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Dinámicas sobre la Vocación
InfoporAnónimo4/7/2012

DINAMICAS SOBRE LA VOCACIÓN La vocación de Mateo 9 Jesús, al irse de allí, vio a un hombre llamado Mateo en su puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Mateo se levantó y lo siguió. 10 Como Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, un buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora vinieron a sentarse a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11 Los fariseos, al ver esto, decían a los discípulos: « ¿Cómo es que su Maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?» 12 Jesús los oyó y dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. 13 Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.» (Mt 9,9-13) Para responder en grupo. 1. ¿Qué hace Jesús y qué hace Mateo? 2. ¿Le importa a Jesús quien era Mateo ante la sociedad para llamarlo? 3. ¿Crees que Dios llama? ¿Qué harías ante el llamado sorpresivo de Jesús? ¿Qué le dirías? La vocación de Samuel 3 1 El niño Samuel estaba al servicio de Dios y vivía junto a Helí. En aquel tiempo raras veces se oía la palabra del Señor. Las visiones no eran frecuentes. 2 Cierto día, Helí estaba acostado en su habitación, sus ojos iban debilitándose y ya no podía ver. 3 Aún no estaba apagada la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el Templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios. 4 El Señor llamó a Samuel. El respondió: «Aquí estoy», 5 y corrió donde Helí diciendo: «Aquí estoy, pues me has llamado.» Pero Helí le contestó: «Yo no te he llamado; vuelve a acostarte.» El se fue y volvió a acostarse. 6 Volvió a llamar Dios: «Samuel.» Se levantó Samuel y se fue donde Helí diciendo: «Aquí estoy, pues me has llamado.» Otra vez Helí contestó: «No te he llamado; hijo mío, anda a acostarte.» 7 Samuel no conocía todavía a Dios, pues la palabra del Señor no le había sido dirigida aún. 8 Como Dios llamara a Samuel por tercera vez y el joven se presentara nuevamente a Helí, éste comprendió que era Dios quien le llamaba, 9 y dijo a Samuel: «Anda a acostarte y si vuelve a llamarte dile: Habla, Señor, que tu siervo te escucha.» Entonces Samuel se volvió a su habitación y se acostó. 10 El Señor entró y se paró, y llamó como las otras veces: «Samuel, Samuel.» Este respondió: «Habla, Señor, que tu siervo escucha.» (1Samuel 3, 1-10) Para responder en grupo 1. ¿Quién era Helí y quién era Samuel? 2. ¿Qué hizo Samuel ante el llamado y qué le dijo Helí que dijera? 3. ¿Estoy atento a la palabra de Dios en Misa, en catequesis, en la escuela, etc.? 4. Si Dios te hablaría como a Samuel ¿Qué responderías? La vocación de Jeremías 4. Entonces me fue dirigida la palabra del Señor en estos términos: 5. Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí. 6. Yo dije: « ¡Ah, Señor Dios! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho. » 7. Y me dijo el Señor: No digas: « Soy un muchacho », pues adondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás. 8. No les tengas miedo, que contigo estoy yo para salvarte - oráculo del Señor. (Jeremías 1, 4-8) Para responder en Grupo 1. ¿Qué palabras le dirigió el Señor a Jeremías y qué contestó Él? 2. El Señor ante la respuesta de Jeremías, ¿Qué le dice? 3. Si el Señor me hablara en me encomendará una misión, ¿Qué respondería? o ¿Qué excusas pondría?

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Resurrección: Sobreviviendo a Nuestras Crucifixiones
InfoporAnónimo4/11/2012

Resurrección: Sobreviviendo a Nuestras Crucifixiones Cada sueño, cada ideal, al final acaban crucificados. ¿De qué modo? Por el tiempo, las circunstancias, la envidia; y por ese dictado curioso y perverso –de alguna manera innato en el orden de las cosas– que asegura que hay siempre alguien o algo que no puede partir a gusto a solas, sino que, por razones muy suyas, tiene que partir cazando, persiguiendo y golpeando a lo que es bueno. Lo bueno, el bien, siempre concita envidia, odio, persecución, denigración, asesinato. Así pasa incluso con los sueños o ideales. Hay siempre algo que necesita una crucifixión. Cada cuerpo de Cristo sufre inevitablemente el mismo destino de Jesús. No hay viaje tranquilo para lo íntegro, bueno, verdadero o bello. Pero eso es sólo la mitad de la ecuación, la mala mitad. Lo que también sucede, lo que la resurrección enseña, es que, mientras nada que pertenezca a Dios puede evitar la crucifixión, ningún cuerpo de Cristo permanece en la tumba durante mucho tiempo. Dios siempre remueve la piedra del sepulcro y, a no tardar, una nueva vida explota y entonces comprendemos por qué aquella vida original tenía que ser crucificada. (“¿No era necesario que Cristo tuviera que sufrir tanto y morir?”). La resurrección sigue a la crucifixión. Cada cuerpo crucificado se alzará de nuevo, resucitará. Pero, ¿dónde encontramos la resurrección? ¿Dónde se nos hace encontradizo el Cristo resucitado? La Escritura es sutil, pero clara. ¿Dónde podemos esperar encontrar a Cristo después de la crucifixión? El evangelio nos dice que, en la madrugada del día de la resurrección, las mujeres discípulas de Jesús, las comadronas de la esperanza, salieron hacia la tumba de Jesús, llevando especias y perfumes, con la intención de ungir y embalsamar un cuerpo muerto. Con muy buena intención, pero equivocadas, lo que encuentran no es un cuerpo muerto, sino una tumba vacía y un ángel que les interpela con estas palabras. “¿Por qué andáis buscando al vivo entre los muertos? ¡Volved, en cambio, a Galilea y allí le encontraréis!”. “Volved, en cambio, a Galilea”. ¡Qué expresión tan curiosa! ¿Qué significa Galilea? ¿Por qué regresar? En los relatos de la pos-resurrección, en los evangelios, Galilea no es simplemente un lugar geográfico físico. Es, antes que nada, un lugar situado en el corazón. Galilea significa el sueño ideal, la ruta del discipulado por la que habían caminado anteriormente con Jesús; y es también aquel lugar y aquel tiempo en los que sus corazones habían ardido con esperanza y entusiasmo inigualables. Y ahora, precisamente cuando sienten que todo eso está muerto, que su fe es sólo fantasía, se les dice que regresen al lugar donde todo comenzó: “Regresad a Galilea. Él se encontrará con vosotros allí”. Y ellos, efectivamente, regresan a Galilea, a aquel lugar especial en sus corazones, al sueño utópico, a su discipulado. Como era de esperar, se les aparece allí Jesús. No se les aparece exactamente como lo recuerdan de antes, ni con tanta frecuencia como les gustaría, pero él aparece como algo más que un fantasma, un espíritu o una mera idea. El Cristo que se les aparece después de la resurrección ya no encaja con su expectación original, pero tiene suficiente corporalidad física como para comer pescado en su presencia, es suficientemente real como para dejarse tocar como un ser humano, y es suficientemente poderoso como para cambiar sus vidas para siempre. En última instancia, eso es a lo que la resurrección nos reta, a regresar a Galilea, a volver al sueño, al ideal, a la esperanza; y al discipulado, que antes había inflamado nuestro corazón, pero que ahora está crucificado. Esto es también lo que significa estar “en el camino de Emaús”. En el evangelio de Lucas se nos dice que, el día de la resurrección, dos discípulos iban caminando de Jerusalén hacia Emaús, cabizbajos y deprimidos. Esa sola línea del evangelio contiene una espiritualidad plena: Para Lucas –como Galilea para los otros evangelistas– Jerusalén significa el sueño utópico, la esperanza, el Reino, el centro desde donde todo tiene que comenzar y donde, a la larga, todo debe culminar. Pero estos dos discípulos se están “alejando” de Jerusalén, dejando atrás el bello sueño, caminando hacia Emaús. Emaús era un balneario romano –un Las Vegas y Monte Carlo de consuelo humano. Su sueño cargado de ideal ha sido crucificado y los dos discípulos, desalentados y sin esperanza, van caminando, alejándose de él, buscando consuelo humano, farfullando: “¡Pero habíamos esperado!...” Pero ellos nunca llegan del todo a Emaús. Jesús se les aparece en el camino, remodela su esperanza a la luz de la crucifixión, y les hace regresar a Jerusalén. Uno de los mensajes esenciales de la Pascua es éste: Siempre que nos sintamos desalentados en nuestra fe, siempre que nuestras esperanzas parezcan crucificadas, necesitamos volver a Galilea y a Jerusalén, esto es, al sueño ideal, al camino del discipulado en el que nos habíamos embarcado antes de que todo fallara o fuera mal. Por supuesto, siempre que nos sentimos así, siempre que parece que el Reino no funciona, la tentación nos induce a abandonar el discipulado para buscar consuelo humano, caminar hacia Las Vegas y Montecarlo, en vez de volver a Galilea o a Jerusalén. Pero, como ya sabemos, nunca llegamos completamente a Emaús. Con una apariencia u otra, Cristo siempre se nos hace encontradizo en el camino, hace arder de nuevo nuestros corazones, nos explica el sentido de nuestra última crucifixión y nos hace volver – a Galilea, a Jerusalén, y a nuestro discipulado abandonado. Una vez allí, todo cobra sentido de nuevo.

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Hoy es el mejor día del año
Hoy es el mejor día del año
InfoporAnónimo5/14/2012

Hoy es el mejor día del año Hoy es el mejor día del año, se me ha dado gratuitamente otra oportunidad para disfrutar el inmenso don de vivir en este Paraíso que Dios nos ha regalado para amarnos los unos a los otros y poder ser feliz. Hoy puedo luchar por hacer realidad mis sueños, deleitarme de la presencia de las personas que amo y que aún siguen conmigo, decirles y demostrarles lo valiosas que son para mí, porque mañana no sé si ellos o yo sigamos vivos, el futuro es incierto, nadie sabe lo que les traerá el porvenir. Hoy es un día distinto al de ayer, el pasado no se repite ni da marcha atrás; pero en mis manos está el poder de hacerlo todo cada vez mejor, si lo intento y pongo lo mejor de mí; porque se me ha bendecido con dones, que puedo multiplicar en la medida que trabajo en ellos y los pongo al servicio de los demás. Hoy es el mejor día del año, es el momento de perdonar a quienes me han herido, reconciliarme con Dios, la naturaleza y la humanidad; y más aún, es ahora cuando debo aprender a perdonarme esos errores que quizás con dureza suelo reprocharme y que hacen parte de mi fragilidad. Hoy no perderé la ocasión de sonreír y dibujar sonrisa en los rostros que en el camino suelo encontrar; haré que mis palabras y obras dejen huellas que otros sigan y recuerden siempre con paz, y no cicatrices que hagan que no me olviden por el daño que les pude causar. Hoy, mi corazón sigue latiendo, dando testimonio de que Dios me ama y está siempre conmigo; puedo comprobar lo fuerte que soy porque a pesar de los momentos difíciles que haya enfrentado aquí sigo, no me he rendido; se fortalece mi fe, se renuevan las esperanzas de encontrar lo que busco, alcanzar lo que espero y llegar hasta donde quiero; por eso, más que pedir, agradezco; no renuncio, creo, sigo. Vivo intensamente el presente porque es lo único seguro que poseo; por eso abro mis brazos a la vida y le sonrío. Hoy es el mejor día del año, ¡Gracias Amigazo! por permitirme vivir y así continuar, reparar, renovar, construir, intentarlo otra vez, dar y recibir amor, soñar y ser feliz.

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Fieles o felices
InfoporAnónimo6/7/2012

Fieles o felices Me cuentan que una mujer casada abandona a su marido y a sus hijos. Y da esta explicación: “quiero ser feliz”. Resulta sorprendente. ¿Quién no quiere ser feliz? Yo quiero ser feliz. Aspiro a ello. Es más, estoy convencido de que ese el sueño de Dios para nuestra vida personal y para la vida matrimonial. La cuestión es: ¿cómo me planteo la felicidad? ¿En qué la hago consistir? Ciertamente la sociedad y la cultura actual nos hacen sentir la urgencia de ser felices y vivir en plenitud. El tiempo de la vida es breve. La eternidad ha quedado fuera del horizonte vital. Urge vivir felices. Las posibilidades son muchas; no se pueden perder; las oportunidades no se pueden diferir. Si no eres feliz es porque no quieres. La misma sociedad nos mete por los ojos que ser feliz es tener, es consumir, comprar, viajar, tener casa propia, conducir coches caros. Nos convence de que la felicidad es individual; exige libertad entendida como independencia y desvinculación. Hace años cuando los hijos adolescentes y jóvenes salían de casa a los padres se oía decir: “hijo, pórtate bien”; ahora, en esa misma situación, a los padres les oyes decir: “hijo, disfruta, pásalo bien”. Y a la vuelta la pregunta es: “¿Qué tal lo habéis pasado?”. Entre los adultos cuando nos despedimos solemos decir: “cuídate”. Seguramente que hay otros muchos factores; seguramente que una ideología de género bastante extendida conduce a ese tipo de justificación: quiero ser feliz; tengo derecho a ser feliz; y para eso tengo que dejar lo que me lo impide: mi marido/mi mujer y mis hijos. Los abandono y me voy. ¡Viva la libertad! ¡Libertad para hacer lo que me de la gana! Justificaciones como ésta, muestran cómo se está viviendo la contraposición entre felicidad y fidelidad. Y parece que esa contraposición va formando parte de la cultura de mucha gente en nuestra sociedad. Una cultura individualista, anti conyugal; una cultura anti-natalidad. Parece que el principio de que “a la vida le gusta la vida” ha perdido vigencia; la diferencia de sexos como fuerza de atracción y relación se estaría desconfigurando. Plantear la alternativa entre felicidad y fidelidad en la familia constituye una señal de alarma. Algo gordo está sucediendo. Algo grave. Esto quiere decir, por contraste, que la unidad de las tres efes ( fieles, felices, fecundos) es una gran buena noticia para nuestra sociedad.

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Retiro, meditación sobre el Pan de vida
Retiro, meditación sobre el Pan de vida
InfoporAnónimo4/25/2012

Te puede servir para hacer una meditación, dar una charla o un retiro sobre este tema. Esta muy bueno! YO SOY EL PAN DE VIDA I. Meditación Dejémonos impresionar en este día por el discurso del pan de vida, que el IV evangelista nos ofrece en el capítulo 6 de su evangelio. Este capítulo tiene un momento culminante: aquel en que Jesús se autoproclama a sí mismo como el Pan de la Vida. Dejadme que trate de ser un mero exégeta de sus palabras. Dejad que su mensaje se convierta para vosotros o vosotras en palabras de gracia o de juicio. Porque ante Él podemos adoptar distintas posturas: la de la gente que lo busca, la de los judíos que lo rechazan, la de los discípulos que lo abandonan, la de los Doce que lo proclaman en medio de su debilidad. Jesús es buscado por la gente: en el desierto y en Cafarnaum, a la orilla del lago (Leamos en primer lugar Jn 6,1-34. ¡He aquí nuestro comentario!) El pueblo busca a Jesús porque encuentra en Él algo importante para su bienestar y su vida. El hombre fuera de la revelación vive en la insatisfacción, se hace muchas preguntas, busca. En el IV Evangelio aparecen personas que buscan y se cuestionan: los discípulos del Bautista y sus asociados, la madre de Jesús, Nicodemo, un fariseo, los samaritanos, un noble, la multitud de Galilea, María y Marta, los Griegos... Revela la universalidad de la búsqueda. En el capítulo 6, quien busca es una multitud de gente. Al principio, el Jesús del IV Evangelio llama (Jn 1.19 - 2,11); después es buscado. Nos dicen los Sinópticos que una muchedumbre seguía a Jesús porque veían «los signos» que realizaba sobre los enfermos. En el desierto Jesús realizó un signo de liberación: la multiplicación de los panes. Apareció como un profeta-signo. Según las convicciones rabínicas, así como el primer redentor trajo consigo el maná, así debería hacer el segundo redentor. Era precisamente ésto lo que esperaba el pueblo. En el desierto Jesús les dio el maná. El pueblo vio en Él al profeta (6,14) y quiso proclamarlo rey. Moisés era el profeta-rey; Jesús debía serlo. A quien le busca Jesús corresponde con un don. Recompensó a la gente con alimento. Pero no respondió al intento de hacerlo rey. Jesús se separó de ellos. No obstante, la busqueda continúa: al día siguiente la gente se desplazó a otro lugar, a Cafarnaum. Allá Jesús reconoció que el pueblo no lo buscaba por los signos, o porque Él fuera el profeta-signo, sino porque vio saciada su hambre. Entonces Jesús les habló de dos tipos de alimento: el que perece y el que da la vida eterna. Él mismo se autopresentó como el segundo: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí. no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis». Les pidió que no actuasen por el alimento perecedero, sino por el que permanece para la vida eterna. A la gente, obstinada, no le bastaba el signo liberador de la multiplicación: querían otro signo parecido al maná del cielo. Jesús les replicó que Moisés no les dio pan del cielo. Aquel pan no daba la vida: «Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron». Quien da (no dio, ni dará) el verdadero pan del cielo es el Padre de Jesús. Ese pan es dado ahora y a este pueblo, no a los antiguos. Ese es el verdadero pan del cielo, el pan de Dios y que da vida al mundo. En la multiplicación Jesús se presentó como el que da el pan. Ahora Jesús se identifica con el verdadero pan de vida bajado del cielo. Yo soy el pan de vida es una fórmula de revelación. Jesús se autorrevela, exige que se le reconozca en la fe y promete la vida. El pan de vida es su persona misma. Jesús-Pan tiene las tres características del maná: viene de manos del Padre, es enviado por él, ha descendido del cíelo y da la vida al mundo. La palabra de Dios, descendida del cielo es el pan de vida. La única actitud válida ante este pan de vida es la fe en la persona de Jesús, único pan celestial dado por Dios y que da vida eterna. Comer en esta primera parte significa metafóricamente creer, come quien cree. Ante esta propuesta, que todavía resultaba ambigua, el pueblo suplicó: «Señor, danos siempre de ese pan» (v.34). La pregunta es, ¿cómo la gente le pide a Jesús el pan, si el que lo da es el Padre? Ello quiere decir, que al menos provisoriamente, la gente acoge a Jesús como enviado de Dios. Jesús y no el maná es el pan del cielo. De hecho, quienes comieron el maná murieron. «Del cielo» no indica el origen del pan, sino la cualidad de la vida que el verdadero pan ofrece: es la vida del mundo futuro. Jesús lo ofrece pidiendo un compromiso personal de fe. El pueblo llegará a ver saciado su deseo, su búsqueda, si se focaliza en la persona de Jesús. Jesús es rechazado por los judíos en la sinagoga de Cafarnaum (Leamos ahora Jn 6,36-60. ¡He aquí nuestro comentario!) Jesús no quiere echar a nadie que venga a él. Pero constata negativamente: «me habéis visto y no creéis». En este momento cambia la audiencia de Jesús y el lugar y el tiempo de la acción: ahora son los judíos en la sinagoga de Cafarnaum. Estos versículos delatan la lucha entre los cristianos joanneos y los judíos de la sinagoga. A quienes se dirige Jesús son los judíos de la sinagoga. Ya no se trata de la multitud galilea que ha seguido a Jesús y los busca, sino de la sinagoga hostil. Los judíos murmuran y objetan que Jesús no es el enviado de Dios, ni el pan bajado del cielo. Jesús responde que sólo aquellos a quienes el Padre atrae y enseña pueden venir a El. Quienes rechazan a Jesús demuestran así que no han sido elegidos por el Padre. Jesús añade que el pan que ha de ser comido es su carne: «el pan que yo le voy a dar es mi carne por la vida del mundo» (Jn 6,51 b). Jesús asevera la necesidad de comer la carne del Hijo del Hombre y de beber su sangre (6,53), lo que es mucho más provocador y escandaloso. Este lenguaje está influenciado por la práctica eucarística de la primitiva iglesia -acusada de canibalismo. Antes, comer y beber eran símbolos del venir a Jesús y creer en él (6.35); ahora se intenta que se crea en la función de dar vida que tiene Jesús cuando da la vida por el mundo. Jesús no responde a la objeción que le habían propuesto, sino que la agrava hasta afirmar: «si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él». Hay que creer en la eficacia de la muerte de Jesús. Los judíos rechazaron esta llamada. Jesús habla de un comer y beber real, de un alimento y bebida reales: verdadera comida, verdadera bebida. Ahora los conceptos clave no son venir a mí, ni creer, sino dar y comer-beber. El don de Dios de la primera parte se convierte ahora en el don del propio Jesús a nosotros. El pan de vida es presentado como la carne que Jesús dará y entregará, para la vida del mundo. Jesús insiste en la necesidad de comer su carne y de beber su sangre. El término masticar tal vez resalte el carácter realista de la manducación eucarística. No se trata solo de creer, sino también de comer en el sentido material de la palabra. Permaneced en mí y yo en vosotros (Jn 6,56) dice cómo la unión con Cristo no se resuelve en una disolución mística de la personalidad humana. Es fórmula semejante a la paulina «Cristo en nosotros». Controversia de Jesús con los discípulos (Leamos ahora Jn 6,60-66. ¡He aquí nuestro comentario!) Se produce ahora otro cambio: desde la sinagoga a un lugar no especificado, en donde la audiencia está constituida por los discípulos. Se habla de un amplio número de discípulos. Al principio de este capítulo se habla de pocos discípulos, probablemente sólo de los 12. Ahora se trata de muchos. Estos encuentran muy duras las palabras de Jesús y se escandalizan de él hasta murmuran de él e incluso hasta abandonarlo. Todos lo abandonaron. Lo que escandaliza a los discípulos en el discurso de Jesús es lo referente al comer la carne del Hijo del hombre y beber su sangre. Ellos, como los judíos esperaban un Mesías-Rey, y se encuentran con un Mesías que muere, que es triturado como el pan. Jesús responde a esta murmuración diciendo: «¿Y cuando veáis al Hijo de! hombre subir adonde estaba antes?...» Esta subida se refiere a la muerte de Jesús en la cruz a través de la cual él es exaltado en eficacia salvadora. El comer la carne y beber la sangre del Hijo del hombre no debía ser entendido en sentido materialístico. Con todo las palabras de Jesús sobre la necesidad de comer su came y beber su sangre provocaron un escándalo que llevó a la apostasía a muchos discípulos. Tal vez ésta haga referencia a la pérdida de popularidad de Jesús en la última etapa de su ministerio; o puede reflejar la división en la comunidad joannea que llevó al evangelista y sus seguidores a quedarse en minoría. La ascensión del Hijo del Hombre y el Espíritu que vivifica en la resurrección, dan la clave de las palabras de Jesús. El es dador de vida o pan de vida no solo por la encarnación; también por su entrega hasta la muerte. Pero la carne no basta. Jesús es pan de vida, dador de vida, definitivamente por su exaltación y por la misión del Espíritu. Por ésto se dice que la carne no sirve de nada. La carne es fuente de vida en cuanto inmolada y ascendida al cielo: debe ausentarse para poder ser vivificadora. No se trata de comer una carne material. Lo que vivifica es el comer una carne espiritual, la del Hijo del hombre celestial. La vida otorgada en y a través del cuerpo de Cristo no se recibe más que si se percibe espiritualmente aquello que la persona de Jesús es y significa para nosotros. Y los Doce: ¿recomendación o condenación? (Jn 67-71) (Leamos ahora Jn 6,67-71) La conducta de la mayoría de los discípulos no debe ser imitada. Sólo hay que emular la confesión de Pedro. La forma de confesión («Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios») difiere de la de los Sinópticos y Jesús no hace referencia a su muerte, como en los Sinópticos, ni se opone a Pedro. Aquí, sin embargo. Jesús habla de Judas Iscariote como demonio. Parece como si el reproche a Pedro de los Sinópticos, fuera aquí transferido a Judas: «Y uno de vosotros es un diablo» . En conclusión: El relato de la multiplicación de los panes dramatizaba en sus orígenes el rechazo por parte de Jesús de la función política de un profeta-signo y la proclamación de Cristo como Juez escatológico. Hijo del hombre. El evangelista transformó esta tradición en una historia de búsqueda de Jesús. A la Samaritana en busca de agua Jesús le habla de dos tipos de agua. A la gente que busca pan Jesús le propone dos tipos de pan. Probablemente el capítulo de la samaritana y el de la multiplicación formaban originariamente un todo: el agua de la vida, el pan de la vida. Eran una llamada a los simpatizantes de la sinagoga a buscar a Jesús. Los símbolos del agua y del pan tenían un especial eco en el judaismo. La fuente es la ley. El pan, el maná, también se convirtió en signo de la ley. Usando estos símbolos Jesús se opone a Moisés y la ley como mediadores de vida. El hecho de que la gente busque a Jesús quiere decir que la ley no es fuente de vida. La gente exige que Jesús tenga por fin que declarar: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí. no tendrá hambre, y el que crea en mí. no tendrá nunca sed» (Jn 6,35) Es en nosotros donde el pan eucarístico puede multiplicarse Tenemos hambre de vida, porque ella se nos ha concedido de forma precaria. Es frágil nuestro vivir. Se halla amenazado inierior y exteriormente. Este cuerpo, en el que vivimos, es sensible a todos los influjos. Esta alma que nos posee fácilmente entra en la noche, o se ofusca y siente agonía. Tenemos hambre de vida, porque vivimos de los demás. Su amor nos hace vivir, configura nuestra identidad. Nuestro amor nos hace sentimos vivos, útiles. Pero el amor que recibimos, o el amor que comunicamos, tantas veces nos parece escaso, insuficiente. Queda en nosotros una señal permanente que grita su insuficiencia. Tenemos hambre de vida, porque hemos sido creados para vivir en abundancia. Hay en nosotros una capacidad de infinito, que sólo el Infinito puede colmar. En el Paraíso del Génesis se habla del árbol de la vida. Sus frutos remediaban el hambre vital. Era el árbol medicinal por excelencia. Acercándose a él y tomando de sus frutos, el hombre, la mujer, podía saciar su hambre vital y superar cualquier enfermedad o eventualidad de muerte, cualquier pena o sufrimiento interior. Viviendo junto a aquel árbol se recibía el don de la inmortalidad, de la vida sin fin. El Apocalipsis, por otra parte, nos presenta la utopía de la Ciudad Nueva en la que están plantados dos árboles de vida: «A cada lado del río crecía un árbol de vida: da doche cosechas, una cada mes del año y las hojas del árbol sirven de medicina a las naciones» (Apc 22,2). Hemos sido llamados por Jesús para participar en el gran acontecimiento de la Vida, como sus primeros discípulos. Pero, aun agraciados con su llamada, hemos de buscarle. Buscarle con tanta gente que le busca. Mezclados, como los primeros discípulos, con la multitud. Pero ¡qué fácil es buscar a Jesús únicamente por sus dones y no por Él mismo! Creer es siempre nuestra asignatura pendiente. Creer de verdad en Él, fiarnos de Él y del designio del Padre. La fe en Jesús nos lleva a convertirnos también nosotros en pan que se entrega por la vida del mundo. Jesús no nos llama para saciar simplemente nuestra hambre, sino para que con Él estemos dispuestos a saciar el hambre del mundo. En en nosotros donde el pan eucarístico puede multiplicarse. En medio de tanta muerte.¿a dónde vamos a ir? La fuente de la vida nos permite a nosotros ser fuente de vida..., pero si estamos dispuestos -como Él- no a reinar, sino a morir. Por eso, te buscamos... para que realices el milagro. II. Resonancias Oración Jesús, Tú nos has buscado, nos has dirigido tu palabra, te has convertido para nosotros en Palabra. Jesús, te preguntamos dónde vivías y Tú nos conmoviste con tu voz y nos hiciste morar allí donde logramos la más sublime identidad. Jesús, no basta seguirte. Constantemente hay que buscarte, porque el sentido se nos escapa, porque estamos hambrientos, irremediablemente hambrientos de vida. Jesús, no sabemos vivir, se nos pierde la vida nos desangramos sin remedio. Jesús, casi siempre te buscamos interesadamente. Tú eres el Pan que se entrega, el desinterés hecho alimento. Para creer en Tí, es necesario desposeerse; creer en Tí es convertirse en pan en pan multiplicado y partido que sólo busca ser para los demás pan de vida. Jesús, ¡es difícil entender tu mesianismo! ¡es difícil ver en la muerte del grano de trigo la posibilidad de la espiga o del pan que da vida! Jesús, Tú en nosotros, nosotros en Tí. ¿A dónde iremos? ¡Sólo Tú tienes palabras de Vida! ¡Sólo en tí está la Vida!

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Enfermera, concejala... y monja
Enfermera, concejala... y monja
InfoporAnónimo5/19/2011

dijo:Diario de Navarra, El Mundo - Martes 01 de Febrero del 2011 María Teresa Martínez Vallvey, vecina de Pamplona de 35 años,. "Renuncié el mismo día en que tomé posesión del puesto", comenta alegre. También ha dejado su acta de concejal por UPN en el Ayuntamiento de Berrioplano y, en breve, se despedirá de su familia y amigos para comenzar una nueva etapa en su vida. "A mí no se me apareció ningún ángel para alertarme. Lo cuenta I.M.M. en Diario de Navarra. Mi vacío interior era cada vez mayor", relata sobre su decisión: convertirse en monja de la Congegación de la Madre Teresa de Calcuta, las Misioneras de la Caridad. Tiene 35 años. Y dice que no será duro. «Me ha tocado la lotería. Lo dejo todo. Familia, trabajo, casa, amigos... Pero para mí todo es nada», asegura, sonriente. «Cuando te toca la lotería no te da pena dejar tu casita pequeña porque te vas a vivir a un chalé». Nacida en Bilbao, pero en Pamplona desde 1989, ella es la pequeña de 9 hermanos. Estudió enfermería en la Universidad de Navarra y, hasta la fecha, desempeñaba su trabajo como enfermera en el Hospital de Navarra. Durante esta legislatura ha sido concejal de UPN en Berrioplano. "Entré en política porque sabía que había recibido de la sociedad formación, y quería transmitirlo de alguna manera. Pero no es mi camino", comenta. "Siempre he intuido que estaba puesta por Dios para algo. Él nos preguntará al final que hemos hecho con nuestra vida. Y yo tenía un vacío, a pesar de tener todo lo que una persona puede tener", comenta mientras recuerda los últimos tres años, en los que se ha fraguado, poco a poco, su decisión definitiva. "Para mí la fe siempre ha estado ahí, pero en distintos niveles de importancia en mi vida en función de los años. Hace tres años empecé a rezar más. Me gusta mucho esa frase de Santa Teresa en la que se dice que para un cristiano que no haga oración ni 15 minutos al día no necesita ya demonio que le tiente", reflexiona. En el verano de 2009, movida por una inquietud que le impulsaba a conocer el tercer mundo y la pobreza, llegó a la India, cerca de Calcuta. "Caí en shock. Lo duro no fue ver a la gente en la calle o la pobreza tan grande. Lo duro para mí fue el contraste de mi vida con lo que allí me encontré. Fui allí con otra médico y una farmacéutica y por la mañana ayudábamos en un asilo de gente necesitada en Predman y por la tarde en un lugar que creó la Madre Teresa en Kalighat, donde la gente va a morir", cuenta. En la India encontró lo que había echado de menos en su vida. "Al volver a Pamplona, entristecí. Allá no había sentido una llamada especial a mi vocación y la dejé aparcada, junto a la tumba de la Madre Teresa de Calcuta. Le di muchas vueltas a todo y mi director espiritual me recomendó que lo dejara todo escrito, por si me servía en un futuro para conocer la llamada", rememora María Teresa Martínez. Desde entonces, comenta, se dedicó a "cumplir el mensaje de la Madre Teresa" con su familia, con sus amigos o con los enfermos. "Pero, de verdad, nada me llenaba. El vacío que sentí era muy grande y no quería quedarme en verano en Pamplona. Sin embargo, se me cerraron todas las puertas de las ONG para poder acudir a algún lugar. Casualmente, a través de una amiga, pude acudir a Nápoles a colaborar en un campamento de niños con familias con problemas", expone sobre cómo dio otro paso hacia su decisión. "En Nápoles me entró la paz y la alegría, las monjas que allí había me dieron envidia. Tras leer textos de la Madre Teresa a su vuelta a Pamplona decidió dar un paso más para disipar sus dudas y pasó 15 días en Madrid en un convento. "Ahora me encaja el puzzle de mi vida", relata mientras asegura que lo deja todo "para ser feliz". "A pesar de cambiar la comodidad de mi vida actual por otra que puede ser más un camino de espinas", señala. Su deseo es ayudar a los demás. Sabe que eso lo puede hacer desde una ONG, o desde el Hospital de Navarra, donde trabajará hasta el 25 de noviembre; pero Martínez Vallvey busca dar un paso más: «Yo no sólo voy a hacer una labor social, sino a intentar que la gente conozca que Dios la quiere». En enero marchará medio año al centro que la orden de las Misioneras de la Caridad tienen en Sabadell. Será su primer paso. Luego vendrá el noviciado en Roma y, por último, los votos. "Luego, donde toque", concluye. La futura monja es muy consciente de que es una excepción en su generación. ¿Qué le diría a esa abrumadora masa de jóvenes que no comparten su fe? «Que no se dejen engañar con falsos dioses. Tenemos que aprender a ser sinceros. Lo único que hacemos es parchear: con un viaje, con un trabajo... Somos avestruces, individualistas. Una conversación con un amigo es más importante que tener el último modelo de móvil. El ser humano tiene mucha más riqueza»

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Dignitatis Personae
Dignitatis Personae
InfoporAnónimo6/23/2011

dijo:Congregación para la Doctrina de la fe. Santa Sede Tiene la intención de responder a algunas nuevas cuestiones en el campo de la Bioética, que suscitan esperanzas pero también perplejidades en sectores cada vez más vastos de la sociedad. En este sentido se «busca promover la formación de las conciencias» y animar una investigación biomédica respetuosa de la dignidad de todo ser humano y de la procreación. La Instrucción «comprende tres partes: la primera recuerda algunos aspectos antropológicos, teológicos y éticos de importancia fundamental; la segunda afronta nuevos problemas relativos a la procreación; la tercera parte examina algunas nuevas propuestas terapéuticas que implican la manipulación del embrión o del patrimonio genético humano» *Se presentan dos opciones: El Documento completo y un RESUMEN elaborado por la Conferencia Episcopal Española Completo: http://www.ciudadredonda.org/admin/upload/File/jovenes/dignitaspersonae.pdf? Resumen: http://www.ciudadredonda.org/admin/upload/File/jovenes/dignitaspersonae_resumen.pdf?

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Dignidad humana y derechos humanos
InfoporAnónimo6/3/2011

dijo: Justicia y Paz de Europa o CEJPC La cultura de la solidaridad, base de los derechos humanos La dignidad de cada persona humana constituye la base del Estado de Derecho. La dignidad deriva del respeto debido a uno mismo y a los demás como seres humanos. Los derechos humanos constituyen la expresión jurídica de un proceso en curso para proteger, respetar y garantizar una vida digna. Como cristianos, nuestro compromiso con la dignidad humana se deriva del reconocimiento de la persona humana creada como imagen de Dios. Esta es la base sobre la que descansan todos los derechos humanos. Las garantías jurídicas de una vida en dignidad deben aplicarse de la misma forma para todas las personas que viven en un estado dado. Debe ser evaluada continuamente la compatibilidad de toda legislación - existente y propuesta - con las obligaciones de los derechos humanos. Para alcanzar el estado de derecho, las sociedades deben promover la solidaridad con aquellos que por sus características étnicas, religiosas, políticas o de otro tipo, se encuentran especialmente en riesgo de sufrir la violación de sus derechos fundamentales. Esa misma solidaridad que dicta que todos deben compartir la carga financiera del sistema social se debe aplicar en el contexto del ordenamiento jurídico. La Conferencia de Comisiones Justicia y Paz de Europa desea esbozar las implicaciones de una solidaridad fundada en el respeto de la dignidad humana en la Europa actual. Puesto que la seguridad social representa una necesidad elemental y fundamental para todas las personas, ésta constituye un derecho humano fundamental por razones de ética social. El estado del bienestar moderno tiene la obligación de proporcionar a todos los miembros de la sociedad la igualdad de oportunidades para el acceso a los recursos culturales, políticos y económicos pertinentes a través de un sistema de igualdad de derechos básicos. Existen obstáculos judiciales o de facto, como la condición jurídica de las personas que buscan asilo o de otros migrantes y deben reducirse, tanto como sea posible, las barreras en la estructura de los sistemas nacionales de seguridad social. La exclusión social derivada de la falta de oportunidades para participar en los procesos sociales y políticos es simultáneamente una violación de la dignidad humana y de la legislación vigente. Con el uso amplio de los llamados perfiles étnicos o raciales en el trabajo policial se fortalece, consciente o inconscientemente, la estigmatización de determinados grupos de la población, sobre la base de su identidad étnica o religiosa. Los miembros de las fuerzas de policía por sí solos no son enteramente responsables de esta práctica. Detrás de las acciones visibles de la policía y otros agentes, se puede encontrar un patrón de cambio más profundo de la actuación policial. Hay un peligro real de que el uso generalizado de perfiles étnicos en la legislación antiterrorista pueda legitimar esta práctica. La práctica común de detención de los llamados inmigrantes irregulares a menudo no se corresponde con las normas de la política europea de derechos humanos. Se ha señalado que las condiciones de detención de inmigrantes irregulares, solicitantes de asilo y refugiados en condiciones de hacinamiento son deficientes e inaceptables y tienen un impacto negativo en la salud de los detenidos. La cuestión que conecta algunos de los problemas señalados anteriormente es la relación entre la libertad y la seguridad. La seguridad de la sociedad en su conjunto se presenta a menudo como un buen argumento para justificar limitaciones a la libertad de los individuos. Esto sugiere que se debe hacer una elección entre la libertad y la seguridad. Pero si la seguridad se declara un objetivo en sí misma, el fundamento del gobierno y el estado cambia fundamentalmente. El propio Estado, en lugar de las personas y sus necesidades, se convierte en el foco central de la actividad política y su preservación será el principal objetivo de los gobiernos. La legislación reciente contra el terrorismo en muchos países muestra efectivamente cómo, cuando los gobiernos están demasiado preocupados por la seguridad, a menudo no se dan cuenta de que están infringiendo los valores de la libertad que dicen defender. Recomendaciones La dignidad humana no se puede aplicar en mayor o menor medida, sino que debe aplicarse a todas las personas de la misma manera de acuerdo a la ley. La dignidad de la persona humana es universal y los derechos que conlleva deben estar garantizados sin ningún tipo de restricciones. Así, recomendamos a la Unión Europea y a nuestros respectivos gobiernos que: Reduzcan las barreras judiciales y de facto existentes en la estructura de los sistemas de seguridad social nacional tanto como sea posible. Proporcionen el acceso a los beneficios del estado de bienestar sobre la base de la necesidad. Adopten una política social que evite la estigmatización y ayude de forma extensiva a la reintegración. Reconozcan que el uso de perfiles éticos por las autoridades estatales podría percibirse como una legitimación de su uso en otros ámbitos, haciendo aumentar así la discriminación contra determinados grupos. Organicen el alojamiento de los llamados inmigrantes irregulares según las normas de política europea de derechos humanos. Pongan fin a la criminalización y detención criminal de los llamados migrantes irregulares y solicitantes de asilo. Examinen cuidadosamente las leyes y otras medidas contra el terrorismo para garantizar que no atentan contra los valores de la libertad que pretenden defender. La Conferencia de Comisiones Justicia y Paz de Europa (Justicia y Paz de Europa o CEJPC) es una red europea que agrupa hoy 31 comisiones nacionales de Justicia y Paz. Cada una está establecida o reconocida por la Conferencia Episcopal de su país. La secretaría de CEJPC está situada en París (Francia).

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Juego de palabras
Juego de palabras
InfoporAnónimo9/29/2011

JUEGOS DE PALABRAS"Hay una vieja leyenda eslava que cuenta la historia de un monje, Demetrio, que un día recibió una orden tajante: debería encontrarse con Dios al otro lado de la montaña en la que vivía, antes de que se pusiera elsol. El monje se puso en marcha, montaña arriba, precipitadamente. Pero, a mitad de camino, se encontró a un herido que pedía socorro. Y el monje, casi sin detenerse, le explicó que no podía pararse, que Dios le esperaba al otro lado de la cima, antes de que atardeciese. Le prometió que volvería en cuanto atendiese a Dios. Y continuó su precipitada marcha. Horas más tarde, cuando aún el sol brillaba en todo lo alto, Demetrio llegó a la cima de la montaña y desde allí sus ojos se pusieron a buscar a Dios. Pero Dios no estaba. Dios se había ido a ayudar al herido que horas antes él se cruzó por la carretera. Hay, incluso, quien dice que Dios era el mismo herido que le pidió ayuda. Esto, más que una fábula, es la perfecta doctrina católica. Ruisbroeck ,decía que «si un día estás en éxtasis y un pobre te pide limosna, debes bajar del éxtasis y ayudarle». San Vicente de Paúl afirmaba tajantementeque «hay que abandonar a Dios por el prójimo». Y todos ellos no hacían otra cosa que repetir aquello del evangelista San Juan: «¿Quién no ama a su hermano, a quien está viendo, cómo va a amar a Dios a quien no ve?». Efectivamente: en el amor a Dios puede haber engaños. Puede alguien decir que ama a Dios cuando lo único que siente es un calorcillo que le gusta en su corazón. Puede alguien decir que ama a Dios y lo que ama es latranquilidad espiritual que ese supuesto amor le da. Amar al prójimo, en cambio, no admite triquiñuelas. se le ama o no se le ama. Se le sirve o se le utiliza. Se demuestra con obras o es sólo una palabra bonita. San Juan seguía diciéndolo de manera tajante: «Si unoposee bienes de este mundo y, viendo que su hermano pasa necesidad, le cierra sus entrañas, ¿Cómo puede estar en él el amor de Dios?» Es cierto: «El prójimo -la frase es de Cabodevilla- es nuestro lugar de cita con Dios.» Sólo en el prójimo nos encontramos con El y todo lo demás son juegos de palabras” Martín Descalzo

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XLV Jornada de las Comunicaciones Sociales
InfoporAnónimo6/4/2011

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA XLV JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES Verdad, anuncio y autenticidad de vida en la era digital 5 de Junio Queridos hermanos y hermanas: Con ocasión de la XLV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, deseo compartir algunas reflexiones, motivadas por un fenómeno característico de nuestro tiempo: la propagación de la comunicación a través de internet. Se extiende cada vez más la opinión de que, así como la revolución industrial produjo un cambio profundo en la sociedad, por las novedades introducidas en el ciclo productivo y en la vida de los trabajadores, la amplia transformación en el campo de las comunicaciones dirige las grandes mutaciones culturales y sociales de hoy. Las nuevas tecnologías no modifican sólo el modo de comunicar, sino la comunicación en sí misma, por lo que se puede afirmar que nos encontramos ante una vasta transformación cultural. Junto a ese modo de difundir información y conocimientos, nace un nuevo modo de aprender y de pensar, así como nuevas oportunidades para establecer relaciones y construir lazos de comunión. Se presentan a nuestro alcance objetivos hasta ahora impensables, que asombran por las posibilidades de los nuevos medios, y que a la vez exigen con creciente urgencia una seria reflexión sobre el sentido de la comunicación en la era digital. Esto se ve más claramente aún cuando nos confrontamos con las extraordinarias potencialidades de internet y la complejidad de sus aplicaciones. Como todo fruto del ingenio humano, las nuevas tecnologías de comunicación deben ponerse al servicio del bien integral de la persona y de la humanidad entera. Si se usan con sabiduría, pueden contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano. Transmitir información en el mundo digital significa cada vez más introducirla en una red social, en la que el conocimiento se comparte en el ámbito de intercambios personales. Se relativiza la distinción entre el productor y el consumidor de información, y la comunicación ya no se reduce a un intercambio de datos, sino que se desea compartir. Esta dinámica ha contribuido a una renovada valoración del acto de comunicar, considerado sobre todo como diálogo, intercambio, solidaridad y creación de relaciones positivas. Por otro lado, todo ello tropieza con algunos límites típicos de la comunicación digital: una interacción parcial, la tendencia a comunicar sólo algunas partes del propio mundo interior, el riesgo de construir una cierta imagen de sí mismos que suele llevar a la autocomplacencia. De modo especial, los jóvenes están viviendo este cambio en la comunicación con todas las aspiraciones, las contradicciones y la creatividad propias de quienes se abren con entusiasmo y curiosidad a las nuevas experiencias de la vida. Cuanto más se participa en el espacio público digital, creado por las llamadas redes sociales, se establecen nuevas formas de relación interpersonal que inciden en la imagen que se tiene de uno mismo. Es inevitable que ello haga plantearse no sólo la pregunta sobre la calidad del propio actuar, sino también sobre la autenticidad del propio ser. La presencia en estos espacios virtuales puede ser expresión de una búsqueda sincera de un encuentro personal con el otro, si se evitan ciertos riesgos, como buscar refugio en una especie de mundo paralelo, o una excesiva exposición al mundo virtual. El anhelo de compartir, de establecer “amistades”, implica el desafío de ser auténticos, fieles a sí mismos, sin ceder a la ilusión de construir artificialmente el propio “perfil” público. Las nuevas tecnologías permiten a las personas encontrarse más allá de las fronteras del espacio y de las propias culturas, inaugurando así un mundo nuevo de amistades potenciales. Ésta es una gran oportunidad, pero supone también prestar una mayor atención y una toma de conciencia sobre los posibles riesgos. ¿Quién es mi “prójimo” en este nuevo mundo? ¿Existe el peligro de estar menos presentes con quien encontramos en nuestra vida cotidiana ordinaria? ¿Tenemos el peligro de caer en la dispersión, dado que nuestra atención está fragmentada y absorta en un mundo “diferente” al que vivimos? ¿Dedicamos tiempo a reflexionar críticamente sobre nuestras decisiones y a alimentar relaciones humanas que sean realmente profundas y duraderas? Es importante recordar siempre que el contacto virtual no puede y no debe sustituir el contacto humano directo, en todos los aspectos de nuestra vida. También en la era digital, cada uno siente la necesidad de ser una persona auténtica y reflexiva. Además, las redes sociales muestran que uno está siempre implicado en aquello que comunica. Cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales. Por eso, puede decirse que existe un estilo cristiano de presencia también en el mundo digital, caracterizado por una comunicación franca y abierta, responsable y respetuosa del otro. Comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos abiertamente religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso cuando no se hable explícitamente de él. Asimismo, tampoco se puede anunciar un mensaje en el mundo digital sin el testimonio coherente de quien lo anuncia. En los nuevos contextos y con las nuevas formas de expresión, el cristiano está llamado de nuevo a responder a quien le pida razón de su esperanza (cf. 1 P 3,15). El compromiso de ser testigos del Evangelio en la era digital exige a todos el estar muy atentos con respecto a los aspectos de ese mensaje que puedan contrastar con algunas lógicas típicas de la red. Hemos de tomar conciencia sobre todo de que el valor de la verdad que deseamos compartir no se basa en la “popularidad” o la cantidad de atención que provoca. Debemos darla a conocer en su integridad, más que intentar hacerla aceptable, quizá desvirtuándola. Debe transformarse en alimento cotidiano y no en atracción de un momento. La verdad del Evangelio no puede ser objeto de consumo ni de disfrute superficial, sino un don que pide una respuesta libre. Esa verdad, incluso cuando se proclama en el espacio virtual de la red, está llamada siempre a encarnarse en el mundo real y en relación con los rostros concretos de los hermanos y hermanas con quienes compartimos la vida cotidiana. Por eso, siguen siendo fundamentales las relaciones humanas directas en la transmisión de la fe. Con todo, deseo invitar a los cristianos a unirse con confianza y creatividad responsable a la red de relaciones que la era digital ha hecho posible, no simplemente para satisfacer el deseo de estar presentes, sino porque esta red es parte integrante de la vida humana. La red está contribuyendo al desarrollo de nuevas y más complejas formas de conciencia intelectual y espiritual, de comprensión común. También en este campo estamos llamados a anunciar nuestra fe en Cristo, que es Dios, el Salvador del hombre y de la historia, Aquél en quien todas las cosas alcanzan su plenitud (cf. Ef 1, 10). La proclamación del Evangelio supone una forma de comunicación respetuosa y discreta, que incita el corazón y mueve la conciencia; una forma que evoca el estilo de Jesús resucitado cuando se hizo compañero de camino de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35), a quienes mediante su cercanía condujo gradualmente a la comprensión del misterio, dialogando con ellos, tratando con delicadeza que manifestaran lo que tenían en el corazón. La Verdad, que es Cristo, es en definitiva la respuesta plena y auténtica a ese deseo humano de relación, de comunión y de sentido, que se manifiesta también en la participación masiva en las diversas redes sociales. Los creyentes, dando testimonio de sus más profundas convicciones, ofrecen una valiosa aportación, para que la red no sea un instrumento que reduce las personas a categorías, que intenta manipularlas emotivamente o que permite a los poderosos monopolizar las opiniones de los demás. Por el contrario, los creyentes animan a todos a mantener vivas las cuestiones eternas sobre el hombre, que atestiguan su deseo de trascendencia y la nostalgia por formas de vida auténticas, dignas de ser vividas. Esta tensión espiritual típicamente humana es precisamente la que fundamenta nuestra sed de verdad y de comunión, que nos empuja a comunicarnos con integridad y honradez. Invito sobre todo a los jóvenes a hacer buen uso de su presencia en el espacio digital. Les reitero nuestra cita en la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, cuya preparación debe mucho a las ventajas de las nuevas tecnologías. Para quienes trabajan en la comunicación, pido a Dios, por intercesión de su Patrón, san Francisco de Sales, la capacidad de ejercer su labor conscientemente y con escrupulosa profesionalidad, a la vez que imparto a todos la Bendición Apostólica. Vaticano, 24 de enero 2011, fiesta de san Francisco de Sales. Fuente:

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