unacolombabianca
Usuario (Argentina)

Héctor Tizón Breve biografía Héctor Tizón nació el 21 de octubre de 1929 en Yala, provincia de Jujuy. Fue abogado, periodista, diplomático, exiliado y regresado. Es considerado uno de los mejores escritores de lengua española. Ha viajado largamente por el mundo; como diplomático de 1958 a 1962, como exiliado de 1976 a 1982. Vivió en México, París, Milán y Madrid, pero "su lugar en el mundo", al que vuelve una y otra vez, es Yala, Jujuy. Su primer libro fue publicado en México en 1960, A un costado de los rieles. Parte de su obra, siempre fiel a sus raíces y su lugar de origen con sus mitos e historias, ha sido traducida al francés, inglés, ruso, polaco y alemán. A su actividad profesional como juez y escritor, le suma también el de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, "cargo" que le otorgara el gobierno francés recientemente. Dos cuentos Nunca es posible regresar a nada La última de sus visitas había ocurrido quizá cuatro años atrás. Aunque para alguien como él, que había pasado largos años encerrado, el tiempo era distinto -pesado, lento, denso y distinto-, aun así recién ahora -que en verdad lo pensaba- sentía que había transcurrido, desde entonces, mucho más que la mera suma de meses y de años. En aquel momento le había vuelto a decir -lo quiso decir por última vez- que no volviera más; que nada valía la pena, que él ya era otro y que ella también era y sería distinta a medida que el tiempo pasaba. Estaban esa mañana de un domingo sentados frente a frente, aunque separados por la tela metálica y la discretamente alerta mirada de los guardianes. Las pocas palabras que ambos se dijeron fueron en voz baja, en un tono que pretendía ser objetivo y neutral, pero cohibido por un sentimiento que tal vez simulaba o disfrazaba de indiferencia y quedaba en algo semejante al vacío. En esa última visita había otras gentes, no lejos, en la misma situación, que también hablaban con voz aplacada, aunque de vez en cuando reían. Hacía calor, lo recordaba porque volvía a escuchar el seco, amortiguado, suave golpe de las aspas de los grandes ventiladores que pendían del techo de aquella sala de recibo en el penal. Luego sonó un timbre y él se levantó. "Es el primero", dijo ella. Y él dijo que sí, que era el primero -faltaban dos más-, pero que era mejor así y que era inútil esperar los otros dos. Ya estaba de pie cuando lo dijo. Ahora recordaba la clara mirada de sus ojos, velados por la desdicha. Ella después escribió tres o cuatro cartas, que le entregaron abiertas, como siempre, y que sin leerlas rompió y echó a la basura. Después, empleando varios sistemas impuestos por la voluntad y la disciplina, la expulsó de sus recuerdos. Y, cuando al cabo de un largo y esforzado tiempo, cuando ya estaba seguro de no tener nada ni a nadie, tuvo un sueño, y en el sueño la volvió a ver, casi simultáneamente le notificaron que había sido indultado por el gobernador. En el sueño estaba ella como la había conocido, su imagen, la mirada de sus ojos, su indumentaria y su voz que le hablaba sin que sus labios se movieran, como ocurre en los sueños; y ya no pudo apartarla de sí durante los días y las noches, hasta que el pesado portal del cautiverio se abrió y él estuvo luego de todos aquellos años en la calle. Era la víspera de Navidad. A bordo del ómnibus que lo llevaba al centro de la ciudad, iba redescubriendo el paisaje, que era el de siempre; los edificios, algunos iguales a sí mismos y los automóviles tan distintos, veloces y asombrosamente numerosos en comparación con los que hacía mucho tiempo había dejado de ver. El sol se ponía. Nadie puede atrapar la temblorosa belleza de un atardecer, pensó. Por la radio se escuchaban villancicos una y otra vez. Era ya de noche cuando cobró el valor necesario y comenzó a caminar hacia la casa, en cuyo frente un arbolito lucía adornos de luces encendidas; aquella misma casa adonde, casi al mismo tiempo llegaba otro, que no era él, y con quien ella, que seguramente ya esperaba en la puerta, estuvo largo momento abrazada, como si extrañamente hubiese presentido alguna sombra ajena. Después, definitivamente, los arbustos de enfrente lo ocultaron. Epifanía. Algunas veces, antes de que anocheciera, se podían distinguir en el pálido horizonte unos trazos difuminados semejantes a nubes. Pero ya nadie recordaba la lluvia. La aridez sólo era morigerada por la humedad que en los amaneceres destilaba el rocío de las escasas plantas. Para los de aquí, descendientes de adoradores del sol, el sol es el infierno, que seca la piel antes de que la muerte llegue; estos hombres ya ni siquiera saben defenderse porque han perdido el concepto del mal. Hacía mucho tiempo que no nacía una mujer en estos pagos, y por falta de hembras los varones mozos debían exiliarse; ya sólo quedaban los ancianos; las mujeres, multíparas, morían, y a los jóvenes se los llevaba el camino. El día en que las dos comadronas anunciaron la inminencia del nacimiento fue, para todos, de fiesta. Por la forma esférica y no ovoidal del abdomen, por el rumor silencioso como de vientos profundos que las viejas oían al poner sus orejas sobre el vientre grávido, y por la entrañable suavidad y tibieza de la piel, estuvieron seguras las parteras del inminente advenimiento. El hecho se expandió por las comarcas: ahora, otra vez, iba a nacer una hembra; y esto era como una esperanza y como una flor. Con el anuncio se preparó el ágape, que sería una comida fraternal y primitiva: cordero asado con hierbas amargas, y maíz; y música de viento. El pueblo no era grande, apenas siete casas, con sus corrales circulares de piedra seca. Se obstinaba la gente en construir sus casas en esta paramera, sólo apta para senderos de cabras, cuando a lo sumo podría ser habitada por el viento polvoroso. Un cuento inmemorial pretende que aquí, o muy cerca de aquí, alguna vez existió un lago; nadie lo cree pero nadie lo niega, y todos los pequeños pueblos de esta región lo reclaman para sí. Algunos hasta han creído ver los rastros o vestigios de ruinas, de cobijos de pescadores que echaban sus redes a la luz de la luna. Los pequeños pueblos no son más de tres, separados entre sí por leguas tan yermas como las del país de Caín, a quien el Señor había condenado a vagar por el desierto. De allí salieron dos hombres, impulsados por el rumor del nacimiento, y estos dos se hallaron en un cruce de senderos con otro más, y los tres juntos emprendieron el camino. Casi no hablaron entre ellos, puesto que lo que pudieron haberse dicho ya cada quien lo sabía. Los tres viajeros pasaron la noche a la intemperie y durmieron encogidos junto al fuego que se extinguió al amanecer. Sólo dos tenían cada cual una alforja; uno de ellos llevaba un pequeño pellón, y el otro una ollita del tamaño de una mano, con su tapadera; el tercero era tan pobre que no llevaba nada. Al amanecer del quinto día avistaron una delgada columna de humo que se mantenía erguida porque a esa hora el viento se recata. Apuraron el paso, pero el sol les ganó en llegar. No tuvieron que hacer ninguna pregunta y, enseguida, los tres estuvieron junto al jergón donde yacía la criatura recién nacida, que acababa de morir. Tampoco en el camino de regreso hablaron entre ellos, tampoco ahora tenían nada que decirse. Quizá porque todos sabían que vivir ahí era como una extravagante vanagloria.

Hola gente, me gustaría compartir con ustedes un artículo que leí sobre esta película tan taquillera. Comparto profundamente cada una de las cosas que su autora declara... Esta NO ES UNA PELÍCULA DE AMOR y su mensaje hacia las mujeres es profundamente PELIGROSO. Una carta a mis hijos acerca de 50 Sombras de Grey*. Mis adorables niños, Esta noche sucumbí a la presión social (exactamente lo que siempre les advierto que no hagan) y fui con un grupo de amigas a ver 50 Sombras de Grey. No le hice caso a la pequeña voz en mi cabeza que imploraba que no lo hiciera. Porque, después de todo, es sólo una tonta película, ¿no? Bueno, me gustaría haberle hecho caso porque tenía razón. Por otro lado, lo bueno de haber ido es que ahora tengo estas palabras para ustedes. Un día, en un futuro no muy lejano, voy a parpadear cuando me de cuenta de que son lo suficientemente grandes como para ver películas como 50 Sombras de Grey. Tengo que aceptar la dura realidad que sus ojos y sus pensamientos van a ver esta tontería tarde o temprano. Escribo esto para cuando llegue ese día, reconozcan a esta película como lo que es, en lugar de lo que pretende ser. Permítanme comenzar diciendo lo que 50 Sombras de Grey no es: No es una historia de amor. Se hace un trabajo bastante convincente para aparentar que lo es, pero por favor, créanme cuando les digo que el amor ni siquiera tiene una breve aparición en esta película. Tampoco es un cuento de hadas romántico con un poco de malicia inofensiva espolvoreada por encima. De hecho, el romance brilla por su ausencia. En esta pieza ‘inofensiva’ de Hollywood, un hombre guapo, rico y con experiencia utiliza su poder para seducir y manipular a una joven estudiante inocente para hacer un montón de cosas que son muy incómodas. Es una película sobre los deseos sexuales de control y violencia de un hombre narcisista y que se cree con el derecho de usar y abusar del cuerpo y la mente de una mujer joven y vulnerable como herramientas para su propia gratificación. Todo gira en torno a sus necesidades, junto con la expectativa arrogante que ella debe cumplir, a pesar de su incomodidad, para complacerlo. Me senté en el cine y miré a mi alrededor a cientos de mujeres comprando esta “historia de amor sexy” y me sentí enferma. Si todo un cine lleno de mujeres no era capaz de ver lo perjudicial que es esta línea argumental, ¿cómo diablos se supone que lo hagan las niñas y los adolescentes? Por favor, mis hijas, no permitan que esta idealización sexual las engañe sobre el abuso doméstico, creyendo que deben permitir ser tratadas como Anastasia Steele. Por favor, hijo mío, no veas esto un día y creas que está bien intimidar, manipular o faltarle el respeto a una mujer como el ‘héroe’ Christian Grey. Nadie, hombre o mujer, quiere o merece ser manipulado o tratado de manera sexual en contra de sus deseos. Espero que, cuando llegue el día en que hayan crecido lo suficiente como para estar en una relación, entiendan que lo que sucede detrás de las puertas del dormitorio siempre debe ser placentero para ambos, independientemente de sus gustos. Espero que entiendan que el consentimiento dado por la fuerza no es consentimiento para nada. Espero que exijan respeto y que entreguen respeto a cambio. Esta noche, salí del cine sintiéndome aterrorizada y un poco triste por su generación. Si esta es la película en la que basan sus ideales de amor y romance, entonces tengo que dejar algunas cosas muy claras y espero que estén escuchando. Si alguien quiere estar con ustedes, aparecer en sus trabajos sin avisar y actuar de forma posesiva cuando un compañero de trabajo les habla NO es romántico. Es espeluznante. Si las sigue cuando salen a bailar y las lleva a su hotel cuando están demasiado borrachas como para tomar una decisión racional, y luego las desviste y las pone en su cama, eso no es ser protector. Es acoso. De hecho, acoso es sólo el comienzo de lo que en realidad es. Si aparece en el interior de su apartamento sin haber sido invitado, no es romántico. Es allanamiento de morada. Si le dicen que no están interesadas y le piden que se vaya y él responde atándolas a la cama, teniendo sexo violento con ustedes incluso cuando en repetidas ocasiones dijeron que “no”, a la vez que amenaza con empeorar las cosas si hacen ruido, eso no es pasión. Es abuso. Si vende sus vehículos y les compra uno nuevo sin su permiso “para sorprenderlas”, no es romántico. Es robo y manipulación. Si él controla sus llamadas telefónicas, él no está enamorado de ustedes. Él está abusando y controlándolas. Si las golpea con un cinturón de cuero mientras que lloran, porque eso es lo que le da placer y les pide que lo hagan a pesar de su dolor, porque así se excita y luego se hace la víctima explicando todo, no hay banda sonora en el mundo que pueda acallar esa voz en sus cabeza que grita que el amor y el romance nunca estuvieron presentes en esta película y nunca lo estarán. Hijos míos, esta película me preocupa mucho, y tengo la experiencia de la vida de mi lado. Me estremezco al pensar que van a crecer con historias como esta modelando sus relaciones y que piensen que son algo “normal”. Por favor, mis preciosos hijos, tengan claro esto: El amor es suave. El amor nunca toma. El amor no exige. El amor es consentimiento mutuo. El amor no necesita paseos en helicóptero y regalos caros. El amor es suficiente. Cuando hay amor, la voz en sus cabezas no grita. Porque no hay motivo. Hijos míos, por favor háganme caso. Y, si deciden no hacerlo, entonces escuchen a la voz en sus cabezas. Con abundante amor, Mamá *Este artículo fue originalmente escrito por Michelle Lewsen para Scary Mommy.