virtualzzz
Usuario (Argentina)
“Quienes se aferran a la vida mueren, quienes desafían a la muerte sobreviven” Bushido – Uyesugi Kenshin (Siglo XVI) Esta afirmación parece a priori una contradicción, sin embargo, como veremos es la única actitud posible no sólo en combate sino en cada uno de nuestros actos. La posición mental es una de las artes más desarrolladas y trabajadas por los maestros de combate, pero es también lo mas difícil de captar, enseñar o transmitir, ya que la postura anímica no es observable empíricamente como la postura física, y necesita de la expresión verbal de los sentimientos del discípulo para ser corregida. En principio debemos entender qué actitud buscaban los maestros del combate, aunque ni ellos mismos pueden expresarlo con total claridad. En la antigua cultura japonesa, un maestro podía trabajar para un shogún entrenando a sus hombres, pero también enfrentaba con bastante frecuencia múltiples desafíos de ronins errantes (samurai sin señor) que deseaban fama, fortuna y honor. La derrota era fatal, ya que aunque conservara la vida, perdía el prestigio junto con los honores y elevados pagos que recibía por sus servicios, por lo tanto los maestros no buscaban peleas, aunque éstas les brotaban por todos lados, pero puesto ya en combate, el maestro no esquiva la muerte, sino que va a buscarla. No hablamos de buscar la muerte sino de ir a buscarla, que es algo muy diferente. Psicológicamente utilizaban la misma técnica que en el arte de la espada. Esa actitud y modo de combate es lo que rescató el maestro Ueshiba cuando creó el Aikido; se entra en el golpe del rival desarmando su construcción. Normalmente se esquivaría un golpe de espada ya que éste se ha montado y desarrollado, en cambio aquí se entra en el armado del golpe para desarticular su montaje. Mentalmente el maestro hace lo mismo, sorprende a la muerte yendo a buscarla, y si muere lo hace junto a su oponente. Es la misma actitud del cazador que en lugar de esperar al león va a buscarlo a su guarida. Para entender esta actitud psicológica, examinemos una cuestión técnica del duelo de sables largos, el arma más significativa de las artes marciales japonesas. Inmediatamente tendemos a pensar occidentalmente, en poner distancia de la espada enemiga, al modo de las múltiples películas de espadachines, en cambio en oriente se trata justamente de hacer lo opuesto. Sigamos las enseñanzas del maestro Miyamoto Musashi en el libro de “Los Cinco Anillos”. “La postura del mono de brazos cortos significa no alcanzar con las manos. La idea consiste en que cuando uno está cerca de un adversario se pueda alcanzarlo rápidamente, antes de que este ataque, sin avanzar en absoluto las manos. Cuando intentamos avanzar las manos, nuestro cuerpo se queda invariablemente atrás. Así pues la idea consiste en mover todo el cuerpo rápidamente para entrar en la defensa del adversario”. El guerrero va a buscar a la muerte en el combate, pero la busca para que ella no lo encuentre a él. No le escapa, la ataca, no le teme, la desarma. No es presa de la muerte sino que se convierte en su cazador. ¿Donde está la muerte? Obviamente en el sable del adversario, no mira el sable aunque lo tiene en cuenta, se pega al oponente, siente sus latidos, sus miedos, le pega fuertemente con el cuerpo, hace que el adversario retroceda y entonces ataca y mata. El miedo hace poner distancia, y aunque ahora la vida no está en juego, las emociones a la hora del combate son las mismas. El deportista tiene miedo al combate en el que participa, escapa de sus peligros, pero presionado por el triunfalismo occidental, busca la victoria escapando de la derrota. En cambio, el guerrero oriental sólo piensa en morir dignamente, psicológicamente está mucho mas adelantado ya que no tiene miedo a perder la vida. El “bushi” no piensa en términos de éxito o fracaso, sino de dignidad o indignidad en combate, luchando contra sus miedos busca superarse espiritualmente y aumenta así su eficacia. El artista marcial va a buscar a la derrota, del mismo modo que el samurai iba a buscar a la muerte, desarmándola antes de que se arme, atacándola antes de que ataque, sin que esto se convierta en una actitud temeraria o falta de precauciones. Veamos un ejemplo, el cine ha rescatado la psicología de policías o guerreros que buscan la muerte por sentirse culpables de un pasado oscuro, y simultáneamente tienen el deseo de vivir. A esta conjunción de deseos opuestos se la llama ambivalencia. Devienen entonces en tremendos guerreros capaces de realizar maniobras de riesgo que una persona normal no podría hacer. En la película “El Ultimo Samurai” el militar americano, atormentado por su pasado busaca su destrucción en el alcohol. Su conciencia le dice que merece la pena capital, enfrenta entonces la batalla con el mejor heroísmo de la tradición nipona, aunque ese heroísmo está muy lejos de la actitud mental del samurai. Mas adelante en la misma película el Capitán Algren descubre la esencia del “bushi” (guerrero japonés) y deviene en un terrible combatiente nutrido del coraje que sólo conocen aquellos que han superado la angustia. Al final él mismo se convertirá en el último samurai. Es así que la actitud de buscar a la muerte que tenían los antiguos guerreros no debe ser entendida como un desprecio a la vida, sino todo lo contrario. La única forma de conservar la vida era confrontar con la muerte. Del mismo modo, nuestra actitud en combate debe ajustarse a estos preceptos. Si no enfrentamos nuestros temores seremos presa de ellos y seremos derrotados. Es por ello que en cuarto principio del Taekwon-Do , el autocontrol se establece que debemos aprender a dominar primero a nosotros mismos, ya que quien no es capaz de vencerse a sí mismo difícilmente pueda vencer a otro. Resulta evidente que este principio no sólo se aplica al combate, sino que es un principio de vida. Si no enfrentamos nuestros temores no progresaremos en la vida y nuestro espíritu perecerá a manos de nuestros demonios.