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Usuario (Argentina)
Carreteras solares, el asfalto del futuro Carreteras productivas En un garaje de Idaho, lejos del rugido de la civilización, el ingeniero Scott Brusaw está construyendo un sueño llamado Carreteras Solares (Solar Roadways). El Departamento de Transportes de EEUU ha firmado con él con un contrato de 100.000 dólares y ha fijado una fecha, 12 febrero del 2010, para tener el listo el primer prototipo de panel solar que «servirá para revolucionar el modo en que nos movemos y conseguimos nuestra energía». Scott Brusaw lleva soñando con las carreteras solares desde que jugaba al Scalextric de niño, pero la tecnología y los costes se interponían en su camino. Su punto de partida fue el cálculo que el experto en energía solar Nate Lewis lanzó hace tiempo: bastaría con instalar convertidores solares en el 1,7% del territorio nacional para satisfacer nuestra demanda energética. Esa misma proporción es la que cubre hoy por hoy la superficie asfaltada en EEUU, calentada a diario por el sol, esperando a que encontremos la manera de recoger la cosecha energética. Experimentos pioneros Mientras avanzan los experimentos como el del Instituto Politécnico de Worcester (WPI) para convertir el propio asfalto en recolector de sol y usar tuberías subterráneas para generar vapor y energía, Scott Busaw está desarrollando un concepto bastante más complejo, sobre la senda de «la gran convergencia entre la energía, el transporte y la infraestructura que se producirá en el futuro». La base de sus carreteras solares son unos paneles de 30 por 30 centímetros, de apariencia no muy distinta a las placas fotovoltaicas. Los paneles constan básicamente de tres capas: la superficie está hecha de un material traslúcido, rugoso y de alta resistencia, para soportar el peso de los vehículos y permitir la tracción. La segunda capa es la electrónica, donde se absorbe y se almacena la energía, con células fotovoltaicas y diodos emisores de luz (LEDs) que permitirán iluminar o pintar la superficie de la carretera. La tercera capa servirá para distribuir la energía y albergar también los cables de fibra óptica para las comunicaciones. Bushaw asegura que su visión será posible si se logra fabricar paneles a un coste medio de 5.000 dólares. Aunque el presupuesto total para reemplazar las carreteras de asfalto ascendería a 4.800 millones de dólares en Estados Unidos, el creador de Solar Roadways asegura que sus paneles tendrían una duración asegurada de 21 años y el precio final de sus carreteras se equipararía a las de asfalto. Mismas prestaciones El ingeniero eléctrico afirma que sus carreteras resistirán accidentes y serán inteligentes. Podrán generar calor para disolver la nieve y enviar mensajes a los automovilistas para hacer más fluido el tráfico. Contarán con aparcamientos y dispositivos para recargar los coches eléctricos. Según sus propias estimaciones, cada kilómetro y medio de carretera solar serviría para dar energía a 500 casas. El plazo de entrega del primer panel será en algo menos de cinco meses. «El primer parking experimental con placas solares podría estar listo en poco más de un año», asegura Bushaw. «En tres o cuatro años podemos estar construyendo las primeras carreteras públicas en EEUU», añade. La posibilidad de usar la red de carreteras para la captación de energía saltó hace dos años a la palestra en la reunión de la Sociedad Internacional de Pavimentos de Asfalto. Un estudio realizado por el Instituto Politécnico de Worcester concluyó en el «gran potencial del asfalto como colector solar». En San Diego, California, empiezan entre tanto a brotar los primeros árboles solares de Envision Solar, con la ambición de capturar hasta 17.000 horas de luz al año y propiciar a la vez sombra a ocho coches. Los árboles solares han echado ya raíces en decenas de aparcamientos como el del Laboratorio Nacional de Energía Renovable de Golden (Colorado), donde se cuece el futuro de la energía solar, que aún no llega al 1% de los hogares en EEUU. Casco para viajes virtuales hiperrealistas Hiperrealidad virtual ¿Cómo se vivía en la Grecia antigua? ¿Qué sonidos se escuchaban por sus calles? ¿Qué olores emanaban? ¿A qué sabía su comida? Hasta ahora, la realidad virtual únicamente permitía estimular algunos sentidos por separado, por lo general la vista y el oído, éste era su límite, pero esto puede cambiar en un futuro muy cercano gracias a un proyecto que están desarrollando distintas universidades británicas y con el que se podría llegar a estimular los cinco sentidos a la vez. Es lo que ellos llaman la virtualidad real. El proyecto fue presentado ayer en Londres en la feria tecnológica Pioneers 09, junto con otros proyectos financiados por el Engineering and Physical Sciences Reasearch Council. El objetivo de esta prestigiosa exhibición ha sido presentar las últimas investigaciones científicas que se están desarrollando en el país y poner en contacto a los equipos de investigación con sectores industriales a los que les podría interesar. ‘Hacia la virtualidad real’ es el nombre con el que se ha bautizado el proyecto que desarrollan de manera conjunta científicos de las universidades de Warwick y de York -además de otras universidades- y con el que quieren crear «una experiencia real en la que todos los sentidos sean estimulados a la vez de tal manera que el usuario logre una experiencia sensorial completa en la que no pueda decir si fue real o no», explica David Howard, uno de los tres científicos líderes del proyecto. Los cinco sentidos serían estimulados mediante un casco. En el stand de la realidad virtual había ayer una reproducción parcial de un velero, a tamaño real, en el que el usuario se podía sentar y experimentar lo que sentiría con el casco virtual integrador de los cinco sentidos. En el viaje del velero, los sentidos eran estimulados por separado. A través de unas gafas especiales se visualizaban imágenes 3D de la proa del velero levantándose por encima de las olas, mientras unos aspersores reproducían el intenso olor a salitre del mar, se escuchaba el ruido del viento contra las velas, el aire propulsado por un ventilador golpeaba el rostro y un espray lanzaba agua sobre el rostro. Concentrar estímulos «Nuestro proyecto consiste en concentrar todos estos estímulos en un casco parecido a éste», explica Marina Boj, física argentina de la Universidad de Bradford, que también participa en el proyecto, mientras señala un casco ubicado enfrente del velero. El casco tiene una enorme pantalla en la que se visualizarían las imágenes y unos auriculares que recogerían los sonidos del mar. Se complementaría con unos guantes con los que se generaría una experiencia táctil, y un sensor que se introduciría en la boca y provocaría los sabores. Por ahora, se trata únicamente de un proyecto, pero puede convertirse en realidad en un plazo de cinco años, si se consigue la financiación que se precisa. El simulador de los cinco sentidos transformaría la industria turística, al abrir la puerta al turismo virtual. Permitiría enviar a gente a la Luna o a Marte sin moverse, o que dos amigos o familiares que viven en Australia y en España pudiera realizar un viaje conjunto sin salir de casa, únicamente colocándose el casco. «Además, ellos tendrían el control de la situación, ya que con sus decisiones modificarían el viaje», explica Howard. Este científico de la Universidad York reconoce que lo más complicado es reproducir el sentido del sabor. «El sabor y el olor están muy relacionados y lo que queremos es dar una sensación de textura a algo que tenemos en la boca; si conseguimos el olor, tendremos el sabor», reconoce. Los científicos de la Universidad Warwick están desarrollando un invento pionero para el sentido del olfato. Esta innovación tendría múltiples aplicaciones en el mundo empresarial, ya que permitiría celebrar reuniones virtuales desde distintos lugares físicos y en el de la educación, porque permitiría a los niños hacer viajes en el tiempo. Otra aplicación sería la medicina, ya que posibilitaría la realización de operaciones virtuales, reproduciendo olores y texturas, o hacer seguimientos de operaciones a distancia. Ciberinsectos para el espionaje militar Ciberbichos James Bond podría ser muy pronto cosa del pasado. Al menos, si tenemos en cuenta las últimas investigaciones tecnológicas desarrolladas por el ejército estadounidense. Pero no, en esta ocasión no se trata de sofisticados aviones espía. Aunque tengan algo en común con ellos: el medio aéreo. Y es que la imaginación de los científicos de la guerra ha puesto su atención nada más y nada menos que en los insectos. La obsesión de científicos y militares por conseguir el espía perfecto, capaz de infiltrarse en las filas enemigas sin ser detectado, ha llevado a los investigadores a fijarse en el mundo de los insectos. ¿Se imaginan un pequeño robot volador, provisto de cámaras y micrófonos diminutos y fácilmente controlable por control remoto? Pues ésa es, precisamente, la idea que tienen en mente los militares estadounidenses. Sin embargo, en lugar de tratar de imitar a la naturaleza creando robots supersofisticados , los científicos han decidido probar con una vía intermedia: la creación de “ciberbichos”, esto es, insectos con implantes artificiales. Por el momento, los investigadores han logrado controlar el vuelo de polillas reales, acoplándoles pequeños dispositivos en su cuerpo, pero su intención es ir mucho más lejos. A través de un programa denominado HI-MEMS, siglas en inglés que podrían traducirse como Sistemas Micro-Electro-Mecánicos de Insectos Híbridos, pretenden implantar microchips quirúrgicos en los insectos mientras éstos todavía están desarrollándose, interconectando nervios y músculos para más tarde hacerse con su control total. Este insólito programa de investigación cuenta desde su inicio en 2006 con un presupuesto de 12 millones de dólares, cantidad que se ha incrementado año tras año. Entre los insectos sometidos a estas pruebas, se encuentran las citadas polillas, así como ciertos tipos de escarabajo en los que , según portavoces de DARPA (Agencia de Defensa para Proyectos de Investigación Avanzados), se ha logrado implantar con éxito algunos microchips, controlando parcialmente sus movimientos. Aunque los resultados actuales son prometedores, los científicos todavía tienen que solucionar algunos aspectos, como encontrar un sustituto a las baterías que “alimentan” a los microchips, así como mejorar el dominio de los ciberbichos. Un bebé… robótico CB2 Cuando intenta caminar, se mueve de forma patosa y le tiemblan las piernas como a cualquier bebé que está dando sus primeros pasos. Sus ojos, equipados con sofisticadas cámaras tras las pupilas, tienen la mirada curiosa del niño que quiere descubrir el mundo y su piel de silicona es suave como la de un recién nacido. Así es CB2, el bebé robótico diseñado por científicos de la Universidad de Osaka que demuestra una vez más los impresionantes avances tecnológicos que se están logrando en Japón con el objetivo de desarrollar humanoides cada vez más sofisticados. CB2 (las siglas en inglés de ‘Child-robot with Biomimetic Body’, o Niño-robot con cuerpo biomimétrico) está programado para reproducir la interacción entre un bebé de entre 1 y 3 años y sus padres, con el objetivo de comprender mejor los procesos de aprendizaje infantil. Sus creadores, encabezados por el profesor Minoru Asada, pretenden que el robot sea capaz de pensar como un bebé que interpreta las expresiones faciales de sus padres y las clasifica en categorías básicas, como felicidad o tristeza. “Nuestro objetivo es estudiar el desarrollo humano para comprender mejor cómo un niño aprende a hablar, reconoce objetos y se comunica con sus padres”, explica el profesor Asada. CB2, que mide 130 centímetros y pesa 33 kilos, ya es capaz de reconocer el tacto humano, por ejemplo cuando se le acaricia la cabeza, y de registrar expresiones emocionales con sus cámaras oculares. El robot fue presentado al mundo por primera vez en 2007, pero en los dos años que han pasado desde entonces, ha aprendido a caminar con ayuda de sus cuidadores humanos y ahora puede moverse por una habitación con bastante soltura, utilizando 51 ‘músculos’ mecánicos. El profesor Asada espera que a lo largo de los próximos dos años, su criatura robótica sea capaz de aprender a expresarse con oraciones sencillas, alcanzando la inteligencia de un niño de dos años. El chaleco “esquiva balas” Solo para espaldas flexibles Supongo que al leer esta noticia a todos les vendrán a la mente aquellas imágenes de Neo esquivando las balas con contorsiones imposibles en la película de Matrix (Y si no ya me encargo yo poniendo la imagen en concreto, jeje). Pues sí, de eso mismo se trata. El gigante de la informática IBM está trabajando en una nueva generación de chalecos anti balas en las que el blindaje queda en segundo plano. Lo que los investigadores de la multinacional quieren conseguir es un sistema que en lugar de absorber los impactos, los esquive. El chaleco consistiría en varios sistemas electrónicos, el primero escanearía de forma continua el perímetro de su portador a la busca de posibles proyectiles y, de encontrar alguno, calcularía en milésimas de segundo la trayectoria de éste. Y el segundo constaría de una serie de electrodos conectados a los músculos más importantes del sistema locomotor. De este modo, el ordenador mandaría una serie de descargas a los músculos correspondientes para que el portador del chaleco se contorsionase cual gato para salir del agua y esquivase de forma certera el proyectil. Puedo imaginar que a la velocidad que viaja una bala, todo el conjunto de acciones se debe producir a una velocidad increíble para que surta el efecto deseado y que uno debería de estar en condiciones físicas ejemplares, para no quedar poli traumatizado tras las involuntarias sacudidas. Supongo que esto, que en estos momentos nos podemos tomar a modo de chanza por lo cómico de las situaciones que podemos imaginar, acabará por utilizarse en un futuro no muy lejano. No sé si tendrá mucho futuro en la defensa personal de los altos mandatarios, pero sí que puedo augurar su uso, mucho más refinado, en los soldados de elite de los ejércitos mejor preparados. Que como los superhombres de los cómics, esquivaran los balazos con ágiles movimientos. Siempre y cuando, claro está, que a otro grupo de científicos no les dé por inventar unas balas inteligentes que engañen a este sofisticado sistema. Al fin y al cabo, así ha funcionado siempre el avance tecnológico. Unas gafas permitiran ver los obstáculos a los invidentes Tecnología contra la ceguera La Universidad Politécnica de Valencia (UPV) ha coordinado el proyecto europeo CASBLiP (Cognitive Aid System for Blind People), para desarrollar unas gafas especiales para invidentes que permiten sortear obstáculos a través de estímulos acústicos tridimensionales, según informó el profesor titular del Departamento de Ingeniería Gráfica de la UPV y uno de los coordinadores de la iniciativa, Guillermo Peris. El investigador advirtió de que el resultado de este trabajo de tres años es un prototipo que “aún está lejos de su producción comercial, que no será antes de tres o cuatro años”, aunque “ya tiene varias patentes”. A las dos herramientas principales de este proyecto se las ha denominado el M1 Y M2, que integran sistemas de adquisición de información tridimensional y su representación por medio de sonidos posicionados en el espacio. El M1 es un sistema de medición lineal de distancias de hasta 5 metros, “una línea láser en el espectro infrarrojo” cuyos “fotones -haces de luz- viajan desde las gafas hasta los objetos”, con lo que “se calcula el tiempo que tardan en ir y volver”, a partir de ahí, “se conoce la distancia hasta el sujeto y se transforma en sonidos tridimensionales o externalizados”, explicó José Luis González, profesor de la Universidad de La laguna. Peris puntualizó que, “este es el sistema básico que, por sí mismo, ya podría ser un producto”. Por su parte, el M2 es un sistema de análisis estereoscópico para la detección de obstáculos y pasillos libres de más allá de cinco metros, es decir, un casco con dos cámaras separadas que imitan la visión de una persona, de forma que “detecta objetos en movimiento o pasillos libres”. González explicó que con este procedimiento, “se captura la distancia del objeto y obtienen la posición relativa” y “a eso se le asigna un sonido externalizado para que el invidente sitúe al objeto”. Hormigas robóticas para colonizar Marte Un proyecto europeo ha dado los primeros pasos para crear enjambres de diminutos robots autónomos preparados para comunicarse entre sí y trabajara en equipo. En el proyecto I-SWARM colaboran ingenieros y científicos de varias empresas e instituciones europeas. Según sus creadores, una de las finalidades de estos robots, del tamaño de una hormiga, sería levantar las primeras construcciones en Marte ante una hipotética colonización del Planeta Rojo. Otros usos serían para reparar maquinaria, eliminar polución o administrar medicamentos en nuestro cuerpo. Los recientes descubrimientos de agua o de una composición del suelo marciano parecido al de la Tierra han estimulado las imágenes de seres humanos colonizando un día el Planeta Rojo. Sin embargo, los ingenieros y científicos de diferentes disciplinas de un proyecto europeo están ideando pequeñas hormigas robóticas para, precisamente, habitar la superficie marciana. Se trata de una avanzadilla que podría encargarse de construir allí las primeras edificaciones para el ser humano. “Estos pequeños robots trabajarían juntos y explorarían el planeta. Sabemos que hay agua y polvo; lo suficiente para empezar a construir estructuras, como casas para científicos”, comenta Marc Szymanski, de la Universidad de Karlsruhe, en Alemania, en declaraciones a ICT. Szymanski forma parte del equipo europeo de investigadores que está desarrollando pequeños robots autónomos que pueden cooperar para realizar diferentes tareas, como hacen las termitas, las hormigas o las abejas para conseguir comida o construir sus nidos. Bajo el paraguas del proyecto I-SWARM, el equipo ha creado 100 robots a escala de un centímetro y ha hecho importantes avances para construir enjambres de robots del tamaño de una hormiga. Parte de las investigaciones se han dirigido también a crear grupos de estos diminutos robots capaces de reconfigurarse solos y ensamblarse autónomamente formando un robot más grande. Los frutos de estos trabajos tendrán su continuidad en los proyectos Symbrion y Replicator, que forman parte del Séptimo Programa Marco de la UE. Varias aplicaciones La exploración de otros planetas es sólo una de las muchas aplicaciones que estos dispositivos pueden llegar tener, ya que pueden ajustar sus cometidos en función, por ejemplo, de los obstáculos que vayan encontrando en su camino. “Los enjambres de robots son especialmente útiles en situaciones en las que se necesita una continuidad. Así, si un robot deja de funcionar, la misión no se pararía porque otro robot tomaría su sitio inmediatamente”, comenta Szymanski. Según sus creadores, esto no es útil sólo en el espacio o en aguas oceánicas profundas. También puede aplicarse para reparar maquinaria, limpiar polución o llevar a cabo tratamientos dentro de nuestro cuerpo. Eso sí, todavía tiene que pasar tiempo para que veamos a estos robots trabajando en condiciones reales, como la hipotética colonización de Marte. Como hacen las hormigas, que observan lo que hacen sus compañeras, siguen a una de ellas o dejan un rastro químico para transmitir cierta información a la colonia, estos robots serían capaces de comunicarse unos con otros y el resultado sería algo parecido a una percepción colectiva. Los robots usan infrarrojos para comunicarse. Así, cuando uno se encuentra un obstáculo, por ejemplo, indica a los demás que lo rodeen para poder seguir su camino. Movimiento por vibración Un grupo de robots que el equipo llamó Jasmine, con un tamaño un poco mayor que una moneda de dos euros, usa ruedas para moverse. Los robots más pequeños, que miden solo 3 milímetros, se mueven mediante una vibración. Éstos últimos se mueven gracias a unos diminutos paneles solares. Jasmine, por su parte, incorpora una batería “El asunto es la energía. Cuanto más complejo es lo que tienen que hacer, más energía necesitan. Un robot que necesita levantar algo usa motores que requieren mucha energía”, anota Szymanski, destacando que esta es una de las principales dificultades con las que se han encontrado. En este sentido, el proyecto ha tenido que desarrollar un algoritmo especial para controlar unos robots de este tamaño, teniendo en cuenta las limitaciones que el procesador que incorporan tiene: sólo 8 kilobytes de memoria y dos kilobytes de memoria RAM, un millón de veces menos que un PC convencional. Las pruebas hechas hasta el momento han demostrado que los robots son capaces de interactuar, aunque por el momento los socios del proyecto no han conseguido producirlos en masa. En cualquier caso, Szymanski confía conseguir este objetivo pronto, ya que construir robots tan pequeños es casi como fabricar chips de ordenador. Su producción en masa aseguraría que su fabricación es relativamente barata y, entonces, se podrían empezar a preocupar por mandarlos a Marte. Jules, un robot con quien conversar Jules representa 40 años. Mirada serena. Amable al conversar. Sonríe, se enoja y hasta se sorprende cuando algo le impresiona, como cualquier persona normal. Pero es un robot. En realidad, es sólo una cabeza, pero su aspecto humanoide impacta, ya que es el primer robot que puede imitar las expresiones faciales y movimientos de los labios de la gente. Diseñado por el estadounidense David Hanson, ex trabajador de Disney y padre de varios androides realistas, Jules adquirió la capacidad de gesticular y entablar conversaciones gracias a científicos de la Universidad de Bristol, Inglaterra, quienes crearon un sistema de cables, cámaras y computadores internos que le permiten interactuar como un mortal más, que casi parece tener alma propia. El proyecto, llamado “Interacción humano-robot”, estuvo a cargo de los ingenieros Chris Melhuish, Neill y Peter Campbell Jaeckel, quienes tardaron tres años en terminar el software de inteligencia artificial, cuenta el “Daily Mail”. Pero Kerstin Dautenhahn, experta en robótica, cree que “la gente podría reaccionar negativamente”. Robots sensibles para acompañar a ancianos Kobian A veces es feliz, a veces está triste o sorprendido. O al menos, así lo parece. Se trata de Kobian, un nuevo robot humanoide desarrollado por la Universidad japonesa de élite de Waseda y la empresa Tmsuk en la ciudad de Kitakyushu. El objetivo del proyecto es darles a los robots lo único que no han conseguido hacer al igual que los humanos, tener emociones, según el periódico japonés Nikkei Kobian puede expresar siete emociones, como alegría, enojo, tristeza, felicidad y confusión con todo su cuerpo de metal. Para mostrar alegría, por ejemplo, eleva los dos brazos al aire y abre los ojos y la boca. Cuando está ‘triste’, pone una mano delante de los ojos, como si quisiera ocultar sus lágrimas. Amigo metálico para los ancianos japoneses Ante el rápido envejecimiento de la sociedad japonesa, varias empresas e instituciones del país llevan trabajando desde hace años en el desarrollo de humanoides y otros robots que puedan cuidar y acompañar a las personas en su vida diaria. Muchos de ellos tienen piernas, brazos y cabeza y realizan por tanto movimientos similares a los humanos. Pero para muchos japoneses, las máquinas no tienen ninguna expresividad. Kobian pretende ahora solucionar eso. Pequeños motores individuales mueven sus párpados, labios e incluso las cejas, y sus manos están hechas de un material blando para evitar la sensación de frialdad. Sin embargo, Kobian se comporta de cierta forma sólo cuando es programado previamente por seres humanos. Los científicos trabajan ahora para que sea el propio robot el que pueda mostrar las emociones de forma independiente. La linterna mas pequeña del mundo Nanolinternas Un punto de luz capaz de iluminar una diminuta bacteria, sin hacerle ningún daño, y mostrarla con una nitidez asombrosa, como si un enorme foco se dirigiera hacia ella. La nanolinterna desarrollada por dos investigadores del Instituto de Ciencias Fotónicas de Barcelona (ICFO) ha logrado romper las leyes de la física para acercar al ojo humano aquello que, hasta ahora, era demasiado pequeño. Se trata de un dispositivo que permite trabajar con objetos 100 veces más pequeños que los que se podían ver hasta ahora (la millonésima parte de un metro) porque concentra la luz 1.000 veces más que las técnicas actuales. Ello abre infinitas posibilidades en el campo de la biotecnología y la medicina. Esta diminuta linterna de luz ultra concentrada se ha conseguido gracias a una microscópica antena, casi idéntica a las que hay en los tejados. La forman dos pequeñísimas barras de oro que absorben la luz de un láser y la concentran en un punto hasta que llega a ser un foco nanométrico. Su radiación es tan intensa que puede interactuar con las moléculas con una eficiencia que no tiene precedentes. El físico francés Romani Quidant y su colega Niek van Hulst son los artífices del invento, en el que han aprovechado una propiedad física: la resonancia de plasmón, un fenómeno que se produce al tener lugar la infracción de la luz con partículas metálicas. Quidant, que está en un congreso en Italia para presentar su trabajo, explica cómo esta técnica ha logrado evitar la Ley de la Difracción, que hasta ahora ha limitado el desarrollo de la óptica. «Esta ley indica que se puede concentrar la luz hasta un punto, pero que hay un límite en el tamaño mínimo. Nosotros hemos buscado un truco, utilizando una antena para superar ese límite que marca la Física. Se trataba de demostrar que se pueden usar nanoantenas», explica vía telefónica desde Roma. Una de las grandes utilidades de su invento, que está camino de ser patentado, es el desarrollo de unas pinzas ópticas de gran precisión. Este tipo de pinzas utilizan concentraciones de luz para atrapar objetos, como pueden ser células o bacterias. Hasta ahora, el problema era que cuando el tamaño era demasiado pequeño no podían utilizarse y, además, causaban daños en los organismos vivos. Sin embargo, ambos problemas se solucionan con la técnica de los investigadores del ICFO. Su nanolinterna ofrece un punto tan concentrado de luz que se pueden agarrar pelotillas de poliestireno de 200 nanometros, 10 veces más pequeñas que con las pinzas convencionales. También han experimentado cogiendo bacterias ‘Escherichia coli’ (de la diarrea) y han comprobado que la luz no les causa daño alguno. «La célula se siente atraída por la luz del foco de láser. Ahora se pueden atrapar, observar y analizar sin afectarlas, como si fueran un paciente en una camilla, pero de 200 nanometros de tamaño», explica Quidant. Contra el cáncer Casi todas las aplicaciones en las que piensan los investigadores para su minilinterna tienen que ver con la biología. En estos momentos, trabajan con científicos de esta área para usarla en la diagnosis del cáncer. El objetivo es encontrar un diagnóstico más preciso que sea capaz de detectar la enfermedad en un estado muy inicial en los organismos. «Una vez atrapadas con nuestro foco, se trataría de detectar el estado de las células que están enfermas», señala Quidant. Y también podría usarse para detectar tóxicos en los alimentos. Quidant, de 33 años, ha pasado los últimos tres en el desarrollo de este invento, que fue publicado en Nature y Physical Review Letters. Tras terminar su tesis, el joven francés aterrizó en el ICFO después de rechazar ofertas de varios países europeos. «Quería montar un proyecto competitivo y aquí lo he conseguido», asegura. Ayudantes robóticos para las próximas misiones espaciales Roboayudantes espaciales Las reparaciones en el exterior de las naves y estaciones orbitales son uno de los cometidos más penosos y arriesgados con los que tienen que lidiar los astronautas. Ahora, la NASA ultima el desarrollo de una nueva generación de robots asistentes denominados LEMUR II –acrónimo de Limbed Excursion Mechanical Utility Robot– que serán los encargados de llevar a cabo algunas de las tareas de mantenimiento más delicadas. Estas máquinas de forma vagamente arácnida pueden moverse de forma autónoma e inspeccionar por sí solas posibles averías mediante dos cámaras estéreo que les otorgan un ángulo de visión de 360 grados. Además, están equipadas con un diodo emisor de luz superbrillante capaz de iluminar el área alrededor suyo y sus miembros articulados poseen puntos de anclaje para que los astronautas coloquen herramientas. Así las cosas, no es extraño que en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la agencia espacial estadounidense, donde se están poniendo a punto, ya se les considere una especie de navaja espacial multiusos. Algunas versiones de estos ingenios, como el LEMUR IIa, pueden incluso utilizarse para construir estructuras en gravedad 0, como un telescopio orbital. El LEMUR IIb, por su parte, ha sido diseñado para colarse por grietas en la superficie de un planeta, trepar por desniveles y acantilados, perforar rocas con un taladro sónico y tomar muestras. ¿Nanotecnología de más de 20000 años? Descubren restos de posible nanotecnología prehistórica Desde 1991, prospectores de oro, luego expediciones científicas (comisionadas por el instituto central de investigación científica de geología y de prospección de metales preciosos y no ferrosos de Moscú), descubrieron objetos, metálicos, muchos en forma de espiral, cuyo tamaño varía desde 3 centímetros para los mayores hasta ¡¡¡ 3/1000° de milímetro!!! Millares de esos artefactos han sido encontrados en muchos emplazamientos en la parte oriental de los montes de Ural, en las orillas de varios ríos en unas capas sedimentarias datando del pleistoceno superior, en varias profundidades desde 3 hasta 12 metros. Estos objetos han sido estudiados por la Academia de Ciencias rusa de Syktyvka, Moscú y San Petersburgo, así como por un instituto científico de Helsinki en Finlandia : Los objetos mayores son de cobre, mientras que los pequeños son de tungsteno ( punto de fusión 3410° c. ) o de molibdeno ( punto de fusión 2650° c. ) Según el sitio y la profundidad en donde se encontraron, la antigüedad de estos objetos se estima entre ¡¡¡ 20 000 y 318 000 años !!! El Instituto de Moscú publicó un informe pericial n° 18/485 del 29/11/96 que concluye : ” Los datos obtenidos permiten pensar en la posibilidad de una tecnología de origen extraterrestre. “ Corazones de Silicio Robots para recoger muestras en otros planetas, humanoides que te miran a los ojos y recuerdan tu rostro y tu nombre, pequeñas libélulas equipadas con cámaras y controladas por control remoto. Estas son algunas de las novedadas presentadas en las últimas jornadas en Cosmocaixa(Madrid). Tienen el alma de silicio y un tremendo potencial para realizar tareas y comportarse como hasta hace no mucho sólo se concebía en los seres vivos. Son los robots, cada vez más sofisticados y con más capacidad de trabajo, ya sea en la Tierra o en otros lejanos planetas. Una jornada, celebrada ayer en Cosmocaixa de Alcobendas (Madrid) ha traído a España a tres sorprendentes máquinas que rozan la inteligencia: un humanoide capaz de seguir la mirada y levantar hasta 13 kilos de peso, un robot que podría recoger muestras en Marte y traerlas congeladas hasta nuestros laboratorios terrestres, y una libélula mecánica, teledirigida, que no pesa más de tres gramos y vuela en todas las direcciones, como si fuera un insecto. La estrella del encuentro, si duda, fue el humanoide ‘Reem’, de la empresa de los Emiratos Árabes PAL Robotics. ‘Reem’ es capaz de grabar la cara de su interlocutor y seguirle con la mirada cuando éste se mueve, puede coger un objeto (como una lata de refresco) y entregarlo a un tercero. Además, levanta objetos de hasta 14 kilos (cuando otros robots no superan los cinco), puede recordar los nombres y los rostros de quienes le son presentados, camina un kilómetro y medio a la hora y sus baterías duran hasta dos horas. “Comenzamos a ‘Reem’ hace cinco años y su objetivo ahora es mejorar la calidad de vida de las personas liberándolas de tiempo y tareas. En el futuro, a largo plazo, podría ser como un asistente personal, aunque creo que eso llevará tiempo. De momento podemos utilizarle por partes:los brazos como manipuladores industriales, o como guía de museos si le ponemos unas ruedas”, explica Davide Faconti, director del proyecto. Faconti explica que, con 40 motores y dos ordenadores en su interior, ‘Reem’ podria trabajar con las personas sin riesgo, debido a su fuerza en una costitución ligera. “Nos gustaría colaborar con expertos de instituciones españolas en su desarrollo”, apunta. Y españoles son los dos jóvenes de la Universidad de Alcalá que han creado a ‘Topolino’ (la nave de la película Milagro de P. Tinto)para un concurso de robótica europeo. Se trata de una máquina capaz de recoger muestras de vida en otro planeta [lo desarrollaron pensando en Marte] y almacenarlas en un contenedor entre capas de hielo para que puedan llegar hasta la Tierra. Diego Salazar, uno de los autores, explica que el dispositivo les llevó un año de trabajo y no tienen pensado patentarlo. La tercera máquina se asemeja mucho a una libélula de unos cinco centímetros y no pesa más de 13 gramos. Mediante un diminuto motor, ‘Delfly’, como la han bautizado sus diseñadores, es capaz de izar el vuelo moviendo sus alas y dirigirse hacia donde se le indique por control remoto. Incluso lleva incorporada una cámara para grabar por dónde se mete. El belga Bart Bruggeman, uno de sus diseñadores, explica que se trata de la tercera version de ‘Delfly’ y que su intención es ir reduciendo aún más el tamaño y el ruido. «Creemos que tendrá un gran futuro en los juguetes, pero también para investigar el vuelo de los insectos o misiones de rescate en interiores, porque fuera no funciona», indica Bruggeman. Prometeus … ¿Listos para el futuro? La revolución de los medios “Internet es el mundo, el mundo es Internet” o eso dicen mucho analistas que preveen que en el futuro será digital combinado con la nanotecnología. Hoy caminando por nuestro convulsionado mundo vemos como la tecnología para ganarle la carrera a muchas áreas para finalmente fundirse y ayudar a las mismas. Prometeus nos muestra hechos de un pasado cercano y de un posible futuro que se podría venir si las cosas se siguen desarrollando de la manera como lo vienen haciendo: a un ritmo más acelerado y constante que nunca. H.M. Habbakuk Europa se encuentra sumida en la II Guerra Mundial, los nazis dominan el Océano Atlántico con sus U-boats y las fuerzas aliadas, desesperadas, buscan una solución que ponga freno a la peligrosa maquinaria bélica del III Reich. Con presupuestos casi infinitos, los ingenieros se frotan las manos ideando nuevas máquinas de combate que permitan dar un giro exponencial a la situación bélica. En este contexto nace un ambicioso proyecto: la creación del H. M. Habbakuk, un portaaviones de hielo. Proyecto Habbakuk nació debido a la imperiosa necesidad de los aliados de encontrar un arma de guerra capaz de hacer frente a la avanzada tecnología de la que disponía Hitler y la creciente amenaza de los japoneses. Winston Churchill estaba abierto a todo tipo de propuestas, pero se enamoró de una de ellas, quizá la más descabellada, pero también la más ambiciosa: la creación de un inmenso buque de maquinaria moderna. El "padre" de la criatura El padre de tan brillante idea no era otro que Geoffrey Pyke, un hombre de mente lúcida y apariencia desaliñada. Tenía aspecto de no haberse bañado ni peinado en días, una barba descuidada y, curiosamente, nunca usaba calcetines. Pyke ya se había significado durante la I Guerra Mundial cuando protagonizó una de las fugas más célebres de la cárcel de Ruhleben (Alemania). Siempre había destacado como pedagogo, comerciante, espía y, por supuesto, como inventor. Sus creaciones no eran nada convencionales y probablemente fue uno de los primeros precursores del radar con su sistema de micrófonos elevados por globos para localizar por triangulación aviones enemigos. Hombre de gran ingenio y vida prácticamente desconocida, trabajó también para nuestro país durante la Guerra Civil española ideando artefactos para mejorar las condiciones de los combatientes. Cuando la propuesta de Pyke llegó a oídos de Churchill este era consciente de que, a pesar de que las iniciativas del inventor podían parecer descabelladas en un principio, su fin último podría ser un auténtico triunfo. Y es que el por entonces primer ministro del Reino Unido ya conocía a Pyke por otra de sus creaciones, que finalmente acabó vendiéndose a Estados Unidos. Se trataba del Proyecto Plough, que consistía en un pequeño transporte para desplazarse por la nieve que los estadounidenses convirtieron en el famoso M29, más conocido como La comadreja. El Pykrete Una de ellas era Max Ferdinand Perutz, un biólogo molecular que obtuvo el Premio Nobel de Química en 1962. El primer objetivo de los investigadores era mejorar las propiedades del hielo para convertirlo en un material muy resistente y fácil de reparar, algo indispensable para soportar los impactos del fuego enemigo. Para este trabajo se cree que también se contó con la colaboración del que sería el padre de los polímeros, Herman F. Mark. Cuando estas mentes privilegiadas se centraron en el estudio de las propiedades del hielo se les ocurrió que una buena forma de mejorarlas podría ser mezclarlo con pulpa de madera. La idea no pudo resultar más innovadora y al poco tiempo obtuvieron un material extremadamente sencillo y resistente que bautizaron como “pykrete”, una mezcla de letras que hacían referencia a Geoffrey Pyke y a concrete, la traducción inglesa de “hormigón”. Una casa de hielo en el lago El prototipo comenzó a construirse en el lago Patricia, situado en un lugar de difícil acceso del parque nacional de Japer (Canadá), un enclave lo suficientemente aislado como para ocultar un prototipo de 18 m por 9 m y de un peso aproximado de 1.000 toneladas que se mantendría refrigerado gracias a un motor de un caballo de fuerza. Los bloques de hielo eran trasladados desde el lago Louise (Alberta, Canadá). Los trabajadores construyeron una gigantesca base que descansaba sobre la superficie del lago. Sobre ella erigieron el armazón del prototipo, que después se cubriría de bloques de pykrete. El material había sido mejorado en Londres por Perutz tras haber llegado a la conclusión de que la composición idónea era un 14% de pulpa de madera y un 86% de agua. Las juntas se cerraban con una especie de alquitrán para mantener la estanquidad de aquel enorme cubo helado. Si el prototipo funcionaba, se esperaba que los canadienses acabaran de construir el buque en 1944, para lo cual necesitarían 300.000 toneladas de pulpa de madera, 25.000 toneladas de tableros de fibra aislante, 35.000 toneladas de madera y 10.000 toneladas de acero. Sin embargo, el principal escollo del proyecto seguía siendo el “flujo plástico”, un inconveniente que no se había solventado y que amenazaba con elevar significativamente el coste del prototipo. A pesar de esto, Pyke no se mostró preocupado; por el contrario, tras ver el prototipo acabado y comprobar la fiabilidad del proyecto se sintió ciertamente eufórico. Un estado de euforia que no le iba a durar demasiado… De hecho, las complicaciones obligaron a los canadienses a retrasar la entrega del prototipo y a solicitar más acero para terminarlo, lo cual incrementaba, una vez más, los costes. La situación llevó al Reino Unido y a Canadá a solicitar fondos a Estados Unidos, algo que este país aceptó con una única condición: expulsar del proyecto a Geoffrey Pyke. No era un secreto que las relaciones de este con EE.UU. no eran buenas tras las reyertas surgidas en relación con un trabajo anterior del inventor: el citado Proyecto Plough. De esta manera tan radical el ideólogo del Proyecto Habbakuk se vio desvinculado de él. Este desgraciado suceso fue, según afirman algunos, la gota que colmó el vaso de la cordura de Pyke, quien se suicidó poco tiempo después. Fortaleza flotante Con Pyke fuera del proyecto, pero con Perutz en él, los jefes de Estado Mayor se reunieron en agosto de 1943 para discutir las posibilidades del futuro e innovador barco. Con la incorporación de Estados Unidos el plan inicial se vio modificado y se volvió más ambicioso. Se pretendía que el barco tuviera una autonomía de 11.000 km y que fuera capaz de soportar las embestidas de las mayores olas conocidas. El Almirantazgo solicitó que también fuera a prueba de torpedos, para lo que el casco necesitaría tener, como mínimo, 12 m de espesor. Por si todo esto fuera poco, la capacidad de transporte del Habbakuk tendría que ser digna de una fortaleza flotante. Debía poder llevar una flota aérea completa de bombarderos que pudieran despegar y aterrizar en él, lo que requería una pista de aterrizaje de más 600 m de longitud. Esta nueva etapa del proyecto se conoció como “Habbakuk II”. En cuanto al armamento, el Habbakuk II incluiría 40 cañones dobles de 4,5”, torretas de combate y decenas de cañones antiaéreos. Para mover la fortaleza sería necesario disponer de turbogeneradores de vapor con una potencia de 33.000 caballos que suministraran energía suficiente a los 26 motores eléctricos que se montarían en el exterior del barco para evitar el calor desprendido por los mismos. Uno de los problemas que nunca llegó a solucionarse fue el relacionado con la dirección del buque. Estaba previsto que este pudiera girar variando la fuerza de los motores instalados en sus laterales, pero la Royal Navy dejó claro que el navío tendría que tener un timón, algo que en una embarcación con una altura propuesta de 30 m se hacía extremadamente complicado. El proyecto se tornaba cada vez más complejo y mientras tanto la guerra mantenía su ritmo acelerado, desencadenando acontecimientos que podían perjudicar el destino del portaaviones de hielo. Hacia finales de 1943 Portugal autorizó el uso de los aeropuertos de las Azores por parte de los aviones aliados, lo que permitió que los temibles submarinos nazis fueran cazados con mayor facilidad en el Atlántico y contribuyó al debilitamiento de la brecha atlántica. La muerte del proyecto Habbakuk La del Proyecto Habbakuk fue una muerte anunciada. Con la solución de la batalla del Atlántico el propósito principal del buque se hacía cada vez más innecesario, lo cual, unido a las crecientes críticas de altos mandatarios como Sir Charles Goodeve, controlador de Investigación y Desarrollo del Almirantazgo durante la II Guerra Mundial, puso en evidencia que el proyecto “hacía aguas” por todos los lados. Goodeve llegó a asegurar cínicamente que la enorme cantidad de madera necesaria para construir el barco afectaría a la producción de papel. Lo paradójico del caso es que un barco que iba a ser fabricado con hielo para reducir los costes y sustituir al caro acero iba a necesitar mucho más de este último material de lo que se podía imaginar. Kilómetros de tuberías de acero para refrigerar el barco y la construcción de las centrales eléctricas y sus motores e, incluso, de una enorme fábrica-congelador para producir el pykrete requerían toneladas y toneladas de acero. Todo ello, unido a la aparición de una iniciativa mucho más importante para el Ejército estadounidense, el Proyecto Manhattan, contribuyó a que el portaaviones de hielo se fuera “diluyendo” en el olvido. Con Mountbatten, uno de los principales defensores del proyecto, finalmente fuera del mismo, la Junta para el Desarrollo del Habbakuk se reunió por última vez en diciembre de 1943 para llegar a la siguiente conclusión: “El gran Habbakuk II de pykrete ha resultado ser poco práctico debido a la enorme producción de los recursos necesarios, lo que además se une a las enormes dificultades técnicas que entraña”. Decenas de planos, cientos de hojas con apuntes técnicos y trazos de ingenieros, y un nuevo material –el pykrete, al cual después de tantas décadas aún no se le ha descubierto una posible utilidad– fueron el legado de un innovador proyecto que brilló más por su originalidad que por su utilidad. Con su suspensión, aquel primer prototipo construido en el lago Patricia permaneció intacto durante todo un año, tras lo cual se derritió. Proyecto GOCE, cartografiando la gravedad del planeta Evolucionando desde la manzana de Newton Si Isaac Newton resucitara se sentía más que feliz al saber, 324 años después de que enunciara la Ley de la Gravitación Universal, que un sofisticado satélite espacial va a estudiar a un detalle impresionante el campo gravitatorio terrestre. Se trata del GOCE (Explorador de la Circulación Oceánica y la Gravedad, en sus siglas en inglés), que será puesto en órbita mañana por la tarde por la Agencia Espacial Europea (ESA) desde el cosmódromo ruso de Plesetsk, a 800 kilómetros de Moscú. El GOCE, que cuenta con una importante aportación tecnológica española, ya está instalado en la plataforma de salida, protegido por una cubierta térmica, a la espera de partir hacia una órbita a 260 kilómetros de altura, la más baja alcanzada por naves de este tipo, que se sepa (quizás hay satélites espía a esa distancia). Con más de una tonelada de peso, el GOCE, transporta seis acelerómetros de alta tecnología, cuyo objetivo es medir los componentes del campo gravitatorio. «Son aparatos de un sensibilidad asombrosa, capaces de detectar el impacto de un copo de nieve en una masa enorme. Lo que hacen es medir la fuerza con la que la Tierra tira del satélite, que varía según pase por los Pirineos, La Mancha o una corriente oceánica», explica Miguel Aguirre, un ingeniero de la ESA que fue uno de los impulsores de este proyecto, aprobado en el año 2000. De este modo, se tendrá un mapa en tres dimensiones del geoide (la superficie de referencia para toda la Tierra). Otra de las grandes aportaciones tecnológicas del GOCE son sus propulsores iónicos de baja potencia, que permitirán que tenga un empuje pequeño y constante para dar una vuelta al planeta cada 90 minutos, pero minimizando su resistencia con la atmósfera. De ahí su forma alargada y aerodinámica, similar a la de un avión. Un consorcio de 45 empresas europeas, entre ellas varias españolas, han hecho posible esta misión, que estará en el espacio 20 meses y que es la primera de otras misiones dentro del programa Earth Explorer de la ESA, iniciado en 1999 para impulsar la investigación de toda la Tierra, desde su atmósfera hasta su estructura interna y, como no, el impacto de la actividad humana en su situación actual. Las aplicaciones de la exhaustiva recogida de datos que realizará el GOCE son numerosas. Por un lado, permitirá detectar si los aumentos del nivel de los océanos se debe a que hay más agua (detectará más masa) o a que está más caliente. «Incluso podrá diferenciar qué parte de la subida es de cada una de las causas», explica Aguirre. También detectará los movimientos lentos de la corteza terrestre para comprender mejor los cambios estructurales de la Tierra; así como las variaciones en las corrientes oceánicas permanentes a nivel global, que no están bien documentadas hasta ahora. Por si fuera poco, mejorará los mapas topográficos de referencia de todos los países, que ahora no encajan unos con otros. Programa Earth Explorer Dentro del programa Earth Explorer hay otros cinco lanzamientos: la misión ADM-Aeolus, que estudiará la dinámica atmosférica (2010); la EarthCARE, que investigara el balance radiativo; y tres misiones Opportunity Explorer: la CryoSat-2, para medir el grosor de la capa de hielo (2009), la SMOS, para medir la humedad del suelo y la salinidad y la Swarm, para vigilar la evolución campo magnético. El satélite europeo GOCE, cuyo coste total asciende a 350 millones de euros, tiene una alta contribución tecnológica española, un 5% de todo el programa. Parte fundamental es la contribución de EADS CASA, que ha diseñado y construido la estructura completa del satélite, de cinco metros de longitud, con paneles de fibra de carbono y núcleo de aluminio para que sea lo más estable posible frente a las perturbaciones atmosféricas que se encuentre. Importante es también la participación de EADS Astrium Crisa, responsable de las unidades de control de la propulsión iónica, que es la que da potencia al satélite para mantenga el empuje. El ingeniero de la ESA Miguel Aguirre destaca también las aportaciones de Deimos Space y GMV. La primera ha desarrollado sistemas que permiten calibrar y monitorizar los datos que recojan los instrumentos de GOCE. Por su parte, GMV ha participado en las simulaciones previas al lanzamiento, con cálculos sobre la órbita y la dinámica de vuelo. Otras que participan son RYMSA (con antenas para la comunicación con tierra)y Thales Alenia Space España, que ha desarrollado los transpondedores de combinaciones, que son los que determinan la órbita en relación con las estaciones de control y realizan la transmisión de los datos que captan los instrumentos científicos. De hecho, la misma idea es fruto de un español, Miguel Aguirre: “A raíz del proyecto de la misión Aristóteles se propusieron utilizar acelerómetros y se me ocurrió que podría realizarse con propulsión eléctrica y con esa forma aerodinámica que tiene el GOCE”, explica el experto. Robot Einstein, el genio camina de nuevo En la Universidad de California han desarrollado un robot con la cara del físico Albert Einstein que ha aprendido a sonreír y a realizar otros gestos faciales de forma “autodidacta”. En concreto la cabeza del robot tiene 30 “músculos”, algo menos que el rostro del ser humano, cada uno de los cuales se mueve con un pequeño motor independiente. La “piel” está hecha de un polímero elástico llamado Frubber, desarrollado por la empresa Hanson Robotics, que le aporta grandes dosis de realismo. Para “enseñarle” a Einstein-robot a expresar emociones con la cara, los investigadores, liderados por Javier Movellan, le colocaron un espejo delante con el fin de que analizase sus propias expresiones. Esto proporcionaba a la máquina los datos necesarios para “aprender” la relación entre los gestos y los movimientos de sus motores. Una vez establecidas estas relaciones, el robot consiguió desarrollar nuevos gestos para los que no había sido programado originalmente. Los investigadores comparan su método con el balbuceo que precede en los niños al aprendizaje del habla. Balbuceamos para, a través de esos “juegos de garganta”, obtener información de cuáles son las consecuencias de nuestros movimientos en el mundo físico externo, por ejemplo los sonidos que emitimos. En el caso del robot, éste “balbucea expresiones hasta entender la cinemática de su propio rostro”, explicó Mavellan durante la presentación de su trabajo en la 2009 IEEE 8TH (INTERNATIONAL CONFERENCE ON DEVELOPMENT AND LEARNING). Los científicos esperan que la cabeza androide de Einstein les ayude ahora a entender mejor como aprenden los niños las expresiones faciales. Robots controlados y dirigidos por la mente Si ya lo decía Asimov… Un robot que lee el pensamiento de los humanos sin necesidad de ningún implante cerebral. Como muchas otras veces, la ciencia aspira superar a la ficción. Así lo demuestra el último avance tecnológico presentado por las empresas japonesas Honda y Shimadzu: el Interfaz Cerebro-Máquina (Brain-Machine Interface o BMI), con la que por primera vez el usuario puede dar órdenes a un robot sólo con el pensamiento… y un casco. De momento, el robot sólo es capaz de leer cuatro órdenes emitidas por la mente humana, relativas a cuatro movimientos diferentes: mover la mano izquierda, la derecha, los dos pies o la boca. Pero los promotores esperan que en el futuro puedan ampliarse las aplicaciones. En una rueda de prensa en Tokio, los ingenieros responsables de esta revolucionaria tecnología que las órdenes cerebrales eran interpretadas en el 90,6% de los aseguraron casos con precisión por Asimo, el robot humanoide más avanzado del mundo. Es la primera vez en la historia que esta tecnología BMI alcanza una tasa de éxito tan alta, según los ingenieros del fabricante japonés, que recordaron que hasta ahora lo máximo que se había registrado era un 66% de acierto. La ciencia lleva décadas persiguiendo el sueño de poder conectar el cerebro humano a las máquinas, principalmente para ali eso es todo o que les traje hoy y recuerden
Es por todos conocidos que ausentarse de la oficina dejando efectos personales al alcance de los compañeros es una muy mala idea. Aún peor ... si algunos de los compañeros de trabajo del ausente se encuentran con algunos minutos libres y tienen una vena creativa las cosas pueden desvirtuarse rápidamente. Veamos que necesitaremos para construir un reemplazo para nuestro compañero de trabajo ausente. Campera del compañero ausente. Inspiración y el corazón de todo este asunto. Un buen escobillón o alguna escoba. Hará las veces de columna vertebral. Más adelante veremos de que se trata en algunas fotos. Elementos varios de construcción: * Algunos diarios enrollados: para construir brazos. * Bolsas de residuos. * Recortes de papel: para construir las manos. * Fotografía de político de turno (a elección). Ahora, con todo listo, nos ponemos manos a la obra y algunos minutos después terminamos con algo como esto: Acá podemos ver a un amigo afanado en los detalles finales de Juanito, nuestro nuevo compañero de oficina. Juanito en funciones. Jaja y adios