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El niño que queria ser troll
El niño que queria ser troll
HumorporAnónimoFecha desconocida

El niñio que queria ser troll Dedicado a todos los trolls de taringa =D "Nadie me da pelota, mamá", le dijo Julito a su progenitora un viernes a la noche, al borde del llanto. Con tan mal timing que justo en ese momento pasaban el último capítulo de Valientes y únicamente obtuvo como respuesta un extemporáneo "ay, viste que se iba a quedar con la morochita nomás", también pronunciado entre lágrimas, sólo que nada que ver. Así, Julio confirmó su hipótesis de que el mundo valoraba tanto su existencia como la de un moco adherido debajo de la mesa de un bar del Once. Nadie lo odiaba: simplemente se lo ignoraba como se ignora algo que se sabe que siempre estuvo allí y va a seguir estando aun cuando no cumpla ninguna función específica de importancia, como una bicicleta fija en tu living o Abelairas en River. En la escuela rogaba porque alguien lo surtiera y le robara el dinero del almuerzo, pero los bravucones preferían nerds más obvios. Él estaba pero no estaba, y qué otra cosa podría haber hecho más que refugiarse en el último reservorio de solaz para los ignorados, en el definitivo Océano Pacífico del alivio para desatendidos: la Internet. Cansado de llamar para instalar el Pack Arnet (sin que le respondieran jamás, claro está), Julito se sentó en el marco de la ventana de su habitación y pegó wi-fi choreada con su laptop marca Acme. Como primera medida decidió darle rienda suelta a su mayor pasión: el aeromodelismo, un hobby que no terminaba de ayudarlo a la hora de salir de la ignominia, porque para él era guau pero para el resto del mundo ni fu ni fa, más bien meh. Entonces buscó "foro + aeromodelismo" y, obvio, Google le tiró cero resultados. Tuvo que explorar de acá para allá, husmeando artesanalmente y puteando porque desde su madre hasta la corporación más importante del planeta lo boludeaban, y finalmente encontró un foro donde gente rara hablaba de avioncitos de madera a control remoto. Se registró y escribió: "Hola, soy Julio y me gustan los aviones". Abajo suyo un tal PechugasLaroo34 agregó "¿vieron a Banfield ayer?", a lo cual MonoMalo666 respondió "sí, no está para repetir, falta el Pelado Silva". "Che, me presento. Aviones. Me caben. Saluden", insistió, tras lo cual DuodenoHerido afirmó "ojo que están bien armados atrás, tampoco los descarten". Sí, lo habían barnizado con el Petrilac de la indiferencia una vez más, también allí, entre desconocidos que supuestamente compartían su poco popular pasión. Y era más de lo que su débil sensibilidad podía soportar. Se preguntó qué hacer, cómo llamar la atención. Probó subiendo fotos de su hermana en bikini pero sólo obtuvo un tibio "puaj" y mucha más indolencia. Quiso sumarse a las conversaciones random pero sus puntos de vista siempre terminaban siendo sepultados por los de otros con más determinación a la hora de declarar: si él decía "me gusta Megan Fox" inmediatamente alguien después señalaba "yo a Silvia Pérez la parto en 397 mil pedazos como si le dieras a un alfajor de maicena con un martillo neumático" y zas, las hordas de onanistas vintage entraban como caballos y la subtrama que él había propuesto quedaba en el olvido. Tenía que encontrar otro método... y un día se iluminó: ¿Qué tal si se los ponía en contra? Así al menos conseguiría un poco de odio, nada mal para alguien a quien su propia madre ni corría del medio para limpiar: le pasaba la aspiradora alrededor y listo. "Yo quiero ser troll", se dijo a sí mismo, y se mandó. "Ustedes me dan asco", tipeó, y HachaBrava continuó "¿y ustedes dicen que una milanesa del martes pasado todavía sirve aunque esté medio fucsia?", desviando la conversación para el metier culinario. "Son todos tontos", intentó una vez más, pero nada. "¿Les pagan por esto?", insistió, pero a nadie le pagaban por eso, así que era inútil. Se sintió dolido por un nuevo fracaso, pero a la vez envalentonado porque sabía cuál era el problema: era un troll pusilánime, un puteador de Recoleta, una especie de boxeador decorado con purpurina. Tenía que ajustar las clavijas. Se tomó un par de días para investigar en Internet el comportamiento del troll promedio. Supo que el gremio del comentarista jodido está compuesto por gente como él, a quienes el mundo deja de lado aunque pongan un pasacalle con su nombre que cruce la 9 de Julio. Ensayó, entrenó, se carajeó a sí mismo al espejo para ver qué onda, escribió hojas y hojas de insultos, vio mil veces a Federico Luppi decir "Arteche y la puta que te parió" en Plata Dulce y se compró la filmografía completa de Jorge Corona. Y al fin se sintió listo. Espero a que se hiciera de madrugada para dejar el comentario matador, a efectos de evitar que su familia lo distrajera (cosa que de todas formas no iba a suceder porque se habían olvidado definitivamente de su existencia tres días antes). Se puso cómodo, se arremangó su camiseta Hering, entró al foro... y tipeó, tipeó y tipeó. Y se zarpó. El mensaje tenía siete líneas y tardó unos veinte segundos en salir publicado en el foro. Medio minuto después sonaba una alarma en el cuartel general del FBI, una luz roja que les advierte cuando alguien deja un comentario en un foro de Internet que pueda reportar cierto riesgo para la paz mundial (y esa alerta no se había disparado desde hacía unos diez años). Inmediatamente movilizaron a un número exorbitante de efectivos hasta el lugar de donde provenía esa amenaza, con lo cual terminaron descuidando la seguridad interna, cosa que fue aprovechada por Bin Laden, que se apioló de toque y les mandó a las chapas cuatro árabes tirando trotyl con gomera a la Casa Blanca. Mientras unos 2500 agentes del FBI llegaban a la casa de Julio, el palacio presidencial estadounidense volaba al carajo con Obama adentro y los árabes festejaban bailando y gritando "ahalá halá halá". A 100 metros de donde estaba Julito, los supercanas yanquis pegaron la vuelta porque se había podrido todo allá y se olvidaron de la supuesta amenaza. El flamante troll, en tanto, se preguntaba qué onda y masticaba un Nugatón. Y dos minutos después, debajo de su comentario aparecía uno nuevo, de un tal SifónRadioactivo, que decía escuetamente: "Che, ¿vieron cómo terminó Valientes? Se quedó con la morochita nomás". Sacado de Poplife: http://www.rollingstone.com.ar/weblogs/nota.asp?nota_id=1244029&utm_source=tarin&utm_medium=ban&utm_campaign=rank

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