libertad en el imperio del Infierno. Esta “libertad” consistía en poder alimentarse de cualquier cantidad de almas de cualquier persona que ellos encuentren en su camino. En otras palabras, pedían carta libre para asesinar a cuanta criatura se crucen. Estuvimos de acuerdo de inmediato.
Fue así como, después de quince días, Destrucción y yo habíamos formado el ejército más grande y mortal que haya conocido la historia del hombre, del mundo, del universo y del mismo Dios, cuya cabeza, ahora, era nuestro principal objetivo.
Las instrucciones habían sido dadas, los guerreros, soldados, bestias, criaturas tenían su armadura, escudo y arma de elección. También habían sido designados los comandantes, generales, sargentos y se habían realizado las divisiones entre los distintos pabellones. Era una victoria segura.
Antes de partir, Destrucción se acercó y me dijo: “Debes cuidarte en el campo de batalla, recuerda que a mí solo me puede matar Dios y que solo yo lo puedo matar a él, en cambio a ti te puede matar la más cobarde de las flechas”
Estábamos en camino a los jardines del Edén, Destrucción tuvo que concentrarse mucho para poder realizar la tele transportación de nuestro ejército que contaba con más de 3 millones de reclutas. Cuando llegamos a destino, encontramos soldados y ángeles encargados de la resistencia, pero eran muy pocos, no tenían protección ni nada que pudiera hacernos frente. La victoria fue rápida, mientras nuestros peones luchaban, Destrucción y el resto de los Dioses destruían todo a su paso, el Jardín del Edén quedó en ruinas.
Haciendo uso de los planos robados por el Ángel Gabriel hace miles de años, Destrucción encontró rápidamente el camino a las Puertas del Cielo. Antes de cruzar por el portal, repasamos los planes y descansamos un poco, tomándonos un tiempo para calmar nuestros nervios.
El silbato sonó y las tropas se pusieron en formación, era la señal de avanzar a la victoria, y nadie quería quedarse afuera.
Atravesamos el portal, se sintió extraño, era una sensación de calidez mezclaba con esperanza, seguramente era la influencia de Dios. Cuando llegamos a destino estábamos caminando sobre nubes, sin nada firme bajo nuestros pies. Adelante estaban las puertas que veníamos a conquistar.
Pronto vimos a las fuerzas religiosas, eran más de las que habíamos supuesto, sin embargo, seguían sin ser rival para nosotros. Dios encabezaba su ejército. Destrucción se acercó y dijo en voz alta: “No queremos aniquilarlos, solo su rendición y el dominio total y permanente de la Tierra” Nuestros reclutas festejaron al oír las palabras de su líder.
Dios respondió que no iba a permitir que eso suceda y que si así lo queríamos, que lo tendríamos que conseguir por la fuerza, Destrucción se dio vuelta y dio la señal de que ataquemos al mismo tiempo que conjuraba un hechizo contra los ángeles. Nuestro rival respondió y ataco a los dragones y los grifos, que peleaban contra los soldados alados. Los orcos se limitaban a destruir todo lo que encontraran en su camino, destruyendo el cielo y lanzando soldados enemigos a Dios y sus tropas.
Los muertos vivos hacían una gran diferencia, mordían a los soldados humanos que Dios había reclutado en un intento desesperado de aumentar su ejército y los transformaban en soldados nuestros, además que sus almas alimentaban nuestras fuerzas y obtenían mayor poder destructivo.
Los magos celestiales se reunían detrás de la línea de ángeles y conjuraban maldiciones en Poseidón y su ejército, que se veían disminuidos a medida que pasaban los segundos. Destrucción rápidamente le pidió a los orcos que arrojen soldados enemigos a los magos, la pelea era un caos, soldados cayendo, hechizos conjurados, fuego por todas partes, los árboles que se peleaban con los dragones, los orcos que a veces le pegaban a los grifos, nuestros soldados que hacían lo posible para matar a los Ángeles, pero estaban fuera de su alcance.
Las fuerzas religiosas estaban disciplinadas y bien entrenadas, lo cual hacía muy difícil su derrota, por ello, Destrucción fue a pelear solo contra Dios. Ambos desenfundaron sus armas. Mi socio utilizaba la Espada de los Ángeles, mientras que su oponente usaba el Báculo de la Esperanza. La pelea era estratégica, peleaban tanto con conjuros como cuerpo a cuerpo, en una excelente combinación de ataque defensa.
Yo asumí como comandante general de las fuerzas infernales que ahora parecían encontrar el buen camino. Además, las pocas fuerzas religiosas estaban exhaustas. Los orcos se aliaron con nuestros soldados, arrojándolos contra los ángeles, aprovechando su desconcierto y clavando sus espadas en la espalda de estos últimos. Los árboles dejaban inutilizables a sus tropas, haciendo uso de su fuerza descomunal y su excelente resistencia. Los grifos y los dragones eran las estrellas del ataque, utilizando el fuego y su capacidad para volar destruían magos, ángeles, soldados, arqueros, toda la resistencia que los enemigos pudieran poner.
Antes de darnos cuenta, la victoria era nuestra. Destrucción mientras tanto tenía acorralado a Dios, quien quería rendirse, pero que no lo haría jamás. Mientras tanto, nuestros soldados habían destruido todas las fuerzas religiosas y ahora estaban saqueando, incendiando y dejando en ruinas al Cielo y a todos los habitantes del mismo.
Una vez que sus bolsillos estuvieron llenos, cada uno quiso cobrar su favor y yo me encargué de cumplirlo. En un segundo, el mundo se vio envuelto en un mar de lava y magma, proveniente de cada volcán conocido y por conocer. Además, unas extrañas criaturas, mitad vivas, mitad muertas mordían todo lo que encontraban en su camino, causándole a la victima una mutación que las volvía parte de ellas. Pronto, en los cielos dejaron de existir las aves para dar lugar simplemente a una clase nueva de animal conocida como Grifos, que usualmente eran montados por un jinete. Los árboles cobraron vida, destruyendo a todo aquel que se atreva a acercarse a ellos. Luego, una masa de monstruos de dos metros de alto invadieron las ciudades, secuestrando mujeres y matando hombres. La Tierra era un caos, era un Infierno.
En el Cielo, o en lo que quedaba de él, Destrucción había triunfado y tenía a Dios tirado en el suelo, con la espada en su garganta, cortándolo un poco, disfrutando de la sensación. Dijo con un tono sádico: “Tu reinado de terror ha llegado a su fin, ahora es tiempo para nosotros de llevar las tinieblas a la luz, de eliminar todo recuerdo tuyo de los corazones de los humanos. Yo seré el nuevo Dios. Esto recién ha comenzado” y Dios respondió: “Si me matas, sufrirás las consecuencias”.
Mi socio esperó unos segundos, quiso disfrutar su momento de gloria, apretó más fuerte que nunca la espada, y luego la clavó en el pecho de Dios, la satisfacción era total, lo había hecho, había sido aquel que matara a Dios.
Su alegría duró poco, ya que cuando la última chispa de vida abandono el cuerpo de su enemigo, algo extraño sucedió. Algo que Destrucción no entendió a ciencia exacta en ese momento, pero que luego descubrió. La muerte de su adversario, de uno de los mayores ilustres en la historia del ser humano, el llamado creador de la vida, causó que absolutamente todas las criaturas de su creación mueran con él, dejando sin vida y sin alma a todos los seres que habitaban la Tierra, o lo que quedaba de ella.
Destrucción cayó sobre sus rodillas, estaba débil, ya no habían almas de que alimentarse ni hombres a quien robárselas, ya no había nadie que integre su Imperio, ya no había nada que reinar. Concentrado en su profundo mar de pensamientos no notó mi presencia, me acerqué, desenfundé mi espada y dije: “Mi amigo, tu tiempo ha llegado, es mi oportunidad para dominar todo lo que mis ojos puedan ver, juntos hemos puesto fin a esta guerra para convertirnos en los emperadores de la Tierra, pero ahora, debo matarte. No hagas preguntas, no hay tiempo para ello. Mi nombre es Hades” y corté su cabeza que cayó rodando por las nubes del, una vez, conocido como Cielo.
Volví a la Tierra, al fin se había terminado la guerra. Las fuerzas religiosas y las infernales ya no existían, la vida ya no existía, solo quedaban las sombras y las tinieblas, la lava y el fuego, la destrucción y la soledad, las penas y la desolación. Simplemente me acosté y dormí y soñé con un mundo donde no hubieran guerras, donde la gente pueda vivir tranquila. Un mundo que además de existir en mi mente, existía a mi alrededor. Mi objetivo estaba cumplido.
____________________________________
Muchas gracias por leer!
Espero que les haya gustado!
Si les interesa leer más, en este blog se publican articulos de opinion, textos y relatos:
http://pensamientoslaterales.blogspot.com
Y en este blog se publican solamente relatos:
http://twistedink.blogspot.com
Saludos!