vickyvillagran
Usuario (Argentina)
Les dejo un cuento infantil que leí de chiquita y me fascino. Lo volví a leer hace poco y me provocó la misma ternura. Espero que les guste como a mí. EPAMINONDAS Y SU MADRINA. Había una vez una buena mujer que sólo tenía un hijo. Como la buena mujer era muy pobre y no podía dar gran cosa a su hijo, quiso ponerle por lo menos un gran nombre. Por eso le llamó Epaminondas, que es el nombre de un antiguo general griego, muy famoso porque ganó dos célebres batallas. El niño tenía pues un nombre glorioso, pero no parecía que eso le importara demasiado. Su madrina le quería mucho y le daba alguna cosa cada vez que Epaminondas iba a visitarla. EL BIZCOCHO. Un buen día la madrina le regaló un bizcocho. - No lo pierdas, Epaminondas, no lo pierdas. Llévatelo a casa muy apretado - le dijo. - No temas, madrina, no lo perderé - contestó Epaminondas. Pero apretó la mano con tanta, tanta fuerza, que cuando llegó a casa ya no quedaban más que unas pocas migajas. -¿Qué traes aquí, Epaminondas? - Un bizcocho, madre. -¡Un bizcocho! ¡Válgame Dios! ¿Qué has hecho de la inteligencia que te di cuando viniste al mundo? ¡Qué maneras son esas de llevar un bizcocho? Para llevar bien un bizcocho se envuelve, muy bien envuelto, en un papel de seda, y después se mete dentro del sombrero. Entonces te pones el sombrero y, muy despacio y muy derecho, para que no se te caiga, vienes tranquilamente a casa. ¿Has entendido? - Sí, madre. LA MANTEQUILLA. A los pocos días fue otra vez a casa de su madrina y ésta le regaló un hermoso pedazo de mantequilla fresca para su madre. Epaminondas cogió la mantequilla, la envolvió en un papel de seda cuidadosamente y la puso dentro de su sombrero; luego se colocó el sombrero sobre la cabeza y empezó a andar hacia su casa, muy derecho y despacio. Era verano y el sol abrasaba; la mantequilla empezó a derretirse dentro del sombrero y goteaba por todas partes. Y cuando Epaminondas llegó a su casa la mantequilla no estaba «dentro. del sombrero, sinoencima de Epaminondas. La madre, al verle, se echó las manos a la cabeza. - ¡Epaminondas! ¿Qué traes aquí? - Mantequilla, madre. - ¿Mantequilla? ¡Válgame Dios, Epaminondas! ¿Qué has hecho de la inteligencia que te di cuando viniste al mundo? La mantequilla, para llevarla bien, tienes que envolverla en hojas frescas y, a lo largo del camino, la mojarás una y otra vez en todas las fuentes que veas hasta llegar a casa. ¿Has entendido? - Sí, madre. EL PERRITO. La vez siguiente, cuando Epaminondas fue a visitar a su madrina, le regaló un perrito muy mono. Epaminondas, ni corto ni perezoso, lo envolvió en unas grandes y frescas hojas, y por el camino lo fue mojando en todas las fuentes hasta llegar a casa; y cuando llegó el pobre perrito estaba medio muerto y tiritando. - ¡Dios nos asista! ¿Epaminondas, hijo mío, qué traes aquí? - Un perrito, madre. - ¿Un perrito? Epaminondas, Epaminondas, ¿qué has hecho de la inteligencia que te di cuando viniste al mundo? Esta no es manera de llevar un perrito. Un perrito se lleva atándole una cuerda al cuello y tirando de ella con mucho cuidado, «así», para que el animalito ande. ¿Has entendido? - Sí, madre - contestó Epaminondas. EL PAN. Cuando volvió a casa de su madrina, la buena mujer le regaló un pan recién sacado del horno, crujiente y doradito. Epaminondas le ató una cuerda, y tirando de él con mucho cuidado, «así» volvió a su casa. - ¡Dios mío! ¿Qué traes aquí, Epaminondas, hijo mío? - Un pan, madre, que me ha regalado mi madrina. -¿Un pan? ¡Ay, Epaminondas, Epaminondas! No tienes ni así de inteligencia, ni nunca has tenido, ni nunca tendrás. Ni volverás a casa de tu madrina ni te explicaré nada ya. Desde ahora iré yo a todas partes. Los PASTELES. Al día siguiente su madre se preparó para ir a casa de su madrina y le dijo: - Epaminondas, hijo mío, fíjate bien en lo que voy a decirte. Tú has visto que acabo de cocer en el horno seis pasteles y los he puesto sobre una tabla delante de la puerta, para que se enfríen. Vigila que no se los coma el gato y, si tienes que salir, mira bien cómo pasas por encima de ellos con cuidado. - Sí, madre - contestó Epaminondas. Y cuando Epaminondas quiso salir “miró muy bien cómo pasaba por encima de ellos con cuidado” - uno, dos, tres, cuatro, cinco...- mientras ponía exactamente los pies encima de cada pastel. ¿Y sabéis lo que pasó cuando volvió su madre? Nadie ha sabido explicármelo, pero a lo mejor vosotros lo adivináis. Lo que es seguro es que Epaminondas no probó aquellos pasteles. Les dejo unas imágenes de varias interpretaciones del cuento. ví.

Muchas de las imágenes más épicas de la historia de la fotografía fueron hechas en blanco y negro. Ahora, gracias a las técnicas de edición digital, algunas de esas imágenes históricas han sido reimaginadas en color. O dicho de otra forma, cómo podrían haber sido si se hubieran tomado con cámaras capaces de captar el color. Turbina de la presa Hoover, principios de 1930. Audrey Hepburn retratada por Bud Fraker en 1953. El sargento George Camblair retratado por Jack Delano en 1942 mientras aprendía a usar una máscara de gas. Seth Kinman, un cazador de California, 1865. Albert Einstein fotografiado por Ruth Orkin en un almuerzo celebrado en la Universidad de Princeton en 1953. Trabajador del sector maderero en paro con su esposa en la campaña del frijol de 1939 en Oregon. Autora: Dorothea Lange. El popular escritor Mark Twain relajándose en su jardín. Modelo flotando en la atracción turística natural Weeki Wachee Springs de Florida. La imagen original pertenece a Toni Frissell. Se publicó en 1947 en el magazine Harper's Bazaar y Michael Catanachapodaca la coloreó en 2012. Retrato de la fotoperiodista documental Dorothea Lange sobre un coche con su cámara gigante, febrero de 1936. Probando un chaleco antibalas el 13 de septiembre de 1923 en Washington, EE.UU. Che Guevara. La épica imagen de Malcolm Browne protagonizada por un monje quemándose a lo bonzo, Thích Quảng Đức, 1963. Charlie Chaplin, 1915. Salvador Dalí con un ocelote en 1965. Foto de Roger Higgins. Veintinueve de los científicos más influyentes de la historia en el Congreso Solvay de 1927. Retrato de Albert Einstein por Yousuf Karsh, 1948. Charles Darwin. Fotografía de Margaret Bourke-White en la que vemos una fila de víctimas afroamericanas de las inundaciones de 1937 en Mississippi, EE.UU. La última imagen tomada en vida a Abraham Lincoln. La hizo Alexander Gardner en 1865. Tienda de Gordonton, Carolina del Norte (EE.UU) fotografiada por Dorothea Lange en 1939. Winston Churchill inmortalizado por Yousuf Karsh en 1941. George Orwell. Retrato de una madre inmigrante en 1936, también de Dorothea Lange. Ernest Hemingway, 1957. Retrato de Yousuf Karsh. Famosa fotografía de Alfred Eisenstadt que retrata a un marinero estadounidense besando a una mujer vestida de blanco durante las celebraciones del Día de la Victoria sobre Japón en Times Square el 14 de agosto de 1945. La ejecución de un miembro del Frente Nacional de Liberación de Vietnam a manos del jefe de la policía survietnamita Nguyen Ngọc Loan en medio de una calle de Saigón el 1 de febrero de 1968. La captó Eddie Adams. Primer ingeniero jefe de Mauritania con otros caballeros en Canada Dock, Liverpoll, en 1909. Espero que les haya gustado, como a mí (:

Les traigo parte del trabajo de éste artista. Gabi Rubí : "hago dibujitos y siestas" Ahora: HELADITOS. Pueden ver más de su trabajo acá. http://gabirubi.blogspot.com.ar/

El Codex Seraphinianus es un libro escrito e ilustrado por el artista italiano, arquitecto y diseñador industrial Luigi Serafini durante treinta meses, entre 1976 y 1978.1 El libro es de aproximadamente 360 páginas (según la edición), y parece ser una enciclopedia visual de un mundo desconocido, escrito en una de sus lenguas, una escritura alfabética que tiene el propósito de ser un sinsentido. El Codex se divide en once capítulos, divididos en dos secciones. En la primera sección parece describir el mundo natural, que trata de la flora, la fauna, y la física. La segunda se refiere a las humanidades, los diversos aspectos de la vida humana: la historia, la ropa, la cocina, la arquitectura y así sucesivamente. Primera sección. Segunda sección ¿Qué genialidad no? ¿Quién no se imaginó un mundo?