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Primer post: 9 feb 2012Último post: 9 feb 2012
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La mente refina la guerra
InfoporAnónimo2/9/2012

Londres - Los avances en la neurociencia podrán ser aprovechados por las fuerzas armadas y en un futuro se podrán conectar armas directamente al cerebro de los soldados y crear fármacos que mejoren el rendimiento de las fuerzas amigas y que aplaquen el de las fuerzas enemigas. Estas son algunas de las aplicaciones que según la Royal Society (la Sociedad Real, la Academia de Ciencias del Reino Unido), se esperan lograr gracias al entendimiento que ahora se tiene del cerebro humano. El informe de la Royal Society sobre los usos de la neurociencia en las fuerzas armadas y el cumplimiento de la ley afirma que “hay dos objetivos principales en la investigación del cerebro: el mejoramiento del rendimiento de nuestras propias fuerzas y el aplacamiento del rendimiento de nuestros enemigos”. El documento, redactado por un grupo de expertos en neurociencia, seguridad, psicología y ética, anticipa, por ejemplo, someter a los individuos durante el proceso de reclutamiento a escáners cerebrales para elegir a aquéllos con las mejores capacidades según lo requiera la tarea. “Mientras una persona puede destacarse en la detección de objetivos en un ambiente abarrotado, otro podría sobresalir en la capacidad para tomar decisiones bajo presión”, dice el informe. Tecnología de interfaz Hoy en día, estas diferencias entre un individuo y otro pueden detectarse gracias a los avances en la neurociencia, con técnicas de estimulación e imágenes cerebrales. Y los científicos esperan en el futuro utilizarlas durante los proceso de reclutamiento, selección y entrenamiento de los soldados. Pero quizás una de las aplicaciones más sofisticadas de estas nuevas tecnologías será poder “conectar” directamente al cerebro de un soldado sus armas o drones (aviones no tripulados). Son las llamadas tecnologías de interfaz neural o interfaz cerebro-computadora (BMI, por sus siglas en inglés). Estas máquinas ya se están utilizando con individuos que sufren parálisis o amputación, las cuales permiten a la gente controlar una prótesis o el cursor de una computadora con las señales enviadas por el cerebro. “Debido a que el cerebro humano puede procesar imágenes -como objetivos- mucho más rápido de lo que el individuo puede tener conciencia, un arma conectada a un sistema de interfaz neural podría ofrecer ventajas significativas, en términos de rapidez y precisión, sobre otros métodos de control de sistemas”, afirma el informe. Los expertos también anticipan el uso de la llamada estimulación transcraneal por corriente directa (tDCS) para mejorar la toma de conciencia de un soldado cuando está en ambiente hostil. Esta técnica, que utiliza corrientes de energía para estimular zonas específicas del cerebro, ya ha demostrado (en programas de entrenamiento virtuales para tropas estadounidenses) que puede mejorar la capacidad de un soldado para detectar bombas en los caminos, francotiradores y otras amenazas ocultas. Y también está el uso de la farmacología y su impacto en las funciones del sistema nervioso, un nuevo campo de investigación llamado neurofarmacología. Esta investigación ya se utiliza para mejorar la prognosis de individuos con trastorno de estrés postraumático (TEPT) y se están llevando a cabo estudios detallados sobre cómo los medicamentos pueden mejorar la alerta, atención y memoria del personal militar. Se considera, por ejemplo, que la neurofarmacología podría conducir al desarrollo de fármacos que "incapaciten" de forma temporal al enemigo, por ejemplo, haciéndolo dormir. Regulación Aunque la Convención de Armas Químicas prohibe el desarrollo, almacenamiento y uso de armas químicas, incluidas las que causan incapacidad temporal, “hay excepciones -dice la Royal Society- que permitirían la producción y uso de agentes tóxicos para el cumplimiento de la ley, por ejemplo, para controlar disturbios o motines domésticos”. Pero este desarrollo, agrega el documento, no será posible en un futuro inmediato. Los científicos, sin embargo, están conscientes de que no todos recibirán con agrado los “usos hostiles” de la neurociencia y sus tecnologías. Por eso, subrayan, junto con estos avances serán necesarias regulaciones claras y firmes y que los gobiernos sean “lo más transparentes posible” cuando investiguen y utilicen estas tecnologías. “Sabemos que la investigación en neurociencia tiene el potencial de lograr enormes beneficios sociales”, expresa el profesor Rod Flower, de la Universidad Queen Mary de Londres, quien dirigió el informe. “Los investigadores se acercan cada día más al logro de tratamientos efectivos para enfermedades como Parkinson, depresión, esquizofrenia, epilepsia y adicción”, agrega. “Sin embargo, el entendimiento del cerebro y la conducta humanas, combinados con el desarrollo de fármacos, también pone de manifiesto formas de degradar el rendimiento humano”.

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Gladiadores tecnológicos
Ciencia EducacionporAnónimo2/9/2012

¿Un robot? ¿Cómo voy yo a hacer eso? Así pensaba a sus 13 años Darvin Ferrera, poco antes de embarcarse en un proyecto que le ha permitido construir, no un robot, sino varios, cuyo manejo, además, lo ha llevado a cosechar múltiples galardones junto a compañeros de su escuela. Darvin es el gestor de un club de ingeniosos jóvenes que desde 2009 participan en un proyecto de robótica al que ya se han unido decenas de alumnos de la Escuela Especializada de Ciencias y Matemáticas de University Gardens. “Cada vez tenemos un reto diferente y pones tu cabeza a pensar cómo dominarlo”, destaca al hablar de la aventura de crear máquinas de alta tecnología como parte de la dinámica en el equipo de robótica que en solo tres años ha sido reconocido con 17 premios en competiciones regionales e internacionales. La dedicación que han puesto desde siempre a sus proyectos les ha permitido ubicarse entre los mejores en las competencias de VEX Robotics, compañía líder en esta rama de la tecnología. En su primera competición fuera de Puerto Rico, en la que participaron 400 grupos juveniles del mundo entero, el club culminó sus pruebas en las posiciones 46 y 50. Sin embargo, aumentaron esfuerzos y en sus segundas competencias ascendieron a las posiciones décima y octava a nivel mundial en las categorías de programación y destrezas robóticas, respectivamente, narra Darvin, acompañado de Gustavo Ortiz, de 18 años y Jean Carlos Torres, de 17, otros destacados miembros del club. Al presente, el equipo -integrado también por Kevin González, Javier Díaz, Jon-Paul Virella, Sebastián Cáceres, Reinaldo Alcaide, Cristian Rodríguez, Norman Morales, Gabriel Ríos, Eduardo Rodríguez, Alberto Rivera y Yamil Martínez- se prepara para su próximo campeonato mundial, del 18 al 21 de abril en California, donde aspiran a colocarse entre los primeros cinco equipos en el mundo. Con ese firme propósito, afinan el funcionamiento de sus robots y practican con disciplina férrea en jornadas que incluyen sesiones después de clases, durante fines de semana y días feriados. Buscan perfección en la operación técnica, así como en destrezas físicas y de precisión mental, explica Darvin, quien ahora tiene 16 años. Compromiso “El compromiso que tenemos es lo que nos ha llevado a lograr nuestras metas”, subraya al admitir la satisfacción de completar ejercicios que sientan bases en conocimientos de ingeniería, el campo que cautiva en general a la mayoría de los gladiadores tecnológicos del equipo. Gustavo, quien aspira a convertirse en un perito en ingeniería mecánica, afirma que en este campo podría eventualmente aportar a promover la seguridad ciudadana con reguladores en vehículos con pilotos intoxicados o perfeccionando equipos en empresas como Apple. Jean Carlos, mientras, afirma que su experiencia temprana en la robótica lo motiva a encaminar su meta de desarrollar mejores sistemas de propulsión que adelanten la exploración humana. Y Darvin confiesa su preocupación por la protección ambiental y agrega que le gustaría ayudar a desarrollar equipo que permita agilizar la clasificación y procesamiento de plásticos, metales u otros materiales reciclables, garantizando un mayor reuso de nuestros recursos. El grupo recomienda a los jóvenes integrarse a grupos que los motiven a crear e innovar, sin importar las disciplina o destrezas que exploten. Explican que en su caso, al margen de aprender a ensamblar piezas mecánicas y diminutas computadoras para crear robots como su dúo de halcones 2218A y 2218B (White Hawk y Black Hawk, respectivamente), su proyecto de reto intelectual les ha permitido probar su temple, mejorar actitudes, trabajar en equipo y desarrollar estrategias. Todos estos aspectos son clave durante las competencias en las que se mide la precisión de sensores, potenciómetros y microprocesadores de los robots que cobran vida armados con las conexiones adecuadas, pero sobre todo gracias a la entrega y pasión de sus jóvenes comandantes.

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