syriana
Usuario (Argentina)
Antes que nada quiero decirles que este fue y es uno de los programas que mas me gustaron, lo descubri un dia de pura casualidad en cablin y de ahi empese a verlo todas las semanas, despues tambien lo descubrio mi viejo y eramos los dos sentandos muriendonos de risa..mi favorito de todos los personajes que salian era por el lejos "el gran bellini" el mentalista de la corporacion. Al volver a ver los videos aca en taringa me agarro un ataque de nostalgia y quise compartir un poc de info sobre este programa...espero que lo disfruten: dijo:Historia Este programa apareció por primera vez en el canal infantil Cablín en el año 1995, mostrando un universo dominado por una corporación a manos del despiadado Orwell For Fai. La característica principal de este programa eran las interpretaciones de los actores, niños de entre 6 a 15 años de edad, salidos de un grupo de teatro descubierto por el creador (Mex Urtizberea, el único adulto en el elenco), y la no existencia de libretos, librando a la imaginación de los actores el guión, bajo la moderación de Mario Podestá (el conductor y moderador del programa, interpretado por Mex). Los niños representaban papeles de adultos, logrando un producto atractivo tanto para chicos como para grandes. De esta forma, Magazine For Fai se volvió un programa de culto entre las personas grandes quienes veían por primera vez un canal infantil, pero el programa duró 2 años en la pantalla de Cablín desapareciendo a fines de 1996. Luego de esto, Magazine For Fai se tomó unas vacaciones forzosas que duraron 1 año entero haste que, en 1998, el programa volvió a aparecer pero esta vez lo hizo por la pantalla de TyC Sports volviéndose un programa deportivo pero sin dejar de ser lo que era en un principio. En 1999, el programa paso al canal America TV, siendo este un año de elecciones, gracias a la genialidad de Mex Urtizberea y de una jauría de chicos, el programa mostró el mundo de la política bajo el lema For Fai Presidente demostrando que, desde un principio, era un programa anarquista y político. Pero este programa contaba con las participaciones de sus enemigos: los políticos, quienes demostraban tras duros debates que la mejor opción era votar a Orwell For Fai. Este fue el último año del programa (su última temporada), terminando a fines de 1999, volviéndose un icono de la talla de "De La Cabeza", "ChaChaCha" o "Todo por dos pesos". El programa estaba ambientado con una estética de los años '50. Las secciones más recordadas son "Mesa con Gente" (sección de debate), "El Mago Bellini" (mentalista que nunca acertaba el objeto que sostenía Mario Podestá en sus manos, a pesar de las constantes pistas del conductor, causando la frustración de éste), "Consejo Sentimental" (Sección de consultas amorosas -o no), "Tómbola For Fai" (un sorteo que siempre se frustraba), "Pregúntele al Fenómeno" (un talk show), "Permútele" (Sección de canjes), "Efemérides" y el hilarante "Golazo Informativo", de la época de TyC Sports, con el análisis de Elbio Marco Capuccino, un ex jugador de fútbol devenido comentarista, entre otros. Actores El programa resultó ser un semillero de actores que luego, con mayor o menor suerte, siguieron su camino en la música o en la actuación. Los mayores exponentes son Julieta Zylberberg (La Niña Santa, Mañana Vemos), Violeta Urtizberea (Soy Tu Fan), Ezequiel Díaz (Los Susodichos), Martin Slipak (Resistiré), Alejandro Goldberg (Acordeonista del conjunto de Omar Giammarco), Laura Wajncymer (Costumbres Argentinas), Maida Andrenacci (Floricienta) y Martín Piroyansky (Sofa-cama, Cara de Queso y la versión argentina de la serie Amas de casa Desesperadas). y ahora un extracto de una nota de pagina 12 hablando del programa: dijo:.....la aparición en la TV de aire del “Magazine For Fai”, el programa creado en 1995 por Mex Urtizberea, Lucrecia Martel, Alberto Muñoz y Nora Moseinco e interpretado por una inspirada horda de niños. Refugiado hasta ahora en el cable, “Magazine For Fai” había deslumbrado originalmente en la señal Cablín, donde vivió dos años y se convirtió en un verdadero fenómeno de culto. Los niños lo miraban medio de costado, entre atónitos y exigentes, mientras sus padres, totalmente fuera de sí, comentaban por teléfono los fraudes de la tómbola For Fai, la trabajosa clarividencia del mentalista Bellini o los neologismos chambones de Mario Podestá, moderador supremo de la Corporación For Fai. Luego, como suele suceder, el programa estuvo un año en hibernación, tragado por uno de esos agujeros negros con que la TV vernácula suele agasajar a las ovejas negras que la dejan perpleja. Cuando los fanáticos ya desesperaban, For Fai -“el For Fai”, como a Mex le gusta llamarlo- resucitó en la señal T&C con algunos cambios, en formato reducido, y dedicado a temáticas más bien deportivas. Lejos de debilitarlo, esos avatares, fatales para cualquier programa, probaron su resistencia y su maleabilidad y parecen haberlo fortalecido. Explotando la coyuntura electoral de 1999, el flamante “For Fai Presidente” (martes a las 22, por América) hinca ahora sus dientes en la carne de la actualidad y parece un programa más político que el que desconcertó al mundo desde la señal infantil de VCC. Invita a senadores y diputados en ejercicio, a estrellitas de la farándula; alude a las mismas noticias que aparecen en la primera plana de los diarios; se ha vuelto más disciplinado, más “legible”, y ha morigerado las arbitrariedades geniales de antaño, cuando cualquier cosa podía derivar en cualquier otra. Pero todo lo que verdaderamente importa está intacto: el lirismo bizarro, la mirada estrábica sobre las cosas, la impunidad del delirio elevado a la categoría de ortodoxia. Está intacto Mario Podestá, con su peluca canosa, sus ademanes y su trajecito a la Pee Wee Herman. “Podestá es un mediocre”, dice Mex Urtizberea: “Uno de esos tipos que creen que hablan bien, que completan las frases con las manos y que se plantan en la tele para dar sensación de seguridad, de respaldo. Tiene los gestos y la actitud de los animadores que a mí siempre me gustaron: Brizuela Méndez, Guillermo Cervantes Luro, toda esa gente de los principios de la televisión”. También están intactos (aunque un poco crecidos) los “históricos”, como los fans llaman al grupo de chicos que formaron parte del primer For Fai (Martín Etcheverry, Julieta Zylberberg, Violeta Urtizberea, Alejandro Goldberg, Martín Slipak, Laura Wajcymer, Joaquín Gomila). Y está intacta, casi más saludable que nunca, la figura de Orwell For Fai, ominosa y a contraluz, que ahora barrunta entre las volutas de su cigarro su designio más audaz: la toma del poder en la Argentina. En rigor, “Magazine For Fai” siempre fue un programa político. Urtizberea y Muñoz, en la huella de los utopistas negativos, imaginaron una sociedad corporativa con un líder omnipotente (Orwell For Fai), una suerte de mediador o de portavoz del líder (Mario Podestá) y una población de especialistas obsecuentes (escribanos, abogados, policías, poetisas, secretarias, bomberos) interpretados por chicos. Inventaron un mundo y, con el mundo, algo de lo que sólo pueden jactarse Niní Marshall, Pepe Biondi, Alberto Olmedo, Alfredo Casero y todos los grandes fundadores de humor del espectáculo argentino: inventaron un idioma, esa jerga o esa media lengua que reclama, para expresarse, una visión del mundo que no cabe en los idiomas ya conocidos. Mario Podestá tiene el suyo: un idioma atropellado, casi un puro balbuceo facial, gestual, que busca la hipercorrección televisiva, tropieza e improvisa combinaciones descabelladas para salir del paso. Los chicos tienen el suyo: una especie de flujo verbal lleno de ecos adultos, palabras especializadas, jirones de lengua escolar, acentos y entonaciones regionales que arman extrañas geografías lingüísticas. Y Orwell también tiene el suyo, un idioma incomprensible, exótico, que murmura con su voz de traqueotomizado. Como lo estipula una sólida tradición de ficciones antitotalitarias, el poder de Orwell For Fai es proporcional a su invisibilidad; la única imagen que el Magazine difunde de él lo muestra de espaldas, con sombrero y fumando un puro, como el Akim Tamiroff de Alphaville de Godard; alguna vez supo patrocinar a una oscura starlet del cine mudo llamada Mara. “Nadie sabe de dónde vino”, dice Mex, “y también la edad es un misterio. Algunos dicen que ya andaba merodeando cuando se firmó la Constitución de 1853, y que estuvo cerca de Roca en la Conquista del Desierto. Lo único seguro es que es dueño de todo. Y que ahora se ha postulado para las elecciones de octubre como candidato a la presidencia”. Así, For Fai Presidente no es más que el brazo electoral y nacional de una ficción televisiva que ya venía especializándose en imaginar destinos políticos atroces y desopilantes. Mezcla de Charles Foster Kane y de Howard Hughes, Orwell For Fai sigue reinando desde las sombras, y ahora ha decidido transformar el “Magazine For Fai” en el órgano de su campaña proselitista. Las funciones, antes abstractas, empiezan a definirse: el mentalista Bellini (Martín Etcheverry) adivina para Orwell For Fai, y Katy (Violeta Urtizberea) y Eugenia Molovsky (Julieta Zylberberg) son, respectivamente, la secretaria y la psicóloga de la corporación: la primera administra las donaciones para la corporación; la segunda, puesta a grafóloga, analiza dibujos hechos por políticos. La estrategia de Orwell es evidente: cooptar figurones (ya proclamaron que votarán por él Santo Biasatti, Mariana Fabbiani, Roberto Galán y siguen las firmas) y multiplicar la publicidad propia, cuya estética, como la de los separadores del programa, hereda el estilo ampuloso, optimista y naïf de la propaganda bolchevique o la del primer peronismo. En uno de los spots se ve a un niño-chofer que forcejea con la palanca de cambios de un viejo rodado; un locutor pomposo dice: “Si tiene problemas con los cambios, si está en punto muerto, vote por For Fai. Vote por una buena caja de cambios”. Pero el verdadero For Fai’s touch -esa mezcla de manipulación y de torpeza, de omnipotencia y de puerilidad- está sobre todo en el costado “democrático” del programa, que invita a los políticos rivales a dar cuenta en cámara de sus ideas y sus plataformas. El pluralismo, naturalmente, no es más que una farsa: conducida por Mario Podestá, que obedece órdenes del Jefe Supremo, una jauría de niños entrevistadores, niños-abogados y niños-políticos se abalanza sobre los políticos y los trituran sin piedad, obligándolos a “confesar” crímenes y pecados imaginarios que suenan, con todo, asombrosamente verosímiles. Por ese delicioso calvario -uno de los espectáculos más crueles y disparatados que haya dado la TV argentina- ya desfilaron Ibarra, Cafiero, Jorge Yoma. El martes próximo le tocará el turno a Ruckauf, que sonreirá largo pero en vano. Dada la TCIP (Tasa de Cholulismo Imperante entre Políticos) actual, no es improbable que todas las celebridades de la Realpolitik se sumen más adelante a la lista de damnificados. El espectáculo es cruel -y también regocijante- por varias razones. La primera es la impunidad, la elegancia, el inescrupuloso deleite con que los chicos, abandonados a la ficción pura de sus personajes, sus vestuarios, sus peinados (“For Fai Presidente” tiene la mejor colección de pelucas que se haya visto en la TV argentina), ignoran por completo la investidura de sus interlocutores y los arrastran despreocupadamente a la simulación que habrá de enterrarlos. (“Los chicos no tienen un guión escrito”, dice Mex: “Tienen una situación, algunas puntas, y a partir de ahí improvisan todo. Las mejores cosas las inventan sobre la marcha, cuando tienen al invitado enfrente”.) La segunda es que las imputaciones que los chicos lanzan, por falaces e irrisorias que sean, parecen activar en los políticos un reflejo condicionado de honestidad, la suerte de Decencia Pavloviana, levemente paranoica, que aprendieron esforzadamente para protegerse del fantasma de la corrupción. Es el gran momento brechtiano de “For Fai Presidente”: un juego teatral, un ejercicio de simulación dramática ponen al desnudo la verdad del gesto social con que los políticos representan su tarea principal: defenderse. La tercera razón, acaso la que más misericordia inspira, es que las entrevistas y debates de “For Fai Presidente” demuestran la absoluta incapacidad de entrar en la ficción que padecen los políticos. Aceptan jugar el juego, sí, pero el modo en que juegan sólo reproduce la avaricia negativa con que se mueven fuera del juego: retroceden, niegan, se atrincheran. Y cuando finalmente confiesan -es el acto final del juego: Ibarra confiesa que era cadete del Frepaso; Ruckauf, que su nieta Agustina sopló velitas en la Casa Rosada-, confiesan como a regañadientes, tragando saliva, preocupados por dejar bien en claro que se trata de un juego, y que todo parecido entre el juego y la verdad es pura coincidencia. De la mano de los niños-pirañas, tan inspirados y aristocráticos, los interrogatorios de “For Fai Presidente” cobran un extraño valor y contestan una pregunta que ni Graciela Römer ni Mora y Araujo usarían jamás para emprender un sondeo: ¿a qué le tienen miedo los políticos? Antes de cada emisión de “For Fai Presidente”, un cartón cauteloso advierte: “Este es un programa de ficción. No es recomendable que los niños reproduzcan los comportamientos que vean en él”. La prudencia es comprensible: “For Fai...” es un bloque de una hora de anarquismo incrustado en el cuerpo de la televisión argentina. Mejor que verlo con premeditación es sorprenderlo de golpe, haciendo zapping: “For Fai...” tiene la brutalidad de un cortocircuito, una interferencia, un copamiento, como si una banda de locos -Mario Podestá y su corte de niños-freaks- hubiese tomado la señal para poner en el aire las proclamas que anuncian el mundo que vendrá, un extraño mundo retrofuturista de fábricas humeantes, puños en alto, símbolos, soles que asoman, niños-granaderos, pequeños ponys... “Sí, el humor es anarquismo”, dice Mex: “en el ‘For Fai...’ no creemos en el gobierno, no creemos en la democracia, no creemos en nada. No es como en los programas de Tato Bores, que también eran políticos pero donde siempre se trataba de pegarle al gobierno. Y, en lo personal, eso yo lo siento mucho más con estas elecciones, que son de una hibridez tan grande... Hay tantos indecisos que estoy seguro de que muchísima gente votaría realmente por Orwell For Fai. Por el simple hecho de que con Orwell todo está claro. El lema de campaña es: Todos dominados por igual”. Pero si sólo se limitara a disparar contra los políticos, “For Fai Presidente” sería apenas un ejercicio más -sin duda el más inteligente e implacable de todos- del deporte con que los medios, últimamente, pretenden reemplazar al fútbol en el ranking de deportes nacionales. “For Fai Presidente” no es sólo un programa sobre (contra) política y políticos; es también, y sobre todo, un programa sobre los modos en que la televisión pone en escena a la política y a los políticos. No son sólo el aplomo de Ruckauf, la soltura de Ibarra o la experta veteranía de Cafiero las que caen bajo el efecto corrosivo del For Fai; son también la Entrevista, el Debate, la Confrontación de Ideas (con su repertorio de reglas y buenos modales: turnos, tiempos, ecuanimidades, etc.) y todas las formas que el intercambio y la representación política asumen cuando suceden en televisión. Jorge Yoma, por ejemplo, debate con Sandro Lagloteria, un representante de For Fai, sobre un nuevo capítulo de la inseguridad urbana: las ojotas -el calzado que la Policía Federal usa en verano- entorpece a los agentes a la hora de perseguir corriendo a los ladrones. Yoma expone su propuesta; desdeñoso, Mario Podestá lo interrumpe rápidamente; Lagloteria, sensiblemente favorecido por el tiempo, presenta su idea y es vitoreado por la misma tribuna que abucheó a Yoma. En un gesto de suprema imparcialidad, Podestá ofrece zanjar la controversia y llegar a la verdad con un viejo ritual de kermesse: el tiro a la lata. (Cada lata tiene escrito el nombre de un político y un puntaje.) Lagloteria, en dos tiros, derriba sus blancos. Cuando dispara Yoma, un alambre levanta en el aire la pirámide de latas y vuelve a depositarla, intacta, en el pedestal. Lagloteria ha ganado el debate. La TV, siempre empeñada en presentar, desplegar y dramatizar racionalmente la política, pasa a ser en “For Fai...” una mezcla de escenario primitivo, de circo y de arena romana. El debate y el diálogo son formas vacías; la relación de fuerzas (la política) ya está decidida antes de que los interlocutores digan la primera palabra; la verdad no nace de la argumentación sino de un certamen de feria. “For Fai...”, en rigor, siempre fue un programa sobre la televisión. Desafió a la TV haciendo -mejor que la TV- lo que la TV hace todo el tiempo, incluso cuando no se lo propone: reemplazar el mundo por la representación, por una ficción de mundo que tiene la lógica paradójica de la autosuficiencia y la voracidad parasitaria. Con su omnipotencia, su soberbia y su ubicuidad, la sociedad orwelliana de Urtizberea y compañía se parece mucho a una versión risueña del fantasma del totalitarismo televisivo. Es ahí donde las intuiciones de “For Fai Presidente” suenan particularmente certeras. No es posible, hoy, hacer un programa político de TV sin hacer un programa sobre política y sobre TV. “For Fai Presidente” mata los dos pájaros de un tiro. ¿Alguna vez vimos antes algo que llegara tan lejos? Conclusion: este es un ejemplo que para hacer un buen programa necesitas imaginacion y talento, no muchisima plata y puterios baratos. Ojala que alguna ves se repitan programas como este... fuentes: http://es.wikipedia.org/wiki/Magazine_For_Fai http://www.pagina12.com.ar/1999/suple/radar/99-01/99-01-24/nota1.htm
LA GUERRA CIVIL: 48 aC: El cruce del Adriático, Dyrrachium, la batalla de Farsalia El ejército de César se especializó en cruzar cadenas montañosas, canales, ríos y mares. Esta vez le tocaba al mar Adriático que separa Italia de las costas de la antigua Yugoslavia. Pompeyo y sus secuaces dominaban toda la flota romana, pero el genio de César podía superar todos los obstáculos. El "almirante" encargado de impedir que César desembarcara era nuestro viejo conocido Bíbulo, aquel optimate que fue el colega de César durante el consulado del año 59 aC y que acabó encerrado en su casa mirando al cielo buscando señales divinas. Evidentemente odiaba a César, probablemente más incluso que Catón (lo cual ya era odiar), ya que los romanos, guasones hasta el final, en lugar de llamar al año 59 el año de César y Bíbulo lo llamaban "el año de Julio y César", algo que al pobre Bíbulo le sacaba de quicio. Y este pequeño hombre fue el encargado de apostarse con toda la armada romana frente a los puertos del sureste italiano para impedir que las legiones de César cruzaran el estrecho brazo de mar que separa Italia de los Balcanes. La cosa era sencilla: toda una armada de rápidas y poderosas naves de guerra esperando que unas pocas y lentas naves mercantes atestadas de soldados cruzaran. ¡Pan comido! para Bíbulo... ...Por eso suponemos que el que César cruzara a todo su ejército sin perder ni un sólo hombre frente a las mismas narices de Bíbulo fue algo que no debió gustarle mucho, ni a él ni a sus compañeros optimates. Y para más recochineo, para más ridículo de Bíbulo, César, que no disponía de naves para cruzar a todos sus hombres, tuvo que hacerlo en dos tandas, primero el grueso de su ejército con él mismo y después las legiones restantes al mando de Marco Antonio. Y todo ello ante las mismas narices de la armada de Bíbulo que no pudo ni capturar a una barca de remos, la barca en la que César, extrañado de la tardanza de Marco Antonio, había embarcado de incógnito para dirigirse a Italia. De repente se desató una tormenta y el patrón del esquife dijo que tenían que volver, pero César, descubriéndose le gritó: "¿Anímate, que llevas en tu barca a César y a la Fortuna!". Lo que dejó tan impresionados a los tripulantes que se abalanzaron a los remos para luchar contra la fuerte corriente, aunque la diosa Fortuna estaba enamorada de César, esta vez no fue suficiente para calmar al celoso Neptuno y la tormenta obligó a la barca a regresar. ¿Qué movió a César a arriesgar su vida así? Estuvo a punto de morir ahogado o de ser capturado por Bíbulo, aunque parece que esto último era más que improbable conociendo la incompetencia del personaje. El caso es que igual que en el 52 se va a Viena atravesando una Galia sublevada, ahora se fue a Italia atravesando un mar en manos de la flota enemiga. ¿Temeridad? ¿Frío cálculo de posibilidades? La personalidad de César es un auténtico enigma que ha cautivado y seguirá cautivando a los que tratamos de conocerle durante milenios. Una vez llegado Marco Antonio, por fin, César se encontró al mando de 8 legiones muy mermadas, con unos efectivos totales de 23.500 legionarios (lo que nos da una media de unos 2.900 legionarios por cada una, casi la mitad de sus efectivos), 7.000 infantes auxiliares españoles y 1.000 jinetes entre galos y germanos. Por su parte, Pompeyo contaba con 11 legiones, con unos efectivos de 50.000 legionarios, 4.200 infantes auxiliares, 5.000 infantes españoles y 7.000 jinetes. Evidentemente la desproporción de fuerzas era abrumadora en favor de Pompeyo, pero éste no quería enfrentarse con César en una batalla, ya que sabía perfectamente que César era muy superior a él tácticamente, por lo que, emulando a Vercingetórix, planeó una campaña basada en la estrategia. Y debió fallarle esa estrategia, porque César, con la mitad de hombres que él, consiguió acorralarlo en Dyrrachium sitiándole con una línea de fortificaciones tipo Alesia que Pompeyo, recuperado del susto, no dejó que terminaran los muchachos de César atacando y consiguiendo que César, que perdió unos 500 hombres, se retirara. Pompeyo, entusiasmado por su "victoria", se puso a perseguir a César sin darse cuenta que éste le estaba preparando la misma trampa que a Vercingetórix después de Gergovia. La especialidad de Casa César: hacer creer al enemigo que se batía en retirada y atraerlo así a su terreno. Pocas, muy pocas batallas son las que realmente han cambiado el curso de la Historia. Farsalia fue una de ellas. Una batalla de romanos contra romanos. César contra Pompeyo y el destino del mundo pendiente del resultado. César acampó en Farsalia, en el centro de Grecia, una zona rica en suministros, perseguido de cerca por Pompeyo. Éste acampó a poca distancia de César, en la loma del monte Dogandzis y a poca distancia del río Enipeo, en mejor posición estratégica que César. Entre el río y su campamento, Pompeyo construyó una línea fortificada para controlar su acceso sin problemas. El plan de Pompeyo era utilizar su enorme superioridad en caballería (7 a 1) para vencer a César. Contaba además con que los legionarios de César tendrían que combatir cuesta arriba y que tendrían además que recorrer los 2 km. de distancia entre su campamento y el lugar donde él formaría a su ejército, por lo que los legionarios de César llegarían cansados a la batalla. Así, Pompeyo dispuso sus tropas la mañana del 9 de agosto, apoyando su flanco derecho en el río y con toda su caballería, al mando de Labieno, desplegada en su flanco izquierdo con la misión de rodear el ejército de César y atacarlo por la espalda. Mientras César se preparaba para partir de allí, Pompeyo sacó a su ejército y lo situó frente a su gran campamento, en la ladera del monte. Los exploradores de César le llevaron rápidamente la noticia y éste, decidido a acabar con la guerra allí mismo, aceptó el desafío aunque su rival dispusiera de la ventaja numérica y de mejor posición. Con la velocidad del rayo, los legionarios de César salieron de su campamento formándose en orden de batalla. De izquierda a derecha, la línea de César la formaban un gran contingente de infantería pesada auxiliar que apoyaba su flanco en el río, las ocho legiones y su pequeño contingente de caballería en el flanco derecho que estaba apoyado por 400 infantes ligeros. César, que conocía perfectamente a Pompeyo y a Labieno, acertó al suponer cuál sería su estrategia, y decidido a terminar aquella guerra de una vez por todas, su mente genial concibió un soberbio plan táctico que habría de convertir la enorme ventaja pompeyana en caballería en una desventaja. Consciente de que los efectivos de infantería de Pompeyo doblaban a los suyos, César utilizó la enorme flexibilidad de las legiones para estirar su línea de combate alargando los manípulos a fin de cubrir el mayor espacio posible, ya que sus ocho legiones tenían que enfrentarse a once, por lo que las legiones de César se formaron "más largas y más estrechas" de lo habitual, reforzando con efectivos de la tercera línea las otras dos, por lo que la tercera línea quedó muy mermada El gráfico arriba muestra lo que serían legiones completas en orden de batalla, sin embargo, cada legión dejaba una de sus cohortes para defender el campamento, con lo que en combate sólo luchaban nueve cohortes por legión. Además, para contrarrestar la aplastante superioridad de la caballería pompeyana, César había formado una unidad especial sacando una cohorte de experimentados veteranos de cada legión. Estas ocho cohortes habrían de permanecer ocultas tras la caballería de César dispuesta en su flanco derecho. Estos 3.000 hombres serían los encargados de frenar a los 7.000 jinetes pompeyanos. Así, cada legión de César formó en orden de batalla con ocho cohortes muy mermadas en efectivos. Arriba una legión de César tal y como formó en Farsalia. Abajo, una legión de Pompeyo formada con nueve cohortes. Como se ve, la tercera línea de César no hubiera podido relevar a la segunda de tener que producirse el cambio, ya que sólo disponía de dos cohortes. Por eso su misión sería la de reforzar la línea de combate allí donde quedara comprometida la integridad de la legión o servir de reserva táctica a emplear contra una maniobra de flanqueo. El ala izquierda de César estaba mandada por Marco Antonio, el centro por Dominio Calvino y el ala derecha, en la que se situó César, por Publio Sila. Tres experimentados comandantes curtidos en la guerra de las Galias. Bajo un sol abrasador, las legiones de Julio César comenzaron a marchar contra el enemigo con la misma seguridad con que lo habían hecho año tras año en las Galias. Frente a ellos se hallaba un enemigo que los doblaba en número, pero aquello no asustaba a los hombres que habían paseado sus águilas desde Britania o Germania hasta Alesia. La fe en su general los movía más allá de lo puramente racional. La causa de César era la suya y si Pompeyo se entrometía en su camino sería aplastado como lo habían sido tantos otros en las Galias. Pompeyo contemplaba el lento avance del ejército de César seguro de su victoria. La caballería de César estaba formada por 400 temibles jinetes germanos y 600 galos, pero a pesar de su terrible fama, aquellos 1.000 hombres no podrían batir a sus 7.000 jinetes encabezados por los hijos de las mejores familias romanas, la flor y la nata de esa aristocracia que había provocado la guerra Las legiones de César llegaron ante las pompeyanas y cargaron a la carrera. Pero al ver que éstas no se movían, los veteranos y experimentados cesarianos se frenaron en seco, recuperaron el aliento y continuaron a paso de carga. Al ser soldados mucho más experimentados, los legionarios de César lanzaron antes sus pila desbaratando la primera línea pompeyana. En ese momento, los 7.000 jinetes de Pompeyo se lanzaron sobre los 1.000 jinetes cesarianos que se encerraron en un espacio pequeño, obligando a los pompeyanos a juntar sus líneas mientras los 400 infantes de César atacaban también a los jinetes desde abajo. Pero antes de que tuvieran tiempo de volver a cargar, los jinetes de César volvieron grupas y pasaron a través de los huecos abiertos entre las centurias de las ocho cohortes ocultas. Cuando los jinetes pompeyanos vieron lo que ocurría pensaron que los jinetes de César huían y los jóvenes aristócratas romanos que encabezaban las líneas de jinetes pompeyanas se lanzaron contra las ocho cohortes que, cerrando rápidamente los huecos, cargaron con inusitada violencia contra los jinetes pompeyanos César había ordenado a sus muchachos atacar al rostro de los jinetes enemigos. Éstos, al ver que los legionarios de César les atacaban directamente a la cara con sus pila perdieron rápidamente su ímpetu y, presa del pánico, volvieron grupas tratando de escapar de aquella encerrona. La primera línea de jinetes cayó rápidamente ante el férreo empuje del ataque, y en las demás líneas surgió lo que César había esperado: el pánico. Los jinetes pompeyanos trataban desesperadamente de volver grupas mientras los legionarios les destrozaban los rostros a lanzazos. Cientos de jinetes y monturas perecieron aplastados por sus propios compañeros. Los que pudieron iniciaron una huida desenfrenada monte arriba. Tal y como César había previsto, el pánico de la primera línea de jinetes pompeyanos causó el caos en el resto de la enorme masa de jinetes, desbaratando las líneas y provocando la huída alocada de toda la caballería, la mayoría de cuyos jinetes huía sin saber por qué, en medio del caos absoluto. En ese momento, los 1.000 jinetes cesarianos, atacaron la retaguardia de la caballería pompeyana aumentando el caos y poniendo en fuga a los pocos jinetes pompeyanos que aún trataban de recomponer las líneas. Pompeyo no podía creer lo que estaba ocurriendo. Su caballería huía alocadamente presa de un pánico histérico atropellando a su propia infantería ligera que venía detrás de ellos. Pero las sorpresas no habían terminado aquella mañana. Sin parar ni para tomar aliento, la línea formada por las ocho cohortes giró como la aguja de un reloj, los legionarios lanzaron sus pila y desenvainando sus espadas españolas cargaron contra la infantería ligera pompeyana que fue empujada, aplastada y masacrada contra el flanco de su propia línea. La infantería auxiliar pompeyana fue despedazada en cuestión de minutos y las ocho cohortes embistieron entonces el flanco izquierdo pompeyano. La legión cesariana en ese punto era la Décima, la legión favorita de César, que, una vez más, demostró por qué lo era. Antes de que tuvieran tiempo para reaccionar, los pompeyanos del ala izquierda se vieron machacados entre la Décima y las ocho cohortes. César ordenó entonces cambiar las líneas rápidamente en todas las legiones y antes de que los pompeyanos se dieran cuenta, la segunda línea de combate reemplazó a la primera lanzándose contra los sorprendidos pompeyanos que no podían maniobrar. Entonces, apareció la caballería de César que se lanzó a la carga contra la retaguardia pompeyana... Pompeyo huyó a su campamento mudo de espanto. Muchos oficiales pompeyanos, esa "flor y nata de la aristocracia" se despojaron de sus armaduras para poder correr más rápido abandonando a sus aterrorizados hombres que morían aplastados entre sí sin poder maniobrar y sin saber qué ocurría. Apenas habían transcurrido dos horas desde el inicio de la batalla y decenas de miles de pompeyanos huían a su campamento o a los montes cercanos. Pero César ordenó atacar el propio campamento pompeyano. Pompeyo a huyó disfrazado de mercader mientras los legionarios de César tomaban el campamento y continuaban la persecución de los fugitivos pompeyanos hasta rodearles en la cima de un monte y obligarles a rendirse tras cortarles el suministro de agua. César había escrito una de las páginas más brillantes de la historia militar de todos los tiempos. Las bajas sufridas lo dicen todo: 10.000 pompeyanos muertos. 1.200 cesarianos muertos. El mundo tenía un nuevo dueño: Cayo Julio César. Fuente: historialgo.com
Batalla de actium La Batalla de Accio o de Accium tuvo lugar el día 2 de septiembre del año 31 adC o en el año 723 de Roma (véase Cronología) y tuvo en el mar que es donde se decidió la suerte del enfrentamiento entre Octavio y Cleopatra-Marco Antonio que decidió un vencedor y un perdedor (porque antes de esta fecha hubo combates en tierra) en el golfo de Ambrácia cerca del promontorio de Accio o Accium en la que se juntaron unas más de 800 navíos de guerra entre la flota Egipcia de Cleopatra y dirigida por Marco Antonio y la romana comandada por Octavio Augusto. La fuerzas de Marco Antonio (triunvirio romano veterano de las legiones casi invencibles de Julio Cesar rival de Octavio una vez muerto Pompeyo) estaban compuestas por más de 400 magnificas galeras pero no contaba con buena tripulación porque parte de su tripulación había sido reclutada entre agricultores y gente poca entendida en la mar. En cambio la flota de Octavio Augusto preparada ya en las costas de Calabria con menor numero de barcos y de dimensiones más pequeñas tenia una tripulación altamente cualificada y eran más ligeras y maniobrables. Durante la época invernal solo se puede reseñar escaramuzas y las tripulación egipcia con el paso del tiempo y sin llegar esa batalla decisiva que en todas las guerras supone un vencedor que se lleva la gloria y un perdedor iba disminuyendo debido a las enfermedades y algunas deserciones. Aprovechando todas estas desgracias acaecidas por parte egipcia (aunque mejor dicho sería decir egipcia-romana ya que Marco Antonio contaba con algunas legiones que le eran fieles) Octavio Augusto condujo sus tropas por el mar Jónico hasta Toryne y se apoderó de Corfú y marchó luego hacia el golfo de Ambracia en cuya desembocadura estaban las principales fuerzas de Marco Antonio que adoptó viendo lo que se le venía encima una actitud defensiva cosa que hizo la retirada de Octavio Augusto hacia la entrada del Golfo en tanto que sus galeras anclaban en el puerto Comarus. Octavio estableció sus campamento en un pequeño promontorio frente a las posiciones enemigas con el mar Jónico a la derecha y a la izquierda la bahía de Ambracia con el horizonte de altas cordilleras que separa el Epiro de Etolia y de la Tesalia. Delante el terreno descendía en suave pendiente hasta la entrada del Golfo y hacia frente a una pequeña península en cuyo extremo se había construido un templo consagrado a Apolo con el nombre de Actium punto de tierra en que el ejercito de Marco Antonio se había establecido el campamento algo cenagoso. Marco Antonio estaba en Patras cuando se enteró de la llegada del enemigo y se dirigió velozmente a su campamento , paso el estrecho y se atrinchero y ordeno a su caballería que se dirigiese hacia el fondo del Golfo para dar un rodeo y atacar la retaguardia de las legiones romanas pero se olvidó de las fuerzas de Agripa que ocuparon Patras tras el abandono de Marco Antonio y siguiendo el recorrido de este llegó a la isla de Leucadia próxima a la entrada del golfo e intercepto una división naval enemiga. Se entablaron varios enfrentamientos militares entre los dos bandos y en uno fue vencido el mismo Marco Antonio que debido a este y otros fracasos le hizo cambiar su plan primitivo de atacar a las fuerzas de Augusto por el frente y por el flanco y hacer caso de la forma de pensar de su amante la faraona Cleopatra que era regresar a Egipto con el cuerpo más importante de las fuerzas de tierra y marítimas con algunas que se quedarían en Grecia para auxiliar las plazas más importantes. Con la determinación de conservar apariencia hostil (si tu enemigo descubre flaquezas te va atacar) la flota egipcia salio a la mar en orden de batalla y aun teniendo Marco Antonio enormes recursos ya que sus gigantescas naves de guerra al ir en orden cerrado en compactas filas la boca del estrecho, parecían capaces de masacrar con su solo peso las naves pequeñas y ligeras de los romanos. Pero la escuadra marítima de Octavio Augusto no dieron muestras de vacilación ni de miedo separadas en dos escuadras que mandaban Octavio una y Agripa otra y observaron sorprendidos que el enemigo egipcio no buscaba batalla alguna y extendieron sus alas con el propósito de envolverlos por los flancos y Marco Antonio se vio obligado a dar el aviso de poner en combate sus naves que quizá se libró ya en alta mar porque las aguas inmediatas a la entrada del golfo tiene escas profundidad para permitir las maniobras de los grandes barcos que en aquella acción lucharon. El enfrentamiento fue muy largo e indeciso ya que se dio la circunstancia pues no había manera de acabar con las formidables galeras egipcias comandadas por Marco Antonio que si veían reducidas sus posibilidades de ataque por sus grandes dimensiones poseían en cambio formidables condiciones para rechazar una y otra vez las embestidas de la ligeras naves romanas. Anteriormente ya se ha comentado que el propósito de Cleopatra y Marco Antonio eran evitar un enfrentamiento decisivo ante la escuadra romana de Octavio pero el ataque de este no les dejaron otra alternativa que luchar. Pero de forma inesperada sucedió que la dirección del viento cambió y los grandes bajeles egipcios que de forma lenta se desplazaban por el agua consiguieron emprender la fuga y la enorme y hermosa galera de Cleopatra que estaba anclada en retaguardia desplegó sus velas de púrpura y atravesó a gran velocidad entre las naves de guerra que luchaban entre sí seguida por 60 navíos de escolta. Marco Antonio al verla partir hizo que su corazón se olvidara de la batalla y siguió a su amante y cuando sus hombres vieron que el que porque luchaban les abandonaba desesperados y lanzando exclamaciones de dolor provoco que muchas tripulaciones de esos formidables navíos de guerra egipcios lanzaran al mar las torres de los puentes con objeto de aligerar sus barcos y buscar la salvación en la fuga y otros los valientes que jamas mueren se prepararon para morir en una lucha encarnizada. Los romanos viendo las posibilidades de victoria se arrojaron a abordar temerariamente las naves enemigas. Pero para acabar o hundir con aquellas galeras egipcias verdaderas fortalezas flotantes fue preciso utilizar el fuego griego e una por una incendiarlas lanzando antorchas y linternas con combustibles y así unas detrás de otras fueron consumiéndose por el fuego esas imponentes galeras sepultándose para siempre en las abismales profundidades del mar(No obstante esto Plutarco afirmó que se capturaron 300 navíos). El tiempo total de duración de esta batalla decisiva de la historia ya que por la fecha que se libró señala el fin de la República en Roma y el principio del Imperio romano de Octavio Augusto como primer emperador y punto de partida de una nueva Era fue de más de cuatro horas y el incendió de estas naves se prolongó hasta bien entrada la noche. El ejercito de Antonio formado entre otros por legiones fieles a su mando que presenció desde tierra el combate naval y la completa destrucción de la escuadra egipcia se decidieron por la retirada bajo el mando de Canidio por el camino de Macedonia pero ya las legiones terrestres de Octavio maniobraron para cerrarles el paso y Canidio viéndose en una situación desesperada se pasó al enemigo es decir a las legiones de Augusto y sus hombres imitaron a su jefe. Fuente: Wikipedia

Preludio Julio César llevaba en la Galia desde el año 58 adC. Era habitual que los cónsules, los magistrados de mayor rango elegidos en Roma, al final de su año consular, fuesen elegidos por el Senado Romano como gobernadores de alguna de las provincias romanas. César fue nombrado gobernador de la Galia Cisalpina (la región entre los Alpes, los Apeninos y el mar Adriático), y la Galia Transalpina ("Galia más allá de los Alpes". Con un imperium proconsular, tenía autoridad absoluta en estas provincias. Una a una, César fue derrotando a las tribus galas como la de los Helvecios, los Belgas o los Nerviones, y logró el juramento de alianza de otras muchas. El éxito de la Guerra de las Galias trajo consigo un aumento enorme de riqueza en la República en la forma de botín de guerra y de nuevas tierras sobre las que imponer impuestos. César mismo se hizo inmensamente rico puesto que, como general, se beneficiaba de lo obtenido por la venta de prisioneros como esclavos. A su vez, el éxito le trajo nuevos enemigos: El primer triunvirato, una alianza política informal con Pompeyo y Craso, llegó a su fin el 54 adC, con las muertes de Julia, hija de Julio César y mujer de Pompeyo, y de Craso en la batalla de Carrhae. Sin esta conexión político-familiar con Pompeyo, hombres como Marco Porcio Catón el Joven comenzaron una campaña política contra César, levantando las sospechas de corrupción y acusándole de querer proclamarse rey de Roma. Julio César En el invierno entre los años 54 y 53 adC, la tribu ya pacificada de los Eburones, dirigida por Ambiorix, se rebeló contra la invasión romana y destruyó la Decimocuarta legión en una emboscada planificada cuidadosamente. Este fue un importante golpe contra la estrategia de César en la Galia, puesto que con ello había perdido a un cuarto de sus tropas, y la situación política en Roma le impedía conseguir refuerzos. La rebelión de los Eburones fue la primera derrota clara de los romanos en la Galia e inspiró los sentimientos nacionalistas revolucionarios por toda la región. Le llevó casi un año entero, pero César logró retomar el control de la galia y pacificar a las tribus. Sin embargo, el problema todavía no había pasado. Las tribus galas empezaban a darse cuenta de que sólo podrían conseguir derrotar a Roma manteniéndose unidas. Se convocó un concilio de dirigentes en Bibracte por iniciativa de los Eduos, una tribu anteriormente leal a César. Sólo los Remos y los Lingones prefirieron mantener su alianza con Roma. El concilio declaró a Vercingetórix, de los Avernos, comandante de los ejércitos unidos de la Galia. César entonces se encontraba en el campamento de invierno de la Galia Cisalpina, desconociendo la alianza que se había formado en su contra. La primera señal de los problemas que se avecinaban procedió de los Carnutos, que mataron a todos los colonos romanos de la ciudad de Cenabum (actual Orleans). A esto le siguió la matanza de todos los ciudadanos romanos, comerciantes y colonos, en las ciudades galas más importantes. Al conocer estas noticias, César desplegó a sus hombres y marchó apresuradamente cruzando los Alpes, todavía cubiertos de nieve, hasta la Galia central. César logró un tiempo récord, y consiguió sorprender a las tribus galas. Dividió sus fuerzas, mandando cuatro legiones con Tito Labieno a luchar contra los Senones y los Parisios en el norte. César en persona se dirigió en persecución de Vercingetórix con seis legiones y su caballería germana aliada. Los dos ejércitos se encontraron en la colina de Gergovia, en donde Vercingetórix mantenía una posición defensiva muy fuerte. César se vio obligado a retirarse derrotado, tras sufrir muchas bajas. En el verano de 52 adC, hubo varios enfrentamientos entre ambas caballerías, con la victoria de César. Vercingetórix decidió que no era el momento para una batalla a gran escala, y se reagrupó en la fortaleza de Alesia. Sitio y batalla Las fortificaciones construidas por César en Alesia de acuerdo a la hipótesis de localización en Alise-Sainte-Reine En el mapa de la esquina la cruz muestra la localización de Alesia en la Galia (hoy Francia). En el esquema, el círculo muestra el punto débil en la circunvalaciónAlesia estaba situada en la cima de una colina rodeada por valles y ríos y contaba con importantes defensas. Dado que un asalto frontal sobre la fortaleza sería suicida, César consideró mejor forzar un sitio de la fortaleza para rendir a sus enemigos por hambre. Considerando que había cerca de 80.000 hombres fortificados dentro de Alesia junto con la población civil, el hambre y la sed forzarían rápidamente la rendición de los galos. Para garantizar un bloqueo perfecto César ordenó la construcción de un perímetro circular de fortificaciones. Los detalles de los trabajos de ingeniería se encuentran en los Comentarios de Julio César y han podido ser confirmados por las excavaciones arqueológicas en la zona. Se construyeron muros de 18 km de largo y 4 metros de alto con fortificaciones espaciadas regularmente en un tiempo récord de 3 semanas. Esta línea fue seguida hacia el interior por dos diques de cuatro metros y medio de ancho y cerca de medio metro de profundidad. El más cercano a la fortificación se llenó de agua procedente de los ríos cercanos. Esto era una obra de ingeniería considerable, pero César ya había logrado, en sus tiempos de edil curul, desviar el río Tíber hacia el interior del Circo Máximo para realizar una naumaquia (simulación de batalla naval) para entretenimiento del público. Asimismo, se crearon concienzudos campos de trampas y hoyos frente a las empalizadas con el fin de que su alcance fuese todavía más difícil, más una serie de torres equipadas con artillería y espaciadas regularmente a lo largo de la fortificación. La caballería de Vercingetórix a menudo contraatacaba los trabajos romanos para evitar verse completamente encerrados. La caballería germana volvió a probar su valía para mantener a los atacantes a raya. Tras dos semanas de trabajo parte de la caballería gala pudo escapar de la ciudad por una de las secciones no finalizadas. César, previendo la llegada de tropas de refuerzo, mandó construir una segunda línea defensiva exterior protegiendo sus tropas. El nuevo perímetro era de 21 km, incluyendo cuatro campamentos de caballería. Esta serie de fortificaciones les protegería cuando las tropas de liberación galas llegasen: ahora eran sitiadores preparándose para ser sitiados. Por estos tiempos, las condiciones de vida en Alesia iban empeorando cada vez más. Con los 80.000 soldados y la población local había demasiada gente dentro de la fortaleza para demasiada poca comida. Los Mandubios (tribu gala a quien pertenecía la fortaleza de Alesia) decidieron expulsar a las mujeres y los niños de la ciudadela, esperando con ello ahorrar comida para los guerreros y esperando que César les dejase escapar. Esto también habría sido una oportunidad para romper las filas enemigas. Sin embargo, César ordenó que no se hiciese nada por esos civiles, y las mujeres y niños se quedaron esperando a morir de hambre en la tierra de nadie entre las paredes de la ciudad y la circunvalación. Este destino tan cruel de los de su gente sirvió para empeorar aún más la moral de dentro de la fortaleza. Vercingetórix luchaba por mantener el ánimo de su gente, pero se enfrentaba a la amenaza de rendición por parte de sus hombres. Sin embargo, las fuerzas de liberación llegaron en la hora más desesperada, fortaleciendo la moral de los asediados para resistir y luchar un día más. A finales de septiembre las tropas galas, dirigidas por Commio, acudieron en refuerzo de los fortificados en Alesia, y atacaron las murallas exteriores de César. Vercingetórix ordenó un ataque simultáneo desde dentro. Sin embargo, ninguno de estos intentos tuvo éxito y a la puesta del sol la lucha había acabado. Al día siguiente, el ataque galo fue bajo la cobertura de la oscuridad de la noche, y lograron un mayor éxito que el día anterior. César se vio obligado a abandonar algunas secciones de sus líneas fortificadas. Sólo la rápida respuesta de la caballería, dirigida por Marco Antonio y Cayo Trebonio, salvó la situación. La pared interna también fue atacada, pero la presencia de trincheras, que los hombres de Vercingetórix tenían que llenar para avanzar, les retrasaron lo suficiente como para evitar la sorpresa. Para entonces, la situación del ejército romano también era difícil. La comida comenzó a racionarse y los hombres estaban casi exhaustos. El día siguiente, el 2 de octubre, Vercasivellauno, un primo de Vercingetórix, lanzó un ataque masivo con 60.000 hombres, enfocado al punto débil de las fortificaciones romanas, que César había tratado de ocultar hasta entonces pero que había sido descubierto por los galos. El área en cuestión era una zona con obstrucciones naturales en la que no se podía construir una muralla continua. El ataque se produjo combinando las fuerzas del exterior con las de la ciudad: Vercingetórix atacó desde todos los ángulos las fortificaciones interiores. César confió en la disciplina y valor de sus hombres, y ordenó mantener las líneas. Él personalmente recorrió el perímetro animando a sus legionarios. Escena de la rendición de Vercingetorix ante César.La caballería de Labieno fue enviada a aguantar la defensa del área en donde se había localizado la brecha de las fortificaciones. César, con la presión incrementándose cada vez más, se vio obligado a contraatacar la ofensiva interna, y logró hacer retroceder a los hombres de Vercingetórix. Sin embargo, para entonces la sección defendida por Labieno se encontraba a punto de ceder. César tomó una medida desesperada, tomando 13 cohortes de caballería (unos 6.000 hombres) para atacar el ejército de reserva enemigo (unos 60.000) por la retaguardia. La acción sorprendió tanto a atacantes como a defensores. Viendo a su líder afrontar tan tremendo riesgo, los hombres de Labieno redoblaron sus esfuerzos. En las filas galas pronto empezó a cundir el pánico, y trataron de retirarse. Sin embargo, como solía ocurrir en la antigüedad, un ejército en retirada desorganizada es una presa fácil para la persecución de los vencedores, y los galos fueron masacrados. César anotó en sus Comentarios que sólo el hecho de que sus hombres estaban completamente exhaustos salvó a los galos de la completa aniquilación. En Alesia, Vercingetórix fue testigo de la derrota del ejército exterior. Enfrentándose tanto al hambre como a la moral, se vio obligado a rendirse sin una última batalla. Al día siguiente, el líder galo presentó orgullosamente sus armas a Julio César, poniendo fin al asedio de Alesia. Eventos posteriores Estatua en honor a Vercingetorix Memorial en Alesia (Alise-Sainte-Rein)Alesia demostró ser el final de la resistencia generalizada y organizada a la invasión romana por parte de la Galia. A partir de entonces pasó a ser una provincia romana y finalmente fue separada en divisiones administrativas más pequeñas. No volvería a haber ningún movimiento independentista nuevo hasta el siglo III (véase Imperio Galo). La guarnición de Alesia fue tomada prisionera junto con los supervivientes del ejército de liberación. Fueron vendidos como esclavos o dados como botín de guerra a los legionarios de César, excepto en el caso de los miembros de las tribus Edua y Arverna, que fueron liberados y perdonados como forma de asegurar la alianza entre estas importantes tribus y Roma. Para César, Alesia fue un éxito personal enorme, tanto militar como políticamente. El senado, manipulado por Catón y Pompeyo, declaró 20 días de fiesta por esta victoria, pero denegó el honor a César de celebrar un triunfo, el punto culminante de la carrera de un militar romano. Se fue incrementando la tensión política hasta que dos años después, en el 50 adC, César cruzó el Rubicón, precipitando la Guerra civil de los años 49-45 adC. Tras haber sido elegido cónsul durante todos y cada uno de los años de la Guerra civil, y nombrado en varias ocasiones dictador, finalmente fue nombrado dictator perpetuus o dictador de por vida, en el año 44 adC. Su poder, cada vez mayor, acabó con la tradición republicana y llevó al final de la Antigua república romana y al comienzo del Imperio romano. Los comandantes de caballería de César siguieron diferentes caminos. Tito Labieno se puso del lado de los Optimates (el bando republicano) en la Guerra civil, y murió en la batalla de Munda en el año 45 adC. Cayo Trebonio fue nombrado cónsul por César en el año 45, y fue uno de los senadores que tomaron parte en el asesinato de César en los Idus de marzo (15 de marzo) de 44 adC. Trebonio también fue asesinado un año después. Antonio se mantuvo siendo un seguidor fiel de César. Se convirtió en el segundo al mando como Magister Equitum, y se quedó al cargo de Italia durante gran parte de la Guerra civil. En el año 44 fue elegido colega consular de César. Tras el asesinato, Antonio persiguió a los asesinos de César, y luchó por el poder supremo con Octavio (quien se convertiría más tarde en César Augusto). Primero formaron una alianza junto con Marco Emilio Lépido en el segundo triunvirato, y al final se enfrentaron y fue derrotado en la batalla de Actium en el año 31 adC. Después de la batalla huyó a Egipto, junto con su aliada y amante Cleopatra, en donde un año más tarde se suicidaron. Vercingetórix fue tomado prisionero y tratado con honores de rey durante los siguientes cinco años, esperando ser exhibido en el triunfo de César. Al final de la procesión, tal y como era costumbre en la época, fue condenado a muerte y estrangulado. Otros temas acerca de la reconstrucción histórica de los hechos Durante muchos años la localización exacta de la batalla se desconocía. Las diferentes teorías se centraron primero en dos ciudades: Alaise, en el Franco Condado y Alise-Sainte-Reine en la Côte-d'Or. El emperador Napoleón III de Francia apoyó la segunda candidatura y durante la década de 1860 patrocinó la investigación arqueológica que revelase pruebas que apoyasen la existencia de campamentos romanos en el área. Luego dedicó una estatua a Vercingetórix en las ruinas recientemente descubiertas. La localización exacta de Alesia se identificó en Alise-Sainte-Reine por medio de arqueología aérea en 2004. Sin embargo, siempre han existido algunas dudas que ponían en duda la validez de esa localización. Por ejemplo, la topografía del área se dice que no encaja con la descripción hecha por César. El lugar es también demasiado pequeño como para acoger incluso las cifras revisadas de 80.000 hombres con la infantería gala, junto con la caballería y el personal auxiliar. Otra teoría apoya la localización de la batalla en Chaux-des-Crotenay, en la entrada de las montañas del Jura. Las investigaciones preliminares descubrieron un sistema completo de fortificaciones romanas que encajaban con la descripción de César del asedio. Sin embargo, todavía es necesaria un mayor investigación para confirmar definitivamente la localización de Alesia. En los cómics de Astérix (El escudo arverno), esta incertidumbre sobre la localización de Alesia está caracterizada en clave de humor haciendo referencia al orgullo galo. El álbum nos muestra a Astérix y Obélix hablando con otros galos familiares con la campaña, que rápidamente recuerdan la victoria de Vercingetórix en la batalla de Gergovia, pero que rechazan hablar de Alesia, e insisten en que nadie sabe dónde está. Las cifras exactas sobre el tamaño de los ejércitos que tomaron parte en la batalla son muy difíciles de saber. Esas cifras siempre han sido poderosas armas de propaganda, y por lo tanto están bajo sospecha. César, en su De Bello Gallico, se refiere a una fuerza de liberación gala de un cuarto de millón de hombres, probablemente exagerada para dar más valor a su victoria. Desgraciadamente, dado que los únicos relatos de los hechos son romanos, están presumiblemente sesgados. Los historiadores modernos opinan que es más creíble una cifra de entre 80.000 y 100.000 hombres. El único hecho es que cada hombre en las legiones de César recibió un galo como esclavo, lo que nos da unos 40.000 prisioneros, la mayoría de la guarnición de Alesia. La fuerza de liberación probablemente sufrió graves pérdidas, como cualquier otro ejército que pierde el orden de batalla y se retira huyendo bajo la persecución de la caballería. Busto de Julio Cesar Sitio de Alesia Rendicion d Vercingerotix ante julio Cesar Wikipedia.org