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La vacunación consiste en la inducción y producción de una respuesta inmunitaria específica protectora (anticuerpos y/o inmunidad mediada por células) por parte de un individuo sano susceptible, como consecuencia de la administración de un producto inmunobiológico, la vacuna. Esta puede estar constituida por un microorganismo, una parte de él, o un producto derivado del mismo (antígenos inmunizantes) con objeto de producir una respuesta similar a la de la infección natural, pero sin peligro para el vacunado. Se basa en la respuesta del sistema inmunitario a cualquier elemento extraño (antígeno) y en la memoria inmunológica. Historia de las vacunas Sólo la viruela ha sido eliminada en el mundo. La poliomielitis y el sarampión se encuentran en campañas de erradicación. Siglo XVIII 1785: Primera vacuna para otitis severa; 1796: Primera vacuna para viruela. Siglo XIX 1879: Primera vacuna para la diarrea; 1881: Primera vacuna para el ántrax; 1882: Primera vacuna para la rabia; 1890: Primera vacuna para el tétanos; 1890: Primera vacuna para la difteria; 1897: Primera vacuna para la peste. Siglo XX 1926: Primera vacuna para tos ferina; 1927: Primera vacuna para la tuberculosis; 1935: Primera vacuna para la fiebre amarilla; 1937: Primera vacuna para el tifus; 1945: Primera vacuna para la gripe; 1952: Primera vacuna para la poliomielitis; 1954: Primera vacuna para la encefalitis japonesa; 1962: Primera vacuna oral para la poliomielitis; 1964: Primera vacuna para el sarampión; 1967: Primera vacuna para la paperas; 1970: Primera vacuna para la rubéola; 1974: Primera vacuna para la varicela; 1977: Primera vacuna para la neumonía (Streptococcus pneumoniae); 1978: Primera vacuna para la meningitis (Neisseria meningitidis); 1981: Primera vacuna para la hepatitis B; 1985: Primera vacuna para la haemophilus influenzae tipo b (HiB); 1992: Primera vacuna para la hepatitis A; Inmunidad Para comenzar a comprender cómo funciona una vacuna, debemos tener claro algunos conceptos de inmunidad. La inmunidad es un estado de resistencia del organismo frente a determinadas sustancias o seres vivos que lo agreden. Se inicia después del primer contacto con los mismos y el resultado es la transformación del organismo de susceptible en inmune. Cuando los antígenos pertenecen a los agentes infecciosos, la inmunidad coloca al organismo en una situación de defensa frente a éstos y a las enfermedades que causan. El ser humano cuenta con un sistema altamente diferenciado y complejo para desarrollar la inmunidad. No obstante, éste puede ser vulnerado. Constitución del sistema inmunitario: El sistema inmunitario está compuesto por órganos, células y moléculas: Órganos del sistema inmunitario: • Centrales: Médula ósea y timo. • Periféricos: Amígdalas, adenoides, ganglios linfáticos, bazo, placas de Peyer, vasos linfáticos. Células del sistema inmunitario: • Células linfoides: linfocitos B y linfocitos T (CD4 y CD8), células NK. • Células mieloides: macrófagos, polimorfonucleares (PMN), células natural killers (NK). Moléculas del sistema inmunitario: - Con Acciones inespecíficas: Sistema de complemento, interferón, interleucinas, sustancias bactericidas. - Con Acciones específicas: inmunoglobulinas, receptor de células T, complejo mayor de histocompatibilidad. Tipos de inmunidad: - Natural: corresponde a las barreras de protección generales (piel, mucosas, saliva, etc.) y no responde a estímulos específicos. - Adquirida: es la que se obtiene por medio de un proceso estímulo-respuesta (antígenos). Puede ser Activa o Humoral, cuando el organismo produce sus propios anticuerpos o Pasiva, cuando recibe anticuerpos ajenos formados en otro organismo o huésped. - Humoral: mediada por anticuerpos, el proceso se inicia y desencadena cuando el antígeno es captado por los macrófagos y mediante un mecanismo complejo y activo concluye con la producción de las inmunoglobulinas, que son los anticuerpos; son de naturaleza glicoproteica (inmunoglobulina A, M, G, D, y E). A este primer proceso le sucede un segundo proceso, la memoria inmunológica, que es la perduración memoriosa que guarda el sistema inmunológico para repetir el primer proceso cuando nuevamente el organismo entre en contacto con ese antígeno. De esta manera la inmunidad humoral activa, o respuesta inmune mediada por anticuerpos, tiene dos manifestaciones: una es la producción de inmunoglobulinas y la otra es la memoria inmunológica. - Pasiva: el organismo recibe anticuerpos preformados en otro organismo huésped. (IgG). Puede producirse en forma espontánea, cuando hay pasaje de anticuerpos de la madre al hijo por vía transplacentaria o durante la lactancia. Las inmunoglobulinas se administran también en forma artificial cuando se inoculan por vía intramuscular o endovenosa. Las de uso intramuscular actúan alrededor de 2 ó 3 días después de haber sido recibidas por el organismo. Las intravenosas lo hacen a las pocas horas de ser aplicadas. Antígenos: Se entiende por antígeno (Ag) a la "sustancia que, una vez que ha penetrado al organismo, tiene la capacidad de inducir una respuesta inmunitaria detectable" (por ejemplo: moléculas tóxicas = toxinas; microorganismos como bacterias, virus, etc. o partes constitutivas de la membrana o soma de los mismos; sustancias inmunogénicas = vacunas; y células extrañas al organismo). El organismo, al contar con antígenos, responde gracias a la habilidad propia del sistema inmunitario, con especificidad, generando anticuerpos o células defensivas que tienen ulteriormente la función de bloquearlos. Anticuerpos: Son sustancias de naturaleza proteica propias del organismo. Son producidos por las células plasmáticas del sistema inmunitario ante el estímulo que provoca el antígeno. Tienen la función de reconocer ulteriormente a dicho antígeno y de combatir contra éste para bloquear su acción. Los anticuerpos son básicamente globulinas (Ig) porque intervienen en el proceso inmunitario. Debe aclararse que todos los anticuerpos son inmunoglobulinas, pero no todas las inmunoglobulinas son anticuerpos. Cuando las Ig se combinan con el antígeno bloqueando su acción, lo hacen por diversos mecanismos: a) Neutralizando, en las toxinas, sus células antifagocitarias, con lo cual se hace posible la fagocitosis de las mismas. b) Inhibiendo la combinación de los virus con las células, con lo cual se evita que las penetren y repliquen dentro de ellas o destruyendo al virus en forma directa. c) Recubriendo las bacterias, haciéndolas más atractivas para los polimorfos nucleares y los macrófagos y favoreciendo de esta forma su captación y destrucción. Tipos de vacunas Según su composición y forma de obtención se clasifican en víricas y bacterianas, que a su vez pueden ser vivas atenuadas o muertas inactivadas. • Vivas atenuadas Se componen de microorganismos mutados que han perdido su virulencia, generalmente mediante pases sucesivos en diferentes medios de cultivo y/o huéspedes animales, sin sufrir un deterioro importante en sus inmunogenicidades. Características: La inmunidad provocada por estas vacunas es de larga duración y muy intensa, parecida a la originada por la enfermedad natural. Disminución progresiva de la cantidad de antígeno necesario para inducir una respuesta humoral y otra celular, ambas elevadas. Pequeñas dosis de vacuna producen una buena respuesta inmune. En general, suele ser suficiente una dosis, salvo que se administre por vía oral (vacuna antipolio). El mantenimiento del nivel protector inmunitario se realiza a través de reinfecciones naturales posteriores o por la administración de dosis de recuerdo. Se administran por inoculación, por vía respiratoria o digestiva. La administración por vía respiratoria o digestiva confiere inmunidad tanto humoral como local, impidiendo la infección en la puerta de entrada del microorganismo y la consiguiente diseminación del mismo (ejemplo: vacuna antipolio oral). La infección vacunal puede ser contagiosa para el entorno (ejemplo: vacuna antipolio oral), favoreciendo la dispersión de la infección por el virus atenuado en lugar del virus salvaje. Esto obliga a investigar si entre los convivientes del vacunado hay alguien para quien pudiera suponer un riesgo (inmunodeprimidos). Vacunas virales: anti-fiebre amarilla; antipaperas; antirrubéola; antisarampión; antivaricela; antipoliomielitis oral. Vacunas bacterianas: antituberculosas; antitifoidea cepa Ty21a oral; anticolérica cepa CDV-103 Hgr. • Muertas o inactivadas Se obtienen mediante: a) Inactivación por medios físicos (calor) o químicos (formol, b-propiolactona) de bacterias o virus, enteros o totales. b) Inactivación por calor y formaldehído de antígenos secretados (toxoides o anatoxinas): tétanos, difteria. c) Obtención de fracciones inmunizantes virales o bacterianas. Características: En general, la respuesta inmunitaria es menos intensa y duradera y fundamentalmente, de tipo humoral. Se necesitan varias dosis para la primovacunación y para mantener un nivel adecuado de anticuerpos séricos. Tienden a ser más estables. Muy a menudo requieren adyuvantes (cualquier sustancia que incorporada a una vacuna acelera, prolonga o potencia la respuesta inmunogénica frente a la misma). Por lo general se administran por vía parenteral. No es posible la difusión de la infección a los no vacunados. Vacunas virales: Antirrábica; antihepatitis A; antigripal; antipoliomielitis parenteral. Vacunas bacterianas: Anticoqueluche; anticolérica; antitifoidea; antipeste. • Toxoides Los toxoides se obtienen a partir de las toxinas bacterianas producidas por Clostridium tetani y del bacilo diftérico, Corynebacterium diphtheriae, causantes del tétanos y de la difteria, respectivamente. Vacunas toxoides: Antitetánica; antidiftérica. Vacunación en situaciones especiales Existen diversas situaciones especiales en las que por diferentes motivos hay que tener presente algunas consideraciones a la hora de administrar ciertas vacunas. Embarazo Todas las mujeres en edad fértil deberían estar inmunizadas frente a las enfermedades más comunes que pueden suponer un riesgo durante el embarazo. La decisión de vacunar a una mujer embarazada depende de la probabilidad de contraer la enfermedad, el riesgo que esta suponga para la madre o para el feto y de los efectos perjudiciales que tenga la vacuna sobre ellos. Es preferible la administración de las vacunas a partir del segundo trimestre de embarazo. • Las vacunas de microorganismos vivos atenuados (sarampión, rubéola, parotiditis, triple vírica, varicela, tifoidea oral, cólera oral) están contraindicadas durante el embarazo. cualquier mujer que reciba alguna de estas vacunas debe evitar el embarazo en los tres meses siguientes a la misma. No obstante, en los casos en que se haya vacunado, de forma inadvertida, a embarazadas con la vacuna de rubéola, no se ha demostrado una mayor incidencia de malformaciones o embriopatía. • Como excepción, las vacunas de virus vivos antipoliomielitis oral y antifiebre amarilla se podrían administrar si el riesgo de exposición es inminente y elevado, puesto que el riesgo teórico de la vacuna es muy inferior al de la infección. En el caso de la poliomielitis, si el riesgo de contagio no es inminente (menos de 4 semanas), es preferible la vacuna antipoliomielitis parenteral. • Las vacunas antitetánica y antidiftérica no sólo no están indicadas sino que están específicamente indicadas en la gestante susceptible. Se puede administrar la vacuna combinada Td. • Las vacunas de microorganismos muertos o inactivados y las vacunas de polisacáridos se pueden administrar durante el embarazo utilizándose en caso de exposición inevitable o riesgo elevado (rabia, cólera, peste, etc.) o pertenencia a un grupo de riesgo en los que está indicada la vacuna (gripe, neumococo, meningococo, hepatitis A, hepatitis B, etc.) tras valoración individualizada riesgo-beneficio. • La vacuna de antígeno capsular Vi altamente purificado se puede utilizar durante el periodo gestacional solo en casos de riesgo elevado. • Las inmunoglobulinas, estándar o hiperinmunes, pueden administrarse cuando estén indicadas. Lactancia materna La leche materna no interfiere la respuesta inmunitaria del lactante a ningún tipo de vacuna ni siquiera a las vacunas de la polio o del rotavirus. No es necesario hacer ninguna modificación en el calendario vacunal del niño alimentado al pecho. Cuando la madre que lacta es inmunizada no existe ningún peligro para el niño, la mayoría de los virus vacunales no se excretan por la leche, solo se ha detectado el virus de la rubéola pero no supone riesgo para el lactante. Prematuridad Aunque la respuesta inmune a las vacunas puede estar disminuida en algunos niños pretérmino, sobre todo si pesan menos de 1500 g, se recomienda iniciar el calendario vacunal a los 2 meses de edad cronológica, como en cualquier niño. Las dosis de vacuna no necesitan ser reducidas. La vacunación de hepatitis B en niños de peso inferior a 2000 g, nacidos de madres negativas para el Ag HBs, puede postponerse hasta que pesen más de 2000 g. o hasta que se inicie el calendario vacunal a los 2 meses de edad. Si la madre es positiva para el Ag-HBs o se desconoce su estado, el niño debe recibir en las primeras 12 horas de vida la vacuna frente a hepatitis B y la gammaglobulina hiperinmune (HBIg) sea cual fuere el peso neonatal,. Se recomienda la realización de serología postvacunal en los neonatos con peso inferior a 2000 gramos ya que algunos precisarán dosis adicionales para alcanzar niveles protectores de anticuerpos. En prematuros que desarrollan una enfermedad respiratoria crónica se recomienda la vacunación antigripal a la familia, convivientes, personal a su cuidado, y a partir de los 6 meses de edad se les vacunará con vacuna fraccionada 0,25 (2 dosis por vía intramuscular, con un intervalo de 4 semanas). Edad Avanzada Las personas ancianas presentan una menor respuesta inmunitaria y una mayor susceptibilidad a las infecciones por lo que estarían principalmente indicadas las siguientes vacunas: combinada tétanos-difteria tipo adulto, antineumocócica 23-valente y antigripal. Fuentes: http://es.wikipedia.org/wiki/Cronolog%C3%ADa_de_las_vacunas http://www.alfabeta.net/vacunas.xtp