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wherenooneknows

Usuario (Argentina)

Primer post: 27 jul 2011Último post: 27 jul 2011
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Relato corto que escribí una noche de insomnio
Hazlo Tu MismoporAnónimo7/27/2011

6.14 A.M. Vi a una pequeña niña dientona en el colectivo esta mañana, vestía como una prostituta mal paga y anoréxica, a la cual se le habían practicado múltiples abortos. Tenía un lindo flequillo y unos enormes ojos verdes, inexpresivos. Aquella niña dientona no estaba sola, subió al colectivo con su hermano, quien debería ser cuatro años menor que ella. Ambos estaban despeinados y parados, pese a tener asientos disponibles. Me quedé observándolos por un rato, la niña dientona me miraba pero cuando veía que yo también la estaba mirando, instantáneamente bajaba la vista con un movimiento nervioso, tal vez la asustaba o le recordaba a alguien, la verdad es que no lucía muy bien esta mañana, mis ojeras cuales bolsas de residuo reflejaban perfectamente lo bien que la había pasado la noche anterior, además ¿Qué cara pretenden que tenga alguien cuyos dos hemisferios cerebrales están en guerra? El niño, era bastante bonito, estaba parado junto a la puerta haciendo equilibrio, un juego tonto de niño tonto, o simplemente de niño. En mi interior, siento que suelo llamarlos tontos porque en cierto punto los envidio, envidio la niñez. Pinocho sólo quería ser un niño de verdad, estúpido, hubiese deseado ser un niño por siempre. La niña dientona sacó un pequeño chocolate de una carterita horrible que llevaba colgando de su hombro, una de esas carteras que sólo te pondrías para disfrazarte de abuela una tarde de risas con compañeritas de la escuela. Lo que sí percibí a simple vista, es que llevaba aquella cartera con una actitud increíble, como si tenerla incorporada a su hombro derecho le diera algún tipo de atributo especial. Le dio un mordiscón al chocolate, automáticamente se me vino la imagen de un ratón mordiendo un trozo de queso. El segundo mordisco fue dos veces más reducido y se reflejaba angustia en su mirada, envolvió el pequeño chocolate y se lo entregó a su hermano. El niño lo recibió con una sonrisa, un increíble gesto de amor se sucedía en ese maldito colectivo y nadie dedicó un segundo de su tiempo en observarlo. Estos niños parecían no importar a nadie dentro del colectivo, no cautivaron la atención de ninguno de los pasajeros, pero yo no podía dejar de pensar en ellos. ¿Hacia dónde irían? ¿Habrán comido la noche anterior? ¿Habrán comido bien? ¿Dormirán abrigados por las noches? ¿Conocerán a sus padres reales? ¿Qué querrán ser cuando sean grandes? Detuve mis pensamientos por un instante y me dije a mí misma: “Nunca se es más grande que cuando se es pequeño” Cerré mis ojos, sólo quería soñar un poco.

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