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Usuario (México)

Primer post: 25 abr 2012Último post: 24 nov 2012
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Querida tierra hermana…(México y España)
Querida tierra hermana…(México y España)
InfoporAnónimo11/24/2012

El País Semanal revela las cartas que miles de republicanos españoles enviaron desde los campos de concentración franceses a la embajada de México en París solicitando asilo. "Con España presente en el recuerdo / con México presente en la esperanza”, escribió el poeta Pedro Garfias a bordo del vapor Sinaia, uno de los primeros barcos que en junio de 1939 atracaban en el puerto de Veracruz con más de mil refugiados republicanos españoles tras la Guerra Civil. Atrás quedaban cientos de miles de exiliados atrapados la mayoría en los campos de concentración franceses. Anticipando el final del conflicto, el Gobierno del general Lázaro Cárdenas había puesto en marcha la mayor operación de solidaridad internacional que probablemente se haya visto nunca. México estaba dispuesto a dar pan, hogar y trabajo a todos aquellos para los que nunca habría paz ni piedad ni perdón en la España de Franco. En la oscuridad de los barracones, entre el hacinamiento, el hambre, la enfermedad y la desolación de quienes habían perdido familia, amigos, trabajo y posición, México brillaba como un sueño. Barco Sinaia, que transportó hasta el puerto de Veracruz (México) a gran parte de los refugiados españoles. Las voces, las súplicas, de aquellos miles de personas derrotadas que querían escapar de la pesadilla quedaron registradas en las cartas que enviaron en 1939 y 1940 a la Embajada de México en París solicitando emigrar. Un material inédito, conservado en el Archivo Histórico Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana, al que ha tenido acceso EL PAÍS y del que emerge un relato colectivo de hombres y mujeres de todos los oficios y profesiones en cuya peripecia vital se mezclan la desesperación y el orgullo, la ternura y el valor. Más de 7.000 cartas, correspondientes a muchas más vidas interrumpidas, escritas a lápiz y a pluma, con todo tipo de letra y clase de papel, redactadas por quienes en el invierno de 1939 cruzaron la frontera “a pie, sin fortuna, con las manos limpias”, como escribe el 14 de febrero de ese año el refugiado Fernando Pintado cerca de Perpiñán. En muchas de ellas, el autor añade el nombre de sus familiares, amigos del trabajo, compañeros de armas o de barracón. Niños republicanos exiliados. La mayoría dieron con sus huesos en los campos de internamiento, como era su nombre oficial, del sur de Francia, vigilados por gendarmes franceses y soldados senegaleses. En las cartas dan testimonio de las penalidades que sufren allí. José Pomés, redactor de Diario Gráfico y La Noche, de Barcelona, cuenta desde el campo de Bram el 12 de junio de 1939: “Me encuentro en el más lamentable estado, sin ropa, ni salud, ni dinero francés… va para tres meses tirado en un montón de paja sin ni siquiera una manta”. Manuel Guiú Macía, que solicita “ingresar voluntariamente en el Ejército mexicano o en su legión”, exclama desde el pabellón 27 del campo de Septfonds: “Los días aquí transcurren lentos, eternos, y ¡¡¡la aurora de esa tenebrosidad tarda tanto en descubrirse!!!”. Tres milicianos de la República firman el 2 de julio de ese año y desde ese mismo campo esta joya de humildad literaria: “No dudando de que la voz y los ruegos de estos sin patria suplicantes serán atendidos con la justicia que nuestro caso requiere. Nuestra profesión es la campesina”. A las lamentables condiciones materiales de los exiliados había que añadir unas circunstancias políticas completamente desfavorables que solo la tenacidad en el mantenimiento de sus principios por parte del Gobierno mexicano y la habilidad de su cuerpo diplomático pudieron salvar. Condecoración del Gobierno Republicano Español al Presidente de México. Entre los documentos, ahora desempolvados, se encuentra este mensaje cifrado enviado el 27 de enero de 1939 por el embajador mexicano en París, Narciso Bassols, al presidente Cárdenas: “Política Francia seguirá invariable. Stop. Relaciones díceme no podremos recibir excombatientes ni refugiados políticos. Stop. Comprendiendo problemas únicamente me permito pedirle que México sostenga su ofrecimiento conocido universalmente de abrir puertas a republicanos españoles. Stop. Creo que tratándose personas filiación política bien definida estamos obligados recibirlos”. Hubo más dificultades, como la rivalidad de las organizaciones españolas que competían por ayudar a los refugiados, las diferencias de criterio en la selección de los asilados por parte del Gobierno mexicano e, incluso, la conveniencia o no de sacar de España a hombres en edad militar antes del fin de la guerra. El embajador Bassols expone este último problema con crudeza en otro telegrama ahora reencontrado, fechado el 1 de marzo de 1939 y dirigido a la cancillería mexicana: “Como lucha española no ha terminado trabajadores útiles no puedan alejarse definitivamente debilitando resistencia. Stop. En general todavía no llegan solicitudes de buena calidad excepción ancianos y niños. Stop. Hasta hoy gran mayoría corresponde gente derrotista sin sentido lucha social y con mezquino egoísmo. Stop”. Obreras Textiles en una Manifestación Antifascista en México. A la angustia de los exiliados se sumó el pavor ante un inminente reconocimiento de Franco por Francia e Inglaterra, con las consiguientes deportaciones y el estallido de la II Guerra Mundial, como reflejan las cartas de los republicanos, conscientes de que ya no podrían volver a su país. Juan del Hoyo escribe en septiembre de 1939 desde Burdeos: “Por mi cualidad de magistrado no puedo ni pensar en regresar a España; la policía francesa me apremia por tantas prórrogas de estancia que he solicitado”. Ramón Infante Varela, desde el hospital Civil-Asilo de Montauban, expone: “Debo decirle que la actuación política de mi esposa (Maruja Lafuente, de 25 años, de Gijón) en España ha sido muy significada, por haber ostentado cargos de responsabilidad máxima en el Partido Comunista de la Región Asturiana, pues se trata de la hermana de la heroína del Movimiento de Octubre de Asturias, Aída Lafuente, y por este motivo, bajo ningún concepto puedo volver a España”. Juan Ponsivell, de la Brigada de Carpinteros del campo de Barcarès, asegura: “Nada hay en mi actuación durante la guerra ni antes de ella de que pueda avergonzarme, pero no quiero volver a la tierra que ha hollado el fascismo extranjero con la ayuda de unos hombres que imitando al conde don Julián han traicionado a su patria y asesinado a sus hermanos”. Un grupo de Exiliados arriba al Puerto de Veracruz en el Vapor Flandes. Los motivos varían, pero la urgencia por huir a México es la misma. El capitán de infantería Antonio Pascual Arnao, de 34 años, casado, de Barcelona, explica el 20 de abril de 1939 que “principalmente por ser francmasón es evidente que mi vuelta a España es absolutamente imposible sin exponerme a una cierta e irreparable represión (…) hay que tener presente que Franco ha jurado exterminar a los masones, cosa que cumple con inaudita crueldad”. Ese mismo día, el mecánico José Puig Bosch afirma desde el campo de concentración de Argelès-sur-Mer: “Renuncio a volver a mi patria, según noticias de mis familiares, en un registro en mi casa han quemado más de cien libros (…) por el solo hecho de ser republicanos-federales toda nuestra vida y el no haber bautizado a nadie de dos generaciones”. Otros alegan “incompatibilidad moral” con el régimen franquista, y otros, como Carmelo Perdigó Casanovas, de Esquerra Republicana de Cataluña, razones más concretas: “Siéndome imposible el regreso a España por haber pertenecido al Cuerpo de Seguridad (policía secreta) de Cataluña desde el año 34…”. La situación internacional continuaría empeorando con la caída de París en junio de 1940, la ocupación alemana de Francia y la constitución del régimen de Vichy del mariscal Pétain. La acción solidaria del presidente Cárdenas se complicaría extraordinariamente. México, sin recursos ni marina, trataba el problema de una población de desterrados sin Estado con otro país ocupado militarmente y con soberanía limitada. El Presidente Lázaro Cárdenas con los Niños de Morelia en Palacio Nacional (Ciudad de México). Además, la guerra pronto se extendería al Atlántico haciendo casi imposible la travesía, y la evacuación de españoles cesaría durante meses o se ralentizaría ese año, como muestran las cartas. Solo las dotes de persuasión del diplomático mexicano Luis I. Rodríguez permitirían relanzar el traslado de refugiados. En una memorable entrevista celebrada el 8 de julio de 1940 en Vichy, Rodríguez convenció a Pétain para que autorizase la operación, no sin antes tener que oír del mariscal preguntas como esta: “¿Por qué esa noble intención que tiende a favorecer a gente indeseable?”, o afirmar que los republicanos tenían que afrontar la suerte reservada “a las ratas en las grandes miserias”. La esgrima verbal de Luis I. Rodríguez prevaleció, y tras el acuerdo del 22 de agosto de ese año, México aceptaba, bajo la protección de su bandera, a todos los españoles refugiados en Francia y costear parte de su sustento, que sobre todo corría a cuenta de las organizaciones republicanas de ayuda. Tras la derrota de la República, unos 450.000 españoles huyeron a Francia. Dos tercios de ellos acabarían volviendo a España después. A partir de 1939, cerca de 20.000 encontrarían un nuevo hogar en México. Ese año llegaron a este país 6.236 refugiados, y en 1940, tan solo 1.746. Las cartas demuestran que el número de solicitudes de asilo fue muy superior al de las personas que finalmente cumplieron su sueño. Las misivas, escritas por hombres en su mayoría entre los 25 y los 45 años y procedentes sobre todo de Cataluña, Levante, Asturias, Andalucía y Madrid, siguen una pauta: agradecimiento a México, enumeración de méritos antifascistas y profesionales, exposición de su futura contribución a la nación de acogida y relato de la desgracia caída sobre sus vidas. Aun siendo un exilio en gran parte de profesionales y técnicos cualificados, muchas cartas sorprenden por su estilo elevado –“No deseamos regalo para nuestras vidas. Pedimos calor para nuestras aspiraciones”; “México, insignia liberal de la América hispana, hoy hacemos promesa de nuestro sacrificio”; “Que han tenido que huir de su tierra ante el fantasma negro de la reacción, sostenido por los militares perjuros, hijos de aquellos mercaderes de la espada que, en años remotos, solo tenían por oficio el robo, el asesinato y la befa de vuestras costumbres en sus aventuras coloniales”–, no exento a veces de pedantería: “Mi objetividad, que será anhelo de muchos, no dejará de ser estudiada por ese negociado que tan dignamente representa…”. Integrantes del Frente Popular Español. Tampoco falta, dadas las condiciones de extrema necesidad en que se encuentran, cierta picaresca para conseguir el objetivo de emigrar. Desde quienes afirman hablar varios idiomas hasta el caso del periodista madrileño Ezequiel Enderiz Olaverri, de 49 años, quien asegura que “actualmente preparaba la biografía del presidente de México señor Lázaro Cárdenas”, o del abogado sevillano Ricardo Calderón, de 40 años, quien, entre sus méritos literarios, destaca “un poema titulado Sac…Nicte, que pudiera ser de extraordinario interés para el indio maya”. Ni un punto de resentimiento por ver embarcar a otros antes. El chapista socialista madrileño Federico Antonio de la Huerta, agente de policía durante la guerra, escribe al embajador mexicano desde el campo de Bram: “Usted fue sorprendido en su buena fe en el envío de emigrados con muchos señoritos, que no tienen oficio ni beneficio y máxime que donde se encuentran los verdaderos trabajadores, revolucionarios y honrados, es en los campos de concentración…”. Discurso del Presidente Lázaro Cárdenas a grupo de refugiados españoles. Buena parte de los refugiados exponen, a veces con dibujos y esquemas, cómo México podría aprovechar su experiencia profesional en la industria, la agricultura, el Ejército, la enseñanza, la academia, la prensa, el teatro e, incluso, en el mundo de los negocios. Algunos casos poseen una cómica ternura. Vitaliano Gómez, desde el barracón 44 del campo de Septfonds, propone a las autoridades mexicanas “crear una granja de 250 gallinas ponedoras y 20 conejos reproductores”, para lo que necesitaría “un crédito de 2.500 pesos a reintegrar en cuatro o cinco años”. Antonio Martínez, agricultor de Murcia, se ofrece para mejorar la calidad del pimiento en el país del picante, y Mariano Potó, de Barcelona, sugiere que “sería interesante la creación de una cátedra para difundir entre los intelectuales mexicanos la concepción sinóptica de la cultura…”. Pero las cartas cuentan sobre todo la tragedia de miles de vidas rotas. Carmen Planet expone así su caso: “… habiendo perdido a mi esposo en Madrid el 7 de noviembre de 1936 habiendo ido voluntario a luchar siendo militar retirado y a una hija de 17 años habiendo ido también a luchar voluntaria y murió el 20 de octubre de 1936 en el frente de Sigüenza y los tres varones que me quedan, también voluntarios y el de 18 años inútil de guerra y el de 22 años teniente de Sanidad de Líster que actualmente se encuentra en el campo de Argelès-sur-Mer…”. Refugiados españoles reciben alojamiento, ropa y comida. Las cinco hermanas Pla Palleja, de Rubí (Barcelona), con edades entre los 20 y los 34 años, refugiadas en el campo de Berck Plage, dicen contar con 3.600 pesetas para el viaje “y “dos relojes de pulsera y uno de bolsillo, un anillo grande de oro y dos monedas argentinas de oro”. Como son sus únicas pertenencias y temen no poder pagar el pasaje, piden al embajador “que aunque sea en un rincón del barco y sin comer nos deje ir a México”. Antonio Paños Garrigues, madrileño, de 36 años, radiotelegrafista, encerrado en el campo de Bram, informa de que todos sus familiares han muerto “víctimas de la aviación durante la guerra” menos su hermano Pedro, “que murió fusilado por los fascistas en Málaga en 1937”. Niños exiliados. Durante décadas, la cancillería mexicana ha guardado en estas páginas los gritos de auxilio de los miles de españoles –sastres, camareros, profesores, militares, campesinos, mecánicos, actores, periodistas, contables, funcionarios, médicos, electricistas, ingenieros, estudiantes…– que encontraron una nueva patria en México. Hoy son por fin rescatados, como escribió Juan Rejano, de la “férrea corona del olvido”.

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El flujo neto de inmigrantes de México a EE UU es cero
InfoporAnónimo4/25/2012

Información del diario El País de España El flujo neto de inmigrantes de México a EE UU es por primera vez cero En los últimos 40 años, 12 millones de mexicanos han emigrado de su país a EE UU CRISTINA F. PEREDA. 23/04/2012 19:59 El flujo neto de migrantes entre México y Estados Unidos se ha reducido a cero por primera vez en varias décadas, según un estudio publicado este lunes por el Centro Pew Hispanic. El cambio de tendencia supone el estancamiento de la oleada migratoria más importante en la historia de EE UU. “Si miramos atrás, ninguna nación ha enviado tantos inmigrantes a Estados Unidos como México en las últimas cuatro décadas”, dice el informe (en PDF, en inglés). En cuarenta años, unos 12 millones de inmigrantes mexicanos emigraron a EE UU y, según el estudio, más de la mitad lo hicieron de manera ilegal. "Puede que la oleada migratoria se reanude con la recuperación de la economía estadounidense. Incluso si no lo hace, ya se ha asegurado un lugar en los libros de récords", señalan los autores del informe. “El flujo neto de inmigrantes desde México a Estados Unidos se ha detenido y puede que se haya invertido”, dice el estudio, basado en análisis de datos gubernamentales de ambos países. El cambio de “un patrón histórico”, como describen los autores, se debe a un aumento del número de inmigrantes que abandonan EE UU en comparación con los que llegan desde México, en constante declive. Entre 1995 y 2000, unos tres millones de mexicanos cruzaron la frontera, mientras que cerca de 700.000 regresaron a casa acompañados de hijos estadounidenses. Entre 2005 y 2010, 1,4 millones de mexicanos abandonaron su país y la misma cantidad regresó a México, según datos demográficos correspondientes a ambos países. “No sabemos si la oleada migratoria se reanudará en algún momento, pero sí podemos determinar que el estancamiento actual es algo más que una pausa temporal”, declaró Paul Taylor, director del Centro Pew Hispanic, en la presentación del estudio. “El balance migratorio desde México se ha mantenido a cero o incluso en niveles negativos desde 2007”, añadió. El informe atribuye varias causas a este fenómeno, entre las que destacan la crisis económica y del mercado inmobiliario, la dureza de las leyes migratorias aprobadas por varios gobiernos estatales en los dos últimos años, el peligro que suponen los nuevos puntos de cruce en la frontera y que obligan a atravesar el desierto, el aumento de las deportaciones, el descenso de la natalidad en México y las mejores condiciones económicas en este país. “En endurecimiento de la política de inmigración ha hecho que intentar entrar en Estados Unidos para los mexicanos sea más difícil, caro y peligroso”, ha afirmado este lunes Jeffrey Passel, demógrafo del Centro Pew Hispanic. “Además, la débil economía estadounidense ha eliminado el imán que suponía la oferta de empleo y los cambios demográficos en México han reducido el grupo de inmigrantes potenciales”, ha agregado. Las últimas cuatro décadas han conseguido que casi uno de cada tres inmigrantes que viven en EEUU -con una población de 40 millones de personas nacidas en otro país- provenga de México. El siguiente país de origen con mayor aportación de emigrantes es China, con un 5%. En cuanto a la inmigración ilegal, un 58% de los 11 millones de indocumentados que se estima residen en EE UU también son de origen mexicano. Según el informe, 6,1 millones de inmigrantes mexicanos carecían de permiso de residencia estadounidense en 2011, cerca de un millón menos que en 2007, cuando se alcanzaron los niveles máximos. A pesar de que México ha protagonizado la mayor oleada migratoria hacia EE UU en toda su historia en números absolutos, los investigadores de Pew reconocen que, en términos relativos, Alemania e Irlanda habrían contribuido con una proporción igual o mayor de inmigrantes a finales del siglo XIX.

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Un alto a la inmigración mexicana en Estados Unidos
InfoporAnónimo4/25/2012

Con información del diario El País de España Un alto a la inmigración mexicana en Estados Unidos Por primera vez son tantos los que salen de México como los que regresan, según un estudio Por primera vez desde que los mexicanos comenzaron a emigrar masivamente hacia Estados Unidos, son hoy tantos o más los que regresan que los que llegan, un cambio histórico que puede afectar de forma muy profunda a la conformación social de este país, así como a las relaciones políticas, económicas y culturales en una de las fronteras en las que, de forma más cruda, se encuentran el mundo rico y un pueblo en desarrollo. Esto no significa que la comunidad latina va a perder peso en EE UU. Los hispanos de todas las razas son ya cerca de 50 millones, constituyen la primera minoría del país, tras la mayoría blanca no latina, y su índice de natalidad les garantiza un aumento de su proporción en las próximas décadas. MÁS INFORMACIÓN Consulta en inglés el estudio sobre inmigración en México del Instituto Pew Lo que demuestra el estudio elaborado por el Instituto Pew y presentado esta semana es que se está produciendo un reacomodo del fenómeno migratorio que es consecuencia de un mundo en transformación y que puede ser el anuncio de una nueva era para este continente. Un México que consiga retener a su fuerza de trabajo y recuperar algunas energías perdidas, puede ser otro México. Una América en la que cruzar hacia el norte deje de ser el mejor recurso para el progreso, sería otra América. Un EE UU que prescinda del impulso vital de millones de espíritus ambiciosos, puede ser otro EE UU. De acuerdo al estudio de Pew, la reducción a cero del flujo de inmigración procedente de México en los últimos años de la pasada década se explica tanto por causas coyunturales como estructurales. La crisis económica norteamericana de 2008, la aprobación de leyes para perseguir a los indocumentados, el incremento del número de deportaciones desde 2009, la mejora de los sistemas de vigilancia fronteriza, la disminución del índice de natalidad en México, la creación de nuevas oportunidades económicas dentro de ese país, el clima general de hostilidad a los inmigrantes que se ha creado en EE UU y, probablemente, una mayor identificación de los mexicanos con su sistema político y su nación, han contribuido a la nueva realidad que recoge este estudio. Hay que esperar para ver si esa tendencia se mantiene o el simple aumento de las ofertas de trabajo en EE UU es suficiente para volver a atraer inmigrantes de forma masiva Hay que esperar para ver si esa tendencia se mantiene o el simple aumento de las ofertas de trabajo en EE UU es suficiente para volver a atraer inmigrantes de forma masiva. Los autores del informe no descartan un repunte migratorio en algún momento futuro, pero creen que se puede asegurar la ruptura del patrón de comportamiento que se había mantenido desde hace medio siglo. “No sabemos si la oleada migratoria se reanudará en algún momento, pero sí podemos determinar que el estancamiento actual es algo más que pausa temporal”, afirma Paul Taylor, director del centro Pew Hispanic. Douglas Massey, profesor de la Universidad de Princeton y codirector del Proyecto de Emigración Mexicana, uno de los mayores expertos en la materia, asegura que “el boom de emigración mexicana se ha acabado. Eso no quiere decir que no vaya a haber emigración, pero no veo un retorno al crecimiento masivo de indocumentados que se observó en los años noventa y en la primera década de este siglo”. Una disminución de las tensiones migratorias podría ayudar a una nueva forma de relación positiva en una frontera de enorme potencial Entre 1995 y el año 2000, más de tres millones de mexicanos cruzaron la frontera, mientras que sólo 700.000 regresaron a su país. Entre 2005 y 2010, vinieron 1,4 millones y se fueron otros tantos, o quizá más, según apunta el informe de Pew, que cita fuentes oficiales de ambos países. En los últimos 40 años, cuando la emigración mexicana se hizo constante, más de 12 millones de personas atravesaron el río Grande (o Bravo, como le llaman los norteamericanos). En estos momentos se calcula que viven en EE UU cerca de 32 millones de mexicanos. Una disminución de las tensiones migratorias podría ayudar a una nueva forma de relación positiva en una frontera de enorme potencial. Mexicanos y norteamericanos, tan peleados en su historia, comportan intereses y costumbres en una amplia geografía donde en algún momento ondeó el Águila Azteca y hoy se siembran las semillas de un gran poder futuro.

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