vanefadecs
Usuario (Argentina)

Comemos un asadito?? El asado es la más rica comida que el hombre cocina. Cuando el hombre se propone hacer uno, la cadena de acontecimientos es más o menos la siguiente: 1. La mujer va al supermercado a comprar todo lo que es necesario. 2. La mujer prepara la ensalada, las papas con mayonesa y el postre. 3. La mujer prepara la carne, la pone en una fuente con los utensilios necesarios, mientras que el hombre está sentado junto a la parrilla tomándose un vino o una cervecita bien helada (obviamente servida por la mujer). 4. El hombre pone la carne en la parrilla. 5. La mujer vuelve adentro a poner la mesa y a preparar la ensalada. 6. La mujer le dice al marido que la carne se está quemando. 7. El hombre saca la carne de la parrilla. 8. La mujer pone los platos en la mesa 9. Después de comer, la mujer trae el postre, levanta la mesa y luego lava los platos. 10. El hombre le pregunta a la mujer si está contenta de no haber tenido que cocinar ese día, y, percibiendo la cara de orto de la mujer, concluye que no hay..... nada que les venga bien. Derecho a réplica (Escrito por un hombre). 1. Ningún hombre en su sano juicio va a mandar a su mujer a comprar las cosas para el asado: Ella va a traer cerveza 'Liberty', dos kilos de bife, alas de pollo y tres kilos de puchero que el carnicero le dijo que quedaba muy rico a la parrilla, ya que no consiguió enchufárselo a ningún nabo. 2. Ensalada, papas con mayonesa y postre? Ella prepara estas huevadas para que coman las demás mujeres. Los hombres comemos carne y nada más. 3. ¿Preparar la carne? A la carne sólo se le pone sal gruesa (o parrillera los más finos), al momento de ponerla en la parrilla... ¿Bandeja con utensilios? Eso es para maricones, el hombre macho se las arregla con un palito quemado, un chuchillo y las manos. 4. ¿Sólo se pone la carne en la parrilla?... Y quién hizo el fuego, separó las brasas, las acomodó, dió vuelta la carne, disciplinó los chinchulines y pinchó los chorizos? 5. ¿Otra vez preparar la ensalada? Ya dijimos que esas pelotudeces las comen las mujeres y los conejos. 6. ¿Que la carne se está quemando? El hombre sólo deja pasar la carne porque la mujer se vive quejando que 'está muy jugosa', que 'esto está muy crudo', o que 'la deje en la parrilla dos minutos más', después de que les ofrecimos el mismo pedazo diez veces,y una hora después de que estaba a punto. Es decir que ellas acaban comiendo la carne en forma de carbón, tan tierna y suculenta como una suela que lleva cinco años al sol del desierto del Sahara. 7. Menos mal que somos los hombres los que sacamos la carne de la parrilla, si fuera por ellas viviríamos comiendo pedazos de carbón. 8. ¿Platos? Sólo si son para ellas; el hombre come directamente de la tabla. 9. ¿Postre?... Un Fernet... ¿Lavar los platos?... Yo usé los dedos!!! (y me los limpié en el pantalón o en el mantel). 10. Realmente, no hay..... nada que les venga bien... y nunca van a entender lo que es un asado.

Miralo y deja el comentariooooo NO SEAN AMARGOSSSS, le pongo onda al post!!!!
Es una largaaa historia pero vale la pena leerla... Esta historia nos lleva a la época del Rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda, tiempo de hechicería y castillos de puentes levadizos, tiempo de intrigas y batallas heroicas, tiempo de dragones mágicos que arrojan fuego por la boca y de paladines de honor y valor ilimitados. El rey Arturo había enfermado. En tan solo dos semanas su debilidad lo había postrado en su cama y ya casi no comía. Todos los médicos de la corte fueron llamados para curar al monarca pero nadie había podido diagnosticar su mal. Pese a todos los cuidados, el buen rey empeoraba. Una mañana, mientras los sirvientes aireaban la habitación donde el rey yacía dormido, uno de ellos le dijo a otro con tristeza: —Morirá… En el cuarto estaba Sir Galahad, el más heroico y apuesto de los caballeros de la mesa redonda y el compañero de las grandes lides de Arturo. Galahad escuchó el comentario del sirviente y se puso de pie como un rayo, tomó al sirviente de las ropas y le gritó: —Jamás vuelvas a repetir esa palabra, ¿entiendes? El rey vivirá, el rey se recuperará…. Solo necesitamos encontrar al médico que conozca su mal, ¿oíste? El sirviente, temblando, se animó a contestar: —Lo que pasa, Sir, es que Arturo no está enfermo, está embrujado. Eran épocas donde la magia era tan lógica y natural como la ley de gravedad. —¿Por qué dices eso, maldición! —preguntó Galahad. —Tengo muchos años, mi señor, y he visto decenas de hombres y mujeres en esta situación, solamente uno de ellos ha sobrevivido. —Eso quiere decir que existe una posibilidad… Dime cómo lo hizo ése, el que escapó de la muerte. —Se trata de conseguir un brujo más poderoso que el que realizó el conjuro; si eso no se hace, el hechizado muere. —Debe haber en el reino un hechicero poderoso —dijo Galahad—, pero si no está en el reino lo iré a buscar del otro lado del mar y lo traeré. —Que yo sepa hay solamente dos personas tan poderosas como para curar a Arturo, Sir Galahad; uno es Merlín, que aún en el caso de que se enterara tardaría dos semanas en venir y no creo que nuestro rey pueda soportar tanto. —¿Y la otra? El viejo sirviente bajó la cabeza moviéndola de un lado a otro negativamente. —La otra es la bruja de la montaña… Pero aun cuando alguien fuera suficientemente valiente para ir a buscarla, lo cual dudo, ella jamás vendría a curar al rey que la expulsó del palacio hace tantos años. La fama de la bruja era realmente siniestra. Se sabía que era capaz de transformar en su esclavo al más bravo guerrero con solo mirarlo a los ojos; se decía que con solo tocarla se le helaba a uno la sangre en las venas; se contaba que hervía a la gente en aceite para comerse su corazón. Pero Arturo era el mejor amigo que Galahad tenía en su vida, había batallado a su lado cientos de veces, había escuchado sus penas más banales y las más profundas. No había riesgo que él no corriera por salvar a su soberano, a su amigo y a la mejor persona que había conocido. Galahad calzó su armadura y montando su caballo se dirigió a la montaña Negra donde estaba la cueva de la bruja. Apenas cruzó el río, notó que el cielo empezaba a oscurecerse. Nubes opacas y densas perecían ancladas al pie de la montaña. Al llegar a la cueva, la noche parecía haber caído en pleno día. Galahad desmontó y caminó hacia el agujero en la piedra. Verdaderamente, el frío sobrenatural que salía de la gruta y el olor fétido que emanaba del interior lo obligaron a replantear su empresa, pero el caballero resistió y siguió avanzando por el piso encharcado y el lúgubre túnel. De vez en cuando, el aleteo de un murciélago lo llevaba a cubrirse instintivamente la cara. A quince minutos de marcha, el túnel se abría en una enorme caverna impregnada de un olor acre y de una luz amarillenta generada por cientos de velas encendidas. En el centro, revolviendo una olla humeante, estaba la bruja. Era una típica bruja de cuento, tal y como se la había descripto su abuela en aquellas historias de terror que le contaba en su infancia para dormir y que lo desvelaban fantaseando la lucha contra el mal que emprendería cuando tuviera edad para ser caballero de la corte. Allí estaba, encorvada, vestida de negro, con las manos alargadas y huesudas terminadas en larguísimas uñas que parecían garras, los ojos pequeños, la nariz ganchuda, el mentón prominente y la actitud que encarnaba el espanto. Apenas Galahad entró, sin siquiera mirarlo la bruja le gritó: —¡Vete antes de que te convierta en un sapo o en algo peor! —Es que he venido a buscarte —dijo Galahad—, necesito ayuda para mi amigo que está muy enfermo. —Je… je… je… —rió la bruja—. El rey está embrujado y a pesar de que no he sido yo quien ha hecho el conjuro, nada hay que puedas hacer para evitar su muerte. —Pero tú… tú eres más poderosa que quien hizo el conjuro. Tú podrías salvarlo —argumentó Galahad. —¿Por qué haría yo tal cosa? —preguntó la bruja recordando con resentimiento el desprecio del rey. —Por lo que pidas —dijo Galahad—, me ocuparé personalmente de que se te pague el precio que exijas. La bruja miró al caballero. Era ciertamente extraño tener a semejante personaje en su cueva pidiéndole ayuda. Aun a la luz de las velas Galahad era increíblemente apuesto, lo cual sumado a su porte lo convertía en una imagen de la gallardía y la belleza. La bruja lo miró de reojo y anunció: —El precio es este: si curo al rey y solamente si lo curo…. —Lo que pidas… —dijo Galahad. —¡Quiero que te cases conmigo! Galahad se estremeció. No concebía pasar el resto de sus días conviviendo con la bruja, y sin embargo, era la vida de Arturo. Cuántas veces su amigo había salvado la suya durante una batalla. Le debía no una, sino cien vidas… Además, el reino necesitaba de Arturo. —Sea —dijo el caballero—, si curas a Arturo te desposaré, te doy mi palabra. Pero por favor, apúrate, temo llegar al castillo y que sea tarde para salvarlo. En silencio, la bruja tomó una maleta, puso unos cuantos polvos y brebajes en su interior, recogió una bolsa de cuero llena de extraños ingredientes y se dirigió al exterior, seguida por Galahad. Al llegar afuera, Sir Galahad trajo su caballo y con el cuidado con que se trata a una reina ayudó a la bruja a montar en la grupa. Montó a su vez y empezó a galopar hacia el castillo real. Una vez en el castillo, gritó al guardia para que bajara el puente, y éste con reticencia lo hizo. Franqueado por la gente de aquella fotrtaleza que murmuraba sin poder creer lo que veía o se apartaba para no cruzar su mirada con la horrible mujer, Galahad llegó a la puerta de acceso a las habitaciones reales. Con la mano impidió que la bruja se bajara por sus propios medios y se apuró a darle el brazo para ayudarla. Ella se sorprendió y lo miró casi con sarcasmo. —Si es que vas a ser mi esposa —le dijo— es bueno que seas tratada como tal. Apoyada en el brazo de él, la bruja entró en la recámara real. El rey había empeorado desde la partida de Galahad; ya no despertaba ni se alimentaba. Galahad mandó a todos a abandonar la habitación. El médico personal del rey pidió permanecer y Galahad consintió. La bruja se acercó al cuerpo de Arturo, lo olió, dijo algunas palabras extrañas y luego preparó un brebaje de un desagradable color verde que mezcló con un junco. Cuando intentó darle a beber el líquido al enfermo, el médico le tomó la mano con dureza. —No —dijo—. Yo soy el médico y no confío en brujerías. Fuera de… Y seguramente habría continuado diciendo “…de este castillo”, pero no llegó a hacerlo; Galahad estaba a su lado con la espada cerca del cuello del médico y la mirada furiosa. —No toques a esta mujer —dijo Galahad—; y el que se va eres tú… ¡Ahora! —gritó. El médico huyó asustado. La bruja acercó la botella a los labios del rey y dejó caer el contenido en su boca. —¿Y ahora? —preguntó Galahad. —Ahora hay que esperar —dijo la bruja. Ya en la noche, Galahad se quitó la capa y armó con ella un pequeño lecho a los pies de la cama del rey. Él se quedaría en la puerta de acceso cuidando de ambos. A la mañana siguiente, por primera vez en muchos días, el rey despertó. —¡Comida! —gritó— Quiero comer…Tengo mucha hambre. —Buenos días majestad —saludó Galahad con una sonrisa, mientras hacía sonar la campanilla para llamar a la servidumbre. —Mi querido amigo —dijo el rey—, siento tanta hambre como si no hubiese comido en semanas. —No comiste en semanas —le confirmó Galahad. En eso, a los pies de su cama apareció la imagen de la bruja mirándolo con una mueca que seguramente reemplazaba en ese rostro a la sonrisa. Arturo creyó que era una alucinación. Cerró los ojos y se los refregó hasta comprobar que, en efecto, la bruja estaba allí, en su propio cuarto. —Te he dicho cientos de veces que no quería verte cerca de palacio. ¡Fuera de aquí! —ordenó el rey. —Perdón majestad —dijo Galahad—, debes saber que si la echas me estás echando también a mí. Es tu privilegio echarnos a ambos, pero si se va ella me voy yo. —¿Te has vuelto loco? —preguntó Arturo— ¿Adónde irías tú con este monstruo infame? —Cuidado alteza, estás hablando de mi futura esposa. —¿Qué? ¿Tu futura esposa? Yo he querido presentarte a las jóvenes casaderas de las mejores familias del reino, a las princesas más codiciadas de la región, a las mujeres más hermosas del mundo, y las has rechazado a todas. ¿Cómo vas ahora a casarte con ella? La bruja se arregló burlonamente el pelo y dijo: —Es el precio que ha pagado para que yo te cure. —¡No! —gritó el rey— Me opongo. No permitiré esta locura. Prefiero morir. —Está hecho, majestad —dijo Galahad. —Te prohibo que te cases con ella —ordenó Arturo. —Majestad —contestó Galahad—, existe solo una cosa en el mundo más importante para mí que una orden tuya, y es mi palabra. Yo hice un juramento y me propongo cumplirlo. Si tú te murieses mañana, habría dos eventos en un mismo día. El rey comprendió que no podía hacer nada para proteger a su amigo de su juramento. —Nunca podré pagar tu sacrificio por mí, Galahad, eres más noble aún de lo que siempre supe. —El rey se acercó a Galahad y lo abrazó—. Dime aunque sea qué puedo hacer por ti. A la mañana siguiente, a pedido del caballero, en la capilla del palacio el sacerdote casó a la pareja con la única presencia de su majestad el rey. Al final de la ceremonia, Arturo entregó a Sir Galahad su bendición y un pergamino en el que cedía a la pareja los terrenos del otro lado del río y la cabaña en lo alto del monte. Cuando salieron de la capilla, la plaza central estaba inusualmente desierta; nadie quería festejar ni asistir a esa boda; los corrillos del pueblo hablaban de brujerías, de hechizos trasladados, de locura y de posesión… Galahad condujo el carruaje por los ahora desiertos caminos en dirección al río y de allí por el camino alto hacia el monte. Al llegar, bajó presuroso y tomando a su esposa amorosamente por la cintura la ayudó a bajar del carro. Le dijo que guardaría los caballos y la invitó a pasar a su nueva casa. Galahad se demoró un poco más porque prefirió contemplar la puesta del sol hasta que la línea roja terminó de desaparecer en el horizonte. Recién entonces Sir Galahad tomó aire y entró. El fuego del hogar estaba encendido y, frente a él, una figura desconocida estaba de pie, de espaldas a la puerta. Era la silueta de una mujer vestida en gasas blancas semitransparentes que dejaban adivinar las curvas de un cuerpo cuidado y atractivo. Galahad miró a su alrededor buscando a la mujer que había entrado unos minutos antes, pero no la vio. —¿Dónde está mi esposa? —preguntó. La mujer giró y Galahad sintió su corazón casi salírsele del pecho. Era la más hermosa mujer que había visto jamás. Alta, de tez blanca, ojos claros, largos cabellos rubios y un rostro sensual y tierno a la vez. El caballero pensó que se habría enamorado de aquella mujer en otras circunstancias. —¿Donde está mi esposa? —repitió, ahora un poco más enérgico. La mujer se acercó un poco y en un susurro le dijo: —Tu esposa, querido Galahad, soy yo. —No me engañas, yo sé con quién me casé —dijo Galahad— y no se parece a ti en lo más mínimo. —Has sido tan amable conmigo, querido Galahad, has sido cuidadoso y gentil conmigo aun cuando sentías que aborrecías mi aspecto, me has defendido y respetado tanto como nadie lo hizo nunca, que te creo merecedor de esta sorpresa… La mitad del tiempo que estemos juntos tendré este aspecto que ves, y la otra mitad del tiempo, el aspecto con el que me conociste… —la mujer hizo una pausa y cruzó su mirada con la de Sir Galahad—. Y como eres mi esposo, mi amado y maravilloso esposo, es tu privilegio tomar esta decisión: ¿Qué prefieres, esposo mío? ¿Quieres que sea ésta de día y la otra de noche o la otra de día y ésta de noche? Dentro del caballero el tiempo se detuvo. Este regalo del cielo era más de lo que nunca había soñado. Él se había resignado a su destino por amor a su amigo Arturo y allí estaba ahora pudiendo elegir su futura vida. ¿Debía pedirle a su esposa que fuera la hermosa de día para pasearse ufanamente por el pueblo siendo la envidia de todos y padecer en silencio y soledad la angustia de sus noches con la bruja? ¿O más bien debía tolerar las burlas y desprecios de todos los que lo vieran del brazo con la bruja y consolarse sabiendo que cuando anocheciera tendría para él solo el placer celestial de la companía de esta hermosa mujer de la cual ya se había enamorado? Sir Galahad, el noble Sir Galahad, pensó y pensó y pensó, hasta que levantó la cabeza y habló: —Ya que eres mi esposa, mi amada y elegida esposa, te pido que seas… la que tú quieras ser en cada momento de cada día de nuestra vida juntos… Cuenta la leyenda que cuando ella escuchó esto y se dio cuenta de que podía elegir por sí misma ser quien ella quisiera, decidió ser todo el tiempo la más hermosa de las mujeres. Cuentan que desde entonces, cada vez que nos encontramos con alguien que, con el corazón entre las manos, nos autoriza a ser quienes somos, invariablemente nos transformamos
Creo que a muchos les ocurre, igual que a mi, tener esos dias donde se piensa si todo de lo que nos rodeamos, lo que hacemos cada día, lo que queremos para nosotros... nos hace realmente felices. La felicidad no la encontramos a la vuelta de la esquina, aunque a veces la tenemos frente a nosotros y no sabemos que esta ahi, ella continuamente esta gritandonos incansablemente y diciendonos que no todo es tan malo, ni tan facil como parece ¿No? Lo facil o dificil de las cosas, creo que esta en cada individuo, pero es muy común, por estos dias, no saber que dirección elegir, como transitar el ritmo acelerado de nuestras vidas, como escuchar las señales que nos dicen que este juego macabro, se vuelve una rutina, en la cual nosotros somos los principales actores, los participantes de una realidad a veces demasiada cruel. El contexto es el que nos esta llevando a la crueldad como forma de vida, en el trabajo, el colegio, la universidad,etc.,en todos los circulos estamos expuestos a volvernos crueles, a ser insensibles y donde la solidaridad ya no es un concepto innato en el ser. Duele saber que hoy por lo menos en mi país,mi provincia, mi gente, mi familia, la felicidad no es moneda corriente. Todos estamos envueltos en diversos vicios,la maldad,la envidia,el consumo, toda la tecnologia al alcance de nuestras manos, pero acompañada de poca educación y pocas intenciones de aprendizaje,lo material hoy es mas necesario que el amor propio, el amor hacia los demás. Consumidos por la contante inestabilidad emocional, economica, laboral...entonces como encontramos la felicidad???...donde la buscamos????....como podemos saber donde esta???, creo que es necesario ubicarnos en que lugar y de que modo nosotros queremos percibir la felidad, encontrarla en los pequeños resagos de esta real condena , que a veces nos regala segundos, y finalmente nos damos cuenta que el unico vicio al que debemos entregarnos es al del AMOR y ahi seguramente esta el camino a la FELICIDAD divina.- No se permite la copia o duplicación parcial o total del texto expuesto, sin autorización del propietario de este post.- VV

Día 1: Lunes Solo en casa. Mi mujer se va a pasar una semana afuera. Optimo. Creo que tendremos una semana inolvidable, el perro y yo. Hice un plano y programé mi tiempo. Se exactamente cuando debo despertarme, cuanto tiempo debo estar en el baño y cuanto tiempo me va a llevar preparar el café. También hice la suma del número de horas que necesito para lavar la ropa, planchar, arreglar la casa, llevar el perro a pasear, hacer las compras y cocinar. Y estoy agradablemente sorprendido en ver que todavía me sobra mucho tiempo libre. No se por que las mujeres hacen que las tareas domesticas parezcan algo tan complicado, cuando toma tan poco tiempo y es solo cuestión de organizarse. El perro y yo cenamos un bife cada uno. Coloqué sobre la mesa el mantel reservado para las fiestas, además de un ramo de rosas, para crear una atmósfera agradable, junto a un candelabro con velas. El come paté de entrada y después el plato principal, con una delicada guarnición de legumbres y bizcochos de postre. Bebo vino y fumo un habano. Hace mucho tiempo que no me sentía tan bien. Día 2: Martes Es necesario revisar con más detalles la programación. Parece que necesita algunos ajustes. Le expliqué al perro que no todo el día es feriado, por lo tanto debe esperar en las comidas, obvio que no hay ni tres platos, que todavía tengo que lavar. En el desayuno noté que el jugo de naranja exprimida tiene una desventaja. El exprimidor de frutas tiene que ser limpiado cada vez que se usa. Una posibilidad: exprimir la suficiente cantidad de naranjas para dos días. De esa manera puedo lavar el exprimidor con la mitad de la frecuencia. Descubrimiento: usted puede colocar salchichas en la sopa y de esa manera va a tener para lavar una olla menos. Ciertamente que no pretendo pasar la aspiradora por la casa todos los días, como mi mujer quería. Un día si y otro día no es mas que suficiente. El secreto es andar con chinelas y limpiarle las patas al perro. Me siento óptimo. Día 3: Miércoles. Tengo la sensación de que las tareas domesticas toman más tiempo del que me imaginaba. Debo repensar mi estrategia: Primer paso: compre comida lista en el supermercado a la que únicamente hay que descongelar. No es necesario gastar tanto tiempo cocinando. No me debe llevar más tiempo cocinar que comer. La cama es un problema: salir de entre las sabanas, después arreglar el lugar, tender la cama. Es todo tan complejo. No creo que sea necesario arreglar la habitación todos los días, especialmente sabiendo que volveré a dormir en ese mismo lugar esa misma noche. Parece una tarea sin importancia. No estoy preparando más comidas complicadas para el perro. Compré alimento que ya viene listo. El me pone una cara, pero, ¿qué puedo hacer? Si yo puedo comer comidas compradas y listas el también puede. Día 4:Jueves. Basta de jugo de naranja. ¿Cómo puede ser que una fruta de aspecto tan inocente pueda crear tal confusión? Es increíble. Voy a comprar jugo de naranja en botella, listo para beber. Descubrimiento: Conseguí salir de la cama sin desarreglar las sabanas y las frazadas. Todo lo que tuve que hacer es alisar un poco el cobertor. Claro: es necesario tener un poco de práctica y no hay que estar dando vueltas en la cama mientras se duerme. La espalda me duele un poco más y, para eso, no existe nada que un baño caliente no pueda resolver. He dejado de afeitarme todos los días porque realmente es una perdida de tiempo. Gano preciosos minutos que mi mujer nunca pierde porque ella no se afeita. Descubrimiento: No hay necesidad de cambiar de plato cada vez que uno se sirve una nueva comida. Lavar la ropa con tanta frecuencia me irrita. El perro puede también comer en un solo plato siempre. Al final es solo un perro. Nota: llegué a la conclusión de que se puede pasar la aspiradora una vez por semana. Día 5: Viernes Basta de jugo de naranja. Las botellas son demasiado pesadas. Descubrí lo siguiente: las salchichas son óptimas por la mañana. En el almuerzo, no tanto. Y en la cena, ni pensar. Si un hombre come salchichas por mas de dos días puede tener nauseas. Le di una ración de alimento balanceado al perro. Es nutritiva y no ensucia el plato. Descubrí también que la sopa puede ser ingerida directamente de la lata, y lo mismo con muchos otros alimentos envasados ya que tienen el mismo gusto. Sin plato ni cuchara. Así no me siento más un lavavajillas automático. Deje de fregar el piso de la cocina. Eso me irritaba tanto como hacer la cama. Nota: el problema de las latas es que ensucian el abridor. Día 6: Sábado ¿Por qué me debo sacar la ropa cuando me acuesto a la noche si de nuevo, a la mañana siguiente, debo vestirme otra vez? Prefiero pasar ese precioso tiempo acostado, descansando, antes que perderlo desvistiéndome y vistiéndome. Tiene otra ventaja, porque tampoco hay necesidad de usar frazadas ni cobertores, así que la cama queda siempre hecha. El perro ensució el piso. Me dio una bronca. Yo no soy su empleado. Curioso. Mi mujer me dice lo mismo de vez en cuando. Hoy es el día de afeitarme pero no tengo ganas. La paciencia está en el limite. Preparar el café, limpiar la cafetera, después la taza y la cuchara. Todo eso me irrita. Voy a almorzar directamente de la olla, encima de la mesa de la cocina, sin platos, cubiertos, repasadores ni cualquiera de esas otras cosas absurdas. Mis encías están medio inflamadas. Tal vez sea la falta de frutas, tan pesadas para cargar. Mi mujer me llamó por la tarde y me preguntó si lavé los vidrios de las ventanas y la ropa. Casi le di una risotada histérica. Le dije que no tuve tiempo. Hay un problema en la bañadera. Parece que el caño de desagüe se ha tapado. No me molesta mucho y decidí dejar de bañarme. Nota: el perro y yo comemos directamente de la heladera. Tiene que ser rápido, para no dejar mucho tiempo abierta la puerta porque los alimentos pierden frío. El perro y yo estábamos sentados en la cama viendo en la TV a varias personas que comen todo tipo de alimentos y golosinas. Quedamos con agua en la boca. Ambos estamos flacos y de mal humor. Día 7: Domingo Comí algo del plato del cachorro hoy por la mañana. A ninguno de los dos nos gustó. Debería tomar un baño, afeitarme, lavarme la cabeza y peinarme, darle comida al perro, llevarlo a pasear, lavar la loza, arreglar el dormitorio, hacer compras, entre otras cosas, pero no tengo fuerzas. Siento que estoy perdiendo el equilibrio y tengo problemas de visión. El perro dejó de mover el rabo y ni siquiera ladra. En un último acceso de autopreservación, nos arrastramos hasta un restaurante. Comimos varios platos de buenas comidas durante más de una hora, con vino - agua para el perro- y postre. Después nos fuimos a un hotel. El cuarto estaba limpio, arreglado y acogedor. Me parece que es la solución ideal para las tareas de la casa. Me imagino que mi mujer ya pensó lo mismo. PASEN Y DEJEN SU COMENTARIO!!!!

Comproba con este test quien es el personaje mas importante del mundo que es tu modelo a seguir. No hagas trampa y no veas las respuestas al final • Piensa un número del 1 al 9 • Multiplícalo por 3 • Súmale 3 • Vuélvelo a multiplicar por 3 (espero que no vayas por la calculadora eh) • Obtendrás un resultado de 2 dígitos, súmalos entre si para que te quede un solo dígito. ¿LISTO? Ahora revisa en la siguiente lista de personalidades de acuerdo al número que te resultó de estas operaciones y descubre quien es tu modelo a seguir: > > 1. Einstein > > > > > > 2. Nelson Mandela > > > > > > 3. Oprha Winfrey > > > > > > 4. George W. Bush > > > > > > 5. Bill Gates > > > > > > 6. Gandhi > > > > > > 7. Brad Pitt > > > > > > 8. Barack Obama > > > > > > 9. Vanefadecs > > > > > > 10. Teresa de Calcuta > > > > > > > > Ya lo sé, tengo ese efecto en la gente, pero vos también puedes ser como yo, creeme!! jajajaja > > > > > > > > P.D. No pruebes con diferentes números, nada cambiará!!!