Si hay algo que caracteriza a Fuguet es el desparpajo de sus prejuicios. Una vez dijo que no le interesaba leer a Dostoievsky. Otra vez, universalizando sus principios, que 'no le interesaba leer a autores muertos'. Así que no contento con eliminar de su canon a Shakespeare, Cervantes, Stendhal, Mann, Goethe, Proust, Chejov, Flaubert - que estarían relatando mundos ya mucho más lejanos que la España que le resulta tan ajena -, barre también con autores contemporáneos innovadores, que tuvieron la mala idea de fallecer antes de que Fuguet los leyera: Georges Perec, Roberto Bolaño, Charles Bukowski, Jack Kerouac, etc etc. Sin embargo, encuestado sobre sus novelas policiales favoritas, indicó al 'sueño eterno' de Chandler....entonces, ¿en qué quedamos Alberto?
Por cierto que el surgimiento de la clases medias y altas ha generado un segmento demográfico que no es 'pobre' ni 'vive en la selva', siendo esto especialmente válido después de la masivas migraciones campo-ciudad. Fuguet presenta un esbozo de ellos en sus primeras novelas (Sobredosis, Por favor, rebobinar y en especial, la polémica Mala Onda). Pero el relato de sus desvaríos, anhelos y viscisitudes es pobre e infantil. En este sentido, no puedo sino concordar con la demoledora evaluación del crítico-sacerdote chileno Ignacio Valente, respecto a su Mala Onda: una bazofia. Para ser justos, esto no quita que sus obras posteriores sean mucho mejores. Desde Tinta Roja, Las películas de mi Vida y Missing, la crítica ha sido crecientemente benevolente; con Missing, francamente entusiasta, al incluir el título dentro de los mejores del año. Para mí este tránsito refleja el paso de la adolescencia, desde tener claro lo que no me gusta o lo que no soy, a la madurez, donde finalmente me encuentro cómodo en mi propia piel.
Lo divertido es que la identidad latina que Fuguet tanto rehuye - o que pretende ampliar de modo que algo así como 'El guardian en el Centeno' nos parezca propio -, es muy persistente. Ya sea que estemos en el moderno ICE, entonando 'Viva Colonia' mientras vamos a ver al KFC, o en el Aeropuerto Dulles moviéndonos como pez en el agua gracias a nuestro perfecto Inglés...siempre algo nos delata: o nuestros impronunciables apellidos, o el pelo oscuro, el 'funny accent', o la manía nunca del todo encubierta de mirarle el culo a las mujeres. Somos Latinos. NUNCA dejaremos de ser latinos.
Para mí es hora de hacer algo bueno de ello.
Saludos, Daniel
Por cierto que el surgimiento de la clases medias y altas ha generado un segmento demográfico que no es 'pobre' ni 'vive en la selva', siendo esto especialmente válido después de la masivas migraciones campo-ciudad. Fuguet presenta un esbozo de ellos en sus primeras novelas (Sobredosis, Por favor, rebobinar y en especial, la polémica Mala Onda). Pero el relato de sus desvaríos, anhelos y viscisitudes es pobre e infantil. En este sentido, no puedo sino concordar con la demoledora evaluación del crítico-sacerdote chileno Ignacio Valente, respecto a su Mala Onda: una bazofia. Para ser justos, esto no quita que sus obras posteriores sean mucho mejores. Desde Tinta Roja, Las películas de mi Vida y Missing, la crítica ha sido crecientemente benevolente; con Missing, francamente entusiasta, al incluir el título dentro de los mejores del año. Para mí este tránsito refleja el paso de la adolescencia, desde tener claro lo que no me gusta o lo que no soy, a la madurez, donde finalmente me encuentro cómodo en mi propia piel.
Lo divertido es que la identidad latina que Fuguet tanto rehuye - o que pretende ampliar de modo que algo así como 'El guardian en el Centeno' nos parezca propio -, es muy persistente. Ya sea que estemos en el moderno ICE, entonando 'Viva Colonia' mientras vamos a ver al KFC, o en el Aeropuerto Dulles moviéndonos como pez en el agua gracias a nuestro perfecto Inglés...siempre algo nos delata: o nuestros impronunciables apellidos, o el pelo oscuro, el 'funny accent', o la manía nunca del todo encubierta de mirarle el culo a las mujeres. Somos Latinos. NUNCA dejaremos de ser latinos.
Para mí es hora de hacer algo bueno de ello.
Saludos, Daniel