yaelsalvatierra
Usuario (Argentina)
Cuando llegamos a casa después del trabajo, lo normal es que nos tengamos que enfrentar a diversas tareas domésticas. Es inevitable, hijos, limpieza, hacer comidas para el día siguiente… Lo que pocos tenemos en cuenta es lo importante que es dedicar unos pocos minutos a uno mismo. El nivel de estrés que vamos acumulando a lo largo del día es considerable. Aunque hayamos tenido un buen día en el trabajo, en el fondo es un entorno en el que tenemos que estar alerta. No es nuestra cueva, sino nuestro lugar de caza de hoy en día. Puede que no nos hayamos jugado la vida, pero la alerta se mantiene constante. Tras varios días esta tensión se nos va acumulando y muchos de nosotros no sabemos o no encontramos la forma de descargarla. Mi propuesta es la siguiente, cada día, al llegar a casa dedica unos pocos minutos a relajarte, a hacer algo que te ayude a aliviar la tensión. No hace falta que sea algo muy complicado, sino algo que te ayude a hacer la transición entre ese estado de alerta del trabajo, a un estado de tranquilidad que debería existir en tu hogar. Aquí van algunas sugerencias: Descalzarse. Nos pasamos toda la vida con los pies envueltos en varias capas. Algo de lo más relajante y beneficioso es andar descalzos. Es algo que debemos aprender de los niños, en vez de tratar de corregirlo constantemente. Estar en contacto con el suelo de hogar, de la hierba en un parque, o de la arena de la playa es una de las experiencias más relajantes. Nuestros pies han estado en contacto directo con el suelo durante miles de años y estoy seguro de que volver a hacerlo tiene un efecto muy beneficioso sobre nosotros. Dar un paseo. ¿Por qué no das un paseo antes de volver a casa? Lo habitual es que desde el trabajo directamente volvamos a casa inmediatamente. Cada caso particular puede ser distinto, pero dar un paseo siempre es posible. No hace falta que sea un paseo largo, bastan 30 minutos o menos. Se trata de ir caminando y dejar que nuestra mente y cuerpo se vacíen de tensión antes de llegar a casa. Puedes hacerlo nada más salir de tu trabajo si está en una zona interesante para pasear, justo al llegar a casa o buscar un parque o zona natural por la que pasear. Por supuesto también lo puedes compartir con tu pareja. Quedáis y sin llegar a casa salís a pasear. Seguro que el resto del día será diferente. Echar una pequeña siesta. No hace falta dormir 2 horas de siesta para que se considera como tal. Unos simple 20 min de reloj nos pueden ayudar a recargar las pilas para lo que queda del día. Además, puedes hacer el truco del café. Aunque no te duermas, el simple hecho de cerrar los ojos, tumbarte en un sillón y bajar el ritmo es más que suficiente para alejar parte del estrés que podamos traer del trabajo. No hace falta ser un maestro del yoga, solo hay que cerrar los ojos y respirar más despacio. Si además consigues dormir unos minutos (aunque no más de 20) mucho mejor. Jugar. Cada vez jugamos menos y es una pena porque jugar nos reporta muchos beneficios. Y no estoy hablando de solo de jugar con los hijos, estoy hablando de que juegues tu a algo que te guste. A todos nos gustan los juegos (puzles, ajedrez, ordenador, consolas). ¿Hace cuánto que no juegas a algo tu solo? ¿No tienes tiempo o es que no lo has buscado bien? No hace falta estar 3 horas jugando, unos simples 30 minutos dedicados a cualquier juego simple nos pueden ayudar y mucho a cambiar nuestra actitud, y liberarnos de parte del estrés. Los juegos nos transportan a otros mundos y eso es algo muy saludable para nuestra mente. En muchos casos son como los cuentos que necesitamos para dormir tranquilos. Darse una ducha. Da igual la época del año, darse una ducha fría o caliente, seguro que nos ayuda a relajarnos y nos permite llegar al final de día. Y ¿por qué no? de vez en cuando un buen baño caliente con sales y un montón de espuma es una gran opción.