zorrodelnorte
Usuario (Argentina)
Dichos y frases del Che “Prefiero morir de pie, a vivir arrodillado.” “Seamos realistas y hagamos lo imposible.” “Podrán morir las personas, pero jamás sus ideas.” “Recuerden que el eslabón más alto que pude alcanzar la especie humana es ser revolucionario.” “Todos los días la gente se arregla el cabello, ¿por qué no el corazón?.” “La revolución es algo que se lleva en el alma, no en la boca para vivir de ella.” “Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizá sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe unir a un espíritu apasionado, una mente fría y tomar decisiones dolorosas sin que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos. No puede descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita.” “El capitalismo es el genocida más respetado del mundo” “Si el presente es de lucha, el futuro es nuestro.” “El conocimiento nos hace responsables.” “Me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie.” “Es mejor caminar descalzo, que robando zapatillas.” “Hay que endurecerse sin perder jamás la ternura.” “Si no hay café para todos, no habrá para nadie.” “Sueña y serás libre en espíritu, lucha y serás libre en vida” “Pero la juventud tiene que crear. Una juventud que no crea es una anomalía realmente.” “…todos los días hay que luchar por que ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización.” “No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante.” “Podrán cortar todas las flores, pero nunca terminarán con la primavera.” “Por que el socialismo…no se ha hecho simplemente para tener hermosas fábricas, sino se ha hecho para el hombre integral.” “No se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año pueda ir alguien a pasearse por la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior puedan comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad.” “…que el pasado sigue pesando en nosotros; que la liberación de la mujer no está completa. Y una de las tareas de nuestro Partido debe ser lograr su libertad total, su liberación interna, poque no se trata de una obligación física que se imponga a las mujeres para retrotraerse en determinadas acciones; es también el peso de una tradición anterior. ” “Porque esta gran humanidad ha dicho basta y ha echado a andar. Y su marcha, de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente.” En la carta de despedida a su cinco hijos: “Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la Revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionano.” “Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario.” “Sólo existe un sentimiento mayor que el amor a la libertad: el odio al que te la quita.” “Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrificio consciente de recibir el premio en la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el Hombre Nuevo que se vislumbra en el horizonte.” “El hombre debe transformarse al mismo tiempo que la producción progresa; no realizaríamos una tarea adecuada si fuéramos tan sólo productores de artículos, de materias primas y no fuéramos al mismo tiempo productores de hombres.” “…aquí está una de las tareas de la juventud: empujar, dirigir con el ejemplo la producción del hombre de mañana. Y en esta producción, en esta dirección, está comprendida la producción de si mismos…”
Marcelo Ramal Tiene 54 años. Es economista y docente, en las Universidades Nacionales de Buenos Aires y Quilmes. Integró la comisión directiva del Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas durante la dictadura militar, colaborando también en esa época con las organizaciones de derechos humanos. Desde 1983, trabajó activamente en la organización del Partido Obrero en todo el país. Entre 2000 y 2003, fue Secretario Parlamentario del bloque del Partido Obrero en la Legislatura de la Ciudad. En ese carácter, colaboró con el diputado Jorge Altamira en el desarrollo de sus principales iniciativas legislativas: proyecto de salario mínimo, de reducción de la jornada laboral del subte a 6 horas, de urbanización de villas en la Ciudad y otros. Es columnista regular de "Prensa Obrera" en temas vinculados a la Ciudad de Buenos Aires. También ha publicado columnas de opinión en "Pagina 12", "Infobae" y otros sobre el presupuesto, la cuestión urbana y la vivienda social en la Ciudad. En 2007, fue candidato a Jefe de Gobierno porteño. También fue primer candidato a Legislador por el Partido Obrero En diciembre de 2001, fue cesanteado de la Universidad Nacional de Quilmes. Dos años después, la comunidad docente y estudiantil de esa Universidad exigió la renuncia de las autoridades que lo habían despedido. Ramal fue entonces reincorporado y poco después concursó su cargo. Actualmente, es secretario Adjunto del Sindicato Docente de la UNQ, y Congresal de la CONADU Histórica por la Lista Naranja. Ramal ha participado activamente en los movimientos de lucha contra la expulsión de los trabajadores de la Ciudad. En febrero de 2003, siendo asesor legislativo de Altamira, fue detenido y brutalmente golpeado en el desalojo del ex Padelai, ejecutado por el gobierno de Ibarra. Desde la asunción de Macri, Ramal denunció y encabezó movilizaciones contra la política de desalojos, la liquidación del instituto de vivienda la Ciudad, el desaguace del sistema sanitario y la privatización del Teatro Colón por parte del "gobierno PRO". Actualmente encabeza la lista de legisladores porteños del Partido Obrero por Capital Federal. Candidato a: Legislador Candidato en: Capital Federal
Skinheads Anti fascistas Quienes son los Sharps, los pelados que quieren limpiar la Argentina de nazis. Ahí vienen los dos, por Diagonal hacia la Plaza de Mayo, buscando unirse al resto de los skinheads neonazis que están parados en la puerta de la Catedral de Buenos Aires para repudiar, junto a lo más simpático de la ultraderecha católica argentina, a todos esos gays-lesbianas-travestis. Allá, a noventa metros –que ahora son ochenta y siete que ahora son ochenta y cinco–, vienen caminando los dos muchachitos atragantados de propaganda, con las caritas malas, los borceguíes ajustados, los pantalones camuflados para una guerra comprada en El Mundo del Juguete. Ahí, a cincuenta metros –que ahora son cuarenta y ocho que ahora son cuarenta y cinco–, vienen Rambito y Rambón a los 16 años, listos para aguantar, seguros de sí mismos, caminando marciales sin sospechar que en la esquina de Diagonal y Bolívar, Tuqui los espera con una Quilmes Bock de litro en la mano y una manopla de hierro en el bolsillo. Treinta metros. Tuqui me dice: “Quedate atrás”. Veinte metros. Tuqui espera y relojea. Diez metros. Por fin los veo bien. ¡Dios, son dos nenes! Cinco metros. Tuqui les sale al cruce. Un metro: Rambito y Rambón se encuentran inesperadamente con el enemigo. Uno, el más petiso, un morochito que parece salido de un pool de Aldo Bonzi y no obstante lo cual cree fervientemente en la supremacía de la raza aria, se come una patada en el hígado, trastabilla, se repone, corre, escapa; cuando pasa frente a mí, veo que lleva el susto en la cara. El otro, más alto, no espera su turno y corre de entrada. Se le van a Tuqui, que los sigue unos pocos pasos al grito de “¡Rajen de acá, nazis de mierda!”. Y corona la jugada revoleándoles la Quilmes Bock, que baja rápido, creo que porque le quedaba la mitad. El crash del vidrio contra el piso alerta a los productores de un comercial de BMW que creyeron que el sábado 19 de noviembre iba a ser un día tranquilo para filmar en la zona. También alerta a la policía. Cuando el cana se acerca en su moto hasta la esquina donde seguimos parados, me doy cuenta de que ya no seguimos, sigo yo. Tuqui, el pelo rapado, remera negra, ganas de reventar fachos en donde pueda, ya desapareció. Yo me quedo pensando que después de dos meses de andar con ellos, es la primera vez que veo a un sharp en acción. Tuqui, el Mono, el Moko, el Negro, Mariano, Rodrigo, María, Sofía son algunas de las caras argentinas de un movimiento que, desde finales de los 80, se conoce en todo el mundo como sharp, que quiere decir Skinheads Against Racial Prejudice, que quiere decir Skinheads contra el prejuicio racial, que podría también querer decir skinheads de los otros, antinazis, antifascistas, skinheads que no son lo que los medios masivos y el imaginario social vienen desde hace tiempo llamando skinhead. La confusión se desvanece con diez minutos de revisión histórica, de comprobarlo cara a cara. El mayor problema que tienen algunos tipos sociales más o menos establecidos (un pelado con borcegos es siempre un filonazi, por ejemplo) es que esos diez minutos no llegan nunca y entonces, ya saben: un pelado con borcegos es siempre un filonazi. Así lo repiten las generaciones de movileros y cronistas, y así se va enquistando el desdibujo que un día se vuelve dibujo pleno sin contrahistoria. Por eso, si les parece, vayamos por esos diez minutos de documentación elemental y les prometo que después seguimos. Había una vez un país que se llamaba Jamaica. Este país logró independizarse en 1962 y, cuando lo hizo, se quedó solito con toda la exclusión y la miseria que su madre patria le había heredado. Había también otro país, uno que se llamaba Inglaterra. A este país le iba bastante mejor, pero también tenía, como Jamaica, una cosa que se llama working class. En los barrios obreros del país Jamaica nacieron grupos de jóvenes negros medio mal llevados, un poco enojados con el estado de las cosas y que escuchaban una música de guitarritas veloces a la que le decían ska. Después las guitarritas no fueron tan veloces, se les coló algo de calypso y ahí le empezaron a llamar reggae. Eran los rude boys (chicos rudos) que después de comprobar la imposible construcción de su futuro, se fueron a vivir al país llamado Inglaterra. Ahí se encontraron con su pares, los mods, chicos blancos de los barrios bajos que tampoco eran gente muy conforme y que escuchaban soul y rhythm & blues. Los rude boys y los mods (algunos, más radicales, se hacían llamar hard mods ) se hicieron muy amiguitos y empezaron a prestarse sus discos y su hastío del mundo. Entrados los 60, escucharon algo de un movimiento blandengue en su felicidad comunitaria que se hacía llamar hippie. Parece que estos hippies usaban el pelo largo, así que los rude boys y los mods, para reaccionar contra tanto poder floral, se raparon las cabezas. Y empezaron a llamarse skinheads. Tiradores, cierto cuidado por la ropa, motos scooters –Vespas–, pelo muy corto y música negra compusieron lo que se conoció como el Spirit of 69. Quedan ustedes entonces frente a la constatación del skinhead original y su nacimiento, producido por el cruce de dos culturas. O de la cultura de dos razas, como prefieran. Y sí, la pregunta es inevitable: ¿cómo es que un sujeto social mestizo, mitad blanco y proletario, mitad black power, termina dos décadas más tarde tatuándose una esvástica y reclamando pureza en la pigmentación? La explicación es política. En la segunda mitad de los 70, el skin, que hasta entonces había mantenido su inconformidad social pero sin intervención política directa, se vio interpelado por la irrupción del punk, y se radicalizó. Algunos partidos de la extrema derecha europea vieron la oportunidad de un reclutamiento en masa y salieron a cazar pelados con ganas de romper cosas. El ultra reaccionario National Front, de Inglaterra, fue el más eficaz. Durante todos los 80, buena parte del movimiento skinhead mundial tomó el desvío hacia el nacionalsocialismo. Detrás, el pulso mediático, multiplicándolo, terminándolo de construir. Es probable que sin mods y sin rude boys en los 60, Pablo no hubiera podido producir el encuentro y yo no hubiera conocido la media docena de sharps criollos que finalmente conocí, ni estaría ahora charlando con ellos en una calle trasera del Parque Centenario. La verdad, no creí que fueran a venir. Hubo que esperarlos un rato. Esperarlos y darles algunas garantías: cierto cuidado sobre la identidad, por ejemplo. Desde el crimen de Iván Kotelchuk, asesinado de cuatro puñaladas la madrugada del 12 de junio en la puerta de un bar sobre Avenida de Mayo, los sharps andan con cautela, no pintan, no agitan. Uno de ellos, Ariel Pardal, fue señalado como el asesino. Se han dicho y publicado muchas cosas de ese crimen. Algunas quedaron en la causa. Otras, no. Como sea, una reconstrucción elemental podría señalar que aquella noche, cerca de allí, tocaba Comando Suicida, una banda que nació punk y con bajista judío pero que después le empezó a gustar mucho lo que decía Seineldín y ya no fue más punk, y se hizo nazi, y ya no tuvo más bajista, no uno judío. Que la Terror Crew, un grupo sharp, fue a pudrir el concierto. Que Ariel Pardal comandaba la Terror Crew. Que cuando vieron a Kotelchuk lo creyeron un skin NS (nacionalsocialista). Que la Terror Crew había prometido al menos un nazi apuñalado. Todo eso dijeron, aunque lo único probado e irrevocable es que Iván Kotelchuk, un chico de 19 años que se había cortado el pelo al ras después de conseguir un puesto en la línea de montaje de la Merdecez-Benz, murió desangrado junto a la escalera del Dark, Avenida de Mayo 912. Y que hoy Pardal vive en una celda del penal de Ezeiza, procesado en una causa caratulada como homicidio agravado por ataque en grupo y que contempla penas de hasta 25 años. Salimos del Parque, caminamos en banda. “Ariel no lo mató”, dice alguien y ya. La intención será no volver sobre la cuestión. A la vuelta del Centenario, los culos en la vereda, las espaldas contra la pared, junto a un supermercado chino que vende las Brahma no muy frías, con un porro lechugón y de sabor terroso mojándose entre las bocas de todos, el grupo se relaja. El grupo. El Negro, Juan Carlos V., metro noventa y cinco, luchador de Vale Todo, editor –a mitad de los 90– de Golpe Justo, el primer fanzine skinhead antifascista de la Argentina. ¿Esto lo convierte en el pionero de los sharps locales? Un poco, sí, lo convierte. Hacer un zine en la era analógica del correo postal era complicado, pero el Negro trabajaba por entonces en el Correo Central, y zafaba las estampillas que le servían para comunicarse con los sharps del mundo. Fue el comienzo. El Negro explica que está medio alejado del movimiento skin, que está haciendo apicultura en su casa de José C. Paz, y que a los 30 se siente un poco cansado. Militó en el Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) Aníbal Verón con Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, y, por tratarse de un skinhead que viene del bardo callejero, es un intelectual. Piensa en términos de política estructural y sus intereses no se agotan en ponerle un borceguí en la cara a un nazi de Belgrano. “Si yo sé que rompiéndote la cabeza te cambio las ideas, voy y te rompo la cabeza. Pero la verdad, la violencia no sirve de mucho. Antes de ponerme a preparar un combate contra los fachos prefiero ponerme a preparar un fanzine.” Mientras el Negro habla, se me ocurre que los luchadores de Vale Todo no deberían tener esas inflexiones amables en la voz, ni una sonrisa todo el tiempo cruzándoles las caras. Pero el pibe es así, adonde va lleva la estampa gaucha de un morocho tranquilo. Tiene la cara de los tipos que frenan en las esquinas para dejarte pasar y tal vez lo haría si tuviera auto, pero apenas si tiene trabajo. –¿De qué estás laburando ahora? –Hago maquetas de canchas de fútbol y las vendo por Internet: 150 cada una. –¿Te va bien? –Zafo. –¿Cualquier cancha? –La que quieras. El fútbol y la cerveza son dos elementos constitutivos de la identidad proletaria del skin. En la puerta del chino, la cerveza se está acabando, y el Negro en un rato se va para San Martín, a ver a Chaca. Al lado del Negro está el Mono: un hombre breve, la cara india, los pómulos fuertes. “El Negro es mi hermano, mi compañero más cercano”, dice. Tiene 28 años y se vino desde Hudson, su barrio. Hasta hace un tiempo trabajaba en un lavadero donde ganaba 16 pesos por día, pero se peleó con el dueño. Ahora está viendo. Habla con cierta velocidad y en el cuello, debajo de su oreja derecha, lleva un tatuaje que dice “Oi!”, así, las dos letritas y el signo de exclamación, pero no es una invitación a escuchar a nadie. El Oi! es un sub género del punk nacido en las calles del East End y del Hersham, dos barrios bajos de Londres, que se propone relatar la vida obrera del trabajador oprimido y que mezcla birra con bardo con fútbol con birra con violencia con birra con el barrio con los amigos con birra con el empleo con el empleador con la opresión social con birra con vamos todos a la cancha y después nos tomamos una birra. 2 Minutos vendría a ser algo así como la banda del Oi! argentino y si los sharps se pusieran a armar su canon, no debería faltar algo de punk Oi! Espíritu Callejero es, por ejemplo, una banda de punk Oi! Su bajista, Mariano, tiene 30 años, vive en Quilmes, es despachante de aduana y ahora, en la ronda, la piel le brilla en toda la cabeza. Lleva puesta una remera del Manchester United y entre sus hazañas ideológicas se cuenta haber convencido a su hermano de que no se inscribiera en la policía. Dice: “Es cierto, estamos desperdigados por todo el conurbano, pero los sharps tenemos un sentimiento de hermandad que los fachos no tienen. Y nuestra lucha antifascista es hasta el final”. De pie, la cerveza en la mano, está Rodrigo, 28 años, metro ochenta de cuerpo macizo; la cabeza, una impecable bola lustrosa; los ojos negros y cierto filo en la mirada; baterista de Espíritu Callejero, operario en una metalúrgica de Parque Chacabuco y novio de María. Al lado, María, la primera skin girl que veo en mi vida: hija de un militante montonero, lleva el tatuaje de un skinhead crucificado en su brazo izquierdo y el corte skin girl: la corona de la cabeza rapada con un centímetro y medio de pelo, y el resto, las mechas, el flequillo, cayéndole largo sobre la cara. Rodrigo y María se besan, se agarran de la mano, son una linda pareja skin-tortolitos. Lástima, hoy no vino Sofía, amiga de María y Rodrigo y Mariano, a quien vamos a conocer dentro de unas semanas en un ensayo de Espíritu Callejero se va a dejar sacar unas fotos y va a contar que antes era punk, que ahora es skin girl, que la expulsaron del colegio María Auxiliadora, que a las monjas no les gustó que le pusiera punteras de acero a sus guillerminas. Pero eso dentro de unas semanas. Ahora, ahí todos, de cerca, bien mirados, son un ángulo de la violencia en los últimos escalones de las capas medias. Están lejos, lejísimos, del cachimba que entiende la vida en términos de zapatillas y que se compra una bolsa para estar pila pila. Se sienten, en cambio, comprometidos con algo, en este caso menos con un fervor activo en favor de una ideología que podrían creer correcta que con el antagonismo continuo que los lleva a vivir para combatir el pack delirado de la cosmovisión nacionalsocialista. No son pro, son anti. Un grupo de antis que toman cerveza en la puerta de un chino frente al Parque Centenario. Dice el Negro: “Los boneheads no son el enemigo, apenas son un estorbo. Los pendejos nazis se comen la película de la pandilla, pero después se ponen de novios y se olvidan de ir a pelear”. Dice el Mono: “En la villa, si ven un pelado creen que es un nazi y no se dan cuenta que los skins compartimos con ellos el origen de clase obrera”. Otra vez el Negro: “El skin tiene que ser algo más que tomar cerveza, escuchar Oi! e ir a la cancha, tiene que tener un componente político sólido, rebelde, capaz de interpelar a la sociedad”. Otra vez el Mono: “Paz entre los pobres, guerra entre las clases. Para mí es así. Y salir a cazar fachos es una pelotudez. Los fachos que hay que cazar son tipos como Patti”. Dice Mariano: “El fútbol y la cerveza siempre están, y siempre van a estar, pero la violencia, con los años, se va apagando”. Dice Rodrigo: “La mayoría de los nazis no son skins, andan de saco y corbata y están en todos lados. Esos son los peores”. Dice María: “Los periodistas mandan cualquiera. No pueden entender que seas skinhead y no seas facho”. A un costado, dueño del porro pastoso que sigue circulando, con unos pocos ejemplares de un fanzine antifascista recién salido de la imprenta, está el Moko. Pero el Moko es otra historia. –¿Moco con c o con k? –Es con k, pero escribilo como quieras. El 12 de junio de 2005, el último día en la vida de Iván Kotelchuk, Esteban Ariel D’Alessandro, el Moko, cumplió 29 años. Dice Esteban que los estaba festejando en una casa del Gran Buenos Aires cuando Iván murió desangrado en el bar Dark. Eso dice y eso les dijo a los tipos de Tribunales el día que se fue a entregar. –¿Por qué te entregaste? –Sabía que me estaban buscando, sabía que yo era sospechoso. El Moko (integrante de Acción Antifascista, aunque él jura que nunca de la Terror Crew, liderada por su viejo conocido íntimo Ariel Pardal) quedó detenido y pasó once días en una celda del penal de Ezeiza. Le dijeron que promovía grupos violentos. Le dijeron que era un sharp y los sharps estaban en el ojo de la fiscalía. A la semana, dice, no se bancó más. “Me rocié con agua, me enrosqué un buzo de The Specials al cuello y me colgué. De chico soñaba con que era injustamente encarcelado y me terminaba matando, mi vieja sabe. Estuve dos horas tirado en el piso, inconsciente. Cuando me desperté y me di cuenta de que seguía vivo, grité. Después me llevaron al Borda.” Desde los 14 años, el Moko trabaja de lo mismo: peón de descarga. “Igual que mi viejo durante toda su vida, somos como mulas. Nos pagan por descargar cosas que nunca vamos a poder comprar”, explica. Actualmente, traslada cajas, después las abre, después reparte los electrodomésticos que hay en esas cajas: lo hace de lunes a viernes, quince horas al día, aunque él dice que quince no, que él trabaja 24 x 24. “Porque dormir también es parte del trabajo. Te despertás y sos un obrero más otra vez”. La changa le sirve para vivir y para juntar los seis mil pesos que le debe al abogado que lo sacó de Ezeiza y que lo sigue defendiendo en la causa por el crimen de Kotelchuk. Tiene los ojos negros bien negros y una mirada sin tibieza. La boca breve, apretada, la voz áspera, una risa estridente en la que viaja su deseo de hacerse escuchar. Es, como el Negro, un real skinhead, pero la distancia de estilos, métodos y objetivos que hay entre los dos los pone en caminos disímiles para la misma acción militante. Bifurcados, charlan, aunque resultaría difícil que actuaran en conjunto. El Negro es un cuadro estratégico, el Moko es un tipo de choque. El Negro piensa, el Moko te la pone. El Negro siempre fue un antifascista. El Moko, no. Como Ariel Pardal, el Moko militó entre los skins nazis antes de reconvertirse y saltar al lado tolerante de las cosas. De hecho, el Negro y el Moko, que después de las cervezas en Parque Centenario van a terminar la tarde subidos al asiento trasero de mi auto con rumbo a la cancha de Chacarita, uno sentado al lado del otro, juntas las dos caras en la banda horizontal del espejo retrovisor, fueron enemigos carnales y mantuvieron durante años un enfrentamiento medular. Visto y considerando las últimas noticias, pudieron haberse matado. “Hay que creerle que cambió”, va a decir el Negro, para mí con más espíritu de estratega que de humanista. Y Moko contestará: “Es que el fascismo es paternalista. Somos la familia, somos los fuertes, tenemos el ejército, te dicen. Y te comen la cabeza. Logran que no pienses en vos mismo”. –¿Cómo llegaste al nazismo? –No te das mucha cuenta. Estábamos en el medio de la rebeldía, todo el día en la calle, en busca de adrenalina. Sólo me sentía vivo si estaba con gente como yo. Y me faltaban ideas en medio de ese caos. Entré al nazismo después del asesinato de Marcelo Scalera. El domingo 28 de abril de 1996, la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) organizó un recital en Parque Rivadavia con la intención de repudiar el accionar de la policía y recordar a Walter Bulacio, su víctima histórica. Al Movimiento Nuevo Orden, que después se convertiría en el Partido Nuevo Orden Social Patriótico, uno de los partidos nazis de la Argentina, le pareció que era una buena oportunidad para dar su batalla y llegó con fuerzas de choque a pudrir el concierto. Juntaron palos, piedras y se pararon detrás de la multitud, desafiando algo que no tenían del todo medido. Entonces alguien tomó el micrófono y gritó: “¡Muerte a los skins!”. La gente agarró los palos y las piedras, los nazis retrocedieron, pero hubo uno que no retrocedió lo suficiente. Se llamaba Marcelo Scalera y esa tarde su cuerpo recibió los golpes suficientes como para terminar muriendo diez días después. –¿Esa muerte te convenció? –Es que fijate, el pibe no grita muerte a los nazis, grita muerte a los skins. Y yo ya era skinhead. Sí, con esa muerte me sedujeron. –¿Qué siginifica la violencia para vos? –No lo que significaba antes. Hoy creo que de verdad no sirve. De todas formas, antes de condenarnos, la gente debería estar contenta de que haya personas que limpian la sociedad de nazis. –¿Qué sentís cuando peleás? –De las peleas viene el respeto. Y del respeto, la amistad. –¿Te hiciste amigos de los nazis peleando junto a ellos? –Más de los pibes que de la dirigencia. Algunos me aguantaron en sus casas y durante mucho tiempo sobreviví comiendo alfajores de diez centavos. –¿Qué te sacó de ahí? –La gota que rebalsó el vaso fue cuando tuve que ir a un acto a favor de Emilio Massera. Siempre odié a los militares, desde chico fui anti yuta, pero el sentimiento grupal te va arrastrando. Un día me vi en la foto de un diario apoyando ¡a un represor de la Marina! Yo no tenía una visión amplia, me preocupaba más por las peleas, pero empecé a preguntarme ¿soy skin o soy nazi? Después me fui. El 12 de junio de 2002, a exactamente tres años de la muerte de Iván Kotelchuk, Esteban Ariel D’Alessandro, el Moko, cumplió 26 años. Ya había roto con los nazis, pero lo que él llamaba “evolución ideológica” sus viejos compañeros empezaron a llamarlo “traición”. Y entonces lo fueron a buscar. Al frente de un grupete de diez o doce skins NS estaba Sikito, líder del grupo filonazi Legión Negra y guía espiritual para tanto blogger delirante. Se pararon en formación frente a la casa de la familia D’Alessandro y comenzaron tocar el timbre. El Moko no salió, pero sí lo hizo su mamá. Un nazi apresurado se tomó la molestia de golpear a esa señora en chancletas del barrio de Urquiza que salía a ver qué querían los que buscaban a su hijo. La mujer cayó y se metió en la casa. Cuando volvió a salir, ya no estaba sola. La familia D’Alessandro adoptó formación de combate en la puerta de su casa. Esteban, sus dos hermanos, su papá, su mamá y un grito, el grito del anarco frente al avance del fascismo, un grito de stencil, de pintada urbana, el mismo viejo grito: ¡No pasarán! –Así gritaba yo: “¡No pasarán! ¡No pasarán!” Mi vieja al lado, mis hermanos, estábamos listos para cagarlos a trompadas. Sikito ordenó avanzar sobre los D’Alessandro. El Moko se metió en la casa y salió con un machete para cortar zapallos. –Le tiré un machetazo a Sikito con toda la intención de cortarle la cabeza. Te lo juro, mi deseo era decapitarlo. Sikito se protegió y dice el Moko que sintió cómo el filo del machete pasaba veloz por el antebrazo de su enemigo. –Ahí los putos se fueron. Quise hacer la denuncia, pero no pude, el herido era él. Ir para atrás en el tiempo del moko: de sharp a nazi, de nazi a punk. El papá del Moko completó la escuela primaria y la mamá terminó cuarto grado. Hijos de inmigrantes italianos, soñaban con un abogado en la familia. Pero no. El nene les creció en democracia: Raúl Alfonsín es para el Moko un personaje de la infancia. En los primeros 80 nacieron también las primeras tribus urbanas: hasta entonces no había más que hippies, pero con la democracia llegaron otras variantes y el Moko, el Mokito, se fue acercando al skate punk. Tenía 11 cuando le regalaron su primera tabla y lo mandaron a jugar a la calle. No recuerda por cuántos colegios primarios pasó, pero sí sabe que en quinto grado no tenía edad para estar quinto grado, que escuchaba Sex Pistols, Ramones, andaba en skate y cuando podía se iba a ver a quienes todavía se llamaban Massacre Palestina. A los 12 cayó por primera vez, fue en la comisaría 39ª. Dice que ya era punk. –¿Cómo sabías a los 12 que ya eras punk? –El verso de la tribu lo fomentan las multinacionales, que te dicen: “Seguí a tu tribu, no te metas en política”. Y ahí tenés a los cumbiancha, los futuros votantes comprados con choripanes. Somos todos iguales y en la comisaría nos encontrábamos todos: punks, heavys, rastas. Era un época de mucha razzia y empezaba el divorcio. Grababa casetes en la disquería Rock Show y un día, junto a los amigos del barrio, formó la UPD, Urquiza Punk Desorden. –Queríamos independizarnos. –¿De sus padres? –No, no, de la Argentina. Queríamos que Villa Urquiza fuera un Estado independiente. –Ah, separatistas. –Sí, pero de Urquiza nada más. El Moko pide si podemos desviarnos unas cuadras, un toque, de onda. El Negro pone cara de que no llegamos ni para el segundo tiempo, pero no dice nada. Vamos por Constituyentes, doblamos a la derecha, el Moko se baja, Lorena se baja con él, lo despedimos, vamos a volver a verlo unos meses más tarde, en una parrilla de Luis Guillón, pero no en la marcha del Orgullo Gay, donde dijo que tenía pensado estar, revoleando botellas de cerveza junto al compañero Tuqui. La glosa de una definición punzante, que algunos punks repiten apenas entrada la charla, dice que, de cerca, el fútbol es fascismo barrial. Puede ser o no, en todo caso el ingenio de la sentencia la libera de tener que ser real. Igualmente, el fútbol es un presencia tan abrumadora que empieza a dejar de notarse, porque todo es fútbol en determinados días y a determinadas horas de esos días. Y hoy es sábado. Y juega la B. El Moko es de la hinchada de Ferro. El 97 fue el año de su fiebre y siguió al Verdolaga a todos lados y en todas las disciplinas: básquet, fútbol, voley. Puso plata, le pidió entradas al club, esas cosas. Y, ahora, el Negro carajea porque llegamos tarde y la cancha de Chaca cerró las puertas. Adentro hay un partido que no vamos a ver, entonces vamos hasta un choritaxi a dos cuadras de ahí. En una esquina destemplada de Villa Maipú, con un medio tanque en la puerta humeando bajito chorizos marcados, el bar espera a los hinchas. Mientras, adentro, envuelta en un aire espeso de parrilla pasada, una tele transmite en codificado: Chaca le gana a Ben Hur 1 a 0. Faltan quince. “El verdadero skin Oi! en la Argentina es el rolinga, pibe de barrio obrero, que le cabe el fútbol y la cerveza. Ocupa el mismo lugar social que el Oi! inglés, es su análogo”, explica el Negro y cuenta que además de maquetear canchas y criar abejas, le gustaría editar la Biblia del movimiento, Spirit of 69: a skinhead Bible , de George Marshall. Es un proyecto que, como todos los del Negro, está más cerca de la militancia programática, de la formación de cuadros, que del palo en la cabeza del bonehead. [Bonehead: sust. m. su traducción, no literal, sería la de “cabeza vacía o cabeza hueca”.] Se refiere inequívocamente a los skinheads nazis o fachos. “Los boneheads”, dicen los sharps, los punks, los antifas, y todos sabemos de quiénes estamos hablando. Es muy común llamarlos así. En la tele, Drobandi hace el gol de su vida. Chaca 2, Ben Hur 0, partido liquidado. Volvemos para la cancha. En la esquina de Mitre y Gutiérrez, a la salida de la popular local, el Negro se para y cogotea. La gente es una marea que nos pasa por los costados, pero no aparece nadie. El Negro espera encontrar al amigo con el que va a viajar hasta Grand Bourg, a escuchar unas bandas punks que tocan en una casona. Es raro el domingo de un skinhead relajado: de José C. Paz a Parque Centenario. De Parque Centenario a San Martín. De San Martín a Grand Bourg. De Grand Bourg a José C. Paz. Hoy hay dos periodistas de la Rolling con un auto que te llevan y te traen, pero si no (y “si no” es lo habitual) todo es a gamba, pateando, en bondi, enfrentando con calma las distancias feroces del Gran Buenos Aires. La geopolítica finalmente existe, porque que uno viva en el oeste y otro en el sur y otro en Capital y otro en el norte y así, complica la articulación de movimiento horizontal, sin mandos ni jerarquías, y cuyas únicas expresiones organizadas hasta ahora han sido las que concretó Acción Antifascista con sus encuentros en Salón Pueyrredón, pero no más. Y el Negro, con esa calma, dice: “Si no viene arranco solo”. De pronto, un pibe rolinguita viene del fondo del gentío, saluda y ahí nos quedamos hablando. Parece que unos pendejos de Tigre, medio jugados, colaron y aprovecharon los goles para descolgar un par de banderas. “Después los putos las exhiben como si las hubieran afanado aguantando”, se queja el rolinguita. El pibe no viene, tiene que laburar o algo. Hora y media después, llegamos a Gran Bourg. La casa es de un chico flaco y de chivita a quien le dicen Muni, un chalecito tranquilo con pasto adelante y unos árboles en la puerta, a diez, quince cuadras de la estación. La entrada cuesta dos pesos y en un rato toca Matacarnero, cuyo bajista va a repartir volantes que me quieren convencer de que hay que apoyar a los trabajadores del Garrahan. El escenario está dentro de un garaje reconvertido en sala de ensayo. En la pared hay un cartel de la Asociación Madres de Plaza de Mayo y su leyenda de siempre: “¡NI UN PASO ATRAS!”. La gente que da vueltas viene de lugares lejanos, hay punks, rastas, la verdad que un sharp queda bien en esa diversidad empática. Las bandas suben, bajan, se prestan bateristas. No está muy organizado, pero esto es el under y, si lo estuviera, algo andaría mal. En un costado del jardín, con una bola de sonido difuso llegando desde adentro, el Negro termina el día revelando su proyecto de fondo, el más esencial: irse a vivir al campo. Suena a estación terminal del camino militante, pero está bien. A los 30, el Negro es un antifa veterano, un poco como de vuelta. Nos vamos. El Negro se queda. Una astuta combinación de tren y colectivo lo va a dejar después en su casa, o cerca. Entre la pandilla, la pelicula, el desvarío, la soledad, el juguete, la fascinación pavota del teenager sin rumbo o el compromiso grave del sueño antiracista , la ilusión de la pertenencia, la descarga, el combate, la reafirmación machita, la escasez, la nada. Ahí se mueven varios de los pibes de uno y otro lado. Ahí se mueven y ahí parecieran irse quedando. ¿Cómo siguen sus vidas? No hay skinheads neonazis que pasen los 30 como no sean los pocos que quedaron como jefes de nuevos niños que llegan felices después de comprarse los borceguíes en la Bond Street. ¿En qué se convierten después? ¿En tacheros que ponen Radio 10? ¿Y los sharps? ¿Todos siguen el camino del Negro? ¿Se van envejecer entre gallinas y de vez en cuando, cuando no les parece demasiado patética, votan a la izquierda? Que haya pases, que los pases no sean del todo improbables, permite inferir sin demasiada saña que los movimientos también están cruzados por cierta inconsistencia ideológica. En ese hábito pendular se funda también algo parecido a la fragilidad. Quizá no esté mal. Después de todo, tal vez sea preferible: finalmente, un racista es alguien menos cruel que imbécil, y de la maldad hay regreso, pero de la estupidez… Así que si alguien vuelve, por mí, bienvenido. El proyecto 2005 del Moko fue ocupar, (o mejor, okupar) con Lorena, su novia, una casa deshabitada en Luis Guillón, cerca del cruce de Lomas. Pregunta: –¿Quién dirías que sos? – Y, yo soy un producto del arroz hervido y las crisis matrimoniales. No sé ¿vos creés que necesito ayuda? FUENTE: http://www.rollingstone.com.ar/archivo/nota.asp?nota_id=768045
Teorías de Marx reviven a 160 años del Manifiesto El saber abstracto -dice Marx- como fuerza objetivada del conocimiento, deviene en principal fuerza productiva, desplazando al trabajo a una posición marginal en la creación de valor. El General Intellect, en este caso, surge, como señalan Negri y Lazzarato, "cuando el trabajo se transforma íntegramente en trabajo inmaterial y la fuerza de trabajo en intelectualidad de masa.[...] El actor fundamental del proceso social ha devenido ahora "el saber social general" (ya sea bajo la forma del trabajo científico general o bajo la forma de la puesta en relación de las actividades sociales: "cooperación". Independientemente de las consideraciones políticas y teóricas que surgen de inmediato, y que han dado pie a una discusión muy interesante y provechosa que se mantiene hasta nuestros días, hay en los Grundrisses un planteamiento muy poderoso que queremos destacar, sobre todo, en relación con nuestra reflexión en torno a la sociedad del conocimiento, el ciberespacio y la posibilidad de la conformación de una conciencia global de escala mundial. El Ciberespacio como un cerebro global no es una idea nueva. Durante estos últimos años han existido varias líneas de investigación de carácter científico que asumen esa hipótesis para orientar importantes estudios. Asimismo, la idea de la existencia de un cerebro o una conciencia global a nivel social es un tema planteado mucho antes de la aparición del Ciberespacio o incluso del advenimiento de la mundialización capitalista. Por citar sólo a "clásicos": Durkheim, en "La División del Trabajo Social" o Spencer en "La Sociedad es un organismo" llegan a tal conclusión. Por cierto, como señalábamos, Marx es otro de los clásicos que hacen un planteamiento en torno a esta temática. En los Grundrisses, nos encontramos con conceptos como "individuo social", "saber social general" o "cerebro social" que Marx utiliza como sinónimo de "General Intellect". Una subjetividad colectiva es lo que Marx presenta como cerebro social o General Intellect en los Grundrisses. Subjetividad global que se forma a partir del propio desarrollo capitalista, a propósito de la incorporación de las máquinas al proceso productivo. Examinemos una cita de Marx que explica su formación: "Tan pronto como el trabajo en su forma inmediata ha cesado de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja, y tiene que dejar, de ser su medida, y por lo tanto el valor de cambio [deja de ser la medida] del valor de uso. El plus trabajo de la masa ha dejado de ser condición para el desarrollo de la riqueza social, así como el no-trabajo de unos pocos ha cesado de serlo para el desarrollo de los poderes generales del intelecto humano. Con ello se desploma la producción fundada en el valor de cambio, y al proceso de producción material inmediato se le quita la forma de la necesidad apremiante y el antagonismo. Desarrollo libre de las individualidades, y por ende no reducción del tiempo de trabajo necesario con miras a poner plus trabajo, sino en general reducción del trabajo necesario de la sociedad a un mínimo, al cual corresponde entonces la formación artística, científica, etc. de los individuos gracias al tiempo que se ha vuelto libre y a los medios creados para todos – el comunismo" (Marx, Grundrisses, p.228-229). Así como las máquinas nos confieren proximidad, según McLuhan, así tambien nos confieren, paradojálmente, el tiempo libre necesario para desarrollar intelecto, antes ejercicio sólo disponible para los dueños del capital. Pero además, según Marx, la producción fundada en las máquinas nos aportan finalmente la disponibilidad de los medios ahora "creados para todos", vale decir, permiten a la larga, la masificación de bienes y una mayor accesibilidad. Esto último, posibilitado por la caída del valor de cambio de las mercancías, que la propia producción capitalista se ha encargado de realizar. La emergencia de esta "sociedad de la abundancia" puede ser puesta en duda, por cierto, desde muchos puntos de vista. De hecho, en el propio Manifiesto Comunista Marx plantea que "la extensión de la maquinaria y la división del trabajo quitan a éste, en el régimen proletario actual, todo carácter autónomo, toda libre iniciativa y todo encanto para el obrero. El trabajador se convierte en un simple resorte de la máquina, del que sólo se exige una operación mecánica, monótona, de fácil aprendizaje". Pero se trata sin duda de un alcance a la situación de un capitalismo claramente distinto al capitalismo actual. Nunca nos debemos olvidar de que Marx era finalmente un evolucionista, como muchos de los pensadores de su época, por lo que toda identificación de un fenómeno social, y en particular respecto del desarrollo capitalista, debe ser entendida en esa clave. No obstante estos posibles y válidos cuestionamientos, existen dos fenómenos: la tecnología digital y la sociedad red (fenómenos concomitantes, más no causantes el uno del otro, como señala Manuel Castells), y un factor: el conocimiento, que combinados en la figura "sociedad del conocimiento" se presenta una situación que es necesario comentar. Lo que caracteriza a la "sociedad del conocimiento" es precisamente el rol que ocupa el conocimiento en la producción. Vale decir, avanzamos a una sociedad donde el conocimiento se transforma en principal fuerza productiva, por la capacidad que tiene de expresarse en las máquinas y en toda tecnología destinada a la producción. A mayor conocimiento mejor rendimiento y mayor productividad. Según esto, el conocimiento adquiere -o mejor dicho- mantiene -su alto valor de uso en esta etapa del capitalismo. Y este conocimiento social, ocupado por el capital, ha permitido la disponibilidad masiva de equipos o dispositivos que permiten que el costo de adquisición, reproducción, transmisión y modificación de este importante factor productivo posea un valor marginal. La capacidad de digitalización del conocimiento permite su reproductibilidad prácticamente infinita. Y ocurre que, por su abundancia, a pesar de su alto valor de uso le corresponde un cada vez menor valor de cambio, lo que hace plausible, nada menos, que pueda funcionar sin la forma de la propiedad. El ciberespacio, como ámbito privilegiado para la circulación libre de saber objetivado y digitalizado amplía aún más esta realidad. Y esto ha sido entendido por muchos, independientemente de su opinión política, su "relación con los medios de producción" o su matriz cultural. El gesto "cooperativo" que surge y prima en el ciberespacio no sólo hace plausible la transmisión e intercambio libre de conocimiento, sino que lo proyecta como necesidad, resultado último, tal vez, de una humanidad impresionada por la posibilidad real de la extinción de la biosfera como consecuencia de la acción del propio ser humano, y/o de la comprensión de la unidad del mundo ahora visto desde un "otro lugar" distinto al propio planeta. De esta forma, emerge un nuevo modo de producir conocimiento, al que podemos llamar el Modo de Producción Copyleft. Significa, dicho de la manera más simple: "algunos derechos reservados". Vale decir, nosotros, como productores de un contenido particular, nos reservamos por ejemplo el derecho a ser reconocidos como autores, nos reservamos el derecho a que ese contenido no sea comercializado-comercializable, y a la vez, entregamos al dominio público el derecho de la utilización libre no lucrativa del mismo. El modo de Producción Copyleft es la matriz socio-cultural que posibilita la formación del saber social general o General Intellect. El modelo se basa en la cooperación rizomática, la creación recombinante y acumulativa, el despliegue de la inteligencia colectiva, la supresión de la alienación que ocurre por la identificación del cognitario con el producto de su trabajo y el reconocimiento social. Hoy, lo que ocurre en el ciberespacio, es que el "individuo social" despliega día a día millones de contenidos de arte y ciencia licenciados bajo la Licencia Pública General (GPL), las licencias Creative Commons y otras formas de hacking jurídico al copyrigth, formándose una masa de contenidos de conocimiento y cultura libres, fuera del mercado. El dominio público se fortalece. En los momentos de libre despliegue de esta nueva formación social, logra imponer escenarios y definir pautas a grandes corporaciones y estados que deben hacer esfuerzos por entender las nuevas realidades, y tratar de imprimir estabilidad a sus mercados. Por poner sólo un ejemplo, el concepto Open Source ya se ha impuesto en el "mercado del software" modificando el modelo de negocios tradicional, lo que si bien puede observarse como la capacidad de adaptación del mercado a las nuevas realidades del mundo digital, también puede observarse como un retroceso del modelo de la propiedad intelectual fruto de la capacidad productiva del Copyleft. No obstante lo anterior, todo esto se da en el marco de una guerra generalizada. El poder dominante hoy en día despliega todo su arsenal para detener el nuevo modo de producción: leyes, instituciones, lobbies, acuerdos secretos, criminalización, control monopólico, canon digital. Teresa Malina, un autor colectivo creado al calor de la reflexión en las redes hacktivistas, señala: "El conflicto que ha destapado el éxito de la producción colaborativa del copyleft y la libre circulación de bienes inmateriales es el conflicto entre dos formas de construcción de la sociedad de la información: el modelo de la propiedad intelectual basado en la producción y gestión selectiva de una escasez artificialmente inducida y el modelo del copyleft basado en la libertad de circulación de saberes y técnicas que genera un procomún de recursos y contenidos a través de la recombinación y mejora acumulativa y distribuida de procesos digitalizados" [...] el complejo de la propiedad intelectual ha reaccionado de forma directa y violenta contra la sociedad en los tres ámbitos necesarios para asegurar su hegemonía: 1) el control técnico del flujo de la información para producir escasez y asegurar su gestión privativa, 2) el refuerzo simbólico (a través de la publicidad y la propaganda) del concepto de propiedad intelectual y el sentimiento de culpabilidad asociado al acto de copiar y reproducir libremente bienes inmateriales y 3) la creación de leyes represivas y disuasorias para la implantación efectiva de un régimen de propiedad inmaterial criminalizando el intercambio cultural y la experimentación pública con los mecanismos de control del flujo informativo".(Malina, 2006) Quien piense que esto es un problema lejano, o de una incumbencia secundaria, puede revisar el proyecto de ley (la llamada Ley SCD) que se encuentra actualmente en el Congreso Nacional, que modificará la actual Ley de Propiedad Intelectual vigente en Chile, el que atendiendo las disposiciones sobre propiedad intelectual que impone el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, se propone no solo limitar las posibilidades de la libre circulación de conocimiento sino, además, disminuir los espacios que el dominio público ya había logrado ganar. La hipercomunicación que nos confieren los nuevos medios opera como un poder inverso al poder del control de la información. Esa es nuestra fortaleza. Esa es la base de la conformación de un agente o actor político que sea "la conciencia" de este cerebro social, del Intelecto General. El territorio a conquistar es precisamente el de la subjetividad. La tarea central e inaplazable es la construcción de una subjetividad emancipatoria que tome para sí al conjunto de la producción científica y cultural, trascienda la dependencia de la máquina, se autonomice de ella y pueda operarla a su voluntad. Tal como Marx lo vaticinó hace más de 160 años, hay efectivamente, procesos reales que posibilitan esta tarea. Si el capitalismo postfordista debe copar todos los ámbitos de la vida cotidiana y transformarlos en espacio productivo, tambien debe destinar un tiempo de ocio consumista. La eficiencia productiva del modo copyleft es de tal magnitud, que se requiere destinar solo una parte de ese tiempo a la producción de conocimiento colectivo para el fortalecimiento del dominio público. Por ello se hace necesario romper paradigmas, hacer una relectura de la sociedad e incorporarse a este nuevo frente que llamamos tecnopolítica. El llamado es para aquellos que llegaron al mundo no a ocuparse de las cosas que terminan sino de las que comienzan. El General Intellect requiere de una conciencia global, que no se logra haciendo rentable la "industria cultural" aun cuando los contenidos sean "de izquierda". "Un estado de consciencia surge en el cerebro biológico como la sincronización transiente de una multitud de descargas nerviosas distribuidas a lo largo de diversas cortezas cerebrales, núcleos talámicos, bucles sensomotores y somato sensoriales. La consciencia no es algo que pueda imponerse desde un módulo central. No existe tal cosa en el cerebro humano. Tampoco en el cerebro colectivo que es la red". (Malina, op. cit.) Nuestro desafío es encontrar las formas de participación y articulación en este nuevo sujeto político que debe emerger desde esta aun naciente consciencia global, para convertirse en expresión de los muchos en tanto mayoría y lograr, por fin, hacer del mundo el lugar que imaginemos colectivamente.
"La guerra fue un episodio de la dictadura" Mañana se cumplen 21 años de la aventura de Galtieri, el crimen de la dictadura que ya se transformó en "la gesta". Uno de los veteranos de ese invierno de locura y horror sigue contando lo que los militares quieren olvidar y silenciar: el hambre, la torpeza, los estaqueos y hasta el abuso sexual. María Esther Gilio / Página 12 –Tenía nueve años cuando mataron a su padre. –Sí, nueve años, un hermano de siete, una hermana de cuatro y mi mamá con un embarazo de seis meses que perdió. –De la angustia. –Cuando fueron a buscar a mi padre a mi casa le dispararon a mi hermana, a consecuencia de lo cual tuvo convulsiones. Fue todo muy trágico. Este señor, que fue a buscar a mi padre, a quien mataron, fue merecedor luego de que pusieran su nombre a una calle de Morón. –¿Por qué merecería ese semejante homenaje? –Era jefe de prensa de López Rega. El nombre a la calle se lo puso el intendente de Morón, Rousselot. –¿Estaba haciendo el servicio militar cuando se decidió lo de Malvinas? –Sí, tenía 19 años y estaba haciendo el servicio como cualquier cristiano. Era bastante tonto, bastante ingenuo, muy obediente y cuando empecé a cuestionar a los militares no era desde lo ideológico –cosa a la que estaba ajeno– sino desde las cosas cotidianas que nos iban haciendo. –¿Por ejemplo? –Nos llevaban a un campo de cardos y nos hacían arrastrar. Yo llegué a tener espinas hasta en los testículos. Mi bronca empezó con esas cosas. –¿Dónde estaba cuando empezó la guerra? –Estaba de licencia por tres días en Buenos Aires. Fuimos a Plaza de Mayo con mi madre. Y, no sé, como la mayoría entré en esa fiebre colectiva que fue Malvinas. Todos queríamos ser protagonistas de la historia. –No pensaba que podían matarlo. –Sólo por momentos. En realidad lo que la mayoría pensaba era que íbamos a las islas, pero no a pelear. Que las tomábamos y allí quedábamos ocupándolas. –¿Los ingleses iban a aceptar algo así? ¿Se iban a quedar tranquilos? –Claro que no, era un disparate, pero era lo que creíamos. Que éramos una potencia y que después de haber tomado posesión de las islas nadie nos movería. ¡Qué iban a venir los ingleses desde tan lejos! ¿Para qué, para sacarnos de ese lugar que ellos sabían que nos pertenecía? Yo no sé si los militares tenían conciencia de que el combate era contra la OTAN. –Galtieri había vuelto de Estados Unidos convencido de su poder de convicción. Se sentía un triunfador. –Galtieri estaba convencido de que EE.UU. se mostraría retributivo por la colaboración argentina respecto a Centroamérica. –¿A los "contras" en Nicaragua? –Sí, hubo gente del ejército ayudando a los contras y hubo gente del ejército en la Escuela de las Américas en Panamá. –¿Enseñando o aprendiendo? –La mayoría enseñando, aunque también aprendiendo. Tipos de la categoría de Seineldín o Rico, enseñando, claro. –Cuénteme su salida y sus emociones en ese momento. –Yo llegué allá en un vuelo, el 25 de abril a las 10 de la noche. No tuve ni tiempo a pensar. Casi no pude avisar a mi mamá. Cuando la llamé desde Córdoba pensó que la estaba cargando. Nos dieron un minuto para hablar con la casa. –¿Y por qué estabas en Córdoba? –Porque yo elegí paracaidismo al entrar al Servicio Militar. –¿Paracaidismo? –Sí, esa locura. No sé qué esperaba. –Cruzarte con algún ángel. –Sólo eso. La cosa fue que llamé a mi vieja y cuando le dije: "Me voy a la guerra", se mataba de risa. Pensaba que la estaba cargando. Cuando la convencí de que era verdad y empezó a llorar se acabó el minuto y me cortaron. Al rato salimos hacia Comodoro Rivadavia en un Boeing 727 a las islas. Cuando aterrizamos todos los que estábamos atrás pasamos al frente. –Era un avión de carga. –Era un avión de pasajeros al que habían sacado los asientos. Llegamos, y esa noche dormimos a la intemperie. –Haría mucho frío. Las islas están a la altura de Ushuauaia. –Mucho frío. Pero a nosotros, todavía no nos preocupaba el frío. Estábamos viviendo una aventura. –Llegaron, entonces, durmieron y al otro día fueron a ver la ciudad. –No, a la ciudad no íbamos, sólo la atravesábamos, en camión, cuando nos llevaban a bañarnos. –Sin embargo hay fotos de soldados en las calles. –Son fotos de los últimos días, cuando nos replegamos. –Usted volvió a las islas después de la guerra, ¿por qué? –Porque empecé a trabajar como periodista, y cuando se daba de ir, yo me postulaba. Siempre que puede volví. –¿Por qué? –Sentía deseos de volver. Cuando el gobierno británico permite a los argentinos ir a las islas yo voy. Era el primer viaje, un viaje realmente histórico. Y... –¿Qué le pasó en ese viaje? ¿Algo no le gustó? –Fue complicado. Algunos me criticaron por ir. Y se sintieron molestos por comentarios míos sobre la guerra. Yo cuestiono mucho la actuación de los militares. Algunos no aceptaban estas críticas. Incluso hay organismos de derechos humanos para los cuales la guerra fue una isla dentro de la dictadura, cosa que no comparto. Para ellos la dictadura terminó el dos de abril. –El día en que empezó la guerra. –No estoy de acuerdo con esto. La guerra es un episodio de la dictadura. –Un episodio que al comienzo quisieron oscurecer. ¿Sentían vergüenza por su conducta? –Andá a saber. Orgullosos no podían estar. Pero desde el año pasado y gracias a López Murphy que era ministro de Defensa en el gobierno de De LaRúa, se comienza a valorizar esta guerra para contrarrestar el 24 de marzo. –Así la triste aventura se transformó en la patriótica "gesta". –Claro. En realidad festejan una derrota. Algo peor que una simple derrota, ya que todo lo hicieron para perpetuarse en el poder. Sin embargo, en cuanto pueden, se ufanan de ser los grandes protagonistas. Los únicos héroes que hay acá son los chicos que murieron. A quienes una vez al año llaman héroes y los trescientos sesenta y cuatro días restantes son muertos de hambre, tipos sin trabajo, con problemas de incapacidad, de alcoholismo, de drogadicción, tipos que la gente rechaza y margina. –Eso pasa hoy. Pero cuando volvieron, ¿qué pasó? –También. Pasó lo mismo. "No se habla más", dijeron. Como si hubiéramos perdido un campeonato de fútbol. "No se habla más." A otra cosa. –¿Estuvo en Campo de Mayo a la vuelta de Malvinas? ¿En el momento en que los conminaron a callar y olvidar? –Por supuesto. Nos dijeron que nos teníamos que olvidar del tema. Nos hicieron hasta firmar una especie de documento. –¿Qué explicación daban? –Que ya todo había pasado, y no teníamos por qué entrar en detalles. Te hacían hacer una especie de declaración jurada explicando algún acto de heroísmo que hubieras presenciado. –Datos para la historia futura. Cuénteme su primer combate. –Fue el primero de mayo. Yo era artillero, fui a la guerra a hacer logaritmos. (En una hoja dibuja la geografía del lugar.) Acá estaba la ciudad, acá el aeropuerto, acá los montes. Aquí la base militar. Todo esto que te dibujo estaba en un mapa cuadriculado. Yo, a partir de las distancias que la cuadrícula marcaba calculaba los tiros. Así sabías dónde podían caer. Yo estaba en una unidad de artillería. –¿Cómo sabía tanta matemática? –Del secundario. Yo quería ser agrimensor. Y bueno, a partir del dos de mayo empezamos a tener hostigamiento naval todos los días. Nos hostigaban para que no pudiéramos dormir. Tiraban de día y de noche. Dormíamos dos, tres horas por día. Además, hacía ya muchísimo frío. Llegó a hacer veinte grados bajo cero. Pero aparte estaba el problema de los estaqueados. –¿Quiénes eran los estaqueados? –Los que habían robado. Como no nos daban de comer, muchos salían de noche a robar. Cuando te agarraban, te ataban de pies y manos y te dejaban sobre la turba mojada. –¿A quién robaban?, ¿a los kelpers? –Sí, a los kelpers, en la ciudad. –¿Por qué no había comida? –Yo no dije que no había. Cuando terminó la guerra había unos galpones inmensos llenos de comida. Pero ellos trataban de ahorrar porque especulaban con que íbamos a estar hasta setiembre. Vos ibas a buscar la libra de chocolate que correspondía a cada soldado y decían: "no, media libra". Al final te daban una barrita. Recuerdo que en un momento se empezaron a encontrar mensajes dentro de los chocolates. "Que Dios te proteja", "Cuando lo comas pensá en mí". Mensajes cariñosos, que había puesto allí gente que enviaba chocolate a los soldados. Chocolate que nunca llegó, se lo quedaba no sé quién y volvía al circuito comercial. –En definitiva que tenían frío y hambre. –Mucha hambre y mucho frío. Porque gran parte del tiempo la pasábamos sobre la turba húmeda, que era como estar sobre una esponja gigante. Se nos mojaba la ropa y pocas veces teníamos posibilidad de cambiarla. Vivíamos húmedos, ni trincheras se podían cavar, se llenaban de agua. Se hacían unos techos, algo que llamábamos "pozo de zorro", donde poníamos cartones y maderas. De cualquier modo el frío llegó a ser terrible. –Contame sobre lo más duro de la guerra, miedo y muerte. Contame de tu experiencia en ese terreno. –Nosotros terminamos de combatir a las siete y cuarenta del catorce de junio. La guerra duró setenta y dos días. Los más terribles fueron el once, doce y trece. En esos días murió un montón de gente. –¿Compañeros suyos? –Algunos. Particularmente un chico que murió en mi lugar. –¿Por qué en su lugar? –Era el anochecer y yo estaba con un poco de miedo de dormir en mi pozo de zorro. Me fui para abajo, donde se hacía la guardia. Ahí, el chico que tenía que tomar el relevo se demoró. Entonces, como yo estaba en el lugar, me mandaron hacer la guardia que le correspondía a él. Cuando el compañero, de nombre Vallejos, apareció, diez minutos tarde, le dijeron: "Llegaste tarde, ahora te jodés, ya Esteban tomó tu lugar. A vos te toca la hora de Esteban". En esa guardia, que era la mía, él muere. –¿Por qué había tenido tanto miedo esa noche? –Te dije que el ataque en esos días había sido el peor de toda la guerra. Yo rezaba como nunca y ovillado como un chico pedía a la Virgen y a mi padre muerto que me ayudaran. Lo que más me aterraba era la idea de que podían herirme sin que nadie se enterara, y yo quedara ahí muriendo por horas. –Entonces hace la guardia en lugar de Vallejos. ¿Y? –Cuando termino, él toma mi lugar. Pero te digo algo... (queda en silencio). Perdoná, no tengo ganas de hablar de esto. Buscalo en el libro que te doy. De Iluminados por el fuego, de Edgardo Esteban y Gustavo Romero Borri: Un sargento me vio y me gritó: Gringo, vení, ¡ayudá! ¡No te quedes ahí! Había otros soldados rodeando el pozo. Estaba Burgos y le pregunté qué había pasado. Burgos no reaccionaba, estaba mudo, como fuera de sí, sin comprender nada; quizás aturdido por el impacto, por la situación. Vallejos yacía dentro del pozo, con todo el pecho abierto. Una masa de ropa y sangre. Cuando me acerqué, me miró a los ojos, como queriendo hablar. Yo intenté agarrarlo y cerró los ojos. Mientras tanto el fuego seguía acosándonos y los silbidos de los proyectiles atravesaban el aire en todas las direcciones y los impactos se mezclaban con los gritos de los soldados. La confusión no nos permitía dudar. De pronto me sentí mejor: había cobrado más coraje. Dejé de pensar en protegerme y atravesando las explosiones llevamos a Vallejos hasta la casita verde. En el trayecto nos cruzamos con Gustavo, que había bajado a avisar al médico Foresi. La verdad es que Vallejos había muerto en el momento de cerrar los ojos. Tenía un puñado de esquirlas incrustadas en el pecho, y nuestras esperanzas de salvarlo habían sido pura ilusión. En el galpón, pegado a la casita verde, nos recibió Foresi. Nosotros dejamos el cuerpo de Vallejos y nos fuimos. –¿Por qué le duele tanto? –Porque pienso que debía haber muerto yo. Eso me quedó como una especie de cicatriz. No consigo olvidarlo del todo. Un tiempo más tarde me hice muy amigo del hermano. Ahora justo me mandó un e-mail. –¿Cómo se creó esa relación? –Yo estaba en Radio del Plata, en el año noventa y cuatro, y dije algo. El, que estaba de maestro en Santa Fe, me mandó una carta muy linda. Entonces yo lo fui a visitar. Charlamos muchísimo y a partir de ahí quedamos muy amigos. No pasa lo mismo con sus papás, que no me quieren para nada. Tienen todo el derecho. Lo que pasa es que los militares que no me quieren nada deben haber dicho cualquier cosa, porque yo digo lo que pienso y ellos no se bancan que nadie diga la verdad. Que hable de los estaqueados o de los abusos sexuales o de malos tratos. –¿Había abusos sexuales? –Un cabo, el que manejaba la comida, se acostaba con los soldados. –¿Los muchachos aceptaban acostarse con él porque tenían hambre? –Sí, claro. El pagaba con comida. No se puede, ya te lo dije, hablar de Malvinas. Los militares nos exigen silencio como parte de un pacto de honor. A mí con eso no. Para mí es un orgullo haberlo roto. Pienso en los seiscientos cuarenta chicos que murieron injustamente. Y pienso también en algo que me indigna, que nadie asuma la responsabilidad de esta guerra perdida. Nadie dice "perdimos", "fracasamos". Nadie lo dice. Eso sí, los dos de abril se hace todo el circo de "la gesta". –¿Se enteraron del hundimiento del "Belgrano"? –Fue duro eso. Creo que ahí nos dimos cuenta de que la guerra no era joda. Fue el dos de mayo, a dos días de que empezaran los ataques. Cuando todo el mundo pensaba en la rendición y en la paz. –¿Cómo se imaginaban la vuelta? –Imaginaba que todo mi barrio me iba a recibir con pancartas, abrazos. Como a un héroe. Yo, por una promesa que había hecho, llegué de rodillas a mi casa. Cuando di vuelta a la esquina vi a mi mamá, una luz blanca y un perro ladrando. –¿Y qué dijo el barrio? –Yo era el loco de la guerra. Te sorprende, pero así fue. –Hay algo que siempre me llamó la atención, una especie de marginación, a la que están sometidos los combatientes de Malvinas. ¿De qué se los acusa? –Andá a saber. ¿Se terminó la guerra? Hay que olvidar. Estaba en plena marcha una campaña de desmalvinización. No hablar, tapar, marginar a los ex combatientes por el temor de que empezáramos a hablar. Que contáramos lo que estoy contando. El gran logro de ellos es habernos neutralizados. –Piensa que lo lograron. –Sí, lo pienso. No hubo todavía el debate que Malvinas merece. Este aniversario hubiera sido un buen momento para el debate. –¿Cuál cree que debe ser el corazón del debate? –Que los militares sabían que esta guerra se perdía. Lo supieron en cuanto vieron que la OTAN se movilizaba. ¿Cómo podían chicos con veinte días de instrucción batirse contra profesionales de la guerra que tenían el apoyo logístico de los satélites, de submarinos nucleares y de Estados Unidos? –Vuelvo al tema del rechazo a los ex combatientes. No consigo entender. Los he visto en la calle, con muletas, pidiendo limosna. –No se hizo nada. Ningún gobierno hizo lo que debía hacerse. Ayuda psicológica, médica, un censo para ver las situaciones de todos. Hoy las estadísticas dicen que son más los muertos por suicidio que por combate. Se dice que los suicidas son doscientos sesenta y nueve. Los muertos en combate fueron doscientos sesenta y cinco. –¿Por qué se mataron los que se mataron? –Porque nunca tuvieron una respuesta de la sociedad. Yo también estuve muy mal. Yo no soy una excepción. Lo que hago es correr mis fantasmas. A mí esta charla me cuesta horrores. Yo no quiero hablar más de Malvinas. Dije en el libro lo que quería y ya está. Tengo buen trabajo, familia, amigos. No estamos en el ochenta y dos. Hay que mirar adelante, apostar a la vida, pero yo también estuve a punto de suicidarme. Tuve una depresión terrible. Lo único que me decían era "callate la boca". Y yo estaba hecho mierda. Tenía veintidós años y me preguntaba ¿qué hago?, ¿voy para acá o voy para allá? Elegí un camino que me sirvió. –¿Qué lo sacó del pozo en el ochenta y cuatro? ¿Se enamoró? –Nooo, si mi novia me había dejado. Estaba a punto de quebrarme y pensé: "A mí esto no me va a quebrar". Empecé a hacer terapia. Primero individual, después de grupo. Y después escribí el libro. –Con el libro están haciendo una película. –Sí, Trambauer, el director que hizo la película de Borges y la de Cortázar. –Me dijeron que en Malvinas se hizo amigo de una señora kelper que lo encontró muy abatido en el cementerio de Malvinas, junto a la tumba del soldado que murió en su lugar. –Sí, en cuanto se pudo volver, volví. Yo trabajaba como periodista y cuando abrieron la frontera pedí para ir. Con esa señora nos conocimos en el cementerio. Fui a su casa. Un tiempo después ella vino a visitarnos a Buenos Aires. Conoció a mis hijas, se hizo amiga de mi mujer. Hemos hecho una lindísima relación. Te voy a decir algo que pasa con Malvinas. Imaginate que tenés en tu casa un poster de Yves Montand. Le ponés velas y lo mirás con ojos amorosos. Un día lo encontrás por la calle, te invita a su casa y vos decís: "No". Volvés a tu casa y seguís con las miradas y las velitas. En estas Malvinas, las reales, las de caminar, sentir el viento, el frío. La de entrar a un café, sentarte ahí, mirar a la gente, tal vez hablar, en estas Malvinas nadie piensa. Para la mayoría las Malvinas sirven para hacer discursos en las fechas patrias y dibujos alusivos en la escuela. Tenemos que acercarnos. Los kelpers son dos mil, si un día las islas pasan a ser argentinas, ¿los vamos a matar a todos? Los militares, en lugar de intensificar una relación que existía, lo que hicieron fue poner más barreras entre ellos y nosotros. –¿Cuántos soldados fueron a Malvinas? –En el año ‘82 eran doce mil. Después de Menem fueron veinticuatro mil. –¿A quién beneficiaba el cambio? –Hoy hay hasta periodistas que cobran pensión. Este es un país kafkiano http://www.lafogata.org/003arg/arg4/ar_cumplen.htm
1) Quién era presidente de SEVEL cuando se descubrió que evadíaimpuestos en 1993? Mauricio 2) Quién fue procesado en 2001 por ese contrabando de autopartes? Mauricio 3) A quién se le ocurrió el impuesto docente (la famosa obleadocente), se encargaba de su distribución y se quedaba con el10% de todo lo recaudado? Mauricio 4) Quién era vicepresidente de la empresa dueña de correo argentinomeses antes de que éste quebrara y se descubriera su deudamillonaria con el Estado (y posteriormente debiera serre-estatizado)? Mauricio 5) Quién construyó los palcos en La Bombonera sin llamar alicitación y haciéndolos mediante una de sus empresas? Mauricio 6)Quién tiene un pasivo de 75 millones de pesos en Boca y debeinventar ingresos inexistentes para que el balance noarroje déficit? Mauricio 7) Quién no cumple con los requisitos que establece la Constituciónde la Ciudad en materia de INCOMPATIBILIDADES para ser Jefe deGobierno? sisi, acertaste... Mauricio AQUI ALGUNOS DE LOS CASOS UN POCO MÁS DESARROLLADOS:Sevel: Según la DGI, la empresa de los Macri evadió unos 55millones de pesos del 93 al 95 durante la presidencia de Mauricio Macri en la empresa. En 1993 Sevel de Argentina exportabaautopartes a Sevel Uruguay, lo que le permitía cobrar reintegrospor exportaciones. Pero, a su vez, esas piezas, eran ensambladasallí y luego importadas a la Argentina en forma de automóvilesterminados.De este modo, Sevel cobraba reembolsos por exportaciones yrealizaba las importaciones con un arancel diferencial del 2 porciento. Así, se beneficiaba con el sistema deimportación compensada a partir de los automotores exportados.Tras comparar números de chasis y de motor de 1300 vehículos, sedeterminó que las mismas partes que salían dela Argentina a su vez eran reingresadas en el país, luego de sercompradas y vendidas por Sevel Uruguay y Drago SA, supuestamentecontroladas por Sevel.Un cálculo aproximado realizado por los investigadores concluyó queel monto de lo percibidocomo reintegro sólo en 1993 asciende a unos 7.000.000 de pesos. Seestima que estas exportaciones continuaron hasta 1995.Los jueces que absolvieron a los Macri : Ah, a todo esto Mauricio fue embargado por 4,9 millones de pesos pero posteriormente lacorte menemista (Moliné, Vazquez, Nazareno...) con la famosa"mayoría automática" declaró inocentes a los Macri rechazando laapelación de la causa a pesar de no tener argumentos para hacerlo.Ante las sospechas de corrupción y por su dudoso desempeño estosjueces sufrieron juicio político y renunciaron ofueron destituidos (caso Moliné) en 2003. El dudoso desempeño en lacausa Sevel fue uno de los cargos que se les imputaron.El Grupo Macri (Socma), del cual Mauricio fue vicepresidente hastael 2003, con el Banco Galiciacomo socio minoritario, se adjudicó en 1997 la privatización delservicio postal, en una de lasúltimas operaciones que consumó el menemismo. Esto hicieron:En aquel momento se logró la concesión por 30 años con la promesade pagarle al Estado un canon semestral de 51,6 millones depesos/dólares. Sin embargo, en 1999 dejó de abonarlo. Si hayun contrato firmado hay que cumplirlo. Correo Argentina SA habíaentrado en concurso preventivo en septiembre de 2001, cuando debía$ 900 millones.La deuda del Grupo Macri con el Estado es de 659 millones dedólares (en el 1 a 1), hoy alrededorde 1.977.100.000 de pesos argentinos (según el 3 a 1 actual) y sintener en cuenta los intereses.Se despidió empleados en forma masiva (10.000) que fueronindemnizados. Pero después, el Grupo Macri pretendió que secomputaran estas indemnizaciones por despido como inversiones de laempresa.¿Inversión en qué?En el año de su despedida, a Macri no le dan los númerosEl ultimo balance de 2006 arroja un pasivo de 75 millones. Ademásel balance no da déficit gracias a que se sumaron ingresos que soninexistentes.Esto resulta curioso si retomamos las palabras de Macri en 2004(antes de la venta de Tevez por 18 millones de dólares) que "BocaJuniors tenía cubierto su presupuesto por los próximos tres años".Recordemos que después de eso se vendió a Gago por 22 millones dedólares y a otros jugadores como por ejemplo Insua, Bilos,Abbondanzieri, Alvarez, Rusculleda, etc. En 2006. En el caso deInsua fue a 5 millones de dólares también en el 2006, a pesarde que éste no se quería ser transferido.¿Usted sabía?... que no cumple con los requisitos que establece laConstitución de la Ciudad en materia de INCOMPATIBILIDADES ya quela función de Jefe de Gobierno es incompatible con: serpropietario, directivo, gerente, patrocinante o desempeñarcualquier otra función rectora de asesoramiento o el mandato deempresa que contratecon la Ciudad. Son varias las empresas de Macri que tienen contrato con la Ciudad, como ser: INTRON S.A.(control de las multas fotográficas), SIDECO AMERICANA(estacionamiento), SEPSA (pago fácil), etc.A pensar los que votaron a Macri .P.D: El post respeta el protocolo, informa de negocios y actividades de una persona pública. Si no estas de acuerdo podes dejar tu comentario o si querés debatir algun punto realizalo por mp ya que t! no es foro. Espero que no lo denuncien ya que es real e informativo de una persona pública.Saludos.