

F., una alumna mía de 74 años, vino un día llorando a contarme que su sobrino Augusto estaba en cuidados intensivos , en estado de coma porque había sufrido un volcamiento en un vehículo y se había golpeado la cabeza contra el piso y los galenos opinaban que tenía una hemorragia interna y destrucción de la masa encefálica. Sugerían que podría desconectarse porque ya su estado era irreversible.
Toda mi vida he cultivado un pensamiento divergente y el respeto por los que piensan diferente a mí y por los que están afiliados a escuelas científicas o religiosas. Ello me ha permitido mantener amigos con pensamientos altamente ortodoxos y fundamentalistas y, también, resolver problemas que la ciencia médica declara insolubles. Sin embargo nunca he pretendido crear una escuela médica paralela, ni arrebatarle pacientes a nadie, ni desautorizar opiniones médicas. En ello he sido particularmente cuidadoso. Siempre ayudar sin dañar y sin aprovecharme de quien ayudo.
Muchos médicos me han propuesto controversia la cual nunca me intereso porque mi interés es ayudar y no demostrar que tenga la razón. Es más, a veces he curado a personas sin saber que tenían ni como opero lo que se desato para que se curaran. Gente que se curó me ha buscado después para que le explique que tenía. Hoy espero a una persona que viaja más de 1000 kilómetros porque le han dicho que le puedo curar un cáncer. No estoy seguro que pueda hacerlo pero si estoy seguro que no interferiré en ningún tratamiento médico y que si le ofreceré el máximo de ayuda. Otros médicos, más abiertos, me han propuesto que trabajemos juntos y a otros les he realizado curaciones, sin embargo cuando les necesito también los busco. Mis conocimientos médicos son muy escasos, y no me da pena decirlo, puesto que yo no busco reemplazar a nadie. De fisiología, de anatomía topográfica y de cirugía mis conocimientos son casi cero sin embargo fui invitado a un congreso de cirugía pediátrica y asistí sin problema.
Le dije a F. que yo no haría tal procedimiento pero que percibía que era muy sencillo, por lo cual, ella podía realizarlo. Le indique que se ofreciese para quedarse en el hospital con el paciente y que cuando médicos y enfermeras estuviesen dormidos comenzase el procedimiento, por lo demás breve y sencillo. Le indique se levantando la mano izquierda hacia las nubes utilizara la otra mano para hacer un recorrido lento desde la cabeza y perpendicular hacia arriba tratando de percibir un límite a donde debería encontrar alguna capa que se había elevado y que no estaba en su lugar. Que cuando la percibiese, lentamente la bajara hasta devolverla a unos 5 centímetros de la cabeza y que allí despertaría. Dicho y hecho. Despertó, se vistió y, al día siguiente fue dado de alta. Hoy trabaja en España y se llama Augusto y ni siquiera le conozco y, desde luego, no sabe que así lo volvimos a la vida. No me pregunten cómo se opero aquel asunto que no tengo esa explicación.
Recomiendo un libro donde te podes iniciar para hacer cosas perecidas pero tienes que estar dispuesto a desaprender. ASOMBROSOS SECRETOS DE SANACIONES SÍQUICAS DE BENJAMIN BIBB Y JOSEPH WEED.