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yusaku

Usuario (Perú)

Primer post: 4 sept 2010Último post: 4 sept 2010
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El Día que pelee con Dios
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/4/2010

EL DÍA QUE PELEE CON DIOS A la edad de 12 o 14 años..... Gracias A La Vida Me acuerdo, de lo que al menos puedo recordar, que estaba sentado frente al televisor viendo las noticias policiales, tal vez, como todo niño en un fin de semana sin nada que hacer. Me había acostumbrado a las diferentes tipos de noticias, que no hacían nada más que refutar en todo su esplendor las hermosas líricas que mi profesora recitaba acerca de la comunidad peruana y lo hacían con tal vehemencia que simplemente dejaban el hermoso discurso de la tutora, en una de las más hermosas falacias. Mientras veía en esa caja de luz todo ese del cual algún día seguramente conformaría, tropecé creo... con lo que fue una de las imágenes más fuertes que haya visto desde que existo: Recuerdo muy bien que era un edificio enorme asediado enteramente por las llamas amarillas, cada una escapando de sus ventanas y paredes sin mostrar piedad ni a la vida que albergaba, ni a la fuerte construcción. Estaba desde ya, muy debilitado y parcialmente destrozado, como si un tornado hubiera pasado contra el con toda su furia y agresividad, la gente corría a refugiarse y lo hacia llevándose a los suyos en diferentes direcciones, todos lo hacían rápidamente, ya que el gigante herido en llamas se desplomaría en cualquier momento y lo mejor en que podían pensar era huir... Y aún así... aún así como algunos volvían, y es que el corazón humano no cree en miedos, ni en obstáculos, ni en un gigante que pronto se desplomará... lo único que cree es exactamente en "lo que el corazón desea". Pues al menos eso parecía mostrar este padre a quien no le importaba cuantas piedras tendría que destrozar, o cuanto fuego haya en el edificio, o cuantos policías tendría que sacarse de encima para buscar a ese niño que crió con todo su amor, un niño que vio nacer y crecer junto con él, ese pequeño pedacito de él que pronto se convirtió en una persona 21 años, y al que seguramente llegó a amar, sus gritos clamaban su nombre una y otra vez... y otra vez... y otra vez... y una última vez. Dos personas, conscientes del peligro al que se exponía el padre, lo tomaron de los brazos y sacaron al hombre del peligro al que se exponía, mientras estos dos lo arrastraban este repetía el nombre de su querido inquiriendo alguna respuesta pero no escuchaba ni una. Se incorporo una vez más y liberándose rápidamente de los bravucones, corrió a su posición original y, como poniendo su alma en un alarido, gritó por última vez el nombre del perdido mientras se dejaba caer en los escombros, perdido y acongojado, sin esperanzas cedía la vida de su hijo al destino, mientras que sin fuerzas era, otra vez, arrastrado hacia seguridad. Quede totalmente destrozado ante esta escena, al punto que me tomo un par de minutos recobrarme de esa pequeña escena, y es que debería de haber alguien cuidando constantemente a los humanos: Dios, del cual tanto me enseñaba mi profesora de Religión o mis familiares, era Él ser supremo: bueno, bondadoso pero sobretodo… omnipotente, ¿Por que su inmutabilidad? ¿Acaso no había gente que lo necesitaba? ¿No podría prestarnos ese poder?. Recuerdo haber juntado mis manos para rezar por que el hombre encontrará a su hijo, pero rápidamente recordé lo infructuosa de tal acción así que simplemente, me quede ahí… estático, no se podía hacer nada, que haría un niñito en un mundo de adultos, en el mundo de Dios. Veneno Si tan solo hubiera una forma de... ;fue cuando pensé en mi primera gran blasfemia, una idea tan inusual tendría que salir de un niño... desesperado, enojado de la injusticia de este mundo tan imperfecto gobernado por incompletos, que conscientes del sufrimiento de otros, los pisotean con tal de lograr sus objetivos o ideales. Esos hombre que se clamaban defensores de la justicia y poco a poco se Despojaban del regalo más hermoso dado a los hombres “su inmanente humanidad”. En el centro de todos estos pensamientos negativos, yo, que no podía hacer nada me añadía también a ese montón que tanto odiaba... De repente una idea, casi fraguada por el mismo diablo se formo en mi cabeza; derrotar a Dios. Su veneno recorrió todo mi cuerpo hasta llegar a mi cerebro y se quedo ahí amenazante, imponente, estático ¿No había otra opción? ¿No hay otra salida? alguien claramente no estaba haciendo su trabajo y como tal ¿Por que no derrocarlo? es el jefe de jefes, su poder debería ser inmenso, pero entonces por que no actuaba en este mundo, ¿por que no ayudaba a los necesitados?, en una clara lógica de la más infantil razoné: tal vez ya no tenga ese poder, o en todo caso habrá disminuido, pero ¿Por qué?, no encontraba la razón a esto, pero la primera lógica, para ese entonces tenia coherencia. "Dios esta en todas partes" ahora esto también era imposible ya que si esto fuera verdad estaría escuchando las palabras de aquel padre y lo hubiera ayudado. Esta premisa tampoco servia por las muchas veces que la gente reza pero al último tampoco obtiene nada de esta plegaria. Todo cuadraba, en el último de los casos formule que tal vez Dios nos odiaba y solo jugaba con nosotros como cualquier otro juego, en dicho caso con más razón la humanidad estaría llamada a derrocar a tal cruel emperador. ¿Donde lo encuentro? ahora ya no estaba en todas partes y la idea comenzaba ya a tener su praxis, ¿donde estaría recluido?, no podría ser en este mundo, aunque no sabia bajo que deducción se movía este última lógica, seguí con mi absurdo… Recuerdo en ese momento haber escuchado del cielo y del infierno, el infierno albergaba el alma de las personas quienes habían cometido pecados, ese mundo en donde todo el peso de la justicia se sometía eternamente a las almas de esos hombres que en vida no siguieron el camino o las reglas que La Omnipotencia había dado. Por otro lado, el cielo era más parecido al Eden prometido a Adan y Eva, un lugar en donde la bondad y el gocé estarían a disposición de las almas que hayan seguido con fervor las reglas que Dios. El objetivo entonces era el cielo, pero era yo realmente una persona merecedora de tal lugar, a mi edad ya había cometido muchos pecados, yo diría demasiados, ya sean pequeños o grandes pecados, pero los había cometido y por esas infracciones definitivamente no iría al cielo. Me acobarde una vez más, tal vez desde el infierno podría haber una manera de llegar al cielo – pensé, NO! –resonó en mi cabeza- era un riesgo que no podía correr. Aun recuerdo con mucha viveza el cuchillo susurrándome esos pensamientos en mi cabeza, pero nunca me han gustado los juegos de azar, por lo mismo que no hay una certeza de que sucederá lo que uno quiere. Así que rendido y frustrado solo acate a dormir para ir a mañana a la escuela, mientras me ponía la manta recordé lo que los adultos solían decir: que Dios y los niños tienen un lazo que se va a alejando mientras que uno crece en este mundo, para mi ese lazo acababa de romperse y seguramente ese corte prematuro, ya habría sido una infracción. Ya en la cama trataba de encontrarle otra forma de adquirir una audiencia, pero mis inútiles esfuerzos me llevaron al fracaso y al sueño. La Noche Que Pelee Con Dios Recuerdo ante mi unas puertas enormes, eran tan gigantes que llegaban al infinito, hechas de madera con bordes dorados excelentemente adornados con figuras de ángeles con trompetas, estaban toda rodeada de una infinita luz blanca que se manifestaba en todo ese mundo, me tome el debido tiempo para admirar ese gran hermoso espacio blanco, no parecía existir nada más que yo y esa puerta tan curiosamente cerrada. Pronto, las puertas resonaron y comenzaron a abrirse a la par, comencé a acercarme a ellas, indeciso aún entre por las puertas entre en ese espacio que parecía el mismo pero mi alma lo sentía diferente. En ese recinto lleno también de infinita luz, vi a una persona a lo lejos, mientras las puertas por las que ingrese desaparecían de mi vista como si se tratara de un espejismo. La persona, que había divisado pronto se acercaba a mí, pero el lugar daba una gran posibilidad de estar oculto ya que parecía estar en las nubes, que se acercaba más a ser una neblina que se mantenía hasta mi cintura. Me oculte entre la neblina mientras veía a la persona pasar, ocultándome lo mejor posible para acercarme a Él. Inconscientemente sabia de quien se trataba, el Sujeto tenia una túnica blanca que cubría la mayor parte de su cuerpo, excepto por los pies que usaban unas calzadas bastante antiguas y los brazos parecían las de un hombre mayor, en cuanto a su cara, se podía ver pero al mismo tiempo no, es muy difícil explicarlo solo diré que intermediaba entre un haz de luz como el sol desde su cabeza con lo cual era difícil definir cualquier rasgo facial. Mi ser lo reconocía, anhelaba hablarle pero lucia más como un intruso entrando por la ventana esperando robarle algo, avergonzado de mi situación permanecí oculto en la blanca neblina, librándome de todo pesar. - Sal de ahí, hijo y hablaremos - dijo calmadamente. Dude por un par de interminables segundos, pero sintiéndome descubierto, salí del refugio como si se tratara de una imperativa. Lo divise, era como mirar a alguien superior a ti, como si alguien te hubiera superado sin siquiera darte el chance defenderte. Reuní toda la valentía posible para hablarle pero Él se adelanto y lanzo la primera palabra de una forma amenazadora - En el infierno puedes blasfemar todo lo que quieras – Dijo cambiando su tono de voz a una más desafiante. En ese instante tres figuras amenazadoras se alzaron como esas sublimes nubes detrás de mi, dos de estas comenzaron a tomar forma humana transformando su nebulosa apariencia en humanos de carne y hueso, frente a mi anonado de ser que intentaba infructuosamente de darle una explicación a este fenómeno, me asuste. Ya despertados en ese mundo, delante de ellos y de la absoluta nada se formaron dos espadas que apresuradamente empuñaron. Más asustado aun, trate de mirar al Creador por una explicación pero sentí que este se deleitaba con la escena. Una de estas figuras se acerco a mí rápidamente por la derecha y empuñando su espada hizo un corte de derecha a izquierda pero antecediendo sus intenciones rodé alejándome del peligro, que de no ser de ese movimiento me hubiera fácilmente cortado la cabeza. Desde esta nueva posición pude darme cuenta de la magnitud de mis atacantes, dos de ellos eran lo más parecido a ángeles con sus extensas alas, de contextura delgada y de mediana estatura, detrás de estas dos primeros seres, se encontraba una figura más corpulenta, recubierto todo el cuerpo cubierto por una armadura gruesa, dicho sujeto empuñaba en su mano una especie de gran porra, pero permanecía en descanso. El primer atacante tenía una cara de enojo, sus ojos negros parecían encenderse de odio al encontrarse con los míos. El segundo era una mujer y parecía no entrar en acción ya que caminaba pacientemente hacia mí, pero sin signos de presentar una amenaza. Menuda situación en la que me encontraba, pero no desesperaba, me sentía en ese mundo un ser diferente y aun más fuerte. Sentía, por alguna razón, el cuerpo demasiado ligero parecía ser que en ese mundo se podía hacer algunas cosas interesantes pero no develaba el secreto, así que salte hacia atrás alejándome del peligro, grande fue mi sorpresa cuando mi pequeño salto se convirtió en uno bastante grande alejándome varios metros en dirección opuesta hacia mis opresores, en esa nueva posición y habiendo descubierto esa escondida habilidad me regocije un poco y comencé a confiar un poco más, en la única persona en la que podía confiar, yo. Ahora necesitaba un arma, o cualquier cosa que pudiera usarla como, pronto este solo pensamiento se materializaba frente de mí como una pequeña nube revoloteando por mi atención, instintivamente sumergí mis manos en ellas, convirtiéndose en dos pistolas que rápidamente sujete entre mis manos. Contra El Alado El primer ángel se dirigió hacia mi sin siquiera ocultar en sus ennegrecidos ojos su tan obvia intensión asesina, que parecía llenarle la mirada y el alma. Sin dudar apunte las armas a hacia él y comencé a abrir fuego tantas veces como mis dedos me lo permitieron. Pero, el tipo, conocedor también de ese mundo, detenía todas las balas girando y haciendo vaivenes con su arma, recreando una barrera que lo protegía de las balas. Las balas parecían no acabarse pero tampoco mis dedos así que continué mi infructuosa balacera hasta que el tipo se encontró a determinada distancia de mí, pensé que mientras más cerca el objetivo, más difícil seria el esquivarlo, pero este las detenía con la misma destreza que cuando estábamos alejados. Acostumbrado ya a ese mundo saque de mi bolsillo una granada y la tire a unos pocos metros de mí y de mi agresor, la cual no tardo en hacer explosión en esa espumosa superficie, dejando una gran polvareda negra que se alzaba única en ese mundo. El ángel cruzó rápidamente ese obstáculo, y embistió su espada hacia mí, o al menos a donde debería estar, pero no encontró nada más que el aire obstaculizando su camino, miro furioso a todos lados tratando de localizarme, pero ni rastros de su victima, ni siquiera se detuvo a reaccionar ante esa sombra negra que revivía en su espalda, justo como la muerte. Me alcé por detrás de él, la granada no tenia como objetivo dañarle sino simplemente nublarle la visión de mi acción, lo que me regalo suficiente tiempo para poder arrastrarme por la espesa neblina y quedarme con su espalda, desde ahí me alce junto con mi astucia para apuntarle a su indefensa retaguardia con mis armas. Dude por un momento pero ya estaba resuelto: era él o yo, y decidí vivir por esa tan ansiada audiencia, así que dispare tantas veces como pude, acertando en mi debilitado oponente, quien caía al suelo rendido junto con su metal asesino y una espalda llena de manchas rojas. - uno menos – me anime a mi mismo. El Ángel Dorado El ángel femenino tenía un sable, parecía mucho más fácil de llevar o en todo caso mucho más ligero que el que sostenía el primero que derrote, lo empuñaba en su mano izquierda aun envainada. Pude ver por un momento al tercero, este se quedaba inmutable, empezaba a dudar si era un ser o una simple estatua que no había alcanzado la vida. La fémina tenía una larga cabellera dorada y hermosos ojos celestes, su furia, reflejada en esos celestinos luceros, no manchaba la sublime belleza que la adornaba. Su vestimenta se componía de una túnica blanca del cual sus brazos y pies desnudos junto con su rostro eran diferenciables. Tomo el sable con las dos manos, su mirada decidida me irritaba, pero al mismo tiempo me ponía impaciente. Se posicionó, y corrió hacia a su objetivo, yo. Su velocidad era máxima, la niebla que se encontraba pasivamente inmutable en el suelo, se abría paso para dejar pasar a su nueva ama, vacíe mi arma en ella, pero justo igual que en la primera vez, estas parecían no tener ningún efecto, al solo contacto con ella, estas caían como si perdieran toda su velocidad y fuerza. Su escalofriante agilidad pronto la situaría cerca de mí. Así pues, empuñando el sable de forma horizontal a la altura de su cintura, el sable cambiaba su color a un tono dorado afectando solo la parte del filo mientras el mango se mantenía inmutable. Reunió fuerzas y haciendo un corte horizontal el sable, ahora tornado dorado, se estiraba como si se tratara de una materia elástica, inconscientemente pensé que este añadido también tendría el mismo filo, así que instintivamente me agache lo más rápido posible. Agachado y moviéndome en dirección contraria pude ver como toda esa estela dorada que pasaba sobre mi cabeza dejaba una escarcha del mismo color en su recorrido desvaneciéndose a los pocos segundos de creada. Retome mi huida y continué disparando sin tener efecto alguno, a pesar de disparar al mismo punto, esa armadura no parecía bajar su efecto y eso aumentaba un poco mi temor. Solo tenia un punto a mi favor, al menos sabia que cualidades tenia esa espada, y no esa información no era de mucha ayuda. - ¡Mierda!- me reclame, - si tan solo fuera más grande - Trate de reconocer mi alrededor sin quitar la vista de mi oponente, el cadáver del primer ángel se encontraba junto con su espada clavada en el suelo, las armas parecían inservibles y aquella espada, derrotada ahí, daba una pequeña esperanza en mi tan turbada misión. Me acerque y la tomé en mi mano observando siempre si sucedía alguna reacción en la mujer, pero esta no se inmutaba, lucia demasiado calmada para mi gusto y eso me irritaba. Mientras conscientizaba el hecho que tenía un arma en mis manos, recordé de golpe una información concreta: Nunca había usado una espada, ¿De qué manera la usaría? Sin dudar me puse en posición, recordaba una de esas historias que mi abuelo solía contar entre todo esa biblioteca de historias en mi cabeza recordé una bastante especial: Los indígenas paseaban, vivían y recolectaban en la selva era el único lugar que conocían y lo reconocían como su casa desde la más pequeña raíz hasta el más alto árbol, pero así como proveía un lugar de refugio era también un lugar de peligros, los pumas especialmente eran los que cobraban innumerables victimas en las filas indígenas. Un día un hombre de esos muchos descubrió una técnica eficaz para zafarse de ellos, de manera que ni los reverenciados pumas fueran heridos pero tampoco sus más fieles sirvientes. Su técnica era simple: al encuentro con uno de ellos, lo que se hacia era empuñar sus lanzas con el filo estrictamente dirigido a sus cabezas, la intención no era atacar en el momento preciso, sino simplemente dejar al animal sin un punto muerto donde atacar y así luego de unos instantes, el animal aburrido se retiraba nuevamente en los bosques. No era tal vez mi mejor estrategia, pero si la mejor opción de entra las pocas que tenia. Alienado de ese sentimiento sostuve la espada con el filo mirando a mi contrincante, aun tenía un as bajo la manga así que estaba seguro de alguna u otra forma. Nuestras miradas se cruzaron y nos quedamos un rato mirándonos sin hacer movimiento alguno y, básicamente, tampoco quería hacer el primer movimiento. El encuentro visual duró tanto como mi impaciencia, lanzándome hacia ella en un recorrido que zigzagueante, mis pies ya no conocían el cansancio y encontraban una velocidad sobrehumana en ese mundo. La mujer, por otro lado, alertando la amenaza, nuevamente empuño su espada a la altura de su cintura, posicionándose pero sin dejar el lugar. Cuanto más cerca estaba, más dorada se tornaba la espada y a un par de metros del verdadero rango de la espada ya me preparaba psicológicamente para lo que se vendría. La fémina, alertando que ya estaba en su rango sostuvo fuertemente su espada para rápidamente despedirla en un corte de derecha a izquierda. Pronto, el mágico filo se extendía, cortando el aire y la poca neblina que se ubicaba por encima del suelo, y así continuo hasta cernirse sobre mí. Sin embargo; yo, ya conocedor del truco, y a centímetros del impacto me deslicé por sobre la superficie. Fueron en esos segundos de adrenalina, mientras recorría el piso, cuando vislumbre la bella estela dorada que el poder dejaba, no podía ni imaginar lo letal que hubiera sido si me hubiera tocado; - bella y mortal justo como su dueña- atine. Me levante de golpe del suelo -no había tiempo que perder- me asalte a mi mismo recobrando la velocidad. Empuñando con fuerza mis armas me dirigí, entonces al que sería el último ataque. La guerrera viéndose engañada repitió rápidamente el mismo ataque; sus ojos no se permitían nunca la duda y encontraba una nueva resolución cada ataque; esta vez el filo venia de izquierda a derecha y su intensidad parecía incrementarse cada milisegundo que cruzaba el aire. Pronto su filo encontró un obstáculo bastante improvisado, la pistola. Usándola como un arma ofensiva no servia de mucho, pero ahora sosteniéndola de una manera, bastante inadecuada desde el mango, la convertía en un escudo que aunque solo daba un pequeño rango de defensa, fue bastante útil al detener el ataque. Pronto, El desgarrador filo se impregnó en mi arma, ansiándola traspasarla hasta su dueño, pero no lo hacía, la forzaba pero no cedía. Había supuesto antes de entrar en combate, que las armas creadas en ese mundo, deberían por lo mínimo tener la misma resistencia y aunque era arriesgarlo absolutamente todo a esa idea, la lógica parecía tan real como el crujido de mi arma al impactar con el filo. Le encontré o mejor dicho le robe una expresión de sorpresa. Mientras me escudaba de su ataque con la pistola, corría precipitadamente hacia mi victima ya que su espada estaba recobrando su tamaño original. Fueron en estos instantes en donde ella presionaba con tamaña fuerza mi ahora improvisado escudo. Tome con aun más fuerza la espada. Era una verdadera carrera contra el tiempo; si su espada llegaba a su forma original antes que yo, seguramente terminaría en la oscuridad, conscientice este pensamiento y me imaginé una vida llena de temor y castigo. - AAAAAHHHHHHH!!!!! - recuerdo haber gritado como nunca en mi vida, TENÍA QUE LLEGAR -. El acero pronto cruzó por entre el pecho de la victima, quien no atinó a hablar incluso en los últimos momentos de su existencia, solo pude ver en su rostro una pequeña sonrisa amable pero al mismo tiempo comprensiva. Tan increíblemente incoherente, pensé. Quedo varada en el suelo sin respuesta alguna, esta parecía no comprender su derrota, sus brillantes ojos poco a poco encerraron sus luceros y luego lentamente... desfalleció en el suelo, solo en esa posición pude vislumbrarme de la inmensidad de sus dorados cabellos y la hermosa sonrisa que ahora dibujaba su rostro. ANGEL, era la única palabra que podría describirla mejor. - Disculpa - dije para mis adentros. Quede por un momento prendado de su belleza pero mi vista sugirió su arma. Su sable se encontraba tirado en el suelo, así que tire la espada asesina, para obtener esta nueva arma, parecía más ligera y además ya comprendía su poder. Ahora en el campo de batallaba quedaban Mi Redentor y yo, mire de reojo al sujeto más corpulento pero este no se movía, - lo más probable era que no sea nada – razoné precipitadamente. Pero mi Gran Rival solo miraba esta figura, esto me incentivo nuevamente a darle toda la atención a este ser corpulento: La armadura protegía la gran mayoría del cuerpo de su habitante, sí es que hubiera uno. Casualmente, solo había un lugar por donde la armadura era hueca, y esas hendiduras estaban hechas para los ojos y la boca de la persona protegida. Me dedique a ver con extrema precaución estas hendiduras, las cuales deberían servir para permitir la visión del guerrero. De repente dentro de estas hendiduras llenas de vació negro, se iluminaron dos redondos faroles blancos tan luminosos como solo la luz lo puede ser en un cuarto lleno de oscuridad. Pronto una gruesa exhalación resonó desde uno de los agujeros, trate en lo posible de calmarme un poco mientras analizaba la situación, pero ahora esa estatua comenzaba a hacer movimientos erráticos violentos, como forzándose desesperadamente a la vida… después de esos burdos movimientos se inmovilizó por un momento… satisfecho. El tercero, ya dueño de su cuerpo, levanto la gran porra hasta llevársela al hombro, vislumbro con sus luceros a su víctima y comenzó a caminar hacia mí. Intimidado ante tal magnitud de su fuerza trataba en la medida de mantener mi valor y la compostura, un segundo de duda y estaría acabado. Empuñe la espada a la altura de mi cintura para luego estirarla y arremeter un sablazo contra mi oponente desde la lejanía, pero a pesar de golpear certeramente la armadura esta no la traspasaba ni detenía su paso. Desesperado, acudí a mi arma una vez más.... una más… y una vez más, pero ni un rasguño. Mis inútiles esfuerzos incrementaban mi temor y me situaban cada vez más al borde de la desesperación. Rápidamente, el tipo levanto la gran porra por encima de su cabeza. Tamaña arma elevada ahí, me dejo atónito por un momento, solo ahí pude contemplar el acero de su justicia. Sin aviso, la descendió fuertemente sobre mí, sacudiendo toda la neblina en un perfecto radio del arma. A centímetros del ataque, mis reflejos me habían permitido vivir un poco más, pero casi había comprometido mi pierna así que me aleje lo suficiente para recobrar la consciencia y tramar algún plan. El sable no servia ni siquiera para incomodar y seguramente las balas tampoco tendrían algún efecto en la armadura. Percatándome de otra habilidad pude sacar un par de granadas de mi bolsillo, si bien la armadura era fuerte tenía una oportunidad más si usaba material pesado. Comencé arrojándolas continuamente una detrás de la otra, cada uno de esos estallidos resonaba más fuerte que el anterior, pero sin hacer mella alguna en la armadura del enemigo. Dentro de la polvareda dejada una sombra se hacia cada vez más real, justo como mi miedo se hacia cada vez más latente en mi corazón. Sólo el descomunal poder de mi adversario me estaba, de por si, ganando la pelea. Ya sin ninguna ofensiva y este sintiéndose más fuerte corrió hacia mí. Con todo el peso de la armadura y la porra en él, este se movía demasiado rápido como si estos artilugios no existiesen; ya en frente de mí dio un golpe directamente hacia mi, a lo que apresuradamente me defendí con mi arma, sin embargo, el movimiento aun no terminaba sino que girando todo su inmenso cuerpo se preparaba ya para un segundo ataque. Con ese seguramente esperaba ganar fuerza; aturdido como estaba por el primer golpe, lo único que pude hacer es protegerme con el sable del segundo ataque, el cual embistió con una potencia extrema, mandándome varios metros hacia atrás. - ¡!Demonios!! - Estaba ya muy frustrado y fue lo único que pude decir. La armadura era perfecta y el arma bastante poderosa, lo más prudente sería concentrarme en esos pequeños agujeros pero tampoco podía arriesgarme a caer en el rango de su arma o estaba perdido. Desenfunde otra vez mis pistolas y empecé a disparar cerca de donde debería estar el ojo derecho, ninguna daba en el punto, - que desesperantemente inútiles se habían vuelto esas pistolas - , enojado las tire al suelo perdiéndose en la neblina. El contrincante volvía nuevamente a su forma ágil y daba golpes a diestra y siniestra como una máquina carente de cansancio, viéndome desprovisto de alguna idea, lo único que hacia era esquivar y propinar un par de ráfagas infructuosas a su armadura. En uno de sus tantos ataques, nuevamente levantó la porra por encima de su cabeza para luego descenderla rápidamente. Lo hacia muy a menudo. Una idea cruzó por mi mente en el instante que su arma se clavaba en suelo, estiré el sable y golpee directamente sobre la porra, de manera que esta se hundió aún más en la superficie. El gigante intento retomar su actuar, pero no pudo sacar su arma del suelo. Aprovechando ese instante de descuido estire el sable hasta su ojo izquierdo, clavándolo en la farola blanca. El tremendo, dejo su arma y se llevo sus manos al ojo herido, solo para dejarme un desprotegido ojo derecho, que ya estaba estocando con el sable estirado. Consecutivamente dio un grito de dolor que lleno todo el ambiente, sus manos ahora cubrían los ojos y pronto fue recuperando una extraña pasividad, bajando sus dos brazos dio luz a dos nuevos faroles, que ahora rojos que ahora se encendían sobre mí. Un gran grito de guerra resonó en ese mismo instante, tome el sable y, por segunda vez, golpee la porra enterrada en el suelo, el sujeto desprovisto de su arma se dirigió nuevamente a su arma haciendo mil intentos por liberarla, tan desesperadamente que pareciera que su vida dependiera de ello. Saque una granada de mi bolsillo y la puse al filo de mi espada, que sostenida gracias al seguro del explosivo, daba la impresión de un llavero colgando en el filo mi sable, todo dependía de mi puntería y el gigante aún estaba distraído por su porra, todo era perfecto. Apunte la espada a su ojo izquierdo, que estaba visiblemente más descubierto que el otro, y estiré la espada hacia mi objetivo, afortunadamente la espada entró con todo y granada en el pequeño agujero del casco, dándome una ligera satisfacción, pero mi labor aun no había terminado. Un momento de tensión paso en mi cabeza. Regrese la espada a su tamaño original, esos segundos fueron una interminable expectativa de temor, dependiendo de lo que salía de dicho agujero dependía mi vida. Era la ruleta rusa. El filo regresaba lentamente a su normalidad y pude ver, con gran alegría, que solo el seguro del explosivo acompañaba a la decreciente espada. Una sonrisa se esbozó en mi rostro, la granada había quedado en el casco de mi atormentador y para hacer las cosas aun mejores, esta no tenia seguro. Me quede mirando al absurdo sacando, por fin, la porra de su prisión para solo unos instantes después su casco estallará en mil pedazos que rápidamente se desprendieron por todo el lugar. Sin la cabeza, el brazo se desprendió del cuerpo de la armadura cayendo en el suelo, esto mismo ocurrió con el otro brazo para luego desfragmentarse en el suelo junto con lo demás de ese gigante. DIOS vs YO Tomando consciencia de los actos que había hecho, me sentía como un vulgar asesino y aunque ahora dirigía la mirada al Ser Creador de Todo, no me sentía ni avergonzado ni acobardado. Empuñe con fuerza mi sable, tenia que saber que aun estaba vivo, el hecho de tocar y sentir mi arma me advertía que aun lo estaba pero al mismo tiempo que no estaba sólo en esta última batalla. Di un paso hacia adelante solo para marearme y casi caer, que de no ser por arrodillarme hubiera quedado en una situación muy precaria. Vomité sangre. - Mierda - ahora si estaba asustado, ¿Qué había pasado? mire todo el espacio pero nada se movía, Él aun no se había movido, me levante a duras pensando que podría haberlo causado. Una idea corrió mi mente - !La Neblina!! - ¿Acaso era un idiota?, - !Es Veneno! - resonó en mi cabeza, - ¡seguro algún gas tóxico! ! Que imbecil había sido! mi sangre era tan roja que brillaba en la superficie blanca y lo peor era que fue una gran cantidad la que había expulsado. Hice aparecer en mi mano una pistola Deagle, tenia la impresión de que esta sí funcionaría, especialmente por su potencia. Vacié en Él todo lo que tenía. Esta vez las balas impactaban y dejaban una marca de sangre al contacto con Su cuerpo. Dejé de disparar al ver que la figura aún continuaba parado sin tambalearse, totalmente indiferente al daño que había propagado, sin embargo, la sangre aún en su túnica me daba una ligera posibilidad de vencer. La sangre en su túnica parecían como distintivas rosas rojas en la prenda, pero poco a poco fueron retrayéndose hasta donde inicialmente los proyectiles habían impactado para, luego simplemente desvanecerse por completo. Lo rodee tratando de encontrarle algún punto débil, sugiriéndome siempre una distancia prudente, lo suficiente como para contraatacar por si hacia algún movimiento. Sin embargo, por más vueltas que le daba su cuerpo estaba siempre mirándome, nunca encontraba su espalda descubierta, oportunidad que buscaba para atacar. Se elevo de golpe en el aire, dejando en el suelo una redondéela libre de esa niebla venenosa, lo que me recordó que no podía estar ahí por mucho tiempo. La ironía parecía estar en que tampoco había puerta. Ya elevado en el aire estiró la mano, tratando de invocar algo. De pronto, un fuego azul carmesí comenzó a encenderse en la palma de su mano, esto me asustó bastante ya que era una total incoherencia con el mundo que yo conocía, o era que no había vivido lo suficiente. El fuego comenzó a elevarse en su mano, para luego crearse cuatro partes iguales que se separaron del original manteniendo siempre el mismo tamaño, estas flotaban desorganizadamente cerca del original. Aunque aún no comprendía el truco, estaba preparado para todo, pero el simple hecho de que exista algo que nunca había visto ya había incrementado mi temor. Las flamas de fuego pronto se ocultaron detrás de su espalda, esta acción era totalmente incompresible y por más que analizaba no alcanzaba a respuesta alguna. Fue entonces cuando, de detrás de ÉL comenzaron a salir luces, del mismo color de las flamas, que salían disparados hacia mi, su movimiento era tan fugaz que parecían bellos cometas surcando en el cielo. Lo único que pude hacer es correr por la amplia habitación, en su mayoría esquivándolos. Las estelas tenían un peculiaridad y es que al contacto con la superficie estallaban estrepitosamente, dicha explosión era también de un color azul carmesí tan increíblemente bello como letal. Mientras me mantenía corriendo disparaba hacia mi Verdugo, ahora sabia por que las flamas se situaban en Su espalda, de esa manera protegía a las incendiarias de algún daño y su continua explosión. Mis balas solo le atinaba a ÉL, quién poseía una recuperación de daño extremadamente apresurada, mientras repetía mi infructuosa labor uno de mis proyectiles impacto con una de las estelas, haciéndola explotar. Determiné que estos proyectiles podían explotar con cualquier cosa que entrara en contacto, si solo hubiera una forma de atinar a las flamas escondidas en su espalda, darían una explosión consecutiva que seguramente LO dañarían. Mi única idea era rodearlo con mi velocidad mientras esquivaba sus ataques pero cuanto más cerca de Él me encontraba más rápido se volvía su ataque y su movimiento. Astuto, como el sólo, se alejaba prudentemente al ver que nuestro espacio se reducía. Cansado de aquel juego, súbitamente retrocedió a gran velocidad mientras descargaba todos los cometas sobre mí. Intente de igualar su velocidad, al tiempo que esquivaba todos los misiles, pero como si eso no fuera suficiente reto, del suelo comenzaron a salir grandes bloques de tierra que me impedían el paso, en algunos de los casos parecían servir de protección contra las estelas pero en otros, era verdaderamente una molestia tratar de esquivarlas y seguir el mismo ritmo. Hubo una clara ocasión en donde casi cumple su objetivo: La primera fue cuando al esquivar una de estos montículos, que más parecían grandes púas, me encontré con una estela directamente hacia donde estaba saltando, rápidamente hice crecer la espada en el suelo elevándome en el aire y esquivando casi totalmente la explosión. Por un casi infinito par de minutos tuve que ir esquivando las estelas y los montículos para luego mantener la misma velocidad de mi Verdugo. Este proceso se repetía ya tantas que veces que frustraba. Sin poder contraatacar, comencé a razonar un plan para poder contraatacar pero ni el cerebro ni el ambiente ayudaban. Me di cuenta que muchos de los montículos, tenían la forma de otros que ya habían aparecido previamente, había uno en especial muy curioso, el cual aparecía no de forma horizontal, sino que por el contrario se podría decir que estaba ligeramente inclinado hacia adelante, es decir en casi una forma diagonal. Intente esperarlo pacientemente, entre toda esa jungla de explosiones y enormes púas de tierra, cuando por fin este apareció, sabia ya que en ese movimiento me jugaba muchas cosas, incluso tal vez hasta... mi vida. Corrí sin dudar por la ahora improvisada rampa, esquivando las diferentes estelas que arremetían contra mí y reuniendo la suficiente fuerza como para dar un gran salto. Mi cuerpo salió disparado del montículo hacia ÉL. Estaba al máximo. Apresuradamente disparé su pecho repetidas veces las suficientes como para abrírselo y aunque esta tarea resultaba casi imposible por su extrema y rápida recuperación aun tenía un plan B. La esperanza se aferraba a mi alma. Desenvaine la espada y apunté la espada hacia la herida, esta se estiró, como si supiera mi deseo y pronto traspasó la herida, el cuerpo hasta las flamas en su espalda. Consecutivamente, una gran explosión estalló en la espalda del Volador, al parecer la espada fue lo suficientemente larga para traspasar su cuerpo y golpear una de esas flamas, me sentí algo aliviado. Alrededor de cinco explosiones consecutivas se realizaron después del impacto, ensartando aun más el cuerpo del Divino en mi sable, que más parecía una carne clavada en un cuchillo. Tomé la espada con las dos manos y elevé mi sable al cielo con El Cuerpo Sangrante de mi Opositor, para luego raudamente dirigirla hacia el suelo, El Cuerpo de la Victima salió despedido de mi sable para golpear con extrema dureza la superficie. No hubo más movimientos. Mientras descendía, me regocijaba de lo que había hecho. El Cuerpo aun ensangrentado del Salvador aun se encontraba inerte en el suelo, no podía creerlo, fue eso lo que obligo a acercarme con la debida prudencia de un cazador a su presa, analizándola, midiéndola, ocultando mi existencia. No podía creerlo había resultado tan extremadamente elaborado que aun lo dudaba, pero sentí más calmado verlo ahí. No quise acercarme más. Había ganado y eso era lo único que importaba, así que me volví hacia donde pensé estaría la puerta. Intempestivamente su mano, ahora convertida en una garra, me sofocaba el cuello. ¡!me tenia!! y había caído de una manera tan patética que todos los triunfos hasta ahora logrados, se reducían a ese último acto de inteligencia, - M..i..e..r..d..a - atiné a decir con el poco aire que aun retenía. – era demasiado rápido. ¡Descansa en paz hijo, Ve tranquilamente a tu castigo! - Dijo como si me estuviera consolando. Atemorizado, golpeé repetidas veces, su mano con el mango de mi sable, pero este permanecía inmutable ante el daño, con la pierna golpee su costado izquierdo, esta vez hubo un muy leve gemido. Recuerdo vagamente que a Jesús habían herido en el costado, no me acordaba si era el derecho o izquierdo, pero supongo era lo más parecido a un punto débil de Su Magnificencia. Con el sable herí nuevamente esa herida, este no emitió ningún gemido, pero lo alejo de su acción de estrangularme y retrocedió... aunque no podía establecer ningún sentimiento en su rostro, por el haz de luz que se ubicaba exactamente ahí, estoy seguro que le dolió. Se recobro rápidamente de sus heridas, para luego alzar su mano izquierda formando en esta una pequeña bola de energía dorada, la cual rápidamente lanzó, esta vez no esquive como lo haría antes, sino que por el contrario use el sable para defenderme. Su cuerpo parecía o al menos yo sentía que se había vuelto más violento, levantó una y otra vez la mano para formar estas pequeñas bolas de energía y tirármelas a manera de ráfagas, esta vez una ligera valentía me embestía el alma y detenía los proyectiles con mi arma. Su movimiento corporal me indicaba una furia que no había sido mostrada anteriormente, inevitablemente perturbadora. Pronto su mano, nuevamente me asfixiaba el cuello, su rapidez era tan bestial que cuando se movía dejaba una estela de ÉL mismo por el camino recorrido. Ya con la presa en la mano salto en el aire para dar un giro y tirarme brutalmente hacia el suelo, caí de espaldas, pero con el impulso de mi agresor rodé hacia atrás para retomar el ataque, acción que el ya había planeado, ya que su puño rodeado de un fuego azul, ya me golpeaba la mejilla bruscamente, esta acción me empujo muchos metros hacia atrás hasta arrastrarme por la superficie, trate de levantarme lo más rápido posible, pero mi cuerpo ahora más pesado de lo normal, no obedecía. Tenia que incorporarme o esa paciente neblina sería mi cicuta si la seguía inhalando. Tuve, por alguna razón la necesidad de voltear. Él ya estaba detrás de mi sus dos manos apuntaban al suelo, formándose un sello gigante en el suelo, de lo poco que pude observar era una estrella con cinco puntas rodeado por un circulo gigante, estas rodeaban cada una de las puntas del triangulo, alrededor interno de este círculo había una escritura que recorría todo el redondo, mientras que dentro de el triangulo había innumerables figuras de ángeles con trompetas. Me quede maravillado de esta excelente obra de arte, el delineado de la figura tenia un hermoso color morado, que pronto comenzó a elevarse al cielo para luego cubrir totalmente todo el espacio que este símbolo recorría. Este poder me saco volando por los aires, al caer me di cuenta que aquella luz por alguna razón me había rasgado todo el cuerpo y pequeñas líneas moradas aun estaban adheridas a mis nuevos rasguños. Ese truco me costó la paciencia, Él sabía demasiados trucos y me sentía verdaderamente como un niño al que le faltan montones y montones de experiencia. Dirigí la palma de mi mano hacia donde se encontraba, tratando de enviar algún poder a mi Verdugo, pero nada pasó. Me gané un puño flameado por eso, al tratar de recobrarme note que mi mejilla tenia restos de carbón que poco a poco fueron cayendo de esta. Intente nuevamente la misma la posición, esta vez para mi sorpresa, una pequeña chispa comenzó a formarse en la palma de mi mano, la cual fue creciendo progresivamente. Pero esto fuera de Asustarlo lo incentivo a nuevamente quedar frente de mí, no le tenía miedo a ínfima cosa, era un mal presagio. Junte las palmas, pero nada pasaba. La figura cansada de mis infructuosos experimentos levanto su mano, junto sus dedos y pronto se comenzó a tornarse dorada como una espada. Ya sabía lo que se venía. Perdido ahí, pensé que tal vez esa era una buena forma morir, tratando de enfrentarme contra el mismísimo Dios por lo que yo creí era justo. Tenía la esperanza que algún día las siguientes generaciones también harían lo mismo y tal vez algún día, con fuerza e inteligencia nos libraríamos de este juego del bien y del mal. Me sentía como una hormiga enfrentando al más gigante elefante. Por eso me sentí un real tonto. Eso era y no podía hacer nada más que esperar ese fatídico destino para el que fui creado, mi muerte me llegaría pero en el horizonte, se dibujaba una esperanza y es que tal vez ese pequeño rayo de luz algún día... se convertiría en nuestra libertad, la libertad de descontinuar el gran juego de la vida. Me sonreí por dentro y me despedí de mi mismo, quien más lo iba a hacer... la última cosa que vi fue una peculiar foto de mi familia, en la que todos estábamos, sonrientes sin temor a nada, felices y con nuestra libertad. Recordé gracias a un programa, que tanto me fascinaban cuando era niño, que el cuerpo se mueve, por que el cerebro manda pequeños impulsos eléctricos a ciertos puntos del cuerpo para que este realice movimientos ¿que pasaría si pudiera dirigirlo hacia la palma de mi mano?... ¡No te rindas! – resonó en mi cabeza El destelló que se originó fue lo suficientemente fuerte para enviar a mi oponente por los aires, estaba pasmado, no solo había funcionado sino que la electricidad se mantenía en mi mano derecha. La miraba con asombro, la disfrutaba, me obedecía. Y es que acaso ¿Había yo crecido un poco? me acerque en un destello hacia ÉL, no había oportunidad para dejarlo contraatacar, lo golpee lo más rápido posible con el puño lanzado ráfagas azules, para luego terminar con una patada en su supuesta cara, la cual lo hecho por las aires. Desenfunde el sable y lo estiré hacia los aires, clavando el cuerpo de mi Enemigo mientras aun estaba suspendido en el aire. Regrese rápidamente el filo con el cuerpo, de mí ahora victima, para luego propinar un buen golpe en su pecho, mandándolo raudamente a la superficie. Note el hecho que no lo había golpeado en su punto débil así que nuevamente estiré el sable hasta su costado izquierdo, hiriéndolo ahí una vez más. Cada vez que lo hacia todo su cuerpo temblaba. Con mi nuevo poder adquirido pase la electricidad por el sable hasta la herida, electrocutándolo al instante sin detenerme. El cuerpo se tambaleaba por la electricidad, a la que se estaba sometiendo, hasta que un momento dejó de hacerlo... Quede por un momento tranquilo pero tuve que toser un par de veces llevándome la mano a la boca. Cuando me percate de mi mano, esta estaba toda de sangre, el veneno ya estaba surtiendo efecto y si no salía de ahí seguramente tendría el mismo destino que Aquella persona. A mi lado una sombra se erigía orgullosa ante el escenario. Voltee para mirar a este nuevo personaje: sus piernas hasta la altura de la cintura parecían las de una cabra, mientras que de la cintura para arriba parecía una persona algo corpulento pero totalmente roja, con unas alas tan grandes como sus brazos. PARA LA CONTINUACIÓN http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/6868378/El-Dia-que-pelee-con-Dios-Pt_-2.html

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