ziltirul
Usuario (Argentina)

1. Se mofaba de la autoridad Era muy común que se burlara de la autoridad haciéndola quedar como injusta y tiránica, mientras que el delincuente era visto como un "luchador social". 2. Robaba derechos de autor La canción del inicio de su programa es un robo de la pieza electrónica compuesta por el francés Jean Jacques Perrey The elephant never forgets (el elefante nunca olvida), la cual a su vez es una adaptación del segundo acto del Opus 113 de la pieza “Las ruinas de Atenas” del gran Ludwig Von Beethoven. Esta parte es conocida comúnmente como “la Marcha Turca”. Lo mismo sucedió con las composiciones que se usaban con la de “El Chapulín Colorado” la cual se llama Baroque Hodeown o la clásica del programa: Country Rock Polka del mismo autor francés, todas sacada del álbum Moog Indigo. Nunca pagó un sólo centavo y ni siquiera los mencionaba como autores de las piezas musicales. 3. Robaba personajes De igual manera, Chespirito era muy estricto con los actores y actrices para que no usaran el personaje que representaban en el programa sin pagarle regalías de derechos de autor. Esto lo lograba ya que tenía las patentes y los derechos reservados de todos los personajes. Esta última situación fue motivo de eternos conflictos entre Chespirito con Carlos Villagrán “Quico” y María Antonieta de las Nieves “La Chilindrina”. Pero cómo decía el propio Villagrán: “Roberto sólo me dijo que interpretara a un niño emberrinchado y chiquiado. Yo le incorporé a “Quico” la voz, las poses y los movimientos tan característicos del personaje. El sólo decidió el atuendo”. 4. Opacaba a sus personajes Como escritor y director del programa, Chespirito procuraba opacar a los personajes para que no sobresalieran más de los que él mismo representaba (Chavo, Chompiras, Chapulín, Dr. Chapatín), y esto lo lograba simplemente reduciendo los “chistes” principales de sus colaboradores o sacándolos por un tiempo de las escenas. Un ejemplo obsceno es (lo recordaran bien) cuando al empezar su programa y anunciaba los créditos omitía que salieran los personajes al presentarlos. 5. Utilizaba una moral extraña El propio Bolaños decía que sus personajes estaban destinados a mostrar virtudes y buenos comportamientos a través de chistes, sin embargo la serie está llena de gags ofensivos, con uso de violencia o de una moralidad dudosa. Así como el mensaje que el programa mandaba que ante cualquier conflicto se “valían” los golpes a manera de muestra de inconformidad. 6. Utilizaba chistes de mal gusto Chespirito era experto en hacer chistes de mal gusto donde la constante es que el pobre, el delincuente y flojo son los "buena onda" y los perseguidos, mientras que el que triunfa, el que trabaja y el sale adelante, es el abusivo "desgraciado" que viene a cobrar la renta o mete al "pobre" delincuente a la cárcel.
Las metas (u objetivos) le dan un sabor especial a los días. Es gratificante ver que, poco a poco, vamos sumando logros o hacemos progresos en lo que nos importa. El tema de hoy es menos gratificante, incluso para escribir sobre él. Dónde va a parar… Es más agradable animar a alguien para empezar con sus proyectos pendientes, que para afrontar lo que viene ahora: el fracaso. Meta no conseguida. ¡Oh, no! En un primer momento, el fracaso debilita horrores. Especialmente: cuando has invertido bastante en el objetivo, has fallado por algo que estuvo en tu mano y tu fracaso va a tener trascendencia. meta no conseguida Todos los fracasos no son iguales. Si fracasas al inicio, sienta mal. Pero sienta peor fracasar después de haber recorrido un buen trecho. Si fracasas por circunstancias incontrolables, duele. Pero duele más cuando analizas lo ocurrido y descubres que el mayor responsable de lo ocurrido fuiste tú. Si el impacto del fracaso solo lo sufres tú, también duele. Pero es peor cuando hay más gente afectada o que va a hacerse eco de lo que ha ocurrido. Imaginémonos el peor de los fracasos, entonces. Uno que duela lo bastante como para hacerse la pregunta: ¿Continúo con la meta o abandono? Y que las dos cosas parezcan terribles. Elijas lo que elijas, dolerá Echándole lógica al asunto, la decisión no es difícil. Si la meta aún tiene sentido y vale la pena seguir con ella, el fracaso es solo un episodio. Un episodio del que has aprendido algo nuevo, que te va a ser útil. Y, si la meta ya no es importante, el fracaso anticipa el momento en el que puedes comenzar a estudiar otras opciones más interesantes. También es beneficioso. Lo que pasa es que en un primer momento, el dolor tiene el protagonismo. Esos beneficios no saltan a la vista. Es natural que sea así. La decisión de seguir adelante con una meta fallida duele más que la de comenzar de cero. (Porque cuando empiezas de cero aún no has invertido nada.) Por su parte, la decisión de abandonarla también es dolorosa, por lo que invertiste en la meta. Y porque, además, tendrás que darte explicaciones sobre porqué la dejas, a ti o a más gente. Deja que el dolor se aplaque para poder reflexionar Dependiendo de lo apoteósico que haya sido el fracaso, la decisión será incómoda o dolorosa con ganas. Pero vas a estar en condiciones de reflexionar en cuanto la emoción vaya aplacándose un poquito. Mientras tanto, no tomes decisiones definitivas. Cuando la emoción es la protagonista, arrastra al pensamiento de su lado y no le deja lugar a la lógica. Deja que vaya despejándose el panorama (como si fuera una borrasca) y, poco a poco, vas a tener más claro lo que te conviene. Lo cual no significa, necesariamente, que deje de doler. Puede que duela. Pero, aun así, podrás reflexionar y podrás actuar. Si decides continuar o volverlo a intentar, transformarás la meta no conseguida en un episodio que te sirvió para aprender esa cosa (la que fuera) que no sabías y que va a ser parte de tu éxito. Cuando lo estés celebrando, olvidarás dolor de hoy. Y, si decides fijarte en nuevos horizontes, igual. Quizás te cueste volver a poner a tono tu confianza y tu productividad. Pero, en tanto que has elegido bien, será cuestión de tiempo. Volverás a ir sumando logros. Conclusión: Una meta no conseguida duele, sí. Pero el dolor no dura para siempre. En cuanto amaine, podrás tomar una decisión para avanzar, en esa o en otras metas.
¿Estás listo para empezar una nueva etapa? Por si las necesitas para la transición, en esta entrada tienes unas cuantas herramientas que puedes sumar a las tuyas. Aunque, tal vez, tan solo te haga falta recordar lo que ya sabes. Todos pasamos por variadas transiciones a lo largo de nuestra historia: terminamos y empezamos relaciones, trabajos, estudios, proyectos; cambiamos de entornos (nuevos nombres, otras caras, lugares distintos); renovamos lo conocido con cientos de interrogantes. ¿Qué pasará? ¿Cómo me irá? ¿Y si me he equivocado al elegir? Los cambios más llevaderos son esos que eliges tú y, dentro de lo que cabe, apuntan a ser beneficiosos. Puedes estar nervioso, estresado. Pero es manejable. Por ejemplo, que te cases con la persona que quieres o que te promocionen en la empresa y te den, al fin, el puestazo que te mereces. Claro que también hay cambios que no eliges. Llegan y… ¡zas! De un día para otro te ves empezando una etapa distinta. Esas transiciones añaden más zozobra emocional. Sobre todo, si no tienes ni idea de lo que el cambio te depara o si llevas mucho tiempo relativamente tranquilo, sin que haya sobresaltos de este tipo en tu vida. ¿Cómo lo manejas? ¿Cómo entras en ese nuevo capítulo de tu historia? 1. Ve preparándote Si tienes algo de tiempo antes de adentrarte en la nueva situación, aprovecha para leer, aprender, investigar, preguntar y empaparte con experiencias de personas que han superado la prueba. Hay cambios que se prestan a ello. La formación e información oportunas pueden despejar incertidumbres y, con ello, facilitar que disminuya la ansiedad. Esa es la preparación “técnica”. Y tan importante como esa es la preparación mental. De paso que investigas, te conviene ir asumiendo que te espera un periplo de adaptación, con lo que ello supone: subidas y bajadas; aciertos y errores; sonrisas y gestos de contrariedad. Será una aventura. 2. Alimenta tu actitud positiva Cuando la transición se antoja favorable, es relativamente sencillo alimentar la actitud positiva. ¡Presientes que te aguarda algo bueno! Pero hay veces en las que estás tan intimidado por el cambio, que los miedos y las dudas se comen cualquier pensamiento positivo. No, no te sale. Si eso ocurre, aprovecha el resquicio de sosiego que encuentres para recordar que todas situaciones tienen su lado positivo y su lado negativo. Que, ahora mismo, no veas el lado positivo de la situación, no quiere decir que no lo tenga. Quizás, a medida que vayas avanzando y despejando incógnitas, lo empieces a ver. Y, si los miedos no te dan tregua, tal vez te resulte lo siguiente… 3. Practica un “pesimismo positivo” A mí esto no me funciona mucho. Pero ahí queda el consejo de los estoicos, por si es útil en tu caso. Pregúntate: ¿Qué es lo peor que puede pasar? Así te preparas para distintos escenarios que te aterran. Aunque lo más probable es que no llegues a pasar por todos ellos. «Sé que todo me puede suceder, pero sé también que no todo me sucederá. Y así espero lo favorable y estoy aparejado para lo adverso.» (Séneca) Eso, eso. Provéete de lo necesario para superar los obstáculos más probables. Pero, después, vuelve al presente. Y prepárate para lo que sí quieres que ocurra. 4. Planea atando tus expectativas en corto Si la nueva etapa es el inicio de un negocio o de cualquier otro proyecto en el que te traces objetivos, mantén los pies en la tierra. Es estupendo que tengas aspiraciones y apuntes alto. Pero eso ha de traducirse en acciones concretas y realistas que harás cada día, con vistas a ir superando una etapa tras otra. Ejemplo: ¿Quieres unas calificaciones brillantes en tu recién estrenado curso? Maravilloso, pero impreciso. Para empezar, concéntrate en este trimestre. Hazte un horario de estudio para la semana. Proponte salir victorioso en la próxima prueba que se presente. Como quieras, pero divide. Y ve poquito a poco. 5. Sé flexible y abierto Ábrete a lo que puede ofrecerte la nueva etapa y deja de compararla con la etapa anterior. Si firmas los papeles del divorcio o inicias una relación, no compares eso con lo “bien” que estabas antes, deseando volver atrás, si ya no es posible. La novedad no siempre es fácil de aceptar. Qué va. Pero la resistencia y una mente cerrada vuelven el proceso más difícil. Vas a empezar una etapa en el que aprenderás bastante. Tendrás oportunidades para encauzarte y vivir experiencias positivas. Pero, para verlas, habrás de mirar hacia delante. 6. Busca apoyos En tu entorno puede haber personas que estén encantadas de apoyarte: tu familia, tus amigos. Quizás, te dé la mano algún colega o conocido que pasó por donde tú estás ahora. En el peor de los casos: que no haya nadie cercano receptivo o que creas que no van a entender lo tuyo, puedes acudir a profesionales para que te guíen. La transición se hace más llevadera cuando puedes contar con el apoyo humano. Búscalo. Otra vez te tocará a ti dar luz y fuerza a quien lo necesite. 7. Empieza tu nueva etapa. ¡Lánzate! Llega el momento en el que tienes que poner los pensamientos en “pause” y lanzarte de una vez. ¡Allá vas! La acción también tranquiliza. En cuanto te veas dando pasos y resolviendo una duda tras otra, los nervios irán amainando. ¿Acaso no te ha pasado otras veces? También te consta que has de ser paciente por un tiempo, hasta que le tomes el manejo a la nueva situación. Habrá altos y bajos. Puede que más “bajos” de los que quisieras antes de que lleguen los “altos”. Hay transiciones y comienzos que son duros. Ponen a prueba tu carácter, tu valor, tu paciencia, tu capacidad para persistir. Aunque, de paso, te ayudan a construir esos valiosos activos. Si este es uno de esos comienzos difíciles, date permiso para equivocarte. Permiso para no avanzar como un sprinter. Permiso para caer, volver a levantarte y aprender de la experiencia. Esto no es nuevo para ti. Lo has hecho otras veces. Has empezado unas cuantas etapas en tu vida y aquí estás para contarlo. Utiliza todo lo que ya sabes, provéete de las nuevas herramientas que consideres oportunas. Y ¡adelante! El pasado ya tuvo su desenlace. Desempolva tu coraje, que te toca usarlo para escribir el futuro.