tegosubest
Usuario
El equipo – iPod nano 8 GB Como ya se habrán enterado el nuevo iPod mantiene las mismas dimensiones que la versión anterior, posee una pantalla de 2,2 pulgadas y una cámara con micrófono, con la cual podemos grabar videos en formato H.264 VGA (640 x 480 pixels) a 30 fps. El empaque en el que viene es el mismo que encontramos en las anteriores generaciones del reproductor, una caja transparente que por si sola hace relucir al reproductor como si se tratara de un trofeo. Una vez abierta nos encontramos con los accesorios que acompañan al iPod: Un pequeño manual con la garantía del producto, el adaptador para dock, el cable de sincronización USB propietario (y que también nos permite cargar el equipo) y los ya conocidos audífonos de mala calidad que la compañía incluye desde el primer iPod nano que sacó al mercado. En general no se aprecian puntos negativos en cuanto a la construcción del reproductor, sí tenemos algunas dudas con la ubicación de la cámara (estando el equipo en forma horizontal y de frente, se ubica en la parte posterior al costado inferior derecho), debido a que tiende a ser tapada por nuestros propios dedos. El iPod nano de quinta generación (5G) mantiene el excelente acabado metálico de la generación anterior, por lo que no nos debemos preocupar por posibles rayones que lo puedan afectar (siempre y cuando no seas un troglodita con tus gadgets). Respecto a su rueda de navegación podríamos decir que es la misma que encontramos en la generación anterior del nano, con algunas modificaciones en su funcionamiento que permiten manejar de mejor forma las nuevas características con que cuenta este iPod y que detallaremos más adelanta. Reproducción de Audio y Video La interfaz de este nuevo iPod es la misma que encontramos en la generación anterior, por lo que no vamos a detenernos en ella para describirla en detalle. Claramente la reproducción de archivos multimedia es la clave del éxito de los iPod y en el caso de este nuevo nano, se ven mejoradas con la inclusión de una pantalla de mayor tamaño. Por el lado de la reproducción de archivos de audio este nuevo nano no incluye grandes mejoras, sólo se adicionaron un par de nuevas funcionalidades (Genius Playlists y Mixes). Se mantuvo la poca diversidad de formatos de audio soportados, pero esto no parece ser algo que importe mucho a los consumidores, quienes siguen demostrando su amor por los reproductores de Apple. En cuanto a la reproducción de video y tal como señalamos anteriormente, la incorporación de una pantalla de mayor tamaño se agradece, aunque en ningún caso significa que podemos ver una película completa de forma cómoda (ni hablar de una con subtítulos). En términos generales el nuevo nano no representa una evolución importante respecto a la reproducción de audio y video. Grabación de Video Podríamos decir que esta es una de las principales novedades del nuevo nano, aunque para nada fue una sorpresa porque se había filtrado con mucha anticipación su inclusión. Claramente no podemos pretender que la cámara del nano tenga las mismas características que una cámara de video normal, por lo que a nuestro entender esta cumple con los requerimientos básicos para obtener tomas de una calidad aceptable. Radio FM Una de las características que tarde o temprano Apple debía incluir en sus iPod era un sintonizador de radio FM. Los usuarios lo pedían desde hace mucho tiempo y era un elemento diferenciador para su competencia en el mercado de los reproductores. Claro que como suele suceder con los equipos fabricados por Apple no bastaba con incluir una simple radio FM en el iPod, sino que tenía que ser una radio con características que le otorgaran ese aura que parece elevar a sus usuarios a lo más alto del Olimpo. ¿De qué estamos hablando? De la posibilidad de grabar los últimos 15 minutos de transmisión de nuestra emisora favorita. Para hacer uso de esta nueva característica Apple debió modificar un tanto el funcionamiento de la rueda de navegación, ya que mientras escuchamos la radio podemos cambiar de emisora, modificar el volumen o retroceder/avanzar minutos de la emisora que estamos escuchando. Para ello basta con que presionemos el botón central de la rueda de navegación, de esta manera seleccionamos si queremos cambiar de emisora o retroceder la emisión en vivo de la radio. En cambio si queremos modificar el volumen, sólo debemos utilizar la parte superior de la rueda de navegación. También es posible dejar pre sintonizadas las frecuencias de radio que son de nuestro agrado (no logramos comprobar un límite máximo de radios) y, aquellas que soportan el sistema RDS, despliegan su información en la parte superior de la pantalla. Podómetro Otra de las características incluidas en este nuevo iPod es su podómetro, con el cual podemos ir registrando la cantidad de pasos que damos a diario. Para configurarlo sólo debemos ingresar nuestro peso (o sobrepeso en nuestro caso) y preparar nuestra mejor tenida para salir de paseo. El iPod registrará la información de todos los pasos que damos a diario, para luego revisar nuestras estadísticas por medio del calendario. Pero esto no es todo porque al sincronizarlo con iTunes podremos registrarnos en una página especialmente diseñada por Nike, con el objeto de ir midiendo el gasto energético que vamos realizando a diario, fijando una serie de metas que vamos cumpliendo en la medida que vamos acumulando pasos. El único punto negativo que encontramos en el uso de esta característica es que repercute fuertemente en el consumo de la batería, por lo que no recomendamos su uso de forma continua. Si quieres obtener aún más información de tu rendimiento físico, puedes utilizar los distintos dispositivos diseñados en conjunto con Nike para ello. Hablamos de las zapatillas Nike+, el Nike + iPod Sport Kit o, incluso, la interfaz que nos permite conectar el iPod nano directamente con la máquina de ejercicios Conclusión Como conclusión final podemos decir que este nuevo iPod nano representa una evolución y no una revolución de esta línea. Básicamente por el hecho de que no tenemos mejoras significativas en las características principales del reproductor, pero sí tenemos una serie de nuevas características que vienen a complementar las características del equipo. Si bien pensamos que Apple se demoró mucho tiempo en incorporar un receptor FM en el iPod, lo hizo agregando algunas características que lo diferencian de su competencia. Respecto a la cámara sólo podemos limitarnos a decir que esta cumple con lo básico, en relación con la calidad de las tomas obtenidas. La incorporación de diversos efectos mejoran la experiencia de usuario, pero de ninguna manera podemos compararla con una cámara normal. Lo Imperdible * Buena resolución de la pantalla * Buenos materiales utilizados en su construcción * Excelente diseño * Buena calidad de audio Lo Impresentable * Audífonos que sólo invitan a cambiarlos * Al activar el podómetro la duración de la batería se reduce considerablemente * Ubicación de la cámara no parece ser la más adecuada Fuente Lo coloque en Info ya que NO Existe Alguna categoria llamada geek o Gadgets.. como quieran llamarla

Diseño y dinero ¿Para qué se estudia la carrera de diseño? ¿Por lucro o altruismo? Lo que nos pasa con el dinero subyace a la respuesta de estas preguntas. A raíz de la publicación de mi artículo «Todas esas cosas que no son diseño» en FOROALFA, sostuve un breve intercambio de opiniones por correo con una diseñadora industrial colombiana, para quien lo que escribí en el texto me posicionaba como promotor del «diseño cortesano», concepto que usa Ramiro Espinoza para referirse a quienes, habiendo abandonado el altruismo, diseñan «como si fueran técnicos» vehiculizando «expectativas ajenas, renunciando a toda sublimación, cercenando su Eros creativo […] un sujeto alienado, que no tendrá conciencia de su rol en la sociedad y que, por lo tanto, será incapaz de reformularlo». No puedo estar más de acuerdo con el proceso descrito en el artículo de Espinosa respecto a las evoluciones y finalidades del diseño, pero naturalmente discrepo por completo de las consecuencias y las definiciones derivadas de dicha visión, las que por cierto traen consigo no sólo las palabras —que describen una situación que para Espinoza y para la diseñadora que opinó sobre mi texto no podía ser más indeseable (diseñadores sólo diseñando por dinero)—, si no además una creencia acerca de lo que es la técnica, la dependencia, la creatividad y el rol económico del diseño. Me decía la diseñadora que en el fondo le causaba tristeza que hubiese diseñadores que sólo trabajaran su profesión por el dinero, y esta apreciación que no puedo eludir ni devaluar, creo que es un ejemplo muy claro de la profunda crisis de las vocaciones profesionales y en paralelo de las promesas sociales relacionadas con la educación, dilema que no es privativo del diseño. Para muchos la vocación, o el llamado a ejercer una determinada disciplina, está disociada de la recompensa económica como patrón de medida del éxito. Idea similar uno suele hallarla en los discursos algo místicos y voluntaristas de gente que ha tenido considerable éxito (todos hemos oído el discurso de Steve Jobs en Stanford, o en una escala más modesta y local el puteo del alma que hace Federico Luppi en la película de Aristaráin, «Lugares Comunes»1 encarnando a Fernando, quien le dice a su propio hijo que lo ha traicionado por no haber seguido su vocación: «lo que le gusta», lo que lo «conmueve» y el hijo le responde que su trabajo «le entretiene y lo hace bien» que le está dando «un futuro» a los hijos y a su mujer —hay que verla—) y también de gente que muy posiblemente ama su trabajo sin haber tenido el mismo éxito de Jobs. Concuerdo que los mayores aportes que una persona puede hacer a su profesión son independientes de la recompensa económica. De hecho la autorrealización, en su más amplia acepción, permite involucrar toda clase de recompensas: reconocimiento de los pares (que no siempre redunda en riqueza material), comodidad existencial (sentirse a gusto en la situación cualquiera esta sea), sentido del deber cumplido, etc. Pero al mismo tiempo, el sentirse bien con uno mismo implica dosis de libertad que —en la sociedad de mercado que vio nacer al diseño y de la que éste se nutre permanentemente— están relacionadas con el poder adquisitivo, la gestión del dinero y la habilidad financiera en todo nivel: desde hacer maravillas con un bajo presupuesto, hasta saber invertir los excedentes de una exitosa operación comercial. Todo lo que se ha dicho está muy bien, además no se ha hablado de formar comunidades autoabastecidas basadas en el trueque, o de volar el sistema económico para «liberar» a nadie, como postula Fight Club2. Pero debemos reconocer que estamos hablando de una sociedad en que el aprendizaje de una profesión deriva de una necesidad social o de una falla de mercado que requiere personas capacitadas y con las competencias adecuadas para resolver dichas necesidades o fallas. Además debemos considerar que en este mismo escenario impartir la educación es también un legítimo negocio, y como todo negocio se sustenta sobre promesas de satisfacción del consumidor a cambio de dinero. Por cierto las escuelas de diseño explotan ambos argumentos para atraer matrícula (ojo que no hablo de alumnos, ni estudiantes): por un lado cumplir sueños, seguir la vocación, explotar los talentos y luego ser útil al país, a la empresa, al futuro, etc. Así, si bien en las promociones de educación profesional nunca se habla de asegurar trabajo, campo ocupacional ni opciones de desarrollo que no sean académicas (salvo contadas excepciones), creo que es justo que la educación del diseño se haga cargo de la complejidad involucrada en compatibilizar vocaciones, talentos reales, desarrollo de habilidades técnicas y sociales con demandas reales; ya sean explícitas de la industria y el comercio, o de necesidades concretas de la población sin acceso al apoyo del estado. Una opción no desestima la otra. Pero así como creo que la enseñanza humanista en su definición más genérica es necesaria para cualquier tipo de educación, el foco desmedido que ésta ha recibido en la enseñanza de nuestra disciplina ha generado un doble problema a quienes ejercemos la profesión: la necesidad de una conversión (que es casi una apostasía a los credos académicos de antigua raigambre) del mundo ideal de la academia al crudo mundo del trabajo, y la imagen instalada de que el perfil del diseñador se aproxima más a un anarquista bohemio (por lo general mal preparado para enfrentar al mercado, a los clientes o a cualquier tipo de institución no educativa) que a un asesor estratégico al servicio de las empresas y su país. Esto demuestra en mi opinión un conflicto muy extraño entre las creencias acerca de lo que representan los conocimientos «humanistas» y artísticos para el diseñador, y lo que en realidad son «el arte y las humanidades», si es que tales cosas son factibles de ser definidas con un objetivo claro para el diseño (si es que a su vez éste es factible de ser definido para el bienestar de quienes lo ejercemos). ¿No será más bien que tenemos que definir la relación de las profesiones (la nuestra en particular) con el dinero? Un buen Articulo para leer... Fuente <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
Por: Milton Glaser Diez cosas que aprendí Comparto algunas cosas que aprendí a lo largo de los años, que tienen mucho que ver con lo que hacemos los diseñadores. 1. Sólo puedes trabajar para gente que te agrada. Es una regla curiosa que me llevó mucho tiempo aprender porque, de hecho, en los inicios de mi práctica sentía lo contrario. Ser profesional requería que no te gustara particularmente la gente para la cual trabajabas, o al menos que mantuvieras una relación distante, lo que significaba no almorzar con los clientes ni tener encuentros sociales. Hace algunos años me di cuenta de que lo opuesto era verdad. Descubrí que todo el trabajo valioso y significativo que había producido, provenía de relaciones afectivas con los clientes. No estoy hablando de profesionalismo; estoy hablando de afecto. Estoy hablando de compartir con el cliente algunos principios comunes. Que de hecho tu visión de la vida sea congruente con la del cliente. De otro modo la lucha es amarga y sin esperanzas. 2. Si puedes elegir, no tengas un empleo Una noche estaba sentado en mi auto fuera de la Universidad de Columbia, donde mi esposa Shirley estudiaba antropología. Mientras esperaba escuchaba la radio y oí a un periodista preguntar: «Ahora que llegó a los setenta y cinco, ¿tiene algún consejo para nuestra audiencia sobre cómo prepararse para la vejez?». Una voz irritada dijo: «¿Por qué últimamente todos me preguntan sobre la vejez?». Reconocí la voz de John Cage. Estoy seguro que muchos saben quién fue —el compositor y filósofo que influenció a gente como Jasper Johns y Merce Cunningham y al mundo de la música en general. Apenas lo conocí y admiré su contribución a nuestro tiempo. «Sabes, no se cómo prepararme para la vejez», dijo. «Nunca tuve un empleo, porque si tienes un empleo, algún día alguien te lo sacará y entonces no estarás preparado para la vejez. Para mi ha sido lo mismo cada día desde los doce. Me levanto a la mañana y trato de darme una idea de cómo llevar el pan a la mesa hoy. Es lo mismo a los setenta y cinco: me levanto cada mañana y pienso cómo voy a llevar el pan a la mesa hoy. Estoy excelentemente bien preparado para la vejez». 3. Alguna gente es tóxica, mejor evitarla (Este es un apartado del punto 1) En los sesenta había un hombre llamado Fritz Perls que era psicólogo gestáltico. La terapia Gestalt, derivada de la historia del arte, propone que debes comprender el «todo» antes de los detalles. Lo que debes observar es la cultura entera, la familia completa, y la comunidad, etc. Perls proponía que en todas las relaciones la gente puede ser tanto tóxica como enriquecedora entre sí. No es necesariamente cierto que la misma persona será tóxica o enriquecedora en todas sus relaciones, pero la combinación de dos personas puede producir consecuencias tóxicas o enriquecedoras. Y lo importante que puedo contar es que hay un test para determinar si alguien es tóxico o enriquecedor en su relación contigo. Aquí va el test: tienes que pasar algún tiempo con la persona, así sea tomar un trago, ir a cenar o ir a ver un juego deportivo. No importa demasiado, pero al final observa si te sientes con más o menos energía, si estas cansado o si estás fortalecido. Si estas más cansado, entonces te han envenenado. Si tienes más energía, te han enriquecido. El test es casi infalible y sugiero usarlo toda la vida. 4. El profesionalismo no alcanza, o lo bueno es enemigo de lo genial Cuando comencé mi carrera quería ser profesional. Esa era mi aspiración porque los profesionales parecía saber todo —sin mencionar que además les pagan por eso. Más tarde, después de trabajar un tiempo, descubrí que el profesionalismo en si mismo era una limitante. Después de todo, lo que profesionalismo significa en la mayoría de los casos es «reducción de riesgos». Así, si quieres arreglar tu auto vas a un mecánico que sepa como lidiar con el problema que tiene. Supongo que si necesitas cirugía del cerebro no querrás tener cerca a un doctor tonto inventando una nueva forma de conectar tus terminaciones nerviosas. Por favor hazlo de la forma que ha funcionado bien en el pasado. Desafortunadamente nuestro campo, el así llamado creativo (odio esa palabra porque se suele usar mal, odio el hecho de que se la use como sustantivo, ¿te imaginas llamar a alguien creativo?), cuando haces algo en forma recurrente para reducir riesgos o lo haces de la misma forma en que lo has hecho antes, se vuelve claro por qué el profesionalismo no es suficiente. Después de todo, lo que ser requiere en nuestro campo, más que cualquier otra cosa, es la transgresión continua. El profesionalismo no da lugar a la transgresión porque ésta incluye la posibilidad de error, y si eres profesional tu instinto te dicta no fallar, sino repetir el éxito. Entonces el profesionalismo como aspiración de vida es una meta limitada. 5. Menos no necesariamente es más Al ser hijo del modernismo escuché este mantra toda mi vida: «menos es más». Una mañana, antes de levantarme, me di cuenta de que era un sinsentido total, un asunto absurdo y bastante vacío. Pero suena importante porque contiene dentro de sí una paradoja resistente a la razón. Sin embargo no funciona cuando pensamos en la historia visual del mundo. Si observas una alfombra persa, no puedes decir que menos es más porque te das cuenta de que cada parte de esa alfombra, cada cambio de color, cada cambio de forma es absolutamente esencial para su calidad estética. No se puede probar de ninguna manera que una alfombra lisa es superior. Lo mismo con el trabajo de Gaudí, las miniaturas persas, el art nouveau y muchas otras cosas. Tengo una máxima alternativa que creo que es más apropiada: «suficiente es más». 6. El estilo no es confiable Creo que esta idea se me ocurrió por primera vez cuando miraba una maravillosa acuarela de un toro de Picasso. Era una ilustración para un cuento de Balzac llamado «La obra maestra desconocida». Es un toro expresado en doce estilos diferentes, desde una versión muy naturalista a una abstracción reducida a una simple línea, con todos los pasos intermedios. Lo que surge con claridad al observar este impreso es que el estilo es irrelevante. En cada uno de esos casos, desde la abstracción extrema al naturalismo fiel, todos son extraordinarios más allá del estilo. Es absurdo ser leal a un estilo. No merece tu lealtad. Debo decir que para los viejos profesionales del diseño es un problema, porque el campo está manejado más que nunca por intereses económicos. El cambio de estilo suele estar ligado a factores económicos, como todos los que leyeron a Marx saben. También se produce cansancio cuando la gente ve demasiado de lo mismo todo el tiempo. Entonces, cada diez años más o menos se produce un cambio estilístico y las cosas se vuelven diferentes. Las tipografías van y vienen y el sistema visual cambia un poco. Si tienes años de trabajo como diseñador tienes el problema esencial de qué hacer. Quiero decir, después de todo, has desarrollado un vocabulario, una forma que te es propia. Es uno de los modos de distinguirte de tus pares y establecer tu identidad en el campo del diseño. Mantener tus creencias y preferencias se vuelve un acto de equilibrio. La duda entre perseguir el cambio o mantener tu propia forma distintiva se vuelve complicado. Todos hemos conocido casos de ilustres médicos cuyo trabajo repentinamente se pasó de moda o, más precisamente, se quedó en el tiempo. Y allí hay historias tristes como la de Casandre, indiscutidamente el más grande diseñador gráfico de la década del 20 del siglo XX, que no pudo ganarse la vida en sus últimos años y se suicidó. 7. En la medida en que vives, tu cerebro cambia El cerebro es el órgano más activo del cuerpo. De hecho es el órgano más susceptible de cambiar y regenerarse de todos los órganos. Tengo un amigo llamado Gerard Edelman que es un gran erudito en estudios del cerebro, que dice que la analogía del cerebro con la computadora es lamentable. El cerebro es más como un jardín silvestre que constantemente está creciendo y esparciendo semillas, regenerándose, etc. Y él cree que el cerebro es susceptible —en una forma de la cual no somos totalmente concientes— a toda experiencia y a todo encuentro que tengamos en nuestra vida. Me fascinó una historia en un periódico hace pocos años acerca de la búsqueda del oído absoluto. Un grupo de científicos decidió que descubriría por qué alguna gente tiene oído absoluto. Son los que pueden escuchar una nota con precisión y replicarla exactamente en el tono correcto. Alguna gente tiene un oído muy fino, pero el oído absoluto es raro incluso entre los músicos. Los científicos descubrieron —no sé cómo— que en la gente con oído absoluto el cerebro era diferente. Ciertos lóbulos del cerebro habían experimentado algún cambio o deformación recurrente entre quienes tenían oído absoluto. Esto fue suficientemente interesante en sí mismo, pero entonces descubrieron algo aún más fascinante: si tomas un grupo de niños de cuatro o cinco años de edad y les enseñas a tocar el violín, luego de unos años algunos de ellos habrán desarrollado el oído absoluto, y en todos esos casos su estructura cerebral habrá cambiado. Bien… ¿qué podría significar eso para el resto de nosotros? Tendemos a creer que la mente afecta al cuerpo y el cuerpo afecta la mente, pero generalmente no creemos que todo lo que hacemos afecte el cerebro. Estoy convencido de que si alguien me gritara desde el otro lado de la calle mi cerebro podría ser afectado y mi vida podría cambiar. Es por eso que mi madre siempre decía: «no te juntes con esos chicos malos». Mamá tenía razón. El pensamiento cambia nuestra vida y nuestro comportamiento. También creo que el dibujo funciona de la misma manera. Soy un gran defensor del dibujo, no por haberme convertido en ilustrador, sino porque creo que el dibujo cambia el cerebro de la misma forma en que encontrar la nota correcta cambia la vida de un violinista. El dibujo te vuelve atento, te hace prestar atención a lo que ves, lo cual no es tan fácil. 8. La duda es mejor que la certeza Todo el mundo habla siempre de tener confianza, de creer en lo que haces. Recuerdo una vez en clase de yoga, el profesor dijo que, espiritualmente hablando, si tu crees que has alcanzado la iluminación apenas has alcanzado tus límites. Pienso que es verdad en un sentido práctico. Las creencias profundamente arraigadas de cualquier tipo evitan que te abras a experimentar, y es por eso que encuentro cuestionable a toda posición ideológica sostenida con firmeza. Me pone nervioso cuando alguien cree demasiado en algo. Ser escéptico y cuestionar toda convicción arraigada es esencial. Por supuesto hay que tener clara la diferencia entre escepticismo y cinismo, porque el cinismo es tan restrictivo a la propia apertura al mundo como las convicciones apasionadas: son como gemelos. En definitiva, resolver cualquier problema es más importante que tener razón. Existe una sensación de autosuficiencia tanto en el mundo del arte como en el del diseño. Tal vez comienza en la escuela. Las escuelas de arte a menudo comienzan con el modelo de personalidad singular de Ayn Rand, resistiendo a las ideas de la cultura que la rodeaba. La teoría de las vanguardias es que como individuo tu puedes transformar el mundo, lo cual es verdad hasta cierto punto. Uno de los signos del ego dañado es la certeza absoluta. Las escuelas alientan la idea de no comprometerse y defender tu trabajo a toda costa. Bien, el asunto es que todo trabajo tiene que ver más que nada con la naturaleza del compromiso. Sólo tienes que saber con qué comprometerte. La búsqueda ciega de tus propios fines a costas de excluir la posibilidad de que otros puedan tener razón, no tiene en cuenta el hecho de que en diseño siempre lidiamos con una tríada: el cliente, la audiencia y tu mismo. Lo ideal sería que mediante alguna clase de negociación todas las partes ganaran, pero la autosuficiencia suele ser el enemigo. El narcisismo generalmente proviene de alguna clase de trauma de la infancia que no debe profundizarse. Se trata de un aspecto muy difícil en las relaciones humanas. Hace algunos años leí una cosa muy notable sobre el amor, que también aplica a la naturaleza de la relación con los otros. Era una cita de Iris Murdoch en su obituario. Decía: «El amor es el hecho extremadamente difícil de darse cuenta de que el otro, que no es uno, es real». ¡¿No es fantástico?! La mejor conclusión sobre el tema del amor que se pueda imaginar. 9. Sobre la edad El año pasado alguien me regalo para mi cumpleaños un libro encantador de Roger Rosenblatt, llamado «Ageing Gracefully» (Envejeciendo con gracia). No me di cuenta del título en el momento, pero contiene una serie de reglas para envejecer con gracia. La primera regla es la mejor: «No importa. No importa lo que pienses. Sigue esta regla y agregarás décadas a tu vida. No importa si es tarde o temprano, si estás aquí o allá, si lo dijiste o no, si eres inteligente o estúpido. Si saliste despeinado o calvo o si tu jefe te mira cruzado o tu novio o novia te mira cruzado, si tu estás cruzado. Si consigues o no que te den ese ascenso o premio o casa —no importa». Sabiduría al fin. Entonces escuché un maravilloso cuento que parecía relacionada con la regla número diez: Un carnicero estaba abriendo su negocio una mañana y mientras lo hacía un conejo asomó su cabeza a través de la puerta. El carnicero se sorprendió cuando el conejo preguntó: «¿Tiene repollo?». El carnicero dijo: «Esta es una carnicería, vendemos carne, no vegetales». El conejo se fue saltando. Al día siguiente el carnicero estába abriendo su negocio y el conejo asomó su cabeza y preguntó: «¿Tiene repollo?». El carnicero ahora enojado le respondió: «Escúchame pequeño roedor, te dije ayer que vendemos carne, no vegetales, y la próxima vez que vengas por aquí te voy a agarrar del cogote y clavaré esas orejas flojas al suelo». El conejo desapareció precipitadamente y nada sucedió durante una semana. Entonces una mañana el conejo asomó su cabeza desde la esquina y preguntó: «¿tiene clavos?». El carnicero dijo: «No». Entonces el conejo dijo: «Tiene repollo». 10. Decir la verdad El cuento del conejo es importante porque se me ocurrió que buscar repollo en una carnicería sería como buscar ética en el campo del diseño. No parece ser el lugar más adecuado para encontrarla tampoco. Es interesante observar que en el nuevo código de ética de la AIGA (American Institute of Graphic Arts) aparece una cantidad importante de información sobre conductas para con los clientes y para con otros diseñadores, pero ni una palabra acerca de la relación del diseñador con el público. Lo que se espera del carnicero es que venda carne que se pueda comer y no mercadería engañosa. Recuerdo haber leído que durante los años de Stalin en Rusia, todo lo que llevaba la etiqueta de «ternera» en realidad era pollo. No me quiero imaginar qué sería lo que llevaba la etiqueta «pollo». Podemos aceptar algún nivel mínimo de engaño, como que nos mientan a cerca del tenor graso de sus hamburguesas, pero cuando el carnicero nos vende carne podrida nos vamos a otra parte. Como diseñadores ¿tenemos menos responsabilidad con nuestro público que un carnicero? Quien esté interesado en matricular el diseño gráfico, debería notar que la razón de ser de una matrícula es proteger al público, no a los diseñadores ni a los clientes. «No hacer daño» es una advertencia a los doctores que tiene que ver con la relación con sus pacientes, no con sus colegas o con los laboratorios. Si fuéramos matriculados, decir la verdad se convertiría en algo más importante en nuestra actividad Fuente
Por: Aitor Méndez Para comprender el sentido político del grafiti y el stencil, cabe distinguir la diferencia entre unas señales de apariencia política pero exclusivamente cosméticas, elaboradas desde el ámbito del diseño, y las auténticas expresiones del movimiento social. Recientemente he leído el artículo "Branding in the street", de Vik Arrieta, sobre la asimilación del grafiti por el entorno comercial. Su constatación es cotidiana y evidente. No necesita más explicación. Son en este caso los diseñadores que dándose cuenta de la relevancia que el medio tiene en el ámbito social se lanzan a su explotación. Llama la atención que en el texto no haya ningún juicio crítico sobre este fenómeno, llegando a adoptar un tono complaciente y acabando en una exaltación del la manipulación. El grafiti surge como el único medio posible para visibilizar la incontenible producción simbólica de ciertos sectores sociales sin recursos. Jóvenes cuyo ocio se desarrolla en las calles, que aprovechan el espacio visual de uso cotidiano para comunicar su mera presencia (léase la tradicional tendencia al tag) o, en posteriores desarrollos, para expresar reivindicaciones vetadas en otros medios de comunicación dirigidos por los poderes dominantes. En otras palabras. La producción simbólica en este sector de la población es inevitable (sí, la producción cultural es un fenómeno universal, no exclusivo de la industria) y su única salida posible es la calle. No olvidemos que la calle es un espacio procomún. No es un espacio libre, sin dueño, en el que cualquiera puede intervenir. Es un espacio regulado para que pueda ser utilizado por todos bajo ciertas normas. La invasión del procomún por los chavales para dar rienda suelta a sus incontinencias tribales me parece saludable pero el uso de las calles con fines comerciales me parece un quebrantamiento de la norma inaceptable. El artículo de Arrieta acaba con esta perla de la exaltación neoliberal, en el que el potencial comercial justifica todo. «Quizás los diseñadores estén tomando conciencia de la real importancia que cobra su oficio y su vocación por comunicar en forma bella; por lo que han decidido resignificar su rol en la cadena de la producción de consumos y dar un paso al frente, demostrando el dominio que tienen de los códigos urbanos y su capacidad de marcar». La publicidad y el ámbito de la comunicación en el entorno comercial está poseído de uno de los más altos índices de charlatanería.1 Esta situación se agrava al añadir la impúdica intención que anida en los diseñadores gráficos de abusar indiscriminadamente de su control del medio. Ahora el procomún, el espacio de todos, ya no es utilizado para la transmisión cultural popular, sino para «producir consumo» y «marcar». El texto viene a ser una justificación más de la práctica publicitaria desde la publicidad. Respecto al artículo «El stencil en Buenos Aires» de Daniel Wolkowicz, diré que parece una serie de intuiciones más bien poco rigurosas que una explicación de una práctica polifacética, con distintas dinámicas, distintas lógicas, lógicas excluyentes, como corresponde a un fenómeno complejo. Wolkowicz pretende dar una explicación política basándose en cuestiones formales (en el lenguaje) y en cuestiones metodológicas (clandestinidad y espontaneidad) e incurre en el clásico error de confundir causalidad con correlación. En este caso, más allá, causa y efecto. Cito: «Desde siempre el graffiti fue y es un lenguaje, que por sus características formales y tecnológicas condicionó el mensaje. La espontaneidad del aerosol y la clandestinidad de la pintada callejera, determinaron que su significado se asociara por forma y contenido a situaciones ocultas, políticas, anárquicas, de tribu, salvajes, herméticas, satíricas o de denuncia». Explicar la naturaleza política del stencil requiere situarlo en su contexto económico y social. Vayamos con lo social No es el lenguaje ni la clandestinidad lo que determina el contenido político de la acción callejera. Podría ser más bien al contrario. El mensaje político puede transmitirse mejor con cierto tipo de lenguaje. Pero lo relevante en este caso no es el lenguaje sino un medio que puede ser intervenido con independencia de los poderes dominantes. Esta independencia de las jerarquías se transforma en autonomía expresiva, porque no existe regulación institucional que condicione el mensaje. Es entonces cuando (hablando en un sentido memético) los mensajes que pueden estar vetados en otros medios encuentran un entorno propicio para proliferar. Acuérdense de McLuhan: es el medio el que condiciona las estructuras sociales. Es el medio el que permite o no la politización del mensaje. Vayamos con lo económico La proliferacción del grafiti, el stencil y todas sus ramificaciones se explican contextualizándolas en el terreno de la economía de la atención. Explicar ahora el fenómeno no ha lugar. Diré sólo que uno de los bienes escasos que regulan la concurrencia del mercado en una economía de bienes inmateriales (hablamos de capitalismo cognitivo) es la atención. La atención es un bien escaso porque las personas tenemos un límite. Podemos prestar atención a un número limitado de cosas, mientras que las ideas pueden distribuirse ad aeternum sin desgaste. Siendo la atención el objeto codiciado por todos, desde empresas hasta grafiteros de base, las calles se revalorizan por su condición de escaparate, y lo que antes fue colonizado por un grupo sin más posibles que la ocupación del procomún es ahora invadido también por instituciones diversas de distintas formas. Por ejemplo, el «street-artista» Zevs2, al igual que Banksy, interviene logotipos, el espacio público de carácter comercial, en una acción transgresora de la norma y fuertemente crítica con la sociedad de consumo mientras, al mismo tiempo, traslada sus acciones al ámbito más ferozmente comercial de la galería con la sencilla técnica de pintar en un lienzo lo que ha pintado por las calles. Esta dinámica (captar atención en las calles = prestigio en la galería) es la que finalmente persiguen los diseñadores de los que habla Arrieta. Otros como Noaz prefieren mantener una dicotomía hermética entre su trabajo en las calles, irreprochable desde la ética, y su trabajo como publicista, irreprochable desde el negocio. Sus dos mundos no se relacionan pero poseen lógicas excluyentes. Al final, el grupo de los desposeídos, los grafiteros del tedioso y clásico tag son los que han legitimado el medio para su intervención. La permisividad social hacia este sector ha permitido confundir su necesidad de producción simbólica con la necesidad de las empresas de rentabilizar un importante espacio de visibilidad en una economía de la atención. Esta segunda hornada de diseñadores y empresas que pretende un uso comercial del espacio público ha adoptado, desde un punto de vista formal, el lenguaje reivindicativo con fuerte connotación política que en un principio portaba el grafiti, pero desprovisto del mensaje original. Esta reificación estética desactiva por completo sus pretensionas sociales. Ya hemos visto que el carácter político es indisociable de la independencia institucional y la autonomía expresiva, así que, cuando el grafiti depende del mercado ¿dónde queda? Fuente
Amigos¡¡ Con el presente texto lo animo para que conozca personas sin temor a ser rechazado o por timidez y así ampliar su visión del mundo en que vive. No lo deje en teoría, practique lo que lee después de haber analizado el texto. Muchas personas pierden oportunidades por diferentes causas, la mayoría de ellas se debe a la timidez y al temor de ser rechazado. A nadie le gusta no ser aceptado, pero estuve algunos días reflexionando sobre el tema conmigo mismo y con otras personas llegando a la conclusión de que acercarse a una persona "desconocida" con el objetivo de conocerle no contrae ninguna pérdida y por el contrario mucho que ganar. Lo peor que podría suceder es que la persona te responda que no está interesada en conocerte (tendrá sus motivos) y hasta este momento no has perdido nada, al fin y al cabo es un desconocido que no tiene ningún lazo afectivo contigo y podrías decirte a ti mismo: "El se lo pierde". De otro lado, todo es positivo. El porcentaje de que sea positivo es más alto que el negativo debido a que todos como seres humanos somos curiosos y "tenemos" que conocer lo que no conocemos ¿A quién no le gusta conocer el porqué, cómo, quién, dónde de las cosas? Inevitablemente nos atrae. En este orden de ideas tendrás la oportunidad de conocer otros puntos de vista, otra manera de ver la vida a través de otros ojos y entender así porqué y cómo funciona este mundo. Este conocimiento es una gran herramienta para fortalecerte como persona y sobrevivir en esta selva de depredadores. Claro que la apariencia física, la belleza externa, juega un papel clave en esta historia. La belleza externa es con la primera que nos topamos, sin embargo algunas personas se quedan allá y sólo juzgan a priori, no conocen la importancia de la belleza interior. Con amor para todos mis amigo, conocidos y visitantes¡¡

La escalera No es correcto evaluar o criticar piezas diseñadas sin conocer realmente los objetivos y lineamientos que le dieron origen" Lic. Juan Morales - Paraguay Seguramente Ud. conozca la historia de los dos borrachos que iban por las vías del tren. Iban como podían, es decir, en cuatro patas. Uno de los borrachos le dijo al otro: —El arquitecto que diseñó esto es medio bruto ¡esta es la escalera más larga que he visto en mi vida! —Es bien bruto ¡mira la altura a la que puso los pasamanos!—, respondió el otro borracho. Me pregunto ¿cuántas veces nos ponemos voluntariamente en el papel de estos borrachos? Es decir, ¿cuántas veces nos comportamos como ellos? Lastimosamente, creo que muchas. Con la diferencia de que no lo hacemos con vías y escaleras, sino con piezas de comunicación visual. Pero primero ¿en qué se equivocaron los borrachos? Y antes que eso ¿estaban realmente equivocados? El error de los borrachos Si lo que tenían bajo sus pies hubiera sido una escalera, hubieran tenido razón. Una escalera de esa longitud y con los «pasamanos» a esa altura sería absurda y la persona que la hubiera diseñado podría ser considerada incompetente. Pero no se trataba de una escalera sino de las vías del tren. En este caso, las vías «estaban bien». Eran muy largas, sí, pero tenían la longitud necesaria. Y los «pasamanos» (los rieles) estaban a pocos centímetros del piso… el lugar correcto. El error de los borrachos fue simple pero craso: evaluaron un objeto creyendo que el objetivo del mismo era uno (facilitar el ascenso-descenso de personas) cuando en realidad era totalmente distinto (posibilitar el tránsito de trenes). Nuestro error La gente en general a menudo —y los diseñadores con cierta frecuencia— hacen lo mismo que los borrachos de la historia: al ver una pieza gráfica emiten un juicio de valor sobre la misma. Y lo que es peor, muchas veces hacen un juicio de valor sobre la calidad profesional de la persona que la diseñó. Y cometen el mismo error que aquellos: evalúan o critican la pieza gráfica sin saber realmente cuáles son los objetivos que debe cumplir dicha pieza o, dicho de otro modo, qué es lo que ella se propone lograr.1 En el mejor de los casos hacen como los borrachos: adivinan los objetivos, basándose en preconceptos. En la mayoría de los casos, sin embargo, omiten todo proceso intelectual (pensar o imaginar) y hacen un juicio injusto y hasta caprichoso, un juicio basado en la fatídica dupla «me gusta» y «no me gusta». Evitémoslo Criticar una pieza gráfica sin conocer los objetivos que ésta persigue o las necesidades a las que responde es tolerable en una persona ajena a la profesión. Después de todo, probablemente no sepa —ni está obligada a saber— cómo se diseña una pieza gráfica y —por ende— no sabe cómo evaluarla. Además, no tiene ningún compromiso con esta profesión. Sin embargo este tipo de acciones es más que reprobable viniendo de un diseñador gráfico, porque se supone que sí sabe cómo se diseña y se supone que no debería olvidarlo por momentos. Pero sobre todo es reprobable porque no condice con la actitud de respeto hacia su profesión (y hacia sus colegas) que se esperaría de un profesional. Por otra parte, hacer ese tipo de comentarios livianos sobre el trabajo de los colegas en presencia de personas ajenas al diseño puede influir de manera negativa el posicionamiento de la misma profesión en la mente del público. Al hacerlo, el mensaje que se transmite es algo así como: Las piezas gráficas son buenas o malas según me gusten o no me gusten; los objetivos o funciones no existen. Por lo tanto, realizar una buena pieza gráfica depende sobre todo de tener buen gusto y un poco de suerte de que la mire alguien a quien sí le guste. Para nada depende de que se hayan definido (o no) —antes de su elaboración— sus características, para que cumplan con unos objetivos determinados.2 Ayudemos a posicionar correctamente a nuestra profesión educando a nuestros interlocutores, concretamente a los que nos preguntan «¿qué te parece este logo? está bueno ¿verdad?» o «¿qué te parece aquél afiche? es muy malo ¿verdad?», comentándoles que no se puede evaluar una pieza gráfica desconociendo qué debe lograr o, al menos, reservándonos nuestros comentarios. Arriba el diseño .... no seas Fusilero Fuente