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Usuario (Argentina)
El Bicentenario y el saber del pueblo Dicen los que saben que el 25 de Mayo de 1810 amaneció lluvioso y que pocos tenían paraguas. Entre la multitud de unos 600 tipos (de los cuales 200 eran militantes), había dos, que ahora son calles, que repartían escarapelas. Vaya a saberse como serían esas escarapelas, porque faltaban por lo menos 3 años para salieran las oficiales. En el Cabildo la noche había sido movida y “a virrey puesto virrey depuesto”. Anticipando una tradición bien nacional, el presidente de la Junta fue un militar, el amigo Saavedra. Al secretario Moreno en poco tiempo le tocó el destino de los secretarios: llevarse el secreto a la muerte. El otro secretario, Paso fue el único que hizo carrera y se repitió en cuanto gobierno hubo, es decir, que dio un buen paso. Castelli, que había brillado como orador, moriría de un cáncer de lengua años después. Con esa publicidad, pronto se supo que era mejor callar. Belgrano supo ser vocal y dejo a muchos con la boca abierta. También dejó todo por el movimiento que promovió y lo dejaron sin nada a la hora de su ignorada muerte. Solo le quedaba un reloj y la promesa de sueldos impagos. Ya de muerto le robaron los dientes y luego hasta el reloj. La empresa de Larrea, el más rico comerciante, se fue a pique pero tan a pique que terminó suicidándose de pobre el pobre. A Azcuenaga, que vivió en Olivos, le dieron el olivo en el 1811 y en 1828. Alberti, que fue cura, apoyó cierto fusilamiento, lo cual también se hizo tradición entre algunos de nuestros curitas. Matheu fue el financista de la revolución, por lo menos hasta que tuvo fondos. La política, para este comerciante, no fue negocio y se retiró 8 años más tarde. La gente que vino después le tendría que haber enseñado a hacer fortuna con el oficio de gobernar. El 25 de Mayo de 1810 amaneció lluvioso, marcando el destino del país. A los que estuvieron presentes y no tuvieron nombres se los llamó pueblo y reclamaron: “El pueblo quiere saber de qué se trata”. Pasaron 200 años y todavía no les respondieron. Claudio de la Gente para http://www.humorcomico.com
Las relaciones de pareja siempre tienen su lado complicado. Es evidente que perdemos mucho tiempo en discusiones estériles y malentendidos. Estos son sinsabores cotidianos fácilmente evitables. Es cierto que los hombres prefieren la compañía siempre segura del televisor, la computadora, el auto y los amigos, a enfrentar el peligro que le representa su pareja. Se sabe que el pez por la boca muere, y el hombre en pareja se sabe pescado apenas atraviesa el umbral de su casa o ante una pregunta de su mujer. El hombre promedio vive en un alto grado de stress, en una expectativa angustiosa ante la posibilidad de una pregunta femenina. Esta puede variar, pero muchas veces oculta un reproche justificado, un reclamo o una falta de reconocimiento. Una simple pregunta como “¿recuerdas que hoy es nuestro aniversario?” o “¿Sabes si ya use este vestido?”, puede producir una batalla campal, donde el derrotado siempre será el hombre. Parece una situación sin salida, pero hay algunos que logran superar este obstáculo. Son hombres con los que convivimos, que vemos todos los días, y a los que deberíamos tomar como ejemplo. Ellos son los políticos. Entonces aprendamos de ellos. El secreto mejor guardado por los políticos es bien fácil: nunca responder o, si se está obligado, hacerlo de un modo incomprensible o simplemente huir en helicóptero. De ese modo, logran estancarse en un puesto público por años, evitan juicios y por encima de todo, viven plenamente. Para ponernos un poco a tono, aquí van algunos consejos bien útiles para no hacernos entender, no responder, o simplemente huir ante la siempre incómoda pregunta de nuestras mujeres: - Esté atento. Si ella le hace un planteo, gánele de mano. Dígale que están inmersos en una crisis y que se necesitan sacrificios para salir adelante. - Cuando ella le pregunte algo, responda que su pregunta lo ha hecho pensar y que está evaluando un proyecto, de entre 15 a 20 años, para el crecimiento y fortalecimiento de la pareja. - Si ella le recrimina algo, intente por todos los medios de encontrar un enemigo externo (una amiga, su cuñada, su suegra). Luego adjudique a ese enemigo la intención de separarlos o de perjudicarlos. - Asuma una postura de víctima. Ofrezca su renuncia y hable de los ideales de pareja en los que cree. Condimente con viejos aciertos. - No dude en caer en el halago. Si ella le recrimina algo, afirme que se siente orgulloso de ella y de la pareja que tienen. - Cambie el tema. Si ella le recrimina algo, dígale que la nota más sabia y que ese planteo es prueba de su inteligencia. - Tenga un especial de jamón y queso a mano. En el momento en que ella se acerque, muerda el sándwich y responda mientras mastica. - Compre un diccionario de algún dialecto indígena o africano. Cuando ella le pregunte algo incómodo, abra el diccionario y hable en una lengua inexistente. - Cuando ella le haga una pregunta, responda que es un tema en el que viene trabajando desde hace tiempo, y que percibe una pronta solución aunque no pueda darle un plazo cierto. - Si ella le pregunta algo, hable, hable y hable pero sin decir nada. Sea incongruente: haga anuncio de temas (que por supuesto no va a tratar) y enumere una larga lista de problemas a resolver (sabiendo que nunca va a hacer nada al respecto) y compárese con algún hombre (sin nombrarlo) enumerando los defectos de aquel. - Si sabe arrinconado y sin respuesta, diga que para conversar necesita algo que no haya en la casa: cigarrillos, un helecho o la colección completa de la Revista Hola. No importa qué. Lo que tiene que lograr es la huída. Si pone en práctica esta receta, su relación de pareja cambiará y su pareja se sentirá más próxima a usted. Piense que miles de políticos han seguido estos consejos y muchos han logrado que sus nombres trasciendan en la historia o, en el peor de los casos, han ganado tiempo. Claudio de la Gente para Humor Cómico
Peligros del Mundial, Violencia en el Futbol y como ser agentes de la Paz La violencia del Futbol no es solo la violencia de las canchas. En el día a día, el encuentro de dos tipos de personas, puede ocasionar una tragedia. Se trata de “El Futbolero” y “El No Futbolero”. El momento decisivo, aquel en el los ánimos se vuelven explosivos, es el de la transmisión de un partido. Por eso, hay que saber reconocerlos, estar alertas y saber cuando es el momento de apartarlos. El Futbolero Los Futboleros invierten el 98,5% de su tiempo en el Futbol. Son personas que sufren cada semana, para quienes muchos lunes son difíciles de afrontar y que toleran las burlas sabiendo que la vida da revanchas. Esas mismas personas memorizan, con esfuerzo, la formación de diversos clubes, campañas, vida y obra de jugadores, número de goles por partido y otras informaciones sumamente necesarias para sobrevivir en su habitat. Es gente que compra camisetas, que adquiere revistas deportivas, asiste a la cancha, compra DVD conmemorativos, gente que sostiene la causa futbolística en todo momento, cayendo en privaciones, evitando fáciles satisfacciones y muchas veces perdiendo en el afecto de sus seres queridos. El Futbolero ha hecho una inversión, se ha esforzado en ganarse su capital y eso le trae privilegios. Uno de ellos es el Campeonato Mundial de Futbol. Él se ha ganado su lugar frente al televisor con mérito, dolor y penurias. Cuando se trata de violencia en el futbol, es el violento, el que inicia las acciones, y ve en su oponente a un enemigo siempre dispuesto a hacerle la vida miserable. El no Futbolero Para el fundamentalista del Futbol, se trata de herejes que viven en el desconocimiento del Futbol, que varias veces ni siquiera son hinchas de un Club y que cambian rápidamente de canal cuando hay partido. Esa misma gente, cuando llega el Campeonato Mundial de Futbol, quiere participar, creyendo que es una fiesta para todos, apelando a fantasías como la democracia o la amistad o el amor. El no Futbolero es un inocente. Desconoce el efecto que causa en el futbolero, y se cree perseguido, incomprendido. Cuando se sucede la violencia, es el violentado y el sorprendido. El Futbolero piensa que el otro tiene rasgos despreciables. Argumenta diciendo que ese pregunta durante una jugada decisiva, confunde un offside con un lateral, festeja un gol hecho en posición adelantada y muchas veces es yeta. Es en época de Mundial donde se ha de privilegiar al futbolero, así como se privilegia al niño en navidades. Por lo tanto, debemos poder reconocer al no futbolero y así evitar un enfrentamiento innecesario. A continuación presentamos algunos rasgos que identifican al enemigo del futbolero. Tipología del No Futbolero En día de Futbol, cuando se prende el televisor, preguntan “¿Qué hay hoy?”. Hablan de temas perdidos antes que comience el partido Empezada la transmisión piden que cambar de canal dado que “el partido todavía no empezó”. Comenzado el encuentro, pueden levantarse en cualquier momento y cruzarse delante del televisor. Preguntan. No importa qué. Intentan hablar de otro tema. Arman frases con sentido y no se comunican ni por gestos, codazos o interjecciones. No se pelean con el televisor y varias veces tienen comentarios ocurrentes del estilo: “¿Para que los insultas sino te escuchan?”. Pueden levantarse y pedir: “avísame cuando haya un gol” Hacen ofrecimientos de café, cerveza o lo que sea, si tiene invitados o no paran de pedir cosas, cuando son invitados. Pueden hablar por teléfono durante el partido. A veces leen una revista o un diario que esté cerca. Festejan en los replay, dado que en general o no vieron el gol o si lo vieron, no se dieron cuenta de qué se trataba. Conclusiones En síntesis, se trata de dos tipos de personas que hay mantener alejadas. Sepa que el encuentro entre ambos puede tener un desenlace trágico. Si detecta alguno de los rasgos antes comentados, es hora de actuar y sostener la paz. Llamativamente, cuando no hay Futbol de por medio, pueden ellos convivir e incluso ser amigos, amantes, novios u esposos. Pero cuando hay partido, al igual que ocurre con los peces betta, lo mejor es mantenerlos separados. Claudio de la Gente para Humor Cómico