
En todas y cada una de las películas policiales de Hollywood, apenas llega un detenido a la estación le ofrecen hacer su famosa y única llamada telefónica.
En un rincón oscuro de Brasil , algo más terrenal que las cintas de Steven Seagal, Antonio Francisco Nem Bonfim Lopes, el narcotraficante más buscado de Río de Janeiro, tuvo su turno frente al aparato. Y lo usó a su manera.
“Cuide a los niños y que no falten a clases”, le dijo a su mamá.
Nem fue detenido la madrugada del 10 de noviembre cuando huía de la favela Rocinha –la mayor de Brasil– en medio de un gigantesco operativo policial para recuperar el asentamiento.
Los oficiales establecieron un retén rutinario en una de las salidas de la favela y detuvieron a un vehículo con llantas bajas, sospechando sin ilusión que tal vez había algo pesado en el maletero .
Tras la orden de dirigirse, escoltado, a la estación policial, el vehículo se detuvo y sus ocupantes ofrecieron un soborno de un millón de reales ($568.000) en efectivo para ganar su libertad.
“Se llamó a refuerzos policiales y el vehículo fue inspeccionado: en el maletero estaba Nem . Salió con las manos en alto”, agregó el comisario Victor Poubel a TV Globo.

Así termina –o cierra, al menos, el primer tomo– la historia de quien era un tipo promedio que repentinamente pasó de soporífero oficinista de 8 a 5 a narcotraficante de tiempo completo.
La creación de un narco
Hace diez años, Nem era empleado modelo de una empresa de telecomunicaciones y una casualidad inoportuna le cambió el rumbo. Como suele suceder en las áreas controladas por la droga, Nem recurrió al capo local como último financista para poder sufragar los gastos de la enfermedad de uno de sus hijos.
El hombre, apodado Lulu, le puso una condición: que se sumara a sus filas y empezara a traficar para saldar sus deudas. La moneda de cambio: los 5.000 reales (casi $3.000) que necesitaba el desesperado padre.
Con 25 años, Nem empezó a moverse en un ambiente en el cual, generalmente, se debuta a mitad de la pubertad. Sin embargo, mostró una agudeza innata: empezó a escalar y, al cabo de unos años, estaba entre los primeros en la “línea de sucesión”.
A Lulu lo sucedió Bem-te-vi, quien terminó baleado por la policía. Antes de morir, le dio a Nem un encargo: matar a su socio y quedarse con el control.
Fue entonces cuando se convirtió en el rey. Desde su casa con salón de fiestas, gimnasio y terraza al mar, Nem ganaba unos tres millones de reales por mes ($1,7 millones) por la venta de marihuana, cocaína y crack –que refinaba en laboratorios clandestinos en la favela– así como éxtasis, la única droga que consumía.
El padrino
El estilo con que Nem gobernaba se parecía mucho al de los mafiosos italianos de la primera mitad del siglo XX. Impuso su ley en un código oral y simple: perseguiría ciertos delitos, como robos o violaciones (se dice que hasta llegó a entregar maleantes a la policía) y mantendría a los residentes de Rocinha de su lado subvencionándoles necesidades como medicamentos o comida.
Sin embargo, su faceta de patriarca benefactor se veía ensombrecida por sus ataques de ira. Instauró el “tribunal del tráfico”, que penaba los errores de los narcos de la facción “Amigo de los Amigos” (ADA), la cual lideraba.
Según la gravedad de la infracción, la pena podía ir desde una paliza o un tiro en la mano hasta la muerte en “el microondas” (al sujeto lo inmovilizan dentro de una columna de neumáticos rociada con combustible, que luego se incendiaba).
De hecho, Nem es sospechoso del asesinato de dos mujeres de 20 y 25 años que entraron a Rocinha en mayo del 2010 y desaparecieron. ¿El agravio que mereció la pena capital? El desvío de una carga de hachís con un valor estimado de $17.000.
La gran cacería
El cerco alrededor de Nem se viene cerrando desde hace unos años, pero su ritmo se aceleró desde que las autoridades brasileñas decidieron limpiar Río para el Campeonato Mundial del 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016.
En enero del 2010, intentó fingir su propia muerte para escapar de la justicia, encargando su entierro y pagando a un médico para que hiciera una declaración falsa de deceso.
Ese agosto, huyó de un baile en la favela cuando lo encontró la policía e invadió con sus cómplices el hotel Intercontinental de Sao Conrado, donde mantuvo cautivos a 35 rehenes hasta que pudo escapar.
Hace poco más de una semana, frente a la inminente ocupación policial de la favela, ofreció una fiesta de despedida, donde lloró por su futuro y mezcló whisky con éxtasis, lo cual le provocó una convulsión que debió ser atendida en la policlínica de Rocinha. En cuanto se estabilizó, escapó del centro médico. Quienes lo vieron pasar de lejos recuerdan la imagen de un tipo trotando con la bolsa de suero colgando.
Pero quien siembra cosecha. Ahora, el hombre que recorría Río en helicópteros para impresionar a las mujeres ve pasar sus días, sin hijos ni lujos, en una cárcel de Brasil .