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wachin25

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Primer post: 3 mar 2010Último post: 31 dic 2015
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Mickey Mouse ayudó a su país en la Segunda Guerra Mundial
InfoporAnónimo12/6/2015

Durante la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Imperial Japonés desarrolló un programa encubierto de investigación de armas biológicas y llevó a cabo infames experimentos sobre varias poblaciones chinas, en especial, sobre Manchuria y Pekín. Poco después, los japoneses bombardearon Pearl Harbor y recién ahí los estadounidenses se dieron cuenta de que el riesgo era real, de que su territorio podía ser atacado no solo con armas convencionales, sino también, con armas químicas como las que se utilizaron sobre China. Precautelando la seguridad nacional, el gobierno de los Estados Unidos distribuyó máscaras de gas a la población de Hawái, pero estas máscaras estaban hechas como para un adulto y no sólo que no se ajustan a las facciones de los niños, sino que eran dispositivos que causaban pánico entre los pequeños, lo que hacía aún más difícil que un niño se la ponga. La solución no tardó en llegar: se aprovechó la simpatía que los niños sentían por Mickey Mouse y se elaboraron mascaras de gas infantiles, con el rostro del icónico ratón. Imagen del Bishop Museum Archives: Niños de Honolulú utilizando máscaras de gas a producción de las máscaras de gas infantiles comenzó en 1942, un mes después de que el Japón bombardeara Hawái. El mismo Walter Disney se encargó personalmente del diseño. La máscara fue diseñada para adaptarse cómodamente a niños de uno a cuatro años de edad. Su función básica era la de ser una máscara, un juguete como cualquier otro, pero que a la vez tuviese una aplicación práctica. Se suponía que los niños la tenían que llevar puesta a todas partes y usarla "como parte de sus juegos" con la finalidad de que la máscara sea emocionalmente cómoda, y en lo posible, lograr que ellos mismos activen el equipo de protección rápida cuando sea necesario. Walt Disney mostrando el boceto al General William Porter, el 8 de enero de 1942 Niña jugando con la máscara de gas de Mickey Mouse Para las primeras pruebas se mandó a hacer mil máscaras infantiles, que dicho sea de paso y por suerte, nunca llegaron a utilizarse, ya que gracias a los correctivos tomados en el sistema de radares de las islas y sus intensos patrullajes navales, las mantuvieron a salvo durante el resto de la Segunda Guerra Mundial. Como se hizo solamente ese pequeño tiraje para pruebas, ahora es casi imposible encontrar una de aquellas máscaras. Después de la guerra, el ejército las repartió casi todas en calidad de souvenirs para los más altos funcionarios, civiles y militares de la época.

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El suicidio de un intelectual
InfoporAnónimo12/7/2015

Hijo de una acomodada familia de industriales textileros vieneses, Stefan Zweig tuvo el privilegio de poder costearse una vida de artista. Su vida, en cierta manera, nos puede parecer hoy amaneradamente intelectual y hasta dolorosamente egoísta. Stefan Zweig Desde joven tuvo los medios para realizar el sueño de cualquier mortal: pudo viajar por el mundo, conoció a los intelectuales más interesantes de su época; publicó sus propias novelas, que de hecho fueron un éxito; escribió poemas sin necesidad de editoriales; conoció el amor desde muy joven y ya, en su madurez, pudo darse el lujo de vivir en las más bellas ciudades de Europa donde siempre fue reconocido y admirado por sus libros y pensamiento filosófico. Como viajero no tuvo fronteras, más aún, cuando uno de sus libros, María Antonieta, llegó a Hollywood. Se movió libremente por todo el mundo, de Europa a la India, de Nueva York a Roma, de Francia a Suiza, de Buenos Aires a Río de Janeiro. ¿Cómo un hombre que ha logrado vivir todo esto, puede pensar en suicidarse? No es tan difícil saberlo cuando lees su autobiografía "El mundo de ayer", donde describe con nostalgia lo que fue su Europa de la belle époque y en lo que se había convertido después de la Primera Guerra Mundial. Luego viviría en carne propia el asenso del nazismo Esta última tragedia fue la que lo acorraló, ya que, aunque burgués, era un austriaco judío y no tuvo más remedio que huir por su vida. En sus memorias describe a los intelectuales de su tiempo que vieron venir la catástrofe (entre los que se incluye), que estaban tan cómodos observando y opinando, pero que no hicieron nada. Con asombro, aunque de lejos veían a la vieja Europa acechada por los mismos fantasmas cíclicos de su historia: masas de campesinos sometidos a sus señores o a la iglesia; la misma burguesía egoísta de siempre y un proletariado sin esperanza que sólo pensaba en levantamientos y revoluciones. Stefan Zweig y su amigo Paul Valéry La Primera Guerra Mundial ya había sido un trágico aviso. Cuando la paz volvió a restablecerse, Stefan Zweig regresó con toda su familia a su natal Salzburgo donde tenía una maravillosa mansión. Junto a su primera esposa, también escritora, se dedicó por entero a la literatura y a cultivar amistades con diferentes intelectuales y artistas. Se codeaba con Thomas Mann, Sigmund Freud, Paul Valéry, James Joyce, Richard Strauss y Toscanini, quienes lo visitaban con frecuencia en su palacete. Fue una época de gran productividad literaria, pero esta idílica vida de a poco comenzó a verse afectada por los giros de la política austriaca y por el surgimiento del Nacionalsocialismo. Intentó mediante sus ensayos y artículos en la prensa llamar la atención de la sociedad hacia la tolerancia y a la cordura. Lastimosamente ya era tarde, los clarines de guerra nuevamente comenzaban a sonar en Europa. Stefan Zweig y Richard Metzl observando un ensayo de la obra "Fausto" El 12 de febrero de 1934, el canciller austriaco Dollfuss, masacró a una revuelta de obreros de Viena ayudado por paramilitares fascistas arios. Stefan Zweig se encontraba en ese momento en la Ópera al igual que otros intelectuales y políticos. Nadie se enteró de nada, no había quien defienda a nadie. Así era la vida de la burguesía austriaca. Luego empezó el acoso directo, recibía diariamente cartas anónimas amenazantes en respuesta a sus artículos de prensa. Pocos días más tarde la policía allanó su casa "sospechando" que Zweig ayuda a las milicias republicanas, pero no encontraron nada porque él era un pacifista y nunca apoyó a ningún grupo político ni armado. Es más, hacía años que ni siquiera ejercía su derecho al voto. De todas formas él sabía que el hostigamiento seguiría y que lo mejor era ponerse a salvo. Decide irse temporalmente con su esposa, pero ella prefirió quedarse en Austria. Zweig emprende su viaje solo pero espera volver pronto, cuando las cosas se calmen. Al tomar el tren no sabe que nunca volverá. Que está dejando para siempre su tierra, su historia, a su madre, a su mujer y a sus hijas. Se instala en Londres, donde todavía puede darse el lujo de contratar una secretaria y un mayordomo. El dinero no es problema para Zweig que pasa los veranos en Niza, viaja a París, Buenos Aires, Río de Janeiro y Nueva York. Con dinero, aún puede escapar de la guerra pero en agosto de 1936, viajando por el mediterráneo su barco hace escala en Vigo, donde se entera que en España ha comenzado a vencer el fascismo con la ayuda de Mussolini. Ya para esta fecha ha tenido que vender su casa de Salzburgo y parte de su famosa colección de autógrafos. El resto de sus propiedades —casas, obras de arte, muebles, libros, manuscritos— fueron confiscadas por la Gestapo y vendidas en subasta pública. Stefan Zweig y Charlotte Altmann, su secretaria Las noticias que escucha por la radio son cada vez más inquietantes. Hitler ha anexionado su país, Austria a Alemania. Los nazis saquean palacios y casas, mientras los judíos son hostigados o detenidos. Se entera por cartas de sus amigos, de que a los judíos arrestados los envían a limpiar las letrinas públicas. Que su anciana madre ya no puede sentarse en las bancas de la calle donde siempre ha vivido porque ahora están reservadas a los arios. Su madre, descendiente de banqueros judíos, no puede ahora ni siquiera contratar los servicios de una enfermera de «raza alemana». Muere sola, una noche de agosto de 1938, sin saber que en su patria se han construido ya los primeros campos de concentración. El hasta hace poco europeo cosmopolita, el “hombre de mundo” Stefan Zweig, forma ahora parte de los sin patria. Sus amigos le escriben y le cuentan que sus libros han sido confiscados y quemados por los nazis, junto a los de otros autores incómodos para el Reich. Y cuando va a renovar su pasaporte en Londres, se entera de que ahora es alemán (ya no es austríaco) y por lo tanto ya no puede ser considerado refugiado político. La burocracia británica lo clasifica en la Categoría B, la de enemigos menos peligrosos. A pesar de que nunca fue judío ortodoxo, ni conocía sus ritos, ni aceptaba sus normas; de la noche a la mañana, se había convertido en un judío errante. Soldados nazis quemando libros confiscados Decepcionado de Europa y ante el rápido avance de los nazis sobre Francia, viaja a Nueva York con Charlotte Altmann, su segunda esposa y ex secretaria. En América intenta rehacer su vida desde cero. Como es un intelectual burgués sólo sabe escribir y tocar el piano, y así se gana la vida: escribiendo libros, escribiendo artículos para uno que otro periódico y tocando el piano, amenizando con sus deliciosas anécdotas las exclusivas veladas de unos pocos millonarios judíos americanos. En 1940, buscando un refugio más seguro y más lejos de la guerra, decide viajar a Brasil y se instala en una pequeña ciudad alejada del mundanal ruido, Petrópolis. En esta ciudad escribe dos libros más y culmina su autobiografía: "El mundo de ayer". Stefan y Charlotte en Petrópolis etrópolis le resulta un lugar apacible, ideal para vivir con su esposa y escribir. La pequeña ciudad aloja a otros europeos -franceses y alemanes- que también han llegado huyendo del los horrores de la guerra. Frecuentan su casa intelectuales locales y extranjeros quienes se emocionan oyendo cómo Stefan Zweig habla del ayer, de sus recuerdos, de su Salzburgo de cafés y tranvías. Es evidente que añora sus raíces, que se siente extranjero en cualquier parte del mundo, se siente un apátrida ahora que su tierra está en manos de los nazis. Y llora. Entre sus pocas amistades de Petrópolis estaba la chilena Gabriela Mistral, en ese momento Cónsul de su país. Solían juntarse para tomar el té en casa de los Zweig y a cenar los sábados en casa de Gabriela. En febrero de 1942, Stefan y Charlotte deciden viajar a Río de Janeiro para disfrutar del carnaval. Necesitaban distraerse un poco, desestresarse de las malas vibras de la guerra y el exilio. El 16 de febrero de 1942, martes de Carnaval, se lee en los periódicos cariocas que Singapur se ha rendido ante el Japón. Esto produce un profundo shock en la pareja, sobre todo en él. La guerra lo ha tenido entrando y saliendo de depresiones. Recuperar el optimismo es imposible. Teme que el nazismo triunfe Europa y avance sobre el resto del mundo. Sabe que lo encontrarán en cualquier país que se esconda. El matrimonio decide acortar su viaje y volver a Petrópolis. Han tomado una decisión, pero hay que preparar algunas cosas antes de ejecutarla. La siguiente semana él se dedica exclusivamente a escribir cartas sus amigos, a su ex-esposa y a revisar el manuscrito de su autobiografía. Busca todos los libros que le han prestado y les coloca el nombre de sus dueños y direcciones. Mientras Stefan se dedica a eso, Charlotte se pone al día con los pagos de la sirvienta, del jardinero, del alquiler, las disposiciones legales, etc. Una curiosa digresión. Hace ya algún tiempo, en una de esas noches de tertulia, su amigo René Fülöp-Miller había contado como anécdota: que el potente barbitúrico llamado Veronal debe su nombre a la ciudad de Verona. Sin duda Zweig lo asoció a la famosa pareja de Shakespeare. Jamás lo olvidaría. Stefan y Charlotte, tal como los encontraron muertos el domingo 22 de febrero de 1942 Se supone que el suicidio de la pareja fue el domingo 22 de febrero de 1942 en horas de la tarde. Parecía más bien un ritual planificado: Charlotte llevaba un bonito vestido floreado y él, una camisa y corbata oscura. Las autoridades brasileras los encontraron abrazados en su cama, como Romeo y Julieta, y un frasco de Veronal en el velador. Por la forma en que se les encontró – ella abrazándolo- puede especularse que Charlotte lo encontró muerto, y aterrorizada de verse sola, lo siguió. Claro, son sólo especulaciones, como las de quienes dicen que no fue un suicidio sino un trabajo de la Gestapo. Fotos de la prensa brasilera Gabriela Mistral fue una de las primeras en arribar donde los Zweig poco después de difundida la noticia del suicido. Le permitieron ver los cuerpos, todavía abrazados en la cama. Cuando ella llegó, alguien había encontrado una carta dejada en el escritorio del autor, que decía: “Antes de partir de la vida, con pleno conocimiento, y lúcido, me urge cumplir con un último deber: agradecer profundamente a este maravilloso país, Brasil, que me ofreció una estancia tan buena y hospitalaria. [...] Pasados los sesenta años se requieren fuerzas especiales para empezar de nuevo y las mías están agotadas después de tantos años de andar sin patria. Saludo a mis amigos. Ojalá puedan ver el amanecer después de esa larga noche. Yo, demasiado impaciente, me les adelanto”.

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Discurso de Hemingway para recibir el Nobel, una joya
Discurso de Hemingway para recibir el Nobel, una joya
InfoporAnónimo12/31/2015

Para 1942, Ernest Hemingway había decidido (según sus propias palabras) renunciar al "negocio" de la escritura y no escribió nada durante cuatro años. En 1946, luego de su matrimonio con Mary y la pérdida de su hijo a los cinco meses de embarazo, cayó en una depresión profunda. Fue una década devastadora en su vida, sus amigos escritores morían uno detrás detrás de otro: en 1940 murió Scott Fitzgerald;, en 1941 fallecieron Sherwood Anderson y James Joyce, en 1946 se fue su amiga Gertrude Stein; y en en 1947 Max Perkins, quien fue durante largo tiempo su editor y amigo. Empezó a sufrir fuertes dolores de cabeza, presión arterial alta, problemas de sobrepeso y se le diagnosticó diabetes como resultado de muchos años de consumo excesivo de alcohol. Sin embargo, en enero de 1946 comenzó a escribir nuevamente, a despojarse de sus miedos, dolores y demonios con la escritura. Su catarsis no perseguía sueño alguno, peor aún un premio o reconocimiento. Sólo era un audaz periodista con sueños de escritor. Esa valentía, osadía -y hasta sinvergüencería- de tomar una pluma y vertir sus entrañas sobre un papel, vomitar el dolor y la impresión de una guerra mundial, el orgullo y arrepentimiento de haber disparado a matar siendo tan sólo un corresponsal de guerra; ese arrojo personal y necio, es el que nos ha permitido disfrutar de su magna obra. En 1954, cuando le comunicaron que iba a ser galardonado con el Nobel de Literatura, declaró a la prensa que Carl Sandburg, Isak Dinesen y Bernard Berenson eran mucho más dignos de semejante honor, pero que él con mucho gusto recibiría el dinero del premio. No asistió a la cena de premiación en Estocolmo, pero escribió en un trozo de papel una pequeña nota para que la leyera el Embajador de los Estados Unidos en su nombre: "Carente de toda habilidad para pronunciar discursos y sin ningún dominio de la oratoria o la retórica, agradezco a los administradores de la generosidad de Alfred Nobel por este Premio. Ningún escritor que conozca a los grandes escritores que no recibieron este Premio, puede aceptarlo sin humildad. No es necesario hacer una lista de estos escritores. Todos los aquí presentes pueden hacer su propia lista de acuerdo a su conocimiento y conciencia. Me resulta imposible pedir al Embajador de mi país que lea un discurso en el cual un escritor diga todas las cosas que están en su corazón. Las cosas que un hombre escribe pueden no ser inmediatamente captadas, y en esto algunas veces es afortunado; pero eventualmente se vuelven claras, y por estas y por el grado de alquimia que posea, perdurará o será olvidado. Escribir al mejor nivel, conlleva una vida solitaria. Las Organizaciones para premiar escritores mitigan la soledad del escritor, pero dudo que mejoren su escritura. Crece en estatura pública a medida que se despoja de su soledad y a menudo su trabajo se deteriora debido a que realiza su trabajo en soledad, y si es un escritor suficientemente bueno, cada día deberá enfrentarse a la eternidad o a su ausencia. Cada libro, para un escritor auténtico, es un nuevo comienzo donde intenta cada vez alcanzar algo que está más allá de su alcance. Siempre intenta lograr algo que nunca ha sido hecho o que otros han intentado y han fracasado. Entonces algunas veces -con gran suerte- tiene éxito. Cuán fácil resultaría escribir literatura si tan sólo fuera necesario escribir de otra manera lo que ya ha sido bien escrito. Debido a que hemos tenido tantos buenos escritores en el pasado es que un escritor se ve forzado a ir más allá de sus límites, allá donde nadie puede ayudarlo. Como escritor, he hablado demasiado. Un escritor debe escribir lo que tiene que decir y no decirlo. Nuevamente les agradezco."

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La historia del titanic contadas por los nazis
La historia del titanic contadas por los nazis
InfoporAnónimo9/24/2013

En 1943, el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels ordenó el rodaje de una película que recreaba la historia del mítico barco inglés y su famoso hundimiento, pero con un guión totalmente distinto a la historia conocida. Esta película también se llamaba "Titanic" pero básicamente contaba la historia de un oficial alemán en el papel de primer operario al mando de la nave. Fue el proyecto audiovisual más caro y ambicioso que se hubiera filmado jamás, y a pesar de que el país se encontraba en guerra contra medio mundo, fueron utilizados verdaderos marines alemanes como extras. En esa década, las salas de cines se llenaban en todo el mundo y lógicamente esta película fue concebida como instrumento de propaganda nazi. Su principal objetivo era desprestigiar a la sociedad británica. Quería demostrar que el hundimiento del Titanic fue consecuencia de la codicia del propietario del buque, Sir Bruce Ismay y de otros aristócratas que viajaban a bordo del barco. De hecho muestra a Sir Bruce Ismay y a Jhon Jacob Astor interesados en ganar la famosa Banda Azul en este viaje. La Banda Azul era un prestigioso premio establecido en 1833, un galardón que se entregaba a la nave que cruzara el Atlántico en menor tiempo, a quienes imponían un nuevo récord entre Europa y América, y viceversa. El récord en aquel tiempo lo ostentaba el Mauritania, con un tiempo de 4 días, 10 horas y 51 minutos desde Europa hasta América, viajando a una velocidad de 26,06 nudos. fotograma de la pelicula alemana La película nazi cuenta que para lograr el galardón, Bruce Ismay le prometió al Capitán Smith $ 1.000 por cada hora que llegara antes de lo previsto a Nueva York. También son mostrados los pasajeros habituales y ficticios, aquellos nobles y aristócratas que iban en primera clase y sus jóvenes amantes a quienes escondían en tercera. Luego entra en acción el héroe alemán, el joven oficial Petersen, quien muy consciente de la situación, repetidamente advierte a Bruce Ismay que el Titanic está navegando demasiado rápido, que están en zona de icebergs que hay muy pocos botes salvavidas. Cuando sucedió lo inevitable, tanto Ismay como Astor tratan de comprar su salvación en un bote salvavidas, pero no lo consiguen. Petersen se apiada de Ismay y lo ayuda a escapar de todos modos, para que pudiera ser juzgado por sus actos. El oficial Petersen también es rescatado después de nadar a un bote salvavidas. Al final los dos hombres son enfrentados en las investigaciones posteriores, Bruce Ismay es exonerado y toda la culpa se le endosa al Capitán Smith. Otros momentos incidentales de la cinta incluyen a una chica que deja a sus padres por seguir al hombre que ama, una fiesta con excesos y muy libertina en el comedor de tercera clase, e incluso, como en el clásico de James Cameron, un ladrón de joyas es rescatado de la prisión de la nave usando un hacha. Extrañamente la película no se estrenó porque al final Goebbels prohibió que la cinta se difunda. Dicen que esa decisión fue tomada debido a que las trágicas tomas finales podrían ser desmoralizantes para la población alemana que se encontraba bajo fuego aliado. La película pueden verla aquí en Youtube con subtítulos en inglés. link: http://www.youtube.com/watch?v=HvWPDG2EjCI&feature=player_detailpage Las escenas culminantes fueron filmadas a bordo del Cap Ancona, un buque requisado por la armada alemana. Después de la filmación, el director Herbert Selpin se quejó públicamente de la conducta de los oficiales alemanes que actuaron y muy pronto fue apresado por la Gestapo. Fue interrogado por el mismo Goebbels en persona y en menos de 24 horas se lo encontró ahorcado en sus celda. El Cap Ancona también se unió poco después a la catástrofe. Fue hundido por aviones británicos. Iban en él 5500 prisioneros de campos de concentración, que estaban siendo enviados con destino desconocido. Se supone que los estaban deportando porque la invasión de los Aliados se acercaba. Casi todos perdieron la vida. Cap Ancona al momento de ser atacado por los ingleses Irónicamente en este ataque al navío Cap Arcona, hubo el triple de muertos que en el verdadero naufragio del Titanic en 1912.

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EL suicidio de un intelectual
EL suicidio de un intelectual
InfoporAnónimo9/26/2013

Hijo de una acomodada familia de industriales textileros vieneses, Stefan Zweig tuvo el privilegio de poder costearse una vida de artista. Su vida, en cierta manera, nos puede parecer hoy amaneradamente intelectual y hasta dolorosamente egoísta. Stefan Zweig Desde joven tuvo los medios para realizar el sueño de cualquier mortal: pudo viajar por el mundo, conoció a los intelectuales más interesantes de su época; publicó sus propias novelas, que de hecho fueron un éxito; escribió poemas sin necesidad de editoriales; conoció el amor desde muy joven y ya, en su madurez, pudo darse el lujo de vivir en las más bellas ciudades de Europa donde siempre fue reconocido y admirado por sus libros y pensamiento filosófico. Como viajero no tuvo fronteras, más aún, cuando uno de sus libros, María Antonieta, llegó a Hollywood. Se movió libremente por todo el mundo, de Europa a la India, de Nueva York a Roma, de Francia a Suiza, de Buenos Aires a Río de Janeiro. ¿Cómo un hombre que ha logrado vivir todo esto, puede pensar en suicidarse? No es tan difícil saberlo cuando lees su autobiografía "El mundo de ayer", donde describe con nostalgia lo que fue su Europa de la belle époque y en lo que se había convertido después de la Primera Guerra Mundial. Luego viviría en carne propia el asenso del nazismo Esta última tragedia fue la que lo acorraló, ya que, aunque burgués, era un austriaco judío y no tuvo más remedio que huir por su vida. En sus memorias describe a los intelectuales de su tiempo que vieron venir la catástrofe (entre los que se incluye), que estaban tan cómodos observando y opinando, pero que no hicieron nada. Con asombro, aunque de lejos veían a la vieja Europa acechada por los mismos fantasmas cíclicos de su historia: masas de campesinos sometidos a sus señores o a la iglesia; la misma burguesía egoísta de siempre y un proletariado sin esperanza que sólo pensaba en levantamientos y revoluciones. Stefan Zweig y su amigo Paul Valéry La Primera Guerra Mundial ya había sido un trágico aviso. Cuando la paz volvió a restablecerse, Stefan Zweig regresó con toda su familia a su natal Salzburgo donde tenía una maravillosa mansión. Junto a su primera esposa, también escritora, se dedicó por entero a la literatura y a cultivar amistades con diferentes intelectuales y artistas. Se codeaba con Thomas Mann, Sigmund Freud, Paul Valéry, James Joyce, Richard Strauss y Toscanini, quienes lo visitaban con frecuencia en su palacete. Fue una época de gran productividad literaria, pero esta idílica vida de a poco comenzó a verse afectada por los giros de la política austriaca y por el surgimiento del Nacionalsocialismo. Intentó mediante sus ensayos y artículos en la prensa llamar la atención de la sociedad hacia la tolerancia y a la cordura. Lastimosamente ya era tarde, los clarines de guerra nuevamente comenzaban a sonar en Europa. Stefan Zweig y Richard Metzl observando un ensayo de la obra "Fausto" El 12 de febrero de 1934, el canciller austriaco Dollfuss, masacró a una revuelta de obreros de Viena ayudado por paramilitares fascistas arios. Stefan Zweig se encontraba en ese momento en la Ópera al igual que otros intelectuales y políticos. Nadie se enteró de nada, no había quien defienda a nadie. Así era la vida de la burguesía austriaca. Luego empezó el acoso directo, recibía diariamente cartas anónimas amenazantes en respuesta a sus artículos de prensa. Pocos días más tarde la policía allanó su casa "sospechando" que Zweig ayuda a las milicias republicanas, pero no encontraron nada porque él era un pacifista y nunca apoyó a ningún grupo político ni armado. Es más, hacía años que ni siquiera ejercía su derecho al voto. De todas formas él sabía que el hostigamiento seguiría y que lo mejor era ponerse a salvo. Decide irse temporalmente con su esposa, pero ella prefirió quedarse en Austria. Zweig emprende su viaje solo pero espera volver pronto, cuando las cosas se calmen. Al tomar el tren no sabe que nunca volverá. Que está dejando para siempre su tierra, su historia, a su madre, a su mujer y a sus hijas. Se instala en Londres, donde todavía puede darse el lujo de contratar una secretaria y un mayordomo. El dinero no es problema para Zweig que pasa los veranos en Niza, viaja a París, Buenos Aires, Río de Janeiro y Nueva York. Con dinero, aún puede escapar de la guerra pero en agosto de 1936, viajando por el mediterráneo su barco hace escala en Vigo, donde se entera que en España ha comenzado a vencer el fascismo con la ayuda de Mussolini. Ya para esta fecha ha tenido que vender su casa de Salzburgo y parte de su famosa colección de autógrafos. El resto de sus propiedades —casas, obras de arte, muebles, libros, manuscritos— fueron confiscadas por la Gestapo y vendidas en subasta pública. Stefan Zweig y Charlotte Altmann, su secretaria Las noticias que escucha por la radio son cada vez más inquietantes. Hitler ha anexionado su país, Austria a Alemania. Los nazis saquean palacios y casas, mientras los judíos son hostigados o detenidos. Se entera por cartas de sus amigos, de que a los judíos arrestados los envían a limpiar las letrinas públicas. Que su anciana madre ya no puede sentarse en las bancas de la calle donde siempre ha vivido porque ahora están reservadas a los arios. Su madre, descendiente de banqueros judíos, no puede ahora ni siquiera contratar los servicios de una enfermera de «raza alemana». Muere sola, una noche de agosto de 1938, sin saber que en su patria se han construido ya los primeros campos de concentración. El hasta hace poco europeo cosmopolita, el “hombre de mundo” Stefan Zweig, forma ahora parte de los sin patria. Sus amigos le escriben y le cuentan que sus libros han sido confiscados y quemados por los nazis, junto a los de otros autores incómodos para el Reich. Y cuando va a renovar su pasaporte en Londres, se entera de que ahora es alemán (ya no es austríaco) y por lo tanto ya no puede ser considerado refugiado político. La burocracia británica lo clasifica en la Categoría B, la de enemigos menos peligrosos. A pesar de que nunca fue judío ortodoxo, ni conocía sus ritos, ni aceptaba sus normas; de la noche a la mañana, se había convertido en un judío errante. Soldados nazis quemando libros confiscados Decepcionado de Europa y ante el rápido avance de los nazis sobre Francia, viaja a Nueva York con Charlotte Altmann, su segunda esposa y ex secretaria. En América intenta rehacer su vida desde cero. Como es un intelectual burgués sólo sabe escribir y tocar el piano, y así se gana la vida: escribiendo libros, escribiendo artículos para uno que otro periódico y tocando el piano, amenizando con sus deliciosas anécdotas las exclusivas veladas de unos pocos millonarios judíos americanos. En 1940, buscando un refugio más seguro y más lejos de la guerra, decide viajar a Brasil y se instala en una pequeña ciudad alejada del mundanal ruido, Petrópolis. En esta ciudad escribe dos libros más y culmina su autobiografía: "El mundo de ayer". Stefan y Charlotte en Petrópolis Petrópolis le resulta un lugar apacible, ideal para vivir con su esposa y escribir. La pequeña ciudad aloja a otros europeos -franceses y alemanes- que también han llegado huyendo del los horrores de la guerra. Frecuentan su casa intelectuales locales y extranjeros quienes se emocionan oyendo cómo Stefan Zweig habla del ayer, de sus recuerdos, de su Salzburgo de cafés y tranvías. Es evidente que añora sus raíces, que se siente extranjero en cualquier parte del mundo, se siente un apátrida ahora que su tierra está en manos de los nazis. Y llora. Entre sus pocas amistades de Petrópolis estaba la chilena Gabriela Mistral, en ese momento Cónsul de su país. Solían juntarse para tomar el té en casa de los Zweig y a cenar los sábados en casa de Gabriela. En febrero de 1942, Stefan y Charlotte deciden viajar a Río de Janeiro para disfrutar del carnaval. Necesitaban distraerse un poco, desestresarse de las malas vibras de la guerra y el exilio. El 16 de febrero de 1942, martes de Carnaval, se lee en los periódicos cariocas que Singapur se ha rendido ante el Japón. Esto produce un profundo shock en la pareja, sobre todo en él. La guerra lo ha tenido entrando y saliendo de depresiones. Recuperar el optimismo es imposible. Teme que el nazismo triunfe Europa y avance sobre el resto del mundo. Sabe que lo encontrarán en cualquier país que se esconda. El matrimonio decide acortar su viaje y volver a Petrópolis. Han tomado una decisión, pero hay que preparar algunas cosas antes de ejecutarla. La siguiente semana él se dedica exclusivamente a escribir cartas sus amigos, a su ex-esposa y a revisar el manuscrito de su autobiografía. Busca todos los libros que le han prestado y les coloca el nombre de sus dueños y direcciones. Mientras Stefan se dedica a eso, Charlotte se pone al día con los pagos de la sirvienta, del jardinero, del alquiler, las disposiciones legales, etc. Una curiosa digresión. Hace ya algún tiempo, en una de esas noches de tertulia, su amigo René Fülöp-Miller había contado como anécdota: que el potente barbitúrico llamado Veronal debe su nombre a la ciudad de Verona. Sin duda Zweig lo asoció a la famosa pareja de Shakespeare. Jamás lo olvidaría. Stefan y Charlotte, tal como los encontraron muertos el domingo 22 de febrero de 1942 Se supone que el suicidio de la pareja fue el domingo 22 de febrero de 1942 en horas de la tarde. Parecía más bien un ritual planificado: Charlotte llevaba un bonito vestido floreado y él, una camisa y corbata oscura. Las autoridades brasileras los encontraron abrazados en su cama, como Romeo y Julieta, y un frasco de Veronal en el velador. Por la forma en que se les encontró – ella abrazándolo- puede especularse que Charlotte lo encontró muerto, y aterrorizada de verse sola, lo siguió. Claro, son sólo especulaciones, como las de quienes dicen que no fue un suicidio sino un trabajo de la Gestapo. Fotos de la prensa brasilera riela Mistral fue una de las primeras en arribar donde los Zweig poco después de difundida la noticia del suicido. Le permitieron ver los cuerpos, todavía abrazados en la cama. Cuando ella llegó, alguien había encontrado una carta dejada en el escritorio del autor, que decía: “Antes de partir de la vida, con pleno conocimiento, y lúcido, me urge cumplir con un último deber: agradecer profundamente a este maravilloso país, Brasil, que me ofreció una estancia tan buena y hospitalaria. [...] Pasados los sesenta años se requieren fuerzas especiales para empezar de nuevo y las mías están agotadas después de tantos años de andar sin patria. Saludo a mis amigos. Ojalá puedan ver el amanecer después de esa larga noche. Yo, demasiado impaciente, me les adelanto”.

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los masones
Apuntes Y MonografiasporAnónimo3/3/2010

La francmasonería o masonería es una institución de carácter iniciático, filantrópico, filosófico y progresista, fundada en el sentimiento de fraternidad, igualdad y libertad. Tiene como objetivo la búsqueda de la verdad y fomenta el desarrollo intelectual y moral del ser humano, además del progreso social. Los masones, tanto hombres como mujeres, se organizan en estructuras de base denominadas logias, que a su vez pueden estar agrupadas en una organización de ámbito superior normalmente denominada "Gran Logia", "Gran Oriente" o "Gran Priorato". Es filosófica porque orienta al hombre hacia la investigación racional de las leyes de la naturaleza, invita al esfuerzo del pensamiento que va desde la simbólica representación geométrica hacia la abstracción metafísica. Es filantrópica porque practica el altruismo, desea el bienestar de todos los seres humanos y no está inspirada en la búsqueda de lucros personales de ninguna clase. Sus esfuerzos y recursos están dedicados al progreso y felicidad de la especie humana, sin distinción de nacionalidad, raza, sexo ni religión, para lo cual tiende a la elevación de los espíritus y a la tranquilidad de las conciencias. Es progresista Es progresista porque enseña y practica la solidaridad humana y la absoluta libertad de pensamiento. La Masonería tiene por objeto la búsqueda de la verdad desechando el fanatismo abordando sin prejuicios todos los nuevos aportes de la invención humana, estudia la moral universal y cultiva las ciencias y las artes y no pone obstáculo alguno en la investigación de la verdad. Los masones: ( "constructores de piedra" ) Este movimiento es considerado como la orden fraternal más grande que alcanzó niveles mundiales. En un primer momento, las cofradías masónicas se limitaban a los trabajadores. No obstante, en el contexto de la reforma, sobre todo en Inglaterra, estas fraternidades comenzaron a aceptar hombres provenientes de sectores altos de la sociedad. De esta manera, las cofradías se convirtieron en sociedades dedicadas a ideas generales, como la fraternidad, la igualdad y la paz. Sus reuniones eran citas sociales, núcleos de sociabilidad. 1717 dio lugar a la Gran Logia para Londres y Westminster, producto de la unión de cuatro cofradías, situadas en la capital inglesa. Seis años más tarde tomaría el nombre de Gran Logia de Inglaterra. Esta logia se convirtió en la precursora de todas las uniones masónicas, y de ella surgieron todas las otras logias reconocidas. En 1725 se fundó la Gran Logia de Toda Inglaterra, en York, la de Irlanda se creó en junio del mismo año, y la de Escocia en 1726. Los sectores dedicados al comercio en Inglaterra consideraron a la masonería libre un medio de promoción social. De esta manera, los ideales masónicos de tolerancia religiosa e igualdad iban en consonancia con el espíritu del liberalismo emergente durante el siglo XVIII. Es más, una de las reglas básicas de las órdenes masónicas del mundo angloparlante ha sido considerar a la religión como un asunto personal de cada individuo. En Estados Unidos, las primeras logias fundadas bajo la autoridad de la Gran Logia de Inglaterra, fueron la Primera Logia de Boston y la de Filadelfia, establecidas ambas en 1733. Antes de la guerra de la Independencia (1775), ya había unas 150 logias; en la actualidad, los estadounidenses representan el 75 por ciento del total de masones del mundo, unos 4,5 millones de personas. Los ritos masónicos: las prácticas masónicas actualmente más usadas son el Rito de York y el Rito Escocés. En cuanto al primero, data del siglo XVIII, adquiere en su primera fase el nombre de Capitular, los miembros correspondientes a este nivel son los masones del Arco Real (4 grados). En su segunda fase recibe el nombre de Críptica, y sus miembros son los masones Reales y Selectos (3 grados); en su fase final Caballeresca, concede a los miembros el título de Caballeros Templarios (3 grados). Por su parte, el Rito Escocés se originó en Charleston (Carolina del Sur), en 1801 y contempla 33 grados. Origen de los tres primeros grados: La gran mayoría de los masones libres del mundo no progresan más allá de los primeros tres grados, basados en la leyenda de la muerte de Hiram Abif, conocido como el arquitecto del templo de Salomón. Según una versión de esta leyenda, Abif (imagen) era el único conocedor de los secretos de los maestros masones, entre los cuales se hallaba la palabra secreta masónica, es decir, el nombre oculto de Dios. La tradición ocultista nos, dice que saber el nombre de una deidad equivale a poseer su poder. De ahí que se supusiera que Abif manejaba el poder de Yahvé y poseyera muchos otros secretos que, una vez finalizada la construcción del templo, pasarían a los otros artesanos, que se convertirían a su vez en maestros masones. Cuentan que, llegado el mediodía, el insigne arquitecto tenía la costumbre de ir al Sancta Sanctorum para orar a Yahvé y planificar las obras del día siguiente. Uno de esos días, al terminar sus oraciones, Hiram Abif, se topó con el desagradable final de su historia de modo inesperado. Saliendo por la puerta sur del templo, le flanqueó el paso Jubela, el primero de sus verdugos, que armado con una especie de regla vertical, le conminó a que le revelara sus secretos. Abif no perdió el aplomo ante la clara amenaza de muerte a la que se enfrentaba y contestó que sólo tres personas en el mundo los conocían y sin su consentimiento no podía divulgar ningún secreto. Furioso, Jubela enarboló la regla y asestó un golpe en la cien derecha a su maestro, que dobló la rodilla por el impacto, aunque pudo alcanzar la puerta occidental donde, desafortunadamente, no fue ayuda lo que encontró. Allí estaba Jubelo, otro de sus aprendices, que también le propinó un golpe, en este caso en la sien izquierda, haciéndolo doblar la rodilla del mismo lado. Arrastrándose y perdiendo grandes cantidades de sangre, Abif llegó a duras penas a la puerta oriental, donde fue rematado por Jubelum, que usó una gran maza de piedra para aplastarle la frente. No les quedó otra salida a los tres asesinos que ocultar el cuerpo del arquitecto para evitar la ira del rey Salomón y escapar del país para no ser descubiertos. Escondieron provisionalmente el cuerpo de Hiram Abif bajo unos cascotes y al llegar la medianoche, lo trasladaron a la cima de una colina para enterrarlo. La sepultura fue señalizada con una rama de acacia y hecho esto, los criminales intentaron darse a la fuga. No tuvieron éxito porque no consiguieron que ningún barco los sacara del país y tuvieron que guarecerse en los montes. Mientras tanto, la ausencia de Abif llegó a oídos del rey Salomón que envió a varias personas a buscarle. La gravedad de la situación hizo que la verdad tardara poco en aflorar gracias al testimonio de doce trabajadores del templo que confesaron al rey que ellos y otros tres más (Jubela, Jubelo y Jubelum) habían conspirado para arrancar los secretos masónicos a su maestro. En el último momento habían dado marcha atrás, pero supusieron que los otros no, dando muerte a su jefe. Agradecido por su honestidad, el rey los envió en grupos de tres para buscar el cuerpo de Hiram Abif. Tras varias semanas de búsqueda dieron con los restos del arquitecto e informaron a Salomón de su hallazgo. Éste les ordenó levantar el cadáver de la sepultura mediante el «apretón de manos de un aprendiz», correspondiente al primer grado de la masonería. Al fracasar en su intento, el rey les dijo que probaran el «apretón de manos de un artesano compañero», del segundo grado. Tampoco lo consiguieron, y, entonces, el mismo Salomón se presentó en el lugar donde yacía Abif para levantarlo con el «apretón de manos de un maestro masón», o tercer grado. Gracias a ello, no sólo pudo levantarse el cuerpo sino que la vida regresó a él de nuevo. La primera palabra que pronunció en su nuevo estado, fue recogida por los masones y utilizada en sustitución de la perdida con su muerte. Desde entonces ha sido trasmitida de generación en generación hasta la actualidad. Muchos historiadores y escritores masones enmarcan la historia de Hiram Abif dentro del mito, mientras que otros están convencidos de su autenticidad. Acerca de los tres primeros grados de la masonería, los investigadores británicos Christopher Knight y Robert Lomas dicen en su libro La clave masónica: «El personaje central de la masonería libre es el constructor del templo de Salomón, Hiram Abif, que fue asesinado por tres de sus propios hombres. La muerte estilizada y resurrección del candidato es el hecho que convierte a uno en “maestro masón” y cuando está levantado de su tumba, el lucero de la mañana está en el horizonte». La logia de los Illuminati: Varios grupos sin conexión entre sí se han identificado con el nombre illuminati, que en latín significa «alumbrados» o «iluminados». En algunos casos, esta denominación se debía a la posesión de textos gnósticos u otra información oculta no disponible para el público. En el siglo XV, otros grupos afines reivindicaron que la iluminación venía del interior de cada persona como resultado de una conciencia alterada o de un despertar de la conciencia. Los «alumbrados» españoles pertenecían a este último tipo. Las primeras referencias históricas a los «alumbrados» en España se remonta a 1492. Éstos tenían un origen gnóstico, y su filosofía se extendió en la Península gracias a la influencia italiana. Uno de sus primeros líderes, fue una campesina nacida en Salamanca, conocida como la beata de Piedrahita, cuyas pretendidas conversaciones con la Virgen y Jesús llegaron a conocimiento de la Inquisición de 1511, aunque gracias a un protector no tuvo que enfrentarse al todopoderoso organismo. Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, no fue tan afortunado. En 1527, cuando estudiaba en Salamanca, fue llevado ante un comisión eclesiástica acusado de simpatizar con los «alumbrados» consiguiendo eludir el castigo con una amonestación. Otros acusados de Toledo fueron sometidos a latigazos y encarcelamiento en 1529. En los años siguientes, y hasta principios del siglo XVII, muchos otros «alumbrados» fueron perseguidos por la Inquisición, sobre todo en Córdoba. En su novela Ángeles y demonios, el escritor estadounidense Dan Brown plantea que Galileo era miembro de los Illuminati. Una afirmación sin otra validez que la de aportar intriga a la trama de la novela. Sí que es cierto, por otra parte, que en 1610 fue invitado a formar parte de una sociedad italiana de científicos e investigadores llamada Academia de los Linces (Academia del Lincei), fundada por Federico Cesi en 1603. El nombre de este grupo procedía de Lynceus, el argonauta de la mitología griega dotado de una perspicaz vista. Junto con Cesi, el matemático Francesco Stelluti, el médico Johannes Eck, de los Países Bajos, y Anastasio de Fillis fueron los primeros miembros de la Academia, y vivían en comunidad en la casa del fundador, donde el anfitrión les proporcionaba libros y equipos de laboratorio. En un documento de 1605, se publicaron los objetivos de la Academia: no sólo adquirir conocimiento de cosas y sabiduría y vivir juntos legal y píamente, sino también mostrarla a los hombres de una manera pacifica, tanto oralmente como por escrito, sin causar daño. Tanto el padre de Cesi como los aristócratas romanos estaban en contra de la Academia de los Linces. Acusaron a sus miembros de practicar magia negra, oponerse a la doctrina católica y llevar una vida escandalosa. Eck fue obligado a marcharse de Roma y durante algún tiempo sus miembros estuvieron esparcidos. Sin embargo, Cesi mantuvo la unión de los miembros por correspondencia. Galileo fue el miembro más famoso y las publicaciones más prestigiosas de la Academia de los Linces fueron las suyas. En primer lugar apareció su «Tratado sobre las manchas solares» (1613) y luego, «El ensayador» (1623). Con la captación de Galileo, el número de miembros del grupo creció hasta 32. La muerte de Cesi, en 1630, precipitó el fin de la Academia. El Priorato de Sión: Esta sociedad secreta, menos conocida, salió a la luz por el protagonismo que le concedió el mencionado Dan Brown en El código Da Vinci. En este bestséller mundial, se habla del Priorato de Sión como la sociedad que protege uno de los secretos más guardados del cristianismo no ortodoxo: la supervivencia de Jesucristo, su matrimonio con María Magdalena, sus tres hijos y su huida a Francia. El contenido místico de Brown se apoya en buena medida en el libro de investigación de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, El enigma sagrado. Estos investigadores realizan una serie de afirmaciones sobre esta sociedad, empezando por decir que su historia comienza con la creación de la orden de los Caballeros Templarios, que fueron su brazo armado. El objetivo principal del Priorato era restaurar la dinastía merovingia, que gobernó el reino de los francos entre 447 y 751, en las monarquías de Europa y en el Reino de Jerusalén. Dicha orden, por lo tanto, protegía a los que consideraba los descendientes auténticos de Jesús y María Magdalena. (Ver Màs Sobre Este Tema) También especulan sobre las metas últimas del Priorato de Sión, donde la restauración monárquica adquiriría la forma de un Imperio Sagrado Europeo cuyo objetivo sería preparar el camino hacia un Nuevo Orden Mundial de paz y prosperidad. Para lo cual habría que sustituir la Iglesia católica romana por una religión estatal ecuménica y mesiánica, que contaría con el Santo Grial y las reliquias perdidas del antiguo templo de Herodes. Finalmente, se prepararía y coronaria al rey ungido del Gran Israel. Ambos libros ofrecen una lista ininterrumpida de los grandes maestros del Priorato de Sión entre los siglos XII y XX, incluyendo a personajes como Leonardo da Vinci, Robert Fludd, Robert Boyle, Isaac Newton y Claude Debussy, entre otros nombres asociados también con otras sociedades secretas como los Rosacruces. Conclusiones: Ahora bien, este recorrido por algunas sociedades secretas demuestra que las más importantes tenían vínculos estrechos con los primeros nueve templarios y con sus hallazgos bajo los establos del templo de Salomón. Además de encontrar la línea de sangre que unía a los reyes David y Salomón con las familias Rex Deus de Europa, hallaron unos manuscritos secretos, que probablemente fueran llevados hasta Rosslyn por Enrique St. Clair, el primer barón de Rosslyn. También, es posible que encontraran otras reliquias importantes durante sus excavaciones, incluso el Arca de la Alianza y el Santo Grial. Sin embargo, los templarios a principios del siglo XIV se dispersaron, a causa de su persecución, dejando en ese vacío un amplio lugar para todo tipo de especulaciones. Se piensa que se llevaron sus tesoros, dejándolos en lugares secretos que sólo los iniciados sabrían cómo encontrar.

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