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Primer post: 24 abr 2011Último post: 24 abr 2011
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Testimonio del genocidio Armenio de 1915
InfoporAnónimo4/24/2011

Entrevistas con sobrevivientes: Krikor Vartian: un testimonio estremecedor (Diario Armenia, 19 de Julio de 1985) Un 24 de abril, hace ya 96 años, marcó el comienzo de una herida que aún hoy no ha cicatrizado. Una de las consecuencias que produjo fue la dispersión armenia. Los armenios tuvieron que aprender a vivir fuera de la patria. Felizmente, fueron bien recibidos en todo lugar, donde cada víctima se ha cobijado con todos sus recuerdos, sus tradiciones, su dolor… Las nuevas generaciones, se concentran en la búsqueda de la justicia, la paz y de ese grito que debe hacer vibrar al mundo para que tome conciencia de lo sucedido. Conocemos los hechos a través de los libros y la historia, o transmitida de generación en generación. Hoy vamos a conocer uno de los millares de testimonios de sobrevivientes. Krikor Vartian tiene sellado en su memoria una colección de historias vivas, de recuerdos y voces. Con sus ojos tristes como espejo de su corazón, comenzó diciendo: _ Nací en el año 1903 en la ciudad de Hadjin. Viví allí hasta 1915, que terminé mis estudios primarios. Cuando iba a ingresar en la escuela secundaria, tuve que emigrar. _ Cuál fue la causa ? Nos enteramos que uno de los organizadores de las matanzas, Hakvel, mandó llamar a todos los niños de ocho a doce años de edad para tener un listado con nombre y apellido de cada uno. Mi madre optó por no llevarnos. A pocos días de esto, nos enteramos que a esos niños los habían deportado hacia los desiertos, donde cavaron pozos, echaron petróleo y los quemaron vivos. Rápidamente nos exiliamos cerca de Der el Zor. Allí la familia comenzó a dispersarse. Cuando quedé solo en casa, una mañana, llegan soldados turcos a la ciudad, matando a todo armenio que encontraran en su camino. Sentí los gritos de la gente y me escondí en un subsuelo de 50 cm. que tenía el piso de madera de la habitación. De pronto sentí cuando entraron y comenzaron a clavar sus lanzas en los pisos porque sabían que estos servían de escondite. Me puse contra un rincón y me salvé. Nos volvimos a escapar caminando a Alepo, donde llegamos en cuarenta días. A partir de ese momento comenzó la odisea. Una vez que llegamos al río Éufrates, los turcos tomaron prisionero a mi padre para que trabajara de carpintero, su oficio de toda la vida. A los seis meses murió de una enfermedad contraída allí. _ Usted me contó que escapó de Der el Zor hacia Alepo caminando. Significa que algo sabía… Sí, los rumores siempre corrían. Algunos se enteraban con sobornos de pequeñas cosas, pero era peligroso a la vez, pues algunos no lo aceptaban y mataban a la persona. Como te contaba, mi hermana y mi madre huyeron a Der el Zor y allí desaparecieron. Mi hermana mayor cayó prisionera de los ingleses y a mi hermano menor lo compró un árabe y luego lo vendió por una moneda. Cuando terminó la guerra reclutaron en un campamento a todos los niños que nos encontrábamos en los alrededores de Siria. Éramos más de 200.000 _ En qué año fue eso ? _En 1918. No teníamos pan ni dinero. Repentinamente apareció un primo mío. Hacía tres días que había escapado de las deportaciones. En pocos días entré en un orfanato norteamericano. Un par de meses después los turcos se apoderaron del asilo. Éramos aproximadamente 1.200 niños. La cruz roja turca comenzó a hablarnos de buen modo para convencernos de transformarnos al islamismo. Si aceptábamos nos prometían buen cuidado, alimentación y vestimenta. Ninguno de nosotros respondía, todos escuchábamos en silencio y supongo que la mayoría estarían recordando la bestial manera en que presenciaron el asesinato de sus padres, hermanos y familiares. Pero tres de los chicos aceptaron la propuesta turca e inmediatamente les pusieron entre sus manos un trozo de pan, les limpiaron las caras y los vistieron. Cuando los soldados se retiraron furiosos al notar la indiferencia de estos jóvenes, los 1197 chicos les escupieron la cara a esos tres traidores. Esa misma noche me escapé pero antes de hacerlo, junto con otro chico, a la madrugada entramos en la carpa de provisiones de los turcos y robamos una bolsa grande de galletas para alimentar a los que se quedaban. Después, gracias a Esteban Keklikian, secretario del gobierno turco, pude regresar a Alepo, porque me mandó a unos árabes para que me asilaran. Viví mucho tiempo con esa familia. Pasaron los años y en 1925 llegué a Montevideo, donde nos encontramos con mis dos hermanos. _ Y qué contaban ellos ? Ellos lo pasaron peor que yo. Una de las cosas que me contaron fue que en Der el Zor desnudaban a niños, mujeres y hombres y luego los mataban a hachazos y martillazos. _ ¿Qué pensaba usted mientras transcurrían semejantes episodios? _ No pensaba nada. Había llegado un momento en que ya estábamos acostumbrados y no teníamos miedo a todo lo que pudiera suceder en el futuro. Era como una manera desgraciada de vivir. _ A los doce años tenía conciencia de lo que estaba pasando? _ Sí, pero nadie protestaba. _ ¿Qué más recuerda? Un día uno de los organizadores del genocidio mandó llamar a todos los niños que estábamos reclutados cerca del Éufrates. Nos llevó hasta la orilla del río y nos aconsejó que siempre nos portáramos bien porque él podía hacer de nosotros lo que quisiera. “Inclusive ahora los puedo ahogar en el agua” nos aclaró. Y dijo que como él tenía todo el poder había que gritarle muy fuerte “nuestro rey vive”, y para no morir tuvimos que gritar. Hasta el día de hoy me zumba en el oído su voz y la nuestra, obedeciéndole. También recuerdo que en las deportaciones había con nosotros un sacerdote. Nos propuso rezar y obviamente aceptamos. Cuando un soldado turco se enteró, se acercó a nosotros., tiró la cruz que tenía el cura y le arrancó la cabeza a garrotazos hasta matarlo. _ ¿Cuál es la impresión que guarda de esos momentos? _ Mire, ya tengo 82 años. A esta altura suelo olvidarme de muchas cosas. Pero estos episodios similares a una película, viven permanentemente delante de mis ojos cada vez que duermo. Siempre sueño con estas atrocidades y me despierto creyendo que estoy allí. Recuerdo que un día antes llovía y al día siguiente comenzaron a morir miles de personas. Ya no éramos tratados como gente, parecíamos animales… Muchas veces cuando les he contado a mis nietos todo esto me preguntan: “pero abuelo, ustedes no tenían manos para defenderse”. No sé… no sé qué nos pasaba en esos momentos, parecía que por arte de magia nos hubieran quitado todas nuestras fuerzas y que nuestro destino fuera sufrir. Krikor Vartian formó su familia en Montevideo, Uruguay junto a su esposa Lusadzin, tuvo cuatro hijos: Beatriz, Arusiak, Shaqué y Armen. Participó activamente en su comunidad primero allí y luego en Buenos Aires. Fue uno de los fundadores de Radio Gomidás de Montevideo. Transmitió su fuerte carácter hadjintsí, su voluntad, su templante de no rendirse jamás y todas sus vivencias a muchos de sus nietos( y llegó a ser bisabuelo 3 años), de los cuáles estuvo muy orgulloso hasta su fallecimiento el 30 de mayo de 1990 (comenzó a enfermarse al leer las noticias de los problemas en Nagorno-Karabagh, temiendo que nos volviera a pasar otra tragedia). Su máximo sueño era ver a su Armenia, independiente. Sus últimos 5 minutos de vida, con sus hijos a su lado, fueron dramáticos. Tuvo en su subconsciente guardadas todas las imágenes y vivencias 75 años, las cuales, tal como la narración de una trágica película, las soltó 5 minutos antes de fallecer, relatando su escape a los 12 años de manos de los turcos… Su nieto mayor, Edgardo Sarian, le rinde este homenaje y nos recuerda el legado de su abuelo de hace muchos años: Querido nieto, a vos que te gusta tanto nuestra música armenia, seguí haciéndola por siempre, pues esa es otra forma para mostrarle al mundo que seguimos vivos.

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