Jaime Absalón Cuéllar
(La redacción original es un trabajo periodístico hecho en 1997. Aprovecho en agradecer por tercera vez a quienes hicieron posible la recopilación de datos. En primer lugar a la Universidad Centroamericana José Simeón cañas UCA quién me facilitó los contactos pertinentes en España, a nuestros amigos de la biblioteca pública de Cojutepeque que ahora los añoramos, al general Adolfo O. Blandón ex alcalde de Cojutepeque, a quienes resguardan los textos y documentos originales de la Iglesia san Sebastián que son las madres del Colegio Santa Isabel, A nuestro inolvidable amigo Silvestre Q.D.D.G. que fue director de la Casa de la Cultura de Cojutepeque, entre otros no menos importantes. En agradecimiento también se incluyó este texto en el programa general de las fiestas Enerinas al año siguiente, en 1998. Digo esto porque en la redacción del mismo se omitió cierta información y se mal editó el poema del profesor Buena Ventura Laínez y se me hacía ver poco serio en mi investigación. Espero comprendan esta aclaratoria)
En la cabecera departamental de Cuscatlán, Cojutepeque, se encuentra el primer reloj de campana que conoció Centroamérica y que a través del tiempo ha cambiado de dueño, de lugar ya hasta de actividad.
El reloj se encuentra en la torre mayor de la Iglesia de san Sebastián y ha estado ahí desde 1839, año en que la ciudad capital se trasladó a Cojutepeque.
Originalmente perteneció al rey Moro Abderramán III, que vivió hace mil años, cuando los Moros dominaban la parte sur de España. Pero poco más tarde formó parte de los tesoros de los Reyes españoles.
En el año de 1544, el rey Carlos regaló a la Real Audiencia de los confines el reloj trasladándose así a Trujillo, Honduras. Después estuvo en la real Audiencia de Guatemala durante la presidencia de Alfonzo López de Cerrato, en 1549. Según la historia, el Gobierno federal abandonó antigua Guatemala en 1834 y creo un distrito federal en san salvador; es decir, el reloj llegó al capitolio federal de san salvador en ese entonces.
En 1839 San Salvador era sacudido por un terremoto que provocó daños significativos en la ciudad y fue necesario trasladar el gobierno hacia Cojutepeque. Entonces el general Morazán, jefe de estado por esa época, llevó a la villa Cojutepecana el histórico reloj y lo mandó a colocar en la torre principal de la Iglesia San Sebastián donde aún se mantiene fijo.
Morazán concluyó su período presidencial en 1839 puesto que ya no hubo elecciones, la república federal que él impuso había muerto. Y esto es algo que ese marcador redondo nos recordará por siempre….
Isaura de Blandón Q.D.D.G., madre del General Adolfo Onicífero Blandón, alcalde de Cojutepeque en 1997, narró como en un agosto por la mañana distinguía la hora que era y tuvo presente que cuatro años más tarde ya no funcionó el reloj. También recordó los comentarios de la gente en cuanto algunas piezas fueron robadas o perdidas. Lo anterior nos demuestra la importancia y preocupación por el reloj en aquellos días.
Aunque no recuerda el año exacto Doña Isaura llegó a Cojutepeque hace 60 años, tomando en cuenta que esta investigación se hizo en el año de 1997, es decir cerca del año 1937. Pero la verdad es que el reloj dejó de funcionar entre los años de 1945 y 1947 según documentos históricos.
Vale la pena mencionar que los sentimientos renacen en esta historia, ya que doña Isaura, al igual que muchas personas, recuerdan su pueblo natal Concepción Quezaltepeque donde también hay un reloj de gran tamaño.
La maquinaria del reloj ya no es la misma que ocupó al inicio porque la original fue cambiada, fundida, rediseñada y hasta modificada.
Se dice que la maquinaria fue modificada por el maestro herrero Trinidad Rivas, conocido por el apodo de “pescadita”, para que el reloj diera el repique de campana también a los cuartos de hora. Este, tratando de sincronizar el repique de la campana que era dado a las horas y medias horas, desarmó el reloj sobrándole piezas luego de volverlo a armar. Estas piezas sobrantes cuentan algunos que –pescadita- las fundió he hizo machetes en provecho del material quedando así inservible el reloj por primera vez.
Más tarde el maestro Toribio Reyna logró hacer funcionar la maquinaria con piezas de madera creadas por él mismo. Aunque su vida útil se prolongó un poco más el reloj no fue el mismo. A veces el repique que marcaba las horas comenzaba a sonar 150 veces, y el de las medias horas era de repique armonioso pero sin sentido. Cuando el reloj comenzó a sonar a su antojo, los señores concejales acordaron dejarlo fuera de servicio y bajar su maquinaria. Esto ocurrió, según algunos, entre los años de 1877 y 1880.
El 14 de noviembre de 1905, tras una publicación hecha en el periódico El Porvenir de Santa Tecla y luego reproducido por El Diario De El salvador, un hijo de “pescadita” salió en su defensa. Mencionó que su papá, Trinidad Rivas, jamás pensó en hacer repicar el reloj a los cuartos de hora, sino a las medias horas que no las daba en aquel entonces. Según el hijo de “pescadita”, la idea la realizó su papá con ayuda de un matemático para sincronizar la maquinaria y que las piezas sobrantes nunca fueron utilizadas ni mucho menos fundidas.
Este señor formuló otra teoría por la cual el reloj se haya dejó fuera de servicio. Dijo que la torre que sostenía la pesada maquinaria podría desplomarse dañando así definitivamente el reloj, por lo que se bajó para protegerlo.
Según otros datos, para antes que se bajara la maquinaria en 1885, las fuerzas armadas del gobierno hicieron pedazos las piezas del reloj, utilizando el hierro y el plomo de las pesas para cargar los cañones durante la guerra civil de la recuperación de tierras por parte del campesinado en aquel entonces.
Recapitulemos.
El reloj perteneció al Rey Moro Abderramán III. Pasó después a los tesoros de los reyes españoles y en 1544 el rey Carlos lo regaló a la Real Audiencia de los Confines en Honduras.
Llegó a Guatemala en 1549, y por razone políticas de del gobierno federal, se trasladó al Capitolio Federal de San Salvador en 1834. Por un terremoto ocurrido en 1839, el reloj y el gobierno fueron trasladados a Cojutepeque, en donde, por su desgaste y descuido, poco a poco se fue deteriorando.
Pero: ¿Cuál es el modelo del reloj? ¿Qué pasó con el reloj después de que en 1977 dejó de funcionar? ¿Qué lo hace tan importante?
En todos los datos históricos consultados no se menciona modelo alguno para este reloj, ya que por razones simples se puede deducir.
Al hablar del rey Moro Abderramán III estamos hablando del 997, año en que la producción de relojes no era en serie por su manufactura artesanal. En esos tiempos la marca de los modelos era el nombre del fabricante y para este caso es lo mismo.
La historia se malentendió en algún momento. Puesto que se decía que jamás perteneció a Abderramán III. Pero lo que se quiso decir es que no era un reloj modelo Abderramán, puesto que él no lo hizo. El reloj fue hecho y construido en Andalucía, al sur de España, por eso el reloj es –andaluz-, si así se le podría llamar al no saber el nombre de quien lo hizo.
En el año de 1977, aproximadamente, la maquina dejó de funcionar por su cuenta aferrándose a un total abandono y a un marginado olvido. Pasó así 20 años hasta que en 1997 volvió a funcionar.
Bajo la administración municipal del Señor, ex general del ejército, Adolfo O. Blandón, y siendo presidente honorario de la Casa de la Cultura para aquel entonces inició el proyecto para hacer funcionar el reloj. “Antes que fuera Alcalde pedí permiso al párroco de la iglesia san Sebastián y a la Alcaldesa Maricela de Torres quienes, al principio, me concedieron permiso para promover la idea de arreglar el reloj”. Luego nos comentó que la Alcaldesa lo mandó a llamar una semana después de aquello para decirle que no se preocupara puesto que la Alcaldía haría la obra. Pero la obra jamás se hizo.
Lo importante aquí es que la idea no murió y fue así que el 15 de septiembre de 1997 el reloj volvió a sonar las nueve campanadas anunciando el inició del desfile cívico como se tenía programado. Pero para ello se tuvo que trabajar mucho.
A Napoleón García, octavo regidor del concejo municipal, se le encargó la misión de buscar a alguien que hiciera andar la maquinaria. A través de COCULTURA se supo de un relojero de nombre Carlos Napoleón Peñate cuyo padre era quien daba mantenimiento al reloj mismo y por más de 40 años. “Este reajustó la maquinaria y mando a hacer unos “Buching” de metal (o arandelas) en el taller del Chileno. Y se mandaron a hacer dos carátulas del reloj original, ya que estaban rotas”, comentó el general Blandón allá por 1997.
El costo original de la recuperación del reloj fue de Diez mil colones. Y su mantenimiento era delicado por su sistema de cuerdas y porque a cada 48 horas el reloj debería ajustarse 3 minutos en su reajuste.
El reloj es importante por su valor histórico y es muestra del patrimonio cultural de Cojutepeque. Además brinda un servicio social a la comunidad. Preserva la memoria de aquellos que recuerdan como se escuchaba por todos los barrios de la ciudad y cómo la gente se reunía a escuchar el reloj en el parque central.
Un día el profesor Buena Ventura Laínez, inspirado por ese enorme y redondo reloj, resumió la historia de este así:
*********** Esta historia continúa en el marco del Bicentenario del primer grito de independencia de El Salvador. Los preparativos en cada uno de los municipios del páís han sido desde bailes auctòctonos, celebraciones, representaciones artísticas y hasta festivales de todo tipo.
Hablamos tambien de la construcción de Plazas denominadas Bicentenarias para recordar esta parte de nuestra historia.
En la ciudad de Cojutepeque, la administración municipal actual 2011, presidida por la señora Guadalupe Serrano de Martínez, recuperó nuevamente este atractivo del reloj que sigue en la cúspide de la torre principal de la Iglesia san sebastian. Hablamos de un nuevo reloj traido desde España del cual hablaré pronto con más detallez los que contendrán la ubicación del antiguo reloj, el fin patrimonial de la ciudad entre muchas curiosidades que algunos querrán conocer.
No quiero cerrar esta historia sin antes decirles que este nuevo reloj marcó oficialmente las horas este 5 de noviembre de 2011 en el marco de la celebración de Bicentenario del Primer grito de Independencia como tributo a la historia, que día a día, llena de orgullo nuestra identidad Salvadoreña y particularmente Cojutepecana.
(La redacción original es un trabajo periodístico hecho en 1997. Aprovecho en agradecer por tercera vez a quienes hicieron posible la recopilación de datos. En primer lugar a la Universidad Centroamericana José Simeón cañas UCA quién me facilitó los contactos pertinentes en España, a nuestros amigos de la biblioteca pública de Cojutepeque que ahora los añoramos, al general Adolfo O. Blandón ex alcalde de Cojutepeque, a quienes resguardan los textos y documentos originales de la Iglesia san Sebastián que son las madres del Colegio Santa Isabel, A nuestro inolvidable amigo Silvestre Q.D.D.G. que fue director de la Casa de la Cultura de Cojutepeque, entre otros no menos importantes. En agradecimiento también se incluyó este texto en el programa general de las fiestas Enerinas al año siguiente, en 1998. Digo esto porque en la redacción del mismo se omitió cierta información y se mal editó el poema del profesor Buena Ventura Laínez y se me hacía ver poco serio en mi investigación. Espero comprendan esta aclaratoria)
En la cabecera departamental de Cuscatlán, Cojutepeque, se encuentra el primer reloj de campana que conoció Centroamérica y que a través del tiempo ha cambiado de dueño, de lugar ya hasta de actividad.
El reloj se encuentra en la torre mayor de la Iglesia de san Sebastián y ha estado ahí desde 1839, año en que la ciudad capital se trasladó a Cojutepeque.
Originalmente perteneció al rey Moro Abderramán III, que vivió hace mil años, cuando los Moros dominaban la parte sur de España. Pero poco más tarde formó parte de los tesoros de los Reyes españoles.
En el año de 1544, el rey Carlos regaló a la Real Audiencia de los confines el reloj trasladándose así a Trujillo, Honduras. Después estuvo en la real Audiencia de Guatemala durante la presidencia de Alfonzo López de Cerrato, en 1549. Según la historia, el Gobierno federal abandonó antigua Guatemala en 1834 y creo un distrito federal en san salvador; es decir, el reloj llegó al capitolio federal de san salvador en ese entonces.
En 1839 San Salvador era sacudido por un terremoto que provocó daños significativos en la ciudad y fue necesario trasladar el gobierno hacia Cojutepeque. Entonces el general Morazán, jefe de estado por esa época, llevó a la villa Cojutepecana el histórico reloj y lo mandó a colocar en la torre principal de la Iglesia San Sebastián donde aún se mantiene fijo.
Morazán concluyó su período presidencial en 1839 puesto que ya no hubo elecciones, la república federal que él impuso había muerto. Y esto es algo que ese marcador redondo nos recordará por siempre….
Isaura de Blandón Q.D.D.G., madre del General Adolfo Onicífero Blandón, alcalde de Cojutepeque en 1997, narró como en un agosto por la mañana distinguía la hora que era y tuvo presente que cuatro años más tarde ya no funcionó el reloj. También recordó los comentarios de la gente en cuanto algunas piezas fueron robadas o perdidas. Lo anterior nos demuestra la importancia y preocupación por el reloj en aquellos días.
Aunque no recuerda el año exacto Doña Isaura llegó a Cojutepeque hace 60 años, tomando en cuenta que esta investigación se hizo en el año de 1997, es decir cerca del año 1937. Pero la verdad es que el reloj dejó de funcionar entre los años de 1945 y 1947 según documentos históricos.
Vale la pena mencionar que los sentimientos renacen en esta historia, ya que doña Isaura, al igual que muchas personas, recuerdan su pueblo natal Concepción Quezaltepeque donde también hay un reloj de gran tamaño.
La maquinaria del reloj ya no es la misma que ocupó al inicio porque la original fue cambiada, fundida, rediseñada y hasta modificada.
Se dice que la maquinaria fue modificada por el maestro herrero Trinidad Rivas, conocido por el apodo de “pescadita”, para que el reloj diera el repique de campana también a los cuartos de hora. Este, tratando de sincronizar el repique de la campana que era dado a las horas y medias horas, desarmó el reloj sobrándole piezas luego de volverlo a armar. Estas piezas sobrantes cuentan algunos que –pescadita- las fundió he hizo machetes en provecho del material quedando así inservible el reloj por primera vez.
Más tarde el maestro Toribio Reyna logró hacer funcionar la maquinaria con piezas de madera creadas por él mismo. Aunque su vida útil se prolongó un poco más el reloj no fue el mismo. A veces el repique que marcaba las horas comenzaba a sonar 150 veces, y el de las medias horas era de repique armonioso pero sin sentido. Cuando el reloj comenzó a sonar a su antojo, los señores concejales acordaron dejarlo fuera de servicio y bajar su maquinaria. Esto ocurrió, según algunos, entre los años de 1877 y 1880.
El 14 de noviembre de 1905, tras una publicación hecha en el periódico El Porvenir de Santa Tecla y luego reproducido por El Diario De El salvador, un hijo de “pescadita” salió en su defensa. Mencionó que su papá, Trinidad Rivas, jamás pensó en hacer repicar el reloj a los cuartos de hora, sino a las medias horas que no las daba en aquel entonces. Según el hijo de “pescadita”, la idea la realizó su papá con ayuda de un matemático para sincronizar la maquinaria y que las piezas sobrantes nunca fueron utilizadas ni mucho menos fundidas.
Este señor formuló otra teoría por la cual el reloj se haya dejó fuera de servicio. Dijo que la torre que sostenía la pesada maquinaria podría desplomarse dañando así definitivamente el reloj, por lo que se bajó para protegerlo.
Según otros datos, para antes que se bajara la maquinaria en 1885, las fuerzas armadas del gobierno hicieron pedazos las piezas del reloj, utilizando el hierro y el plomo de las pesas para cargar los cañones durante la guerra civil de la recuperación de tierras por parte del campesinado en aquel entonces.
Recapitulemos.
El reloj perteneció al Rey Moro Abderramán III. Pasó después a los tesoros de los reyes españoles y en 1544 el rey Carlos lo regaló a la Real Audiencia de los Confines en Honduras.
Llegó a Guatemala en 1549, y por razone políticas de del gobierno federal, se trasladó al Capitolio Federal de San Salvador en 1834. Por un terremoto ocurrido en 1839, el reloj y el gobierno fueron trasladados a Cojutepeque, en donde, por su desgaste y descuido, poco a poco se fue deteriorando.
Pero: ¿Cuál es el modelo del reloj? ¿Qué pasó con el reloj después de que en 1977 dejó de funcionar? ¿Qué lo hace tan importante?
En todos los datos históricos consultados no se menciona modelo alguno para este reloj, ya que por razones simples se puede deducir.
Al hablar del rey Moro Abderramán III estamos hablando del 997, año en que la producción de relojes no era en serie por su manufactura artesanal. En esos tiempos la marca de los modelos era el nombre del fabricante y para este caso es lo mismo.
La historia se malentendió en algún momento. Puesto que se decía que jamás perteneció a Abderramán III. Pero lo que se quiso decir es que no era un reloj modelo Abderramán, puesto que él no lo hizo. El reloj fue hecho y construido en Andalucía, al sur de España, por eso el reloj es –andaluz-, si así se le podría llamar al no saber el nombre de quien lo hizo.
En el año de 1977, aproximadamente, la maquina dejó de funcionar por su cuenta aferrándose a un total abandono y a un marginado olvido. Pasó así 20 años hasta que en 1997 volvió a funcionar.
Bajo la administración municipal del Señor, ex general del ejército, Adolfo O. Blandón, y siendo presidente honorario de la Casa de la Cultura para aquel entonces inició el proyecto para hacer funcionar el reloj. “Antes que fuera Alcalde pedí permiso al párroco de la iglesia san Sebastián y a la Alcaldesa Maricela de Torres quienes, al principio, me concedieron permiso para promover la idea de arreglar el reloj”. Luego nos comentó que la Alcaldesa lo mandó a llamar una semana después de aquello para decirle que no se preocupara puesto que la Alcaldía haría la obra. Pero la obra jamás se hizo.
Lo importante aquí es que la idea no murió y fue así que el 15 de septiembre de 1997 el reloj volvió a sonar las nueve campanadas anunciando el inició del desfile cívico como se tenía programado. Pero para ello se tuvo que trabajar mucho.
A Napoleón García, octavo regidor del concejo municipal, se le encargó la misión de buscar a alguien que hiciera andar la maquinaria. A través de COCULTURA se supo de un relojero de nombre Carlos Napoleón Peñate cuyo padre era quien daba mantenimiento al reloj mismo y por más de 40 años. “Este reajustó la maquinaria y mando a hacer unos “Buching” de metal (o arandelas) en el taller del Chileno. Y se mandaron a hacer dos carátulas del reloj original, ya que estaban rotas”, comentó el general Blandón allá por 1997.
El costo original de la recuperación del reloj fue de Diez mil colones. Y su mantenimiento era delicado por su sistema de cuerdas y porque a cada 48 horas el reloj debería ajustarse 3 minutos en su reajuste.
El reloj es importante por su valor histórico y es muestra del patrimonio cultural de Cojutepeque. Además brinda un servicio social a la comunidad. Preserva la memoria de aquellos que recuerdan como se escuchaba por todos los barrios de la ciudad y cómo la gente se reunía a escuchar el reloj en el parque central.
Un día el profesor Buena Ventura Laínez, inspirado por ese enorme y redondo reloj, resumió la historia de este así:
El sonoro instrumento,
Admirable en tu seno,
Con centurias en tus ruedas,
Diz que vino rodando de la vieja Andalucía,
Que nació de las finas manos de Abderramán III,
Que en su rodar, por esos azadores de los caminantes, llegó a tu suelo,
Que cansado de andar se le desgastaron las piezas,
Las cuales el ingeniero de uno de tus hijos se las puso de madera,
Que por regularlo quedó caminando con acceso de locura,
Que al escándalo de tus repiques se reunían los concejales cojutepecanos para reprimir el bullicio,
Y que terminó, al final, en el sonoro estampido de un cañón.
Admirable en tu seno,
Con centurias en tus ruedas,
Diz que vino rodando de la vieja Andalucía,
Que nació de las finas manos de Abderramán III,
Que en su rodar, por esos azadores de los caminantes, llegó a tu suelo,
Que cansado de andar se le desgastaron las piezas,
Las cuales el ingeniero de uno de tus hijos se las puso de madera,
Que por regularlo quedó caminando con acceso de locura,
Que al escándalo de tus repiques se reunían los concejales cojutepecanos para reprimir el bullicio,
Y que terminó, al final, en el sonoro estampido de un cañón.
*********** Esta historia continúa en el marco del Bicentenario del primer grito de independencia de El Salvador. Los preparativos en cada uno de los municipios del páís han sido desde bailes auctòctonos, celebraciones, representaciones artísticas y hasta festivales de todo tipo.
Hablamos tambien de la construcción de Plazas denominadas Bicentenarias para recordar esta parte de nuestra historia.
En la ciudad de Cojutepeque, la administración municipal actual 2011, presidida por la señora Guadalupe Serrano de Martínez, recuperó nuevamente este atractivo del reloj que sigue en la cúspide de la torre principal de la Iglesia san sebastian. Hablamos de un nuevo reloj traido desde España del cual hablaré pronto con más detallez los que contendrán la ubicación del antiguo reloj, el fin patrimonial de la ciudad entre muchas curiosidades que algunos querrán conocer.
No quiero cerrar esta historia sin antes decirles que este nuevo reloj marcó oficialmente las horas este 5 de noviembre de 2011 en el marco de la celebración de Bicentenario del Primer grito de Independencia como tributo a la historia, que día a día, llena de orgullo nuestra identidad Salvadoreña y particularmente Cojutepecana.