xamebax
Usuario (México)

Hay tienen 7 excelente herramientas para crear mapas conceptuales, mentales o de ideas, y lo mejor es que todos son completamente gratuitos. 1. VYM – View Your Mind: es una aplicación para crear, diseñar y desarrollar mapas mentales. Una forma intuitiva, práctica y visual de almacenar la información. Es muy práctico para plasmas gráficamente unas ideas, procesos o diferentes fases de un proyecto. http://sourceforge.net/projects/vym/ 2. EDraw Mindmap: Es todo lo que necesitas para crear tus propios mapas de ideas. Desde la ventana principal tendrás acceso a todas las herramientas, como cuadros de texto, flechas, símbolos y fondos para personalizar al máximo los mapas mentales. Cuenta con diseños de ejemplo, y ofrece tal libertad que puede usarse también como herramienta de dibujo, pudiendo guardar nuestras creaciones como PDF o en cualquier formato de imagen. http://www.edrawsoft.com/freemind.php 3. FreeMind: Es una utilidad gratuita que te permitirá “liberar tu mente” de proyectos, ideas, y tareas de cualquier índole plasmándolas en un bonito y claro mapa conceptual. Permite usar colores, iconos, diferentes bordes y líneas, etc. Además cuenta con “marcaciones” predeterminadas para diferentes estados y tipos tales como: abierto, preguntas abiertas, detalles, carpetas, requiere acción, requiere código, etc. http://freemind.sourceforge.net/wiki/index.php/Main_Page 4. XMind: Es una potente herramienta de creación de mapas conceptuales, utilizados para la gestión de ideas y aplicables a cualquier ámbito personal o profesional. Mediante un mapa conceptual podemos relacionar conceptos, añadir imágenes y notas, e incluso hiperenlaces o ficheros, reflejando de una forma clara temas complejos. Permite exportar los mapas a texto, imagen o HTML. http://www.xmind.net 5. CmapTools: Es una herramienta para confeccionar esquemas conceptuales. El objetivo del programa consiste en presentar gráficamente conceptos teóricos. Este fin lo lleva a cabo mediante una completa lista de recursos visuales que permiten vincular ideas de diferentes formas. CmapTools dispone de un acceso vía Internet a una inmensa colección de trabajos que pueden servirnos como guía para nuestro proyecto, o simplemente como base que modificar para empezar a diseñar un mapa conceptual. Permite convertir los esquemas directamente en formato web facilitando enormemente la publicación y difusión de los trabajos. Es un software muy completo y personalmente me ha sido de mucha utilidad (Este es el que tengo que usar en la Universidad). http://cmap.ihmc.us/download/ 6. Bookvar: Es un editor de mapas de ideas o conceptuales, pensados para organizar una argumentación o proyecto. La particularidad de Bookvar es que permite insertar contenido multimedia, como hiperenlaces, vídeos o fotografías, así como cualquier fichero que se te ocurra. Bookvar permite añadir también notas a nuestro mapa de ideas, así como compartir su edición a través de Internet. Una vez terminado, el mapa conceptual puede subirse a la red, a Facebook o guardarse en tu disco duro. http://www.bookvar.net 7. BizAgi Process Modeler: Edita croquis destinados a representar de forma gráfica conceptos, problemas o procesos de diversa índole. El módulo de dibujo proporciona varios tipos de conectores y cajas de distintos colores para que se identifiquen con modelos de relación entre los conceptos. Una vez dibujados, los mapas conceptuales pueden exportase fácilmente en un archivo de imagen PNG, JPG y BMP, en un fichero de Word o en un PDF. http://www.bizagi.com ]SI NO PUNTUAS EL GATO MUERE
Esta revista es un viejo proyecto de la web, sus articulos estaban almacenados en otra página, que desaparecio. Alguien retomo el proyecto y subio de nuevo todo. Util para invetigadores. http://solotxt.brinkster.net/csn/indice.htm
Historia del laberinto sin fin "...¿Para qué dar la vida a un hombre que no encontrará su camino, ya que Dios lo tiene encerrado? Son los suspiros mi alimento, y se derraman como el agua mis lamentos, porque si algo temo, eso ocurre, y lo que me atemoriza me sucede. No hay para mí tranquilidad ni calma, mis tormentos no me dejan descansar..." Libro de Job, capítulo 3, versículos 23 al 26 La nueva biblia latinoamericana Cinco días sin poder salir. Llevaba cinco días perdido en su propia casa, yendo de cuarto en cuarto, buscando cómo salir, y lo que había logrado era perderse más. Si tan solo hubiera salido corriendo por la puerta en cuanto vio la primera señal de que algo andaba mal, si tan sólo se hubiera percatado que se trataba de una señal. La mujer que había pasado la noche con él estaba caliente y húmeda cuando se despertó. De eso sí se acordaba. Cómo se llamaba esa mujer o cómo habían terminado en la cama, de eso no. ¿Cómo se habían conocido? ¿Desde cuándo? ¿Qué importancia tiene eso ahora? Había soñado que lo llevaban a una sala de operaciones a altas horas de la noche. Uno de los doctores llevaba un piloto marcador en la mano y tachaba con una equis distintas partes del cuerpo en una radiografía mientras discutía con los otros cómo iban a operar. A él lo amarraron a la mesa de operaciones y le trazaron una línea punteada desde el esternón al bajo vientre. "Doctor, se le olvida la anestesia", le dijo, pero nadie podía escucharlo. "Doctor, se le olvida la anestesia", repitió, en vano. "La anestesia, doctor, la anestesia", le dijo mientras la enfermera le pasaba el bisturí. "¡Doctor, la anestesia! ¡Doctor! ¡¡Doctor!!". La sangre se regó por su pecho abierto y empapó las sábanas verdes que envolvían la mesa, y, gota a gota, llegó al suelo y formó charcos resbaladizos. El corte reveló un mundo de órganos carnosos y oscuros, e intestinos fétidos que se salían de sus cavidades al verse libres de la opresión de la piel. El se despertó creyendo que aún estaba gritando. Entonces sintió el cuerpo pegajoso y caliente de la mujer a su lado y creyó que a ella le había dado fiebre. Sintió que toda la cama estaba mojada del sudor de la mujer, que él estaba impregnado de ese sudor hasta los huesos, que toda la casa estaba remojada en ese sudor. Pero había algo raro con ese sudor. No olía a sudor. No se sentía como sudor. No era sudor. Más él no lo sabía. La tocó por el hombro para despertarla. "¿Quién eres tú?", debió preguntarle. "¿Por qué estás muerta? ¿Cómo salgo de aquí?" La mujer no respondió. El recordó que el botiquín estaba vacío y que todavía había cajas llenas de bultos por desempacar. Ya iban a cumplir un mes de haberse mudado y no terminaban de instalarse. Se vistió sin prender la luz y se disponía a salir a comprar algo en la farmacia cuando le gruñó el estómago. Puso a calentar aceite y sacó un huevo del refrigerador, lo partió contra el borde de la estufa y vertió su contenido en la sartén. El feto completamente formado de un pollo empezó a freírse en el aceite burbujeante. El feto completamente formado de un pollo. ¿Acaso no era ese un presagio? A todos nos explican cuando estamos en el colegio y llevamos pantaloncillos cortos y una maleta llena útiles, que en las fábricas donde empaquetan los huevos hay gente encargada de revisar si los huevos presentan a contraluz una pequeña corona en la punta, porque los huevos con una pequeña corona en la punta son huevos fértiles y de ahí saldrá un pollito que van a dejar crecer para matarlo cuando esté grande y lleno de carne. Los huevos que no tienen corona son los que empacan para que la gente pueda hacer el desayuno y los que tienen corona son puestos en una incubadora. Es imposible que el feto completamente formado de un pollo salga de la cáscara de un huevo y empiece a freirse en tu sartén a menos que sea un presagio. Cualquiera lo sabe. El se llevó una mano a la boca y la otra al estómago. Se arqueó, los jugos gástricos se revolvieron, pero no vomitó. Botó el feto con todo y sartén en el bote de la basura, pero no vomitó. ¿Qué pensaría la mujer? ¿No estaba embarazada? ¿No iba a tener un hijo? El aún estaba medio dormido. Eso explicaba por qué no se había percatado de las señales. Cuando cerró el bote de la basura vio en su brazo la respuesta a la pregunta que no se había formulado. Se volteo para que le diera de frente la luz del foco sobre la estufa y vio que su cuerpo también le decía lo mismo. Corrió al cuarto y prendió la luz, y las sábanas no hicieron más que confirmarlo: sangre. Eso era en lo que estaba empapado: en sangre de la mujer que estaba en la cama. Las sábanas estaban llenas de sangre, el piso estaba lleno de sangre, las cortinas estaban llenas de sangre, el mundo estaba lleno de sangre. Sangre de la mujer que no sabía quíen era. Entonces sí corrió. Salió huyendo por la puerta del cuarto, ¿a buscar qué? ¿A quíen le iba a explicar que él no la había matado? Era domingo por la mañana. La gente dormía. Hay que respetar el sueño del trabajador cansado. Pero tenía que decírselo a alguien. El no lo había hecho. Verá usted, señor, ella estaba embarazada, ¿sabe? Iba a tener un hijo de... de... de alguien, señor. El no podía haberle hecho eso a una mujer en ese estado. El no era esa clase de persona. Pero la puerta de la entrada se puso en su contra. No lo llevó a la calle. Lo condujo a otro cuarto. Un cuarto distinto, grande, un cuarto en el que no había estado nunca, que la puerta imaginó en un segundo y fabricó exclusivamente para que él no saliera a la calle a aclararle a alguien que él no la había matado. Ella se había muerto sola. La sangre está dentro de uno y de repente brota y no para de brotar hasta que sale toda. Eso le pasa a la gente. Hay quienes sangran por sí solos. Mi tío tiene un amigo en Singapur que echa el humo del cigarrillo por los oídos. Mi tío es marino, sabe usted, señor. Viaja por todos lados y ve cosas muy extrañas, como ese señor que echa el humo del cigarrillo por los oídos. Si la mujer hubiera amanecido echando humo de cigarrillo por los oídos, eso no hubiera sido mi culpa, ¿verdad que no? Es lo mismo. Ella amaneció envuelta en sangre. Ella solita. Yo no tuve nada que ver con eso. Hay quienes sangran por sí solos. A lo mejor fue el Hada de las Puertas o el Hada de los Cuartos las que movieron la calle para poner ese cuarto. El siempre había querido vivir en una casa grande. En una mansión de pilastras blancas y extensos jardines. Esas casuchas que arrendaba el Estado eran muy pobres. Todas lucían igual por delante y por detrás. El techo era muy bajo y uno se moría de calor todo el día. Siempre que llovía había goteras, y siempre que había goteras, había menos cubos que goteras. Los pisos se encharcaban y ella no podía trapearlos porque la barriga le estaba creciendo y no podía hacer mucho esfuerzo. Hay que pensar en el niño, José. Las mansiones son muy caras y con una boca más que alimentar los sueños de pilastras blancas y extensos jardines se vuelven inalcanzables. Ya deja de soñar, José, que la cosa está dura. Los pobres no nacimos para soñar. No tenemos tiempo. Tenemos que trabajar para que alguien más se lleve nuestro sustento. Si no son los impuestos son los niños que le crecen en la barriga a las señoras, pero nos lo quitan y nos quedamos sin sueños y nos quedamos sin vida. Por eso el Hada de las Puertas o el Hada de los Cuartos movieron la calle para poner ese cuarto. Ahora tendría para él solito una casa interminable sin impuestos ni ventanas en las que los cuartos se mueven a medida que uno avanza, de modo que cuando se pasa de uno a otro, al regresar, uno no se encuentra en el mismo cuarto. Eso fue lo que le pasó a él. Entró a un cuarto en vez de salir a la calle, y cuando quiso volver, pasó a otro cuarto y no a la sala llena de sangre. Cruzo otra vez la puerta y se lanzó a la siguiente puerta, esperando salir a la calle antes de que alguien la moviera y pusiera otro cuarto, pero no fue lo suficientemente rápido. Lo intentó varias veces, probando distintas combinaciones. Entraba y salía, luego volvía a entrar. O salía y entraba, luego escogía otra puerta. Pero no alcanzó a llegar a la calle antes que se movieran los cuartos. Llegó la noche. El no lo podía saber, puesto que no había ventanas por las que entrara el sol o brillaran las estrellas, sólo puertas y más puertas. Pero después de correr y correr para salir a la calle, dio un gran bostezo y se acurrucó en una esquina y se quedó dormido. Uno duerme cuando es de noche. Uno está despierto cuando es de día y uno duerme cuando es de noche, a menos que uno sea una lechuza o algo por el estilo. Y él sabía que no era una lechuza o algo por el estilo. El nada más había amanecido al lado de la mujer ensangrentada y estaba tratando de salir a la calle para decirle a la gente que él no la había matado, así no pensaran mal de él. Amaneció. Amaneció porque él se despertó y uno sólo se despierta cuando amanece. Cuando anochece uno se duerme y cuando amanece uno se despierta. Ese es el orden de las cosas. Los niños que le crecen en la barriga a las señoras no tienen que nacer obligatoriamente, ¿quíen ha dicho eso? Uno infla un globo y al rato el globo se desinfla. El globo no se queda inflado. ¿Acaso alguien le echa eso en cara? ¿Acaso los niños dicen: "No voy a jugar con este globo porque no se va a quedar inflado"? Y cuando se revienta, ¿qué es lo que hace uno? Infla otro globo. Ese es el orden de las cosas. La mujer decía que no, que no iba a hacer eso que él le decía. Bajaba la cabeza, se tapaba los oídos y se negaba a escuchar lo que él le decía. A veces la oía sollozar en la noche, pero ella lo negaba. Se veía la barriga todos los días frente al espejo. Se pasaba la mano por el bulto en su vientre y sonreía. El aferraba sus sueños lo más que podía contra su pecho, pero la mansión de pilastras blancas se esfumaba día con día. Si la mujer no tuviera ese bulto lo entendería. Se había encariñado con ese estorbo y se rehusaba a devolvérselo a la cigüeña. Se rehusaba a aceptar que la cigüeña se había equivocado. Ese bulto no era para ellos, era para alguien más que vivía entre extensos jardines y no tenía por qué preocuparse del precio de la carne. La cigüeña es tan estúpida. Tenía hambre. Por eso, al segundo día, cuando se despertó acurrucado en una esquina, lo que fue a buscar no fue la salida, sino el camino de vuelta a la cocina. Pero los cuartos se negaban a quedarse quietos y dejarlo volver, y él no sabía cómo explicarles que no quería escaparse, tan sólo quería comer. Los cuartos no lo escucharon. Siguieron moviéndose y confundiéndolo más de lo que estaba. Soñó que tenía una bragueta en el estómago y dentro estaba la cabeza decapitada de su padre. A la siguiente noche soñó que tenía huecos en los ojos, y que estos se estaban pudriendo, y una pus verde y espesa manaba de los huecos y lo dejaba ciego, pero no encontró el camino de vuelta a la cocina. El hambre se volvió atroz. Le dolía la cabeza todo el tiempo, sentía náuseas y a veces no podía caminar en línea recta. Lo curioso del caso era que cuando se metía una cucaracha en la boca, se sentía lleno y no se la comía. Luego volvía y le daba hambre, y ya no quería comerse la cucaracha que había escupido en el suelo. Quería una que estuviese entera. Al cuarto día se olvidó de la calle y se olvidó de la cocina y fue a buscar a la mujer, para que se callara y lo sacase de ahí. Desde que había soñado con la cabeza decapitada de su padre, una voz le susurraba al oído "Tenías que venderle tu alma al Diablo", y no había callado. El estaba seguro que era la mujer, que inventaba esas cosas porque había amanecido envuelta en sangre y la cigüeña había recuperado el bulto para poder entregarselo a la persona correcta. Tener a alguien que te anda repitiendo la misma cosa al oído es desesperante. El la mandaba a callar en un arranque de rabia y entonces se tapaba la boca y veía a todos lados, esperando que el Hada de las Puertas o el Hada de los Cuartos no lo hubiesen escuchado, no vaya a ser que creyeran que estaba loco y no lo dejaran volver a la mujer para decirle que ya había aprendido la lección y que lo sacara de ahí. Que llamara a la cigüeña para que le devolviera el bulto y ella pudiera pasarse la mano por el vientre y sonreír, pero que por favor lo sacara de ahí. Había cumplido cinco días en el laberinto. Iba a cumplir seis, porque tenía sueño y se iba a dormir, pero entonces llegó a un cuarto que no tenía más puertas, sólo una pequeña ventana del tamaño de su cabeza y él corrió y pegó su cara al cristal, tratando de distinguir algo entre la luz cegadora. "Hola, ¿hay alguien ahí?", gritó. "¿Alguien me escucha? Sáquenme de aquí. Quiero salir". Todo lo que tuvo como respuesta fue la voz en su cabeza que le decía: "Tenías que venderle tu alma al Diablo". Golpeó el cristal hasta romperlo y sacó su cabeza. Una corriente de aire frío le dio de lleno en la cara. El intentó meter el hombro para salir, pero la ventana era muy pequeña. Clavó sus dedos en el marcó y se puso a escarbar en la madera. Las uñas se desprendieron de sus dedos y se quedaron clavadas en el marco, pero él siguió escarbando. La madera se acabó y llegó al cemento. La piel se desprendió también de sus dedos, y le siguió la carne, pero él siguió escarbando. Sacó un brazo, luego el otro. Apoyó las manos contra la pared y sacó el cuerpo. Cayó al vacío infinito. O era el barranco detrás de su casa, que la gente del gobierno prometió rellenar de tierra cuando empezó el proyecto residencial y luego lo dejaron así. Se despertó en el hospital. Estaba vuelto un desastre, sus manos eran muñones sin dedos, tenía una pierna rota. Nadie le preguntó por la mujer. Lo llevaban de emergencia a la sala de operaciones. Atravesaban una puerta tras otras, y los cuartos se quedaban quietos para que pudieran operarlo y sacarle lo malo que tenía dentro. Aunque no podía mover ni un dedo, lo amarraron a la mesa de operaciones y uno de los doctores que llevaba un piloto marcador en la mano, tachaba con una equis distintas partes de su cuerpo en una radiografía que le habían sacado antes que recuperara el conocimiento, mientras discutía con los otros cómo iban a operar. "Doctor, se le olvida la anestesia", le dijo mientras le trazaban una línea punteada desde el esternón al bajo vientre. Nadie podía escucharlo. "Doctor, se le olvida la anestesia", repitió. La enfermera le pasó el bisturí al doctor. "La anestesia, doctor, la anestesia". Entonces recordó el nombre de la mujer: María. Así se llamaba, María. Como en la pareja Bíblica: José y María, sólo que aquel José se olvidó de sus sueños de pilastras blancas y extensos jardines, y él le devolvió el bulto a la cigüeña. El doctor se dispuso a hacer la insición. El decidió ahorrar fuerzas para cuando se despertara. Porque en esta ocasión sí se despertarían gritando y sus gritos despertarían a la mujer, y la mujer tendría el bulto en el vientre y no habría ni una gota de sangre en las sábanas. El se despertaría gritando, acaso de pavor o de alegría, pero se despertaría, seguro que se despertaría. FIN Autor: Raul Bonilla.
Historia del sueño de un asesino. Su anhelo mas grande era cometer el asesinato supremo, un asesinato inmejorable que fuese citado en las enciclopedias y estudiado por filosofos, admirado por los locos y temida su repeticion por el vulgo. Su autor, ademas, tendria que ser recordado por el crimen, mas no habria de recibir jamas castigo alguno, y deberia cometerse de una manera unica, nunca antes hecha. De estos tres requistios, el ultimo era el mas dificil para el, pero no imposible, asi que a partir del momento que decidio que el asesinato supremo seria su meta en la vida -tras haber gastado su juventud haciendo el mal por el simple gusto de hacerlo-, opto por no volver a matar de la misma manera dos veces, y tampoco tradicionalmente. Si iba a decapitar a su victima, preferia enterrarle una plancha de acero en la cabeza hasta que le llegase a la garganta. Si iba a arrancarle las uñas, preferia coserle parpados y boca, y perforarle las rodillas con un taladro. Quiso la suerte que este hombre asesinara a un anciano que guardaba los ahorros de toda su vida en el colchon de su cama, y mientras le cortaba los labios y las fosas nasales con una navaja, dio un tajo accidentalmente en el colchon y descubrio el dinero. El hombre reflexiono sobre que haria con la fortuna y adquirio una hacienda en las montañas, donde se propuso alcanzar su sueño. Se hizo pasar por organizador de paseos turisticos y condujo a treinta personas a la estancia, prometiendoles un fin de semana vacacional. La misma noche de su llegada las sorprendio una a una mientras dormian y las amarro. Esa misma noche empezo a matarlas una a una, y a cada una la mato de una manera distinta, como jamas habia matado. Fracaso. La ultima victima sucumbio y el no habia cometido el asesinato perfecto. A una la desmembro y la mato a palazos. A otra le clavo las manos a los muslos y unio sus tobillos de igual forma, y la fotografio mientras la ahogaba en la bañera. A una en especial la mutilo empezando por los pies. Un dia le serrucho los dedos de los pies. Al dia siguiente la serrucho hasta los tobillos. Treinta y seis horas despues llego a las rodillas. Cuando acabo con los muslos y siguio con el tronco, serrucho las manos y los brazos a medida que avanzaba, de modo que el corte fuera uniforme y absoluto. Pero aunque consiguio que la victima siguiera con vida cuando teoricamente era imposible que lo estuviera, el hombre se dio cuenta que aun estaba lejos de su meta y , faltandole poco para llegar a los pulmones, fue al patio y regreso con una pesada roca, con la que le aplasto la cabeza. Estaba ofuscado. Jamas cometeria el asesinato supremo. Ni siquiera estaba conforme con los asesinatos. Treinta obras de arte perpetuadas con un verdadero fervor diabolico y el sentia que no eran la gran cosa. "Ya son las dos de la tarde", fue todo lo que penso. "Tengo que matar a alguien". No quedaba nadie a quien matar. Tendria que bajar de las montañas, tendria que embaucar a otros incautos. Lo olvido. Tres horas despues, sudaba frio y el corazon le repicaba con violencia. Ya no era cuestion de querer o no: tenia que matar a alguien. A lo mejor algun campesino buscaba entre la nieve una oveja escapada del rebaño, a lo mejor mas alla habia otra estancia llena de personas a las que el podia matar. Salio a buscar a alguien sacrificable a pesar que se estaba desatando una ventisca y condujo despacio por el accidentado camino que cruzaba de punta a punta las montañas. No encontro a nadie. Al final de la tarde respiraba afanosamante y no podia dejar de tragar saliva. La ventisca habia arreciado y el camino se habia tornado intransitable, y a pesar que sabia que tenia que resguardarse, el hombre siguio con su busqueda sin importarle las consecuencias. Cerca de las siete de la noche diviso una figura confusa que, al acercarsele, se definio como un cervatillo a la vera del camino. Salto de la camioneta y se le echo encima con el proposito de estrangularlo. Logro sujetarlo, pero el cervatillo se deslizo de sus dedos cuando estos empezaban a apretar y se dio a la fuga. El hombre lo persiguio a traves del bosque y pronto se quedo sin aliento, apoyado en un arbol de tronco negro, sin saber donde estaba el cervatillo ni donde estaba el. Trato de encontrar el camino de regreso a la camioneta y camino en circulos por una hora, momento en que vislumbro la luz de una cabaña y se refugio en ella. Un muchacho que bien podia ser su hijo le ofrecio una manta y un vaso de vodka. Le dijo que llegaba justo a tiempo; estaba preparandose la cena y podia convidarle. No le pregunto que hacia por esos rumbos a esas horas y con ese tiempo, en cambio, le hablo de su persona: era la primera vez que iba a esa cabaña, que habia sido construida por su abuelo cuando su padre era niño. Este habia estado en ella pocas veces, antes que se mudaran a la urbe. El muchacho habia sabido de ese lugar a traves de las añoranzas de su padre, las cuales lo habian pintado como algo mitico para el. "Toda mi vida supe que tenia que venir aqui", le dijo, pasandole un plato de comida. El hombre lo miraba en silencio con ojos oscuros y brillantes; tomaba un bocado y masticaba sin apuro, y bebia un poco de vodka para tragar. El muchacho creyo que le prestaba atencion y siguio hablando y hablando con emocion de cosas que solo le podian interesar a el. El hombre creia que lo iba a matar una vez hubiera terminado de comer, pero sintio en su mano el metal del tenedor frio y templado, y al muchacho proximo y endeble. Quiso clavarle el tenedor en la aorta, pero de alguna forma termino incrustado en su mejilla. El muchacho se derrumbo llevandose la mano al tenedor. El hombre tomo el banquillo en el que estaba sentado y lo descargo con furia contra el pecho de aquel. El muchacho esquivo el golpe y salio corriendo por la puerta. El hombre trato de darle alcanze, y a no ser porque el muchacho tropezo con las raices salidas de un arbol, se le hubiera escapado. Agarro el tenedor y se le enterro mas en la mejilla. El muchacho se revolco en un dolor atroz, mas nada pudo hacer contra su verdugo, quien acaso no gozaba de sus brios, pero estaba lleno de odio. Pasados cinco minutos, el muchacho habia dado su ultimo aliento y el hombre habia regresado a la cabaña y tomaba el vodka de la botella. Algo terrible ocurria: no estaba satisfecho. El mataba para sentirse bien, para vengar el dolor que lo habia ahogado de niño, engendrado por gente como ese muchacho, como las treinta personas que condujo a la estancia o el viejo que guardaba su dinero en el colchon de su cama: gente corriente que no era mejor que el y aun asi lo despreciaban, le negaban su comprension, y por ende su amor. Por eso debian morir: tenian que pagar en sangre lo que le habian hecho, porque mientras ellos eran liberados de esta vida de dolor con dolor, el seguiria atormentado por los demonios que ellos habian cultivado en su corazon. Habia tenido que llegar a esa noche -tan lejos- para reconocerlo, y ahora sabia que ya no valdria la pena seguir matando, porque ese regocijo enfermo ya no volveria a tocarlo. La sed asesina, sin embargo, seguia oprimiendolo. Tenia que seguir matando, su alma no conocia otra alegria que no fuera esa. Recordo el precipicio que estaba cerca de la cabaña y sus ojos se iluminaron: ya sabia como cometer el asesinato supremo. Todas sus frustraciones y sus ansiedades encajaron perfectamente dentro de un rompecabezas extenso y monstruoso, un rompecabezas armado por el Destino. El asesinato supremo no podia ser otro que el de un asesino que se mataba a si mismo porque ya ha matado a toda la gente que queria matar. Era esplendido, simplemente esplendido. La piel se le erizo al pararse en el borde del abismo. Su sonrisa mostraba todos sus dientes, los ojos se le querian salir de sus orbitas. De ahora en adelante, al referirse a un asesino, la gente ya no lo compararia con Jack el destripador, lo compararian con el. A el le rezarian los genocidas cuando los pusieran frente al peloton de fusilamiento o los amarraran a la silla electrica; a el y solamente a el. Alrededor del mundo no harian mas que hablar de el cuando descubrieran a las treinta personas en la estancia y al muchacho con el tenedor atravesado en el craneo y a todos los demas. Le llamarian amo y Señor del Homicidio. Seria una leyenda. El y solamente el. Eso fue lo que penso en el breve lapso que tardo su caida, justo antes de despedazarse contra el fondo. Al dia siguiente aparecio la noticia en un periodico de la localidad: un alud de proporciones catastroficas cayo a primeras horas de la noche en la montaña mas alta de la cordillera, arrasando no solo con esta, tambien con dos poblaciones que se levantaban en sus faldas. Era el desastre mas grande que ocurria en esa region en la ultima decada. Las labores de rescate se iniciaron en la mañana, pasada la ventisca. Voluntarios de pueblos aledaños encontraron entre toneladas de nieve cuerpos horrendamente mutilados por el alud; gente desmembrada con toda clase de objetos inimaginables incrustados en el cuerpo, posiblemente por lo violento que fue el derrumbe. Habia un cadaver que no presentaba signos de mutilacion. Era un hombre al que no se le pudo identificar, que habia muerto en un momento de sorpresa, asi lo revelaba la sonrisa petrificada en su rostro. Tenia los organos destrozados y los huesos deshechos. Alguien especulo que escalaba por la cara mas dificil de la montaña cuando se desato el alud, si bien no llevaba equipo para escalar. "Siempre hay alguien que hace esas locuras", fue su explicacion. Pasadas tres semanas el incidente perdio fuerza y no volvieron a hablar de el sino de año en año, hasta que algo mas horrible sucedio y fue totalmente olvidado. Nunca se volvio a oir de ese hombre, a excepcion de una ocasion en que el rescatista que lo encontro estaba ebrio e hizo una pausa en la parranda para ir al pasado y decir: "Pobre diablo". Cuando sus amigos le preguntaron de quien estaba hablando, a que se referia, el rescatista se quedo viendo a la nada con la cara ojerosa y repitio, casi sollozando: "Pobre diablo". FIN Autor: Raul Bonilla.